Actions

Work Header

Pokémon Sagas: Negro y Blanco

Summary:

Un nuevo viaje inicia para Ash Ketchum, quien junto a Pikachu recorrerá toda Unova en busca de las ocho medallas para participar en la Liga Unova. En su aventura conocerá a Hilda, una entrenadora novata de dicha región, y a Cilan, un conocedor Pokémon y líder de gimnasio. Pero en su camino se interpondrá el Equipo Plasma, por lo que nuestros héroes tendrán que arruinar sus planes.

Chapter 1: Prólogo

Notes:

Pokémon no me pertenece, es de Satoshi Tajiri y The Pokémon Company. Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sinfines de lucro con su magistral juego.

Chapter Text

El majestuoso palacio brillaba con toda la elegancia de la aristocracia, pero no era momento para admirar su arquitectura. El futuro de Unova pendía de un hilo. Una organización, movida por un ideal extremo, amenazaba con romper para siempre el vínculo entre entrenadores y Pokémon. Bajo el pretexto de evitar el maltrato y las crueles batallas, buscaban un mundo donde los humanos y sus compañeros jamás volvieran a unirse.

Ash e Hilda no lo veían así. Mientras corrían por los pasillos, la pregunta golpeaba sus mentes: ¿realmente se podía llamar libertad a la ruptura de una amistad? Ash estaba convencido de que no, y al ver la firmeza en su mirada, Hilda asintió, compartiendo su determinación. Se dirigieron a toda prisa hacia la sala del trono, el lugar donde se escondía el artífice de aquel caos.

—¿Cuánto falta? —preguntó Ash, tratando de recuperar el aliento.

—Solo debemos subir un piso más —respondió ella, con la tristeza dibujada en el rostro.

Ash notó su desánimo.

—¿Qué pasa?

Hilda bajó la vista mientras continuaban avanzando.

—¿Por qué tiene que pasar todo esto? ¿Y por qué tiene que ser él quien lo provoque?

Ash no supo qué responder; él mismo se hacía la misma pregunta. Cuando conocieron a N, les pareció alguien amable y bondadoso, alguien que realmente se preocupaba por los Pokémon. El hecho de que fuera él quien ahora intentara rompe ese vínculo entre humanos y Pokémon no tenía ningún sentido.

—No lo sé —dijo Ash, apretando los puños con decisión—. Pero lo sabremos en cuanto estemos frente a frente.

Hilda recuperó la seguridad al escuchar a su compañero. Al llegar ante la inmensa puerta doble, se miraron, respiraron profundo y la abrieron de golpe. Dentro, sentado en el trono como si fuera un rey legítimo, los esperaba Natural Harmonia Gropius.

—Bienvenidos. Los estaba esperando, mis dos grandes amigos —dijo el peliverde con una calma pasmosa, como si estuviera saludando a un invitado de honor en una reunión casual.

La confusión dio paso a la ira. Hilda dio un paso al frente.

—¿Por qué haces esto, N? ¿Por qué intentas separarnos de nuestros compañeros?

N se levantó con lentitud y comenzó a caminar hacia ellos.

—Los Pokémon no necesitan de nosotros; tienen derecho a ser libres. Los encierran en esas esferas, los obligan a batallar para satisfacer sus propios caprichos, y a eso lo llaman unión. Pero, ¿para qué sirve? —se detuvo y los observó fijamente—. Solo para que, cuando ya no sean lo suficientemente fuertes o útiles, los abandonen sin más.

El silencio se apoderó de la sala. Ash bajó la mirada; él había visto esa crueldad de primera mano, pero sabía que no era la historia de todos. Hilda, igual de afectada, negó con la cabeza.

—¡No puedes culpar a todos, N! Hay personas que realmente aman a sus Pokémon —exclamó la joven castaña con firmeza—. He conocido a entrenadores maravillosos, gente a la que no le importa ganar o perder, sino disfrutar de la aventura con sus amigos.

N esbozó una sonrisa melancólica.

—Tienes razón. Pero tus verdades son débiles comparadas con mis ideales.

—Tienes que entender que hay otro camino —insistió Hilda, viéndose tan convencida que Ash sintió una chispa de esperanza.

—Entonces… demuéstrenme que sus verdades son más fuertes que mis ideales.

De repente, el palacio se sacudió con violencia. El techo comenzó a desmoronarse y una estela de oscuridad, acompañada por relámpagos cegadores, irrumpió en el salón. Ash supo de inmediato quién era. Ante ellos, descendiendo como un dios de la tormenta, apareció un imponente dragón negro.

¡GROOAAAR…!

El rugido fue tan potente que los obligó a retroceder. Hilda miró a la criatura con los ojos desorbitados.

—¿Ese Pokémon es…?

—Sí, es Zekrom —respondió N con una sonrisa triunfal—. El Pokémon de mis ideales.

Ash e Hilda se prepararon para el combate. La batalla que definiría el destino de toda la región estaba a punto de comenzar.

—Comencemos, mis queridos amigos —sentenció N.

Ambos se movieron al unísono, sus manos buscando con determinación las pokébolas que colgaban de sus cinturones.