Chapter Text
Asaltar barcos de esclavos era de los trabajos preferidos del ejército revolucionario en sus comienzos.
Aún no tenían base, puesto que ir al reino kamabakka era arriesgar a las okamas de Ivankov y Dragon lo que menos quería era víctimas en fuego cruzado.
Así que por ahora se basaban en atracar barcos de nobles que querían llevar esclavos Mary Geoise y devolverlos a su tierra natal.
Se ganaron una fama con eso. La recompensa de Dragon aumentaba cada vez más con una velocidad increíble que él estaba seguro que si su madre siguiera viva, le daría algo.
—Si hay algo que les atraiga más a los nobles es un esclavo poderoso y famoso —dijo Ginny leyendo el reporte de lo que había investigado. Ginny era increíblemente hábil en la investigación, tanto que Dragon se sorprendió al enterarse que todo el incidente de God Valley, prácticamente fue a causa suya luego de divulgarlo—. Sobre todo cuando se trata de las Kuja.
Durante su corta estadía en la marina, Dragon aprendió quienes eran las Kuja. Una famosa tribu de solo mujeres que eran consideradas las más hermosas del mundo.
—Según lo que he encontrado, secuestraron a la actual emperatriz, Tritoma —continuó Ginny—. Desconozco si la tomarán como esposa enseguida o la usarán como premio en los próximos juegos que hacen los tenryubitos como lo hicieron con Shakuyaku.
—Aún no tenemos información sobre el nuevo lugar en dónde se harán los juegos —explicó Kumma—. Pero será dentro de uno o dos años, así que es el tiempo suficiente para tenerla secuestrada.
—¿En dónde podemos interceptarlos?
—Depende de cuánto muevas el barco con tu viento, al anochecer antes que lleguen a Sabaody —respondió Ginny. Dragon asintió y se levantó para salir a cubierta y dirigir los vientos para que el Wind Granma tomara rumbo a Sabaody.
Al atardecer, fue avistado un enorme buque noble. Ostentoso, forjado bajo manos de esclavos en condiciones insalubres. Eso enfureció a Dragon.
—¡Prepárense! ¡Tomen armas! —ordenó.
Pronto, la enorme cubierta se llenó de revolucionarios armados preparados para abordar y hacer su trabajo: Liberar.
Dragon dirigió el barco y con su haki, logró derrumbar a la mayoría de los que estaban en cubierta antes que solicitaran ayuda.
No iba a ser un encuentro silencioso, pero Dragon trataba de evitar que hubiera heridos.
Luego de abordar y que los revolucionarios se encargaran de la cubierta, reunió a un pequeño grupo y, haciendo uso de su haki de observación, buscó el calabozo en dónde tenían a los esclavos.
Había un grupo de quince personas reunidas en el fondo y encadenadas cuando abrieron el calabozo.
—Somos el ejército revolucionario —indicó Dragon a los esclavos—. Vinimos a liberarlos.
Notó alivio y lágrimas en las personas. Dos revolucionarios hicieron guardia en la puerta mientras las cadenas eran rotas. Luego, Dragon recordó lo que había dicho Ginny.
—¿Hay algún otro esclavo que no esté aquí? —preguntó. Una mujer, claramente embarazada, señaló una puerta al final. Esta estaba asegurada con un fuerte cerrojo.
—Hay una mujer ahí —dijo—. Luchó como una guerrera, parecía una pirata, pero eran más que ella. Está muy herida. Según escuchamos, es la más valiosa.
Dragon se acercó a la puerta y, usando su haki, destruyó el enorme candado. La puerta se abrió con un chillido y Dragon quedó paralizado con lo que vio.
Era una celda ostentosa, como si fuera propiedad exclusiva de un noble para mantener un juguete. Y ahí, colgada de brazos en la pared, había una chica inconsciente completamente desnuda.
Estaba exhibida, objetificada hasta el punto de deshumalizarla. Tenía moretones y golpes por todo el cuerpo, sin embargo, su rostro no mostraba signos de maltrato y estaba maquillada. Y esta era la forma en que los nobles trataban a las mujeres.
Dragon sintió asco.
Se acercó a la chica, tomó su capa y cubrió su cuerpo desnudo. Haciendo uso de su haki destruyó las cadenas y la tomó antes de que cayera al suelo.
La cargó en brazos. Era bastante pequeña y parecía frágil, pero era una pirata, una emperatriz y Dragon estaba seguro que dió buena pelea.
Las Kuja eran de temer.
Salió de la habitación cuando ya sus compañeros estaban acompañando a los esclavos fuera del calabozo. El barco estaba en total silencio demostrando que ya los revolucionarios tenían el control.
Otro rescate satisfactorio.
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El Wind Granma estaba pensado para rescatar, así que tenían una enfermería lo suficientemente grande y suficientes revolucionarios especializados en medicina para atender heridos.
Ivankov se encargaba de los que peor condición se encontraban, así que atendió a la chica en brazos de Dragon de forma primordial.
