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Por favor, date cuenta de que mi secreto es tan tonto como yo

Summary:

Pomni no puede dormir después del frenesí de sus últimas aventuras. Un paseo nocturno de vez en cuando no viene mal.

¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Toparse con un conejo dibujando?

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You can find an English version of this fic in my profile.

Notes:

Escribí una cosita tan pronto como salió el episodio 6, y luego me olvidé por completo. Meses más tarde, lo volví a encontrar y pensé: Bueno, lo subiré a AO3. Así que aquí estoy.

Básicamente, esto es lo que creo que pasó después del episodio 5, pero no es una continuación directa, ya saben, anterior al episodio 6. Aunque al final decidí añadir parte del episodio 6 con cambios muy leves.

¡Espero que lo disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Hoy fue un día… bueno, ¿tan siquiera pasan los días en este sitio? Pero, en fin, hoy fue el día más raro entre todos los que ha pasado en el circo, hasta ahora.

La nueva dinámica de saltarse mediante votación una aventura la desconcertó al inicio, y para que mentir, aun le falto acostumbrarse del todo; sin embargo, también mentiría diciendo que no le gusto en lo más mínimo.

De hecho, podría decir que por fin disfruto en su totalidad una aventura de este infierno digital.

Los ojos dilatados en rojo y azul persistían mirando el dosel rojo de su nueva cama, notoriamente más grande que su cuerpo, o, mejor dicho, avatar. Inmóvil sobre el colchón, sin sentir la mas mínima textura de este, memoraba una y otra vez todo lo sucedido previamente, como si fuera una película proyectada en su cabeza. Fue muy extraño aquello: el ser “presidente”. Formar una charla amena con los demás miembros del circo dentro de un ambiente mundano, como lo es un bar. O jugar un simple deporte competitivo, cual evocaba los años en los que a su cuerpo humano se le dificultaba seguirles el paso a otros en el ámbito deportivo.

Pero, sobre todo, aquellos momentos específicos en los que su dinámica con Jax parecía, por breves segundos, evolucionar.

Casi parece que surgió de la nada; de repente el conejo comenzó ahorrarse sus comentarios deliberados con ella en Spudsy’s, como si tratara de verdad iniciar una conversación “normal”. Luego, obligándola a protagonizar una aventura, y después, saliendo con su impredecible disculpa en el bar. Finalmente, permitiendo que ella se le acerque más, mencionándola de vez en cuando en conversaciones ajenas, incluyéndola incluso si esta no estaba al tanto de lo que ocurría, como una vez en la que insinuó que ella concordaría con él en una de los cientos de discusiones ridículas que tenía con Zooble, cuales siempre terminaban llegando a nada.

Su relación al principio era… irrelevante, algo complicada, como todas las otras en las que Jax pertenecía. Pero, se dio cuenta tarde del como poco a poco la actitud de Jax inicio fastidiándola, a atraerle indescriptiblemente.

Resopló, ahora por culpa de eso no puede dormir, ni alcanzar la percepción de hacerlo.

Se irguió sobre la cama, usando ambos brazos para recargarse con pereza. De un salto rápido bajó de la cama, tambaleándose apenas cuando sus pies tocaron el suelo; chasqueo la lengua: odia tener esta estatura.

Cuando salió entornó la puerta hasta cerrarla de la forma más silenciosa que pudo, observó con duda las demás puertas en el pasillo; un sabor amargo anegó su boca al distinguir entre la mayoría de puertas rostros y figuras tachadas, camuflado por la atenuada oscuridad.

Nunca les había prestado una debida atención en realidad.

Con la idea de ser la única rondando por los desolados pasillos, se dirigió fuera del área de habitaciones, acompañada por solo el eco de sus pasos. En poco tiempo llegó a la planta baja del circo tétricamente desolado. No podía dormir, y las ganas de hacerlo se esfumaron haca rato, así que, ¿qué mejor que un paseo “nocturno” que la ayude a relajarse? Aunque sea uno que la ayude a olvidarse de todo por un buen tiempo.

