Work Text:
—¡Corte! Descanso de diez minutos —anunciaba uno de los operadores de escena.
—¡Yuki! ¡Tendrás que tener cuidado a partir de ahora! —decía Momo, blandiendo un hacha de utilería como si fuera un guerrero. —¡El temible vampiro estará a mi merced ahora!
Momo salió de escena hacia el detrás de cámaras, donde Orikasa estaba sentado viéndole actuar. Estaban grabando la primera parte de Binary Vampire, aquella donde los aldeanos elegían al joven huérfano para derrotar al demonio.
—¡Jamás había venido a un lugar así! Fue una excelente idea haber viajado fuera de Japón, el lugar es perfecto —tarareaba contento.
—Pensaba en salir a recorrer el lugar ahora que no tenemos a nuestro manager aquí, no siempre podremos venir a lugares así, pero aun debo hacer la última prueba de mi vestuario —explicó Yuki, con su siempre semblante tranquilo y una sonrisa.
—¡Quisiera ver cómo luces con ese traje! Aaahh, seguro te verás tan, TAN guapo...
—Me verás, Momo, solo que ahora no.
—Pero cuando te vea será para actuar y quería disfrutarlo más... ya sabes, tomarnos selfies, hacer videos... ¿Cuándo podremos salir a divertirnos?—sollozó aun con el hacha jugueteando entre sus manos.
—Sabes que mientras trabajamos es difícil tener tiempos libres —rio Yuki por lo bajo. —Vamos, John Doe, te están llamando... podremos salir a pasear otro día.
Momo asintió y se fue hacia las asistentes.
Yuki le seguía los pasos con la mirada, estaba acostumbrado a ver a su compañero con trajes coloridos en los escenarios, pero este atuendo le hacía ver notoriamente más lindo; esa chaquetilla negra ajustada a su cuerpo y la camisa blanca le daban un toque sencillo y atractivo.
¿Atractivo...?
El peliblanco tosió para evadir sus extraños pensamientos y tomó su libreto para repasar las próximas filmaciones.
Aun así, leía sin leer. Su mente volaba hacia otras partes y sus recuerdos le jugaban sucio, mostrándole una y otra vez a Momo frente a él, siempre juguetón y sonriente.
Su lindo Sunohara Momose.
Ese muchacho cambiaba sus días oscuros y nublados en fuertes rayos de sol, alegres y radiantes, inclusive cuando componía y tenía sus bloqueos artísticos, solo pensar en él le daba claridad y energía.
Hace ya un buen tiempo, Yuki había querido confesarse a Momo, intentaba buscar momentos exactos (o especiales) pero cuando tenía la oportunidad, su cara se sonrojaba a tal punto que no podía articular palabra alguna, y Momo solo reía sin entender nada, diciéndole "¡Yuki, cuando pareces un tomate también te ves tan guapo!"
¿Cuándo habían empezado a nacer estos sentimientos? ¿En su primer aniversario o el segundo? O quizás... desde aquella mañana en que formaron Re:vale...
—Momo... esta vez sí lo haré —pensaba decidido. Quería que ese viaje marcara su vida, aunque él era bastante desabrido y no sabía cómo hacerlo, algo se le ocurriría.
—¡Vamos! ¡Escena n°13, rodando!
Momo caminaba por el bosque, con hacha en mano. Era buen actor, quizá un diamante en bruto. Destacaba muy bien por sus expresiones faciales: miedo, angustia, sorpresa. John Doe era perfecto para él.
En su papel de aldeano, caminó entre el desigual terreno del bosque hasta que llegó a la puerta de un gran castillo.
Las luces alumbraban tenue la puerta antigua y las cámaras filmaban la escena. Momo abrió la puerta con un chirrido propio de una poderosa mansión, le sorprendía que sus productores hayan arrendado un lugar extranjero tan grande y lujoso para su video promocional.
—¡Corte! Diez minutos. Revisen las luces y seguimos con la escena de Orikasa-san.
—¡Sunohara-san! —llamó la maquilladora, acercándose al protagonista para retoque. —Buen trabajo.
—Gracias... ¿Yuki aún no llega? —preguntó curioso al no verlo en escena.
—Estaban ajustando los últimos detalles de su traje ¡Es hermoso! —chilló la muchacha.
—¿Eehhh? No es justo que otros lo hayan visto y yo aun no...
—Pronto llegará el auto con el resto del equipo, seguro Orikasa-san se verá genial.
Acto seguido, el auto del que hablaban llegó por un camino aledaño por el bosque. De un furgón van grande bajaron hombres y mujeres del equipo, y Yuki.
Elegante, delicado.
El traje blanco era un sueño, los detalles de velos y pedrería eran perfectos para su silueta y la rosa negra en su hombro destacaba su belleza.
De alguna forma, todos quedaron embelesados al verle llegar. Un verdadero aristócrata, un hijo de la realeza, un vampiro tan hermoso que sacó suspiros de varias personas en el set.
—¿Ese es... Yuki...?
Momo se sonrojó al ver que los pasos del elegante hombre se dirigían hacia él, como si nada más existiera en el mundo.
—Lamento la tardanza —se excusó a su compañero con una suave sonrisa dibujada en su perfecto rostro. —Tomé una siesta y me quedé dormido.
El comentario sacó algunas carcajadas que rompieron el hielo en el lugar, incluso Momo salió de su trance riendo.
