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Como deshojar una rosa...

Summary:

Un día, Ness despierta y Kaiser está dormido encima de él. Podría ser la mejor mañana de su vida para el mago, si no fuese porque otro Kaiser ingresa violentamente a su cuarto y ninguno tiene idea de qué hace el otro ahí.
Así como Ness no tenía idea de todo el caos que desatarían sus deseos.

Notes:

Mi novia me dio la idea y yo le prometí que lo haría realidad.
Así es como nació esto.
Fue más divertido de lo que imaginé :D

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La noche anterior, encendió la luz de su habitación a la hora programada para que el equipo alemán por fin pudiera descansar de sus obligaciones. 

Todo seguía organizado, exactamente como lo había dejado tres días atrás, antes de que Kaiser decidiera “robárselo”. Término que le gustaba utilizar aun a sabiendas de que Ness jamás se negaría a sus deseos. 

Regresó.

Y regresó por culpa de esa misma tendencia. 

No podía negarse a sus deseos…

Incluso los que terminaban por alejarlo…

De nuevo.

Ness se frotó los ojos con los puños después de vestirse el pijama. De alguna forma estaba plenamente acostumbrado y sabía que ese dolorcito pesado en el pecho se le pasaría apenas encontrara al rubio esperándolo para el desayuno…

Sin embargo…

Ness no podía dejar de sentirse…

Desechable. 

“Ni siquiera intentas entender la tristeza de mi corazón”

Con aquel recuerdo se obligó a dormir.

Sin imaginar que, al despertar, su espíritu tejido por hadas misteriosas que se alimentan de la misma magia que produce, le otorgaría finalmente cumplir un deseo… 

O lo que sea que Alexis Ness haya logrado pensar al abrir los ojos y encontrarse con Kaiser acurrucado encima de él, abrazándolo con la fuerza que no tendría alguien con el sueño ligero que él tiene, pero que esta mañana parecía absolutamente lo opuesto.

Ness temió hasta respirar, temió hacer el mínimo movimiento que rompiese con esta escena que tanto le mareaba como le servía de dopamina natural a su cansado corazón y, por Dios, no pudo evitar estirar el brazo y tomar su celular de la mesita de noche al lado de la cama, y tomar una foto, devolviéndolo a su lugar con el mismo cuidado. 

Esto es un logro idéntico a como cuando se es aceptado por el gato arisco que muerde a todo el mundo. Es un logro de clase universal.

Y solamente Ness puede disfrutarlo, solo él, solo él… 

- Mmm - Kaiser empezó a despertar, murmurando como siempre - Lexi…

Ness se cubrió la boca con ambas manos para no gritar. Ese apodo que su emperador solo utiliza entre sueños, es lo más hermoso de escuchar luego de un ayer oscuro. 

Poco a poco, Kaiser se despertó. Su cabello era un desastre de enredos, algo habitual en él, casi como si esos secos mechones tuvieran vida propia. Un hilo de saliva bajo su labio indicaba un sueño extrañamente profundo, pero que Ness agradeció internamente al saberse responsable de ello.

Y esos ojos… celestes como un cielo de verano, sin embargo, evocando la misma suavidad del invierno despejado, aquel que hace que Ness se sienta capaz de lograr lo imposible, tal y como la mirada de su emperador refleja emociones complejas. 

- Buenos días, Lexi… - dijo Kaiser con la voz dulcemente ronca

- Buenos días, Kaiser - y Ness le respondió con el mismo tono

Tan precioso… 

Tan impredecible. 

Kaiser, de repente, se levantó un poco del abrazo y le dio un pequeño beso en la punta de la nariz a su fiel servidor, dejándolo tan atónito que las lágrimas le empezaron a caer sin siquiera saber que siquiera las estuviese reteniendo. 

- ¿Uh? ¿Lexi? - el rubio también se sorprendió - ¿Por qué lloras? ¿Estás bien? 

El problema de los momentos bonitos, algo que Ness siempre tuvo dolorosamente en cuenta, es que no duran para siempre.

Un fuerte grito resonó fuera de su habitación.

- ¡Ness! - y a eso se le unió el chirrido de la puerta automática, como si se adaptara al humor del loco que, si pudiera, la arrancaría con sus propias manos - ¿¡Hasta qué hora tengo que esperarte, maldita sea!? 

Era Kaiser.

Otro Kaiser.

¿Dos Kaisers? 

Incluso pasados unos minutos, Alexis se pellizcó el dorso de la mano por tercera vez, para caer de nuevo en que no estaba soñando y que la mirada asesina que un Kaiser le dedicaba al otro ahora era parte de una realidad que tenía que afrontar de alguna manera. 

- Kaiser… - Ness apenas logró susurrar luego de preferir sentarse en la cama frente a los dos rubios

- ¿Sí, Lexi?

- ¿Qué quieres?

Se estremeció un poco al ser tan obvias las diferencias.

- ¿Cómo que “Lexi”? Tienes demasiada confianza para ser un aparecido

- Si Lexi me lo permite-

- Deja de llamarlo así

- Chicos basta, por favor - los rubios lo miraron, uno con el estrés y el desprecio nublando sus ojos, y otro con una tranquilidad que embellece aún más sus rasgos y que lo hipnotiza suavemente -. Estoy tan confundido como ustedes, pero-

- Mira, Ness, no sé qué clase de mierda japonesa sea esta, un androide o que se yo, pero es raro, tú eres raro y-

- No lo interrumpas, grosero

Tuvieron que pasar otros minutos para que Ness calmara a un Kaiser, teniendo que alejarlos para que no iniciaran una inútil pelea que complique aún más las cosas y acabe por llamar la atención de Noa y ahí si se meterían en problemas. 

Ya que uno de los Kaisers no tenía la paciencia para tratar de entender esto con calma, Alexis optó por pedirle al rubio con el que despertó que se quedara en su habitación mientras él realizaba sus actividades del día. Este Kaiser solo esbozó una pequeña sonrisa y aceptó sin más, dándole un abrazo a Ness y deseándole suerte.

Entonces el otro Kaiser agarró del brazo a Alexis y los separó a la fuerza, sacándolo de ahí, alegando con furia que ya se habían hecho tarde para todo.

Ness no quiso mencionar que seguía en pijama y que, durante su tiempo en la Academia, a Kaiser nunca le ha importado ser puntual o cosas así del estilo protocolares, pero el agarre en su brazo era tan fuerte que mejor se quedó callado.

Había mucho en que pensar… 


Ser un ávido lector de fantasía le otorgó el poder y el derecho a Ness de, ante cualquier situación extraña que lo supere, afirmar que “lo hizo un mago” y seguir adelante con su vida. 

Recordó eso cuando regresó a su habitación con una bandeja de comida, agradecido nuevamente con las puertas automáticas por funcionar tan bien y no tener que tocar la puerta de su propio cuarto y levantar alguna sospecha.

Suspiró y sonrió, pero no logró saludar o pronunciar palabra alguna, ya que la escena que lo recibió fue demasiado para su pobre corazón.

Este Kaiser, el manso, se encontraba sentado en la cama, rodeado de los pocos libros que Ness pudo traer de Alemania, sosteniendo precisamente el que había dejado en pausa antes de que comenzaran los partidos. No llevaba sus clásicos lentes de lectura, pero su presencia seguía siendo intelectualmente adorable, fascinante, maravillosa, la imagen que Alexis adoraba cuando, en la Academia, pasaban el rato en el cuarto de Kaiser y lo observaba estudiar, sintiendo que podía quedarse así por horas, tan sólo admirando su tranquilidad, su silencio, su reposo.

Los lados del emperador que nadie más ha visto.

- Oh, Lexi - lo notó parado en la entrada y dejó el libro a un lado para incorporarse y recibirle la bandeja de comida -. Lo siento, estaba muy concentrado

- ¿En serio? - Ness preguntó todavía shockeado, aunque un tímido miedo también empañó su voz

Había perdido la cuenta de las veces que Kaiser le dijo que sus “libros infantiles” (clasificados como fantasía fuerte) solo lo mantienen en las nubes y con una mentalidad débil, pero Alexis solo rodaba los ojos y lo ignoraba.

Era nada más que el eco de sus padres y eso… podía soportarlo. 

- Claro que sí - dejó la bandeja en el escritorio -. Perdón por agarrarlos sin permiso, pero no pude evitarlo. Tienes unas ediciones muy bonitas y primero leí la sinopsis de uno y me gustó y luego ya no pude detenerme

Dicho todo eso con una sonrisa, con genuino interés en su tono, con ese algo que Ness siempre tenía que buscar para que un regaño no le caiga de sorpresa o anticipar algo peor.

Kaiser nunca se metió con sus cosas, pero el desprecio se notaba… 

Oh, sí, se notaba.

- ¿Lexi? 

- Disculpa, yo… - se pasó una mano por el cabello, tan desconcertado como nervioso - No estoy acostumbrado a que elogien lo que me gusta 

Un segundo de silencio, algo así. Alexis lo sintió eterno, frío, aunque sus manos suden y repentinamente el uniforme lo asfixiara. Entonces, lo vio acercarse y el instinto le hizo agachar la cabeza, alejar la mirada, ser sumiso y no decir palabra…

- Tranquilo, Lexi - aquel susurro le cosquilleo por dentro -, no pasará nada, estás a salvo…

Y de la forma más inimaginable posible, este Kaiser lo tomó de las mejillas con cuidado y le limpió las lágrimas, una por una, caricia a caricia, una pequeña y divina sonrisa, una mirada suave, un tacto paciente, tierno…

Tierno…

La maldita ternura que siempre deseó, que siempre anheló, mientras su familia y, quién creía su amigo, se distanciaban y lo dejaban solo con un corazón roto, un alma en pena, un dolor más que lo atormenta y que ningún hechizo pudo sanar, por más que lo intentase.

Ninguno, ninguno

- Te abandonaron durante mucho tiempo, ¿cierto? 

Esa pregunta lo confundió un poco

- ¿Quienes? 

- Tu familia

Una de las tantas noches que durmieron juntos en la Academia, Alexis le contó a Kaiser todo lo que había sufrido en su infancia: una desolación absoluta del cariño y comprensión que su alma pedía a gritos, y que nada más recibía odio a cambio.

Kaiser escuchó y, al menos, Ness puede asegurar que esa fue de las pocas veces que lo hizo de verdad para algo que no tuviese relación con el fútbol; sin embargo, se mantuvo callado y solamente lo acercó más a su cuerpo, en una especie de abrazo torpe, pero que para Alexis significó el mundo entero esa fecha, y lloró entre sus brazos hasta quedarse dormido. 

¿Y sí… se había conformado con muy poco? 

No, no, qué cruel pensamiento.

- Sabes que sí…

- Lo sé, claro, pero creo que no te he protegido lo suficiente de eso

- ¿A qué te refieres? 

- Qué eres alguien que necesita mucho amor - y le besó la frente -, mucho, mucho amor - y le besó la punta de la nariz, y las mejillas, las nuevas lágrimas que caían.

Ness recibió tantos besos en el rostro que no sabía si sentirse feliz o manoseado. Su cuerpo no respondía para hacer lo que creía que se debía hacer: un abrazo o siquiera sonreír y que eso sea un agradecimiento, pero se mantuvo quieto, con los latidos alborotados, tal vez ya sonrojado, callado, muy callado…

¿Por qué algo que siempre quiso, ahora se siente… falso? 

Y cuando los besos se posaron en sus labios, el corazón se le detuvo un momento.

- Espera - por fin sus manos lo detuvieron por los hombros -, creo que ya tengo que irme

- Entiendo, perdón por retrasarte

Apenas la puerta se cerró tras de sí, Ness apoyó la espalda en ella y tosió un poco. El nudo en la garganta no le dejaría comer, pero siente que ya se le quitó el hambre.

Besos.

Kaiser y él se han besado… mucho.

Más de lo que cualquiera podría considerar “normal” para dos mejores amigos. 

Y lo más curioso de todo eso es que fue Kaiser quién lo empezó. 

Ocurrió durante una de las poquísimas veces donde coinciden en gustos (otra vez en el tiempo de la Academia) y Ness le mostró una serie que sí le acabó interesando mucho a su emperador, tanto que utilizaron un día de descanso para hacer bocadillos y ver todas las temporadas completas. 

Sin embargo, en uno de los capítulos, Ness había olvidado advertirle que había un beso entre las protagonistas y, cuando ocurrió, se sobresaltó y pausó el video de inmediato.

- Lo siento, lo siento, lo siento - dijo con el control del televisor entre las manos, habiéndose levantado también y cubierto parte de la pantalla con su cuerpo

- Buuu - Kaiser lo abucheo y le lanzó varias palomitas - La carne de burro no es transparente 

- Basta, deja eso - aunque se quejó entre risas, consiguiendo atrapar uno de los impresionados proyectiles con la boca - Es que no te había dicho sobre esto y quizás te moleste

- Obvio que no me lo vas a decir, sería spoiler y te habría odiado para siempre - le lanzó otra palomita y Ness lo volvió a atrapar con la boca. Kaiser rio un poco - Eres un perro. Ya ponle play y vente 

- Pero…

- No somos niños para avergonzarnos viendo besos, joder. Además, se notaba bastante que ellas acabarían siendo pareja, ya lo veía venir.

Ness regresó al lado de Kaiser, sentado en la cama, pero siguió dudando y mirando entre su emperador y la pantalla.

- ¿Qué? ¿Por qué la cara de idiota? 

- ¿Seguro que no te incómoda? ¿No te hace sentir… nervioso?

- Tú me estás incomodando, Alexis. Mucha vuelta para solo ver un beso

- Bueno, sí, tienes razón

- Siempre la tengo

Sin embargo, lo que ponía mal a Ness no era el beso en sí, sino que era un día tan perfecto con su emperador, que compartir este momento tan íntimo e importante para él como fanático de la serie, era casi como una declaración romántica a Kaiser, aunque no tenía sus sentimientos claros en ese momento. 

Aún así, conociendo tan bien como conoce a Kaiser, Alexis no esperó que la típica impaciencia de este lo lleve por donde lo llevó.