No es como si estuviera prohibido, ¿no? Dudaba que Caine se apareciera de la nada para detenerla. De igual modo, se aseguraría de regresar a su cuarto antes de que el sol chillón avisara a los miembros sobre el nuevo comienzo de otro espléndido “día” en el circo.

Flexionaba, crispaba, y separaba los dedos de sus manos enguantadas, inertes a los costados de su cuerpo, ante la incomodidad de no encontrar que hacer con estas mientras seguía su caminata sin rumbo alguno. Pensó en detenerse en el salón principal donde ella y los otros pasan la mayor parte del tiempo, con objetos decorativos de proposiciones absurdas, sillones coloridos en donde echarte un rato y una mesita ubicada en el centro para dar ese aire cotidiano. Pero esta vez quiso recorrer un poco más allá, descartando el exterior, al no tener el conocimiento certero de que tenía permitido salir.

Ah, sí, esta no era su primera vez.

De cierto modo, aquello se parecía a su extraño pasatiempo, entre comillas. Cuando se adentraba sin permiso a instalaciones y edificios abandonados.

Recordarlo no le provocó un sentimiento nostálgico o agradable; en ese entonces su vida era lamentable.

Cuando caminaba cerca de un bloque de juguete rojo gigante, logró distinguir un sonido, una voz. Por un instante le pareció un gruñido, por lo que se detuvo en seco, abriendo de par en par los ojos, sorprendida; no se imaginaba que alguien más este en ese lugar junto a ella. Giró, con intención dramática, lentamente su cabeza, vacilando en si descubrir quien se encontraba detrás de la estructura o actuar de oídos sordos y volverse en sus pasos hasta su habitación querida. Movió un pie hacia atrás, pero fue frenada por la curiosidad de saber la identidad oculta, por saber de quién, de todos los del circo, también ha optado por saltarse sus horas de sueño.

Al final, ganó su nacido deseo de indagar. Acercándose silente, se asomó un poco en cuanto tocó el bloque con sus manos. Con el primer y vago vistazo, divisó varias hojas regadas por el suelo, algunas con trazos caóticos y garabatos tachados; la imagen de Gangle cruzó de inmediato en su cabeza. En parte de sintió aliviada; la de cintas rojas era tranquila y tímida, pero probablemente dejaría que Pomni se acerque ella. Podrían hacerse una silenciosa, pero cálida compañía mutuamente. No le costaba imaginarse a Gangle rondando sola por este ambiente solo para dibujar tranquilamente, de todos modos.

Con una sonrisa ladeada, se mostró por completo, revelando su presencia tras salir de su escondite.

─Eh, hola, Gangle, espero no asustar… ─Se quedó muda, la mano que en un principio alzo para hacer un ademán de saludo se quedó suspendida en el aire en consecuencia a lo que sus ojos vieron enfrente.

Sentado, con una hoja reposada en las rodillas de sus largas piernas recogidas hasta su pecho y lápiz en mano: Jax se volteó con violencia hacia la dirección de Pomni, las orejas moradas ─y todo de el en sí─ se exaltaron, quedando rígidas, junto a sus ojos enteramente ennegrecidos como pupilas, que formaron diminutos cuadrados sorpresivos, rodeados de esclerótica intensamente amarilla.

Ambos quedaron estupefactos, inseguros en que hacer, o de que decir; Pomni nunca creería que se encontraría con el otro tan rápido nuevamente, o al menos no así.

Pomni deglute saliva, desviando la mirada, por unos pocos segundos, antes de volverla a centrarla encima del conejo morado. ¿Qué debe decir en esta situación?

Más aun, recién caía en cuenta: ¡¿Jax está dibujando?!

Como un huracán revuelto en nervios, Jax aventó el lápiz y desapareció las hojas que sostenía en menos de un parpadeo y estiró su pierna para cubrir con su pata los demás papeles regados a su costado.

─¡¿Qué [@#&!?] haces aquí?! ─Arrastró la pata hacia adentro, manipulando la evidencia lejos de Pomni.