—¡Me alegra verte! ¡Y ese traje te queda genial, realmente eres un hombre muy guapo!
Sí, era el más guapo que conocía.
Banri-san era el único que le hacía competencia.
Yuki asintió a Momo y enseguida fue a presentarse con el director, ahora tocaba filmar la escena dentro del castillo, al fin el encuentro de los protagonistas.
—Por qué... ¿por qué debe ser así? — pensaba el pelinegro, llevándose una mano al pecho al verle alejarse. Cada atuendo nuevo, cada sonrisa, todo le hacía enamorarse más y más de su compañero.
Tenía la confianza para decirle lo guapo que era, para abrazarlo, tener citas en broma y llamarle "¡Darling!", como cómicamente se relacionaban día a día... pero esta vez, con esa elegancia, de verdad sentía que no podía ocultar sus sentimientos.
¿Y qué diría Yuki si se confesara?
A veces intuía que no podía olvidarse de Ban-san, de la forma que fuese. Que él mismo no era competencia.
—... quizá sea mejor así —pensaba, sin cambios, sin arriesgarse. No quería perderlo, ni su confianza y mucho menos la vida junto a él que había demorado tanto en construir entre altos y bajos.
—Siguiente escena —exclamó el director. —Sunohara-kun entra al castillo, sigue por el pasillo y encuentra a Orikasa-kun tendido en el suelo... el vampiro espera y muerde el cuello del aldeano. Efectos especiales tiene quince segundos para derramar la sangre y continúa el rodaje... ¡A sus posiciones!
Las órdenes eran claras, todos estaban atentos a sus trabajos, sin perder el tiempo.
Momo se ubicó en la entrada del castillo y al escuchar "¡Acción!" se puso en marcha con su arma, caminando mientras las cámaras le seguían.
El joven huérfano miraba a todas partes, el mismísimo demonio estaría acechándolo dentro de su castillo. Sus pasos, silenciosos y temblorosos, llegaron al final del largo pasillo: bajo un tragaluz de delicada luz blanca, encontró una figura humana tendida en el suelo. Sus blancas ropas escondían a un joven de piel pálida, con una hermosa rosa en su ojo derecho.
El muchacho se acercó.
¿Un herido?
¿Acaso una víctima del monstruo?
Soltó el arma y se arrodilló ante él, preocupado.
Le tomó en brazos, girándole levemente... instante en que el hombre de blanco se abalanzó a él, acercando sus colmillos a su cuello descubierto...
—¡Pausa! ¡Efectos especiales! —gritó el director.
Dos hombres entraron en escena rápidamente, mientras los integrantes de Re:vale mantenían la posición sin mover un solo músculo, incómodo. Yuki estaba sobre Momo, y este último luchaba por mantenerse en equilibrio antes de caer de espaldas al suelo.
Los labios de Yuki apenas rozaban la piel del más joven. Su aliento recorría su cuello. Era tibio y fugaz... El pelinegro sintió un escalofrío recorrer su espalda ¿Yuki siempre se había sentido de esa forma, estando tan cerca de él?
Rápidos y efectivos, los dos tramoyas empapaban la camisa de John con líquido rojizo y "ensangrentaban" la boca del vampiro sin moverlos, no podían tardar mucho, la filmación seguía tal cual en ese momento.
Sin embargo, esos segundos fueron eternos para los protagonistas. Una especie de pérdida de consciencia en el espacio-tiempo.
Jamás habían filmado escenas tan comprometedoras, tan cercanas, y aunque ambos se consideraban artistas con trayectoria, no podían negar esas extrañas mariposas en el estómago que les hacían entrar en ansiedad.
—¡Listo! ¡Pueden seguir!
—Retomando en 4... 3... 2....
El vampiro mordió al muchacho, el espectáculo seguía al instante.
A pesar de todo ese discurso de "profesionalismo", Momo no pudo evitar soltar un gemido al sentir los dientes de Yuki en su piel, lo cual no era parte del libreto.
El albino se sorprendió al escucharlo ¿Había mordido muy fuerte? No, jamás le haría daño a Momo... entonces qué había sido eso.
Momo se sonrojó de la vergüenza por el gemido y empujó a Yuki para que se separara de él. Llevó su mano al cuello, asustado de que todos hubieran escuchado "eso" que no era parte de la filmación.
El vampiro, arrodillado frente a él, relamió sus labios sin apartar la mirada del aldeano. Su mirada era lasciva, deseosa de más... sí, el mismo Orikasa Yukito sentía que podría morder una y otra vez a su compañero en ese instante.
—¡CORTE!... ¡Espléndido! ¡La escena fue tan real que pude sentirlo! La mirada de Orikasa-kun y el miedo en los ojos de Sunohara-kun fueron una gran toma.
Tal parecía que el "error", ese gemido, se había vuelto un gran acierto.
—¿Eh? Y-yo... —balbuceaba Momo, volviendo rápidamente en sí mismo. —Jajaja... ¡Gracias! ¡Y gracias por su esfuerzo!
El director decretó cinco minutos de pausa para revisar las tomas.
—Momo... ¿estás bien? —preguntó Yuki, acercándose a su compañero, a quien conocía muy bien y sabía que algo se sentía diferente.
—¡No! Quiero decir... ¡Si! Todo está bien —balbuceó nervioso.
