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La dama de la máscara negra

Summary:

Choi Soobin tenía una sola misión por cumplir.

Sin embargo, una hermosa mujer logra cautivarlo, y por ello, sus planes están al borde del fracaso.

Notes:

Me inspiré en la melodía "The Second Waltz- Dmitri Shostakovich, por lo que, recomiendo escucharla mientras se dé la lectura. :3

Work Text:

En la fría noche de París, un varón de cabellos negros oscuros y piel de tez clara, espera por una copa de vino, mientras que sus oídos se deleitan por los instrumentos que empiezan a ser tocados con frenesí y armonía, llenando el salón de candelabros con el ruidoso fruto de partituras, pero agradable.

Se le ha mandado por pedido de sus superiores que debe de asistir a aquella fiesta para poder capturar a uno de los ladrones más buscados del momento en aquel país del amor.

Un hombre de cabellos negros y extensiones castañas, de nacionalidad asiática. Y que buscará robar una importante joya que ahora en esos momentos, él posee. Cuidandola del sinvergüenza forajido que compartiría lugar de estadía en esos momentos con él. Pues este se encontraría en la fiesta, para hacerse pasar por un invitado, y así robar esta reliquia.

Pero lo que no sabía el pelinegro de mechas castañas, era que lo atraparía con las manos en la masa.

Una vez acabase de tomar aquel líquido carmesí, dejó la copa vacía en la mesa de aperitivos.

Carraspeó la garganta.

Era la hora.

Los invitados comenzaron a entrar. Las mujeres de alto estatus que usaban vestidos llamativos, y hombres con trajes elegantes y costosos, relojes y sombreros de lujo, llevaban zapatos negros, así como las mujeres que usaban tacones o pequeños zapatos de bailarinas.

Todos tenían algo en común. Llevaban máscaras que cubrían casi sus ojos. De diferentes colores y tamaños, algunos con plumas y otros con perlas, de cuero y afelpados.

Después de todo era una fiesta con esta temática en especial.

Entre los varones inició su búsqueda de encontrar el rostro del ladrón.

Eran muchas personas, por ello no podía localizar la cara con facilidad.

La música comenzó a resonar más. Violines y piano eran los instrumentos principales.

Se despegó de la mesa. Las parejas comenzaban a formarse y a reunirse al centro. Los caballeros de trajes elegantes tomaban de la mano y cintura a las damas de hermosos vestidos para poder bailar aquella pieza con ellas.

Todos tomaban de la mano a su respectiva pareja, de a poco iniciando el movimiento al ritmo de los instrumentos.

Se le ocurrió de repente una idea. Es por ello que se asomó más a la pista de baile.

Una agraciada muchacha de cabellos lacios y labios delgados se le presentó. De rasgos asiáticos; llevaba un vestido color rojo oscuro y máscara de plumas moradas.

Choi Soobin tomó la mano de la linda chica, aceptando su invitación a bailar. Como planeó, al compás de la música, sosteniendo la cintura de la fémina con cuidado, se movía ágilmente.

Mientras que las demás parejas de igual forma.

Buscaría al ladrón, mientras disfrutaba de un poco la música. Y el vaivén suave que sus pies y manos ejercían.

Las personas bailaban con alegría, sonrisas grandes plasmadas en sus rostros.

Él también bailaba con euforia. A pesar de la misión que tenía, se dejó llevar por el momento.

Hasta que en uno de esos movimientos en donde giró el cuerpo de su acompañante de baile, su mirada paró en una mujer de cabellos color caramelo, con máscara color negra y vestido color azul marino. Afelpado abrigo turquesa y brillante corset de tonos azules.

Abrió los labios en sorpresa. Tanta era la belleza de aquella fémina que no lograba comprender si es que realmente existía. Parecía ser una diosa de la mitología griega para él.

Llegó el momento en el que se tenían que intercambiar parejas, es por ello que dejando a la muchacha a su suerte, se acercó a propósito a la señorita de máscara negra.

La fémina volteó al ver que se tenían que cambiar parejas. Sonriendo al ver al nuevo rostro, que bailaría consigo.

Sujetó su cintura y la de cabellos caramelo enrolló su cuello con suavidad.

Sus labios carnosos color carmín por el bálsamo brillante aplicado. Sus felinos ojos que lo veían atenta. La máscara negra que sostenía una flor negra artificial cubría su nariz, pero ha de creer que de seguro sería perfecta.

Sus cabellos medio largos se movían junto a sus pies, su vestido de igual manera.

Mordió el labio inferior para evitar soltar un suspiro. Se dejó llevar más y más, a medida de que la canción sonaba más fuerte y con mucha más enajenación.

Choi Soobin tomó su mano para entrelazar sus dedos. Y darle una vuelta completa, en donde admiró su estrecha cintura y cuerpo perfecto.

Quiso preguntale desesperadamente por su nombre y apellidos. Aquella mujer misteriosa logró cautivarlo por completo.

De sus labios salió una pregunta.

Mostró sus dientes perfectos en una sonrisa maravillosa, el de hoyuelos sonrió también.

Más curiosidad logró despertar en él al no obtener respuesta. Solo un acercamiento a su rostro inesperado.