Tres costillas rotas, hemorragia interna, y muchos golpes. Dragon admiró lo mucho que se defendió, dado que su posición como emperatriz hubiera evitado que le hicieran mucho daño, por el simple hecho que entre menos daño tuviera, mejor costo tendría en Mary Geoise.
—Siempre me ha parecido increíble lo bonitas que son las Kuja —dijo Ginny mientras, con un paño húmedo, limpiaba el maquillaje del rostro de la chica.
—¿Te hubiera gustado ser una kuja, Ginny? —preguntó Dragon. Ginny frunció el ceño.
—Soy feliz de ser lo que soy —respondió la chica—. Pero confieso que me hubiera gustado nacer en un contexto diferente a ser una esclava. Sin embargo ¿Qué diferencia hay? Las Kuja son constantemente perseguidas por los nobles por su belleza. Las quieren de premio, las quieren de esclavas, las quieren de esposas. ¿Qué sentido tiene ser libre si algún horrible noble decide encapricharse contigo y de repente querer arrebatarte la libertad?
—Por eso luchamos como luchamos, Ginny —dijo Dragon cruzándose de brazos—. Vivimos un infierno desde diferentes ángulos en God Valley y eso nos abrió los ojos hacia el daño del mundo. Hacia lo podrido que está.
Ginny asintió y quedaron en silencio. Luego ella partió para buscar comida para la mujer dormida cuando despertara.
Dragon quedó cuidándola, para que no se sintiera abrumada cuando despertara en una habitación desconocida.
Solo que no contó con algo importante.
El trauma de una mujer esclavizada al despertar y ver a un hombre en la misma habitación en dónde ella estaba.
Así que Dragon no tuvo tiempo de reaccionar, ni siquiera con su haki, cuando ella abrió los ojos y lo vio. Se movió tan rápido que no previó el momento en que su pie se clavó en su rostro mandándolo a volar unos metros y rompiéndole la nariz en el acto.
Cuando Dragon pudo reaccionar, ella estaba con su capa cubriendo su desnudez, en posición de ataque con la intención de golpearlo nuevamente.
La sangre de Dragon vibro mientras sentía su barbilla mancharse de la sangre que salía de su nariz, totalmente sorprendido porque nunca nadie había podido asestarle un golpe antes y menos dejándole con dolor de cabeza.
—¿Quién eres? —exclamó la mujer— ¿En dónde estoy? —Dragon se fue a levantar y enseguida pudo sentir lo que venía.
Desvió su cabeza y rozando por su oído, pasó una jeringa que sin duda debió tomar del cubo de basura.
—Quédate ahí sentado —ordenó. Dragon la miró y notó que tenía otras jeringas en su mano, preparándose para lanzarlas—. Te repito, solo tienes que hablar: ¿En dónde estoy?
—Estas bajo custodia del ejército revolucionario —respondió Dragon, su voz sonando extraña debido a la, sin duda, extraña posición de su nariz. Ella frunció el ceño.
—¿Ejército revolucionario? He escuchado de ustedes.
—Liberamos a los esclavos del barco en el que estabas. Puedes bajar la guardia, estás fuera de peligro. Mi doctor se encargó de curar todas tus heridas. Estás a salvo.
Las jeringas de la mano de la chica cayeron y luego ella tembló, cubriéndose más con la capa de Dragon como si esta le brindara refugio. Sus rodillas chocaron con el suelo con un ruido que le hizo hacer una mueca debido al dolor que debió haber sentido.
Se fue a levantar, con la intención de ir a consolarla cuando ella le gritó:
—¡No te acerques! —Había lágrimas cubriendo su bonito rostro mientras trataba de cubrir cada trozo de piel.
Era normal eso en las que habían sido esclavas. Era una respuesta al abuso, al haber sido tocadas en contra de su voluntad, era como sentían que su propio cuerpo les volvía a pertenecer.
Dragon quería hacer algo por ella pero sabía que no podía hacer nada. Solo una mujer podía hacer algo y se regañó al no pensar en dejar a Ginny.
La puerta de la enfermería se abrió y la mujer se sobresaltó. Por suerte, quien entró fue Ivankov en su versión femenina.
—Oh, estás despierta, pastelito —le saludó con voz empalagosa. La Kuja la miró sorprendida, con el rostro cubierto de lágrimas.
—Ella es nuestra doctora principal —respondió Dragon ante la pregunta no dicha—. Curó tus heridas.
Ivankov lo miró y soltó una risa escandalosa.
—Veo que ya tuvieron un gran encuentro, Dragon —dijo acercándose a Dragon y brindándole un pañuelo. Dragon se limpió la sangre de la nariz y luego, a manos de Ivankov, esta volvió a su lugar.
Cuando se puso de pie vio a la mujer, ella estaba muy roja, desviando la mirada.
—Ivankov verá cómo siguen tus heridas —le dijo—. Ginny te traerá algo de comer y algo de ropa. Bienvenida.
Y se alejó sabiendo que ella ya estaba segura.