—¿Te hice daño? Jamás pensé que morderte sería...
—¡No, no! ¡No es culpa tuya! Solo me sentí un poco nervioso y... y yo... fue mi culpa...
Yuki posó una mano en el hombro de su compañero, siempre cercano y confortable.
—No tienes que disculparte, Momo. Quizás no medí mi fuerza... Dime, ¿qué se siente una mordida de un vampiro? —preguntó divertido, amenizando el momento.
—¡Yuki! ¡¿Qué pregunta es esa?! —se quejó riendo —Pues... tus dientes no son tan filosos, y... ¡Fue una gran actuación!
Quería agregar que sus labios se sentían suaves.
Malditamente suaves...
... pero decir eso era un paso más allá que no se atrevía a dar. Era cruzar la línea imaginaria que dividía el bien del mal.
Para Yuki, aquella fina piel morena era el fruto prohibido que siempre esperó probar. Esa dulce piel que a veces miraba en silencio, por fin había sido suya por unos instantes.
—Oh, entonces salió muy bien. Espero que la escena se vea mejor cuando los de post-producción me agreguen colmillos en los efectos visuales —murmuraba Yuki, soportando las desenfrenadas ganas de morderlo otra vez.
La voz de una mujer los interrumpió. Les solicitaba repetir la escena nuevamente.
—¡¿Repetir la escena?! —exclamó Momo, nervioso.
—Perdón, tenemos que ajustar las cámaras para hacer un mayor enfoque en la escena de la mordida, al director le gustó mucho.
Ambos quedaron en silencio por unos segundos, batallando con sus propios pensamientos intrusivos.
"¿Yuki va a... morderme de nuevo?"
"¿Puedo morder a Momo otra vez...?"
—¡Recreamos la última toma! —gritaba un tramoya.
Yuki estaba sobre Momo, otra vez, repitiendo la escena del encuentro del vampiro con el aldeano mientras los especialistas corrían a empaparlos de la sangre de utilería. Su rostro casi apegado a su cuello respiraba caliente, aguantando todo deseo, esperando la señal para... morderlo. Se sentía embriagado de Momo, siempre olía tan suave y acogedor que deseaba quedarse así para siempre, suspendido entre la actuación y el anhelo de hacerlo suyo.
Sí, eso sonaba tentador.
Momo, manteniendo la posición bajo el vampiro, sintió cómo sus brazos, apoyados contra el suelo, comenzaban a temblar. No era el esfuerzo físico lo que lo traicionaba, sino la tensión insoportable de tener a Yuki tan cerca, con su peso contenido sobre él y su respiración cálida rozándole el cuello. Cada exhalación le erizaba la piel, provocándole un escalofrío que debía disimular con todas sus fuerzas. Apretó los dedos contra el suelo, aferrándose a la escena. Sin embargo, su cuerpo no colaboraba. Su corazón latía y su garganta parecía temblar, se estaba delatando ante su compañero.
—Yuki... —susurró su compañero, tan bajo que solo él podía escucharle a su lado. —P-perdón... yo...
—Tranquilo, Momo —susurró de vuelta, sentía que estaba nervioso nuevamente. —Solo es una actuación...
La filmación retomó su curso.
El vampiro mordió al aldeano, clavando sus dientes en el cuello suave... pero este no era el vampiro, era Yuki de Re:vale, aquel que en ese minuto estaba perdiendo la cordura. En un intento de sentir un poco más allá, la necesidad de cruzar la línea, el mordisco se transformó brevemente en un beso inconsciente.
Momo se sintió acalorado, la sensación era diferente... sus dientes, no, sus labios se sentían tan bien que levantó su mirada, sonrojado, disfrutando del efecto embriagador que causaba en él. Quería más... quería ser realmente el joven que se entregaba al demonio del castillo.
La imagen de ambos, en ese segundo, era perfecta bajo el haz de luz del castillo.
No.
Tenía que despertar de ese sueño.
Empujó al vampiro, alejándose de él, volviendo a su papel. Nuevamente, Yuki parecía diferente, lascivo. Ahora relamía sus labios, saboreaba uno de sus dedos juguetones y su mirada, escondida tras esa rosa blanca, sugería tantas cosas que no podía describir en palabras.
Los gestos libidinosos de Yuki, la mirada temerosa y sonrojada de Momo...
El vampiro y su presa.
La escena perfecta quedó grabada.
—¡Aaah, hoy fue un día largo! —suspiró Momo, en la habitación del hotel que habían dejado para ellos dos, recostado en su cama.
—Mañana filmaremos las ultimas partes, afortunadamente hoy avanzamos mucho —respondió el mayor, revisando el libreto.
Habían acabado con las tomas dentro del castillo, solo restaban algunas en el bosque y más adelante las de ambos vampiros.
Luego de la sensual escena de la mordida del vampiro, vinieron otras más ese día.
John Doe demostraba su alianza con el demonio del castillo dándole de beber sangre de su brazo, de su muñeca, de su cuello... se filmaron varias escenas que luego se elegirían para el video final.
Ninguno de esos momentos eran desaprovechados para Yuki, quien tomaba con cortesía cada trozo de piel de Momo hacia él. Sí, era actuación, pero el peliblanco lo sentía como una cercanía única. Su cuello, su brazo, su muñeca... quería creer que los sonrojos y suspiros de su compañero eran por él y no por la filmación.