Y un siseo suave.

Se quedó viéndole atontado, al tiempo en que sus pies nunca dejaron de moverse.

Llegó de nuevo el momento en el que se tuvieron que cambiar acompañantes, la de máscara negra se alejó del alto con suavidad, separando el agarre de sus manos en donde las yemas de sus dedos le rozaron la palma.

El de tez clara olvidó su misión. Y se maldijo internamente por ello.

Salió del tumulto de parejas que bailaban, para hacerse a un lado y apegarse a la mesa de bocadillos.

Comenzó a formular alguna forma de encontrar al ladrón cuanto antes, pero la muchacha ahora rondaba en su cabeza aunque no lo quisiera.

Dispuesto a ir al segundo piso para ver desde el balcón algún indicio del antes mencionado, una mano tocó su hombro.

Sus mejillas se calentaron al ver a la ahora dueña de sus pensamientos sonreírle.

Se dejó llevar por la de máscara negra quien sorpresivamente tomó su mano.

La música agradable resonaba por sus oídos, era ésta más suave que se sentía estar en un sueño flotando entre nubes mientras la de abrigo afelpado le llevaba hacia uno de los rincones del salón.

Se preguntó por la repentina acción. Y cuando iba a mencionarla en voz alta, calló al sentir las manos suaves de la de hebras caramelo sostenerle las mejillas con delicadeza.

Grande fue su sorpresa al sentir su aliento cerca de sus labios. Y más cuando sus brazos le rodearon.

Por inercia el de hoyuelos sostuvo su cintura.

Y quien tenía máscara negra, se acercó acortando cualquier tipo de distancia, uniendo sus labios.

Choi se desmayaría en aquel mismo momento. La experta mujer comenzó a mover sus labios frenéticamente, él no se quedó atrás.

Ella inició acariciando sus cabellos, luego hombros, hasta llegar a sus caderas en sorpresa. Choi no puso resistencia, solo sostenía a la fémina de la cintura. Concentrado en sus labios gruesos, que parecían ser una droga.

Esponjosos y suaves, llegaban a hacerlo sentir el mismo paraíso. Como si estuviera probando una mordida de la manzana pecaminosa del Edén.

Así de dulce.

Sus labios mordieron su labio inferior. Y estuvo confundido por la experiencia repentina que mostraba la contraria.

Finalmente se separaron por la falta de aire. Sonrió de nuevo y Soobin sonrió embobado otra vez.

Sin notar la ausencia de algo a causa del fogoso beso.

Sorpresivamente aquella no habló, pero, indicó con sus dedos, con un leve puchero en los labios, que debía de ir a los servicios higiénicos.

Él asintió, moviendo la cabeza, ansioso. La siguió hasta un punto.

Quería preguntarle una vez saliera del retocador qué había sido esa acción.

Se tocó los labios, recordando el suave tacto. Y suspiró.

Sus caderas se movieron desesperadamente, haciendo al de mayor altura suspirar más.

Hasta que desapareció de su vista al verla entrar al servicio.

Esperó. Sus pies comenzaron a moverse, mirando de aquí para allá. Olvidando su misión por completo.

Se alarmó al oír un fuerte sonido proveniente de adentro. Y corrió hasta el baño.

Preguntó si estaba bien. Mas no recibió respuesta, y comenzó a formular miles de escenas negativas. Es por ello que por impulso, abrió la puerta del baño cerrando los ojos.

Abrió los párpados y sus ojos se abrieron desmesuradamente.

Ahí estaba ella con una sonrisa burlona en sus labios color carmín. Sosteniendo el anillo valorizado en millones, con ambas piernas fuera de la ventana del baño.

Se palpó los bolsillos del pantalón y la reliquia no estaba. ¿Cómo?

Estaba atónito. Pero más, al ver que "la muchacha" se quitaba una peluca, mostrando su verdadero cabello color negro con extensiones castañas, y la máscara negra.

Jadeó al ver su rostro.

"Choi Yeonjun", pronunció. Su voz grave delató la verdad que escondió.

El nombre del ladrón que buscaba. Y que con astucia, había concluido en muy poco tiempo, que el de hoyuelos era el que poseía la joya.

Aquel le mandó un beso volado besando su propia palma y haciendo un ademán, guiñándole el ojo y yéndose del lugar sin antes cerrarle la ventana en la cara.

Soobin llamó a los guardias de seguridad. Que lo atraparan, dijo. Y ellos le hicieron caso.

Pero muy de seguro él lograría escapar. Sonrió negando.

La dama de la máscara negra no era una dama, sino un caballero de hermosas facciones.

Y por algún motivo. A pesar de que seguro lo despidirían por su falta gave, no podía sentirse preocupado por el hecho de que se habían llevado el anillo.

Aún seguía aturdido. Confundido.

Y más que nada, yacía suspirando por el encantador hombre que hace minutos le había robado el aliento.

Perdidamente enamorado. Y ahora, estaba dispuesto a buscarlo por todo París, no para atraparlo y llevarlo tras las rejas, sino para de nuevo sentir sus dulces labios.

A aquella "Dama de la máscara negra."