Chapter Text
Alohomora.
Bajo la luz de las velas mágicas, en el salón de reuniones del Ministerio de Magia, Harry Potter dormitaba mientras el ministro de magia contaba al detalle la reunión con su contraparte muggle de esa mañana. Cuando de pronto un codazo en su lado derecho lo despertó.
—Al menos finge estar despierto —le murmuró Malfoy sentado a su lado.
Harry bufó despacio, sonriendo de lado.
—Puedo dormir, luego me dirás la parte interesante.
—No hay nada sobre lucha con dragones —respondió Malfoy alzando las cejas—. Es lo de siempre, solo las quejas del ministro muggle porque cree que matamos neuronas a los muggles cuando les lanzamos un hechizo —explicó Malfoy con tono aburrido—. Además, algo sobre una enfermedad muggle, pero dejé de prestar atención cuando tu cabezota casi cae al suelo.
—Entonces imagino que te debo una.
—Lo anotaré, Potter. Tienes una larga lista —se burló Malfoy.
Draco Malfoy trabajaba en el Cuartel General de Desmemorizadores y para el Escuadrón de Reversión de Magia Accidental. Un desmemorizador que había ganado prestigio en los últimos años, aunque no había sido fácil al inicio. En sí, no había día que fuera fácil. Harry sabia lo mucho que Draco trabajaba y como el Ministerio aun dudaban de él.
—Realmente esto me está aburriendo —admitió Harry, era la primera vez que consideraba de poca importancia lo que decía el ministro de magia—. Él y el ministro muggle están haciendo...
—Demasiado drama —terminó Malfoy.
La relación de Harry y Malfoy que estaba lejos de la enemistad de la escuela, había comenzado hace años. Y podría decirse que empezó en una extraña situación.
Un mago había secuestrado a su novia muggle y a toda su familia, porque ella no había querido aceptar su propuesta de matrimonio. Había sido una misión incomoda convertida en peligrosa cuando el demente enamorado había decidido aterrar a los muggles, convirtiendo objetos en animales, explotado artefactos y haciendo una simulación de boda a base de hechizos. Para cuando los aurores lograron reducir al demente, los muggles estaban al borde de la histeria, por lo que se llamó a los desmemorizadores con urgencia.
Fue cuando Harry, saliendo de la sala donde había reunido a los muggles, se tropezó de cara con Draco Malfoy, más bien de hombros. Adolorido y dejándose llevar por la sorpresa, Harry se quedó mirándolo hasta que Malfoy le saludo con un gesto de cabeza y paso directo a los muggles. Minuto después, descubrió que Malfoy era un desmemorizador, un novato en realidad, y parte del escuadrón de reversión de magia.
Desde ese entonces hubo otras veces que se encontraron, en similares situaciones: con Harry de salida y Malfoy de entrada. Siempre saludándose con un simple gesto.
Tiempo después la situación cambio. Un simple día se habían encontrado en el ascensor, ambos de entrada. Luego, cuando salieron, Harry sugirió ir por una bebida y Malfoy, entre burlas y palabras sarcásticas, acepto. Desde aquel día, las veces que coincidían habían ido por una bebida en la que conversaban, discutían, reían y se burlaban uno del otro. Lo que sea tenían, funcionaba, entonces otro simple día la situación cambio otra vez.
—¿Tienes turno después de esto? —señalo el auror al estrado, donde el ministro de magia aún continuaba hablando.
—No, pero tengo documentación que posiblemente me lleve a trabajar hasta media noche —Malfoy cruzo los brazos mirando con tranquilidad hacia el frente—. Pero no es seguro.
Harry asistió. Y volvió a observar al expositor.
Horas después; Harry se hallaba mirando un pergamino, un informe que debía escribir y no debería tomar mucho tiempo, pero que estaba lejos de terminarlo. No fue hasta media hora después, pasando la media noche; en que solo había avanzado una línea de su informe, cuando se levantó, se puso su abrigo y se despidió de los compañeros que se quedaban de turno. Avanzo hacia el ascensor y cuando este se abrió, estaba vacío. Harry suspiro mientras en su mente la frustración se albergaba.
"Seguramente aún está trabajando, o quizá ya se fue, siempre que dice no es seguro realmente termina siendo nada seguro"
Harry entro al ascensor, pero antes de pensar en el atrio del Ministerio su mente se enfocó en el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. El ascensor se movió, y en pocos segundos se volvió a abrir anunciando el departamento del tercer piso. Desde ahí, Harry solo avanzo hacia adelante.
Aunque no fue como caminar hacia adelante. El departamento del tercer piso era una especie de laberinto, o al menos Harry lo relacionaba así. Pasaron varios minutos para que al fin pudiera encontrar la Sede de Desmemorizadores.
—¿Disculpen? —se anunció—. ¿Se encuentra Malfoy?