Y Momo... era un manojo de nervios. Lo ocultaba bien, podía vivir un par de días más de filme conteniendo sus mariposas en el estómago, después de todo, ya había vivido más de 5 años de ocultar sus sentimientos por el joven de ojos claros.
Una, dos... siete... nueve escenas en que Yuki rozaba sus dientes y labios en su piel. El chico sentía que era el mejor día de su vida, y el más pecaminoso. No podía engañarse, siempre había soñado con tener a Yuki sobre él, pero jamás creyó que el día llegaría de esa forma.
—Mmm...
—¿Qué ocurre? —preguntó Momo, dando vueltas en su cama, saliendo de sus recuerdos del día. Yuki leía el libreto de pie en la habitación. Debía mantener las apariencias a pesar de sus nervios románticos.
—La escena donde el vampiro convierte al joven... siento que es muy plana. No me gusta. —replicó, dejando caer el libro por ahí.
—¿Eehh? Pero ya está revisado por los guionistas.
—Es la escena más importante, no es así como debería ser.
Momo tomó el libreto del suelo y lo re-leyó. Describía cómo el vampiro mordía el cuello una vez más de John y solo... despertaba siendo un vampiro.
Algo le pareció plano también, pero confiaba en que Yuki haría una actuación tan buena que arreglaría todo. Solo le preocupaba lo terco que era su compañero, cuánto odiaba que le dijesen qué hacer cuando simplemente algo no le gustaba.
—Ya pensaré en algo —solucionó el albino, apagando la luz y acostándose. —Buenas noches, okaa-san. —sonrió.
—Buenas noches... darling —respondió Momo feliz, escondiéndose entre las sábanas, viendo la espalda de Yuki en la otra cama.
"Yuki... ¿por qué me tormentas de esta forma?"
"Momo, perdóname..."
El peliblanco, en la tranquilidad y el silencio de la habitación a oscuras, rozó sus labios con sus dedos como si aquello le hiciera revivir todos los besos y las caricias del rodaje. Al fin había hecho realidad el sueño de probar el ese fruto prohibido, pero quería más... quería a Momo completamente para él, la filmación no le estaba ayudando para nada a contener sus impulsos, pero agradecía el papel que interpretaba. Abusaría más de ese vampiro.
En la otra cama, las manos de Momo, traviesas y nerviosas, recorrieron cada parte de su cuerpo donde el aliento de Yuki había dejado marca: sus muñecas, su antebrazo y su cuello. Sentía como cada una de esas partes ardía, incluso sus mejillas ardían. No podía dejar que sus sentimientos interfirieran en el rodaje, pero le era tan difícil no pensar en Yuki como "algo más"... tenerlo tan cerca se volvía irremediablemente peligroso y tentador.
Al día siguiente, ambos estaban perfectamente vestidos nuevamente. Miradas juguetonas saltaban entre ellos intentando parecer "normales", aunque cada uno vivía sus propios torbellinos internos: Yuki apartaba la mirada cuando sentía que miraba mucho y descaradamente a su compañero en esa bien ceñida chaquetilla negra, y Momo sentía su estómago apretarse de ansiedad al imaginarse las escenas que filmarían ese mismo día.
—Yuki... ¡Por favor sé bueno conmigo!...No voy a poder soportar tenerte tan cerca otra vez... —pensaba el más joven, casi rogando.
El director dirigía a todos los tramoyas y especialistas de escena, luces, sonido, maquillaje, efectos especiales, etc. Todos corrían de un lugar a otro para preparar las escenografías para las filmaciones restantes.
El día completo transcurrió entre escenas con el vampiro, los aldeanos y el momento en que apresaban al joven para darle muerte ante las sospechas de ser un traidor hacia su pueblo.
Aquellas escenas eran dignas de un cortometraje de terror.
Todo el equipo estaba filmando a la entrada del anochecer, en el bosque. La localización era perfecta, incluso las luces naturales del ambiente ayudaban a dramatizar el momento.
Los aldeanos llevaron el cuerpo de John Doe hasta un claro en medio del bosque, donde la luna alumbraba hermosamente el sector previamente elegido. Las cortinas de luz de luna (y focos en la escena) brillaban en ese sector despejado de árboles, el clima también acompañaba con una noche limpia y estrellada.
—¡Atención todos! Filmaremos el clímax de la historia —llamaba el director, dirigiendo a todos.
Momo yacía en el suelo sobre la tinta roja previamente preparada, esperando las indicaciones. Ahora no debería hacer mucho, su personaje estaba falleciendo y solo esperaría una buena actuación de Yuki, sin embargo, recordaba que la noche anterior su compañero no parecía muy satisfecho con la escena que tendrían que filmar a continuación, según el mayor, la escena seguía siendo muy aburrida para un momento tan importante.
Su vista se alzó a la espera de la dirección, perdiéndose en el infinito cielo azulado, con miles de estrellas resplandecientes.
¿Vería un cielo tan hermoso cuando regresaran a su vida cotidiana en la ciudad, tan contaminada de luces?
¿Volvería a... tener a Yuki tan cerca?
—Momo.
Interrumpió una voz suave sus pensamientos.
Apareció Yuki, sobre él, mirándole desde arriba, cuidando de no manchar su delicado vestuario blanco antes de la grabación.