Michael Kaiser dejó el tazón de palomitas a un lado, tomó a Ness por el mentón y lo besó en los labios.

Un beso torpe, demasiado torpe. Un choque repentino que Alexis recordaría durante mucho tiempo como un golpecito más que como un beso, pero el sabor salado y el leve sonrojo de su emperador cuando se separó, se quedaron grabados a fuego en su memoria y corazón para siempre.

- ¿Ves? - Kaiser dijo mientras volvía a colocar el tazón en su regazo, sin mirar a Alexis directamente - Solo es un beso

Ness apenas pudo susurrar un débil “sí” y continuaron con la serie.

Ese día, su dinámica habitual había añadido una característica peculiar a ojos de sus compañeros, aunque algunos comentaban por lo bajo que era “esperable” para ese par de solitarios que dejaron muy en claro que solo vivían el uno para el otro (siendo más expresivo del lado del mago que del emperador). 

Kaiser utilizaba cualquier motivo para darle un pico a Ness.

Si el mago habla mucho.

Si el mago se comporta como un tonto.

Si el mago se demora mucho haciendo cualquier cosa.

Si el mago pasa mucho tiempo hablando con otros (más de un minuto).

Si el mago olvida ayudarlo en hacer cualquier cosa. 

Si el mago le hace un buen pase durante las prácticas y partidos.

Si el mago le hace un mal pase durante las prácticas y partidos. 

Si el mago no obedece.

Si el mago obedece a otros.

En fin, fueron muchos besos. Incluso si Ness iniciaba algunos, Kaiser los seguía, a veces sin tocarlo y a veces solo rodeándole la cintura con un brazo; a veces con algunas palabras de por medio; a veces con unas risitas que prolongaban la unión. 

Alexis se sentía en el cielo.

Y esos besos, naturalmente con el tiempo, dejaron de ser inexpertos y pasaron a ser más profundos e intensos, sobre todo cuando Kaiser pasaba por una racha de estrés y “no conocía otra forma en la que desahogarse que no involucre matar a alguien”. 

Ambos descubrieron cómo liberar dopamina de formas no completamente agresivas. Ness terminó casi mudándose al cuarto de su emperador de tanto que dormían juntos después de horas de besos. 

Algo personal, algo íntimo que solamente ellos compartían, un nuevo y poderoso nivel en el que la confianza que Kaiser le daba a Ness superó límites increíbles que el mago no podía describir de otra forma que no sea “sentir magia en cada segundo que su emperador lo reclama como suyo”.

Magia pura, magia bendita.

Regresando al presente, Alexis dejó que su espalda se deslice por la puerta, hasta quedar sentado en el piso, para después abrazar sus piernas, pose digna de lo miserable que se encuentra en ese instante. 

Este Kaiser, el clon, lo besó con suavidad, con ternura, con respeto y, para colmo, después de halagar algo que ama. 

Y lo sintió… ¿mal? ¿Incorrecto? ¿Una infidelidad hacia una relación no inexistente, pero sí vaga? 

Los besos de su emperador se construyeron hacia una posesividad de la que Alexis se sentía orgulloso. Juntos aprendieron a besar(se), juntos experimentaron esa sensación preciosa de que el mundo y el cuerpo se revitalicen y reinicien, dejándose los labios hermosamente hinchados y rosados. 

Ness ama esa rudeza.

Ness se siente como el hipócrita más grande que existe en la faz de la Tierra.

La gloria le supo a pastel de arenque y el caos a tartas Sacher. 

- Oye, perro - y ahí estaba la voz del culpable de sus delirios - Una eternidad para esperarte, me tienes peor que en hospital público.

- Lo siento, Kaiser… 

Alexis respondió, esforzándose en que su llanto anterior no se le note en la voz, pero falló terriblemente. Su emperador lo tomó del mentón y lo obligó a mirarlo. Es ahí cuando Ness se da cuenta de que, en la otra mano, Kaiser tenía una bandeja de comida. Le había traído el almuerzo y eso fue un golpe de calidez en su pecho que le hizo olvidar lo fuerte que le estaba presionando.

- ¿Y ahora por qué tontería estás llorando? - lo soltó un poco brusco - ¿Tiene que ver con el… lo que sea eso? - preguntó señalando la puerta

- Maso menos… - Alexis no quería explayarse, no luego de recordar tantas cosas y ver que su realidad se desordena ante él y sigue sin saber como solucionarlo - No quiero hablar

Kaiser levantó una ceja y lo observó intrigado mientras Ness se incorporaba. 

Gruñó.

Gruñó como todas las veces en las que algo no le gustaba y, peor aún, detestaba no saber qué hacer con eso.

- Tch, tienes suerte de que no tengo cabeza para otra cosa - le entregó la bandeja de comida -. Más te vale que esa mierda no te distraiga, que justo quiero hablarte de una estrategia

- Estoy bien, Kaiser. Lo prometo

- Ya, avanza. Comes en mi cuarto en lo que te explico

Ness dio una rápida mirada a su puerta. 

Tenía que volver a intentar hablar con él para no hacerlo sentir excluido en este plano existencial, pero ahora su emperador, su Kaiser original le pide atención y Alexis Ness es incapaz de rechazar sus deseos. 

Aunque sabe que el dilema regresará en la noche…


Finalizadas las prácticas del día y el tiempo extra que Kaiser lo retenía para que los japoneses y sus compañeros alemanes utilicen las duchas, y así les dejen el espacio libre después, Ness continuó con su rutina normalmente, solo pensando una que otra vez en lo que el rubio amable estuviese haciendo. 

Se bañaron juntos y Kaiser le pidió que le lave el cabello, lo usual, mientras lo escuchaba quejarse por enésima vez de que el ambiente era vulgarmente simple y como eso era otro motivo para que, cuando se compre su departamento en España, compre una tina grande y elegante.

- Pero, será un fastidio horrible tener que llamarte todos los días para que limpies - dijo como si fuera lo más normal del mundo, lavándose los brazos en el proceso -. Será tu obligación comprar el depa de al lado

- ¿Me pagarás por horas? - Ness preguntó con una sonrisa

- Te pagaré con mi presencia

Tras esto, accidentalmente (en realidad, fue a propósito) Alexis le agarró un mechón de cabello y le dio un tirón medianamente fuerte.

- Ups, lo siento, Kaiser - fingió inocencia y le frotó la zona cariñosamente - Sana, sana, colita de rana

- ¡Desgraciado! - se apartó de él bruscamente, salpicando agua, champú y jabón por todos lados - ¡No me importa que estés desnudo, te voy a quitar esa manía ahora mismo! 

Lo siguiente fue un no tan extraño, pero si tonto juego entre los dos que ya habían hecho varias veces antes de Blue Lock: tirarse del cabello, entre risas y amenazas, hasta que la frialdad del agua ya moleste a alguno y decidan terminar de bañarse.

Son esos momentos los que Ness guarda con amor en una cajita de cristal dentro de su corazón, felizmente llena y a la vez con muchísimo espacio para seguir atesorando el tiempo al lado de su emperador. 

Michael Kaiser, su mundo entero.

Su vida entera.

- Para el siguiente partido, no quiero que te me acerques

Alexis apagó el secador sin darse cuenta.

- ¿Qué..?

De repente, todo el oxígeno de la habitación de Kaiser desapareció, aunque Ness era el único que lo sentía. Podría jurar que los pulmones se le marchitaron en un segundo y, para evitar colapsar en ese instante, su cerebro lo paralizó y le quitó el brillo en sus ojos. 

- No eres sordo, Alexis, te dije que no te me acerques 

- ¿Por… Por qué..?

Su emperador no respondió de inmediato. Lo escuchó suspirar y lo vio cruzar y descruzar los brazos, hasta que por fin decidió incorporarse de la silla y hablarle directamente.

- Porque me estorbas - dijo, apenas desviando la mirada -. Te has vuelto muy molesto persiguiéndome todo el tiempo y eso me está impidiendo destruir a Isagi

- Isagi…

- Sí, a él. Así que solo dedícate a darme pases, ni siquiera tienes que hablarme, nada de nada. Voy a hacer esto por mi cuenta.

- ¿Por él…? ¿Estás haciendo esto por él..? 

- Para romperlo, ya te lo había dicho, no tienes por qué poner esa cara… Ah, ya estás llorando de nuevo, maldición…

Su consciencia regresó en sí con aquel detalle. Sus glándulas lagrimales son tan débiles y su corazón se rompe con la misma facilidad que puede reconstruirse, pero una sola persona tiene el poder de hacer ambas cosas y jamás tiene cuidado con eso. Sus manos comenzaron a temblar tanto que tuvo que dejar el secador y el peine en el escritorio o se le caerían; sin embargo, se quedó ahí, frente a la mesa, el estómago revolviéndose, los latidos contados, su cuerpo otra vez en el limbo de sentirse desmayar o a punto de tener un paro cardíaco. 

¿Por qué? ¿Qué hizo mal? Si tan solo hace un rato estaban muy bien, ¿desde cuándo estaba pensando eso? ¿Cuando lo decidió? 

¿Acaso… Isagi se lo pidió?

¿Acaso..?

- Alexis - Kaiser lo llamó, ahora detrás de él - Ya, deja de ponerte así por cualquier estupidez, es patético

- Mi vida… - tantas lágrimas habían manchado la madera del escritorio, tantas que lucían como diminutas estrellas negándose a morir - Hice toda mi vida alrededor de ti… - volteó hacia el rubio, sin importarle sus ojos hinchados o la imagen destruida que le mostraba - ¿¡Y así es como me pagas!? ¿¡Reemplazando todo lo que hice por ti, por un imbécil que no sabe ni siquiera que eres un inútil para las más pequeñas cosas!? 

- ¡Cállate, Alexis! - Kaiser respondió furioso, pero la impresión de ver a Ness tan alterado le impidió decir más 

- No, ¡cállate tú! ¡No puedo creer que seas tan miserable como para hacerme esto! Kaiser-

La tos le cortó las palabras. El nudo en su garganta, aquello que todavía seguía atorado ahí, pero que el mismo Ness sabía que no podría decir o significaría humillarse ante él, ese sentimiento era una lija sangrando por dentro, tanto que temió vomitar de tanto que le dolía. 

- Mírate, y luego yo soy el miserable. Para con este teatro y métete a la cama, que a esta mierda me refería. Eres demasiado… todo. 

- No eres… nadie para decirlo 

- Soy más que cualquiera para decirlo, Alexis. No existe otra persona lo suficientemente idiota como para conocerte tan bien como yo

- ¿Disculpa? - una risa burlona y rota le salió como otra herida - ¿Conocerme? ¿Tú? Kaiser, no tienes idea de nada sobre mí, no tienes idea de nadie que no sea tu propio y maldito ego

- Por una mierda… - los gruñidos y el suspiro harto que soltó le dieron la imagen de una bestia que se está esforzando por no explotar - ¿En serio eso es lo que crees? ¿Que soy tan egocéntrico? - con un movimiento rápido, Kaiser tomó del brazo a Ness y lo lanzó de espaldas contra la pared más cercana, arrancándole un quejido justo antes de acorralarlo entre sus brazos - Te recuerdo que estás en mi puto cuarto y te estoy invitando a mi puta cama, eres el idiota más afortunado del mundo y te estás comportando como un exagerado que sabes que no soporto, Alexis. Así que, obedeces y te vas a dormir ahora o te juro que no me vuelves a ver en tu vida. 

- ¡E-Eso es lo que me estás pidiendo! - como un torpe animal encerrado, Ness empezó a darle pequeños golpes en el pecho con sus puños - ¡Me quieres alejar para que estés con Isagi! ¡Odio el momento en el que lo viste, odio que te interese, odio que ahora lo quieras a él! ¡No es justo, Kaiser! No es justo… 

- ¡Estás hablando pura mierda ahora! Me caga demasiado que no puedo decirte nada porque ya te pones a llorar como puta, Alexis

- ¡Entonces déjame ir! ¡Yo tampoco te soporto! Siempre me haces sentir mal, siempre me destruyes y no te importa lo que siento, ¡eres lo peor que me pasó! 

- ¡Tú eres lo peor que me pasó! - golpeó la pared con sus palmas, reafirmando el encierro que hizo para Ness - Te estoy alejando precisamente porque me hiciste mierda al darme todo de ti, ¡soy un inútil porque tú me hiciste así! Y quiero cambiar eso porque Isagi-

- ¡Deja de mencionarlo, me da asco! 

- ¡Pues te aguantas! 

- ¡No quiero! 

- ¡No me respondas!

Entonces, se hizo el silencio.

Uno peor que lo que sintió Ness antes, algo peor que la muerte, algo peor que el odio y la humillación.

Kaiser le dio una cachetada a Ness, lo suficientemente fuerte como para que se cortase el labio con los dientes y la sangre apareciera de inmediato. 

Kaiser se apartó, pero su mirada permaneció fija en el terror con el que Alexis lo observaba.

Y lo dejó ir o, mejor dicho, huir con un nuevo y más fuerte llanto deformándole el rostro. 

Y, en la aplastante soledad de su habitación, con la mano adolorida tal cual castigo, Kaiser gritó.


Ness recibió otro susto cuando entró a su habitación y encontró a Kaiser apunto de meterse a la cama, pero rápidamente recordó que no era el mismo cuando este, apenas lo vio, se acercó para abrazarlo.

- Lexi… 

Todo el día estuvo vestido con aquel uniforme viejo del Bastard que Kaiser utiliza de pijama y como ropa de “estar por casa”. Si no fuera porque tiene el cabello con el mismo degradado que Ness le hizo, sería como estar con el Kaiser de la Academia, con aquel hombre con el que construyó tan hermosos recuerdos…

Y que ahora los podía ver diluirse junto con sus lágrimas. 

