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Dos colores simples, comunes y corrientes, presentes en tantas cosas mundanas e incluso inútiles, colores que por separado llegaban a parecerle molestos, planos, sin dimensión alguna más que tonalidades mudas. Pero era tan diferente cuando se combinaban…
Nunca lo había pensado de esa forma, pero cada uno de ellos, en su justa medida, en la gama adecuada, en una combinación casi alquímica, eran perfectos. Jamás había sido testigo de tal cohesión fuera del verde de esos ojos, ese par de ojos que solían revelarse sólo para él, sólo cuando se sentían a salvo, cuando nadie miraba.
Recordaba el día en el que había llegado al orfanato.
Como nunca, el sol se asomaba de manera casi tímida en el cielo usualmente lluvioso de Winchester, acariciando con suavidad las finas nubes que se atrevían a dejar pinceladas de blanco en el firmamento violáceo.
La noche anterior había sido llamado a la oficina de Roger, a la cual acudió con los brazos cruzados y expresión ceñuda, pensando en qué podría haber hecho esta vez como para tener que hablar con el viejo de nuevo. Sin embargo, el tema de conversación había sido algo que no había esperado y que no le hacía ni un mínimo de gracia.
—Vas a tener un compañero de habitación, Watari está en camino con él y seguramente lleguen a la madrugada.
—¿Qué? Es una broma, ¿verdad? —La mirada firme del hombre le indicaba que todo iba en serio, a lo cual Mello no pudo hacer más que quejarse ya que se sentía más que cómodo sólo, pero Roger ya sabía cómo tratar con él, llegando a un acuerdo por una buena y controlada cantidad de chocolate diaria. Un soborno, cosa que a esa edad era aún manejable.
—Sabes cómo es esto Mello… ha perdido a sus padres tal como lo hiciste tú, por favor intenta llevarte bien con él.
Luego de la charla, el niño rubio había ido a su habitación, echándose a la cama mientras miraba la otra que se encontraba vacía a la derecha del lugar, pensando en cómo podría llegar a ser el niño que trajeran a aquel que había sido su territorio por un poco más de un año ya. Debería compartir, debería tratar de llevarse bien con alguien, debería hacer el esfuerzo…
Había sido un viaje largo, al menos eso le habían comentado para que tuviese algo de piedad y dejase entrar a su nuevo compañero. Mello tenía sueño, estaba excepcionalmente molesto esa mañana, y habían tenido la osadía de quitarle una hora de su tan preciado tiempo de descanso, cosa que lo ponía de un humor terrible. Aun así, estaba dispuesto a intentarlo, empatizando con la situación del chico nuevo, intentando ponerse en su lugar con todas sus fuerzas. Después de todo, él era sensible, sabía lo que conllevaba el dolor de perder familia, de estar solo en el mundo…
—Ha cumplido nueve años ayer Mello, no la ha pasado bien y necesita descansar un poco. Por favor ten paciencia.
Rodó los ojos con algo más que hastío mientras los abría de muy mala gana, antes de frotarse los párpados con toda la pereza del mundo, ni siquiera podía llegar a procesar que se encontrada despierto y que no era un sueño, quizá sólo por eso no le había cerrado la puerta en la cara.
Inténtalo... se dijo mientras bostezaba y suavizaba sus expresiones como podía, alzando la vista.
Un niño cargando un bolso no muy grande se asomó por la derecha de Roger, se encontraba extremadamente desalineado y llevaba un abrigo mucho más grande que él cubriendo su cuerpo y pantalones manchados con lo que parecía sangre en una de sus rodillas. Era delgado, -pero podía verse que no se encontraba malnutrido o nada por el estilo- su cabello algo desordenado era rojizo y vibrante en contraste a su pálida piel cubierta grácilmente por pecas claras. Sin embargo, lo que logró impresionar al instante al niño rubio, fue ese par de gemas verdes que se mostraban de lleno entre sus párpados abiertos de par en par, como si no pudiese cerrarlos, como si ni siquiera pudiese pestañear.
Azul y amarillo. No. Verde.
And it's all in how you mix the two,
and it starts just where the light exists
It's a feeling that you cannot miss
And it burns a hole through everyone that feels it
La vida iba bien, como se suponía que debía ir para un niño de su edad, o al menos eso es lo que pensaba hasta el momento.