—¡Ah! ¡Yuki! — se sorprendió el muchacho, aun recostado sobre la hierba, e inevitablemente sonrojado al ver una criatura tan maravillosa como esa sobre él.
Esa rosa adornaba perfectamente su rostro galante, su cabello caía a sus costados con elegancia y parecía que todas las estrellas del universo brillaban solo para adornar su silueta. Era una vista que no quería compartir con nadie.
—Le dije al guionista que no me gustaba la escena —murmuró el vampiro con su semblante serio, interrumpiendo la imaginación del moreno.
—¿Eh...? Pero es lo que habíamos acordado...
—No me gusta, no quiero hacerlo.
Ahí estaba, el mismísimo inflexible y terco compañero de siempre. Cuando Yuki no quería hacer algo, simplemente buscaba la forma de sacarse de encima esa tarea. Momo ya lo conocía, solo rio bajito, sin moverse de su posición para no arruinar la toma de la cámara.
—Entonces ¿qué harás? No podemos detener las grabaciones por un capricho tuyo.
—Tengo una idea —respondió el joven de la rosa en su rostro, riendo silencioso y susurró a su compañero bajo él. —Pero necesito que me sigas el juego, ¿lo harías?
Momo estaba confundido.
No obstante, no hacía falta que le explicara el plan que tenía entre manos. Usualmente sabían cómo seguir sus rutinas de comedia de formas improvisadas en cualquier momento, y si el peliblanco ya tenía algo pensado, no sería Momo quien le impidiera hacer lo que quería.
—Si esto no funciona, volveremos al guion original ¿es un trato?
—¡Jajaja! Trato hecho. Yuki ¡te ves tan guapo cuando tienes buenas ideas en mente!
—Espero sea una buena idea para ti —sonrió de vuelta, poniéndose de pie nuevamente y alejándose de escena, ahora era su turno.
—¡Comenzamos en 3, 2...!
El cuerpo desfalleciente del joven yacía en el claro del bosque, rodeado de flores y de su propia sangre. Con sus últimas fuerzas miraba el cielo estrellado, con lágrimas en sus ojos que mojaban por última vez su rostro pálido... disculpándose en susurros por no haber llegado a tiempo al castillo, por faltar a su promesa, por no haber sido más cuidadoso esa noche...
En escena, entraba apresurada la silueta blanca del vampiro. Cansado, horrorizado... la escena le hizo temblar: el cuerpo de su fiel compañero descansaba empapado en la sangre que él mismo reconoció a kilómetros del castillo. Su miedo más grande se había vuelto una realidad.
—¡No!... ¡Por favor no-!
No podían repetir esta escena, era la toma única donde el vampiro se arrodillaba frente al joven y, manchando sus túnicas claras de su sangre, le abrazaba rogando por su alma.
Momo solo estaba esperando el momento, con sus ojos entrecerrados, tampoco quería perderse a Yuki actuando tan genial y guapo.
—¡No puede ser así...! ¡No, no te vayas!
El demonio blanco se acercó, se arrodilló ante el joven y tomó en brazos su cuerpo muerto, pesado, aquellos brazos caían hacia los lados y su cuello, al que había acudido tantas veces, ya no respondía.
Momo sentía las lágrimas caer sobre su piel. Ahhh, Yuki siempre era tan bueno actuando...
¿Y ahora qué? El libreto decía que el vampiro mordería el cuello del joven y John recuperaría la consciencia siendo un demonio como él... eso sería todo.
El hombre de cabello largo miró el rostro de su amigo, y con un rebosamiento de sentimientos, gritó rompiendo el aire:
—¡NO ME DEJES!
Arrodillado con él, observó su rostro ensangrentado, su respiración temblorosa, sus labios entreabiertos...
No veía John Doe.
Veía a Momo.
Vulnerable, hermoso, demasiado cerca...
Sus manos debían sostenerle y morder su cuello... pero dudó, quedando suspendido con el joven en brazos.
El director no dijo nada, nadie interrumpió la escena. Las cámaras seguían filmando.
Yuki llevó una mano al rostro de Momo, acariciando con su pulgar la mejilla del joven, con una suavidad tan delicada que no estaba en ningún libreto.
El gesto era demasiado íntimo... completamente diferente a las emociones ardientes que causaban sus labios en el cuello del pelinegro con su aliento. Esto era una conexión tan profunda que el mundo se hacía invisible a su alrededor.
Momo, aun con los ojos entrecerrados, sintió la caricia y su corazón comenzó a latir con fuerza.
"Esto... no es parte del guion..."
Pensó, nervioso.
Yuki inclinó el rostro levemente hacia él.
Su respiración se encontró directamente con el rostro de su amigo, pero antes de descender más, hizo una mueca con su boca... soltando sangre de su propio labio.
Y entonces, lo besó.
Fue lento, cálido.
Sus labios se posaron sobre los de Momo con una delicadeza tal que parecían haber detenido el tiempo. La sangre escurría entre sus labios y los de él, dejando una línea carmesí en la mejilla de Momo, que caía con la misma suavidad del beso... tan dulce, tan silencioso, imposible de confundir con una actuación.
Momo cerró los ojos, sorprendido, casi alucinando.
El beso el atravesó el cuerpo entero. Sintió el calor de Yuki, la presión de sus labios y aquella sangre que se escapaba entre ambos... Yuki ¿seguía actuando?
Sus manos comenzaron a temblar levemente en el suelo.