Duele tanto, tanto…

Alexis podría jurar que siente su corazón arrojarse contra sus costillas para herirse intencionalmente, para acabar con todo ese dolor y dejar atrás su historia con su emperador, así como el mismo Kaiser quiere reemplazarlo así de fácil…

- ¿Y tuvo el descaro de pedirte a ti que te alejes? - el rubio hizo una mueca de indignación - Que imbécil. Es el patán más grande que existe

- Aunque estás hablando de ti mismo - dijo Alexis con una pequeña sonrisa, después de sorber por la nariz

Tras unos minutos abrazados, con este Kaiser acariciándole la espalda como una forma de consolarlo, Ness no se dio cuenta cuando se había dejado llevar, pero se encontraba demasiado débil como para poner resistencia. El rubio lo guió de la mano hacia la cama y se sentaron ahí, lado a lado, una mano del mago siendo envuelta por ambas del emperador amable, sobre el muslo de Ness. 

Le contó sobre todo lo ocurrido con el Kaiser original, y el otro lo escuchó con una atención impropia de quién supuestamente es, incluso haciendo leves gestos faciales reaccionarios que a Alexis le parecieron muy adorables y considerados. Este Kaiser no era su Kaiser, pero eso se sintió bien en ese momento. Él ha sido muy tierno y cariñoso en todo el día, a pesar de que lo mantuvo encerrado y ambos saben que va a tener que ser así hasta que termine la Liga Neo Egoísta o quién sabe durante cuánto tiempo.

Por un segundo, Alexis imaginó llevarse a este Kaiser consigo y tenerlo como una especie de “amor de compañía”, por decirlo de una forma agradable. Podría mantenerlo si se consigue un espacio propio. Ya le falta poco para cumplir los 20, ¿no? 

Oh, tontos pensamientos… 

Nada de eso lo hace mejor que Kaiser.

El rubio amable lo ayudó con la herida gracias al pequeño kit de medicina que Ness tiene y siempre se asegura de tenerlo cerca para cualquier herida de juego, por lo que es particularmente deprimente que se de uso para este caso: haber sido lastimado por la misma persona a la que alguna vez le dijo que “mereces ser cuidado” después de besarle unos curitas recién pegados en la rodilla.

Horriblemente triste…

Se pregunta: ¿este Kaiser le haría lo mismo? Si conociera a Isagi, ¿también lo elegiría?

Maldito japonés, lo odia más y peor de lo que llegó a odiar a su familia en su tiempo.

Personas sin corazón… 

Personas dispuestas a asesinar la magia… 

“Hey, perdedor, ¿crees en lo imposible?”

Ness quiso llorar de nuevo. Llorar hasta dormir y, con suerte, despertar para descubrir que la mejilla no se le hinchó y no tiene que darle explicaciones a nadie, tan solo ignorar a todos cuando quieran acercarse a preguntarle por qué Kaiser repentinamente está desayunando con Isagi Yoichi y por qué se ven tan felices.

Oh, desea matar lentamente a Isagi Yoichi

Oh, Isagi Yoichi…

Oh…

¿Eres capaz de estar con él cada segundo de tu vida? ¿Eres capaz de despertarte a las tres de la madrugada para abrazarlo más fuerte durante sus pesadillas? ¿Eres capaz de satisfacer sus antojos cuando nada de la cafetería le gusta? ¿Eres capaz de curar sus heridas visibles y las que solamente le brillan en los ojos por la noche? ¿Eres capaz de limpiar sus lágrimas y atesorarlas como diamantes? ¿Eres capaz de entregar hasta la última gota de tu sangre a sus ambiciosos deseos? 

Oh, Isagi Yoichi…

¿Te cabe tanto amor y paciencia en el cuerpo como para estar con Michael Kaiser el resto de tu vida?

Por supuesto que no.

Estos pensamientos le marean y su vista se nubla nuevamente. Los últimos suspiros de vida siente que se le convirtieron en agua y por eso solamente sabe llorar y llorar y llorar; sin embargo, esa demostración de dolor cayó en el dorso de la mano que en ningún momento soltó la suya, en esa piel clara, suave, limpia…

¿Limpia? 

Sin preguntar o mirarlo antes, Ness le levantó la manga de la casaca y recién se dio cuenta de una gran e importante diferencia entre los Kaisers.

Carraspeó un poco para poder hablar.

- Tu tatuaje… - aún así, su voz salió tan ronca como el ronroneo de un gato - No está…

El Kaiser amable esbozó una sonrisa, pero una que no le llegó a los ojos, como si tuviera intenciones ocultas o es lo que Alexis percibió.

Despacio, apartó su propia mano.

- No temas, cachorro - dijo el rubio con un tono filoso, manteniendo aquella expresión que debía ser reconfortante, pero que ahora a Alexis le provocaba escalofrío en la espalda - Toma eso como una respuesta a tus anteriores palabras - y con esa extraña mano de helados dedos le acarició la mejilla, presionándole ligeramente el pómulo - Yo no soy como él. Yo no soy él. No necesito el fútbol ni la destrucción para darle sentido a mi vida. Esos son solamente excusas baratas para alimentar un ego estúpido - volvió a tomar la mano de Ness y le besó los dedos -. Cuando te conocí, mi dulce cachorro, mi vida tuvo más que suficientes motivos para continuar en marcha. Alexis Ness, no tienes idea de lo mucho que te amo. 

Las últimas palabras fueron suficientes para que Ness se levante y sus rebeldes lágrimas vuelvan a correr por su rostro, diminutos escudos que se deslizaban como una orden que su portador no comprendía del todo, pero todo le decía que escape, que algo así ya no podía explicarse con su magia y no tenía fuerza suficiente para averiguarlo racionalmente. Lo malo es que no tiene ningún amigo o siquiera confianza con algún compañero como para ir a su habitación y pedirle de favor que lo esconda ahí. Vaya problema…

Pero, Alexis no pudo ni siquiera llegar a la puerta cuando, ridícula ironía, fue acorralado contra una pared, de nuevo.

Aunque, esta vez sí gritó, esta vez si intentó patear, morder, pedirle ayuda a la nada inútilmente porque nadie vino y nadie vendrá, y él acabó siendo derribado en la cama boca abajo con las manos en la espalda, firmemente agarradas por las muñecas y todo el peso de ese Kaiser encima de sus piernas.

- ¡Basta, Lexi, tú me obligaste a esto! - el rubio le gritó al sentir que Ness se esforzaba por zafarse - No quería hacerlo, no me dejaste otra opción

- ¡Cállate! ¡Solo eres un enfermo que se hace pasar por mi Kaiser! ¡Quítate! 

- ¡Sí soy tu Kaiser! Bueno, no exactamente el tuyo, pero si una versión de él

- ¡Estás loco! 

- Lexi, ¿no crees en lo imposible? Esto es algo así, un rollo de universos paralelos donde hay otra realidad en la que tú yo somos pareja y fuiste más que suficiente para que yo nunca conozca ese concepto de la rosa azul ni me haga el tatuaje, por eso soy diferente a este Kaiser, pero solo en eso, te lo juro

- ¡Estuviste leyendo mis libros de fantasía! - intentó liberar sus manos y no lo logró - Es obvio que acabas de inventar todo eso

- Lexi, por favor… - sin modificar ni un poco su fuerza, el rubio suspiró harto, pero este sí que tenía mucho más paciencia que el otro Kaiser y muchas cartas bajo la manga - Eres hijo de científicos, aunque jamás encajaste con ellos y eso te hizo blanco de sus desprecios. Tus hermanos mayores rompieron un palo grande que usabas como varita mágica y tus padres quemaron tus primeros libros de fantasía, que eran de una biblioteca y tuviste que pagarlos con tus propinas. Tu madre cocina horrible y es por eso que prefieres comer sin ver cómo lo preparan. Sabes mucho de medicina, contra tu voluntad, y tienes las manos ásperas porque nunca te cuidas cuando usas pintura, tierra, o lo que sea que agarres para hacer tus dibujos - notó la respiración normalizada de Ness y el cuerpo tranquilamente inmóvil, así que, lento y precavido, le liberó las manos - ¿Quieres que siga? ¿Ahora sí me crees?

Alexis no reaccionó. 

Pasaron minutos. El Kaiser que no es Kaiser se apartó y lo dejó ser en silencio, optando por recostarse a su lado y esperar a que diga o haga algo.

Esperó

Y esperó

Y esperó.

Entonces, cuando creía que Alexis se había dormido llorando y quiso cubrirlo con parte de la manta, una voz suave llenó todo el espacio.

- Micha, ¿puedes apagar la luz, por favor?

Extraño. Sumamente extraño.

Pero, está bien, puede abrazarlo y dormir juntos.

Obedeció y después regresó a su lado, palpando un poco la cama para ubicarse, pero por accidente le tocó el trasero.

- Ah, lo siento, Lexi

- No te disculpes - de alguna forma, le tomó de la mano y la regresó a esa zona - Sabes que puedes tocar todo lo que quieras, Micha. Sabes que soy tuyo.

Demasiado extraño.

Pero…

Micha no podía negar que este Ness, mínimamente diferente a su Ness, posee la misma belleza divina que es una trampa mortal para él y que sabe perfectamente que también para el Kaiser original.

La oscuridad de la habitación no le permite contemplarlo como le gustaría, pero, ya que sus manos consiguen llenarse por completo del gran, redondo y suave trasero de Alexis, significa que sigue boca abajo; y si en la realidad que le corresponde puede hacer y deshacer a su Ness cuantas veces quiera, ¿tendría algo de malo también tomar a esta versión? 

Probablemente no.

Mucho menos cuando Alexis gime bajito, amortiguando sus adorables sonidos con una almohada que Micha le quita con cuidado, mientras sigue masajeando.

- No tienes por qué ocultar lo que sientes, Lexi - le susurró al oído, provocándole un gemido ahora ligeramente más fuerte 

- Yo… no esperaba esto. Solo quería besos… solo quería olvidar y…

- ¿Sentirte bien? - Micha completó la frase, satisfecho de que Alexis no lo rechace, por lo que pudo atreverse a deslizar sus dedos por debajo del pantalón de pijama y apretar aquel carnoso atributo con todo gusto, arrancándole otro gemido fuerte al “cachorro” - Por supuesto que te haré sentir bien, Lexi, pero déjame mostrarte otras formas mucho más placenteras, ¿sí?

- S-Sí…

Okey, sí, es cierto, fue el mismo Alexis quién lo incitó a tocarlo, pero, incluso con todas esas confusas pruebas de que no son iguales, pensó que, tal vez, Micha actuaría de la misma forma que su emperador, tal cual las veces anteriores que Ness se ofreció a ser devorado para calmar el estrés de su Kaiser y este solo lo despreciaba:

- No voy a satisfacer a una perra en celo. Tú estás aquí solo para darme lo que yo quiero

Y continuaba besándolo con la rudeza que Alexis tampoco podía negar que le encantaba.

Por un segundo creyó que, si Micha sabe tanto de él (o de su versión de él que está en quién sabe dónde), ¿es posible que Kaiser también lo sepa? Entonces, ¿se equivocó al gritarle así? ¿Es culpa de Ness haberlo hecho enojar tanto? ¿Se merece ese golpe? 

Tantos pensamientos…

Aun así…

Si tanto se han besado para liberar el estrés, si tanto tiempo Ness le ha servido para que Kaiser se relaje sin pensar en su propio placer…

¿Qué tiene de malo esto?

“No es Kaiser. Aunque tenga su rostro, aunque tenga su voz, no tiene su historia, no tiene su alma.”

Pero, por algo la luz está apagada.

Por algo…

Porque Ness se siente como un cobarde.

En algún momento, Micha le dio vuelta boca arriba con cuidado y empezó a acariciarle y besarle el abdomen por debajo de la tela. Mal momento para que Alexis recuerde que precisamente el pijama que trae puesto es un regalo de Kaiser, una semana antes de que les avisaran sobre su participación en Blue Lock.

Camiseta y pantalón de algodón, color magenta suave con una gran rosa negra estampada en el muslo izquierdo, cuyo tallo simulaba abrazarle toda la pierna con varias vueltas. 

- Odio que tengas que regresar a tu cuarto por tu pijama - le dijo en aquel tiempo mientras le señalaba el pijama encima de la cama, dentro y casi envuelto por una bolsa chequera rosada - Una noche me ibas a cansar y ya no te abriría la puerta, así que ahí tienes eso para cuando te quedes aquí.

Alexis lo usó toda esa semana. Alexis sintió una bonita felicidad cuando Kaiser le recordó que ponga ese pijama en su maleta. 

Alexis otra vez se sentía infiel, traidor, el peor ser humano del mundo.

- ¿Lexi? - la voz amable de Micha le sonaba lejana, aun cuando sus cálidos besos le estuvieron recorriendo la piel todo ese tiempo, subiendo del abdomen hasta parte del pecho - ¿Sigues pensando en él?

- Si sabes tanto de mí, ya tienes tu respuesta

Micha suspiró, pero le sonrió aunque sabía que Ness no podía verlo.

Parece que este mago es mucho más obstinado que el suyo, más terco, más adentrado en su mundo al que solo un Kaiser puede entrar.

- ¿Sabes? - Micha se recostó a su lado, aceptando que no llegaría a nada con él, sin importar cuando más lo provoque - Me recuerdas a una rosa marchita

- ¿Por qué?

- Porque sigues siendo increíblemente hermoso - pero continuó acariciándole el vientre -, incluso cuando te estás muriendo por aferrarte a un suelo que no te da lo que te mereces

- Entonces, creo que moriré en mis raíces - y se dio la vuelta para quedar de costado, dándole la espalda y después cubriéndose rápidamente con la manta, como una forma de apartarlo sin tocarlo -, pero serán las que yo elija. 

Micha lo llamó despacio varias veces. 

Ness no respondió. 


Kaiser no podía dormir, pero tampoco lo estaba intentando. La oscuridad de una habitación hace mucho había dejado de ser traumática para él, sin embargo, el responsable de aquel milagro, ahora le faltaba casi como el oxígeno y eso volvía a deformar el techo.

Y las paredes.

Y todo a su alrededor.