─Tú que haces aquí? ─Pomni alzó una ceja, enfatizando en el hecho de que él se encontraba ahí. Escrudiñó con su mirada el espacio y a un notable Jax nervioso y tomado por sorpresa.

Jax se le quedo observando con las cejas fruncidas, hasta que suspiró, apretando los parpados al compás de sus orejas decayendo un poco. Pomni entrelazó sus manos detrás de su espalda, claramente incomoda por la escena formada. En algún punto el mutismo se convirtió ensordecedor; tal vez sí debió hacerle caso a su subconsciente cuando se le ocurrió la idea de regresar a la habitación.

─Yo… no sabía que… bueno, dibujabas ─rio, entre dientes, y desvió otra vez la mirada. En su interior gritaba por ayuda; deseaba con todo su ser disipar la increíblemente incomoda tensión de la situación.

Jax dejó escapar un bufido, entre divertido y fastidiado, retomando su atención a Pomni.

─Vaya, felicidades, descubriste la octava maravilla del mundo, ¿ahora qué harás? ¿Contarles a los otros en el circo? ─Su tono cambió a su típico modo arrastrado y despreocupado, como si nunca hubiera saltado en su sitio cual animal asustadizo una vez la bufona apareció.

Pomni observó cómo el contrario se inclinaba un poco a su dirección, una ceja descaradamente levantada y su sonrisa amarilla aumentando en cada extremo de su rostro con sorna; los ojos oscuros volvieron a la normalidad.

Ella, ya más acostumbrada a este trato y rasgos, no se inmutó, cruzándose de brazos mientras sonreía de lado, entornando un poco los parpados. Quien diría que llegaría a descubrir tantas cosas de Jax en menos de cuarenta y ocho horas.

─Bueno, conozco a alguien que va a encloquecer cuando cuente tu secretito; quien sabe, capaz te consigas a una compañera de dibujo ─insinuó, claramente referenciando a la chica de mascara doble.

─Já, wow, que graciosa, Pompom.

La mencionada parpadeó dos veces; ¿eso era un apodo?

─Ya pensas que sacaras provecho de mí por esto, ¿cierto? ─Su voz bajó unos decibeles, su sonrisa se elevó tanto que dolía verla─. Quiero ver que lo intestes, a ver quién logra creerte.

Pomni rodó los ojos en cuanto Jax se acomodó mejor, posando ambos brazos detrás de la cabeza mientras inclinaba su espalda contra el bloque gigante, sumándole el accionar igual de despreocupado de cruzar sus piernas entre sí.

─Oh, apuesto que Zooble te hará bullying de por vida ─mencionó Pomni, de manera supuestamente amenazadora, avanzando varios pasos mientras hablaba. La incomodidad resultó ser un sentimiento pasajero entre ellos.

Jax contrajo un poco el entrecejo, todavía alzando su característica ceja inquisitiva. Su sonrisa permanecía inmutable cuando ladeó levemente su cabeza, mirando a la de menor estatura.

─Dudo que alguien tome tus delirios en serio, payasita.

Pomni suspiro hastiada, irónicamente aquello provocó que comenzara a extrañar el anterior “Pompom”. De un movimiento despreocupado se dejó caer en el suelo al lado de Jax, copiando su acción inicial de recoger las piernas hasta que estas tocaran su pecho. Todavía había una pequeña distancia entre ambos.

─Entonces dime, ¿qué haces aquí solo, tan concentrado… en algo que tú mismo afirmas que es “absurdo”? ─Pomni le sonrió con burla, formando comillas con los dedos índice y corazón.

─Tch, a vos te encanta el chisme, ¿no? ─Jax desvió los ojos con fingido fastidio. Pomni soltó una risa seca.

─No actúes como si tu no. ─Se estiró hacia la derecha con el objetivo de codear al otro, con aire juguetón, riendo suavemente.

Resultaría una acción mucho más osada por parte de la bufona si no fuera porque Jax también se unió a su risa tranquila, momentánea. Pues, este mismo fue el que le buscó platica durante la aventura y después de esta. Básicamente no hace muchas horas.

