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Problema de lengua || Einhart x Vivio

Summary:

[Día 4: Púas en la lengua - Omegacember 2025] (Reto propuesto por la página de Facebook: «Es de fanfics»).
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Einhart pensaba que tenía un problema. Sin embargo, mientras buscaba la manera de solucionarlo, descubrió que no era tan malo como parecía.

✿ Einhart Stratos x Takamachi Vivio ✿

✯ Drabble ✯

••• Disclaimer: Mahou Shoujo Lyrical Nanoha no me pertenece, es propiedad de los estudios Seven Arc.

••• Advertencias:
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

Este fanfic participa en el reto de "Omegacember 2025" propuesto por la página de Facebook "Es de FanFics". ¡Espero que les guste!

Work Text:

            Einhart se dio cuenta del cambio esa mañana, justo cuando iba a cepillarse los dientes.

            Al pasar las fibras del cepillo por su lengua, este se le quedó atascado en ella. Extrañada, intentó quitarlo con cuidado, hasta que se soltó. Curiosa, Einhart se enjuagó la boca y se dispuso frente al espejo. Sacó la lengua y detalló su reflejo.

            Abrió mucho los ojos al distinguir ciertas fibras, parecidas a pequeños vellos, asomarse justo en la parte del medio de la lengua. Eran pequeños, erizados y tenían una tonalidad rosácea un poco más clara que el de la lengua en general. Podía distinguirlos con facilidad.

            «Pero, ¿qué...?»

            Mientras pensaba en ello, Einhart recordó que, en esos días, muchos cambios se habían suscitado en su cuerpo. Era una Alpha, supuso que ese era otro de esas cosas que debía afrontar debido a su casta.

            «Excelente», pensó Einhart, con molestia. «Como si no fuera suficiente con tener que suprimir mis instintos».

            Cualquier cambio provocado por su casta era tolerable para Einhart, excepto uno de ellos: el instinto animal que la hacía querer tomar a su omega destinada, Takamachi Vivio

            Para lidiar con eso, había tenido que ahorrar y hacerse con unos supresores. Se quedó sin comprar unas pesas que necesitaba para mejorar la rutina de entrenamiento que llevaba, pero, al menos, no quedaría como una pervertida frente a su inocente... y deliciosa novia.

            Sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento.

            «¿Pero qué rayos?»

            Supo que era el momento de inyectar el supresor que le tocaba ese día. Lo buena noticia era que la medicina tenía un rango de funcionamiento de doce horas, por lo que no tenía que preocuparse de ello por el resto del día.

            Buscó el botiquín que guardaba cerca del armario y, al destaparlo, vio con horror que ya no tenía más de esos supresores. Un frío le subió por la espalda, la boca se le secó al instante.

            «Oh, no».

            Se levantó rápidamente y buscó sus cosas. Revisó su bolso y monedero, tenía dinero para comprar otra buena dosis como para una semana antes de conseguir que sus padres la apoyaran con más dinero.

            Se vistió como pudo. Recordó que tenía que pasar por la universidad, pero decidió que reabastecerse de supresores era más sensato que ir a clases. Al tragar con fuerza, recordó los pelitos que sobresalían de su lengua. Seguían ahí, rosados y erizados.

            «Tch, ya después veo que hacer con ellos».

            Corrió hacia la puerta y, al abrirla, se encontró con su novia, que estaba de pie afuera de su casa.

            —¿Vi-Vivio? —preguntó Einhart, atónita frente a semejante casualidad.

            —¡Amor! —Vivio se lanzó a abrazarla y Einhart hizo todo lo posible por mantener la calma.

            Apretó los dientes y correspondió el gesto. De forma inconsciente, olfateó el rico aroma que Vivio despedía. El olor frutal de su omega era de los mejores olores que podía haberle tocado.

            Al separarse de ella, y sin pedir permiso porque ya estaba habituada a ello, Vivio pasó a la estancia como si fuera su casa.

            —¿Qué-qué haces aquí, pastelito? —preguntó Einhart, cerrando la puerta.

            En ese instante, Sacred Heart salió disparado del bolso que traía su novia y empezó a levitar alrededor de los muebles.

            —Creí... creí que saldrías con Nanoha-san hoy... —siguió diciendo Einhart.

            Dando un largo maullido, su dispositivo, Asteon, que había sentido la presencia de Chris, salió de la habitación y empezó a dar saltitos alrededor.

            Al verlo, Sacred Heart voló hacia él y, como si tuvieran mucho tiempo sin verse, se abrazaron con energía. Luego, se acurrucaron en el sillón y se quedaron ahí, retozando uno junto al otro.

            —¿No son lindos? —preguntó Vivio. Luego, miró a Einhart—. Cancelé la salida que tenía con Nanoha-mama.

            —¿Por qué?

            —Porque quería verte —se acercó a ella, moviendo las caderas un poco más de lo usual, esbozaba una sonrisa traviesa que hizo saltar algo dentro de Einhart—. No sé, sentí que tenía que estar aquí en este preciso momento.

            Como era más alta que ella, Vivio tuvo que alzar el rostro para poder mirarla. Llevó sus manos al pecho de su novia, que estaba cubierto por su blusa celeste, y los acarició por encima de la tela. Einhart tuvo que usar todo el autocontrol que tenía para no saltarle encima.

            —Vi-Vivio, en serio, no es un buen momento…

            —Siempre es un buen momento —canturreó la menor, con picardía. Se paró de puntillas, rodeó el cuello de una aturdida Einhart y apoyó sus labios contra los de ella, dando lugar a un beso inesperado y juguetón.

            El autocontrol de Einhart se evaporó y, con urgencia, movió sus ávidos labios contra los de su novia. Rodeó la delgada cintura de Vivio con un brazo, mientras apoyaba la otra contra su nuca, apegándola más a ella. Al intensificarse el beso y meter su lengua en la boca de la omega, Vivio gimió contra su boca.

            Se separaron, jadeantes. Vivio miraba a Einhart con curiosidad, aunque eso no apagaba las llamas que se habían encendido en su mirada heterocromática.

            —Einhart, tu lengua…

            —Oh, sí. Amaneció con… esas cosas encima —explicó, roja de vergüenza—. Lo-lo siento si te incomodé con ella. Debería hacer algo al respecto…

            —No —la cortó Vivio, dejando ver una sonrisa maliciosa que solo Einhart había visto—. No me incomodó para nada, al contrario —se apegó más al cuerpo caliente de su Alpha para poder susurrarle—: Se sintió muy bien. Me pregunto, ¿cómo se sentirá esa lengua en otros lugares?

            Si Einhart estaba caliente al principio, tras escuchar lo dicho por su novia, se había puesto peor.

            Sin responder a eso, volvió al ataque, iniciando un nuevo y abrasivo beso con el que le robaba el aliento a su novia.

            Usando la fuerza de la que tanto se enorgullecía, alzó a Vivio, que se aferró a ella, y se la llevó en dirección a su habitación. En ningún momento rompieron el contacto que habían establecido entre sus hambrientas bocas.

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