Las sombras se alzaban desde las esquinas y tomaban la forma de hombres corpulentos que Kaiser odiaba reconocer y odiaba inmensamente más saber que no podía moverse cuando se acercaban a él. Era como regresar a su aterradora infancia, era como retroceder y ser obligado a vivir con el fracaso no poder escapar del miedo sin importar qué haga. 

Sabe que es una pesadilla con los ojos abiertos. No es la primera vez que le ocurre. Ha leído lo suficiente como entender que tendrá que vivir con eso hasta que lo olvide naturalmente, pero el cuerpo de Ness era todo lo que necesitaba para ocultar la vista de los pozos sin fondo que escondía su fracturada mente. 

Tontamente solía contar los latidos del mago, con la cara hundida en el pecho con aroma a rosas por el pijama y porque Kaiser podría jurar que Alexis, SU Alexis, es una rosa de por sí. 

Las rosas que quemaba de niño…

En nombre de un fantasma de ojos magenta y cabellera rubia.

Alexis es una de esas rosas, una que se resistió a morir y se le enredó en el brazo, clavando sus espinas con toda la violencia que solo el amor puede ejercer. 

Alexis está en su piel.

Alexis está en su vida.

Alexis es un antes y un después en su forma de ver al mundo.

Alexis es… demasiado.

Así como se lo dijo hace rato. Alexis es tantas cosas a la vez que en algún momento Kaiser se olvidó de todo lo que había estudiado y solamente se dejó llevar por la única persona que no lo veía como un monstruo sin importar que tanto hiciera para seguir peleando con el mundo. 

Alexis seguía quedándose con él, curando sus heridas, hablándole con dulzura, arrancándole sonrisas que Kaiser no sabía que tenía, cuidándolo…

Cuidándolo…

Alexis es amor…

Y le costó demasiado entenderlo.

Y le cuesta el doble pronunciar algo de lo que no se cree merecedor sin que tenga que desatar el caos para obtenerlo. 

¿Tal vez ya lo hizo?

Escondido bajo la manta, percibe las sombras encima de él, pero eso no impide que el dolor de su mano, ahora, siga siendo más horrible que sus propios temores.

Lastimó a Alexis.

Lastimó al amor. 

Pero, fue él quién lo provocó.

¿Cómo se atreve a decir que no lo conoce? 

¿Cómo se atreve a llamarlo egocéntrico?

Le ha dejado meterse hasta en lo más profundo de su vida, ¿y tiene el descaro de decir que no piensa en él?

Alexis es tan…

Tan… 

Demasiado. 

- Te quiero - Ness le susurró al oído y le dio un beso en la mejilla

- Estás loco - Kaiser se negó a mirarlo y no se movió ni un poco mientras el mago le seguía cepillando el cabello 

- Sí 

Ness respondió feliz. Eso podría pasar como otro momento, otra noche de Alexis siendo el mismo perro que no sabe cómo guardarse nada de lo que dice su corazón. 

Sin embargo, junto con el sonrojo que le vio a través del reflejo del espejo el día en que Ness le tiñó por primera vez, estas palabras se repetían constantemente en su mente: “Te quiero” Y Kaiser recuerda que ese día insultó a medio mundo porque por algo que ya olvidó, y aun así:

“Te quiero”

Jamás creyó que conocería su sonido…

Pero Alexis Ness se las entregó con ternura.

Ah… 

No puede permitir que esto se arruine.

Tiene que disculparse y arrastrar a Alexis a su cama, quiera o no.

Necesita dormir bien para el siguiente partido.

Entonces, levantó la manta con fuerza y logró espantar a las sombras. Se calzó las pantuflas y dejó encendida la luz de su cuarto antes de salir. 

Para su buena suerte, la habitación de Ness está al lado de la suya. La segunda más grande para la segunda estrella más importante del Bastard Munchen. En la Academia era igual, sus cuartos estaban enfrente uno del otro, pero Kaiser reclamaba su poder sobre la situación tomando a Ness del brazo y llevándoselo con él todas las veces que alguien buscaba hacer “amistad” con su perro. 

Sus compañeros se burlaban, pero eran cosas de las que se podía vengar dentro de la cancha y, eventualmente, Ness ya vivía solo para él, tal y como debía ser.

Kaiser se robó a Ness.

Y lo hará todas las veces que quiera. 

Para su mala suerte, esa… “cosa”, acaba de salir del cuarto de Alexis.

Dejó de buscarle sentido, pero su existencia le seguía fastidiando sobre manera… 

- Imaginé que estabas despierto - el impostor se acercó a él con una sonrisa leve que a Kaiser le pareció repugnante 

- ¿Y eso a ti qué te importa? Ni que quisiera hablar contigo

- Oh, pero te conviene si es que quieres a Lexi de vuelta

- ¡No lo llames así! - el mismo Kaiser se dio cuenta de que acababa de gruñir, pero no le dio importancia. Esa cosa lo estaba molestando demasiado

- ¿Por qué? Si Lexi me dice “Micha”

¿”Micha”? ¿Por qué le puso un apodo al impostor y no a él? ¡Vaya osadía! Aunque ahora ya tiene un motivo por el que regañarle cuando estén en su cama y Kaiser no se sienta tan culpable de todo. 

- Ya, eso es porque Alexis es muy bueno. Ahora te quitas porque lo necesito

- No - se interpuso y evitó los varios intentos de Kaiser por pasarlo por un lado -. No creas que es así de fácil solo ir y pretender que él olvide que lo golpeaste

Es tarde, todos deben estar durmiendo ya, así que si hace un alboroto se ganará problemas y no quiere ganarse algo que lo mantenga en el banco durante los partidos. Por mucho que quiera golpearse a sí mismo, Kaiser suspiró y se obligó a solo pensar en que Ness sí o sí quisiera regresar con él si se disculpa.

No puede ser de otra forma. 

- Ya sé, por eso quiero ir a pedirle perdón, pero tú… cosa a la que le llamas cuerpo me está estorbando, por si no lo has notado

- Basta, Kaiser, primero tienes que entender lo que has hecho

- ¡Ya lo sé, maldición! Ya sé que me equivoqué, no quiero que una máquina venga y me lo recuerde. Solo quítate y lo arreglo

- ¿En serio? - Micha se cruzó de brazos - ¿No te has puesto a pensar en que Lexi no quiere verte?

- Siempre dice eso - chasqueó la lengua -, pero nunca es cierto

- Estás poniendo su paciencia demasiado a prueba. Se te olvida que Lexi es humano

- Lo tengo muy en cuenta, gracias - respondió con ironía

- Entonces ya pensaste en que Lexi en algún momento puede decidir alejarse de ti e irse con alguien que si lo quiera de verdad

- ¡Yo-! - Kaiser se detuvo antes de gritar algo que precisamente no quiere que nadie se entere - Es imposible que Alexis esté con alguien más. Él solo vive para mí

- ¿Estás seguro? 

- Claro que sí, y si tanto lo dudas, mira y aprende 

Dicho esto, hizo un movimiento rápido para empujar a un lado a Micha, casi con la fuerza suficiente para que choque contra la pared, pero este se estabilizó a tiempo, aunque no lo suficiente para detener a un ya furioso Kaiser que entró al cuarto de Ness y-

La luz encendida

La cama desordenada

Alexis, SU Alexis… ¿desnudo? 

Apenas una manta cubriendo su intimidad y el mago profundamente dormido.

- No quería que te enteraras de este modo - la voz de Micha le llegó con una falsa lástima, algo que a Kaiser le sentó como un segundo puñetazo en el estómago -, pero dejaste a tu cachorro solo y herido. Tienes suerte de que fui yo quién lo acogió, que en parte soy tú, porque-

No pudo hablar más. Toda la rabia que el emperador sentía en ese momento la desquitó con su puño en la nariz de Micha.

Esto es… imposible, no tiene sentido, debe ser otra pesadilla, ¿cierto?

Alexis JAMÁS se entregaría a alguien que no sea él, ¿cierto? 

Alexis lo esperaría, Alexis es inhumanamente paciente, maldición. 

- Abusaste de él… - lo susurró como una gran revelación que le daba sentido al caos que se estaba formando en su mente - Esa es la única explicación lógica

Micha se tragó el grito de dolor junto con un poco de la sangre que empezaba a caerle por el golpe.

- Definitivamente eres un desastre… - tosió, mirándolo desde el piso como si frente a él Kaiser fuese la bestia que pudo ser en su propia dimensión - Lexi tiene una vida fuera de ti, no puedes-

- ¡Cállate! - le dio una fuerte patada en la espalda - ¡Vas a pagar por esto! No puedo matarte ahora, pero… 

No completó su amenaza porque las luces del pasillo se encendieron y Kaiser tenía que regresar a su habitación para que no lo descubrieran, dejando que Micha hiciera lo mismo por su cuenta.

Pasados los minutos, de regreso en la oscuridad…

Kaiser lloró. 


Los siguientes días fueron… raros.

Kaiser nuevamente depositó toda su frustración en el juego, tantos en los partidos como en las prácticas y esto era tan beneficioso como peligroso a la vez para él y su mente que, con cada acción de Ness, se rompía en pedazos cada vez más y más pequeños.

Como una rosa

Como deshojar una rosa

Víctima del cruel juego de “me quiere, no me quiere”

Alexis seguía haciéndole pases solamente a él

“Me quiere”

Pero, durante las comidas, lo dejaba a un lado para irse a su cuarto y quedarse con el impostor 

“No me quiere”

Alexis lo felicitaba por los goles y su radiante sonrisa era la misma de siempre

“Me quiere”

Pero, ya no se quedaba con él y se duchaba junto con sus compañeros, dejando que Kaiser se bañe solo con sus pensamientos.

“No me quiere”

Entonces, eventualmente, el cuarto del emperador se desordenaba como si fuera el reflejo de su propio mundo interno. Ness tenía un poder sobre él más fuerte de lo que Kaiser admitiría, pero de la que es consciente cada vez que se mira al espejo y su cerebro se desconecta repentinamente: “¿Por qué tengo ojeras? ¿Por qué mi cabello luce grasoso? ¿Qué… Qué tenía que hacer?”

Razón no le faltaba para gritarle aquella trágica noche a Ness que es culpa de todos sus cuidados que Kaiser se haya inutilizado para todo lo que no tenga relación con el fútbol; sin embargo, también sabe que tuvo muchas otras oportunidades para decírselo, pero era mil veces mejor comer las galletas de Alexis mientras este le lavaba la ropa, en lugar de preguntarle cómo se hacen qué y qué cosas. 

Ness lo malcrió.

Y Kaiser se lo permitió con todo gusto. 

Que desastre…

Detesta tanto sentirse así de perdido, solitario… 

Abandonado…

Porque esto ya no era lo mismo que sentía de niño. Esto ya no es el dolor de ser maltratado donde siempre lo fue y no podía esperar más; esto es el dolor de haber vivido un paraíso que destruyó él mismo con sus acciones, creyendo que era eterno y…

Ah…

El impostor tiene razón. Desafió demasiado la paciencia de Alexis y ahora está viviendo las consecuencias.

Pero, ¿¡por qué justo ahora!?

Kaiser no puede evitar rechinar los dientes al recordar por enésima vez las palabras de Noa al anunciar que Ness no se presentaría a la práctica porque “se siente un poco enfermo”. Tal es el caos y la furia que abunda dentro de él, que Kaiser llegó a pensar que quizás Ness este embarazado y el impostor ya le arruinó la vida para siempre. En serio le dio mil vueltas al asunto antes de que un grito de Noa lo regresara a la realidad y le hiciera recordar que el mago no tiene la capacidad de quedar en ese estado y solo estaba “haciendo el tonto” (comentario de uno de sus compañeros alemanes). 

Esa noche también forma parte de sus pesadillas, incluso si intentó bastante aferrarse a la idea de que no fue consentido. Alexis tiene el sueño pesado, sí, pero si es que hubiese ocurrido algo grave, no estaría durmiendo tan plácidamente.

Bien, el mago ya no es virgen. El mismo chico que se avergonzó tanto por ver un beso, tuvo sexo con el impostor.

¿Por qué eso le importa tanto? 

Porque sí.

No es como si ese comentario de estar en España con Ness haciéndole la limpieza era una forma de pedirle que se vaya con él a La Real y que jueguen y vivan juntos por siempre.

No es como si, en algún momento durante la Academia, planeó toda una vida con Alexis sirviéndole y mirándolo solo a él.

No es como si regalarle ese pijama con una rosa estampada hubiese sido una forma de “marcarlo”.

No es como si hubiese imaginado que, ya que viven el uno para el otro, sería él quién tuviese la responsabilidad de tomar la virginidad de Alexis, aunque la cabeza no le daba para pensar en una situación más allá de… ¿masturbarlo? Algo así. 

No, claro que no.

No es como si le importase demasiado perderlo…

De repente, un poderoso pelotazo le cayó en la nuca.

- ¡Concéntrate, idiota! - fue Isagi, tan demoníaco como siempre, hasta en las prácticas - Si sigues así harás que perdamos

Maldito imbécil, no tiene idea de nada…

Pero, ya que tanto quiere que patee el balón…

Kaiser hizo toda una jugada para intencionalmente hacer algo con la suficiente fuerza para que le caiga el mismo golpe a Isagi y lo noquee o algo parecido; sin embargo, había olvidado que el pelón ese (del que olvidó su nombre) también estaba en la práctica y se metió en medio de su impacto asesino, por lo que quién cayó semi desmayado al suelo fue él y a Noa eso no se le hizo muy gracioso porque, por supuesto, se dio cuenta de sus intenciones originales.

Así que Kaiser fue castigado y mandado a su habitación a “reflexionar”.

Y no murmuró en protesta, como solía hacerlo durante la Academia, porque en serio necesitaba ese descanso para ver si podía asomarse al cuarto de Ness y ver si seguía vivo, incluso si eso involucra que lo regañe por romperle la nariz al impostor.

Ha llegado a un punto donde aceptaría que Alexis le regrese la cachetada con tal de que vuelva a cuidar de él.

Patético, “hombrecito patético” como Ness se lo dijo alguna vez en medio de un beso.

