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She's got a way

Summary:

Vickie está realmente cansada de ver la espalda de Robin cuando huye de sus brazos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Hawkins era para la pelirroja, un lugar realmente tranquilo, a veces, los viernes por las tardes cuando el atardecer madrugaba y tardaba en ocultarse, trabajando hasta rozar suavemente el ras del horizonte; en esos días Vickie, iba hasta al campo más allegado, aquel cercano a la base militar, aunque lo suficiente lejos para no ser molestada. Acariciando la hierba, caminando con plenitud entre el pastizal dorado, la yema de sus delicadas palmas sosteniendo, apenas sintiendo, los pastos rozarla. 

 

A veces únicamente admiraba la distancia sin más, otros días la necesidad de aferrarse a algo la conducirán a leer, el libro que para ella habría sido importante desde que tenía memoria, lo último y primero que le leyó su madre antes de morir en la década de 1975; Anne de las tejas verdes de la escritora Lucy Maud Montgomery. Le encantaba el libro, era hermoso, de alguna manera siempre lograba tener dentro de su vida un nuevo mensaje esperanzador. 

 

Hace un tiempo, una compañera querida de trabajo le regaló un Walkman para escuchar música, notando como siempre al atender pacientes inconscientes solía tararear el ritmo de varias canciones, ella—Elly Mc Wells—nunca explico realmente las razones tras el regalo; Ni siquiera habrían cruzado palabras unas cuatro veces durante el tiempo en que Vickie servía para el hospital. Le dijo que era un gasto innecesario, y bastante caro, sim embargo, Elly se defendió alabando que lo encontró en una ganga por veinticuatro dólares debido a una falla en el botón para bajar el volumen.

 

Una semana después Mc Wells fue de Hawkins. 

 

Sin despedirse, ni hablar con nadie. 

 

Vickie jamás pudo entenderla. 

 

El primer casete en comprar fue su canción favorita; Pon tu cabeza en mi hombro, Robin amablemente se lo regalo el mismo día en que dijo tener un Walkman, junto a varios otros los cuales solían escuchar al tomar el colectivo camino a casa. Un hogar pequeño, que había dudado en conservar luego de mantener distancia de su padre, cuestionandóse si en verdad fue una decisión razonable o solo era su mente actuando desde la ira ante la provocación insensata de un viejo herido y alcohólico. 

 

" Mira el pedazo de asco que eres... ¡Tu madre se revolcaría en su tumba al ver la monstruosidad que dió a luz" —había dicho, la primera vez que halló a Vickie intercambiando un momento de intimidad con su novia Robin, al parecer, coquetearse descaradamente pensando que nadie las observaría era mera ingenuidad. Ese día, posterior al intercambio, Robin se despidió prometiendo de nueva una cita: un mínimo mundo de paz que rondaría en su galaxia. Solo ellas. Pero al atravesar la puerta Vickie perdió toda felicidad, el color descendió de su rostro, mientras la plenitud se transformaba a velocidad de luz en un fósforo caliente, dejando un humo grumoso en el aire; reflejado en los ojos repugnantes de su padre. 

 

Vickie jamás habló de ello con Robin. Se dijo a si misma que eran únicamente sus problemas y no debería involucrar a su amiga , quien ya de por sí lidiaba con mucho trabajo en la estación de Radio junto a Steve. ¿Por qué Robin siempre estuva con él? Se excusó usando "Quería independencia" tal justificación, la pelirroja de tonalidad más clara no preguntó no le importo sobre la situación, aunque ella se alegró demasiado al enterarse de tener un teléfono fijo en el departamento de su edificio. 

 

" Al fin podremos comunicarnos incluso a distancia"— había pronunciado, acariciando la palma de sus manos, dentro de aquella habitación desolada del hospital en alguna de sus visitas diarias, dónde dejaban el Inframundo para moldear un propio Edén, siendo arquitectas para esta realidad inestable, en la soledad de una pequeña pieza, abrazadas tan cerca que sus pieles se calentaban mutuamente, narices rozándose y el cabello revoltoso de Robin transformándose en una mezcla homogénea junto al pelirrojo. 

 

Ahí... Atrapadas bajo el férreo abrazo de la otra... Ahí, el mundo externo parecía un pequeño grano de arena. La gente llamando su relación un pecado, los soviéticos, los enfermos, las grietas sobre las calles, los militares, las señoras conservadoras juzgándola por su melena recortada, su madre, Mc Wells... Su padre; nada de ello existía. Nada de eso importaba. 

 

La pelirroja ríe cuando el pelo ajeno se posa de forma electrizante en el lóbulo de su oreja, haciendo temblar sus piernas levemente, acción que no pasa de ser percibida por Robin, quien no duda al acariciar su mejilla, pasando sus dedos por cada una de las pecas, memorizado rastro de su rostro, tal si cada pronto o, quizás, siempre estaría al borde perderla. Sus miradas se encuentran lazuli contra zafiro, hundiéndose en el basto océano ajeno, tal vez durante un millón de años, tres milenios o un segundo, no era relevante en cuanto los labios carmesí de Buckley, la jodidamente hermosa Robin Buckley, se acurrucaban contra los suyos y Vickie jamás podría abstenerse del ardiente cariño de su amada, rasguñando su espalda con la mano izquierda mientras la derecha flotaba al son de sus hebras semicastañas. 

 

No obstante, los atardeceres duran demasiado poco. Y, tal el sol despidiéndose del mundo, arrastrando la luz, atrayendo únicamente a su paso la desgraciada oscuridad a la cual Vickie Dunne, en su melancolía se acostumbró. Así de este modo, Buckley la maldita Robin Buckley se aleja. La aparta, clavándole las uñas en los brazos, sin darse cuenta, soltándola para atender una llamada, el tenue sonido de una traslúcida voz revelando el objetivo detrás; Steve. Para este punto, Vickie le había deseado desarrollar una plaga inesperable que magullara sus pelotas hasta que se le pudrieran y, cómo manzana con exceso de madurez, se le cayeran del palo. 

 

Robin le regresa la mirada, portando esa expresión que gritaba a los cuatros vientos; Habrá que posponerlo. 

 

—Lo siento, Vi—ella la mira, desviando la mirada para la izquierda, exhalando de forma entrecortada, antes de volver hacia su mirada, suavizando los ojos—. Necesito irme ahora mismo... Es una emergencia. 

 

—Oh, claro—dijo, apretando las palmas en puños, sintiendo sus uñas coloridas pincharle la piel; de nuevo, este mundo, este grano de arena al cual se ha esforzado, una y otra vez por llamar esperanza, para considerar que ocultarse sea un túnel donde al final su querido ángel extienda las válidas de sus manos, mostrándole luz, toda la ilusión se derrumba una y otra vez, una y otra vez—. ¿Algún asunto importante? Que sorpresa. 

 

Robin voltea, culpable, se acerca, deseando enmendar las grietas que los secretos han causado en su relación inestable, sabiendo que últimamente bailan sobre un suelo de cristal, anhela tanto contarle todo, pero no sabe dónde empezar ¿Con Max? ¿Con Vecna? ¿Steve? ¿Los demogorgones? ¿Los rusos? Era mucho para cualquiera. 

 

—Escucha, Vic, yo...—no obstante, las palabras son interrumpidas por el sonido de una llamada, una voz calmada filtrándose; Jonatán. 

 

Robin, ven rápido, te necesitamos aquí. Nancy enloquecerá si no llegas. 

 

—De acuerdo, iré enseguida—poniendóse la chaqueta colgada sobre un sillón, abre la puerta apresuradamente—. Lo lamento, Vickie. Sera en otro momento, ¿Está bien? Te llamaré luego de las nueve—dijo sin dignarse a mirarla antes de irse. 

 

Y ella se fue... 

 

Ella se fue. 

 

OTRA VEZ.

 

Vickie se queda varada ahí. Solá. En la tonta sala vacía del hospital. Solá. Viendo a Robin irse otra vez. Solá. Sin explicaciones. Solá. Mientras su corazón vuelve a romperse. Solá. Con la cara pintada de estúpida. Solá .

 

Sabe lo que está haciendo Robin, enserio que desea creer que la estación de Radio ocupa demasiado intereses, tiempo y que... Que Robin no haría nada de ello, no se dañaría a si misma de tal manera, no consciente de que con ello también la dañaría a ella , aunque todas las piezas apuntan a lo contrario. 

 

Robin se drogaba. 

 

Posiblemente tenía una gran adicción. 

 

Un día, cuando todavía se concentraba para regular su respiración, nadando entre el pico de éxtasis, el clímax de un inmenso placer arremolinándose en su vientre bajo, en cuantas sábanas permanecían calientes portando un aroma almíbar, sudoración y la gloria, allí su compañero de vida semi castaña recibió una llamada. 

 

"Robin, ¡¿Dónde carajos?! Te necesitamos aquí, tienes que traer lo acordado para no cagar el plan"— fue la voz del idiota amigo, aquel de ese estúpido peinado que parece haber dejado cortar el pelo en un pijama tal broma porque realmente era para reírse. 

 

"Ay, cállate, Steve ¡Estaba ocupada! Iré en una hora"— le gritó Robin, Vickie sintió otra oleada de satisfacción al saber que su chica no la dejaría de esta forma, aunque fue rápidamente transformado en una preocupación al oír el resto de desvariaciones en los jóvenes. 