Esto no era parte del libreto, de ninguna escena,
Era Yuki... su amor oculto, besándolo.
Improvisando.
El sonrojo le subió hasta las orejas, el corazón le golpeaba el pecho con violencia y su respiración parecía detenerse. No sabía qué hacer, recordaba que habían cámaras alrededor, estaban en plena filmación.
Sin embargo, no se movió. No se apartó.
Siguió su juego, como le había pedido.
El beso tampoco pedía permisos, solo exigía con suavidad los suyos.
Entonces, Yuki se separó apenas unos centímetros, sin romper del todo el contacto y apoyó su frente en la Momo.
Sus respiraciones se entremezclaron tan cerca, que parecían solicitarse una vez más. Y sus miradas se encontraron, tan brillantes, que era imposible seguir fingiendo.
El pelinegro lo miró ruborizado, sorprendido aun, con el pulso temblándole en la garganta y sus labios húmedos por el beso y la sangre derramada.
El mundo a su alrededor se hacía cada vez más pequeño, insonoro y brillante. Se había vuelto un bosque solo para ellos dos, iluminado de focos y cámaras casi inexistentes, con las estrellas de testigo...
Y muchos tramoyas de testigos también.
—¡CORTE!
La voz del director retumbó en el lugar, nadie dijo una sola palabra, nadie se movió, porque nadie sabía qué había ocurrido realmente.
Yuki se incorporó levemente, como si estuviera saliendo del trance, dejando a Momo apoyado sobre la hierba del lugar, el cual le miraba con los ojos abiertos, totalmente pasmado ante la situación que jamás esperó en ese momento, en ese lugar.
Ambos sabían que no era solo una improvisación.
Era Yuki eligiendo a Momo.
Y Momo... aceptándolo sin decir una sola palabra.
Varias ayudantes del set acorralaron a Momo en un círculo, impresionadas de la escena tan romántica y trágica.
—¡Sunohara-san, eso fue maravilloso!
—¿Cuándo decidieron esa toma? ¡Fue increíble!
—¡Quisiera ver esta escena elegida por el director!
Invadiéndolo de preguntas ante majestuosa actuación que había tocado el corazón de todos los presentes, Momo solo sonreía con un pie en la tierra y otro en el cielo, intentando parecer normal ante todo, pero sintiendo una presión en el pecho que le sentía difícil respirar.
Se habían dado un descanso breve de veinte minutos.
Minutos en los que el director, por otra parte, refunfuñaba a Yuki por haber actuado sin su permiso en tomar improvisaciones, pero al mismo tiempo felicitándolo por la escena tan perfecta y deslumbrante.
—... ¡Y cuando vuelvas a tomar decisiones como esa, debes decírmelo antes, Orikasa-san!
—Esta bien, está bien... Entonces ¿tenemos que repetirlo? —preguntó Yuki, para decidir qué harían a continuación.
—Revisaremos las escenas, tómense un descanso por ahora —suspiró el director, alejándose.
Yukito, en ese preciso momento, se alejó del set de filmación del bosque y se escondió dentro de una van de vidrios polarizados donde estaban sus cosas personales, entre ellas sacó su teléfono.
Momo, por otra parte, estaba intentando responder a las preguntas que ni siquiera él sabía que podían hacerle (y que tampoco sabía cómo contestar) cuando sintió su teléfono cantar en alguna parte, fue cuando una de las maquilladoras de confianza se acercó a entregárselo. Se alejó para contestar el llamado.
—¿Yuki...?
—Momo, aquí, en la van negra.
El llamado terminó.
Momo, viendo que nadie le estaba vigilando, huyó hasta el auto que le habían indicado, entrando sin que nadie sospechara.
Ahí estaba su compañero, con su traje blanco manchado en la sangre falsa, viéndole entrar justo a su lado con una sonrisa que no podía disimular.
—¡Yuki! ¡Hay muchas cosas que tengo que preguntarte! ¡Y n-no se por donde empezar! —balbuceó Momo al instante de entrar, con la respiración agitada —¡Eso que hiciste no estaba en el libreto! ¡Todos quedaron impactados y yo... no sabía qué hacer!
—Lo sé.
Interrumpió Yuki, con su característica suavidad que no combinaba para nada con la ansiedad de Momo.
En ese instante, ambos se miraron, en silencio. Un silencio tan nuevo y palpitante que el muchacho pelinegro comenzó a sentirse nervioso nuevamente.
—¡T-tu...! ¡Cambiaste toda la escena!
—Anoche te dije que no me gustaba como estaba escrita la conversión del protagonista —continuó el mayor, sin apartar los ojos de él. —Simplemente no me hacía sentido.
El joven de cabellos claros se acercó hacia su compañero, gateando por los sillones del auto hasta acorralarlo contra la puerta.
—Si fueses un vampiro y ves que alguien se está muriendo, un ser amado tuyo... no solo le muerdes y ya.
Momo tragó saliva, Yuki estaba peligrosamente cerca.
—Te acercas... lo maldices... y le conviertes.
El silencio volvió a caer sobre ellos. Era denso, cargado de sentimientos y latidos que, si fueran solo un poco más fuertes, ambos se escucharían el uno al otro.
Momo recordó las mordidas de la grabación anterior. Las miradas afiladas, la tensión entre ambos, sus labios recorriendo su cuello, su muñeca... su aliento chocando contra su piel...
