Chapter Text
El Upside Down ya no imitaba a Hawkins.
Había dejado de intentarlo hacía tiempo, como si la dimensión misma hubiera comprendido que no tenía sentido copiar un mundo que estaba condenado de todos modos. Las casas eran solo formas incompletas, esqueletos devorados por una materia viva que palpitaba bajo la superficie. Las calles se retorcían, hundiéndose en grietas que respiraban, y el cielo —si todavía podía llamarse cielo— latía en tonos rojos y negros, abriéndose y cerrándose como una herida que nunca cicatrizaba.
Steve Harrington avanzaba con dificultad, el bate con clavos firmemente sujeto entre las manos. Cada paso le dolía, no solo por las heridas abiertas en su cuerpo, sino por la presión constante que el lugar ejercía sobre él. El Upside Down no quería omegas allí. Nunca los había querido. Cada partícula del aire parecía diseñada para recordárselo, para empujarlo hacia abajo, para exigir sumisión.
Steve no cedía.
Su omega temblaba bajo su piel, alerta, tenso, pero Steve había aprendido hacía años que escuchar ese instinto no siempre significaba obedecerlo. A veces solo significaba sobrevivir.
Delante de él, el grupo se movía con dificultad entre los restos deformados de lo que alguna vez había sido su ciudad. Dustin caminaba encorvado, respirando con dificultad, murmurando teorías sin sentido como si el acto de hablar pudiera mantenerlo cuerdo. Lucas sostenía a Max, que apenas podía mantenerse en pie, los dientes apretados por el dolor. Robin avanzaba unos pasos detrás de Steve, demasiado callada, con la mirada fija al frente.
Y luego estaba Will.
Steve no necesitaba mirarlo para sentirlo. El aire alrededor de Will vibraba de una manera distinta, como si el Upside Down lo reconociera. Will era alfa, siempre lo había sido, pero ya no era solo eso. Algo se había despertado en él hacía tiempo, algo que Vecna había tocado y deformado, algo que ahora resonaba con la dimensión misma.
Jonathan caminaba cerca de su hermano, atento a cada movimiento. Steve podía percibirlo incluso entre el olor a sangre negra y moho: alfa, sí, pero con esa nota quebrada que solo tenían los Enigmas O. Una sumisión forzada, impuesta, que no nacía de deseo ni de elección, sino de violencia. Jonathan no hablaba de ello. Nadie lo hacía. Pero el mundo no se lo permitía olvidar.
El suelo tembló.
Steve se detuvo de golpe, levantando el puño para que los demás hicieran lo mismo. No era un temblor natural del Upside Down. Era un pulso. Un aviso.
Will se llevó una mano a la cabeza, respirando con dificultad. “Están aquí” dijo, con la voz apagada, como si hablara desde muy lejos. “Nos encontró”.
No dijo quién. No hacía falta.
La presión en el aire cambió de inmediato, volviéndose más densa, más opresiva. Steve sintió cómo su omega reaccionaba con una descarga fría en la espalda. No era miedo. Era reconocimiento. La sensación de estar ante algo que estaba por encima de la jerarquía normal.
Un Enigma tipo A.
Vecna no necesitaba estar presente físicamente para dominar el espacio. Su control se extendía como raíces invisibles, aplastando voluntades, doblando instintos. Los alfas sentían el impulso de obedecer. Los betas, el terror puro. Los omegas… los omegas luchaban contra el impulso primario de desaparecer.
“¡Plan B! ”, gritó Lucas, demasiado rápido, demasiado tenso.
No hubo tiempo para discutir.
Las criaturas emergieron de entre las estructuras orgánicas, rompiendo la falsa quietud del paisaje. No eran demogorgones como los que Steve recordaba de los primeros años. Estas cosas estaban mal, ensambladas sin cuidado, con demasiadas extremidades, bocas que se abrían donde no debería haberlas, cuerpos retorcidos como si Vecna hubiera dejado de fingir humanidad.
Steve atacó al primero casi por reflejo. El impacto recorrió sus brazos hasta los hombros, vibrándole los huesos. La criatura chilló con un sonido agudo que hizo que Dustin se tapara los oídos. Otra se lanzó desde un costado y Steve apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir el golpe seco contra las costillas.
Cayó al suelo, el mundo girándole alrededor. Se obligó a levantarse mientras su omega gritaba que era demasiado, que no estaba hecho para esto, que debía huir. Steve apretó los dientes y siguió.
