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Una lección que pocos enseñan

Summary:

Hay mucho que se puede solucionar sin la necesidad de usar los puños… Y Tohma le dará una lección a Masaru.

Notes:

Echa la loca ya llevo 3 fanfics para este par... ¡Bueno!

Corto y sin mucha cosa también (esta es realmente mi especialidad) pero me encantaría trabajar en algo más elaborado más adelante, tal vez con algún AU más interesante...

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

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No ha habido ni un solo día de paz en el DATS desde que Daimon Masaru se unió al equipo. Y no precisamente para mal, después de todo Masaru daba vida a las instalaciones con la viva llama de su espíritu, pero como todo el exceso cansa. Masaru tiene un futuro prometedor, pero solo tiene catorce años y mucho que aprender; es mal hablado, impulsivo, desubicado, grosero y a veces demasiado ignorante…

Bueno, sí que tiene un largo camino por recorrer. 

Hoy es de esos días bulliciosos que le trae un fuerte dolor de cabeza a más de uno. El trío volvía de una misión, que realmente no fue gran cosa, pero el orgullo de Masaru fue herido más que su mano dominante. Se trató de un inofensivo digimon con una coraza de cristal, tan delicado como los adornos finos de señoras, pero un puñetazo limpio no fue la mejor de las ideas… Y eso es lo que le reprocha Tohma ahora.

—¿No te dije que no lo golpearas? ¿Por qué nunca me escuchas?

—¡Te escuché, genio! Pero, ¿Qué otra cosa querías que hiciera? ¡Así es como trabajo! 

–Mal, de hecho. Lo tenía bajo control y tú simplemente…

Ah, ¿Querías todo el crédito? ¡No en mi guardia! 

Masaru y Tohma discuten a diestra y siniestra, como no sería la primera vez, pero a pesar de sus ceños fruncidos y bocas mordaces Tohma está muy al pendiente de la mano herida de Masaru, quien se deja atender para sorpresa de nadie. Parece que Tohma ha sabido muy bien cómo sobrellevar a este paciente difícil, ideándoselas como de costumbre, lo que es un alivio para el personal médico que lo deja todo en sus manos. 

Incluso cuando se marchan a una de las salas médicas todavía se escuchan sus gritos.

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—No te muevas… Si te duele solo dilo.

Masaru emite un quejido, más por el mal humor que por el evidente dolor, y contrae la mano. Entonces, Tohma se da una pausa de su tarea para mirarlo a la cara. Masaru, sudoroso y despeinado después de su última misión, encogido casi como un niño temeroso. Este chico… ¿Cómo pasa de rufián buscapleitos a animalito asustado en cosa de nada? Solo él podría pasar de molestarlo a conmoverlo, una y otra vez. 

—No es gran cosa —murmura Masaru en su defensa.

Tohma echa un vistazo a su trabajo a medias, todavía hay muchos cortes por saturar, y luego vuelve a Masaru. Si bien no es parte de su labor ejercer de médico, después de todo está aquí para otras cosas, de cierta forma le complace poder hacer esto por él (por la gente, claro) 

—No te preocupes, terminaré pronto —consuela Tohma, listo para volver a ello.

—¿¡Insinúas que estoy asustado!? —Masaru explota esta vez, ofendido.

Tohma deja salir un suspiro, debía haberlo imaginado, pero aún así alcanza la mano para continuar si no quiere que las heridas empeoren. Al menos Masaru no se aleja, dejándose atender, aunque igual hace su berrinche.

—Soy un luchador, ¡Un hombre! Y esto no me va a detener, ¡Lo he pasado peor!

Masaru sigue parloteando sobre su valentía y hombría, orgulloso y testarudo como ninguno, y Tohma sabe que lo hace para disimular el dolor y el temor. Si Masaru supiera que ya nada puede esconder de él… Y que lo conozca tan bien de cierta forma lo asusta, pero le intriga.

—Masaru. 

Tohma hace otra pausa, al menos ya le queda poco, y mira directamente esos vivaces ojos verdes que más de una vez lo han desafiado; a discutir, a golpearlo… A algo completamente diferente, quizás.

—Hay muchas otras maneras de solucionar las cosas además de los puños, ¿Sabes?

La expresión de Masaru se contrae, extrañado y descontento, y se inclina para dejar claro su punto: 

—¡Imposible! Los puños son el arma más importante de un hombre, ¡Son la mejor manera para comunicarse! 

Es de esperarse de este vivaz y arriesgado luchador. Masaru no mide el peligro, ni siquiera se detiene a estudiar su entorno, y eso cómo lo irrita… Porque Tohma siempre se termina preocupando de más. Sin embargo, confía en los métodos de Masaru, que si bien a veces son cuestionables pueden funcionar, ¡Los han salvado en más de una ocasión! y este espíritu lo inspira, lo motiva, lo envuelve…

—Además, ¿Qué sabes tú, principito? — Masaru termina con un chasquido, burlón. 

La mano de Tohma se aprieta en el muslo de Masaru, donde por alguna razón terminó apoyándose, y su mente maestra traza en seguida su siguiente movimiento. No se lo piensa y se inclina un poco más, ni siquiera hace falta hacerlo demasiado, y finalmente Masaru se calla. Ah, dulce silencio.

—¿Ves? Pude hacerte callar y sin necesidad de usar mis puños.

La expresión de Masaru es un verdadero deleite, como si su propio sistema hubiera dejado de funcionar, pero Tohma no puede mirarla por mucho tiempo si no quiere quedar expuesto también, porque a saber lo ridícula que luce la suya. Se queja de Masaru siendo impulsivo e imprudente, una y otra vez, pero él no se queda atrás, especialmente hoy que están solos los dos. Pero bueno, sigue teniendo solo catorce años y un corazón joven que se ha vuelto loco en su pecho con solo un beso inocente (Masaru… ¿Qué otras emociones eres capaz de hacerlo experimentar?) 

Tohma hace un sonido y se estabiliza pronto porque todavía hay heridas que atender. Toma una vez más la mano de Masaru, que permanece más dócil que nunca, y la corriente que lo envuelve de la cabeza a los pies le hace sonreír como el tonto en el que se ha convertido por esta persona.

—Ahora, déjame terminar con esto si quieres volver a usar este puño pronto —la voz de Tohma esta vez es casi un susurro, como si el aliento se le hubiera sido robado (y vaya que así fue)

Masaru apenas asiente, Tohma vuelve a lo suyo y parece que nada ha cambiado… Cuando realmente lo ha cambiado todo.

Más tarde, con el caos dejado atrás, las chicas se le acercan a Tohma para preguntarle, curiosas y entusiastas, cómo ha sido capaz de dominar a Masaru así. Tohma simplemente les regala una sonrisa, cortés y sencilla, y lo único que les dice es que un hombre tiene sus propios métodos también.

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Notes:

Gracias por leer