Work Text:
No sabía exactamente cuando comenzó su pequeña fijación por Juhoon, ni en qué momento empezó a sentir atracción sexual por él.
Al principio fue difícil aceptar que lo deseaba, pero con el paso de los días esa culpa se fue desvaneciendo dándole rienda suelta a su imaginación.
Tal vez era la falta de sexo debido a su profesión de idol lo que hacía que su cuerpo reaccionara así ante el mayor, o quizá era esa cintura pequeña y esas caderas estrechas que lo tentaban.
Cada vez que veía a Juhoon bailar en las prácticas tenía que hacer un doble esfuerzo para concentrarse, y es que no podía pasar por desapercibido lo sensual que se veía este con el cabello húmedo por el sudor pegado en su frente, su rostro enrojecido y su respiración agitada.
Y ni hablar de cuando llevaba alguna camiseta blanca que pasadas las horas se transparentaba y se adhería a esas curvas que anhelaba sostener pronto.
No le bastaban los abrazos amistosos que solía darle, a veces a la fuerza por lo poco afectivo que era Juhoon, necesitaba más de él.
Finalmente lo perdió cuando vio a Juhoon arquear su espalda mientras hacían un live.
Ahí, delante de todos, el muy descarado se había atrevido a gatear sobre la cama y curvarse de modo que sus caderas quedaron levantadas dejando su trasero alzado.
Para los demás no fue nada precisamente extraño, incluso James y Keonho golpearon su trasero en modo de juego mientras intercambiaban miradas cómplices.
Pero para él la historia era diferente; su cuerpo y mente reaccionaron diferente.
¿Cómo era posible siquiera que arqueara su espalda así? ¿Y por qué sus caderas se veían tan jodidamente bien?
No tenía ni un solo pensamiento decente al respecto.
Solo quería que el live finalizara cuanto antes, pues la presión en sus pantalones era infernal.
Cuando finalmente se despidieron de sus fanáticas y cortaron la transmisión, no perdió tiempo y se acercó a Juhoon abrazándolo amistosamente desde un costado, rodeando su cintura y acariciando su cuello con su nariz sutilmente. Nada que no hubiera hecho antes.
Aprovechó que estaban de pie junto a la cama y lo tumbó en esta para luego lanzarse sobre él y molestarlo haciéndole cosquillas.
Los demás ni siquiera los miraron, ya acostumbrados a que Martin molestara de esa forma a Juhoon. En su lugar, algunos dejaron la habitación para dirigirse a la suya y otros simplemente se recostaron a un costado de ellos para revisar sus celulares.
-¿Quieres dormir conmigo esta noche? -susurró Martin contra el oído de Juhoon una vez que acabó con el ataque de cosquillas.
El mayor le miró con molestia fingida e intentó liberarse de sus fuertes brazos, pero era en vano considerando la gran diferencia de fuerza que había entre ellos.
Y no era secreto para nadie que Juhoon amaba ser dominado.
Le encantaba que James jugara a asfixiarlo con sus enormes brazos, o que Seonghyeon lo golpeara juguetonamente.
Pero si había algo que lo volvía loco, era, sin duda, la forma en la que Martin lo sometía contra la primera superficie que encontraba. A veces con la excusa de hacerle cosquillas o ataques de abrazos. Otras veces simplemente lo hacía porque le gustaba molestarlo.
Le fascinaba sentirse controlado, que lo sostuvieran con fuerza y doblegaran su cuerpo a su gusto.
Por ello, no pudo evitar el jadeo que escapó de sus labios cuando Martin le dobló los brazos detrás de su espalda y lo presionó boca abajo contra la cama, subiéndose sobre él.
Seonghyeon, quien estaba acostado junto a ellos les dedicó una mirada curiosa, pero finalmente no dijo nada, asumiendo que solo estaban jugando. Pero Martin estaba muy lejos de considerar eso un simple juego, no cuando esos soniditos salían de Juhoon y sus pantalones parecían apretarse cada vez más.
-A mi cuarto. Ahora -susurró Martin contra el oído de Juhoon, torciendo sus brazos un poco más para obtener otro jadeo de esa bonita boquita.
Sin decir más, se levantó de la cama y salió de la habitación, sabiendo muy bien que Juhoon iría detrás de él como el cachorrito obediente que era. Y lo confirmó cuando giró sobre sus talones en medio del pasillo y lo vió allí, caminando tímidamente unos cuantos pasos lejos de él.