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Las manos suaves de la revolucionaria tomaron sus brazos y la guiaron nuevamente a la cama. Ahí, le pidió que se despejara la capa para verle las heridas.
Tritoma obedeció como había dejado de hacerlo desde que tomó el mando en su tribu. Aún mantenía en su mente el rostro sangrante del hombre. Pero lo que más mantenía era el nombre.
Dragon.
Claro que ella reconocía ese nombre.
Era el comandante supremo de los revolucionarios.
Y ella le había pateado la cara y le había roto la nariz.
—Golpee a tu líder —dijo Tritoma a Ivankov—. ¿Porque eres amable conmigo? —las kujas jamás harían eso. Defendían a su emperatriz con uñas y dientes desde muy pequeñas. Tritoma desde los doce junto a sus compañeras estaba defendiendo a Gloriosa de la marina y otros piratas.
—¡Ja! Estabas asustada, él no es rencoroso a menos que sea una injusticia. Nunca había visto a alguien capaz de pasar sobre el haki de Dragon.
—Las kujas somos maestras del haki —reveló.
—Tiene todo el sentido del mundo. Bien, pastelito ¿Cuál es tu nombre?
—Tritoma.
—¿La emperatriz? —ella asintió. Acarició sus orejas, sintiendo sus pendientes de serpiente que la identificaban como actual soberana—. ¿Quieres hablar de lo sucedido? —la puerta se volvió a abrir y entró una muchacha de pelo rosa con una bandeja de comida. La miró y sonrió.
—¡Despertaste!
—Y le rompió la nariz a Dragón —se burló Ivankov. Ginny soltó una risa. En verdad el panorama la tenía sorprendida. Las kujas jamás aceptarían una falta de respeto de su tripulación hacia su emperatriz.
—¿Hace cuanto fue el rescate? —preguntó.
—Ayer —dijo Ginny dejando la bandeja de comida en la cama. Una crema con pan y el estómago de Tritoma rugió. La habían tenido sin comida, debido a que creían que de esa forma ella sería más dócil. Sin vergüenza, comenzó a comer mientras Ginny le explicaba el rescate—. Dragon contó que te tenían en una habitación diferente.
—Me iban a llevar como esposa de un dragón celestial —respondió Tritoma—. Garling, escuché. El hombre había querido tomar a Shakky como esposa y como no pudo, se ha dedicado a buscar otras kujas. Otra emperatriz le era valiosa.
Notó que Ivankov y Ginny se miraron, pero no dijo nada.
—¿Te tocaron? —preguntó Ginny—. Estabas desnuda.
—No que yo sepa —reveló frunciendo el ceño y apretándose la capa—. La desnudez significó humillación. Además, el comprador tenía que ver bien la mercancía.
Recordaba claramente eso. El den den mushi de video tomando cada toma de su cuerpo desnudo.
Y luego las llamadas. La dejaban sola en la habitación con un Den den mushi en el que podía escuchar gemidos desde el otro lado del hombre, su comprador, claramente tocándose mientras veía las imágenes de su cuerpo.
¿La tocaron? No.
Pero encontraron otras formas de abusar de ella.
Se cubrió más con la capa. Tenía un olor reconfortante a lluvia y bosque.
—Quien te encontró fue Dragon —dijo Ivankov y Tritoma tembló—. Lo primero que hizo fue cubrirte con su capa y sacarte de ahí.
¿Esa capa era de él? Esa capa que tenía un extraño aroma a hogar.
—¿Hay algún baño en dónde pueda darme un baño? —preguntó Tritoma—. Y algo de ropa.
—Claro —Ginny se levantó y le hizo una señal. Tritoma la siguió.
No tardaron en llegar a un baño en dónde todavía había niebla por el calor.
—Te traeré algo de ropa —dijo Ginny y Tritoma asintió. Cuando la muchacha salió, llenó la bañera y dejó caer la capa al suelo.
Se miró en el espejo. Su cuerpo tenía solo ligeros moretones y podía verse sus costillas debido a la falta de alimentación. Pasó sus dedos por su piel.
Era libre.
Su cuerpo era nuevamente suyo.
Y de nadie más.
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Un atraco exitoso, personas libres y podía descansar.
Aunque Dragon sabía muy bien que la liberación nunca descansaba.
Con una sonrisa, vio su nuevo cartel de recompensa. Se preguntó qué diría su padre de ello.
La puerta de su oficina sonó.
—Pase —la puerta se abrió y Tritoma entró. Usaba uno de los uniformes del ejército revolucionario, ya que era la única ropa disponible y sus pendientes de serpiente.
—Señorita…
—Solo Tritoma —interrumpió ella.
—Tritoma.
—Dragon… —ella miró alrededor y centró su mirada en el cartel de recompensa. Sonrió—. ¿200.000.000? Lindo.
—Supongo que una emperatriz pirata es un peligro más que un luchador de la libertad que apenas comienza —ella le sonrió— ¿Pudiste hablar con Ivankov?