Varios pares de ojos lo miraron sorprendidos, Harry no se inmuto.
—Salió hacia el archivero, hace un par de minutos —respondió alguien.
Harry agradeció, dio media vuelta y camino otra vez. Mientras buscaba con la mirada el archivero, pensó que no sería una mala idea hacer un mapa mágico como el que tenía en la escuela, pero adaptado al Ministerio. Aunque eso costaría años, pues llevaba años trabajando ahí y hasta entonces no conocía ni la mitad de aquella edificación.
Un par de minutos después, con un nuevo suspiro de cansancio, ingreso a una cuarto que decía: Archivero principal.
—¿Qué haces aquí? — Pregunto unas arrastradas palabras, causando que dé un respingo, un más brusco que hace unas horas.
—¡Mierda!
—Lenguaje, Potter.
Harry enmarco los ojos apretado los labios y girando hacia donde Malfoy le miraba con una ligera sonrisa torcida. El desmemorizador estaba a varios pasos, cerca de un escritorio. Con el fin de quitar la vergüenza decidió estudiar el lugar.
El archivero de aquel departamento era tan grande como el del segundo piso, pero su estructura le recordaba a una biblioteca, en el que en vez de libros había expedientes, cajas y más papeles.
—¿Que tanto guardan aquí?
—Los expedientes de los muggles que desmemorizamos, los lugares al cual modificamos, casos y casos. —Explico Malfoy—. ¿Me dirás que en tu departamento no los hay?
—No lo guardan de esa forma, hay más frascos de memoria y los pergaminos son pocos.
—Entiendo, en un franco de memoria hay más de lo que dos expedientes muggles pueden guardar —dijo a la vez que cargaba en brazos varios pergaminos, fólderes y un gran libro—. Entonces ¿responderás mi pregunta?
Cuando Malfoy paso por su lado, lo sujeto de un brazo, este no pareció sorprenderse.
—Necesito hablar contigo.
Los ojos grises de su excompañero de escuela se fijaron en él, frunciendo a la vez sus platinadas cejas.
—Bien, si tanto insistes, pero deja que guarde estos documentos al menos.
Harry lo soltó y Malfoy continúo caminado, dirigiéndose al laberinto de expedientes y archivos. El auror lo siguió, observado como fólderes o pergaminos se elevaban de los brazos de Malfoy en determinados lugares por donde pasaban, flotando hasta acomodarse en algún lugar de los grandes muebles.
—¿Has estado investigando algo?
—Me siento orgulloso de que te hayas vuelto tan observador.
Harry fingió unas carcajadas.
—Aunque no lo haces en tiempo real.
—Como sea, estaba pensado, como es más de media noche, podrías venir a mi casa para tener la plática.
—No lo creo, a esta hora aún hay bares abiertos.
—Uno muggle. —Como las última veces, pensó Harry con desagrado—. Esos lugares son parte de lo que quiero hablar. Preferiría que fuera en mi casa.
Harry siguió a Malfoy cuando este doblo por una esquina, y luego otra, los expedientes floraban acomodándose cada vez con mayor rapidez. El silencio había permanecido varios minutos debido a que otro mago no respondía.
—Malfoy —Le llamo Harry cuando llegaron a un pasaje, un poco más estrecho que los demás. Se podía percibir el olor a viejo y al fondo, frente a Malfoy, una puerta de madera oscura.
—Creo saber a dónde va tu fantástica plática —arrastro las palabras el desmemorizador.
—¿En serio?
Malfoy giro para verlo, con solo un par de pergaminos y el gigantesco libro en sus brazos.
—Potter...
Entonces Harry ya estaba cerca de él, a un paso, ocupando el espacio personal del otro mago. Y como se toca un objeto delicado, le sujeto de ambos brazos.
—Alguien puede venir y vernos —susurro Malfoy con su aliento de té de menta.
—No me importa —respondió.
Y lo beso.
No era la primera vez que se besaban, o más bien no era la primera vez que Harry lo besaba. Lo había hecho desde hace un par de meses atrás, cuando habían llegado a un parque oscuro, frente a un árbol seco y Harry había hecho acto de su impulsividad. Entonces le había gustado esa cercanía, y la calidez que desprendía el otro mago, tanto que no pudo evitar repetirlo. Los besos eran a veces naturales, otras forzadas hasta la rendición y en otras con el calor elevándose en una llama que ninguno de los afectados se atrevía a rosar siquiera. Con todo, aun cuando Harry siempre era el que iniciaba los besos, Malfoy solo los correspondía.
Sin embargo, no había palabras después de aquello. Solo respuestas sin preguntas. Harry a esas alturas había descubierto varias razones de moverse hacia la boca de su excompañero de escuela. Y quizá el más entendible por ahora era una gran necesidad por los labios de Malfoy: por cómo apreciaba la suave textura y las sensaciones que le provocaban, muchas que podían ser como lanzar hechizos o solo verlos brillar.