 

"¡¿Una hora?! Creemos que Hopper está siendo perseguido por los soviéticos que nos apresaron en el cuartel secreto, los del código de identificación a través de ondas de radio" 

 

"¿Rusos? Creí que habían muerto" 

 

"Escucha, Robin, debes estar aquí aho-" 

 

"Lo siento, Steve, estoy con Vickie" 

 

¿Qué? Robin, espe-" 

 

Robin volvió a la cama, luciendo mucho más ansiosa por el intercambio de palabras, mirando hacia la salida de cuánto en cuanto, como si quisiera escapar y correr hasta la estación de Radio, a pesar de anteriormente negarse a ceder a los deseos del peluquín con patas. No pasaron más de quince minutos antes de que Robin la dejara, y volviéndose al robarle un te amo y el sabor de sus labios.  

 

También, Vickie notaba el deterioro físico en los instantes fugaces donde vigilaba a su chica, quizás vigilar no fuera el término correcto, ya que en realidad únicamente tenía la pequeña pasión por observar sus rasgos, sus acciones y lenguaje corporal de aquella mujer. La amaba; amaba a Robín, tanto, no se comparaba a ninguna emoción anterior con alguna de sus parejas, chicos que besaban su cuello, diciendo promesas para luego actuar indignados, ni siquiera con los que en verdad eran buenos sintieron aquellas emociones; un remolino girando en su estómago, mientras las mariposas recorrían su corazón. 

 

No, Robin era especial . Robin portaba un algo que la hacía amarla aunque ella no le correspondiera de la misma forma. Tal vez era su sonrisa contagiosa, su humor el cual incluso durante las peores situaciones era pura amabilidad, la manera en que al sonrojarse colocaba un mechón de cabello castaño tras su oreja, su labial rojo, sus ojos grandes, divertidos y entrañables, sus toques delicados al acurrucar el rostro de Vickie contra sus palmas, su fantástico gusto musical, su caminar lento dónde sin darse cuenta cuenta muchas veces ponía los pies en linea recta, su habilidad musical, su capacidad de escucharla sin cansarse. ni reclamar tal si oír la voz pelirroja fuera una bendición atraída del arcángel más adorado del campo celestial. 

 

¡Por Dios, cuánto amaba Vickie a esa mujer! 

 

Por ello se preocupaba, pero ¿Cómo abordas un tema serio? ¿Cómo podría detenerla, diciendo: "Cariño, se que te has estado drogando, necesitas rehabilitación, ayuda y cambiar amistades"? Además, una pequeña voz al fondo de Vickie; Llámala culpa, esperanza, amor, confianza, temor o como sea, no importa, solo importa lo que la sensación de necesitar esperar, de querer creer cuando ella se va y se justifica con alguna tonta excusa, de respirar hondo, sentarse y confiar en Robín. 

 

Así que la deja ir. 

 

...

 

Las bolsas de alcohol son de ayuda, la cerveza en el parque, en una zona alejada de las personas, reproduciendo The Cure en el Walkman, la primera lata se escurre entre sus labios, amargando el paladar con el sabor a pan seco y nueces que jamás comprendió encontrar tan satisfactorio, su cuaderno en las piernas es otro hobbie simple; no quiere ser escritora profesionalmente, aunque realmente amará escribir; los atardeceres, el viento, la música y el verde siempre le dan ese efecto; el cosquilleo en sus manos, clamando la necesidad de relatar. 

 

Aunque no es especialmente buena escribiendo. 

 

A veces, las historias de enfermos.

 

Jamás su propia historia. 

 

«La señora Whisly es una anciana de canas grisáceas, joven en alma, tiene una bella sonrisa que resplandece cuando llega su esposo. Él la ama y ella lo ama a él. Al menos así es la opinión popular; hay cariño en sus miradas, hay apoyo en sus caricias, hay lealtad en sus manos. Sin embargo, al verlos cada uno en singular, era innegable no sentir los suspiros hacia la nada, un arrepentimiento notable y el anhelo de algo diferente. 

 

¿Hay amor? Claro que sí, más aquellos sentimientos continúan aferrados, atados con candados a cuerpos ajenos».

 

Pero en el fondo ama las historias de desamor, nunca ha sido fan de los finales felices, le encanta la inocencia de las personas, la fantasía y la idealidad de los jóvenes, más la idea de un "felices para siempre", resulta profundamente aburrida, como una escena inconclusas; un final insatisfactorio. El dolor jamás acabará, el amor no suele ser para siempre, podrías vivir amando a alguien y esa persona podría morir amándote, aunque esa emoción no tenga final, la realidad es que parece imposible para ella tomar la mano de otro toda la vida. 

 

Tomando alcohol, continúa la historia o la carta que jamás tendrá un lector. 

 

«El amor perdura hasta que la muerte te lleve, vivir es estar condenado a entregar tu corazón y arriesgarse a que lo tomen entre sus manos; Confíar en que no lo apuñalaran con una estaca. Amar es arriesgarse a sufrir, por eso, solo los valientes son capaces de realmente amar. Los débiles de mente, terminan entregando caricias a su cariño, suspirando anhelos a su amor. 

 

La mujer Whisly, a veces escucha música, de relaciones prohibidas y corazones que no lograron olvidarse incluso con el tiempo jugando contra reloj. El hombre Whisly, a veces dormido, clama el nombre de otra mujer: Elenora.

 

Ay, mis valientes... ¡Animanse a entregar su alma! Ser rechazado, ser el perdedor de la historia, luchar con garras y dientes para huir junto a su amante. ¡Ay, mis valientes! Este sentimiento aterrador jamás desaparecerá si no le dan su entierro. ¡Ay, mis valientes! No esperen a que las arrugas tapen sus rostros, no reconociendo el cansancio en las miradas, olvidando voces y recuerdos que juraron permanecer siempre en sus memorias; no esperen a estar muertos para empezar a vivir. 

 

El tiempo es hoy, mis valientes. Amén". 

 

...

 

Abriendo la puerta, mira el reloj. Son las ocho y cuarto, Robin prometió llamarla a las nueve. Los fideos al pesto de ayer en la heladera se transforman en un banquete de cinco estrellas; las cervezas y el nerviosismo le abren el apetito, sentándose junto al teléfono de la sala con un recipiente en manos; esperando su llamada. 

 

No lo hace. 

 

Robin jamás llama. 

 

OTRA MALDITA VEZ.

 

...

 

Al despertar con dolor lumbar y de cuello por haberse dormido esperándola, Vickie está frustrada, iracunda, molesta. 

 

¡Enojada!

 

...

 

Cuando pasaron tres semanas y las reuniones entre ellas eran menos frecuentes, dos veces en todo este tiempo (en la cual en una de ellas un tipo raro con peinado de casco las interrumpió al borde la intimidad), solo cuatro llamadas, todas durando menos de diez minutos, con Robin escuchándose extrañamente exhausta en aquellas sumamente cortas e incluso oyéndose cansada por la estación de Radio... Vickie está enojada preocupada , demasiado. 

 

Cuando los militares llegan preguntando por una tal Robin Buckley, está explotando en preocupación, prácticamente quiere atracar el mercado a unas cuadras y vaciar toda la despensa de una mordida. 

 

Cuando Robin llega acelerada rumbo a secuestrar una de sus pacientes junto a su novio.... Entonces está girando en círculos, dando vueltas, buscando alguna manera para ayudar a la mujer que ama profundamente. 

 

Y, por último, cuando Robin cuenta la historia más perturbadora, absurda y ridícula posible de una especie de mago secuestrador de niños que desea conquistar el mundo con el poder de la amistad e inocencia infantil, teniendo unas especies de secuaces perros come hombres y como resguardo en el lado bueno; una niña maga, otra niña maga, otro niño con poderes ridículos y un mundo de sueños al que se los llevan ¡Entonces...! ¡Entonces no sabes que hacer! 

 

Cuando los militares casi la arrestan y un perro monstruo como hombres llega, en ese momento Vickie se cuestiona si acaso ella también está drogada, sin embargo las manos cálidas de su chica acariciándola, susurrándole cumplidos y promesas al oído de una gran cita en Enzo's a la vez que una de sus canciones predilecta de una de sus artistas favoritos resuenan a su lado; la hacen soltar y confiar, como su instinto venía rogando hace mucho. 

 

Siendo sinceros, Vickie se alegró de que el mal que atormentaba a Robin solo fuera un tipo loco caníbal con serios problemas mentales y no una adicción atormentante que la mataría de cualquier manera posible. Podría lidiar con la ira de un demonio, pero no con ver al amor de su vida matándose a si misma. 

 

Y siendo aún muchísimo más sinceros, Vickie tuvo un pequeño mini-crush con la señora Wheler cuando está hecho estallar esas bestias, enterándose por parte de Robin que la mejor manejando equipo militar era Nancy ¡Las mujeres Wheler eran de temer! 

 

Lo que no espero fue un romántico y adorable encuentro entre la adolescente pelirroja con su novio, junto a la posterior reunión de un gran grupo de amigos conmovidos por haber tenido el lujo de presenciar a un ser querido de nuevo a la conciencia. Vickie se alegró por ellos, durante su trabajo comunitario del hospital tuvo que cuidarla, limpiarla y mover sus músculos en múltiples ocasiones; incluso escribió sobre ella.