Porque no había nadie más.
La pelea se volvió un caos absoluto. Gritos, disparos, golpes. Sangre negra salpicando el suelo, pegándose a la piel. Robin cayó una vez y Steve la levantó sin pensar, empujándola detrás de una estructura. Lucas disparaba sin parar. Max gritaba su nombre. Dustin lloraba mientras golpeaba a una criatura más pequeña con una barra metálica.
Y entonces Will cayó de rodillas.
No fue lento ni dramático. Simplemente ocurrió, como si algo lo hubiera desconectado desde dentro. Sus manos se hundieron en la tierra negra, los dedos temblando. Las venas oscuras comenzaron a marcarse en su cuello, subiendo como raíces vivas.
“¡Will! ”, gritó Jonathan, corriendo hacia él.
Steve se giró justo a tiempo para ver la expresión en el rostro de Will: pánico absoluto. No miedo a morir. Miedo a perder el control.
“No puedo”, dijo Will, con la voz rota, desgarrada. “Son demasiados. No puedo detenerlos”.
El Upside Down respondió como si hubiera escuchado.
El suelo se abrió en grietas, expulsando un pulso de energía que lanzó a varios al suelo. Las criaturas retrocedieron apenas unos segundos… y luego avanzaron con más fuerza.
Steve sintió el momento exacto en que algo se quebró.
No en el mundo.
En él.
Miró alrededor, rápido, desesperado. Heridos. Agotados. Sin salida. El dominio de Vecna presionaba cada pensamiento, cada instinto, como una mano invisible cerrándose alrededor de sus gargantas.
No iban a ganar.
Y entonces la vio.
Once estaba unos metros más atrás, arrodillada, sostenida apenas por Joyce y Hopper. La sangre le corría por la nariz y los oídos, empapándole el cuello. Sus ojos estaban abiertos, pero desenfocados, como si ya estuviera a medio camino de otro lugar.
Steve lo entendió antes de que nadie dijera nada. Este no era un plan.
Era un último recurso. Y el precio iba a ser el tiempo mismo.
Steve no recordaría después cuánto tiempo se quedó mirando a Once. En el Upside Down el tiempo era una idea frágil, algo que se doblaba y se estiraba según la desesperación del momento, pero hubo un segundo —solo uno— en el que todo pareció quedarse quieto.
Once estaba de rodillas, el cuerpo pequeño temblando, sostenida por Hopper por un lado y Joyce por el otro. La sangre le manchaba el rostro, deslizándose lenta por su barbilla, y aun así su presencia llenaba el espacio de una forma que ningún otro alfa podía lograr. No era dominancia bruta. Era algo más profundo. Poder sin forma. Voluntad pura.
Steve sintió cómo su omega reaccionaba ante ella, no con miedo ni sumisión, sino con una especie de reconocimiento extraño. Once no imponía jerarquía. La quebraba.
“No puedo hacerlo otra vez” murmuró ella, y su voz fue tan baja que Steve no estaba seguro de haberla escuchado con los oídos o con algo más. “Cada vez que toco… “se interrumpió, apretando los dientes “ algo se rompe.” dijo más para si misma que para los demás. A vista de Steve parecía tan rota, tan demacrada, es solo una niña, no debería estar metida en esto.
“Ya está roto"dijo Hopper, con la voz áspera, mirando a su alrededor “Mira este lugar. Siempre estuvo roto”
Las criaturas se reagrupaban a la distancia. No atacaban todavía. Esperaban. Como si alguien les hubiera ordenado disfrutar el momento.
Vecna.
Steve podía sentirlo, esa presencia aplastante que no necesitaba mostrarse. Un Enigma tipo A en su forma más pura: control absoluto sin esfuerzo visible. Vecna no estaba allí para pelear. Estaba allí para ganar.
Jonathan se acercó a Steve sin que este se diera cuenta. Se detuvo a su lado, la respiración irregular, el cuerpo tenso. Steve captó el temblor leve en sus manos, ese temblor que Jonathan odiaba que notaran, porque no pertenecía a ningún alfa “normal” .
“¿Qué está pasando?” preguntó Jonathan en voz baja, sin apartar la vista de Will.
Will seguía de rodillas, temblando, luchando contra algo que nadie más podía ver. Cada segundo que pasaba, el Upside Down parecía aferrarse más a él, como si intentara reclamarlo.