Dejando de lado las enormes ganas que tenía de joderle el culo en ese momento, Juhoon se veía demasiado lindo, incluso adorable. El pijama que llevaba puesto le quedaba un poco grande, pero caía perfectamente sobre sus curvas, resaltando esa esbelta cintura por la que se moría. En su cabello, algo desordenado por lo que habían estado haciendo, traía el antifaz para dormir de Pompompurin, sumándole puntos a esa imagen inocente que pretendía tener.
Pero era una farsa. Martin bien lo sabía. Habían tantas cosas obscenas cursando la mente del mayor y no estaría satisfecho hasta revelarlas y hacerlas realidad.
Esperó a que Juhoon llegara hasta él, viendo con una sonrisa como arrastraba los pies de mala gana hasta que se paró frente a él.
-¿Qué? -preguntó Juhoon confundido, usando ese tono de fastidio tan suyo.
Y Martin tenía tantas ganas de castigarlo por ser siempre un maldito mocoso grosero con él, por provocarlo descaradamente y luego fingir no saber nada. Iba a hacerlo, definitivamente iba a cogerse a Juhoon hasta que aprendiera a respetarlo, hasta que entendiera que nada bueno salía de desafiarlo.
-Entra -ordenó, abriendo la puerta de su habitación y haciéndose a un lado para que este pudiera hacerlo.
Su vientre cosquilleó en anticipación cuando Juhoon obedeció sin objetar. Sí, así estaba mejor, le ponía tanto que acatara órdenes.
Cerró la puerta detrás de sí y se quedó en su lugar un buen rato, admirando a Juhoon quien deliberadamente se había sentado en su cama, con las piernas cruzadas y reclinando su cuerpo ligeramente hacia atrás, apoyado sobre sus brazos.
Caliente era el único adjetivo con el que podía describir a Juhoon en ese instante.
-¿Vas a venir o te vas a quedar mirándome toda la noche? -y ahí estaba de nuevo, esa actitud desafiante y burlona que lo único que hacía era alimentar su líbido.
Caminó lentamente hasta él, deteniéndose en el borde de la cama, mirándolo desde arriba. Le dedicó una mirada peligrosa, advirtiéndole que cerrara la boca y se comportara.
Pero era Juhoon de quién estamos hablando, así que por supuesto, hizo caso omiso.
-Estás actuando más raro de lo normal, ¿qué te pasa? -preguntó el mayor, ignorante a todas las cosas perversas que Martin tenía en la mente sobre él y que quería hacerle.
-Honoríficos, Juhoon -normalmente no consideraba una falta de respeto que los demás miembros le hablaran de manera informal, pero a Juhoon no se lo iba a dejar pasar. No hoy.
-¿Desde cuándo te importa eso, Martin? -cuestionó, incidiendo en la desobediencia.
Y Martin lo perdió. Empujó a Juhoon desde el pecho para recostarlo en la cama y le abrió las piernas para acomodarse en medio, subiéndose sobre su cuerpo. Cuando el mayor le quiso empujar, tomó sus muñecas y las presionó con fuerza sobre su cabeza con una de sus manos, en un agarre doloroso, pero entre más escuchaba los quejidos de Juhoon, más duro se ponía.
-Desde que eres un maldito mocoso que no sabe respetar a su amigo -espetó cabreado, llevando su mano libre hasta su mandíbula para sostenerla con fuerza.
Juhoon le miraba entre asustado y confundido. No entendía por qué su líder se estaba comportando de esa manera, ni mucho menos entendía por qué le estaba gustando tanto. O más bien, lo último sí lo sabía, pero se negaba a admitirlo en voz alta.
Era un masoquista de mierda. Aunque la forma en la que Martin estaba agarrando su cuerpo dolía y probablemente dejaría marcas, no podía hacer otra cosa más que jadear y quejarse, buscando más de ese contacto brusco.
-¿Qué mierda te pasa, Martin? ¡Suéltame! -pero en realidad no quería ser liberado, quería provocar a su mayor, cabrearlo para que fuera incluso más duro con él.
-Eres un hipócrita, Juhoon -le dijo Martin, a centímetros de su rostro-. Dejas que James te haga cosas peores, pero a mí me pones resistencia -reclamó, con la respiración agitada por la molestia.