 

«"El cuarto del amor". 

 

En el cuarto del amor 

existe un mundo, 

íntimo y esperanzador, 

profundamente derrotado.

 

En el cuarto del amor 

dos jóvenes se desean profundamente. 

No soltándose ante la muerte,

Separados por el temor

De perderse nuevamente 

 

En el cuarto del amor

El rojo decora la habitación 

Un rojo valor

Un rojo pasión, 

Su cabello atardecer

Reposa con placer.  

 

En el cuarto del amor

No hay espacio para un invasor. 

 

En el cuarto de amor

Ella muere sin dolor». 

 

Pero alegrarse no la hacía indiferente a sentirse excluida, fuera de lugar. Estos no eran sus amigos, no eran sus conocidos; Eran los de Robin. Ella no pintaba nada ahí. 

 

El camino a "casa", o más bien, la base "secreta" que durante todo este tiempo Robin le había dicho que era su trabajo; la estación de Radio. Fue cualquier cosa menos tranquila; la pareja a su lado se abrazaban, los amigos se reían, bromeaban con chistes y anécdotas que entendían solo ellos, hablando de que ahora el chico Will ¿El Will que se había muerto hace un par de años, ese Will? era un hechicero al igual que la maga Once. Steve parecía un papá pájaro orgulloso de sus crías al sentir, bromeando con Buckley sobre la felicidad de que el grupo finalmente esté reunido. 

 

Vickie entonces estaba sola . Rodeada de un montón de extraños, pero conceptualmente sola; Sentada en el rincón de la camioneta, contando los segundos para llegar a la estación y tener una extensa charla con Robin. 

 

No obstante en la base descubrió algo mucho peor que demasiados secretos, mentiras, máscaras y falsedades; descubrió el maldito plan suicida en el que Robín participará, casi tiene un ataque de pánico. Más no hubo tiempo porque al minuto siguiente cada persona de ese psiquiátrico lugar estaban en la sala oyendo el discurso del tal Will, el cual le hubiera parecido conmovedoramente valiente ya que ella ni siquiera se atreve a preguntarle que son a Robín si no fuera por un minúsculo detalle...

 

<Él es mi Tammy>. Dijo el niño, de un corte tazón muy anticuado, observando a Robín con seguridad, quien le devolvió la mirada orgullosa. 

 

¿Tammy Thompson? 

 

¿Esa rubia oxigenada con voz de pavo ahogado debajo del agua?

 

¿Esa hermosa chica a la cual Robin miraba muy fijamente la vez que se conocieron, sonriéndole, enviándole suspiros, risas y unos ojos que ahora podrían definir como querer olvidarse de ella para proteger su roto corazón? ¿La Tammy Thompson que se rumoreaba salió con chicas, aunque dichos rumores nunca fueron confirmados?

 

¿Esa Tammy? 

 

Ahora los abrazos, los saludos y el apoyo regresaron, pero Vickie estaba devastada por una razón completamente diferente. 

 

¿Y si Robin únicamente la usa para superar a su ex?

 

Los minutos pasan y ella sigue parada ahí. Lo suficiente extraño para que Robin por fin se pregunte si algo le pasaba. Por eso, cuantas manos de la semicastaña aprietan sus muñecas, no desaprovecha la oportunidad ¡Iban a hablar si querían que esto continuara! Buscando un lugar con puertas cerradas donde pudieras conversar a solas, lugar el cual, lamentablemente, resultó ser un baño. 

 

—Vic, ¿Qué suce...-

 

—No puedes ir—dice, luchando por no gritar, no estaba furiosa, sino angustiada, sollozando desolada, frías y gruesas gotas cristalinas deslizándose dolorosamente en su rostro—. No... No quiero que mueras—pero eso no era la verdad, nada más que la punta del iceberg, necesitaba soltar cada sentimiento, cada pensamiento y cada emoción, aunque no tenía idea de cómo—. Yo... Rob, yo tengo miedo ¡Tanto miedo! Porque hace una hora estábamos al borde de la muerte y realmente pensé que perdería la vida, cuando sobrevivimos creí que era un milagro, suerte, destino ¡No lo sé carajo! Y... Y no entendía que mierda estaba sucediendo, aunque en el fondo estaba tan feliz, ya que en serio comenzó a creer que esto era algo que podríamos superar; ahí estaban los militares, la policía, las demás personas. ¿Pero ellos también forman parte del enemigo? Ahora están tus amigos festejando, jugando antes de lanzarse hacia una misión suicida ¡Por Dios! Son niños, no deberían tener el peso del mundo en sus hombros ni sentir que tienen que luchar contra una cosa intergaláctica con complejo de deidad. Entonces, también, está ese amigo tuyo que mencionó a Tammy y me preguntó si me amas. Por que no me siento amada. Estoy cansada, tan cansada. En los últimos años me han pasado tantas cosas y tú eras el rayo de luz al final del túnel, así que corrí... Corrí detrás de ti una y otra vez, una y otra vez. Te espere día y noche, entendí cuando debías trabajar. Nunca me moleste cuando me dejabas en la puerta de la casa, cancelando las reuniones con excusas tontas y palabras rápidas, aún cuando me mataba eligiendo mi maquillaje, peinado, vestidos y zapatos, siendo la enamorada con la cara de estúpida pintada—sin contener nada, decidido soltar todo; desorganización, alocado y amontonado. Era un desastre de palabrería sin sentido. Cayéndose al piso, sus rodillas pierden fuerza, abrazándose, envuelta también en los brazos de su amante, quien no intenta consolarla, dejando ir todo—. Porqué te amaba y decía que tenías buenas razones ¡Ahora se esas buenas razones! Pero sigo sin saber tantas cosas. Tú tampoco sabes de mi nada ¡Nada! ¡¿Se supone que deben salvar a Hawkins?! ¡¿Acaso soy yo la egoísta?! No sé que hacer. Mi padre me hecho de la casa, incluso una vez amenazó con matarme, con matarte. Rechacé la beca de la universidad para estar contigo, no quería decírtelo, en serio que te amo y no quería que esto acabase así como así... ¿Tú me amas...? Seguro que no...—susurra insegura, mientras su amante cepilla sus cabellos—Y tengo tantas preguntas que quisiera hacerte. En estos dos años me negó a llamarte " novia"", ya que nunca lo has dicho tu tampoco, así que... ¿Qué somos? ¿Qué carajos es Vecna? ¿Qué haremos cuando esto acabé? ¿Me amas? ¿Qué paso entre tú y Tammy? ¿Qué sabe Will? ¿Qué saben tus amigos? ¿Qué hay entre nosotras? ¿En serio vamos a Enzo's? ¿Planeas morir en esta misión extraña? ¿Cuánto sabe Steve Harrington? ¿Me amas? ¿Soy egoísta por querer irme y dejarme todo a la mierda? ¿Dónde estabas cuando cancelabas nuestras citas? ¿Me amas ? ¿Si desearás irme de este pueblo, me acompañas...?

 

—Primero; respira, Vickie—dice, atrapando entre sus brazos a su... ¿Su novia? Acariciando con suavidad su espalda en círculos. Respirando ruidosamente para que ella la siga. Tenía mucho que pensar. ¿Acaso había sido una pareja tan mala? ¿Habría sido mejor decir la verdad desde el principio, incluso cuando Vickie podría creer que estaba loca?—. Eso es... Respira...—Vickie usa las mangas del abrega para limpiarse el rostro, agradeciendo mentalmente tener un productos que no se derraman con facilidad—¿Estás conmigo?—asiente—Se que tienes muchas, demasiado dudas, pero creeme... Cree en mí cuando digo que te am-

 

—¡Robiiiiiiiiiiin! ¡Ya es hora!—era la voz de Nancy. Habían dos formas de saber si algo era muy urgente. La segunda; alguien muere. ¿La primera? Cuando Nancy Wheeler daba una orden. 

 

—Tengo que irme, sin embargo, cuando regresemos hablaremos. Tantas horas como deseas... ¿Me concede una última cosa...? Por favor, Vic, confía en mí—extendio las manos, parándose del suelo frío—. Te amo—y no había mentiras, no una sola duda en su voz. Ni un temblor dudoso en su corazón, latiendo de cariño en su pecho. 

 

—¿Lo prometes?

 

—Lo prometo—quizo acercarse a besarla, conjurar el tratado con un sello en tinte carmesí y carne suave, aunque el grito de la Wheler menor interrumpe la intimidad. 

 

Robin se aleja. Abriendo la puerta hasta que...

 

—¡Hola!—era la voz nerviosa de una niña—Em.. No quise oir su conversación... Es que las ruedes se atascaron con mis cordones y no podía moverme... Ya sabes; inmovilidad corporal o algo así. 

 

—¿Cuánto oíste, Max? 

 

-¿Hacer?

 

—¡ROBIIIN!—Nancy de nuevo. 

 

—No tengo tiempo para esto. 

 

Y se fue. 

 

Otra vez

 

...