—Un poco. Estoy mejor, si esa es tu pregunta… ¿Cómo está tu nariz? —Dragon frunció la nariz sin dolor alguno.
—Bien —le hizo una señal para que se sentara y ella amagó un poco y luego decidió hacerlo.
—Quería disculparme por eso.
—No necesitas disculparte… Fue una buena patada —dijo. Tritoma soltó una risita.
—He leído sobre ti y el problema que has estado haciendo en el gobierno —dijo la mujer de repente—. sin embargo puedo preguntar ¿Por qué un revolucionario? ¿Por qué no un pirata si vas de todos modos en contra del gobierno?
—No busco solo ir en contra del gobierno —respondió Dragon—. Busco una reforma de éste: Liberación de esclavos, derrocación de la monarquía, pueblos libres.
—Eso es… genial —ella sonrió—. Las kuja hemos sido víctimas de persecución por el gobierno por años, más que por el simple hecho de ser piratas. Si no fuera por donde está, Amazon Lily hubiera sido invadida hace mucho. El gobierno quiere el control de nosotras, de nuestra belleza, de nuestros cuerpos —ella negó con la cabeza—. Shakky y yo no hemos sido las únicas secuestradas. A lo largo de los siglos, invadían nuestros barcos para tomar nuestras hijas y llevarlas. Porque nuestro linaje es muy querido. Por eso, las kuja no salen del corazón de la isla. Solo las más aptas, las más fuertes.
Dragon recordó las palabras que decía su madre. Sobre su cultura, sobre cómo debía ocultar sus alas y que provenía de una isla del cielo.
—Aunque me duela que no tengas alas, Dragon —había dicho una vez ella cuando Dragon le preguntó porque ocultaba sus alas—. Me alegra que no las tengas. El mar azul es peligroso para una tribu del cielo.
Acarició su brazo, en donde estaba el tatuaje.
—Tengo un den den mushi que tiene un dispositivo que sirve para que no interfiera en él —dijo Dragon—. Para que contactes con tu tripulación.
Ella le sonrió en agradecimiento tomando el caracol.
—Si necesitas que te llevemos a algún lado a encontrarte con ellas, me avisas. Planeamos dejar a muchos de los antiguos esclavos en sus tierras natales.
—No te dejaré entrar en Amazon Lily —gruñó ella con el ceño fruncido. Dragon soltó una risita.
—Nunca te lo pediría, pero puedo dejarte cerca y esperar a que tus compañeras lleguen.
—Podrías llevarme a Rusukaina —pidió ella—. Es una isla desierta en el Calm bent, sé que es difícil…
—Puedo manejar el barco en el calm bent —dijo Dragon—. El viento nunca es un problema.
Ella le sonrió.
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Llanto y más llanto escuchó a través del den den mushi a sus tripulantes, quienes la estuvieron buscando y que habían planeado un ataque en sabaody cuando el barco que la tenía secuestrada llegara.
—¡Me alegra que esté bien, Tritoma-sama! —exclamó Hancock, una de las tripulantes más jóvenes que habían decidido dejar la comodidad de la isla y hacerse a la mar junto a sus hermanas. Las niñas estaban tan llenas de vida.
—Nos vemos en Rusukaina —dijo Tritoma—. Es más seguro dado que me llevará el barco que me rescató que conozcan la ubicación de Amazon Lily.
—¡Sí, señora! —y, sin alargar más, colgó la llamada. Entró nuevamente en la oficina de Dragon que estaba sentado leyendo unos informes. Dejó el den den mushi en el escritorio.
—Gracias, te debo una.
—No me debes nada —dijo Dragon—. Estaremos ahí en una semana debido a las coordenadas que me brindaste. Puedes hacer lo que quieras en el barco, Ginny te dirá la ubicación de los camarotes.
De alguna forma, Tritoma quería quedarse ahí con él. Le gustaba como hablaba, le gustaban sus ideales.
Sin embargo, no quiso molestarlo. Asintió y salió de las oficinas. Se dirigió en busca de Ginny pero se detuvo cuando la vio cantando y riendo con un hombre enorme. Había mucha química ahí y a ella le pareció encantador.
Las kuja no pensaban en el amor a pesar que tanto Gloriosa como Shakky dejaron su puesto de emperatrices por esto. Pero ella no podía permitírselo, tenía chicas que guiar, tenía un pueblo que liderar. Y el amor solo te hacía débil.
Recordó cómo Gloriosa, alguien a quien admiraba mucho, dejó su rango para caer ante la insensibilidad del amor y terminar traicionando a su propio pueblo por un hombre. ¿y cómo terminó? sola, a las afueras de Amazon Lily y con un hombre muerto.
Lo mismo Shakky. Como Tritoma la adoró, para que terminara dejándolas solas, dejándola a ella con tan poca experiencia pero siendo la más experimentada, un par de pendientes de serpiente y una coronación apresurada porque quería retirarse.
Frunció el ceño, dejando a la pareja sola y volviendo a la enfermería. Después buscaría los camarotes ella misma.