Juhoon no supo qué decir, se quedó quieto en su lugar, desconcertado.
Entonces Martin bajó su mirada hasta la camisa de dormir que Juhoon llevaba puesta, tenía un par de botones desabrochados revelando sus bonitas clavículas y parte de su pecho. Soltó el rostro del mayor para dirigir su mano hasta el resto de botones, deshaciéndolos uno por uno.
-O-oye, oye, ¿qué haces? -preguntó Juhoon nervioso, pero dejándose hacer al fin y al cabo.
Martin no le respondió, ni siquiera lo miró a los ojos, demasiado ocupado admirando sus pezones endurecidos. Luego, abrió por completo la prenda dejando al descubierto todo su torso y la respiración se le atascó en la garganta cuando esa bonita cintura que tanto le excitaba quedó al aire libre.
Se sentó sobre sus talones para poder admirar al menor desde arriba, y la vista era simplemente preciosa. Juhoon recostado con el rostro enrojecido y los cabellos desordenados, mirándole confundido, su torso desnudo subiendo y bajando al ritmo de sus respiraciones irregulares y... oh. Bajó la mirada un poco más, encontrándose con un pequeño bulto en medio de sus piernas.
Sonrió satisfecho. Acarició los muslos de Juhoon que estaban acomodados a cada lado de su cadera y lentamente fue subiendo las manos hasta que llegó a sus ingles, dónde acarició con parsimonia, tentándolo a abrirse más.
-¿Dónde crees que estás tocando, idiota? -se quejó Juhoon intentando cerrar las piernas, pero Martin fue rápido y volvió a recostarse sobre él, impidiéndole cualquier movimiento.
-¿Cómo me llamaste, mocoso? -reprendió Martin, apretando levemente el cuello de Juhoon con una mano, mientras con la otra se apoyaba sobre la cama a un costado del rostro del mayor para evitar aplastarlo.
Juhoon gimió bajito cuando Martin lo ahorcó, el agarre era suave por lo que no le estaba asfixiando, más bien le estaba advirtiendo. Se regañó mentalmente por excitarse por eso.
-T-tú -quiso decir Juhoon, pero las palabras le comenzaban a fallar.
Y a Martin le encantó eso, verlo tan alterado gracias a él.
Soltó otro gemido, esta vez más alto y desvergonzado cuando Martin le apretó la entrepierna tras soltar su garganta. Definitivamente su Dongsaeng se había vuelto loco, porque de otra forma no se explicaba por qué estaba tocándolo así.
Pero más loco estaba él porque lo estaba disfrutando más de la cuenta.
-Puedes quejarte todo lo que quieras, pero al final tú cuerpo siempre te delata -Martin le dijo mirándole fijamente a los ojos, con un aire de superioridad que gritaba dominancia. Y eso solo provocó que su pene se retorciera en sus pantalones-. Qué zorrita eres, poniéndote así de duro cuando te maltrato -le susurró en el oído y otro gemido escapó de sus labios.
-Cállate -respondió Juhoon, retorciéndose bajo el gran cuerpo de Martin-. N-no, no toques -suplicó, arañando su gran espalda, cuidadosamente trabajada en el gimnasio.
Y mierda cómo lo calentaba que Martin fuera más grande que él.
-¿Por qué no? ¿No te gusta? -le susurró Martin contra su rostro, acariciando sus testículos por encima de la ropa.
Eso lo hice rodar los ojos y curvar los dedos de sus pies. Maldito Martin porque sabía dónde poner sus manos y maldito él por ser tan sensible.
-Martin -gimió, sacudiendo las caderas inconscientemente-. ¿Por qué? -fue lo único que su agitación le permitió preguntar.
-¿Por qué? -cuestionó Martin divertido, atreviéndose a tocar más abajo, ejerciendo presión en medio de las nalgas de Juhoon donde estaba su entrada-. No sé qué estás preguntando, cachorrito. Sé específico -provocó.
Y Juhoon sollozó bajito, demasiado sensible para lidiar con el juego de Martin. Además ese sobrenombre hizo que su vientre se revolviera deliciosamente, que ahora era lo único que tenía en la cabeza.
Entró en un pequeño trance del que salió solo cuando sintió a Martin retirándole el pantalón, dejándolo tan solo en su ropa interior.