Sus padres lo cuidaban demasiado, quizá no lo consentían, pero le prestaban atención. Estaban conscientes de que su intelecto era superior desde hacía unos años ya, invirtiendo en profesores de apoyo para poder así rendir exámenes que seguramente harían que se salteara unos años en la primaria y pudiese comenzar la secundaria, quizá más incluso.
No le importaba, todo le parecía algo monótono, pero era obediente y hacía lo que le decían. Después de todo podía pasar todo el tiempo que quisiese jugando con su recién adquirida PlayStation 2, la cual habían conseguido comprar con mucho esfuerzo antes de su cumpleaños gracias a sus notas y las constantes citas con psicólogos. Sus padres no eran ricos, pero invertían en él como si fuese a volverlos millonarios en algún momento, y quizá lo habría hecho.
Cuando se encontraba frente a la televisión, sus ojos se concentraban demasiado en los colores que captaban, si bien llegaban a arderle en algún momento, el verdadero problema era adaptarlos a los colores de la realidad. La luz parecía más molesta, las texturas llegaban a abrumarlo un poco y las tonalidades le hacían doler levemente la cabeza. Quizá estaba demasiado acostumbrado a las pantallas. Si pudiese ver todo de una sola gama sería mucho más sencillo.
El volver de visitar una escuela en donde querían inscribirlo había sido una odisea con la terrible lluvia que estaba azotando todo lo que alcanzaba. Mail venía pensando en qué podría comer para su cumpleaños, era en tres días.
De pronto, una mala maniobra lo cambió todo… el carro había dado lo que habían parecido mil vuelcos y de un momento a otro todo quedó en blanco.
Había despertado en el hospital y un hombre de bigote gris lo había despertado de la manera más amable del mundo, le había dicho que lo acompañaría y, con mucho tacto, le dio la noticia de la muerte de sus padres y que había estado un par de días inconsciente, pero le aseguró que no tendría de qué preocuparse, que cuidarían de él.
El viaje a Winchester había sido molesto y cansador. No había podido dormir, ni siquiera había podido llegar a llorar, no podía asimilar todo lo que había sucedido. Aquel señor le había intentado dar de comer en repetidas ocasiones, pero su estómago lo había rechazado, lo que lo había llevado a tener una aparatosa caída y lastimar una de sus rodillas con el suelo de gravilla que se encontraba a la entrada del que sería su nuevo hogar. Wammy’s House, un orfanato. No cualquier orfanato, sino uno para niños con capacidades superiores.
El color del cielo le hacía arder los ojos, y eso que aún no había amanecido del todo, sabía que el sol saldría luego y se sentiría peor, el azul del cielo y la luz amarilla le destrozarían las córneas. Sólo quería llegar a alguna cama y dormir, posiblemente llorar, dependiendo de qué tanta privacidad fuese a tener.
Siguió al señor Wammy por una enorme puerta, cargando consigo un bolso con algunas de sus pertenencias, su preciada PlayStation había quedado olvidada en su antiguo hogar. La voz suave del hombre le comentaba que ahora se quedaría con Roger, el director del orfanato, y que seguramente tendría un compañero de habitación. Le habían dicho que era muy importante que no le revelara su nombre real a nadie, que era una de las reglas más estrictas de la institución, y que podía elegir un alias, un nombre nuevo. No lo pensó demasiado cuando musitó “Matt” ante las miradas expectantes de los mayores, que parecieron aprobarlo casi al instante, sin siquiera cuestionar de dónde lo había sacado. Mail no estaba pensando, simplemente le había sonado bien.
Minutos después comenzó a seguir al director, quien intentaba entablar una pequeña conversación con él sin llegar a lograrlo, preguntándole cómo se sentía, a lo que Mail, no, Matt, simplemente guardaba silencio.
¿Cuándo había sido su cumpleaños? ¿Ayer? Se encontraba perdido, pero se limitaba a seguir los pasos de aquel señor, quien le hizo subir una escalera y caminar por un largo pasillo hasta llegar a una puerta. Los golpes que dio eran sonoros y firmes, y la persona del otro lado de la madera al parecer ya sabía de quién se trataba.