Steve abrió la boca para responder… y se dio cuenta de que no sabía qué decir.
¿Cómo se explicaba el final del mundo?
Once levantó la cabeza de golpe, como si hubiera escuchado un pensamiento que no era suyo. Sus ojos se clavaron en Steve, y algo en su expresión cambió. No sorpresa. Reconocimiento.
Steve sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
“Tú..” dijo Once, señalándole con un dedo tembloroso. “Tú no estás… “frunció el ceño tratando de encontrar las palabras correctas “No perteneces a esto. No lo haces, todavía tienes una oportunidad”
Hopper la miró, confundido. Joyce tragó saliva.
“Jane, cariño, ¿de qué hablas?”
“Él no está atado” insistió ella, con más fuerza “Todos los demás… sí. Él no. No está marcado”
Steve sintió el peso de todas las miradas sobre él. Tragó saliva, incómodo.
“Soy solo un omega"dijo, más por reflejo que por convicción. “No tengo nada especial.”
Once negó con la cabeza, casi con desesperación.
“Por eso” respondió con rapidez mientras trataba de mantener una forma correcta de respirar, sonaba tan..exhausta. “No tienes conexión. No con esto.”
El rugido volvió a sacudir el aire, más cerca esta vez. El suelo tembló y una de las estructuras orgánicas se desplomó a pocos metros de ellos.
Will gritó.
Jonathan corrió hacia su hermano sin pensarlo, arrodillándose frente a él. Le tomó el rostro entre las manos, obligándolo a mirarlo.
<“Hey, hey, estoy acá” le dijo con desesperación en su tono de voz “No te vayas. No ahora.”
Los ojos de Will se encontraron con los suyos, llenos de lágrimas.
“Lo siento” susurró lastimeramente. “Lo intento… pero él es más fuerte. Lo siento, lo siento mucho”
Steve sintió una presión brutal en el pecho. Vecna no solo dominaba el Upside Down. Dominaba a los alfas. Y Will, por más fuerte que fuera, seguía siendo un chico atrapado en una guerra que nunca pidió.
Once volvió a mirar a Steve, y esta vez no hubo duda en su expresión.
“Puedo enviarte atrás” dijo.
El mundo parecía detenerse.
Hopper se giró hacia ella de inmediato. “¿Qué?”
“No” dijo Joyce al mismo tiempo, negando con la cabeza. “No, eso es demasiado peligroso.”
Steve no dijo nada. Su mente estaba extrañamente en calma, como si una parte de él siempre hubiera sabido que esto iba a pasar.
“Al principio” continuó Once con la voz quebrada “Antes de que todo esto empiece de verdad. Antes de que él…” apretó la mandíbula con tanta fuerza que Steve pensó que podría romperse “aprenda tanto”
Jonathan se puso de pie de golpe. “¿Mandarlo atrás? ¿Cómo que atrás?”
Once lo miró, y por un segundo Steve creyó ver algo parecido a tristeza en su rostro.
“El tiempo no es una línea “ dijo seriamente mientras los observaba. “Es más como…” frunció el ceño, buscando las palabras. “Capas. Puedo empujarlo a una que ya existe.”
“ ¿Y qué pasa con nosotros?” preguntó Dustin débilmente. “¿Desaparecemos?”
Once no respondió de inmediato.
Steve dio un paso adelanté.
“El futuro “ dijo, lentamente. “Este futuro… ¿dejaría de existir?”
Once asintió.
“Tiene que hacerlo” respondió. “Si no, se rompe todo.”
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier rugido.
Steve pensó en todas las veces que había sentido que no encajaba del todo. En cómo el mundo siempre le había dicho que un omega no estaba hecho para liderar, para decidir, para sacrificar. Pensó en cada persona que había perdido. En cada error.
Pensó en Jonathan. Carajo, habían comenzado a salir solo unas semanas atrás antes de que todo se desmorone, se sentía tan frustrado ahora mismo.
Jonathan estaba mirando a Once con el ceño fruncido, el cuerpo rígido. Luego, como si sintiera la mirada de Steve, giró la cabeza y lo miró.
Se miraron durante un segundo que se sintió eterno.
“No” dijo Jonathan, negando con la cabeza. “Tiene que haber otra forma. Él no.. no debería, es peligroso, ¿no? ¿por qué arriesgarse? ”
Steve sonrió, apenas.