 

Max era una compañera agradable, en cierta forma es la segunda que más le agrada del grupo; tiempo lavando su cabello, influjo bastante, aunque más que eso era pasar su sonrisa. Vickie amaba a la gente que sonreía como si la vida valiera la pena, como si hubieran razones para existir, pelear y enfrentar las dificultades para mantenerse en pie, aún cuando las circunstancias iban a contra corriente. 

 

Eran personas confiables. 

 

—Asi que... ¿Tu y Robin?—pregunto la pelirroja menor en cuanto no hubo nadie en la sala, estando ellas era obvio que podría tener tranquilidad, aunque dicha tranquilidad viniera de la mano con la ansiedad de no saber si sus parejas regresarían vivos o no. 

 

—SÍ...—contestando, empujando las ruedas por el piso hasta la sala común, sentándose en una de las sillas.

 

—¿Hace cuánto tiempo? 

 

—¿Un año y medio? Comenzamos a juntarnos luego de que Hawkins se partiera por el terremoto o, bueno, supongo que por Vecna. Nunca empezamos a salir oficialmente, pero hace año y medio Robin me beso por primera vez... Y siguió repitiéndose hasta lo que sea que tengamos en este momento. 

 

—Santo cielo, ¿en verdad son malas comunicándose, eh?—Vickie asiente desde su lugar en la silla—Si necesitas aliento, y Dios sabe que lo necesitas, te diré que Lucas y yo hemos terminado seis veces; siempre me ha reconquistado. 

 

—Ese chico tan tierno y tu han roto? No me lo imagino. Él te visitó cada semana de los dos años durante tu coma—levantandóse, camino un poco, buscando la radiocassette del adolescente, la cual estaba sobre la mesa, reproduciendo la canción; Corriendo cuesta arriba de Kate Bush—. Cuéntame cómo sucedió. 

 

—La primera? Pues... Él quería conocer a mi padre... Pero mi padre, él es ya sabes...—<racista> eran las palabras no dichas, el silencio incomodo en el aire lo confirmaba—Presionó, sin darse cuenta. Me enoje y le dije que habíamos terminado. Quería protegerlo, así que decidí alejarme, sin embargo con Lucas es imposible mantener a distancia, él siempre busca la forma para derrumbar mis barreras—había cariño en su voz—. Hablamos, nos entendimos; escuchamos los sentimientos y razones del otro, luego naturalmente nos arreglamos—pausa, un silencio que se reprende. Max aprieta la tela del hospital, atacando la piel en su posición sobre la silla—, aunque si te refieres a la última vez...—la niña no contiene las lágrimas, deslizándose en el lugar de sus pecas. Vickie peina su cabello, intentando ser al menos un peso tranquilizador—Fue cuando mi hermano mayor murió. Éramos jóvenes, él no conoció a mi hermano como yo, así que tiempo luego que haya muerto dijo; "Bueno, ¿Te quitaste un peso de la espalda, no? Era un complemento imbécil"—hasta para Vickie, quien jamás conoció al tal muchacho, suena algo hiriente—. Yo dolio. Porqué era cierto. Billy, mi hermano, era un zoquete, pero la mayor parte del tiempo actuaba así para protegerme. Cuando se enteró que era amiga de Lucas y los chicos, empezó a molestarlos y espantarlos, ya que mi "padre" también era alcohólico, además violento. Billy me alejaba de Lucas o los chicos, sabiendo que esa violencia podría dirigirse a mí en cualquier momento, ante cualquier razón. 

 

Vickie entendía a la perfección, el querer apartar a tu pareja, creyendo que eso sería lo mejor para protegerlo, también entendía las palabras hirientes, dolorosas hasta quemar la parte más inocente de ti alma. Cada "debo irme" quemaba. Era obvio, que no se asemejaba al nivel de Max, pero entendía. 

 

—En conclusión, Vic—dijo, recordando la manera en que la llamo la castaño—. Las parejas dicen cosas dolorosas, suelen alejarnos o irse sin explicación. Entonces tienes absolutamente todo el derecho de irte, de enojarte, lárgate y jamás mirar hacia atrás—Max agarra las muñecas de la mujer pelirroja, admirándola fijamente—. Aún así, te seguro que debes escuchar a Robin. Ella puede ser mala comunicándose, pero se alejó pensando en ti bien. "Son niños, no deberían tener el peso del mundo en sus hombros ni sentir que deben luchar" , cada que alguien se entera de las verdades de este mundo, suele preguntarse porque unos niños serían quienes se enfrenten a esa cosa, y la respuesta es por amor—la pelirroja menor sonríe, de esa manera que Vickie tanto aprecia como si la vida valiera la pena, como si hubieran razones para existir, pelear y enfrentar las dificultades para mantenerse en pie, aún cuando las circunstancias iban a contra corriente—Joyce lucha por Will, Hopper por Once, Steve Por los niños o Nancy, Nancy por su familia, Jonathan por Joyce y Will, Mike por Once, Will por su familia o Mike, Once por Hopper y Mike, Erica por Lucas, Lucas por mi y su familia, yo por Lucas... Ahora, te pregunto, ¿por quién crees que lucha Robin?—la respuesta estaba en el aire, en las mentiras, en la preocupación de su amante—Lo hace por tí. 

 

... 

 

Max le dió mucho a recalcular, luego... Luego sus ojos se pusieron blancos, no se movía, no hablaba y Vickie no ni siquiera estaba segura de si estaba viva, ¿Era parte del plan, cierto? Ese loco; Trastornado, plan suicida, dónde una maga telepática se mide en la mente de una niña para juntas guiarse hasta el país de los sueños. Todavía no entiende como eso podría ser real. 

 

Y minutos después, estaban siendo atacadas por las fuerzas militares del gobierno estadounidense. Camionetas brindadas, rifles en manos de jóvenes dudando, armas buscándolas por doquier ante el objetivo de llevarse sus cabezas cuentos trofeos, o rehenes para intercambiar el premio final. Arrastrando la silla de ruedas hasta la base oculta detrás de cajas acartonadas; comiendo entre la ansiedad de verso perseguida, temerosa a perder la vida, temerosa a que la adolescente a su lado, irradiando anhelos de luchar hasta paz, también perdiera su vida. 

 

"Lo hace por ti" . La voz de Max resuena en su mente, silenciosa a su lado. 

 

"Te amo" . ¿Cuánto de su relación era verdad? 

 

¡Max abre los ojos! No obstante, el sonido de su llegada alerta a los soldados. Al instante siguiente eran apuntadas por los soldados. 

 

Deseaba que esto acabase de una vez 

 

Los militares cruelmente las arrastraron por el suelo (a Max simplemente la movieron desde la silla, aunque sin abstenerse de patear las ruedas), la hicieron sentarse de rodillas sobre la planta de la radio; en trajes de cuerina camuflados, rodeados de múltiples armamentos, frente a una señora de rostro alargado y amargo, tal quien militares vio lo mejor y lo peor del ser humano, varada en constate vaivén entre el bien y el mal. Su ceño fruncido delatándose por la necesidad de respuestas, moviendo la cabeza en dirección a un soldado de larga cicatriz en el ojo derecho.

 

— ¿Dónde están?—sus ojos negros consumían a la enfermera, pero lejano a eso estaba el grito de Max exigiendo que la suelten, mientras... Mientras apuntaban con un arma en la cabeza a Vickie—Y no se atrevan a mentir, sabemos exactamente cada uno de sus aviones, movimientos, soldados; Proyecto 0011, Nancy Wheler, digna soldado de infantería, Hopper, exsoldado de Vietnam... Podría continuar, ¿el plan para interceptar los mundos y chocarlos, deshaciéndose del Up side down en el camino?—la mujer se detuvo, exigiendo un arma al soldado del ojo derecho herido—No obstante, en ese punto hay dos cosas que no sé—detiendóse nuevamente, dió círculos alredor de la enfermera, aquella dulce mujer de maquillaje cargada y traje local a rayas rosadas—. La primera: ¿Qué relación tiene usted, la señorita Vickie Dunne con estos horripilantes... , movimientos, soldados ; Proyecto 011, Nancy Wheler, digna soldado de infantería, Hopper, exsoldado de Vietnam... Podría continuar, ¿el plan para interceptar los mundos y chocarlos, deshaciéndose del Up side down en el camino?—la mujer se detuvo, exigiendo un arma al soldado del ojo derecho herido—No obstante, en ese punto hay dos cosas que no sé—detiendóse nuevamente, dió círculos alredor de la enfermera, aquella dulce mujer de maquillaje cargada y traje local a rayas rosadas—. La primera: ¿Qué relación tiene usted, la señorita Vickie Dunne con estos horripilantes... terroristas ?

 

¿Terroristas unos adolecentes tontos que se lanzan a luchar por el mundo y no los militares apuntando con armas hacia la cabeza de Max, una niña recién despertando de un coma, en silla de ruedas? En efecto, este es el mundo del revés. 

 

—La segunda...—el click del arma quitando el seguro es la principal advertencia de Vickie antes de la pistola se apoye en el medio de su frente, tragando saliva—¿Dónde, en cuál de todos los portales es donde saldrán? Dilo o morirás. 

 

—Yo...—el dedo de la mujer se acerca cada vez más al gatillo, el grito de Max no es lo suficiente alto para desviar la atención de la enfermera sobre el dedo anular, acercándose hacia su muerte. 