- Kaiser, Kaiser - una voz ligeramente ronca lo llamó detrás de él

No reconoce al portador, pero, ¿acaso no pueden dejarlo sufrir en paz? Kaiser bufó y se dignó en voltear para que la amenaza que iba a lanzar sea más directa y efectiva, aunque…

Tuvo que bajar la mirada, más de lo que lo hace para hablar (pelear) con Isagi.

- Ah… - fue lo único que salió de él

De todos los idiotas japoneses que creyó que le hablarían alguna vez, no esperaba que sea el chico de la trenza quién decida dirigirle la palabra precisamente en un momento así. 

Y ahora que lo piensa, se parece un poco a Alexis: ojos grandes y magentas, muslos tonificados, el cabello casi del mismo color; dejando de lado los 13 centímetros de diferencia, Kaiser puede imaginar que está hablando con un Ness menor…

O ya de plano con su hijo.

Ah, está empezando a pensar tonterías…

- ¿Qué quieres? - al ser terreno medianamente desconocido, sin peligros visibles, Kaiser le preguntó con voz firme pero sin la agresividad que había planeado - Porque creo que deberías estar enojado conmigo por haberle quitado la oportunidad de gol a Isagi que hizo con tu asistencia

- Debería, sí - se encogió de hombros -, pero no me gusta mezclar los temas de fútbol con los personales, personales

Kaiser sintió que eso fue una indirecta para él. Aun así, no le dio importancia, no notó malicia en su voz ni en su mirada.

Este chico parece demasiado tranquilo como para ser amigo de Isagi. 

- Como sea, ¿qué quieres?

- ¿Estás bien, bien?

 

Otra vez, sin burlas, sin invadir su espacio, sin dobles intenciones. Kurona se mantuvo ahí, la mirada curiosamente suave y el parecido a Ness, ahora también en su actuar, nada de eso ayudaba a que Kaiser huya de la situación porque su cuerpo no quiso hacerlo.

- ¿Por qué quieres saberlo?

- Se nota que extrañas a Ness. Te ves muy triste, triste

Knockout

Si semanas después le preguntaran a Kaiser porque hizo lo que hizo, él respondería que todo fue por el show, por darle dinamismo al personaje que interpretaba durante NEL, aunque era bastante consciente de que, en el pasillo en dirección a las habitaciones, no habían cámaras de BL TV.

Ese día, finalmente derrotado por el dolor y la incertidumbre, ante la segunda persona más amable que alguna vez se dirigió a él en toda su vida, Kaiser se sentó en el piso, apoyando su espalda contra la pared y, en medio de hacer el esfuerzo por evitar que las lágrimas lo traicionen, le contó todo a Ranze Kurona. Desde la aparición del impostor, hasta la cachetada y lo mucho que le molestó saber que Alexis estuvo con otro, que lo cambió así de rápido.

Kurona, sentado a su lado, escuchó en silencio, sin interrumpirlo ni juzgarlo, apenas unas palabras:

- Sabes que hiciste mal, ¿cierto, cierto?

Y Kaiser asintió como un niño avergonzado.

Lo bueno es que, cuando terminó de sacarse todos esos problemas del pecho, se sintió más ligero en todo el cuerpo, tanto que el oxígeno le parecía más fresco y podía mirar sus manos sin que se distorsionen con algún pensamiento intrusivo. Era como regresar a su órbita, volver a tener los pies en sobre la Tierra y estar presente.

Kaiser suspiró profundo, se permitió sentir como sus pulmones se le hinchaban y después se soltaban; sentir su corazón disminuir la velocidad y escuchar una voz distante, pero clara:

“Todo está bien. Ya no estás en peligro. No estás solo”

Alexis Ness.

En lo más profundo de su mente, en cada rincón, siempre está ahí.

- ¿Mejor, mejor?

Y Kurona también tiene la voz tranquila, tal vez no tan dulce como el mago, pero Kaiser cree que es igual de bonita.

- Sí, mejor - le sonrió levemente - Muchas gracias

- Wow - se cubrió la boca con una mano, fingiendo sorpresa - Si puedes ser amable, amable 

- Claro que sí - el emperador le sonrió aun más, dejándose llevar por el divertido momento, una sensación de calidez que extrañaba -, pero solo unos cuantos privilegiados pueden disfrutar de eso y hoy te tocó a ti, así que de nada y aprovecha tu suerte, tiburoncito - y le guiño un ojo

- Okey, okey - colocó su índice en el mentón y cerró los ojos, haciendo como si pensara mucho, gesto que a Kaiser le pareció adorable - ¿Puedes dejar de molestar a Isagi, por favor, por favor?

- ¿Yo? - indignado, se señaló a sí mismo y chasqueó la lengua - ¡Él es el que me molesta! Te juro que lo escucho murmurar todo el tiempo, diciendo que se quedará con el Bastard y que será el mejor delantero del mundo, ¿no te parece que ya está para que lo encierren en un loquero? Creo que en lugar de cerebro tiene una semilla y por eso el brote en su cabeza

Kurona se cubrió la boca de nuevo, esta vez para que el alemán no se de cuenta de su risa, pero no resultó 

- ¿Ya ves? Tengo razón

- Bueno… - tuvo que carraspear para frenar la risa, aunque eso hizo que su voz sea un poquito más ronca - Tú tampoco diste una buena primera impresión. Fue como si quisieras que Isagi te odiara, te odiara

- Pues si quería eso, es cosa de rivales, ¿de qué otro modo podría reafirmar mi existencia aquí donde nadie me conoce? 

- Pero, ahora mismo existes, Kaiser, y no porque yo te vea, te vea, sino porque sientes mucho, como cualquiera de nosotros

Kaiser apartó la mirada. No podía soportar enfrentarse a esos ojos si es que le iban a decir esas cosas que le calan en los huesos

- ¿En serio crees eso?

- Sí, sí. Estás lleno de emociones, aunque siempre elijas la violencia, violencia…

Por supuesto, Kurona no puede entender el peso de esas palabras sin el contexto completo, pero Kaiser se sintió ligeramente expuesto, un poco más de lo que ya se estaba mostrando al japonés, y no supo cómo sentirse al respecto. Aún así… 

No quiere huir.

Quiere decir, con Alexis sabe que está bien, incluso si eso mismo luego lo hace frenar de golpe y apartarlo antes de que se hagan más cercanos y se funda en él. ¿Por qué con Ranze es diferente? 

- Es lo que me sale - respondió sin pensarlo

- Pero sabes que tienes más para dar - como una manía (otro detalle parecido a Ness), Kurona empezó a tocarse la trenza, enroscándola en su índice, por más torpe (o tierno) que pareciera a ojos de otra persona - Yo quisiera poder sonreír más, más… 

- ¿No puedes?

- No es algo que me salga naturalmente, no sé, no sé

- Tampoco es que te sea un problema, igualmente les agradas a todos

- No a todos, no a todos

- Tch, ¿y quién te dijo que necesitas la aprobación de todo el mundo? Si quieren estar contigo, que estén y si no, a la mierda

- ¿En serio crees eso, Kaiser? ¿Qué todos pueden irse a la mierda, excepto Ness, Ness?

- Obvio que sí

- Entonces, Ness si especial para ti, ti 

- Sí, ya, ¡lo admito! - alzó los brazos con una mezcla de enojo y frustración dignos de alguien cansado de pensar - ¡Alexis si es especial para mí! ¿Estás contento? 

Kurona dejó su trenza en paz y no mostró expresión alguna. Por un segundo, Kaiser creyó que había dicho algo mal, pero no tenía sentido que aquellos bonitos ojos magenta reflejaran una extraña tristeza, ¿o pena? ¿Lástima? Ahora sí encontró una gran diferencia entre ambos pelirrosas. 

- Creo que ese es tu problema, Kaiser. El mundo no solo se trata de Ness

Nada lo hubiese preparado para escuchar esa frase.

- ¿Qué? ¿Me estás ayudando o quieres separarnos? 

- Quiero que estén bien. Son la vida entera del otro, ¿no? 

- Sí - respondió de inmediato

- Entonces, si Ness se aleja, ¿Kaiser muere? 

- ¡Claro que no! Yo… - su voz, exaltada al principio, fue bajando gradualmente en lo que esas palabras se clavaban más y más como espinas en su cabeza, luchando por ingresar y produciéndole un dolor confuso - Yo tengo metas… cosas por hacer

- No parecía eso ahí dentro - señaló con el mentón la entrada hacia el campo de prácticas interno - Kaiser lucía marchito, marchito

- ¿Y eso cómo por qué te tiene que importar? - la ansiedad empezaba a desgarrarle el pecho, despertando a la bestia que escuchaba en silencio esa conversación y ahora estira sus garras, deseando atrapar el cuello del chico tiburón y callarlo de una vez 

Ranze Kurona lo sabe.

Ranze Kurona conoce perfectamente ese tipo de miradas que aterran y deforman un rostro amigable.

Ranze Kurona tiene sentimientos hacia alguien así. Sentimientos… delicados.

Ranze Kurona no tiene miedo de (anhelar) estar cerca de un demonio, mucho menos de una bestia.

- Me importas porque soy una buena persona y no es justo que alguien muera por amor, por amor, cuando existe demasiado mundo por conocer… 

Kaiser lo vio suspirar sin terminar su “sermón”. 

La bestia dejó de verlo como una amenaza, al contrario… 

Ah, ya lo entiende…

Un chico calmado, un chico tranquilo, un chico observador, al servicio de quién lo llame, un chico amable y divertido cuando la vida le da la oportunidad, un chico que no destaca más que con sus asistencias y aun así…

Un chico solitario.

- … sin necesidad de aferrarse a nadie… - sus bonitos ojos (ahora nota que son una tonalidad más clara que los de Alexis) ahora solo se dirigían a la pared de enfrente, quizás hacia recuerdos que Kaiser nunca podría conocer, pero que tal vez sí podría entender - Ni de transformar eso en tu valor como persona, persona.

Kaiser tragó saliva, solo un poco, un nudo pequeño en la garganta. El ambiente en Blue Lock es frío, aunque eso nunca le desagradó; sin embargo, una helada en el estómago le perfora el pensamiento, incapaz de ignorar que parece que acaba de encontrar a alguien con los mismos sentimientos destructivos que él…

Pero que los maneja de forma diferente. 

Más… socialmente aceptable.

Lo que no le quita la agonía y eso lo comprueba en como Kurona nuevamente juega con su trenza.

- Lo entiendo… - el emperador apenas logró formular esa respuesta - Te entiendo

- Te entiendo también, también. Yo… quiero sonreír más para que Isagi me mire. Sé que le gustan las personas que sonríen mucho, así que quise aprender a sonreír más, pero dolía y solo conseguía sentirme mal conmigo mismo, como que no valgo lo suficiente para ser visto incluso fuera de la cancha, como si no existiera, existiera.

“Como si no fueras humano” pensó Kaiser

- Entonces decidí tomar distancia y, aunque todavía no sé qué hacer con estos sentimientos, puedo distraerme con las personas que si me miran por ratos, ratos. 

-¿Y cómo te sientes?

- Bien, supongo, supongo - volvió a mirarlo y un intento de sonrisa apareció en su rostro. Una pequeña, un ligero movimiento de sus comisuras, pero Kaiser jamás dudaría que no fuese auténtica - Se siente bien hablar de algo con alguien que no sea de fútbol 

- Sí… tienes razón

“Un mundo por conocer”

Kaiser sí que quiere conocer ese mundo, pero… parece que no había elegido el camino correcto…

¿Cómo te guardas sentimientos así y sigues por la vida tan campante? Ranze es un bonito misterio.

Ranze es diferente.

- A lo quería llegar es que creo que necesitas separarte de Ness por un tiempo. Al menos hasta el final de NEL y así logres entender qué es lo que realmente sientes por él, por él. 

Ahora Kaiser es quién suspiró y le sostuvo la mirada.

- ¿Crees que estaré bien? 

- Más que eso. Descubrirás que puedes ser realmente querido, Kaiser, solo te falta intentarlo, 

- ¿Y qué hago al final?

- Si sigues deseando sentir la calidez de esa persona, aun después de contemplar tu propia paz, entonces estás muy enamorado, enamorado.

Amor.

El principio y el fin del sentido de su vida.

¿Qué tantas formas tiene?

Sin duda, una de ellas tiene que ser la de un tiburón.

Y la más grande tiene forma de una rosa.

- Está bien, lo haré

El dolor desapareció.

Kaiser no sabría cómo explicarlo, pero… está bien.

Kurona se levantó y sacudió el polvo de su short con cuidado, para después pararse frente a Kaiser y extenderle una mano, sonriendo de nuevo, esfuerzo que acarició el corazón del emperador, mirándolo desde abajo como una estrella que recién conoce a otros astros. 

Está bien, está bien.

- Ven, seamos amigos, amigos

- Si tiras de mí te va a ganar el peso - le advirtió con una sonrisa burlona, ya imaginando lo que pasaría

- Lo soportaré. Yo también soy muy fuerte, fuerte - y se lo demostró flexionando el otro brazo, del que se mostraron unos bíceps considerables, pero de tamaño digno para su baja estatura (adorable) 

- Muy bien ~

Y lo logró sin accidentes, impresionando gratamente al emperador. 

Sin embargo, antes de que regresen a la práctica, Kurona tomó una de las colitas del cabello de Kaiser, de puntas partidas y el tinte casi desaparecido, y la observó con la curiosidad de un gato.

- Sí, no sé que voy a hacer con eso

- Bueno, tienes suerte de que me guste el estilismo. Yo me encargaré de tu cabello, cabello

Kaiser solo asintió porque no se le ocurrieron palabras para agradecer.

El corte y pintura que le hizo Ness por primera vez, fue la prueba definitiva de que quiere a ese mago en vida para siempre, pero Alexis no lo entendió.

Kaiser espera descubrir que, incluso si Kurona es un experto, nada es igual sin las manos rasposas de Ness acariciándole el rostro; nada es igual sin esa piel maltratada dándole amor como si ningún mal le hubiese afectado.