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Le llevaron la cena a la enfermería y Ginny le dijo que si quería privacidad, podía dormir ahí.
Tritoma aceptó sin mirarla a los ojos. No porque le cayera mal, sino porque había pensado muchas cosas negativas hacia ella por el simple hecho de estar aparentemente enamorada y ella frustrada por todo lo que los hombres y el amor le quitó a ella y a su pueblo.
Ginny se sentó en una silla a su lado, hablando hasta por los codos mientras Tritoma comía con tranquilidad y la escuchaba.
—Ginny… —la interrumpió—. Te estaba buscando esta tarde y sin querer te vi con un hombre… Lo siento.
—¿Kumachi? —preguntó y sonrió—. ¡Está bien!
—¿Es tu novio? —ante la pregunta, Ginny se puso tan roja que sus pecas destacaban más. Soltó una risita.
—No. Es mi alma gemela —respondió ella.
—¿Qué no es lo mismo?
—Tu alma gemela es con quien te encuentras con más sintonía. Kumachi y yo hemos pasado por muchas cosas realmente difíciles. Si quiero que seamos pareja de mi parte. Lo amo, él me ama… Pero es difícil.
—Su trabajo es peligroso —dijo Tritoma—. El amor es algo peligroso. Las kuja no nos enamoramos, al menos no normalmente.
—¿No normalmente?
—La enfermedad del amor —dijo la mujer—. Te enamoras tan profundamente que puede matarte.
—Perdona que pregunte esto, pero ¿cómo se reproducen ustedes? Digo, supongo que de alguna forma tienen sexo y quedan embarazadas.
—Por supuesto —dijo Tritoma—. Pero no nos enamoramos. Y las únicas que lo hacemos somos las que decidimos salir a hacernos al mar. Decidimos que es hora de embarazarnos. Los hombres son fáciles de caer: Son solo de utilidad y volvemos a la isla con las niñas.
—¿Y si tienen niños?
—Las Kuja nunca tenemos niños. Nuestra voluntad es tan fuerte que sólo engendramos niñas. Lo sé, el mundo es cruel con las mujeres, Ginny. Por eso nuestra isla está oculta, no te imaginas lo que el gobierno nos haría si pudiera ponernos las manos encima. Tienes la fuerza y el valor de una kuja, si decides en algún momento, puedes unirte a mi tripulación.
Ginny rió.
—Gracias, pero no. Me gusta ser una revolucionaria, me gusta kumachi, me gusta amarlo aunque nunca me corresponda diciendo que es por mi bien. Me gusta ese sentir.
Tritoma le sonrió.
—Eso es encantador.
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Durante la noche, Tritoma no pudo conciliar su sueño. Así que, tomando el atrevimiento de la libertad que tanto promulgaban los revolucionarios, tomó la capa verde de Dragon, se la puso y salió hasta el frío de la noche.
La cubierta estaba en calma, el cielo estaba lleno de estrellas que brillaban aún con la luz de la luna llena.
Una noche así, las kuja podrían estar en una pequeña isla haciendo una fogata. Entreteniéndose entre ellas, jugando con las más pequeñas, consintiendo a las dos bebés que estaban a bordo, cuyas madres no querían quedarse en la isla porque, así como amaban a sus hijas, amaban el mismo mar.
Extrañaba a sus chicas.
—¿No puedes dormir? —preguntó una voz a su lado haciéndola sobresaltarse, regañandose por no haberlo sentido antes.
—Me asustaste —lo regañó frunciendo el ceño. Dragon rió y el sonido le hizo cosquillas en los oídos.
—Perdón, me he acostumbrado a ser silencioso —dijo el hombre.
—Supongo que todo esto del revolucionario te enseña a no hacerte seguir tus pasos.
—Al contrario, entre más te dejes ver, más peligroso te consideran y esa es la idea —ella rió.
—¿Tu idea es ser un héroe silencioso o ser un peligro para el gobierno?
—No busco ser un héroe —dijo Dragon.
—He escuchado suficientes personas hoy de los que rescataste decir que eres su héroe para saber que no lograrás tu objetivo.
—Busco corregir este mundo.
—Pero sabes que te volverás un héroe a medida que sigas liberando pueblos ¿no? —dijo ella—. Tu ejército seguirá haciéndose más grande y te volverás más y más peligroso —ella le sonrió apoyando su mejilla en su mano—. Me gusta eso ¿no te parece?
—¿Que sea más peligroso?
—¿No es eso lo que quieres? ¿Ser un peligro para el gobierno? —Dragon sonrió y miró a la luna.
—Quiero hacerlos temblar. Que paguen todos sus crímenes —ella rió.
—Tus ojos brillan cuando hablas de tus convicciones, tienes una voluntad muy fuerte.
—Supongo…
Se quedaron en silencio un momento.
—¿Las emperatrices kuja se retiran? —preguntó de repente Dragon. Tritoma lo miró con una ceja enarcada.
—Sí ¿por qué la pregunta?
