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Rating:
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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Omegacember 2025
Stats:
Published:
2025-12-01
Words:
978
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
21

La revelación || Ginga x Cinque

Summary:

[Día 1: Revelación - Omegacember 2025] (Reto propuesto por la página de Facebook: «Es de fanfics»).
.
.
.

Ginga se llevó una grata sorpresa cuando Cinque decidió revelarle cierta información. No obstante, el contexto que hay detrás no es algo que deba tomarse a la ligera.

。 Nakajima Ginga x Nakajima Cinque 。

¡Drabble!

••• Disclaimer: Mahou Shoujo Lyrical Nanoha no me pertenece, es propiedad de los estudios Seven Arc.

••• Advertencias:
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

Este fanfic participa en el reto de "Omegacember 2025" propuesto por la página de Facebook "Es de FanFics". ¡Espero que les guste!

Work Text:

            —Entonces... —comenzó Ginga, dudosa—. ¿Eres... una omega?

            —Así es —respondió Cinque, con calma.

            —Y... eres mi persona destinada, ¿no?

            —En efecto.

            Ginga la miró con ojos aturdidos, y no era para menos. Acababa de enterarse de que su crush era la omega que el destino le había preparado. Gracias a su bien desarrollado olfato, pudo saber que Cinque no mentía. Despedía un fuerte aroma a jazmín que la mareaba.

            —Pero no entiendo, ¿cómo es que estuviste todo este tiempo tan cerca de mí y no supe que eras una omega? —preguntó Ginga—. Las omegas despiden un olor muy fuerte, ¿por qué no lo percibí antes? Y, además, ¿por qué me lo cuentas justo ahora?

            Cinque no respondió al momento. Meditaba fríamente lo que diría a continuación.

            —Por años, las Numbers fuimos drogadas con supresores experimentales suministrados por Scaglietti —comenzó Cinque, conectando su mirada con la de Ginga—. Recibimos tantos, que el efecto de estos se prolongó. Es por eso que, aunque algunas de nosotras, como Otto, Sein y Nove eran alphas, no tenían un instinto animal que les incitara a buscar alguna omega para aparearse. Tampoco despedían olores que revelaran su condición. Hasta hoy, fuimos consideradas betas.

            —¿Por qué hacer algo así? —quiso saber Ginga, sintiendo una repentina furia emerger desde el fondo de su ser—. ¿Qué necesidad había de ser tan cruel con ustedes?

            Cinque cerró el ojo y dejó escapar un suspiro cansado. Tener que hablar de esa época, en la que era solo una herramienta bajo el mando de ese científico desgraciado, la agotaba sobremanera. Sin embargo, por ser Ginga la que preguntaba, decidió que tenía que responder.

            —Como no éramos solo simples máquinas, podíamos sentir, pensar y tener instinto animal. Scaglietti pensó que eso podría afectar sus planes —se detuvo al sentir que sus ojos escocían. Le hacía daño recordarlo—. Así que, al final, decidió que tenía que eliminarnos...

            —Ya es suficiente —la interrumpió Ginga y dio un paso al frente para, después, abrazarla con fuerza—. Sé que te hace daño hablar sobre eso. No te obligaré a que me sigas contando.

            Dejándose llevar, Cinque correspondió al abrazo y empezó a sollozar, mojando su hombro con amargas lágrimas. Era la primera vez que Ginga la veía de esa forma. Cinque era fuerte, seria, determinada, una líder nata y un excelente apoyo para el resto de sus hermanas. El hecho de que se hubiera desplomado de esa forma impactó mucho a la alpha.

            Cuando sintió que Cinque se calmaba de forma progresiva, Ginga deshizo el abrazo y detalló su lindo rostro que, debido al mar de lágrimas por el que pasó, estaba rojo e hinchado.

            —¿Te sientes mejor? —se aventuró a preguntar la más alta.

            —Sí, ya estoy mejor.

            Ginga asintió con una expresión seria en su rostro.

            —Nada es eterno, ni en este ni en ningún mundo —prosiguió Cinque, con voz nasal—. Ayer, el efecto acabó durante una misión de reconocimiento para el Buró —llevó su mano a una de las mejillas de su amada y dejó ver, como muy pocas veces, una bonita y cálida sonrisa—. Por lo que mi instinto de omega volvió.

            —Es bueno saberlo —declaró Ginga, mientras disfrutaba de las caricias que su omega le daba en la mejilla.

            —Sí, no podía esperar para contártelo.

            Su voz había recuperado ese tono sereno que a Ginga tanto le gustaba. Se miraron unos segundos, hasta que una duda asomó en la mente de la más alta.

            —Oye, Cinque...

            —¿Qué pasa?

            Ginga enrojeció al pensar en la duda que tenía. Al final, decidió decir lo que tenía en mente.

            —¿Cómo supiste que me gustabas? —preguntó Ginga—. Es decir, apenas se acabó el efecto de esa cosa, viniste directamente a buscarme en mi habitación. Y, bueno, no recuerdo haberme declarado o algo así. ¿Acaso alguien te lo dijo?

            Cinque desvió la mirada un momento, hizo una mueca que a Ginga se le antojó demasiado adorable.

            —Pues... —comenzó Cinque, empezando a jugar con sus dedos—. No sé cómo decírtelo...

            Ginga frunció el ceño.

            —Fue Subaru, ¿cierto? —gruñó, dejando ver dos prominentes colmillos que destacaban por encima de las otras piezas dentales—. Espera a que la tenga a mi alcance. Apenas pueda, la voy a...

            —No. Siendo sincera, yo me di cuenta desde el principio.

            Ginga abrió mucho los ojos, al tiempo que un fuerte sonrojo cubrió sus mejillas y orejas.

            —¡¿Qué?!

            —Sabía que te pondrías así —profirió una risita—. Eras muy obvia, Ginga. Te la pasabas mirándome cuando creías que no me daba cuenta, además de que siempre enrojecías cuando me acercaba mucho a ti y, no sé si lo hiciste a propósito, pero me dejaste entrar a tu habitación cuando hay unas diez fotos mías pegadas en esa cartelera de allá.

            Había hasta una foto de Cinque en traje de baño y otra en la que se podía ver cómo la cíborg del parche acababa de salir de bañarse, apenas cubierta con una pequeña toalla. Al darse cuenta de ese error, Ginga enrojeció tanto que la omega temió que fuera a desmayarse.

            —Estaré ciega de un ojo, pero puedo ver perfectamente con el otro —añadió Cinque, divertida—. Pude ver todas esas fotos. Entonces, ¿todavía te atreves a preguntar cómo fue que me di cuenta de lo que sentías por mí? Creo que la verdadera pregunta aquí sería: ¿cómo no darse cuenta de lo que sientes si eres terrible para ocultar tus sentimientos?

            Sí, a veces Ginga podía ser incluso más densa que su hermana Subaru.

            —Lo-lo siento —se disculpó Ginga, apenada. Ahora no podía mirarla a la cara.

            —Disculpas aceptadas. Ahora, ¿podrías abrazarme otro poquito? Es que tu olor me gusta y no me importaría estar rodeada de él.

            —Te daré todos los abrazos que quieras —declaró Ginga, sonriendo ampliamente, para después rodearla con sus brazos y apretarla contra sí.

            De esa forma, una nueva relación nació en casa de la numerosa familia Nakajima.

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