─No es… nada. Es estúpido. Solo tenía curiosidad, nada más. ─Sus ojos observaron al frente; por un instante estos no estuvieron intensamente dilatados, su sonrisa tembló apenas, pero se recompuso con fuerza─. Tampoco es como que haya algo más entretenido en este lugar ─musitó, retomando ese dejo sarcástico en su voz, encogiéndose de hombros.

Él quería acabar el tema ahí, era obvio; sin embargo, Pomni ahora sí se mostró genuinamente interesada en esta espontanea conversación que estaban teniendo.

Mentiría si dijera que no le asombró un poco el cómo el conejo le cuenta aquello sin tanta lucha, como si se hubiera olvidado que su personaje tiene toda una personalidad acomplejada y un grandísimo orgullo inestable al que mantener.

Pomni descendió la vista a sus dos manos bicolores entrelazadas, descansando encima de sus rodillas pálidas y levantadas, acaricio inconscientemente con su pulgar el dorso del guante, preguntándose en sus adentros si debería seguir insistiendo, o si dejar atrás aquella oportunidad para un mejor progreso entre ellos.

Decidió arriesgarse.

─… ¿Puedo verlos? ─Apuntó a los dibujos.

Jax bufó entre dientes.

─No flashees confianza, payasa.

Pomni suspiro deliberadamente audible, irritada.

─¡No soy una payasa! Soy... uhm, ¿un bufón? ─Jax le sonrió con un semblante desbordando ironía; toda su expresión, con aquella maldita ceja levantada, ya evidenciaba desde lejos todos sus posibles comentarios de burla. Ante esto Pomni optó por resoplar─. El caso es que no tienes el derecho a comportarte así de indiferente cuando tú mismo me quisiste contar cosas ─alzó su dedo índice hacia él, acusatoriamente.

─Hmph, sí, como si te hubiera contado mi vida entera. Bueno, ¿vos qué? ¿No tenes algún secretito que desees contarme? Hay que estar a la par.

El comentario tomo desprevenida a Pomni.

─Eh, pues… ─miró un momento el suelo de azulejos negro y blanco. ¿Si quiera tenía algo para decir? Sentía que ya había contado mucho en ese bar artificial en el que estuvo─. No lo sé. Ya sabrás que mi vida era bastante aburrida.

─Cierto, olvide que no sos igual de interesante que yo.

Idiota.

La bufona giró su cabeza hacia el lado contrario de Jax, bajando un poco esta para recostarla en sus rodillas, mientras abrazaba con sus brazos alrededor de sus piernas. Jax se extrañó al ver como los ojos bicolores ya no se le quedaban fijos, analizándolo. Estos se perdieron en un punto invisible.

─Tienes razón ─Las orejas moradas se irguieron disimuladamente tras oírla decir aquello─. La monotonía me asfixiaba con el pasar de cada día. Mis mañanas eran siempre igual; mi ida y vuelta al trabajo eran tediosas, nunca pasaba algo distinto, siempre era el mismo levantarse, alistarse, trabajar, volver a casa, tirarme al sofá, tal vez bebiendo una cerveza mientras buscaba alguna película entretenida, hasta quedarme dormida ─relató, su rostro no mostraba ningún ápice de aflicción o molestia, su voz no estaba cambiada, ni mostraba algún matiz de melancolía, solo lo decía así: con franqueza.

Jax no dijo nada, no soltó ningún comentario doble intencionado, tampoco busco dirigir la atención a otro lado. Misteriosamente se quedó allí, escuchando, con un semblante completamente distinto, inusual.

Intrigado.

Sin su sonrisa burlona.

Solo un interés pleno sus ojos reflejaban.

─En un punto por fin me canse de trabajar en un supermercado, me canse de no tener a nadie con quien hablar, me canse que no me tomaran en serio, me harte de no ser alguien en la sociedad. Por lo que se me ocurrió la tonta idea de explorar lugares abandonados. Antes, veía a esas personas subir contenido original a Internet y no pude contener las ganas de intentar hacer algo similar para salir de mi rutina. Je, bueno, visitar edificios repletos de grafitis y vagabundos no era nada nuevo.