Cuando se separaron, Malfoy estaba ligeramente rojo, mordiéndose el labio inferior; Harry se inclinó nuevamente, pero Malfoy bajo la cabeza.
—Te dije que alguien podía vernos —advirtió Malfoy con una voz casi inaudible.
—Y te digo que no me importa —Harry suspiro. Ese día había suspirado demasiado—. Sé que no hablamos de esto, pero sé que tú... sé que tú también...
—No —Malfoy retrocedió unos pasos alejándose del agarre de Harry, los brazos de este cayeron pesados en cada lado, sintiendo los síntomas de una derrota—. No hay nada que hablar, ni siquiera debió pasar.
—Pero pasó —Harry respondió con resolución, negándose a rendirse.
—Podemos no hablar de ello.
—¿Te arrepientes?
Harry temió la respuesta, a pesar que el tiempo de aquel silencio fue corta como la caída de un copo de nieve en el invierno. Entonces Malfoy respondió, negando con su cabeza, aun sin mirarle.
—Yo tampoco me arrepiento, yo... —Harry se acercó más al otro joven, tanto que podía oler el perfume de sus cabellos finos y platinos—. Draco, mirame...
Harry vio la duda natural de Draco, pero como si pudiera leer su mente y escuchar los ruegos de su cabeza, Draco levanto la vista, ojos grises opacado por la angustia y la incertidumbre.
Él también las sentía. Harry también llevaba en su mente una maraña de ideas que luchaban una contra otra. Pero que a veces ya no tenía sentido; a veces como en aquel día, cuando había visto a Draco a su lado despertado en medio de una reunión, cuando había solo escrito unas cuantas líneas de algún informe por pensar en que decirle, entonces esas veces, hacía que todo llevara únicamente un par de palabras concretas.
—Quiero estar contigo.
Entonces, de repente, los ojos de Malfoy brillaron, aun cuando la luz de aquel lugar era menguante; y Harry pensó que aquello también, entre millones de cosas, era algo que siempre quería apreciar.
Pero entonces Draco aparto la vista, Harry pudo ver su lucha interna, y no pudo detenerlo cuando este volvió la vista, frio y sereno, dándole su respuesta.
—No funcionará, sabes que esto no funcionará, ya es demasiado que seamos amigos.
Algo se acumuló en la garganta de Harry. Asfixiándolo por un momento.
—¿Me estás diciendo que ni deberíamos ser amigos?
—No lo entiendes —continuó Draco, esta vez con exasperación en su voz—. Dime: ¿tus amigos están de acuerdo que vayas a los bares con Draco Malfoy? El mortifago —mencionando lo último con repulsión.
—Saben, saben que ahora me llevo bien contigo —respondió Harry sin titubear.
—Y después qué, les dirás que te besuqueas con él, la persona que consideran un imbécil. Él que tu consideras un imbécil.
—Eso fue el pasado, éramos tan jóvenes e ignorantes, tú mismo...
—¡Lo sé, lo sé! —bramó Draco con irritación—. ¿Pero se los dirías? —desafió.
—¡Claro que sí! quizá no al instante, pero lo haré —aseguró Harry, sintiendo como todo empezaba a correr, como la discusión empezaba a alterarle—. Ellos lo comprenderán y...
—¿Y los demás qué?
—¿Los demás?
—La gente, el Ministerio... —susurro Draco. De repente en su hermoso rostro apareció un gesto de dolor, como si le hubieran dado con algo pulsante—, ellos nunca lo aceptaran...
—¿Y eso que importa? —respondió Harry, abatido por la expresión de Draco, molesto por sus palabras—. Es lo último que importa.
—No seas idiota, Potter —increpó Draco— tú solo... no entiendes ...
—¿De qué hablas? Por qué haces como si fuera esto parte de alguien más.
—¡Porque somos parte de alguien más! —respondió el desmemorizador de inmediato y tras unos segundos su voz era como una súplica, pero también como una acusación —. Nosotros no podemos enfrentarnos a todo lo que está frente nuestro —Draco lo miro, sus ojos grises alarmados por algo parecido a la desesperación—, porque no es una guerra, es una vida en que no nos toca cruzamos.
—Nos cruzamos desde hace mucho, Draco, es imposible no seguir haciéndolo.
—Sí, pero éramos enemigos, rivales o como lo prefieras llamar —Draco vaciló solo un instante antes de continuar—. Y quizá lo mejor hubiera sido mantenerlo así.