 

—No te atrevas a mentir o morirás. 

 

"¿Me concede una última cosa...? Por favor, Vic, confía en mí" . En su libro favorito, la protagonista se enfrenta en múltiples ocasiones a situaciones que requieren valentía, qué requerían de confiar en sus allegados « Y en lo que se refiere al riesgo, lo hay en casi todo lo que uno hace en este mundo» era la cita preferida de Vickie en Anne de las tejas verdes. Asimismo, ella escribió algo similar alguna vez; Amar es únicamente un derecho de los valientes, de quienes jamás dudan al entregar su corazón junto a un punal de plata. 

 

Si así, sería la cazadora entregando el corazón de una joven a su reina. Entregando sus sentimientos, lealtad y confianza a Robin. 

 

—No lo sé. Soy una enfermera voluntaria en el hospital general de Hawkins, una amiga me pidió de favor cuidar a esta señorita hasta que pueda atenderse y movilizarse por su propia cuenta—era coherente, considerando que jamás hasta el día de hoy interactuó con los amigos de Robin y que la encontraron con su traje de enfermera, cuidando de esa chica, el miedo serviria como excusa para ocultarse. Era lo suficientemente coherente al extremo en que la duda se planteará en el rostro alargado de la anciana.

 

Duda que es sellada por un disparo. 

 

Vickie se dio por muerta. 

 

La bala azotará su cráneo, romperá el hueso frontal, llegando hasta lo que sería un fallecimiento rápido e indoloro. La sangre bañaría el suelo de un rojo carmesí y su rostro sería eternaizado por una desgracia heroica, viendo su vida pasar sin sentido. 

 

Así sería hasta que...

 

—¡En el viejo laboratorio!—la voz de Max interrumpe, mientras la bala se desvía hasta donde debería estar su cuerpo enfriándose—Los chicos saldrán por el portal del viejo laboratorio, donde se abrió por primera vez.

 

...

Los militares deciden llevarlas como rehenes, balbuceando algo como intercambiarlas por Once, la maga. Llamándoles "trofeos de alto valor". 

 

Eran prisioneras de guerra, en resumen. 

 

...

 

Ver un mundo, un mundo al que apenas hoy te enteras existe, desaparecer frente a tus ojos, tragándose el fango, la tierra, destrozos, monstruo y, en su paso fugaz, la vida de una joven es, como mínimo, una experiencia impactante. No ve lo que el resto sí; no ve una hermana, no ve una hija, no ve una novia, no ve una amiga, no ve una compañera, ni siquiera una conocida. Únicamente una niña de ojos cansados, consumiéndose en la tormenta que ella creó. Suicidándose. 

 

Robin no está al alcance de su vista, cuánto desearía poder abrazarla; consolarla. Quien si esta a su alcance es Max, quien grita, grita, grita y trata de moverse, de hacer algo, de actuar. Seguro piensa <Soy tan inútil> <¿Pude haber actuado mejor?> <Si hubiera dejado que matarán a esta chica y jamás interceptaban la salida, mi mejor amiga, mi hermana, no estaría muriendo>. 

 

Vickie hace lo que puede. Abrazándola. 

 

...

 

Una semana después se encuentra en una cárcel del gobierno, siendo interrogado por un hombre anciano y pelado, llamándose "el mejorado remplazo de la antigua general". Misma mierda, diferente cagó. Un aparato conectado a sus pulsaciones, midiendo la capacidad de sus mentiras. 

 

—¿Sabes quién soy? 

 

-No. 

 

Verdad

 

—¿Sabes quién eres? 

 

-Si. 

 

Verdad

 

—¿Sabes dónde estás? 

 

-No. 

 

Verdad

 

—¿Sabes que es el experimento 0011? 

 

-No. 

 

Mentira

 

—Vi a la niña, nunca interactúe con ella ni se que es el experimento. 

 

Verdad

 

—¿Haz matado a alguien? 

 

-No. 

 

Verdad

 

Luego de tres horas de preguntas y respuestas estúpidas, ella está vendada, dopada con cloroformo y despertando unas cuantas horas ¿o días? Después en la estación de Radio, rodeada de cuerpos durmiendo, salvo por Joyce Byers, en una esquina, acariciando el anticuado peinado de su hijo. La madre alza la mano, cruzando los ojos sobre sus labios, en señal de guardar silencio, haciendo un segundo gesto; en señal de acercarse. 

 

Habían niños pequeños de no mucho más que siete años, eran casi una docena; todo un jardín de infante, entre ellos adolescentes, adultos y... ¿Ese era el profesor? Gateando entre los cuerpos inconscientes. Reconocer un par; Steve, Lucas, Will y retén ahí la cuenta. 

 

—¿Que sucedió?—pregunta en un pequeño susurro. 

 

—Al parecer, nos liberaron, aunque cada uno tenemos unos brazaletes negros que recuentan el tiempo—y no mentía, bajo su chaqueta traía un ¿Reloj? Negro bastante avanzando, de letras verdes en una pantalla—. El mio dice; un año, seis meses, cinco días y tres horas. Creo que es la cantidad de tiempo que el gobierno nos tendrá vigilados. Me fijé por la ventana, afuera nos rodean diez camionetas brindadas camufladas, además hay soldados en cada esquina de la base—respondió en un nivel incluso más bajo—. Aparte de eso, cuando desperté el general, un hombre pelado, me dijo que no fuimos asesinados únicamente por demostrar ser soldados de alta capacidad, supongo que jodimos tanto a los militares que ahora nos quieren de aliados. 

 

Vickie asiente, casi mareada por la información, sintiendo los músculos adormecidos como para moverse, gateando entre los cuerpos, buscando dos en específico; su pareja y la niña por la que adquirió un cariño inesperado. Afortunadamente, ambas están juntas. Max en la silla, Robin durmiendo con la espalda hasta la cabeza apoyada sobre las piernas de la pelirroja, usándola tal almohada. 

 

Vickie sonríe risueña ante la imagen. 

 

Inconsciente a la mirada sorprendida de Joyce. 

 

...

 

El atardecer es hermoso, Vickie ama los atardeceres, estar sentada en el campo, rozando la hierba, capas de actuar como si la vida valiera algo, por eso ahora está sentada, junto a Max. Ella sentada al borde del techo, con las piernas colgando, Max aún en su silla, ambas admirando el atardecer de aquel pequeño y tranquilo pueblo.

 

—¿Qué harás ahora?—cuestiona la enfermera, aquella adolescente duda. 

 

—No lo sé, no quiero vivir con mi padre, mi mamá no quiere aparecer... Mi hermano está muerto, mi mejor amiga también... Y estoy en silla de ruedas—diciendólo así, suena a una vida realmente dura—. Diría que puedo vivir con Lucas, pero si estamos constantemente unidos, terminaríamos peleando a los tres días, además en este momento necesito mis batallas internas que luchar. 

 

Max, Maxine Mayfield, le devuelve la mirada. Una brisa fría empujando su cabello del mismo tono que el cielo en pleno atardecer, sus ojos cobalto tiemblan, cargando la mirada de aquella niña antes de dejarse tragar por la tormenta. Vickie evaluó su vida tantas veces en los últimos tres días, había una sola decisión de la que estaba en verdad segura. 

 

—¿Deseas vivir conmigo?—Max abrió los ojos como platos—Digo... Tú no quieres vivir con tu padre, yo tampoco. Necesitas rehabilitación, soy enfermera. No tienes casa, yo sí. Además eres de las pocas que saben mi relación con Robin...—la adolescente frunce el ceño, desviando la mirada—Espera, en serio, ¿cuántos más lo saben? 

 

—Ja, ja, ja... Bueno, la señora Byers ya lo sabe por consecuencia también Hopper, Nancy lo captó cuando Will miro a Robin al salir del closet... Por lo que se Steve y Robin son super mejores amigos, así que supongo que él también, Will obviamente, Erica no tardará en darse cuenta. Sumado a ello, Lucas me contó sobre su escena mientras estaba corriendo por mi vida—Max piensa un poco, levantando los hombros—. Supongo que ahí están todos, el resto son tontos... Y, en respuesta a tu pregunta anterior...—la sonrisa en la comisura de sus labios decía más que mil palabras—Claro. Viviré contigo. 

 

—Em... No sé si sea el mejor momento, ¿puedo venir luego?—era Robin, nerviosa, más nerviosa de lo jamás habría estado. ¿Robin Buckley, tartamudeando y nerviosa? Cualquier humano con los tornillos en su lugar dirían que es un evento digno de presenciar. 

 

—Descuida, tengo cosas que hablar con Lucas, de todos modo—arrastra la silla, llevándose el sonido metálico de las ruedas chuecas por las patas de los soldados. 

 

El silencio posterior no es tan deprimente, ni angustiante como muchos creerían. Robin camina a pasos acortados, uno tras otro, hasta quedar al lado de su amante. El amanecer apagándose en el horizonte, partiendo desde un tierno salmón, minuto a minuto transformándose en un bello anaranjado, el sol brilla tras lo árboles, bosques, más allá de Hawkins. Más allá de aquel pequeño mundo donde se encierran.