Cuando la puerta se abrió, los ojos del niño pelirrojo se encontraron con dos de los colores que más parecían abrumarle, clavándose de golpe en el tono amarillo de esos cabellos, y el potente tono azulado de aquella mirada. El otro delgado niño parecía desperezarse y no traía la mejor de las expresiones, pero Matt se sentía confundido. Era como si mirarlo en ese contraste de tonalidades lograra calmarlo de una manera extraña.
Azul y amarillo, en su justa medida.
Well, you're never gonna find it
if you're looking for it won't come your way…
Well, you'll never find it
if you're looking for it
Pasados años ya desde su primer encuentro, Matt había aprendido que aquellos dos colores podrían tener gamas y texturas maravillosas. Había podido ser testigo de que el tono amarillo podría verse como oro puro a la luz del sol o que podría tomar una tonalidad de lleno pálida a la luz de la luna. Había visto tantos cambios y matices en aquellos preciosos ojos, fríos como el más inhóspito de los glaciares o a veces oscuros e incontrolables como un mar en plena tormenta.
La primera impresión que había tenido de Mello había sido más que suficiente como para sembrar algo en su corazón, aunque no fuese capaz de ponerle nombre a esa edad. Pasado tanto tiempo y habiendo compartido más de una cosa con el rubio, pudo lograr identificar todo lo que él le provocaba y no lo escondía ni pretendía esconderlo.
Se ganaba reproches y pequeños golpes ante sus comentarios para nada cuidados, viendo esas deslumbrantes gemas rodar hacia atrás con hastío fingido, seguramente preguntándose cómo hacía para soportar al más grande sinvergüenza de la casa. Aún, eran adolescentes, sí, pero sabían mucho más que eso, sentían mucho más que lo que su edad ameritaba y eso era lo importante.
Matt había encontrado su lugar seguro en Mello, quien le había enseñado a ver los colores de la vida de una forma inesperadamente bella, con su temperamento de mierda y todo. Todo era tan intenso a su alrededor, pero Mail no se abrumaba ni se apartaba, más bien parecía rotar alrededor de Mello como lo hace la luna con la tierra. Donde estuviesen esos ojos azules, estaría él.
Sin embargo, todo se complicaría en cuestión de nada, en un maldito segundo, y aquello le haría lamentarse por no haber apreciado de mejor manera el haber encontrado finalmente alguien con quien compartir su tiempo, su vida. Porque realmente luego de haber perdido a sus padres, no había visto venir la importancia que tomaría ese chico en su mente y su corazón, cómo intentaría aferrarse a él a como diese lugar.
Al parecer a la vida le gustaba jugarle malas pasadas y lo odiaba.
And you never would have thought in the end
How amazing it feels just to live again
It's a feeling that you cannot miss
It burns a hole through everyone that feels it
Mello se encontraba derrotado, completamente en el suelo luego de saber la noticia de que L había muerto a manos de Kira, un asesino fantasma que parecía solo necesitar un nombre para poner a quien deseara bajo tierra.
Le habían ofrecido trabajar con Near, ya que el sucesor no había sido escogido aún, pero estaba demás decir que Mello prefería masticar mierda antes de ser un subordinado más, de continuar siendo el segundo puesto. Se había negado y había advertido que abandonaría el orfanato sin ningún tipo de tapujo, sabiendo que por más que Roger quisiera no podría hacer nada contra la férrea y testaruda voluntad del rubio. Llegado ya a sus quince años, era completamente imposible para el mayor siquiera hacer el intento de imponerle algo.
Mello había salido del despacho como un huracán, caminando con pasos apresurados y pesados, dirigiéndose justo a su habitación, completamente decidido a desaparecer. Fue en ese instante en el que paró en seco, sus párpados levantándose en demasía mientras sus ojos se clavaban en el final del pasillo de forma inquieta.
Matt.
Era imposible que no admitiera todo lo que sentía por su compañero de cuarto, ni siquiera había pasado una semana desde que se lo había confesado de la manera más desastrosa posible, terminando en un torpe e inexperto beso entre chiquillos que no habían tenido contacto romántico jamás en la vida.