El beso de hace unos minutos...
—Entonces... —murmuró en un hilo de voz, desviando la mirada —Todo esto... q-quiero decir... esta improvisación ¿por qué lo hiciste?
—Porque no aguantaba un segundo más. No era actuación.
El corazón de Momo pareció latir tanto, que sentía que podía escapar por su garganta en cualquier momento.
Y Yuki, sintiendo un alivio en su alma, respiró hondo, como dejando salir todo lo que se había guardado por mucho tiempo.
—Llevo años queriendo besarte, Momo. Hoy solo... dejé de fingir que no quería hacerlo —suspiró —Abusé de mi papel, y no me arrepiento.
—¡¿AÑOS?! ¡¿Cómo que años?!
El rostro del pelinegro se encendió, volviendo su mirada a su compañero que aun lo acorralaba contra la puerta del automóvil. Su mirada era decidida, profunda; sus cabellos plateados caían a su lado, no queriendo dejarle escapar.
—¡Y-yo pensé que tu... que solo me veías como tu compañero! ¡Que jamás podríamos-...! ¡Yo... yo....!
Las palabras se atoraban en su boca, no sabía cómo continuar, ni cómo sostener la mirada ante él.
Yuki se acercó más, casi rozando sus narices, sintiendo el calor inevitable de ambos.
—Dilo —susurró.
—Yo... también quería hacer esto... — soltó, casi como una guillotina, donde apostaba perder todo. —Por eso yo... no te alejé... quería besarte.
La confesión fue frágil y pequeña, pero lo suficientemente fuerte para dejar a Yuki sin palabras.
Esta vez no hubo sangre, ni actuación... no habían luces sobre ellos, ni un guion que seguir.
Solo era Orikasa Yukito, inclinándose hacia su compañero con una lentitud casi reverente, queriendo encontrar su rostro una vez más... Y Momo, apoyando sus manos en el pecho del peliblanco, cerrando los ojos sin poder detenerlo.
Sus labios nuevamente se encontraron.
Fue un beso distinto, un toque delicado como una pluma. Un gesto que llevaba demasiado tiempo esperando existir entre ellos.
Afuera, el equipo seguía revisando la toma espectacular que habían hecho, aunque decidiendo qué hacer realmente con ella.
Dentro de la van de vidrios polarizados, Re:vale acababa de cruzar una línea que ya no tenía regreso.
Fue un roce suave, casi tímido, como si ambos quisieran comprobar que lo que había pasado minutos antes no había sido un accidente, ni una improvisación sin sentido. Aquel roce cobró otra intención cuando Momo, sin pensarlo, se inclinó un poco más hacia su compañero, presionando sus labios con más deseo.
Yuki respondió.
Sus labios comenzaron a encontrarse una y otra vez, la respiración agitada entre ambos subía de nivel. Momo se aprisionaba cada vez más contra la puerta del auto y Yuki no lo dejaba escapar. Ese beso era la cadena moral rompiéndose entre ellos, en un vaivén de jadeos que calentaban el ambiente poco a poco y el deseo de detener el tiempo. Pronto sus lenguas ansiaban la cavidad del otro y sus dientes querían desgarrar sus labios.
Como si fueran dos adolescentes provocando sus instintos, el beso se transformó en un anhelo de posesión. Yuki se apoyaba con una mano en la puerta del auto y con la otra, acercaba a Momo desde la nuca para apasionar el beso, casi sin dejarle respirar. Momo, con sus manos en el pecho de Yuki, tiraba de su ropa, acercándolo aun mas, queriendo jamás separarse, suplicando por más.
Sus cuerpos se estremecían, gemían sin importar el volumen. Sus mentes estaban perdidas en la nada, solo dejándose amar en el pequeño espacio de los sillones, ocultos tras los vidrios que les separaban del mundo real.
El beso se fue deshaciendo lento, como si ninguno de los dos quisiera ser el primero en separarse. Sus labios aun se rozaban, compartiendo el mismo temblor de lo que acababa de suceder.
Fue Yuki quién se apartó unos centímetros, solo lo justo para poder mirarlo, pero su compañero mantenía los ojos cerrados, como si temiera que, al abrirlos, todo desapareciera y volviera a ser solo una escena más del rodaje. Su respiración era entrecortada, y sus manos aun estaban aferradas al traje de Yuki en su pecho.
—¿Momo...? —susurró.
Al escuchar su nombre, abrió los ojos con cautela, esperando que la magia no desapareciera.
Se encontraron así, a una distancia ridículamente corta, con sus labios aun tibios y sus corazones golpeando fuerte en el pecho.
Y algunos vidrios polarizados de la van casi empañados.
El pelinegro tragó saliva, recobrando fuerzas.
—Pensé... —dijo apenas con su voz tambaleante —...creí que esto nunca podía llegar a pasar.
—Yo tampoco —respondió el otro, honesto.
Sus frentes terminaron apoyándose con suavidad, casi por instinto, buscando una forma de permanecer juntos.
—Hubo tantos momentos... —continuó Momo, avergonzado, pero incapaz de callarse ahora. —Hubo tantas veces que quise decir algo y no pude. Pensé que si te decía lo que sentía, iba a arruinar todo lo que ya teníamos.
—Tenía el mismo miedo —confesó Yuki. —Prefería tenerte a mi lado como mi compañero... que arriesgarme a perderte por querer algo más, por mi egoísmo.