-¿Qué pasa, Juhoon? ¿Ya no tienes ganas de hablar? Estabas muy cómodo antes faltándome el respeto, ¿qué pasó ahora? -dijo Martin mofándose de su desconcierto y aprovechando su falta de resistencia para doblarle las piernas contra el pecho-. Qué bonito te ves cuando obedeces -halagó, acercando su cadera hasta el trasero de Juhoon y presionó sus entrepiernas juntas.
-¡Ah! -Juhoon jadeó, cubriéndose el rostro con las manos. Estaba avergonzado, pero tan caliente que pedirle a Martin que parara no era una opción.
-Tan lindo con las piernas abiertas para tu Dongsaeng -dijo en un susurro. Su tacto volvió a la entrepierna del mayor, dando palmaditas que lo hicieron sollozar bajito-. Dime, Juhoon, ¿le abres las piernas así a los demás también? ¿a Keonho? -apretó con fuerza el pene contrario.
-¡Martin! -se quejó, pero una vez más, no hizo nada al respecto-. No, yo no- ¡Auch! -volvió a chillar cuando Martin le dio una nalgada con tanta fuerza que estaba seguro que todos en la casa habían escuchado.
-Mírame a los ojos cuando te hablo -reprochó, obligando a Martin a descubrirse el rostro.
Y, oh, qué espectáculo le estaba dando el más pequeño.
Los ojitos llenos de lágrimas, su labio inferior temblando ligeramente por la incertidumbre, las mejillas rojas por la vergüenza y sus bonitas cejas fruncidas en una mueca de dolor.
-Juhoon -musitó y acarició con cariño la entrepierna de Juhoon que anteriormente había maltratado, deleitándose con los suspiros que soltó-. Si de verdad no quieres esto dilo ahora, me detendré si eso quieres.
-Si no quisiera esto te habría pateado las bolas hace rato -contestó Juhoon.
Como el buen descarado que era, abrió más las piernas y movió las caderas en pequeños círculos para estimular el pene de Martin, quien lo miró con una sonrisa llena de satisfacción y negó con la cabeza, divertido.
-No me equivoqué contigo, eh. Eres una puta -le dio un par de golpecitos en la mejilla, que no llegaban a ser bofetadas, no aún.
El mayor sonrió, excitado por lo grosero que estaba siendo Martin con él. Impulsado por el deseo, envolvió sus brazos alrededor del cuello ajeno y lo atrajo contra su cuerpo para besarlo. No le dio tiempo a reaccionar, simplemente chocó sus labios en un beso desordenado y duro. Gimió cuando le mordió el labio inferior y lo estiró levemente con sus dientes.
-Date la vuelta -ordenó Martin contra su boca.
No iba a negar que pese a todo estaba nervioso. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que tuvo sexo, tanto que se sentía virgen otra vez. Pero, a pesar de la dinámica brusca que estaban manteniendo, sabía que el menor no iba a lastimarlo.
Se sentó lentamente en la cama y luego giró, apoyándose sobre sus manos y rodillas. Era una posición algo vergonzosa para él, más lo que le gustaba era la humillación, así que estaba bien. Jadeó cuando sintió la mano de Martin ejerciendo presión contra su nuca haciéndolo caer contra la cama, de modo que su mejilla derecha quedó presionada duramente contra el colchón y sus caderas quedaron en el aire.
-Dongsaeng -soltó un par de gemidos desesperados, la anticipación lo estaba matando.
-Paciencia, estoy disfrutando la vista -dijo Martin golpeando con fuerza sus glúteos, encantado con la forma en la que rebotaban-. No sabes las ganas que tengo de joderte, Juhoon -comentó mientras se sacaba la camisa de pijama y el pantalón para quedar en igualdad de condiciones.
-Entonces hazlo, Martin. Jódeme -incitó Juhoon sacudiendo sus caderas levemente, ahogando un grito cuando recibió un azote en respuesta-. Auch.
-Deja de ser una puta regalada, no se me olvida que te pusiste en la misma posición frente a todos -reclamó Martin continuando con los azotes y no se detuvo hasta que Juhoon comenzó a llorar.
-Y-ya, Dongsaeng, por favor -pidió con la voz rota.
Y su pene se sacudió violentamente en sus boxers solo con eso.