Se había enamorado de la forma más perdida, de su voz, de su cabello, de su piel, de sus pecas, de aquel humor ácido y cargado de ironía que siempre llevaba como una insignia, de su sinceridad, de su compañía, de todo, pero en especial de esos preciosos ojos verdes.
Tragó en seco al imaginar la luz abandonando sus pupilas, dilatadas casi por completo en un vacío del que jamás saldrían si se atrevía a llevarlo consigo en su misión contra Kira. No podía. No debía.
Las lágrimas habían comenzado a agolparse en sus ojos mientras uno de sus puños arremetía contra la pared a su derecha, lastimando su piel, resintiendo sus nudillos.
—¿Entonces, vas a decirme tu nombre? — un Matt de doce años le sonreía de forma cómplice mientras se escondían detrás del más grande roble del jardín, su lugar especial desde que se habían vuelto amigos, mejores amigos ahora.
—Mihael… Mihael Keehl. —La sonrisa del otro niño se ensanchó al instante mientras le extendía su diestra con camaradería.
—Wow, tienes el nombre de un ángel. Qué lastima que ni de asomo te comportes como uno, eres más como una princesa caprichosa.
—Cierra la boca. Dime tu nombre.
—Mail Jeevas, su majestad. Es un placer.
Mello rodó los ojos y aceptó estrechar su mano, sin saber que estaban sellando la más grande de las promesas en ese mismo instante. Sin saber que esa misma promesa los separaría.
Kira necesitaba un nombre, Mello entonces era la persona más peligrosa para Matt en ese momento, por lo cual había tenido que tomar una decisión drástica y desgarradora. Debía alejarse de él. No le importaba si él mismo llegaba a morir, pero ¿Que algo le sucediera a Matt? Eso estaba fuera de discusión.
Había secado sus lágrimas, le había mentido en la cara a Matt, diciéndole que Roger lo había reprendido por una estupidez y había mantenido la calma hasta que cayó la noche.
No le quedaba más que agradecer al cielo que Matt tuviese un sueño tan pesado mientras tomaba un bolso, un abrigo y metía algunas de sus pertenencias en él, colgando su rosario rojo alrededor de su cuello, preparándose para su partida. Roger aún no había revelado nada a los niños y Near como siempre, era una tumba, por lo que Matt ni siquiera sospecharía lo que estaba sucediendo en ese momento.
Se inclinó sobre él y con la más pura de las delicadezas, dejó el suave roce de sus labios contra los de Matt, algo entreabiertos al estar posiblemente en el quinto sueño, se sentía la peor de las mierdas.
—Lo siento.
Should've done something but I've done it enough
By the way your hands were shaking
Rather waste some time with you
Los años habían pasado con una rapidez abrumadora, los casos de asesinato a manos de Kira habían incrementado espantosamente luego de la muerte de L, pero claro, de eso se había enterado cuando Mello ya había decidido desaparecer de su vida, abandonándolo esa noche en aquel orfanato en Winchester.
Claro que Matt había tomado la decisión de no quedarse allí tampoco, pero con el escape del rubio, ya se le habían dificultado las cosas para largarse detrás de él, por lo que había podido comenzar con su vida ya recién entrado a los dieciocho.
Le había logrado seguir la pista y luego de una desastrosa explosión, había logrado salvarle la vida, siendo aquel el reencuentro más bizarro que jamás había experimentado, porque claro, Mello había desaparecido de su vida, pero Matt jamás había desaparecido del mapa del otro, siendo esto por completo a propósito de parte del ahora hacker. Mihael se había encargado de seguirle el rastro una vez tuvo los medios para hacerlo, seguramente para mantenerlo lo más alejado posible de su vida en el bajo mundo.
Todo eso hasta que una noche Matt recibió una llamada desde un número bloqueado pidiendo ayuda.
El encontrarlo y sanar sus quemaduras aún no parecía sanar la gran herida que había dejado desde que lo había dejado solo en Wammys, pero Matt no se quejaría mientras él continuase con vida.
Recordaba exactamente el día en el que Mello había despertado, temblando y llorando, las vendas aún pegándose a su piel calcinada mientras sus temblorosas manos sostenían las de Matt a un lado de la cama.