Momo soltó una risa nerviosa, mirándole feliz.
—Y finalmente tuviste que besarme frente a treinta personas... ¡Yuki, eres tan genial!
Yuki soltó una pequeña carcajada, pero sus ojos no se apartaron un segundo de los de él.
—Llevaba demasiado tiempo esperando hacerlo... tuve la oportunidad con este papel, no iba a desaprovecharla.
Se miraron un segundo, entendiendo tantos gestos pequeños del pasado que nunca habían sabido interpretar de sí mismos y del otro. Ahora, de alguna forma, todo cobraba sentido para ambos. Llevaban mucho tiempo siendo unos idiotas.
—Ya no quiero seguir fingiendo que no siento esto, Momo.
Iba a responderle con otro beso, quería hacerlo, su cuerpo se lo pedía como dos imanes atrayéndose, sin embargo, el más joven soltó una risa de pronto que hizo que el ambiente se alivianara.
—¿Qué ocurre?
—Es que... Yuki, con todo esto que ocurrió ¡no te pregunté lo más importante! —intentó explicar entre risas.
—¿Lo más importante...?
—¡La sangre! Ese beso... digo... ¿no te mordiste realmente el labio, o si? ¿Estás herido?
El peliblanco salió encima de Momo, sentándose a su lado y sonriendo por su excelente actuación.
—Oh, eso... era una gomita de sangre de utilería, era perfecta para mi actuación.
Momo lo miró incrédulo.
—¡¿Qué?! ¿De dónde sacaste eso?
—Lo tenía escondido desde esta mañana.
—Eso quiere decir que... ¿llevabas desde la mañana pensando en besarme?
Yuki ladeó la cabeza, sin borrar su pequeña sonrisa.
—Desde hace años, en realidad.
Momo se cubrió la cara con sus manos, sonrojándose y chillando hacia sus adentros completamente nervioso una vez más, sentimientos que solo su compañero podría ocasionar en él.
—¡AAHH! ¡Eres tan genial, Yuki!... ¡Y eres terrible! ¡Yo pensé que había sido tan espontáneo que realmente te habías herido!
—Si el director no deja esa toma, al menos la pediré para tenerla de recuerdo.
Momo quitó sus manos del rostro, mirándole sonriente.
—Será un recuerdo bastante dramático.
—A la altura de nosotros —respondió Yuki.
Afuera de la van, se escuchaban como algunas personas preguntaban por ellos, debían seguir el rodaje y por fin sabrían si realmente la escena quedaría, o tendrían que repetirla como estaba escrito en el guion.
Si la repetían, ambos aceptarían con más gusto otra mordida.
—Momo... aún quiero verte con el vestido blanco que tienen preparado para ti.
—¿El vestido cuando John ya es un vampiro?
—Así es —respondió el albino. —Y quiero una foto besándote con ese traje...
Momo se sonrojó, otra vez, podría hacerlo mil veces seguidas si Yuki decía cosas como esas sin avisar.
—¡¿Pe-pero cómo dices eso?! ¡¿No es muy pronto para hacer esas cosas c-como si fuésemos novios?!
—¿No lo somos?
El silencio dentro del auto fue palpitante.
...
—No-nosotros... ¿qué? —balbuceaba Momo, incrédulo, sonrojado hasta las orejas.
Yuki apartó levemente la mirada, no quería decir tan directamente algo que pensaba que Momo ya daría por hecho. Podía ser muy caballeroso, pero confesar sus sentimientos siempre le sentaba vergonzoso.
Volvió su mirada a su compañero, quien esperaba alguna reacción.
—Momo... me gustas... —se confesó.
—Eso quiere decir que... —tartamudeó Momo. —¿De verdad quieres que tú y yo seamos...?
Una de las puertas de la van se abrió de pronto, interrumpiendo el momento, una asistente al fin los había encontrado después de mucho dar vueltas por el lugar.
—Orikasa-san, Sunohara-san, buen trabajo —saludó a ambos, cordialmente. —Necesitamos seguir la filmación antes que anochezca más, el director quiere hablar con ambos para las tomas siguientes, les esperamos pronto por favor.
—Claro, enseguida vamos —aclaró Yuki, bajándose del furgón desde el otro lado.
—¿Eh? ¡Yuki, espera...!
—Esta noche, en el cuarto del hotel... —dijo con suavidad solo para él, sonriéndole. —Será mejor decir lo que tengo pensado con menos interrupciones.
Le guiñó un ojo y se alejó, dejando a Momo nuevamente con el corazón en la boca y su rostro ruborizado, con miles de mariposas revoloteando y un temblor en todo su cuerpo que no podía controlar. Sus dedos se posaron en sus labios, como si el destello del beso aun no desapareciera, como si el calor ardiente continuara quemando a fuego vivo.
Finalmente sus más profundos deseos se hacían realidad.
No parecía prudente sentir todo eso, pero ya no podía dar un paso atrás.
Esta tentación siempre fue mutua.
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¡Gracias por leer la historia! Hace poco me enamoré de Re:vale y realmente quería hacer algo de ellos, Binary Vampire fue una buena inspiración luego de ver el arte conceptual hermoso. Espero lo hayan disfrutado y espero también escribir más de ellos en español, si es que existen fans de esta pareja ♡♡