Kaiser espera descubrir que sus sentimientos no son agresivamente dependientes…

Sino que es amor.

Kaiser espera descubrir que si puede sentir amor. 


De la misma forma que ha leído algunas veces en sus novelas de romance gay, Ness mordió con fuerza la almohada para amortiguar sus gemidos y que nadie lo escuche…

Mucho menos el dueño de aquel… apellido que llama desesperadamente, como si fuera él quién le estuviese provocando semejante oleada de calor y placer por todo su cuerpo.

Pero, no es Kaiser de quién siente su pene grande y duro frotarse cada vez más rápido contra su trasero; no es Kaiser quién lo masturba deliciosamente, torturándolo con pequeños toques en su glande para subir y bajar la intensidad con la que Ness siente que su orgasmo viene y se va; no fue Kaiser quién le dejó todas esas mordidas en el cuello, la espalda y alrededor de sus rosados y erectos pezones…

Aún así, si es Kaiser al que imaginó que le hacía todo eso, el único a quién desea de forma vehemente bajo la venda en sus ojos, la que impide que su placer se desvanezca hasta llegar al final y libere su semilla sin pudor alguno. 

- ¡Kaiser! ¡Oh, Kaiser, Kaiser! - gimió tan fuerte que su voz se convirtió en un llanto que ni siquiera la almohada pudo ocultar 

Después, sintió algo húmedo salpicar sus glúteos, al principio cálido, pero que se enfrió rápidamente.

Al igual que la mente del mago.

Cinco, quizás tan solo tres minutos bastaron para que su cuerpo dejara de temblar y su desnudez la percibiera igual que si estuviera a punto de irse a bañar como cualquier día. 

Otra vez, no significaba nada. 

Ni los besos en su pecho, luego de que Micha le diera la vuelta con cuidado; ni las caricias en sus muslos que tontamente esparcen el semen como una ridícula marca de propiedad.

“No es Kaiser”

Sentencia declarada. Alexis está más que enamorado, está obsesionado y su cuerpo lo sabe.

Se quitó la venda mientras Micha se recostaba a su lado.

- Eres tan hermoso, Lexi - apegándose más a él, le empezó a acariciar el vientre, cosa de la que Alexis había perdido la curiosidad de saber su motivo, pero que le seguía incomodando

Lo miró. La sonrisa que soñaba contemplar, ahora le parece más ajena que nunca. Desde que descubrió lo del tatuaje, no puede dejar de ver aquel espacio vacío donde debería residir la memoria del emperador que juró ya no volver a su pasado.

Alexis se siente sucio.

Y no se refiere únicamente al semen que mancha su piel. Se siente sucio porque no fue el amor de su vida con quién llegó a este punto, arrojando años de haberse guardado y cuidado a la basura; se siente sucio por haber traicionado a su emperador; se siente sucio por haberse degradado a tal punto que buscó sexo para dejar de sentir dolor, aunque sea por un rato.

Pero…

Tomó las mejillas de Micha y le dio un beso en la punta de la nariz.

Él no tiene la culpa.

- Tú eres más hermoso - y le sonrió, intentando devolver un poco de amabilidad para aquel ser al que convirtió en su “damo de compañía” sin paga

Micha lo abrazó y comenzó a acariciarle la espalda. Siempre tan cariñoso. Es ilógico que a Ness le pese tanto algo que había anhelado recibir desde niño: ternura, amor, comprensión. Es una sensación tan rara como la magia misma y no tiene idea de qué hacer con eso, con esta persona que podría desaparecer en cualquier momento, ¿cierto?

¿Y si no se va?

¿Sería mejor opción quedarse con él? 

Anoche aceptó engañar a Kaiser y hacerle creer que tuvo sexo con Micha, por idea de este, para provocarle celos y ver su reacción.

Apenas escuchó que Kaiser se había vuelto loco, Ness quiso tanto lanzarse a sus brazos y decirle que era una mentira, que también lo ama y que nunca dejaría que alguien más lo toque.

Sin embargo, cuando resonó el golpe…

La mejilla volvió a dolerle

Y se escondió bajo las mantas.

Cuando Micha regresó, Alexis ya se había vestido y lo atendió rápidamente. Por suerte no le había roto la nariz…

En ese momento, viéndolo llorar en silencio por el dolor, pero también luchando consigo mismo para no perder la sonrisa ligera, cosa que Ness entendió como una forma para no preocuparlo, el mago recién entendió que Micha no es el villano de la historia.

Es Kaiser

Y, maldición, Alexis está perdidamente enamorado de ese villano.

Acarició el cabello de Micha con una dulzura que también se le hacía rara; sin embargo, tampoco pretendía detenerse. Era como si sus manos extrañaran consolar, servir, sentirse útiles para dar el cariño más puro y sincero que su alma podía profesar. Estas manos ásperas de las que Kaiser jamás se quejó, y Micha tampoco, ¿será por qué su Ness las tiene igual? ¿Su Ness también lo cuida mucho?

Por cierto…

- Micha… - lo sintió moverse un poco para poder mirarlo sin deshacer el abrazo, aunque en medio de eso repartió besos por su piel, que provocaron una sonrisa en Alexis 

- ¿Sí, amor?

Ah… eso es un golpe bajo.

Ness se forzó en recordar que no es su emperador, que no es su Kaiser, que no debe perderse en estas fantasías.

- ¿No extrañas a tu Ness?

Micha suspiró. Okey, sabía que esa pregunta y su explicación tendrían que llegar pronto, aunque un pequeño nudo se formase en su garganta y el miedo de la verdad le duela, pero aquellos grandes ojos de cachorro lo miran con curiosidad, ya no más con el odio o el terror del principio, así que no quiere arruinar eso con mentiras. 

Otro suspiro.

- Mi Lexi terminó conmigo… 

- ¿Qué? - Alexis se detuvo, pero no retiró su toque - ¿P-Por qué? ¿Cómo es posible?

- Bueno… - Micha no quiere apartar la mirada, por más que los recuerdos le inundan la mente y eso resulte algo doloroso - Parece que no llené todas sus expectativas. 

En lugar de ser acusado falsamente de un robo, pelear con policías y después ser liberado de la cárcel y del infierno que vivía con su padre, gracias al presidente de la PIFA, que lo llevó al Bastard Munchen; Micha huyó de casa antes de que la acusación ocurriera y logró conseguir un transporte que lo llevó fuera de su ciudad, hasta donde sea lo que Dios quiera…

Y Dios cruzó su camino junto con el de otro chico que también escapaba de su familia. 

- Al principio le dije que me convenía ayudarlo y solo por eso nos quedamos juntos, pero era obvio que ambos necesitábamos el dinero y la compañía, y mi Lexi tenía más dinero y yo más ansias de compañía

Por un segundo, Ness deseó que las cosas hubieran sucedido igual para él y su Kaiser.

Micha y Lexi vivieron juntos en un departamento modesto el tiempo suficiente como para sostener una relación romántica intensa que sanó todas y cada una de sus heridas, convirtiéndose en el sentido de la vida del otro, amándose apasionadamente en todas las formas posibles.

Hasta que, una noche de invierno nevado, un día particularmente cansado en sus respectivos trabajos, se vieron las caras en la sala de su hogar y descubrieron que ya no se necesitaban. 

- El mundo me cayó encima - su voz se había convertido en un susurro, como si regresara a ese tiempo y todo se hubiese detenido otra vez -. Algo se había roto dentro de mí, pero por primera vez no dolía

Micha ya no tenía heridas que sanar y Lexi ya no tenía vacíos que llenar. 

¿De qué más podría tratarse su relación? 

Se miraban como extraños. El fuego se había apagado. Las rosas se habían secado.

Se aburrieron.

Y cuando la rutina dio el último golpe, sin emoción alguna, solo una fría mañana donde no tenían nada que decirse porque entre ellos hasta las palabras se habían agotado, por la tarde, Lexi empacó sus cosas y acabó con la relación, deseándole suerte a Micha:

“Espero que encuentres a alguien que todavía tenga magia por resolver”

Ocho días después, en los que Micha no salió del departamento, mientras dormía, tuvo un sueño donde un ángel idéntico a Lexi lo tomaba de la mano y cruzaron una puerta juntos.

- Así es como llegué aquí - le dió un pequeño beso a Ness en la clavícula -. Primero creí que era un sueño lúcido y aproveché para tocar otra vez a mi Lexi, pero cuando apareció Kaiser, tuve que hacerme a la idea solo y solo fingí que entendía todo hasta que realmente lo hice. No eres como él… 

- ¿Eso es malo? - Alexis preguntó ya con la tristeza notándose en su tono

- No, claro que no, es solo que… por ratos pensé que hubiese sido mucho mejor que seas tú mi Lexi, en lugar de él. Estoy seguro que nunca me habrías dejado solo… 

- No… - las lágrimas comenzaron a caer descontroladamente - Yo jamás abandonaría a mi Kaiser… 

Pero, ya lo hizo.

O eso es lo que la mente de Alexis le repite mil y un veces mientras llora nuevamente con el corazón roto, inconsolable, ahora mojando el pecho de Micha que lo acomodó así de inmediato, creyendo que mimos y latidos podrían calmarlo, pero (afortunadamente) siendo inconsciente de que Ness no lloraba por él, sino por el impacto de saber que el emperador y el mago no están juntos por siempre en todos los universos paralelos y que es culpa del mago.

Alexis Ness conoce su egoísmo. 

Llora porque sabe que su Kaiser es una criatura emocionalmente corrompida y que solo él ha sido quien pudo domesticarlo, en parte. 

¿Y se ha rendido así de fácil ante el primer problema? ¿Se acobardó tan rápido después de prometerle cientos de veces que nunca se separarían? 

¡Con razón Kaiser estaba tan enojado! Pasaron tanto tiempo juntos que Ness debería saber a la perfección sus reacciones y el por qué de todo eso, ¡tendría que ser más paciente, más amoroso! No un completo imbécil como ese tal Lexi y-

- … su pasado no justifica sus acciones presentes

- ¿Qué? - esa frase repentina por parte de Micha lo descolocó por completo. No había notado que seguía hablando 

- Ah, decía que no te preocupes por mí - acarició con sumo cariño el esponjoso cabello de Alexis -, porque sé muy bien que el pasado de mi Lexi no justifica esas acciones conmigo y que, tal vez, no debería buscarlo si es que regreso a ese lugar…

- ¡No digas eso! - la voz de Ness soltó un chillido roto en medio de su sobresalto - Si lo amas, debes amarlo también con todas sus heridas

- Y lo hice con todo mi ser, pero cuando ya no le parecí interesante, solo me dejó

- O quizás nada más te dio un espacio para que pienses bien y seas así de cariñoso con él

- En ningún momento dejé de darle amor-

- ¡Pues él quería más amor! Y tú, en lugar de buscarlo, estás aquí como si él no te estuviese esperando… 

- No sé cómo llegué aquí para empezar

Alexis seguía agitado, pero poco a poco consiguió regular su respiración y sus pensamientos, curiosamente con la mejilla pegada al pecho de Micha, a sus latidos tranquilos…

Micha no lo soltó y esperó hasta que Ness sea quién se mueva primero para saber si es que ya estaba mejor, sin imaginar que ese movimiento sería para deshacer el abrazo, sentándose en la cama.

- Alexis… - le supo raro decir su nombre completo - Creo que tu deberías hacer lo mismo

- ¿Qué cosa? - un poco de ronquera fue lo último que dejó el llanto 

- Tomarte un tiempo para pensar

- Claro que no - se frotó los ojos con los puños - Yo no voy a ser igual que tu Lexi, no voy a dejar solo a mi Kaiser.

- Espera, espera - Micha también se sentó -, por eso te digo que deberías pensarlo mejor. No olvides que él te pegó.

Ness abrió la boca para responder, pero él mismo sabía que no tenía nada con que discutir sobre eso; incluso su cuerpo se volvió pesado, como si estuviera de acuerdo con Micha de no cometer semejante estupidez.

Kaiser no debió golpearlo por muy enojado que estuviese.

Pero…

- Nunca lo olvidaré - se acercó despacio a Micha y acunó su rostro entre sus manos, un rostro sin cicatrices, de piel suave y sin ojeras; casi un rostro que nunca ha sufrido… - Muchas gracias por cuidarme tanto, a pesar de todo

- Solo hago lo que mi corazón dice - tomó las manos del mago entre las suyas y besó las palmas con una adoración plena -, y sé de lo que Kaiser podría ser capaz porque tuvimos el mismo padre y él… es una bestia. No te merece, mi Lexi

- Lo sé - le sonrió -. Pero, si alguien como yo no hubiese existido para ti ni para Kaiser, ¿que sería de sus pobres almas?

- Eh…

- Exacto - y su sonrisa se hizo más… intensa, casi intimidante - El mundo rechaza a mi Kaiser todo el tiempo, todos lo odian y se quedan solamente con la imagen inicial que muestra, no lo conocen y por eso jamás le mostrarán amor. Yo soy el único que puede darle amor al emperador, solo yo, ¡para eso es que estoy vivo! 

Dicho esto, Alexis soltó una leve risita y le dio un pequeño beso en la frente a Micha, para después salir de la cama y buscar, y vestir su uniforme del Bastard, bajo la atenta y preocupada mirada del rubio amable. 

- Alexis… ¿estás seguro?

El mago se detuvo antes de acercarme más a la puerta y accionar el automático. Lo miró y le mostró otra sonrisa, una tan bonita para Micha que eso le retorció aún más el corazón.

- Más que seguro - su mirada brillaba como no lo hizo durante días, con una determinación intensa, una magia hermosa que es tristemente lamentable sea solo para entregarse a un incierto -. Voy a recuperar a mi Kaiser. 

Sin embargo, luego de ver el cuarto del emperador y darse cuenta que no estaba ahí, lo que menos esperaba Ness era encontrarse con Isagi espiando desde la entrada a quienes sean que estén en el campo de prácticas del equipo alemán.