—Tienes alma de revolucionaria. Si algún día decides retirarte, podrías unirte a nosotros.
Ella le sonrió.
—Es difícil. Yo nací siendo una Kuja y moriré siendo una. Soy una pirata y nunca dejaré de serlo. Pero quizá, cuando decidas quemar Mary Geoise, llámame y estaré encantada de acompañarte.
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Dragon estaba rodeado de mujeres impresionantes. Ginny, Betty, su madre cuando estaba viva.
Y ninguna lo había impresionado tanto como Tritoma.
Era todo lo que se sabía de una pirata. Agresiva, decisiva, y ponía a su tripulación y a su pueblo por delante. Dragon nunca había conocido a una emperatriz, alguien que se suponía que era de la “monarquía” alabar tanto su pueblo como ella.
Durante la semana que iba rumbo a Rusukaina, ella se hizo amiga de Ginny, le enseñó los principios del haki a algunas de sus revolucionarias y ayudó a dar a luz a una de las antiguas esclavas que había liberado Dragon.
Fue una niña sana y ella, como emperatriz de las kuja le dio la bendición de la diosa de las amazonas a la pequeña.
Dragon sentía una ambivalencia por todo esto. Se alegraba de la vida naciente, pero consideraba una crueldad traer a un niño a vivir en este mundo podrido. Pero a veces se recordaba que estaba haciendo esto por ellos, por la próxima generación, estos niños nacerán en el mundo que Dragon estaba creando para ellos.
Los revolucionarios no hacían fiestas, pero los ciudadanos sí. Y estaban celebrando la alegría de una nueva vida. Así que Dragon decidió que por un momento, podía relajarse y poder ver a las personas disfrutar.
Se sentó en la cubierta del barco, observando a los rescatados bailar y cantar junto a sus salvadores cuando sintió un cuerpo sentarse a su lado.
—¿Así son las fiestas pirata? —preguntó Dragon. Ella le sonrió.
—Las kuja podemos hacer celebraciones por días —le respondió con una brillante sonrisa que Dragon de repente sintió que era el sol mismo—. Disculpa si mi alma pirata molesta a tu espíritu revolucionario —Dragon rió y la miró. Ella estaba sonrojada por el alcohol en su sistema. Se veía tan hermosa—. Eres demasiado serio, Dragon —dijo ella haciendo un adorable mohín—. Me gusta escucharte reír.
—Siempre fui así —respondió—. A pesar que mi padre vive riendose de hasta sus superiores, siempre fui un alma seria.
—Eso veo —dijo ella mirando a las personas celebrar—. No está de más dejarte llevar de vez en cuando —dijo ella en un tono que removió algo en su interior.
—No está mal celebrar de vez en cuando —aceptó Dragon tratando de desviar el sentir—. Sobre todo si hay algo de lo cual alegrarse.
—Un nacimiento es muy importante.
—No cuando está en este mundo podrido.
—Pero para eso estamos nosotros ¿no? Para cambiarlo y hacerles un mundo mejor.
—Tienes razón —sonrió Dragon—. La nueva generación crecerá en un mundo libre.
Quedaron en silencio un rato más. Viendo a las personas bailar. Con la intención de animar a los niños, Kuma comenzó a hacer un pequeño baile que los pequeños imitaron.
—El Dios Nika —le dijo Dragon al notar la confusión en la mirada de Tritoma—. El Dios del sol. Siempre ha sido la esperanza para los esclavos.
—Supongo que las dificultades te hacen creyente —dijo Tritoma.
—¿A qué te refieres?
—Elegimos en qué creer depende de la necesidad. Y las creencias son tan fuertes que se vuelven realidad.
—Como las frutas del diablo —dijo Dragon—. Surgen del deseo de la gente.
Ella sonrió, asintió y bebió del vaso que tenía en su mano.
—Creo que me iré a descansar —dijo. Fue a levantarse pero, tal vez debido a haber tomado tanto, tropezó. Dragon alcanzó a atraparla antes que ella tocara en suelo, haciéndole caer en su regazo.
Cruzaron miradas y ella se puso más roja.
—Gracias —dijo.
—Está bien —respondió Dragon ayudándola a levantarse— ¿Te acompaño a…?
—Estoy bien —gruñó la mujer desviando la mirada de Dragon—. Solo me tropecé.
Y avanzó apresurada hasta la enfermería.
Dragon la miró a la espalda, sin entenderla.
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Dragon le había dicho que el barco era muy grande para él dirigirlo solo por el calm bent. Así, tomaron una embarcación pequeña, que fuera fácil de manejar, mientras el barco del ejército revolucionario quedaba a la deriva custodiado por el resto de la tripulación.
—Siéntete libre de entrar a la habitación —le dijo Dragon mientras izaba la vela.
—Me necesitarás enfrente —dijo Tritoma con voz fría—. Mi haki espantará a los reyes del mar.
—Yo también tengo haki…
—Deja de tratarme como si fuera débil —le gruñó mostrando los dientes. Dragon se quedó paralizado, como si nadie hubiera sido capaz de hacerle frente nunca.