“Siempre dices eso” respondió. “Y siempre terminas teniendo razón… excepto cuando no.”
Jonathan apretó la mandíbula. Steve pudo oler el conflicto en él: alfa y sumisión chocando, orgullo y miedo enredándose.
"Si te vas..” dijo Jonathan en voz baja. “no vas a saber si funcionó… “
“Lo sé.” respondió Steve con amargura.
“No vas a saber si estamos bien.” Jonathan sonaba tan desesperado, tan roto, tenía miedo. Steve lo sabía, había pasado la mayor parte de su vida mirándolo, sabe perfectamente la forma en la que su cuerpo se tensa cuando algo le genera miedo y lo odia. Odia saber que su alfa se siente así.
“Lo sé.” Steve sabé que esto no está bien, que no es fácil, que es peligroso, lo sabe y sin embargo lo hará por que es lo correcto, por que es la única opción desesperada que les queda.
Jonathan dio un paso más cerca. Estaba demasiado cerca. Steve podía sentir su calor, su olor, esa mezcla extraña que siempre había sido Jonathan: fuerza quebrada, resistencia silenciosa.
“Entonces no lo hagas “ susurró débilmente, lo miraba con tanto cariño y con tanto temor al mismo tiempo.
Steve tragó saliva. Por primera vez desde que despertó en ese infierno, dudó.
Miró a Will, a Dustin, a Lucas, a Max. Miró a Joyce, con el rostro lleno de miedo y determinación. Miró a Hopper, que ya había entendido que esta era una de esas decisiones que no podían detenerse.
“Si no lo hago” dijo Steve lentamente arrastrando las palabras “todos moriremos de igual forma”
Jonathan cerró los ojos por un segundo. Cuando los abrió, su mirada era distinta. No resignada. Decidida. “Entonces prométeme algo.”
Steve frunció el ceño. “¿Qué?”
Jonathan le tomó el brazo con fuerza, clavándole los dedos como si quisiera asegurarse de que era real. “Búscame. Porfavor, házlo “
Steve sintió que algo se le rompía en el pecho. Incluso ahora, incluso ahora Jonathan lo miraba de esa forma, con admiración y amor, como si supiera que lo lograra y simplemente quisiera asegurarse de formar parte de su vida de nuevo.
Asintio con una leve sonrisa “ Lo prometo.”
Once se levantó con dificultad, tambaleándose. Hopper y Joyce intentaron ayudarla, pero ella los apartó con un gesto débil.
“Tiene que ser ahora” grito Once. “Él ya se dio cuenta. ¡Vete! “
Como si la hubiera escuchado, la presión en el aire aumentó. El Upside Down rugió, furioso, y Steve sintió cómo Vecna apretaba su control, como una garra invisible.
Once levantó las manos. Steve apenas tuvo tiempo de mirar una última vez a Jonathan. Luego, el mundo se dobló sobre sí mismo.
El Upside Down no explotó.Se quebró.
Steve no sintió dolor al principio. Sintió desorientación, como si su cuerpo hubiera olvidado de pronto en qué dirección existía. El suelo desapareció bajo sus pies y, durante un segundo eterno, no hubo arriba ni abajo, ni rojo ni negro. Solo presión. Una presión inmensa, que le apretaba el pecho y le tironeaba de algo que no sabía que tenía.
El tiempo.
Vio colores que no tenían nombre. Rojo, sí, pero no como la sangre. Azul, pero no como el cielo. Capas superpuestas, vibrando, chocando entre sí. Steve tuvo la sensación de estar cayendo a través de recuerdos que no eran solo suyos.
Vio a Dustin riendo en una mesa de D&D.
Vio a Max gritando su nombre.
Vio a Robin hablándole rápido, nerviosa, viva. La extrañaba tanto.
Vio a Jonathan.. Ese fue el golpe más fuerte.
Jonathan estaba allí, pero no como en el Upside Down. Era más joven. Tenía menos ojeras, menos peso en los hombros. Estaba parado en una cocina desordenada, discutiendo con Lonnie, la voz tensa, el cuerpo rígido. Steve no escuchó las palabras, pero sí sintió como alguien más se acercaba y luego el estallido posterior: la mordida. El dolor. El quiebre. El grito de Jonathan.
Steve gritó.