Pomni calló por unos segundos, suspiró por lo bajo, virando su cabeza a Jax. Lo vio sereno, ahí, junto a ella.

Estaba escuchando.

Cosa que, en sus adentros, Pomni agradeció de sobremanera.

─Después, no tardo mucho para que acabara llegando aquí. A veces me pregunto que habrá sido de mi cámara. Seguro la vendieron; era la adquisición más cara que me pude regalar.

Tras eso dicho, el silencio empezó a emerger de ellos.

La idea de que había hablado de más cruzo por la mente de Pomni, pero sinceramente, la mujer se sentía más liberada que avergonzada. ¿Por qué lo estaría para empezar? No es como si no fuera la historia más común que alguien te podría contar.

Era una persona más del montón, después de todo.

Al menos su narración deprimente sirvió para disipar un poco ese peso invisible en sus hombros. Uno que no ha parado de aumentar desde su estadía en este lugar.

Pomni se aclaró la garganta disimuladamente, frunciendo un poco las cejas tras notar lo callado que su acompañante esta.

─¿Qué ocurre? ¿Te dio pena mi historia de origen trágico? ─quiso decir, al principio con un deje bromista, copiando el movimiento de ceja que Jax tanto le dirigía─. Porque tu silencio me contesta como si te hubiera contado una gran tragedia.

Jax pareció espabilar justo en ese instante, escapándosele en voz queda un “¿eh?” que le hizo reacomodar su cuerpo contra la estructura que lo soportaba.

─¿Que? Pfft. ─Volcó los ojos, colocando los brazos a sus extremos; su postura exageradamente despreocupada paso a tercer plano─. Nah, pero sí que es sosa, sin duda. ¡Encima todavía no me decís tú secreto! Vamos, Pomni, ¿no me lo estarás ocultando?

Y Jax seguía siendo Jax.

La mencionada no dijo ni una palabra, incluso si tendría que decir alguna. Su rostro era apacible, pareciendo ya no importarle mucho lo que esa parte de Jax le decía.

Este distorsionó su sonrisa, ostensivamente desconcertado por recibir semejante respuesta ante su habitual actuar.

Ladeó la cabeza, como un gato curioso.

─…Me imagino que ahora deberías de estar agradeciendo cada segundo en el que pasas en este caótico circo de locos, ¿verdad? ─Y seguía su parloteo, seguía recio a ser ignorado. Seguía aferrado a sus intentos de provocación, a su inefable forma de no querer ser resignado a ser el último con la palabra en la boca.

Pomni, con un semblante cansado, y sabiendo bien lo que intentaba hacer, resopló con burla, negando ligeramente con su cabeza.

─Mejor no te hubiera dicho nada.

Las orejas de Jax se crisparon, y en cuanto divisó la diminuta sonrisa de Pomni, oculta debido a sus brazos, su amarillenta y socarrona sonrisa volvió con todo su esplendor.

─Nah, tenías que. Si no, ¿cómo me convencerías para que me abriera a ti como un pobre polluelo inseguro y reprimido emocionalmente? ─Forzó un tono de voz aniñado, inclinando su cabeza hacia Pomni, formulando específicamente las palabras de una forma, como siempre hacía:

Entre dientes.

Pomni le clavó mirada encima. Rio, no porque le pareciera graciosa la acción.

Rio por lo tan complejo, pero al mismo tiempo tan evidente que era leer a Jax.

Arqueó una ceja irónica, tirando algo que el conejo no esperaría.

─Inventas muchas excusas. ─Cuando habló, el otro giró sus orejas lentamente hacia ella, confundido, su máscara tembló sobre su rostro─. Me parece que solo ocultas esto porque temes no ser tan bueno como Gangle, ¿o me equivoco?

El conejo pareció salir de su fachada autoimpuesta en tan solo unos segundos. Frunció un poco el ceño, como si Pomni hubiera dadó en el clavo. Mantuvo su sutil sorpresa, ensimismado en el rostro pálido de mejillas pintadas, analizándola de pies a cabeza. Para luego, descaradamente, hacer como si nada.