Pero no era que Tritoma estuviera haciéndole frente. Quería calmar la frustración que sentía y su corazón agitado de la nada al simple pensamiento de dejar al revolucionario.
Ella no debería sentirse así. Ella debería estar feliz de volver a casa.
Entonces ¿Por qué sentía como si estuviera tomando una mala decisión?
Dragon parecía un cachorro pateado.
—Estaba tratando…
—No trates —ella negó con la cabeza—. Lo siento ¿Si? Yo solo… quiero volver a casa —Dragon le brindó una pequeña sonrisa triste.
—Lo entiendo.
—Ahora no sientas lastima por mi.
—No lo haré. Lo siento, Trip.
¿Trip?
¿De dónde mierda salió eso?
Tritoma sintió que las orejas se le pusieron rojas. Dragon también quedó paralizado, como si aquello hubiera salido de su boca sin previo aviso.
—¿De dónde salió eso? —preguntó Tritoma.
—¿No puedo darle un apodo a una amiga?
Amiga mi culo.
—Nunca he escuchado que le digas así a Ivankov, o a Kuma, o a Ginny.
—Ellos son mis comandantes…
—¿Van a seguir peleando o van a partir? —escucharon desde arriba. Ambos levantaron la vista hacia el barco, Ginny e Ivankov estaban en el borde de la cubierta mirándolos con una sonrisa traviesa.
Tritoma no recordaba que ni siquiera habían partido.
—¿No te gusta? —preguntó Dragon
—¿Desde cuándo te importa?
—Tú me importas.
Tritoma sintió que su corazón iba a salir.
Debía irse lo más rápido posible de ahí.
—Vamos.
Dragon asintió y levantó su mano. Un fuerte viento se agitó dándole fuerza a las velas.
—Agarrate —le indicó Dragon y ella se agarró. El barco salió volando.
.
Dragon estaba acostumbrado al poder de haki del rey de su padre.
Cuando este se lo enseñó, internandolo en el bosque, Dragon sintió que se desmayaría ante el enorme poder.
Tritoma le había dicho que las kujas eran maestras del haki, pero nunca había presenciado el de ella antes.
Era increíble, tenía una fuerza impresionante y una maestría en ella que le demostraba a Dragon mucho más entrenamiento del que tal vez él pudo tener.
—Las Kuja entrenamos lo más básico del haki desde los diez años —dijo Tritoma cuando él le preguntó—. Vivimos en el Calm bent, los reyes del mar son nuestro día a día. De ahí a la profesión que elijas se te enseñará más: Las agricultoras no necesitan mucho. Las pescadoras están en un punto intermedio y las piratas son las expertas. Claro, la que mejor control de haki tenga, es la que entrena para ser emperatriz.
—¿Desde cuándo eres emperatriz?
—Desde hace veinte años, cuando tenía catorce —respondió con nostalgia—. Aunque mi coronación fue apresurada debido a que Shakky tenía urgencia por retirarse —Dragon notó algo diferente en su voz. Cómo si hubiera un ligero rencor. Pero no dijo nada—. Encontré a quien será mi sucesora, la pequeña Hancock, pero aún no la entreno porque tiene solo doce años. No voy a darle la responsabilidad de todo un pueblo a una niña.
—Como lo hicieron contigo —entendió Dragon.
—No culpo a Shakky por irse —dijo Tritoma—. Culpo la causa que fue externa a ella.
Dragon no quiso cuestionar y preguntar, porque parecía que el tema le dolía completamente. Ella volvió a mirar hacia el horizonte, a la gran masa azul que se extendía delante de ellos.
El sol le daba de lleno en el rostro, haciendo que sus ojos castaños tomaran un tono más claro. Y el cabello oscuro se le arremolinaba en el rostro.
Volvió su vista al frente, notando la masa de tierra frente a ellos. Dragon detuvo el barco a unos metros de la isla y bajó el ancla. Luego, sin que Tritoma lo esperara, la tomó en brazos y levantó el vuelo directo a la isla.
Bajaron y tocaron tierra, y la isla le pareció a los bosques del Reino de Goa. La bajó sintiendo como si le quitaran una espina sin piedad al perder su calor.
—¿Quieres explorar la isla? —le preguntó ella haciéndole seña con la cabeza hacia el bosque. Dragon asintió, y la siguió.
Tritoma le contó la historia de la isla, como había sido una parte de Amazon Lily pero hace 800 años se separó completamente de ella.
Mientras ella hablaba, Dragon notó que los animales se alejaban de ellos. Cómo si la marca de haki de ambos fuera tan fuerte que los mantenía alejados.
—Provengo del Reino de Goa —dijo Dragon cuando ella calló—. Los bosques son muy parecidos a estos. Cuando era niño, mi padre me lanzaba al bosque para que formara mi propio carácter —Tritoma soltó una risita.
—Ya veo porque no sonríes —le dijo. Dragon soltó una risa. Se acercó a un árbol y tomó un escarabajo para mostrárselo a la mujer.