Harry sintió un tirón descomunal de rabia, quizá la ira acumulada que ahora corría por sus venas a una velocidad espantosa, o quizá fue algo más fuerte, más fuerte que el odio y la vida derrumbándose, más fuerte de las ganas de herir con todo lo que le quedaba. Entonces por esos instantes nada le importo, apretó los puños y cuando dijo lo siguiente, su voz sonó más fría que nunca:
—O quizá lo mejor es no habernos conocido.
De inmediato, Harry se arrepintió. Pero era tarde. Vio el dolor en los ojos de Draco, y aquello le hizo sentirse como el ser más despreciable de un mundo desconocido.
Malfoy agacho la cabeza y bufo para luego mirarlo otra vez, con un gesto endurecido y sus ojos fríos como el invierno.
—Malfoy, Draco...—Harry levanto su brazo derecho con la intención de sujetarle, pero Draco se alejó de inmediato.
—No —susurró, amenazante y suplicante a la vez.
En un sepulcral silencio, mirándose uno al otro, ambos permanecieron.
Entonces el sonido de un golpeteo les hizo reaccionar. Harry, por su instinto de auror, lo primero que hizo fue observar hacia dónde provenía aquel sonido, encontrándose con la puerta de madera oscura.
—¿Quién trabaja ahí? — Harry volvió la vista hacia Draco, pero este ya no le miraba, los ojos de este estaban enfocados en la puerta oscura.
Con el rostro tenso y la palidez casi imposible, el desmemorizador avanzo hacia aquella puerta.
—¿Quién trabaja ahí? —repitió el auror siguiéndolo, sacando su varita, observando como Malfoy acomodaba el libro y los pergaminos restantes bajo un brazo, sacó su varita con la mano libre.
La respuesta de Draco apenas fue un bisbiseo.
—Se supone que ahí...
El golpe volvió. Esta vez Harry reconoció de que se trataba, alguien estaba tocando la puerta desde atrás. Entonces los golpes leves pero firmes fueron aumentando cada vez que se acercaban. Una secuencia: golpe, pausa y golpe... Cuando Malfoy y él llegaron frente a la puerta, los toques se habían detenido.
—¿Hay alguien ahí? —Pregunto Harry esta vez hacia la puerta, no hubo respuesta—. ¿Qué tipo de entrada es esta? —Se dirigió a Malfoy, este pestaño sin dejar de mirar la puerta.
—No es una entrada.
Un golpe, pausa, golpe, pausa. Silencio.
Harry frunció el ceño, Malfoy estiro su varita y susurro.
— Alohomora.
Nada. La puerta permaneció cerrada.
—Annihilare.
Nada. Cerrado.
Entonces nuevamente: Golpe, pausa, golpe, pausa.
Harry estaba a punto de usar su varita cuando vio a Malfoy estirar su mano y empujar. Entonces la puerta se abrió. Dejando a la vista su interior.
Lo primero que Harry pudo percibir, fue la magia oscura, mientras la sorpresa y aprensión se fue apoderando de sus sentidos. Aquel lugar era tan siniestro como el velo de la muerte, pero sin ningún sonido más que la vista de la niebla oscura y líneas nebulosas flotantes. Como humo de chimenea, como el vapor, como aire congelado.
—No sabía que existía una cámara así —murmuró Harry— ¿Que se supone que hay ahí?
No hubo respuesta. Se volvió hacia Draco, sólo para encontrarse con su perfil, con los ojos grises fijos en aquel lugar, fijos y expectantes en algún punto dentro de ahí.
—¿Draco?
Nada.
—¿Vez algo? —insistió Harry. Miro hacia el nebuloso lugar, sin encontrar más que sombras.
El ruido de pergaminos y un gigantesco libro cayendo contra el suelo lo distrajo un instante, y al siguiente, vio a Draco avanzar hacia el interior de aquel lugar.
Alarmado, Harry levanto el brazo derecho y estiró su mano.
"No"
En aire, los dedos del auror se escondieron sin siquiera formar un puño, pero eso basto. Solo fue un apéndice del tiempo. Una décima. Una décima en que Draco entro a ese lugar, una décima en que la puerta se cerró, una décima en que desapareció ante sus ojos.
Y entonces un miedo desesperado apretó el pecho de Harry.
—¡Draco! —gritó.
Rápido se lanzó sobre la puerta, golpeándolo, una y otra vez. No hubo respuesta. Retrocedió un paso y estiró su varita lanzado varios hechizos entre bombarda y alguno que habría destruido la puerta por completo. Pero fue cuando un alohomora salió de su boca, que se oyó un chasquido y la puerta cedió levemente hacia adelante, abriéndose. Harry jalo de inmediato y con ojos impactados sintió la angustia en sangre viva. Pues Draco Malfoy no estaba. Ni la neblina, ni la magia oscura. Solo libros y pergaminos viejos y polvorientos en una habitación de un par de metros cuadrado, mientras afuera del ministerio, en la superficie, nevaba.