Intuyó que estaba vigilando a su Kaiser, así que su primera intención fue asustarlo y confrontarlo para recordarle su ridícula posición como un patético suplente que su emperador buscó sin estar en sus cinco sentidos (es lo que el mago quiere creer). Pero, al escuchar una risa acompañando a la de Kaiser, una risa que provocó que el japonés apretara los puños y tensionara la mandíbula, Alexis decidió acercarse despacio y también espiar.

Isagi lo nota sin sobresaltarse, al contrario, le hace señas para que se coloque detrás de él y le pide en susurros que no se altere porque eso haría que los descubran.

Ness no alcanzó a responder cuando lo vio claramente: Kaiser y Kurona (al que solo lo identificaba como el compañero de Isagi) estaban sudados y agotados, sentados en el grass artificial después de un duro entrenamiento, sonriéndose como si fuesen amigos de toda la vida.

¿Qué?

¿Cómo?

¿En qué momento?

- No te vayas a desmayar 

La voz de Isagi no contenía burla, pero Ness estaba tan shockeado que cualquier cosa la tomaría a la defensiva y, aun así, se mordió la lengua para evitar gritar.

- Lo sé, es… frustrante - Yoichi se sentó en el piso y se pasó una mano por el cabello, dejando más al descubierto una mirada que reflejaba todo el caos que ocurría dentro de su mente - De todas las personas que Kurona podía elegir para hacer amistad, ¿por qué mierda tenía que ser precisamente ese loco? 

- Cállate, no lo llames así - sin saber por qué, Alexis se sentó a su lado, encogiéndose al abrazar sus piernas y casi esconderse en ellas -. Él ha pasado por mucho… 

- Ajá, no me interesa, solo quiero que se mantenga lejos de Kurona

- ¿Y tú no puedes controlar a tu novio?

- ¿Y tú no puedes controlar al tuyo?

- Kaiser no es mi novio…

- Pues Kurona tampoco es mío… - y se detuvo con un suspiro molesto, como si esa declaración le hubiese dejado un sabor demasiado amargo en la lengua - No puedo mandar sobre él, por mucho que me joda verlo ahí tan feliz… y que le sonría como nunca me sonríe a mí… 

Oh.

¿Acaso eso que Ness acaba de escuchar… son celos? 

¿Isagi Yoichi está celoso por Kurona? 

¡Bien! Al cabeza de planta no le gusta Kaiser, ¡qué bien! Es un problema menos, y si es que es Kurona con quién ha pasado su emperador todos estos días, pues Ness no lo ve como una gran amenaza. Solo es un chico muy bajito que no destaca en ningún lado, jamás a la altura de lo que Alexis ha hecho por Kaiser, ¿cierto?

Las risas, las bromas, solo con cosas que Ness ya absorbió de su emperador. El mago es dueño de todas sus primeras veces.

- Tal vez no hiciste lo suficiente como para ganarte su sonrisa - Alexis dijo fingiendo inocencia, pero sí con toda la intención de molestar al japonés

Y lo logró.

- Ah, disculpa - le sonrió con el labio temblando de la rabia -, no escucho consejos de arrastrados 

- Si te picas es porque tengo razón

- ¡Maldito imbécil-!

 

Se detuvo tras darse cuenta de que había levantado mucho la voz y dio una rápida mirada hacia el dúo que, en realidad, estaban escuchando música juntos, compartiendo los auriculares rosados de Kurona y eso le sentó igual que un golpe certero en el estómago a Isagi y un puñal en el pecho a Ness, aunque este estuviese más que acostumbrado a dolores así en estos días. 

- Sí… - el tono de Yoichi ahora sonaba roto y, rayos, Alexis sintió que simpatizaba con eso - Quizás no hice lo suficiente… 

Se quedaron en silencio unos segundos. Ness no podía hablar por Yoichi, pero supuso que sea cual sea la historia entre ellos dos, Isagi y Kurona, tiene que ser algo tan íntimo y profundo como lo tienen Ness y Kaiser, para que la mirada de ese tonto luzca tan perdida…

Como si su alma estuviera confundida, sin rumbo, sin sentido.

Isagi se frotó la cara con las manos.

- Perdón, esto no es algo que te importe

- ¿Por qué no? - Ness suavizó su voz, jamás como lo haría con Kaiser, pero no puede evitar ver a Yoichi igual que a un cachorro desamparado y sentir ternura - Creo que el único idioma universal que existe y que todos pueden entender, es el de un corazón roto

Isagi lo miró, y lo miró bien por primera vez desde que comenzó NEL.

Una persona triste.

- Tú… - miró a Kaiser y luego de regreso a Ness - ¿No te molesta esto? 

- Sí - Alexis le sonrió lo mejor que pudo, aunque su mente rebobinase todo lo que pasó emocionalmente en tan pocos días -, yo también soy un egoísta encaprichado con la persona que considero el amor de mi vida y, aunque debería estar orgulloso de que él haya hecho una amistad bonita-

- No dejo de pensar que, si es así, ya no volverá a verme igual - Yoichi lo interrumpió para seguir esa línea de pensamiento que tuvo durante todo el día

- Y si es que se abre paso al mundo y descubre que todos pueden amarlo de verdad

- Ya no significaré nada especial en su vida

- Y si es que él crece y mejora

- Me quedaré atrás…

Esa última oración la suspiraron al mismo tiempo. 

Ness jamás hubiese esperado que aquel idiota que tanto dolor de cabeza le ha dado, tenga los mismos sentimientos que él, aunque debe admitir que Isagi tiene muchísimo más control de si mismo. 

- Gracias… - todavía más inesperado, Yoichi le sonrió levemente mientras se levantaba - Ya no me siento solo respecto a esto

- ¿Y qué vas a hacer? 

- Creo que ahora no es el momento de hacer algo - su mirada se mantuvo en Kurona por última vez -. Ambos estamos en medio de todo esto de la NEL, y si no puedo estar bien con mis pensamientos, no podré decirle lo que siento sin perjudicarlo y obviamente que no quiero eso.

- ¿Vas a darte un tiempo..? - la pregunta de Alexis estaba cargada de un nuevo llanto próximo, aunque no demasiado revelador por ahora

- Lo haré. Por los dos. 

Otro agradecimiento por la compañía e Isagi se retiró, dejando a Alexis ahí, repensando una y mil veces sus palabras: 

“Por los dos”

Kurona estaba haciendo reír a su Kaiser. Lo trataba con cariño, con respeto, como si tuviera tanta fe en él sin tener que haber presenciado su dolor en primera fila.

Kaiser puede ser amado.

Kaiser puede mejorar.

Y lo logró estando unos días separados de Ness, ¿cómo es posible?

Alexis se llevó las manos al pecho y sus latidos parecían de cristal.

Ama demasiado a Kaiser. 

Y este amor no tiene que ser posesivo. 

“Por los dos”

Hasta que finalice NEL, al menos. 

Si es que su emperador lo recibe con los brazos abiertos, cuento le agradecerá al cielo, y si no… 

Puede quedarse con el gusto de que el amor de su vida será feliz de ahora en adelante.

Incluso sin un mago que lo persiga todo el tiempo.

Pero, Ness es alguien lleno de sentimientos.

Cuando regresó a su cuarto, se encontró con un Micha ya vestido, quien apenas lo vio, extendió los brazos hacia él sin pensarlo ni un segundo.

Y Alexis lloró. 

- Lo siento…

- Está bien - y lo cobijó pegado a su cuerpo con un cariño inmenso, casi inhumano -. Ahora te toca pensar en ti


Cuando el cerebro se acostumbra a grandes cantidades de cortisol diariamente desde la infancia, acaba convirtiendo esto en su “hogar”. Se adapta a existir así en todo tipo de situaciones y lugares, idéntico a una bestia que ha tomado el peligro como parte irremovible de su vida, de la que jamás se separará y que siempre la buscará para no sentirse vacío, sin propósitos que validen su vida fuera de la búsqueda del control excesivo.

La paz se transforma en un campo minado donde cada paso son miles de posibilidades de cómo podría estallar la siguiente bomba. 

Así es como Kaiser y Ness vivieron por culpa de sus familias. Ambos en la constante búsqueda de algo que no sea el dolor constante del estrés por estar vivos, algo que no necesite de su furia ni de sus lágrimas para que les permitan ser, estar, sentir, algo que les demuestre amor…

O alguien.

Así es como Kaiser y Ness se encontraron. Sangrando profundamente sus heridas mentales, uno tomando la batuta por los dos, porque uno necesitaba sentirse necesitado y el otro necesitaba ser obedecido; todo como una muestra de que merecen tener compañía, a pesar de todo.

Así es como Kaiser y Ness se unieron. 

Sin embargo, cuando el epítome de la belleza y la felicidad comenzó a florecer en sus corazones…

La bestia se aterró

Y el brujo no supo cómo controlarlo, porque tampoco sabía cómo controlarse.

Ante ellos se había construido un nuevo campo minado, pero que ellos mismos habían construido con sus propias e impacientes manos.

El amor que tanto buscaban, acabó siendo la pólvora de nuevos problemas, pero esta vez clavándose tal cual espinas en su piel, más profundo, más personal.

Enamorarse entre ellos fue su destrucción.

Al menos, lo fue para Kaiser y Ness.

Algo que no duraría para siempre.

Estos días separados los ayudaron a pensar mucho.

Kaiser se refugió en los cuidados de Kurona, dándose cuenta de que todo lo que hizo Ness por él no eran cosas tan complicadas como creía. Lavar su ropa, tender su cama, limpiar el cuarto, Kaiser aprendió de rutinas junto con alguien al que no le gustaba, pero que le enseñó sobre su productividad. La paciencia de Kurona era tan infinita como la de Ness, pero el “pequeño” tiburón tampoco dudaba en jalarle el cabello por una de las colitas cuando el emperador erraba en sus prácticas de interacción social o, mejor dicho, aprendiendo a comportarse decentemente. 

Y Kurona descubrió que Kaiser si puede ser “cariñoso” con la confianza suficiente. 

- Hey, Ranze - Kaiser lo llamó, a pesar de estar sentado al lado suyo, y abrió un poco la boca, clara indicación de que quería que Kurona le invite lo que estaba comiendo, aunque solo fuese un simple almuerzo del comedor

Kurona le dio de comer un pedazo de zanahoria cocida ante la vista y (poca) paciencia de un Isagi que tenía cara de haber tenido más que suficiente. 

- No le llames por su nombre así como así - Isagi habló con una muy evidente rabia contenida en su tono y en la forma en que sus verduras sufrían las puñaladas del tenedor -, es una gran falta de respeto.

- No aplica para él - Ranze respondió con calma mientras seguía alimentando a Kaiser -. Merece olvidarse un rato de las formalidades y seguir con su cultura, su cultura

- Sí, Isagi, no seas tan apretado

Yoichi tomó aire y le pidió calma a los dioses.

- ¿Y conmigo no usas tu cultura? 

- No - de repente, tomó el tenedor de Kurona y lo colocó en la mesa, para atraer al chico de la trenza hacia su pecho y lo abrazó, colocando su mentón en la cabeza rosada - Me gusta mucho más el nombre de Ranze.

Kurona escuchó muy bien los gruñidos de Yoichi. 

Fue divertido.

Esto ya es parte de su personalidad, un provocador constante que le gusta bromear y que lo consientan.

A Kurona le gusta.

Kaiser es un buen amigo. 

Aprendió rápido a cuidar de sí mismo, aunque le siga costando la parte de hablar con otros sin exaltarse. 

Todo el tiempo que pasaron juntos fue muy agradable.

Pero, con felicidad y orgullo, Kurona notaba tiernamente que Kaiser buscaba con la mirada a Ness; buscaba estar cerca de él durante la fila para el almuerzo; buscaba cruzarse con él en la entrada y salida de las duchas; buscaba los roces durante los partidos…

Y, para la suerte de Kaiser, Ness también lo buscaba.

Y se sostenían las miradas durante un par de segundos que decían más que cualquier palabra.

Anhelo, mucho anhelo.

Deseo.

Amor.

Ranze estaba feliz de presenciar tal novela. 

Por su lado, Alexis había preferido hacer su propio espacio mientras estaba fuera de su habitación. No hablaba con otros, pero tampoco se aislaba por completo. Un par de palabras y gestos se intercambiaban con Isagi, pero este siempre sacaba el tema de que Kaiser era cada vez más cercano a Kurona, a lo que Alexis solo podía responder con silencio y eso parecía ser suficiente para Yoichi, porque…

Kaiser y Ness siguen estando conectados

El mago y el emperador siguen siendo el mundo del otro.

Y eso era precisamente lo que Micha le pidió a Ness que reflexione.

- A pesar de todo lo que sabes, si todavía crees tanto en él, entonces… - un pequeño suspiro abandonó sus labios, algo que Alexis no quiso interpretar como hartazgo - Usa este tiempo para mirar hacia afuera y ver si es que él es realmente indispensable para tu vida cuando te sientas mejor. Ya no actúes impulsivamente. No necesitas que te necesiten para estar bien.

Alexis entendió que él también fue deshumanizado por sus padres (el rechazo total de su identidad al ser diferente de lo esperado), con la diferencia de que eligió la bondad excesiva y asfixiante como el desfogue de su dolor, y Kaiser eligió la violencia.

Dos caras de una misma moneda.

“Por los dos”

Por lo que mantener la distancia era lo más adecuado y responsable posible.

Aun así…

Ness buscaba con la mirada a Kaiser…

Y, para suerte del mago, su emperador también lo buscaba.

Y, para la suerte del brujo, su bestia también lo buscaba. Fiero con el balón entre sus garras, pero que después de la guerra sabe respirar y destensar los hombros, sabe, aunque sea poco a poco, que ya no está en peligro.

Aunque le doliese ligeramente el pecho, como una espina de rosa clavada en aquella sensible zona, no ser el creador de aquel hechizo, puede apreciar y agradecer bajito la magia de Ranze Kurona por ayudar con su cariñosa desconexión a que Kaiser sea mejor persona.

