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Café de Sirvientas

Summary:

Steve no esperaba encontrar a Jonathan en un lugar como ese.
Pero después de verlo una vez, no pudo dejar de volver.

Chapter 1: ¿Jonathan... Maid?

Chapter Text

Steve nunca se habría imaginado esto. De todas las cosas raras que habían pasado en Hawkins, de todas las locuras en las que se había metido gracias a los niños, esto tenía que ser lo más surrealista de su vida.

Pero ahí estaba.

De pie en la entrada de un café con luces neón, decorado con una estética rosa pastel que no pegaba para nada con el ambiente general del pueblo. Un "Café de Sirvientas". En Hawkins. ¿Quién demonios pensó que eso era una buena idea? ¿Y quién lo abrió?

Obviamente no era el tipo de lugar al que iría por voluntad propia, pero como siempre se dejaba llevar por su mejor amiga imperativa.

Robin había insistido en arrastrarlo hasta allí sin darle más opciones. Y lo peor es que estaba tan aburrido que no se negó.

—¿Por qué estamos aquí? —susurró Steve, incómodo, mientras Robin lo empujaba por la puerta.

—Porque tengo una fuente de información confiable que dice que algo increíble nos espera.

Steve bufó.

«Claro, "información confiable". Lo que sea que eso signifique no creo que valga la suficiente pena»

Cuando entraron, fueron recibidos por una chica con un vestido de sirvienta negro y blanco, con delantal y cofia incluidos.

—¡Bienvenidos, amos! —dijo la chica con una reverencia exagerada, sonriendo con dulzura.

Steve ya quería irse.

Pero entonces miro más adelante y lo vio.

Ahí, entre las demás "sirvientas", vestido con el mismo uniforme (pero adaptado para él), estaba Jonathan Byers.

Steve sintió que su cerebro se apagaba ¿o hacia corto circuito? Daba igual, solo sabía que estaba realmente desconcertado.

Jonathan. Maldito. Byers. Aquí, frente a el en un café de sirvientas. Con delantal. Con cofia. Con medias hasta los muslos y maquillaje incluído.

Jonathan, el tipo callado y serio que siempre vestía como si acabara de salir de un concierto de The Smiths, ahora sonrojado hasta las orejas mientras servía café a un par de clientes con orejas de gato.

Steve no podía procesarlo.

Robin, en cambio, estaba en otro nivel de euforia.

—¡Mierda, esto es lo mejor que he visto en mi vida!

Jonathan giró la cabeza y, al reconocerlos, casi deja caer la bandeja que tenía en las manos.

—No puede ser —murmuró con horror—. ¿Por qué justamente ustedes?

Steve, todavía en shock, solo logró abrir y cerrar la boca un par de veces antes de soltar lo primero que le vino a la mente:

—Byers, ¿Qué demonios estás haciendo vestido así?

Jonathan cerró los ojos con frustración, murmurando algo sobre "maldita sea, Nancy", antes de tomar aire y responder.

—Es un trabajo, Harrington. ¿Nunca has oído hablar de ganar dinero?

Steve parpadeó, aún aturdido.

—Sí, pero esto... ¿Tú?

Jonathan apretó los dientes y evitó su mirada.

—Es un buen sueldo.

Steve notó que sus orejas estaban completamente rojas.

Robin, por otro lado, se estaba divirtiendo demasiado.

—Oh, esto es oro puro —susurró, sacando un billete de la cartera—. ¡Oye, Jonathan, hazme una de esas cosas de “bienvenido a casa, amo”!

Jonathan la fulminó con la mirada.

—Ni en un millón de años.

Steve seguía sin poder dejar de mirarlo. No solo por lo absurdo de la situación, sino porque, maldita sea, Jonathan se veía tan... ¿lindo? ¿Desde cuándo sus piernas eran tan...?

Sacudió la cabeza con fuerza. No. No iba a pensar en eso. ¿A dónde carajos estaba yendo su mente justo ahora?

Observo a Robin, ella había sacado más billetes de su cartera. Luego observo al chico esperando su reacción.

Entonces, Jonathan suspiró, rindiéndose, y con la voz más plana del mundo, murmuró:

—Bienvenido a casa, amo.

Steve sintió que algo en su pecho explotaba.

Oh, necesitaba calmarse ya mismo o perdería la cabeza.