Acarició la zona que había estado golpeando sin piedad y luego le bajó y retiró la ropa interior revelando la piel enrojecida de su trasero.
Las piernas del mayor temblaron sutilmente al sentirse así de expuesto, sus nervios aumentaron significativamente pero supo relajarse cuando sintió los labios de Martin contra sus omóplatos.
-Lindo -le susurró en el oído y luego se enderezó en su sitio para adorar la imagen tan caliente que tenía frente a él.
Era tal como lo había imaginado. Su más grande fantasía hecha realidad frente a él; Juhoon desnudo en esa posición que le permitía ver la manera tan sensual en la que arqueaba su espalda y resaltaba su estrecha cintura.
Con toda la adoración del mundo, dejó un camino de besos por la columna vertebral hasta que llegó a su espalda baja donde usó ambas manos para apretar sus caderas y sacarle aún más suspiros al más pequeño.
Su boca continuó su camino hasta los glúteos donde mordió y succionó un par de veces para dejar marcas que solo él podría apreciar después.
Volvió a enderezarse en su sitio y admiró un buen rato como el contrario temblaba y sollozaba en silencio, en una súplica por ser follado. Con su dedo índice recorrió la espalda de Juhoon, fascinado con lo esbelto que era. Sus movimientos eran lentos y tortuosos, en busca de provocar escalofríos.
-Ya -volvió a pedir. Si Martin continuaba así iba a volverse loco.
-Qué impaciente -se burló, pero decidió ceder, ya que el también estaba desesperado por más. Se retiró la ropa interior y pegó sus cuerpos de modo que su pene quedó en medio de las nalgas de Juhoon-. ¿Debería metértela sin prepararte? -provocó, frotando el glande contra su entrada, esparciendo el líquido preseminal.
El contrario negó repetidas veces, aún con su cabeza presionada contra la cama.
-Por favor -susurró y gritó cuando Martin insertó la punta de su falo sin avisarle-. ¡Duele! -se quejó e intentó bajar las caderas pero el menor lo agarró con fuerza, manteniéndolo en su lugar.
-Lo sé -contestó y retiró su miembro para volver a estimular por fuera-. Quédate quieto, Juhoon -exigió golpeando su culo.
-Martin -sollozó apretando las sábanas con fuerza.
-Deja de llorar, ¿quieres? Ni siquiera he comenzado -dijo con desdén volviendo a azotarlo, amando cada quejido que soltaba.
Con sus dedos acarició la entrada de Juhoon, algo enrojecida por la penetración forzada que había recibido. Largó un poco de saliva para mojar la zona lo suficiente para empezar a dilatarlo.
-Relájate -su dedo índice ingresó lentamente con algo de dificultad. Estaba algo sorprendido por lo estrecho que se sentía su interior y por un momento dudó de si Juhoon podría tomarlo-. Carajo, te voy a romper -musitó empezando a penetrarlo con su dedo.
Era fascinante como su culo se tragaba cada falange, pero el canal parecía no ceder en amplitud. Solo podía pensar en lo bien que iba a apretar su pene cuando se lo metiera.
Retiró su dígito e insertó dos, con la misma resistencia de antes. Maldijo internamente por no haber comprado lubricante con anticipación, porque sin duda todo habría sido más sencillo, aunque menos divertido.
-Duele -gimió Juhoon enterrando su rostro contra las almohadas.
Martin se preocupó. Reconocía que estaba siendo poco considerado con su delicado cuerpo, así que se inclinó sobre su espalda y le susurró en el oído.
-¿Quieres que pare, bebé? -preguntó dejando caricias de consuelo en su cintura.
-Ni se te ocurra -amenazó Juhoon saliendo de su escondite para ladear su rostro y mirar severamente al menor.
Soltó una pequeña risa. Por supuesto, debió suponerlo. Juhoon disfrutaba del dolor en todas las formas posibles.
-Y yo preocupándome -dijo con sorna volviendo a insertar sus dedos hasta el fondo, consiguiendo un gemido alto a cambio-. Cállate, nos van a escuchar -advirtió volviendo a presionarle el rostro contra las almohadas desde la nuca.