Suspiró por lo bajo, como si se lamentara. Sonrió de imprevisto.

─No te iras hasta que los veas, ¿eh? ─Pomni de inmediato le devolvió la sonrisa, alzando un poco los hombros. Era como si le dijera de un simple gesto: “No sé, dime tú”.

─Ya te conté lo que tenía que tenía para contar, así que lo justo es pagarme con lo que amerita. Si es que todavía quieres que guarde tu horrible secreto ─Pomni contratacó.

De parte de Jax salió una risa rápida y efímera.

Capaz la bufona sí se ganó respuestas.

Su sonrisa permaneció igual, pero esta era diferente a las otras.

Parsimoniosamente, sacó las hojas blancas que mantenía fuera del alcance de la bufona.

─Como sea.

El salón principal del circo era llenado principalmente por silencio, ruidos misteriosos del exterior, y el sonido de dos voces de diferentes timbres sumergidas en su propio mundo. En ese momento, Pomni olvido la sensación extraña y molesta que comenzó protagonizando su día, porque de todas las aventuras medianamente realistas que Caine creó, de todas ellas, lo que está viviendo y experimentado ahora con ese avatar digital, lo consideró mucho mejor. Mucho mejor que todo lo que ha pasado en este transcurso de tiempo en general. Uno lleno de adversidad tras adversidad.

Por primera vez, tuvo una charla honesta con él, con alguien que no es un NPC.

Por primera vez, presenció la primera sonrisa real de entre todos los atrapados allí.

La de él.

Tal vez Jax no era crueldad pura como Ragatha y Zooble tanto aseguraban.

Tal vez una amistad entre ambos no era una locura.

 

…

 

 

“¿Dios, te cuesta entender un chiste, cierto?”

Se equivocó.

El arma le temblaba en la mano; cada fibra de sí parecía hacerlo. Experimentó emociones angustiantes en tan poco tiempo que aún no lograba asimilar la información por completo. Todo lo que sucedió entre ellos, lo que hablaron, lo que compartieron, se esfumó como una idea, un momento pasajero, como las nubes grises de un mal clima que rápido desaparecen para darle su lugar al sol. Su incredulidad llego al borde de la sensación cuando él le dijo de forma tan cruda que su “amistad” nunca significo nada, pues, nunca existió.

Que valía poco este equipo, y que valía menos si uno de aquí sale abstraído.

Le enfadaba, desesperaba, irritaba lo descarado que luce ocultándose tras mentiras.

Porque sabía que lo hacía, se protegía con ellas, pero su lenguaje corporal por momentos lo delataba.

Por eso fue que con una gran inhalación dejó de darle la espalda para lazarle la pistola sin preocuparse a donde realmente la dirigía.

Le grito con todas sus fuerzas la verdad que el otro no aceptaba: “¡Tú no eres el chistoso!” para con la velocidad de un relámpago abalanzarse encima suyo. Sus manos se ciñeron precisamente en el cuello del otro con más voluntad de la debida, gruñendo, apretando hasta que sus manos digitales temblaron por el esfuerzo que ejercía; Jax comenzó a hacer ruidos agonizantes una vez que fue privado del aire. Pomni pudo predecir con anticipación el siguiente movimiento que haría el otro para defenderse; se lo confirmo la proximidad, con intenciones de apartarla, que empezaba a tener la pierna contraria. Aflojó el agarre sobre el cuello alargado, dispuesta a apartarse ella misma antes de que el más alto la obligara por medio de la fuerza. Pero el empujón nunca llego.

Pomni frunció el ceño, expectante de la nueva expresión del conejo debajo de ella: recuperando el aire, la irritante sonrisa amarilla se manifestó. Aunque torcida, se dibujó en su rostro morado abruptamente, los ojos oscuros se volvieron cuadritos apenas visibles, pero lo que más desconcertó a Pomni no fue aquello, sino el cómo las manos con guantes amarillos abrazaron las suyas cubiertas con guantes de color distinto, ubicadas aún muy cerca del cuello. Pomni siseó al sentir la presión que ahora ejercían las manos de Jax, como si este quisiera parar la asfixia sin apartar del todo el contacto tembloroso de ella sobre su cuello.