 

Vickie da pataleadas, sentada en el borde del techo, aún con el vestido rosado a rayas de enfermera y la campera negra portando patrones de manchas multicolor de Robin, no parece de un animo en particular. 

 

—Entonces...-

 

—Es hermoso, ¿no?—la interrumpe—Hablo de Hawkins, del atardecer, de los campos, el bosque... El olor cálido de tierra y ébano en el aire—Vickie cierra los ojos, respirando con suavidad, deseando inhalar —. Siempre consideré que Hawkins era un pueblo pequeño, de gente pequeña, con sueños pequeños; Tranquilo, en resumidas cuentas. Robin, tú me demuestras que no era así. Y no me refiero a esta cosa de los monstruos perros devora hombre o del hombre mágico que secuestraba niños para llevarlos al país de los sueños.

 

—Tienes que dejar de contarlo así, parecen cosas extrañas al azar creadas sin inicio ni final—bromea, riéndose. Incluso cuando Vickie aún no se carcajea como ella, aún cuando el brazalete en su muñeca continúa contando las horas (un año, seis meses, dos días, cinco horas restantes), aún cuando el humor general del grupo es más que depresivo. 

 

—Robin, la razón por la que me demostraste lo único de este lugar... Es, tan simplemente, como porqué tú estabas aquí. Porque causante una revolución en mi ser, me presentaste nuevas perspectivas, nuevas personas, nuevos mundos... Te presentaste en mi vida para darle un millón de vueltas; me pusiste el mundo de cabeza—vickie sonríe, las sombras celestes, por encima de sus ojos azules al borde del grisáceos, nunca se vieron tan preciosos—. Robin, fuiste tú... Me arruinaste. 

 

—Vickie, por favor, por favor... No me digas esas co...-

 

—Fuiste lo peor y lo mejor de mi vida. En estos dos años, cada beso, cada caricia, cada halago, cada cumplido, cada promesa; Fue maravilloso. Fuiste una maravilla—Robin entiende; entiende que ahora su pareja, Vickie, no desea escucharla, sino hablar y ser en verdad oída, quizás, por primera vez en demasiado tiempo—. Cada silencio, cada beso interrumpido, cada adiós, cada llamada perdida, cada noche esperándote, cada promesa no cumplida, cada huida; fue una maldición. Fuiste una maldición—Vickie voltea, y Dios, es la persona que Robin más ama del mundo entero, cuánto desearía borrar el dolor de su rostro. Cuánto desearía no ser la razón del dolor—. Te amo—no merece esas palabras, no merece ese aprecio, no merece su lealtad, no merece ese cariño, no merece a Vickie. Y ambas lo saben—¿Por qué luchas? ¿Por qué razón arriesgaste tu vida luchando contra esos monstruos, Buckley?

 

¿Arriesgar la vida? ¿Luchar? Por qué razón hizo todo eso. Al pensarlo, la semicastaña cae en cuenta de algo que siempre estuvo a vista de todo aquel que pusiera atención; en su grupo, cada uno portaba motivaciones, directas o indirectas, pero ahí estaban, incluso Steve, luchando para proteger a sus polluelos como una gran mamá pollo. Sin embargo, ella no. No había una sola buena razón. 

 

—Supongo que deseaba aventura, ví tantas cosas interesantes, soviéticos malvados, organizaciones del mal, juegos, mundos paralelos... Quería diversión—la decepción en el rostro de su amada es más de lo que necesita; es una imbécil, un gran pedazo de caca humanoide. 

 

—Cuando Max se enteró de mis dudas, me dijo que cada uno luchaba por razones; "¿por quién crees que lucha Robin? Lo hace por tí", no lo dudo ni un segundo, ya que se supone estaban ahí muriéndose porque había algo que proteger, alguien por quién valía la pena morir—Vickie apreta los puños, exhalando pesadamente. Robin se acerca, temiendo que de un salto—. Pero ahí estabas tú... muriéndote sin motivo. Hace tres días, los militares nos apresaron a Max ya mí, me apuntaron con armas, quisieron dispararme en el cráneo, y si no fuera por Max, ahora estarías llorando otro cuerpo—Vickie la mira, en aquel mirar cristal se fracturaba ante una profunda ira—Te odio—merece esas palabras, merece ese desprecio, merece su desconfianza, merece ese aborrecimiento, merece la ira de Vickie. Y ambas lo saben

 

Vickie empuja sus piernas hacia atrás, dándose la vuelta sobre la pared, cayendo al suelo del techo, en dos pasos está frente a Robin, empujando su mano hasta el pecho de su amante, mientras aquella palma abraza el sonido de los latidos, bombeando emociones desde su pecho hasta su boca. 

 

Bumbum. Bombum. Bumbum . Late, nervioso por el juicio de la mujer pelirroja bajita. 

 

—Hay una cantidad desmesurada de cosas que no tengo idea sobre usted, Buckley—dichas frases, repletas de respeto y lejanía eran dolorosas—. Por ello le tengo una propuesta indecente... Seamos desconocidas—duele. Duele muchísimo. Las personas suelen parlotear sobre corazones rotos, nadie dice que tú estómago se aprieta, los párpados pesan, las rodillas anhelas ceder al peso de la gravedad y tus labios ruegan para inclinarse, pidiendo clemencia, reclamar unas segundas oportunidades. Duele—. No más mentiras, no más engaños. Empecemos de nuevo. 

 

La noche es fría, las estrellas brillan,  el cielo negro absorben la felicidad de Robin, el firmamento es testigo de una nueva historia, un nuevo comienzo. El viento quiere formar parte, soplando, soplando y soplando. 

 

—Un gusto, soy Vickie Dunne, tengo diecinueve años, mi madre murió, me distancie con mi padre, mi libro favorito es Anne de las tejas verdes, amo la música de los sesenta, acabo de semi-adoptar a una adolescente con serios problemas, me encanta escribir, como mucho cuando me pongo ansiosa, estudiaré medicina, obtuve sietes en sociales durante toda la secundaria, tuve sentimientos encontrados por la señora Wheler, mi mejor amiga es una anciana ochentera con un pie en la tumba y... Y no recuerdo más—la mano sobre su corazón cae, extendida a la altura media, esperando. 

 

Y Robin no piensa desaprovechar está segunda oportunidad. 

 

—Un placer, Vickie. Soy Robin Buckley, tengo diecinueve años, no tengo padre ni madre, murieron cuando tenía tres años, me crió una tía. No tengo un libro favorito porque no leo tanto, aunque me gusta Sherlock Holmes, amo Guns N' Roses, no me importaría ayudarte con tu recién adquirida hija, manejó una estación de Radio, nunca obtuve licencia para conducir, no sé que voy a estudiar, reprobé matemáticas catorce veces, me gustó una chica que idealice bastante tiempo, mi mejor amigo es una idiota de peinado estúpido, y me encantaría contarte cada detalle de los últimos años de mi vida.

 

...

 

—Me estás diciendo que Jonathan les saco fotografías a Nancy en plena intimidad con Steve y ella decidió que era un buen candidato a pareja? Ja, ja, ja ¡Está gente está loca! 

 

—Tal como lo oyes. 

 

—Hopper y Joyce están saliendo? 

 

—Así es.

 

—Y Vecna, osea Henry, ¿era realmente un humano? 

 

—Ajam. 

 

—Y la familia de Derek, al cual ayudaste a secuestrar, ¿todavía están atados en el granjero? 

 

—¿Si...?

 

—Y Steve y tu fueron secuestrados por una organización soviética que buscaban recrear los experimentos estadounidenses, ¿quiénes lo sedaron con sueño de la verdad?

 

—Claro. 

 

—Ahora tiene sentido esa conversación que oí contigo y Steve sobre que unos soviéticos perseguían a Hopper. 

 

—A eso... Creo que fue un poco después de que Hopper escapará de una prisión rusa. 

 

—¡Dios, Robin! Esto es bastante para procesar—grito, llevándose las manos a la cabeza. 

 

—Aunque ya te había contado la mayor parte. 

 

—No, dijiste, y cito: " Bueno, Vic, se que va sonar raro, pero hay mundo paralelo creado en la mente de un monstruo con poderes de alterar las dimensiones, crear portales y llegar a nuestro mundo, secuestrando niños para llevarlos a su mente, a este mundo de fantasía, así tener el poder oculto en sus cerebros inocentes. Vienen a matar a un paciente y hay bichos superpoderosos devora hombres que lo siguen. El gobierno ruso y americano es nuestro enemigo" —imitó, haciendo gestos exagerados y burlones—. Faltaron detalles de vital importancia ahí.

 

—¡Ay, tenía cinco minutos! Hice lo que pude para aclarar las cosas lo máximo: lo importante y urgente estaba ahí. 

 

Sin darse cuenta, el tiempo paso, los relojes marcaban un año, seis meses, un día y dieciocho horas. El amanecer se presenta atrás de ellas; una charla de minutos que dura horas. Un ambiente que empezó con franqueza dolorosa acabando en paz, un arreglo, un contrato que era hora de cumplir. 

 

Un contrato que debía firmarse luego de hablar los aspectos más incómodos de su relación. Vickie es la primera en regresar al punto incómodo. 

 

—¿Entonces... Tammy...? 