—Siempre fui fanático de los escarabajos. Los atrapaba, los clasificaba y los estudiaba. Y a papá le parecía una aflicción tonta.
—A mi me parece interesante —le dijo sonriendo.
—Supongo que el mundo te obliga a endurecerte, tanto que me vi obligado a enlistarme para enorgullecer a mi padre —ella le miró con sus grandes ojos de cierva.
—¿Fuiste marine?
—Hasta God Valley. Desde que ví los horrores que podía causar el gobierno, decidí luchar por mi propia justicia —ella sonrió. A Dragon le parecía increíble como ella podía pasar de ser una dura emperatriz a la mujer más suave del mundo.
—Me gusta tu justicia —se separó mirando al cielo—. Deberíamos volver a la orilla. Está oscureciendo.
Dragon asintió dejando el insecto de lado y siguiéndola hasta la orilla. La vio reuniendo ramas y madera para encender una fogata y crearles algo de luz.
Se sentaron frente a la fogata y Dragon le puso su abrigo sobre los hombros.
—Deja de tratarme…
—Acéptalo, por favor. Solo aceptalo —le pidió Dragon. Pudo notar que sus mejillas enrojecian mientras se protegía del frío con la capa. Hablaron un poco. Dragon le contó algunas historias de cuando era niño. Historias que ni siquiera a sus compañeros les había contado.
Ivankov ni siquiera sabía de dónde venía.
Y ahí estaba ella, sabiendo casi todo de él. Porque de la nada, Dragon sentía una confianza ciega en ella. Hablaron y hablaron toda la noche.
Hasta que no supieron cuando el sueño les cayó encima.
.
Tritoma sintió el calor del sol en su rostro y se apoyó más en la suave pero firme almohada en la cual descansaba su cabeza.
No recordaba en dónde estaba. No fue hasta que sintió la respiración debajo de ella, o la mano tomando su hombro en un agarre suave y pacífico.
La mano de Tritoma tocó suavemente en dónde ella estaba acostada y no le costó darse cuenta que estaba sobre un pecho masculino.
Abrió los ojos, paralizada. Sintiendo la respiración de Dragon y los latidos en sus oídos. No sabía cómo moverse. No sabía si respirar debido al miedo de levantarlo.
En su oído, la respiración calma del hombre le dió una buena sensación. Había paz y ella recordó no haberlo sentido tan tranquilo en ningún momento en que estuvo a bordo.
Sonrió. Él tenía confianza en ella como para poder bajar sus muros y dormir como si Tritoma no fuera capaz de cortar su cabeza y llevarla al gobierno.
Rió, tal vez él la conocía demasiado bien como para saber que ella jamás haría eso.
Su risa debió haber sido fuerte, porque lo sintió removerse y la mano que estaba posada en su hombro, bajó hasta ser posicionada en su cintura.
Y la piel de Tritoma ardía a pesar de haber capas de ropa a través del contacto.
—¿Trip? ¿Estás despierta?
Y oh, cómo sonaba tan lindo ese apodo en su voz.
—Sí —dijo levantándose, apoyando su mano en el fuerte pecho. Se levantó hasta sentarse y despejó el sueño de su cabeza.
Dragon a su lado también se levantó, echándose el largo cabello hacia atrás y quitando la arena de él.
Lo estaba observando cuando sintió enseguida el ruido proveniente del mar. Tanto ella como Dragon se pusieron alertas, cuando ella notó a lo lejos el barco de las Kuja.
Del mar, algo nadaba a velocidad que Tritoma supo enseguida quién era. Puso su mano en el brazo de Dragon para calmarlo. Del agua, apareció una enorme serpiente que se le lanzó y rodeó su cuerpo haciéndola reír.
—También te extrañé, Perla —dijo Tritoma. Perla se detuvo de brindar cariño y miró a Dragon siseando—. Shhh, chica. Es un amigo.
—¡Tritoma-sama! —escuchó a varias de sus chicas mientras se acercaban en un bote, algunas tenían lágrimas en sus mejillas. Tritoma se levantó y las chicas se lanzaron a ella inundándola en un abrazo—. ¡La extrañamos! —exclamaron.
Tritoma río, abrazando a sus chicas. Ella también las había extrañado.
Después de repartir abrazos y llantos, les ordenó volver al bote mientras ella se acercaba a Dragon para despedirse de él.
Fue a desatarse el abrigo cuando él lo evitó.
—Quédatelo —le dijo—. Además… —le entregó en su mano un den den mushi—. El ejército revolucionario no se alía con piratas, pero si necesitas cualquier cosa, cualquier ayuda… no digo que seas débil o…
—Dragon —lo interrumpió, cerrando su mano alrededor del caracol—. Lo entiendo.
—Nos vemos —ella le sonrió.
—Nos vemos.
Se alejó de él y subió al bote junto a las demás Kuja. Mientras se alejaba de la isla, podía verlo de pie, observándola alejarse con la esperanza de volver a verse.