—No podía… no podía llevarte conmigo, no quería que murieras. No quiero que mueras… yo... te amo. —Aquello había sido inesperado, pero Mello realmente no sabía si aquel sería su último aliento, y se había guardado esos sentimientos por demasiado tiempo ya.
—Eres un maldito. —La respuesta que había recibido del pelirrojo no era precisamente por lo que le había dicho, sino porque de verdad había llegado a pensar que Mello no despertaría, y allí estaba, el azul de una de sus irises apuntando hacia él, inundada en líquido salino que se desbordaba de las comisuras, su cabello dorado desordenado por completo y una verdad que no habían podido decirse jamás, hasta ahora.
Azul y amarillo, verde. Se habían encontrado otra vez.
—Matt… lo siento… yo…
—Shh, ya cállate o vas a desmayarte de nuevo.
No quería decirle aún que entendía a la perfección sus motivos, no quería decirle que también lo amaba y que nunca lo había olvidado, que cada maldito día recordaba su voz, sus ojos, sus besos. Honestamente, quería que sufriera sólo un poco más, porque así siempre había sido Matt, lo que tenía de sádico Mello, él lo tenía de vengativo.
Mello ya no era el mismo niño de Wammy’s, se había convertido en un hombre y uno aterrador, uno que no temía a las consecuencias y a quien no le temblaba la mano para blandir su arma contra cualquiera, pero sí cuando tomaba la del pelirrojo, cuando sus dedos se tocaban. Había un miedo, una fobia enorme que no podía sacarse de la mente. Había cometido un error, el más grande de los errores de su vida, volver a contactar a Matt.
Se lamentaba a diario sobre ello mientras contribuían con el caso juntos, mientras vigilaban a las personas de interés, mientras intentaban dar con el nuevo L, todo. La misma imagen de las pupilas de Matt perdiendo brillo que había visto en el orfanato lo atacaba todas las noches al dormir, las pocas veces que podía hacerlo. No lo soportaba.
—Debes dejarme. Morirás.
—No me mates entonces.
—Matt.
—Mail.
—No digas tu nombre.
—Entonces lo recuerdas.
—Siempre voy a recordarlo.
Should've said something but I've said it enough
By the way my words were faded
Rather waste some time with you
Creer en las segundas oportunidades no estaba mal ¿Verdad?
Quién habría pensado que le pondría una soga al cuello a la persona que amaba una tarde detrás de un roble anciano, quién habría pensado que ahora sus heridas serían sanadas por la misma persona a quien podría causarle la muerte.
—Sabes que saben mi nombre ahora Matt.
—Detente. Manda todo al demonio, a Kira, a L, a Near. Quédate conmigo una maldita vez Mello.
Esas palabras habían apuñalado su alma sin misericordia alguna, quemaban más que el mismo fuego que le había dejado esas heridas que dejarían cicatrices imborrables en su cuerpo, de hecho, la piel ya comenzaba a reconstruirse, desordenada y caótica.
—Tienes miedo.
—No por mí.
—Yo sí temo por ti. Deberías entenderme.
—Es diferente.
—¿Cómo mierda es diferente Mello? Tus manos tiemblan cada vez que me tocas.
—No quiero que mueras.
—Sálvame entonces.
Fueron sólo esas palabras las que le tomaron a Matt para que el corazón del rubio diera un vuelco, sabiendo que ahora tenía su destino por completo entre sus manos y la única forma que tenía de sacarlo de esa maldición era desapareciendo con él.
No podía, había trabajado tanto por ello, había sacrificado tanto… pero había algo, alguien, a quien jamás sacrificaría, y ese alguien estaba ahora justo frente a él, cambiando las vendas de su brazo.
Se miraban fijamente, aquellos colores cuando eran tocados por el sol eran diferentes, no eran simplemente azul, amarillo o verde en su combinación… eran zafiro, esmeralda y oro puro, pero la luz debía permanecer sobre ellos.
—Tú ganas.
Esa fue su única respuesta esa noche, la noche en la que escaparía otra vez, pero en esta ocasión, lo haría junto a él.
Rather waste some time with you
Waste some time with you
Waste some time with you