 

—Ya, te lo dije, Vic. No era tanto de ella, sino de mi, de mi identidad como persona—Vic la observa, largos segundos antes de resignarse a asentir en silencio, apagando la conversación una segunda vez. 

 

Sentadas en ese techo húmedo, donde la escarcha de noches friolentas no conseguía alcanzarles, espalda contra el muro, la cabeza de la mujer de hebras pelirrojas sobre el hombro de la castaña, tarareando canciones viejas, reconociendo el ritmo de Elvis. Robin coloca su mano, sobre la de su ahora no-amante, acariciando los nudillos tensos. 

 

—Lo lamente, en serio, te pido perdón, Vickie. Sé que no fuí una buena pareja, te mentí, te engañe, huí y me excusa a mi misma diciendo que era por tu bien, para al final poner tu vida en riesgo—y eso es la punta del iceberg, sabe que hizo pasar un mal rato a su pareja, agradece tener segundas oportunidades, no obstante si quieren empezar de nuevo, tiene que ser con las manos limpias—. No te pido que me perdones, únicamente te digo lo siento. 

 

... 

 

El reloj marca un año, cuatro meses, seis horas restantes para la liberación de los jóvenes, hace tiempo descubierto por boca de Dustin que los relojes eran bombas las cuales ante la mínima posibilidad de escapar serían activados, matándolos a ellos junto a quienes los rodeen. Es extraño entender y asimilar que estás constantemente vigilado por personas que desconoces, al mismo tiempo, que sabes a la perfección el tipo de ser que son; aquellos que no tiemblan al arrebatar una vida. 

 

Enzo's siendo iluminado por la tenue luz de luces amarillentas, en una esquina apartada del ojo mesquino de espectadores inesperados, una chica de pelo hasta los hombros espera, portando un vestido negro clásico, con un escote atrevido que alzaba miradas, las piernas al descubierto, como único color, unos aretes azulados y zapatos de punta rojas. Fue una gran idea pedirle consejos y ropa prestada a Joyce. 

 

Su cita llega quince minutos tarde. 

 

Casi parece poco comparado a como avanzaron las cosas en los últimos tres meses meses.

 

¿Qué era...? 

 

El grupo fue excluido la primera semana en la estación de Radio, nadie tenía idea de que sucedía realmente o si podrían huir sin ser asesinados, aunque cada mañana los soldados ingresaban, trayendo consigo comida, agua; provisiones. Las teorías de la señora Byers estaban acertadas, el general les dio una larga vida a cambio de que en el instante que sean necesarios tendrían que acudir a su favor.

 

Cuando la primera semana terminó, el grupo fue liberado, aunque cada uno era sumamente vigilado por el gobierno, siempre siendo custodios, siempre en las escuelas habiendo militares. En los techos, en las terrazas, en los bares. No importa dónde habían soldados y francotiradores preparados para el ataque, los más perseguidos siendo la familia Wheler, incluso la niña de siete, al fin y al cabo, fueron quiénes más involucrados estaban. 

 

Realmente se les permitió salir debido a las declaraciones de algunos sobre un compañero suelto, del cual estaban preocupados, así, Dustin y Lucas partieron al bosque, acompañados de un par de soldados armados, buscando a un tal Argyle que "olvidaron" cerca de las fronteras de Hawkins. Días después apareció un pitzero falopa con cara de consumir hierba verde, casualmente, amiga de Jonathan Byers. 

 

El que Max conviviera con Vickie, al principio parecía un reto; Max necesitaba mucha ayuda, estaba vulnerable sentimentalmente, también vulnerable esencialmente. Aún así, ellas lo hicieron funcionar. La terapia de rehabilitación para Maxime avanza de forma lenta y segura, incluso en la actualidad puede caminar unas pares de metros en solitario, siendo autosuficiente al llevar muletas. Vickie ahora realmente trabaja para el hospital, en limpieza con doble turno, pero trabajo al fin y al cabo. 

 

Por otro lado, Hopper y Joyce, la familia Bylers, intentan superar la pérdida de una hija, la pérdida de una hermana. Y Mike, aún continúa con una expresión de nada, como si todo sigue igual, como si el tiempo se hubiera detenido en cuanto Once falleció. Todos dicen que es el shock, la primera etapa de la perdida; negación. 

 

Mientras Robin piensa, una figura espléndida, de una bella pelirroja de melena recortada se acerca a la distancia, con un vestido rojo corredizo, de tela suave, ondeando al par de un corte sirena sin mangas conectadas a su cuello, con un abrigo negro simple decorando sus hombros, desplazándose al par del repiqueteo desigual de zapatos altos negros. Su rostro era una obra de arte evaluada en diez mil millones de dólares, o cualquier número tan grande que no cabe en calculadoras. El maquillaje resaltaba sus rasgos marcados, la sombra celeste transformando su mirada a un penetrante cobalto que dejaba sin aliento a Robin. Sus labios naturalmente rosados ​​en un rojo carmín, sus mejillas con tintes de suave bermellón. 

 

Tan preciosa. 

 

—Rob, ¿Qué sucede?—dice Vickie, sonriendo, con esa maldita sonrisa mostrando los dientes, dulce y refinada, sabiendo exactamente lo que está sucediendo; Robin se encandila ante la vista de esta mujer—¿Te encuentras bien? 

 

—Perfecta. 

 

La noche es joven. 

 

Enzo's es maravilloso, solitario, con esa vibra de bar de los años veinte que Vickie ama, tocando jazz lento una banda en la esquina, parejas sonriéndose enamorados, tan concentrados en sus propios amores que acaso solo los mayordomos notan la extraña familiaridad en la mesa reservada por "amigas cercanas". Tan cercas que por pura casualidad se hallaban vestidas de gala, mirándose como si colgando cada constelación del cosmos fuera de la mínima acción para la otra. 

 

Tal si los momentos se detuvieran, siendo instantes perdidos en el basto océano del mirar ajeno; la gente desaparece, la comida y el pueblo son nada en absoluto a comparación de las sonrisas intercambiadas. La comida de Enzo's era reconocida por ser la mejor de Hawkins entero; la carne era jugosa, tiernos filetos de corte blanco, deshaciéndose en su paladar, con sabor de oro cremoso, un manjar digno de ser admirado, para Vickie está experiencia era una justicia total a la fama del restaurante. 

 

Y el vino, el vino era otro detalle sorprende, sin la menor idea sobre cosechas o fermentación de frutas, la pelirroja puede decir sin lugar a cuestionamientos que era la bebida más deliciosa creada por el hombre. Deliciosa y empalagadora el dulce olor del líquido escarlata es embriagante. Robin admira el rubor comentado de la chica, la manera en que sus rasgos se volvieron suaves, enamorados. 

 

El reloj marca tres horas restantes. 

 

Vickie se desvaría alrededor de un tema recurrente Max y como la puerta abierta de la habitación mostró una imagen lamentable; la llorando adolescente en el hombro de su pareja, diciendo que fue su culpa la muerte de su amiga, que si jamás habría revelado la ubicación ella no fallecería, aunque era aún peor la sensación persistente de vergüenza ante sus pensamientos, consciente de sin ese sacrificio la persona que la cuida, guía y hospedada estaría muerta, también. 

 

Robin al notar la melancolía de sus palabras decidió cambiar el rumbo de la conversación.

 

Tal y como pidió, el papel y lápiz llegan a la mesa apartada en bandeja de plata. Vickie alza una ceja, riendo nerviosa. En cuanto los camareros se despiden, Robin sostiene el lapicero entre sus dedos, trazando palabras entre canillas del cuaderno, sintiendo la mirada pesada de su amante. 

 

<Vickie, te ves sorprendente esta noche... No sabes la cantidad de cosas que deseo hacerte> Vickie se sonroja aún más, carcajeándose alto... Tal vez el vino afecto más de lo esperado. 

 

La pelirroja arrebata el papel, escribiendo en el cuaderno.

 

<Igualmente, te ves asombroso cariño> 

 

A partir de ese momento, la conversación se apaga, siendo el reflejo de una sociedad que jamás daría por normalidad el cortejo entre dos mujeres. Las cartas van y vienen, el amor crece en el aire, las miradas indiscretas y toques disimulados debajo de la mesa. 

 

El reloj marca una hora restante. 

 

<En realidad, hay algo que realmente quiero preguntarte>

 

<¿Qué es?>

 

<Vickie... ¿Quieres salir conmigo? Me refiero a oficialmente ser pareja y no esto casual>

 

Vickie abre los ojos de punta a punta, con la mandíbula caída, mordiendo la zona interna de los cachetes, volteando los ojos hacia la banda de jazzz. Robin tema; teme haber roto el tratado de paz, aquel trozo de escarcha por el cual fingían patinar tal si fuera un glaciar, el pacto de silencio que comenzó con un volver a empezar. 

 

El reloj marca cuarenta minutos restantes.

 

La fémina de melena rojiza sostiene el lápiz, escribiendo una y otra vez, tachando una docena de veces antes, admirando el techo, las paredes, la banda, a Robin, tal vez buscando inspiración ¿Quien necesita inspiración para una respuestas? Es cuestión de si o no no lo sabe, no lo entiende. Así pasan otros diez minutos, Miles de escritos, Miles de borrados antes de lucir satisfecha con la carta. 