No de miedo, no, grito de rabia.
La presión se intensificó de golpe, como si algo hubiera respondido a ese grito. Una presencia se deslizó entre los colores, observándolo.
Henry.
No tenía forma definida allí. Era solo voluntad. Dominio puro. Un Enigma tipo A llevado al extremo, tan acostumbrado a controlar que incluso el tiempo parecía doblarse ante él.
“No puedes huir” dijo la voz, aunque Steve no supo si la escuchó o la sintió.
Steve apretó los dientes. Su omega gritaba, pidiendo rendirse, desaparecer, dejar de luchar. Pero había aprendido algo en ese futuro roto: ser omega no significaba ser débil.
Significaba resistir.
“No estoy huyendo” pensó, con una claridad que lo sorprendió “Estoy volviendo.”
La presión cambió.
Steve sintió cómo algo se soltaba de golpe, como un ancla arrancándose del fondo del océano. El rojo retrocedió. El azul avanzó. Dos líneas se separaron violentamente, y en ese instante Steve supo, sin que nadie se lo dijera, que la línea roja estaba condenada.
Tenía que desaparecer.
Para que la otra pudiera existir.
La última imagen que vio fue Once, de rodillas en el Upside Down, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas y sangre, sus manos temblando mientras sostenía el quiebre del mundo con pura voluntad.
"Ten cuidado" escuchó, suave, como un eco. Si fuerzas demasiado… todo se rompe.
Y entonces cayó.
Steve despertó jadeando, incorporándose de golpe, con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escaparse.
El aire era limpio.Demasiado limpio.
No había olor a hierro, ni a moho, ni a sangre negra. Solo el aroma familiar de detergente barato y polvo. La luz del sol entraba por la ventana, cálida, real.
Steve parpadeó varias veces, desorientado. Estaba en su habitación, la de antes de todo.
Demasiado ordenada para alguien que acababa de atravesar el infierno.
Se llevó una mano al pecho, esperando sentir el dolor de las heridas, la presión constante del Upside Down. No había nada. Su cuerpo se sentía… ligero. Joven.
Demasiado joven.
Se levantó de la cama con movimientos torpes y caminó hasta el espejo del armario. Lo que le devolvió la mirada le robó el aire de los pulmones.
Dieciséis años.
Pelo intacto. Rostro sin cicatrices. Ojos sin ese cansancio viejo que había aprendido a cargar.
“Jesús, funcionó..”susurró débil para sí mismo.
Retrocedió un paso, chocando contra la cama. El mundo no se desmoronó. No hubo monstruos. No hubo grietas.
Solo normalidad. Entonces lo escuchó. La radio, desde la cocina, está encendida a un volumen bajo.
“…continúa la búsqueda del niño desaparecido, William Byers, visto por última vez anoche tras salir de la casa de un amigo…”
Steve se quedó completamente quieto.
El día después.
El principio exacto.
Su omega reaccionó de inmediato, no con miedo, sino con una tensión nueva, alerta. El mundo aún no sabía nada. El Upside Down estaba escondido. Vecna aún no tenía nombre.
Y nadie, absolutamente nadie, iba a creerle.
Steve se dejó caer en la cama, respirando hondo, intentando ordenar el caos en su cabeza. Tenía recuerdos que no encajaban con ese mundo. Personas que aún no eran lo que llegarían a ser. Decisiones que todavía no existían.
Y una promesa.
—"Búscame, porfavor"—
Jonathan Byers estaba allí. En Hawkins. Vivo. Roto de una forma distinta. Sin saber lo que estaba por venir.
Steve cerró los ojos por un segundo.
No podía correr.
No podía advertir a todos.
No podía salvarlos de golpe.
Tenía que ser sutil.
Mover piezas pequeñas.
Hacer que otros llegaran a la verdad por sí mismos.
Como un omega aprendiendo a sobrevivir en un mundo que no estaba hecho para él.
Steve se puso de pie, agarró su chaqueta y respiró hondo una última vez antes de salir de la habitación.
“Está bien” murmuró para sí mismo de nuevo. “Esta vez… no los voy a dejar atrás.”
La cámara imaginaria se quedó en el calendario colgado en la pared, 6 de noviembre de 1983. El día después de la desaparición de Will Byers. El inicio de una historia que ya había terminado una vez…y que Steve Harrington estaba decidido a cambiar.