Pomni parpadeó cuando escucho a Jax reír entre dientes, como todas las otras veces. Solo que había algo raro, más profundo.

─P-pensé que ya estabas grandecita para hacer berrinches.

La ira en Pomni brotó; no puede estar hablando en serio.

─Oh… Espera ¡¿de verdad me vas a contar que pensaste que vos y yo éramos los mejores amigos?! ─Su risa aumentó, sus ojos contraídos la observaban con condescendencia, tan fijamente que un pesar involuntario la atravesó de pies a cabeza.

La respiración de Pomni se agitó; sentía por segundos como se le iba la fuerza de los brazos. El agarre de Jax era firme, seguro si tuviera un cuerpo real ya le hubiera dejado marcas en las muñecas

─¡Deja de actuar como si no te importara! ─el conejo soltó un quejido, luego otro; Pomni apretó los dientes hasta hacerlos rechinar cuando cayó en cuenta que Jax se seguía riéndose en su cara. Seguía siendo tomada como una burla. Su voz impuso resistencia para no quebrarse cuando soltó: ─ ¡No le encuentro lo gracioso, Jax! ¡¿Por qué nada importa para ti?! ¡¿Por qué todo tiene que ser un chiste para ti?!

Los ojos negros tuvieron un cambio drástico: se dilataron como las pupilas de un gato, quedando casi nada de amarillo. Seguidamente, el agarre sobre las muñecas de la bufona desapareció. Jax arqueo las cejas hacia abajo como si todo lo que salía de la boca de Pomni fuera la cosa más ridícula que ha escuchado.

─En primer lugar, no me importas vos, ni nadie en este circo en lo más mínimo.

De un empujón directo a su estómago que le saco el aire, Pomni fue expulsada hacia atrás, chocando con un cubo de juguete en un golpe seco que la aturdió en cuanto el impacto subió a su cabeza. Dos objetos cayeron de encima de la estructura. Pomni no dudó en incorporarse utilizando sus brazos, la cabeza gacha, respiración acelerada.

Gruñó, crispando las manos en el suelo translucido que le devolvía el reflejo de su enojo.

Jax se recompuso, elevándose sobre sus rodillas de un accionar rápido, inhaló hondo, y exhaló en un gruñido resignado.

─Esto ya es incómodo ─se pasó una mano detrás de la cabeza, intentando limpiar los nervios con una nueva fachada. Reposó ambas manos en la cintura, bajando un poco la cabeza mientras le habla a Pomni─. ¿Ves? Debiste haberme disparado; hace tiempo hubiéramos acabado con est… ─se interrumpió a sí mismo cuando un objeto salió disparado y cruzó justo frente a sus ojos, rozándolo peligrosamente. Pegó un respingo, desorbitando los ojos, apenas logró esquivarlo. Aunque una maceta artificial completo el objetivo original del primer lanzamiento: impactar en su cara.

Jax agitó la cabeza, confusión plena plasmada. Al virarse a Pomni está ya estaba corriendo de lleno hacia él, como la escena de una película de terror. La bufona lo abrazó para seguidamente, y de forma caricaturesca, morder con rabia su pierna alargada, por lo que el más alto reaccionó apartándola con un empuje de su mano.

─¡Atácame! ─le exigió la más baja.

─¡¿Estás demente?!

─¡Que me ataques!

Pomni gritaba con furia, encaramándose en el cuerpo delgado con el fin de repartir golpes disparejos y rasguños salvajes a diestra y siniestra.

─¡Basta! ─Jax al fin reaccionó.

Sus orejas estaban torcidas, su expresión completamente caída. Zumbó a Pomni al suelo, su pecho se levantaba con violencia debido a su respiración acelerada. En sí, ambos oían el eco de sus ruidosos jadeos.

─¡¿Que fue todo eso?! ─exclamó con enojo.