 

Las palabras tachadas eran demasiadas, sin un ojo audaz no podrías ver la respuesta real, aquella lo suficiente satisfactoria para Vickie. 

 

<Me arrepentiría cada instante de lo que me resta de vida si dijera cualquier cosa que no sea; Por supuesto, por siempre, quiero estar a tu lado. Caminar por un sendero lleno de luz y oscuridad, no me importa, mientras sean juntas. Tu y yo>. 

 

Cinco minutos restantes. 

 

Robin quiere llorar.

 

Cuatro. 

 

<No me hables con tanto cariño o voy a besarte frente a estos ancianos retorcidos >. 

 

Tres. 

 

<Hazlo. Démosle un gran espanto> 

 

Dos. 

 

La castaña se alza encima del asiento de terciopelo sangre, inclinando su escote sobre la mesa, desde un punto anticuado, aparentaba estar a punto de susurrarle al oído, desde la perspectiva de Robin, estaba al borde de devorar los labios más carnosos del mundo, de la persona más bella del mundo. 

 

Uno. 

 

—Feliz cumpleaños a usted—la melodía suave de jazz se cambió al ritmo alegre de un cumpleañero siendo festejado; el aparato en sus muñecas marca un año, tres meses, veinticuatro horas—Feliz cumpleaños señorita Vickie, feliz cumpleaños a ti. 

 

Una torta blanca con detalles dorados en forma de mariposa y rellena de frutilla con un ligero baño de chocolate derretido se coloca en la mesa; un aspecto divino, sabroso. La mesera hace una rebanada grande, no una rodaja de salame como en otros lugares, era una buena porción en el plato de la cumpleañera. 

 

—Ojala reciba futuros años fructíferos, Señorita—dice la camarera, colocando otra rebanada en la plata de su pareja, retirándose en silencio. 

 

—¿Cumpleaños? 

 

—¿Siete de noviembre? No lo olvidaste, ¿cierto?—pregunta Robin, le bastante sorprenderá que Vickie no recordará su propio cumpleaños. 

 

—¡Tienes razón! Lo había olvidado por estar ocupada con todo esto de nuestra salida. 

 

Y la noche continúa para la joven pareja, en un camino repleto de luz y oscuridad, con baches, quiebres, caídas y heridas. Siempre juntas. 

 

...

 

Tres años después de la noche en la carretera es lluviosa, el parabrisas del automóvil gotean lágrimas de un triste ocaso coloreado de nubes grises, la pelirroja mayor conduce con cuidado, aún siendo una de los tres conductores resignados. La ruta es silencia a comparación del auto, dónde Guns N' Roses gritan letras, tan eléctricas que se olvida el tinte romántico detrás. 

 

Un cartel amarillo asomándose, indicando: "Hawkins a treinta millas de distancia". El silbido de Robin combate ante el sonido de las gotas contra el pavimento, una joven universitaria salta en el a ciento, abrazada al brazo de su novio, o más bien, prometido. 

 

—De nuevo al viejo Hawkins—dice el moreno, sonriéndole a su novia al lado, no tan a gusto como desearía al compartir audífonos con la pelirroja, repitiendo nuevamente esa canción artante, ¿no le gusta otra? Al menos sus mejillas redondeadas, remarcando sus pecas valen la pena la tortura de repetir diez millones de veces Running up that hill—¿Estas feliz? 

 

—¡Feliz es poco! Lucas, volveremos a juntarnos, además ya quiero que Mike me diga cómo continúa ese libro ¡Ese final tan malo no debe ser real!—Vickie ríe desde el volante, a ella tampoco le agrado el final de Proyecto Manhattan, tanto sufrimiento solo para ese final mediocre, aunque a Max le desagradaba por las incógnitas sin resolver, a ella por el falso cuento un felices para siempre—. Aún no me trago la muerte de Freddie. 

 

Los prometidos parlotean sin parar por el camino, las millas disminuyen al ritmo del motor acelerando, no es de extrañar encontrar el auto de Dustin, después de todo ambos vienen desde un punto de partida similar. Robin saluda por la ventana, riendo macabra. 

 

—Dustin pide que juguemos a las carreras—dice Robin, observando a su novia con grandes ojos de perrito mojado bajo la lluvia, cruzando las manos tal rezo-. Debemos hacer, Vi, ya casi estamos en Hawkins rompimos las reglas. 

 

—¡Por supuesto que no! Conductora designada elige la velocidad-aunque aún con dichas palabras Max y Lucas se agarran de sus asientos, mientras Rob le saca la lengua por la ventana al pequeño gran nerd-. Aparte, ¿debo recordarte porque aún no puedes conducir un vehículo legalmente? " Loca al volante; atraparon infraganti a borracha en las calles de Nueva York" —recuerda, acelerando la marcha. 

 

—Esa es, de hecho, una anécdota muy divertida así que no importa cuánto reclames. 

 

...

 

Hawkins es una memoria lejana. Ingresar al pueblo es una experiencia sin igual, no sé se asemeja a la nostalgia es más bien como continuar un ensueño extraño, una memoria distante que se transforma en un miedo profundo a ser únicamente la alucinación de un paciente diagnosticado con esquizofrenia. Las calles oscuras y angostas, la cicatriz que aún divide la tierra, de alguna manera es una forma de gritarles a la cara: ¡Eso fue real! 

 

La casa de los Whaler continúa igual, pequeños detalles son los que cambian, desde las marcas de altura de los niños que usaron aquel espacio como un fuerte, aquellos que ya desaparecieron bajo un nuevo pintado a la madera. La vieja televisión de la sala ahora una versión actualizada. Cada aspecto de ese lugar era mantenido igual, aunque actualizado tal una niña de diez años acompañada de varios mocosos, remontando el legado de su ascendencia, dejando marcas y libretas en los estantes del sótano. 

 

Pronto el víejo hogar Whaler es lleno de vida. 

 

Vickie, Robin, Lucas y Max provienen de Nueva York, dónde han vivido desde que el gobierno no les apunta con francotiradores por hacer dos pasos en solitario. Vickie y Max estudian enfermería, de alguna forma, Lucas y Robin dirigen una tienda de antigüedades, objetos de carácter fantasmal entre otros. Los cuatro viven en el mismo edificio, aunque en departamentos diferentes uno al frente del otro. 

 

Seguido de ellas, casi por segundos, llega Dustin, el actual cerebro central del grupo, alguien que en un futuro y pasado habrá de cambiar el mundo, estudiante de mecánica cuántica, en una de las mejores universidades del país entero, tal vez la mejor. 

 

Nancy se pide vacaciones de su trabajo en Boston para esta reunión, desde su auto descienden ella y su hermano menor, siendo recibidos por los amigos, la familia. 

 

Will y Jonathan vienen en el mismo auto que Hopper y Joyce, marido y mujer, fueron a buscar a su hijo menor a la gran ciudad para luego encontrar un mayor camino al desierto de México para grabar una película original en solitario, a pesar de lo raras que eran sus ideas; triufan. Familia unida antes de reunirse con el grupo mayor, aparentemente ser una feliz incluso con la distancia.

 

Steve trae consigo un cierto miembro particular de béisbol; Derek, quien disimula de una forma muy mala su enamoramiento por la Wheeler menor, Holly. Erica también llega con ellos, junto al profesor y papá Noel de los misiles, Murray. 

 

Están todos. Por lo menos todos quienes fueron invitados. 

 

Cuando las copas, las bromas, anécdotas y actualizaciones de las vidas ajenas llenan en el aire, bromas duras de Max hacia Mike por matar a su personaje favorito, apoyado por Dustin. Cuando Nancy, Jonathan, Steve, Robin y Vickie están tan borrachos que charlan a boca suelta secretos de alcoba con la indignación juzgante de la señora Wheler en la esquina. Indignación que desaparece cuando Max revela que tantos datos indiscretos conoce de la pareja casada al haber estado en la mente de Henry. 

 

Era tan cálido, tan emocionalmente cercano que el sonido de la puerta al sonar, en esa noche de gran tormenta, es desconcertante... ¿Quien podría ser? Los miembros del hogar cruzan miradas. 

 

¿Esperan a alguien más? 

 

Acaso... ¿Sería posible...?

Notes:

Fin del fanfic!!!

Esto es en su mayoría centrado en Vickie, a si que realmente lo "Angst" viene desde su perspectiva... En fin, viva el RoCkie ellas son el verdadero endgame.

Si no notan que está medio vacío es porque está historia asume que ya te viste stranger things. Perdón las faltas de ortografía; escribí con sueño.

Creo que se me colo un "abrió los ojos como platos" fue puro para seguir el meme.

Este fic viene con playlist:

•The subway
•Cuando no estás
•Me and My husband
•There is a Light that never goes out
•Sweet Child'o mine
•Put your head on My shoulder

Aunque el orden no es el de ahí, pero creo que si conocen las canciones se entiende.

Eeeeh, bastante quemadas, pero las indicadas al fin y al cabo.

Eeeeeeeeeeh... Ya no sé que decir, en fin, espero que les haya gustado a mis queridos lectores fantasmas, aunque trate de hacer un tipo de historia diferente a lo usual más centrado en los diálogos que en las conversaciones. Ya se que está horrible, pero lo termine y es lo que cuenta.