Sobre todo…

- Cuando te sientas listo, acércate a su cuarto, cuarto

Cierta ocasión en la que Alexis se cruzó con ellos en un pasillo, apenas Kaiser se distanció por estar distraído discutiendo con Isagi, Kurona le habló todavía dándole la espalda, manteniendo una distancia respetuosa, la que hizo que el corazón de Ness se enterneciera y tuviera ganas de decirle: “No estoy molesto, al contrario, eres un ángel para nosotros”.

- Kaiser estará más que feliz por tenerte de nuevo, de nuevo

Así es como llegó el final de NEL, cargado de emociones, de gritos, de alegría y de desesperación para los caídos.

Ness chocó los cinco con Isagi después de que este se calmará, luego de lograr el primer puesto que tanto deseaba en las subastas, y ambos presenciaron como Kaiser cargaba y daba vueltas a Kurona (como si de un muñeco de trapo se tratase), celebrando la oferta de La Real.

En ese momento algo les hizo “click”...

Sí, era hora de que actuaran lo más rápido posible, antes de que esos dos DE VERDAD se hagan más cercanos. 

Para su gran fortuna, un dios hizo su magia e iluminó a Ego con la idea de darles un día libre dentro de Blue Lock, después del frenesí del fin de NEL y antes de que los japoneses salgan a lucirse con el público. Por lo que todos los extranjeros de los equipos por fin tuvieron la oportunidad de charlar con los locales, lejos del calor de la batalla. 

Buen momento para que Isagi y Ness resolvieran sus asuntos. 

Y, oh, sí, sabían que un eternamente caprichoso Kaiser tendría a Kurona en su habitación para que le ayude a peinarse por la mañana. 

- Kurona estudia estilismo 

- ¿¡Qué!? 

Llegaron a la habitación del emperador con Alexis haciendo pucheros de la envidia por ese dato y, en efecto, el mago podría jurar que el cabello de Kaiser se veía increíblemente suave desde su posición, idéntico al de un modelo de alta categoría, luciendo un degradado superior a lo profesional, casi natural.

Okey, ¡Kurona es mil veces mejor, ya lo entendió!

Ness se mordió la lengua, gesto que Isagi interpretó como nerviosismo, por lo que decidió tomar la palabra primero ante las atentas miradas del dúo que recién había caído en cuenta de su presencia y detuvo la sesión de cepillado de cabello. 

- Hola - Isagi saludó con una sonrisa ansiosa, pasando de Kaiser a propósito - ¿Podemos hablar a solas, Kurona? 

- No, no

Yoichi palideció más rápido de lo que Kaiser empezara a reírse. Incluso Ness no pudo evitar esbozar una sonrisa.

- Ya, ya. Aprende a ser más educado, Isagi - el emperador habló mientras pinchaba cariñosamente con un dedo la mejilla de Kurona, sentado a su lado en la cama -, que este tiburón sabe dar buenas mordidas. 

Aun así, Ranze accedió a ir con Yoichi después de tres “por favor” seguidos, finalmente dejando a los alemanes dentro del lugar donde sus problemas comenzaron.

- Kaiser… - susurró el mago con las manos en la espalda 

- Alexis… - susurró el emperador, incorporándose y después acercándose despacio hacia Ness.

Su rostro no reflejaba nada, pero otros detalles del cuerpo de Kaiser llamaron gratamente la atención del mago: ya no hinchaba el pecho, su caminar, aunque poco, reflejaba soltura y tranquilidad, al igual que sus manos. Nada en él parecía tener el mismo muro emocional que Alexis tenía que derribar para dirigirle la más pequeña palabra.

Otra vez la espina de celos…

Ness comprendió en ese segundo que su magia nunca hubiese sido suficiente, por más realista que fuese la situación. 

Maldito y bendito seas, Ranze Kurona. 

Sin embargo, todas las hileras enredadas de pensamientos que nublaban la mente de Alexis, se rompieron y cayeron como rayos de sol a su corazón cuando Kaiser lo abrazó.

Fuerte.

Posesivo.

Una mano vagaba entre la espalda baja y su trasero.

El aliento de su emperador le erizó los finos vellos del cuello.

- Te extrañé, brujito. Te extrañé demasiado.

Alexis Ness se derrumbó por completo.


Durante el transcurso del día, Alexis descubrió que las disculpas pueden ser tan dulces como el vino.

- En serio no tienes idea de lo mucho que lamenté haberte golpeado ese día. Yo… tuve una pesadilla y me sentí idéntico a esa bestia…

Kaiser se refería a su padre.

El corazón de Ness se oprimió al escucharlo.

- Lo siento. Te prometo que no volverá a pasar.

Y le cree. Alexis sabe que nació para confiar en cada palabra del amor de su vida y todo su ser disfrutó de la calidez de volver a ser los dos uno solo, volver a estar más juntos que antes, otra vez ser el sentido de vida del otro. Todo ese romance extremo es lo que nutre la vitalidad de Ness y, con el cuerpo de su emperador encima del suyo, acariciándole los cabellos con envidia y ternura, se siente más que contento y renacido de que todas las piezas hayan regresado a su lugar.

Justo como tiene que ser.

Así que… caída la noche y habiendo celebrado por un buen rato su reconciliación bebiendo vino… 

Alexis ronroneó cuando las manos de Kaiser comenzaron a deslizarse debajo de su camiseta, ya no con la curiosa exploración que duraba menos de un segundo, típica del Kaiser de la Academia, sino con más… interés.

Y su Kaiser tiene la piel fría, torturando el calor inmediato que el cuerpo de Ness produce siempre que se trata de su emperador, pero, oh, como lo disfruta…

Entonces…

Entonces…

La puerta se abre y Kaiser gruñe 

- Vaya - Micha ingresa con una boba sonrisa a ojos del alemán furioso -, veo que llegué en un buen momento

Antes de seguir su bestial instinto, Kaiser recuerda los consejos de Kurona y aparta la idea salvaje para darle prioridad a su alrededor, a lo que quiere Ness en este caso y, por la mirada ajena a cualquier sorpresa, ¿es posible que Alexis haya anticipado esta interrupción? Okey, tiene que comportarse…

- Hey - Kaiser se dirigió al impostor sin apartarse ni un centímetro de su mago -, gracias por cuidar de Alexis todos estos días, pero ahora estamos ocupados con algo.

- Así parece - Micha no cambió su expresión y solo se acercó más a la cama -. Sin embargo, no puedo irme cuando fue Lexi quién me invitó aquí

Una avalancha de pensamientos atacó terriblemente a Kaiser, todas centradas en qué rayos planeaba Alexis con esta deshonra a su intimidad. 

No, no, no, sus dedos presionaron tanto la cintura del mago que está seguro que le dejará huella. Tiene que calmarse…

Ah, ¿por qué dejó que Ranze se fuera con ese idiota? 

- Lo siento, Kaiser…

Ness lo apartó con cuidado y salió de la cama. El emperador se dejó hacer, casi paralizado por lo que sea que venga a continuación, imaginando el peor de los escenarios, aunque no estaba seguro de cuál sea ese en realidad. 

Alexis se colocó al lado de Micha e intercambiaron miradas. El “impostor” le sonrió y asintió.

- Lexi quiere hacer algo interesante contigo, Kaiser

- ¿Qué cosa? - respondió automáticamente

- Quiero… Quiero que me hagas el amor

Las mejillas de Ness se tiñeron del mismo color de su cabello, una imagen inmensamente adorable, pero que contrastaba con el ligero frotar de sus muslos que dejaba bastante en evidencia su pequeña erección… 

Kaiser recuerda que estuvieron en una situación así durante la Academia. Luego de una larga noche de besos en pijama, el emperador incluso había tomado la iniciativa de quitarle la parte superior de la ropa a Ness, para seguir dejando besos en la piel descubierta, pero al verlo del todo, el mago sonrojado, su respiración agitada, el bulto en su pantalón… Se acobardó y lo mandó a resolver sus asuntos en el baño, y que deje de ser una “puta barata”.

Kaiser no estaba listo para afrontar la sensualidad de Alexis sin el miedo de arruinarlo todo.

Pero, ahora las punzadas en su entrepierna son sangre que hierve de rabia y de deseo al mismo tiempo.

- Sin embargo, cómo es demasiado obvio que no tienes idea de qué hacer - la alegre voz de Micha le cayó como una castrante y burlona acusación -, primero vas a ver lo que yo hago con Lexi y ya si quieres lo imitas después, ¿okey? 

- No necesito aprender nada de ti, imbécil

- ¿Tan rápido ya te enojaste? Entonces esa compañía tuya no sirvió de nada

- Cierra la boca y no metas a Kurona en esto. Él hizo más que suficiente conmigo y soy mil veces mejor que tú en todos los aspectos, impostor de mierda

Kaiser se levantó de la cama e intencionalmente colocó a Alexis en medio de su pelea con Micha, por lo que cada vez que se acercaba más para intimidar al impostor, el cuerpo del mago se pegaba más al suyo, al punto de que Ness sentía su pene rozar con el de su emperador y su trasero rozar con el pene de Micha…

El mago se mordió el labio para esconder un gemido. 

- ¿Ah, sí? - Micha no dejaba su sonrisa de lado, bastante consciente de lo que está provocando - Pues para mí sigues siendo solo un gato chusco y arisco que nunca podrá hacer feliz a su dueño

- Mira y aprende, bastardo, mira y aprende.

Los labios de Alexis fueron los primeros en ser atacados. Kaiser no solo besaba, sino que los chupaba y lamía, mientras le sostenía con fuerza el mentón con una mano y con la otra se daba abasto del trasero del mago, acariciando descaradamente por debajo del pantalón y apretando como siempre quiso hacerlo, con fuerza y algunas nalgadas. 

Por su lado, Micha comenzó a morder los lados del cuello de Alexis y sus dedos a deslizarse por la esbelta cintura, hasta llegar al pene erecto y manosearlo también por debajo de la tela. 

Kaiser gruñó al darse cuenta de eso.

Micha se rió.

Ambos continuaron con sus ataques, empujando a la vez con sus pelvis para hacer más intensos los roces y logrando junto con eso que Alexis quede más apretado entre los dos. 

Ness estaba mareado.

¿En serio ambos están peleando por quién le da más placer? Esto es demasiado. No tiene idea de dónde colocar sus manos, pero su inconsciente le hace aferrarse al pecho de Kaiser y gemir cuando se le da un segundo de aire antes de que su lengua vuelva a ser capturada por el hambre, tanta hambre, de su emperador. 

Ah…

Nunca se había sentido mejor. 

Alexis se entregó por completo. Al diablo el pensamiento.

En algún momento, Kaiser se hartó de ese juego y tiró de la cintura de Ness para alejarlo de Micha y empujarlo a la cama. El pecho de Alexis siguió subiendo y bajando, y sus ya débiles piernas fueron descubiertas y abiertas con un solo movimiento en el que Kaiser le quitó el pantalón y la ropa interior al mismo tiempo. Entonces, Ness lo vió, los hermosos y mágicos ojos celestes de su amado nublados por la misma sombra de la bestia del fútbol, pero a la que jamás le tuvo miedo. Se sentía tan bien estar así de expuesto, ser tratado con esa rudeza, y también Micha quitó la camiseta, pero él lo hizo en medio de besos y susurros que le recordaban lo “hermoso” que es. 

- Oye, tranquilo, velocista - Micha detuvo a Kaiser por el hombro -. No seas bruto y asegúrate que Alexis se humedezca solo primero

- ¿Y cómo mierda hago eso?

De repente, cada mano de Alexis estaba en la cabeza de cada uno de sus rubios, mientras estos primero lamían y luego le chupaban los pezones, convertidos en bebés impacientes y voraces que le hacen llenar la habitación de gemidos y sonidos de succión. 

Alexis siente que podría correrse en ese momento, pero quiere tanto que alguno de los dos lo frote, le hace falta esa fricción…

Entonces, como si Kaiser le leyese la mente, deja su pobre pezón en paz y regresa a meterse entre sus piernas.

- Más te vale ya estar listo - hasta su voz se hizo un poco ronca -, estás colmando mi paciencia

Micha lo mordió sin hacerle daño en realidad, así que Ness apenas y pudo responder con un “lo siento” ahogado, antes de que Kaiser le mordiera fuerte el muslo derecho y empezara a masturbarlo.

Y después a usar su lengua…

Ah, no, la sobreestimulación… 

Alexis lloraba por tener el cerebro lleno de placer. No se le cruzaba que quizás ya lo hayan escuchado en todo Blue Lock o que eso hiciera quedar mal a su equipo y a su país, claro que no, al diablo todo. Nada ni nadie puede ser más importante que entregarse a su emperador, a dos versiones de él…

Así es como, sin tener idea de las horas que pasaron o en qué momento dejó de sentir las manos y la boca de Micha, lo último que Alexis recuerda de esa alocada noche, es tener todo el cuerpo de Kaiser encima de él y su respiración pesada devorándole la boca, en lo que su cuerpo experimentaba el sueño húmedo que solo había leído y fantaseado bajo las mantas. 

El amor de su vida le gemía deliciosamente mientras toda su virilidad le presionaba el punto dulce, cada vez más fuerte con cada salvaje estocada de la que Ness sabe que le destrozaba la cadera, pero que soportaría con mucho orgullo al amanecer.

Kaiser, SU Kaiser, su emperador, su bestia, su rosa azul…

Suyo y solamente suyo.

Alexis Ness desea y está seguro que el semen que le llena y se derrama de su interior, es la prueba definitiva de que estarán juntos durante toda sus vidas.

- Te amo, Alexis… Te amo tanto…

- Yo te amo más, Kaiser, mucho más…

Hoy, mañana y siempre.

Notes:

Por un momento pensé que algún otro personaje podría reemplazar a Micha, pero creo que todos sabemos que Ness no escucharía a otra persona que no sea su emperador.
¡Muchas gracias por leer! Espero que te haya gustado y si deseas ver más escritos o ser testigo de mi descenso hacia la locura, mi twitter es: @meduelelpechito