Juhoon ahogó sus gritos de dolor cuando empezó a ser follado brutalmente con los dedos de su Dongsaeng. Dolía demasiado, pero disfrutaba tanto como Martin lo estaba dominando y usando su cuerpo sin cuidado alguno. Sollozó más fuerte cuando sintió los dedos en su interior curvándose de modo que alcanzaron su próstata.
-¡Ahí! -suplicó empujando sus caderas contra la mano ajena, en busca de un contacto más profundo.
-¿Aquí? ¿se siente bien aquí, bebé? -preguntó ejerciendo mayor presión contra la glándula.
Juhoon se retorció del placer y puso los ojos en blanco cuando su vientre cosquilleó en señal de que estaba cerca de su orgasmo. No quería hacerlo aún, pero estaba tan sensible que era inevitable sentirse al borde.
-Mierda, me voy a venir -avisó en medio de su llanto desesperado y se volvió un mar de gemidos cuando otro dedo se sumó a la intromisión en su trasero-. ¡Martin! -y sin más, su pene liberó largas tiras de semen, algunas de las cuales cayeron contra la cama y otras escurrieron a lo largo de su propio falo.
-Ah, Juhoon-ah, acabas de ensuciar mi cama -reclamó Martin azotando su culo a manera de reprimenda.
-Lo siento -balbuceó eso y más cosas sin sentido mientras trataba de recomponerse del clímax. Su visión aún estaba un poco borrosa y su mente se había desconectado por unos segundos. Supo volver a la realidad cuando su pene sensible fue envuelto y masturbado un par de veces-. Dongsaeng, no, espera -lloriqueó.
Martin ignoró deliberadamente las súplicas y continuó moviendo su mano hasta que consiguió humedecerla con los fluidos de Juhoon.
-Te corriste demasiado rápido y sin permiso. Muy mal, Juhoon -recriminó mientras masturbaba su propio miembro, usando la misma mano con la que había tocado a Juhoon segundos atrás, lubricando cada centímetro de su extensión.
-Perdón -susurró girando su rostro para poder mirar al menor.
Y la necesidad de Martin creció cuando vio sus bonitos ojos enrojecidos y llenos de lágrimas. Sumado a eso la expresión que tenía gritaba sumisión y sus ganas de romperlo por completo se volvieron insaciables.
Sin previo aviso comenzó a introducir su pene, atento a como las facciones del mayor se iban contorsionando en dolor y abría su boquita para largar chillidos. Antes de que siquiera pudiera llegar a la mitad, el cuerpo bajo de Juhoon falló y cayó contra la cama deshaciéndose en un llanto doloroso. Martin no se detuvo, sin embargo. En su lugar, se recostó sobre su cuerpo tembloroso y continuó con la lenta intromisión.
-Me duele, me duele mucho -hipó llevando su mano derecha hacia atrás tratando de empujar las caderas de Martin. No había visto nunca el pene erecto de su Dongsaeng, pero por lo que podía sentir estaba seguro de que era enorme.
-Deja de actuar como si no pudieras tomarlo -bufó contra su oído. En su voz se notaba el esfuerzo inhumano que estaba haciendo para no descontrolarse y cogerlo sin piedad.
Juhoon sentía que iba a desmayarse en cualquier momento, no solo por el dolor insoportable que estaba experimentando, sino también por la forma en la que Martin estaba apoyando su peso sobre su cuerpo y lo estaba aplastando hasta dejarlo sin aire.
-Aprietas tan bien carajo, podría joderte el culo toda la puta noche -gruñó cuando finalmente pudo insertar su verga por completo.
Entonces se levantó levemente para darle espacio a Juhoon para respirar y sonrió cuando lo oyó resoplar intentando lidiar con las dolorosas sensaciones. Lentamente retiró su pene hasta que solo la punta estuvo atrapada en esa exquisita estrechez y de un solo movimiento brusco volvió a entrar.
-¡Ah! -Juhoon gritó y pataleó. Su interior ardía como el jodido infierno, pero esa sola embestida había logrado llegar a ese punto que lo hacía delirar.
Sumado a que acababa de tener un orgasmo, su cuerpo entero estaba al borde de ceder a la inconsciencia, incapaz de procesar tanto placer y dolor combinados.
-Relájate, me vas a partir la verga en dos si sigues apretando así -se sentó a horcajadas sobre los muslos de Juhoon y apretó su trasero empezando un vaivén lento.