─¿Por qué no me atacaste? ─Pomni lo miraba con el mismo sentimiento, de nuevo fue vista a quedar de rodillas.

─Perfecto… ─masculló, depositando dos dedos en su frente para después apartarlos abruptamente en un ademan violento─. ¡¿En serio seguís con eso?! ¡¿Crees que el hecho de que no te ataqué es porque en secreto me importas mucho?! ¡Ya te lo dejé en claro! ─le espetó frente a frente, pronunciando la palabra “secreto” con asco, burla, sarcasmo, mientras enterraba con rapidez uno de sus dedos en el pecho de la bufona, juzgándola

─Nunca lo hice… ¡Y este teatrito no cambiara una [@#&!?]! ¡¿Me oíste?!

Ahora, Pomni no sabía qué hacer. Intentaba enfrentarlo, pero Jax intercambiaba y jugaba con su personalidad, como una clase de juguete.

Jax siguió hablando, justificándose. Las cejas de Pomni se arqueaban hacia abajo mientras más le escupía veneno el otro.

No trata a nadie como personas reales. Siempre los ha visto como arquetipos, como si fueran un objeto inanimado, sus juguetes.

De la impotencia, Pomni apretó sus manos en puños. Se sentía patética estando tirada en el suelo, obligada a tragarse toda la palabrería del conejo.

Odiaba, pero odiaba tanto eso de Jax que las ganas de estrangularlo hasta que se le borre para siempre esa falsa sonrisa amarilla de su rostro surgieron más intensas que nunca; sin embargo, no encontró la fuerza de hacerlo, ni para levantarse. Odiaba reconocer como le dolía su trato hacia ella. ¿No se suponía que el mundo real ya no existía? ¿Por qué siente su pecho con un miedo oprimido? Este no es su cuerpo original; no era su cuerpo abatido. ¿Entonces… por qué siente su corazón palpitante?

Era tan espantosamente real.

El nudo cerrando su garganta está más presente de lo que desearía admitir.

Incluso si él le habló fuera del sarcasmo.

Incluso si formaron un equipo funcional juntos.

Incluso si pasaron momentos divertidos…

Nada de eso le importól.

Todavía no le cabía en la cabeza el cómo juraba haberla tratado como un peón para su entretenimiento. Alimentando la fantasía de algo más entre ellos.

La había utilizado, como algo con el que jugar y desechar tras un rato.

─No soy otra cosa...

Jax habló con un dejo agotado.

Le dio la espalda.

─Así que deja de buscar.

El pisoteo de sus patas moradas fue descendiendo mientras más se alejaba. Un pitido afectó los oídos invisibles de Pomni, puesto al denso silencio que inundo el espacio.

En un punto perdió de vista a Jax, quien dejó atrás a la última persona que le pudo haber llegado a importar.

Pomni no se movió ni un centímetro, detuvo su respiración, de su boca no salió ni pio.

Se quedó ahí, observándolo desaparecer con sus ojos bicolores agrandados.

Su cólera se despidió, la irritación paso a ser dolor.

En su rostro entristecido no se volvió a ver otro ceño fruncido.

¿Debió ir tras él? ¿Fue correcto haber permitido que todo acabase así?

No.

Valdría lo mismo.

No hay peor sordo que el que no quiere oír.

 

 

 

 

 

 

 

Notes:

I hate them.

Solo quiero que la frase de Jax, «Te conté muchas cosas, ¿no?», tenga un significado diferente después de esto. Es decir, ok bro le contó sobre su miedo al maíz a Pomni, ¿pero solo eso? (aunque aquí Jax tampoco dice mucho, jeje).

Si quieren, pueden interpretarlo como funnybunny, pero eso no es lo que busco, como dicen las etiquetas. Me gusta el ship, pero no tanto; me encanta su relación ambigua que no va más allá de la amistad.

Siéntanse libres de comentar si he caracterizado bien a los personajes o no, o cualquier idea que podría haber sido mejor, cosas así. Me encantaría recibir sugerencias generales, ya que no estoy familiarizado con los fanfics de este fandom.

Muchas gracias por leer <3