-Juhoon -llamó con la voz rota, aferrándose con fuerza a las cobijas.
-¿Qué? -contestó despectivamente aumentando el ritmo de sus embestidas, interrumpiendo cualquier oración mínimamente coherente que Juhoon intentara decir.
-¡Ay! -chilló cuando, una vez más, su próstata fue maltratada, pero las sensaciones eran mucho más intensas ahora-. Sí, ahí, dame ahí -suplicó.
No entendía cómo, pero sentía que iba a correrse de nuevo en cualquier momento. Martin acató su pedido y continuó golpeándolo donde más le gustaba. Se deleitaba escuchando al menor jadear y rezongar como un jodido animal en celo, follándole el culo como si su vida dependiera de eso.
Justo cuando su vientre estuvo listo para derramarse en un segundo orgasmo, dejó de sentir esa deliciosa estimulación.
-No, no pares -dijo desesperado dándose la vuelta para mirar al mayor-. ¿Qué pasa? -cuestionó desconcertado cuando Martin dejó de tocarlo por completo.
-Ven -palmeó sus muslos luego de sentarse contra el respaldo de la cama-. Vas a montarme, cachorrito -le dijo y sonrió cuando lo vio gatear hasta él, sentándose a horcajadas de inmediato.
-No tengo fuerzas -susurró contra sus labios antes de besarlos lentamente, estableciendo un ritmo delicado que contrastaba con todo lo que habían hecho hasta ahora.
Perdido en los belfos ajenos, no notó que Martin lo había levantado levemente de las caderas para volver a penetrarlo. Sus gemidos murieron en la boca contraria según se iba sentando hasta tomarlo entero.
-Tan grande... -se apoyó en los amplios hombros del menor y empezó a moverse con una lentitud que se sentía como una tortura para ambos.
-Hazlo bien -ordenó Martin agarrando su cuello con su mano derecha, mientras usaba la izquierda para apretarle el culo.
-Ahórcame bien -contraatacó y sonrió de gusto cuando sintió la presión asfixiante en su garganta.
Motivado por las embriagadoras sensaciones, aumentó la rapidez con la que rebotaba sobre el regazo ajeno, empalándose una y otra vez hasta que pudo sentir como el pene de Martin destrozaba su interior. Las lágrimas caían sin control alguno, rodando por sus mejillas rojas por la falta de aire y el esfuerzo que estaba realizando.
-Eso es, lo tomas tan bien, Juhoon-ah -halagó aflojando su agarre levemente para permitirle tomar una bocanada de aire.
Acercó su rostro hasta su cuello y repartió besos y mordidas por toda su piel hasta que llegó a sus clavículas donde se atrevió a dejar una pequeña marca. Continuó hasta el bonito pecho blancuzco adornado por un par de pezones endurecidos que pedían a gritos ser mordidos hasta dejarlos rojos e hinchados. Clavó sus dientes en una de las areolas y estiró la piel, deleitándose con los gemidos que soltaba Juhoon. Parecía que acababa de encontrar una zona sensible y definitivamente iba a aprovecharlo.
-Juhoon, me voy ah- -intentó advertir, pero el menor fue más rápido y colocó su palma sobre su glande y cerró su mano para impedir que eyaculara-. N-no, espera -lloró, sus piernas se rindieron, incapaces de dar un salto más y se ganó una bofetada como castigo.
-¿Quién te dijo que podías parar? -cuestionó Martin molesto volviendo a ahorcarlo.
-Ya no puedo -musitó con la voz en un hilo. Estaba agotado, sus extremidades ardían exigiendo un descanso y su orgasmo frustrado lo estaba llevando a límites no antes explorados.
Martin le sonrió con malicia y lo sacó de su regazo empujándolo de vuelta contra la cama. Para cuando quiso reaccionar, le estaba tomando del cabello con brusquedad para hacerlo arrodillarse en su lugar. Observó con pavor cómo se ponía de pie frente a él, golpeando sus labios con su enorme pene. Era la primera vez que lo veía tan de cerca y así de duro, se le hizo agua la boca solo de pensar en lo bien que le iba a joder la garganta.
-Ya que sigues quejándote, supongo que tu boquita no está cansada -tiró de sus hebras y le hizo abrir la boca, metiendo su miembro hasta que lo ahogó-. Cuidado con los dientes o te va a ir peor.
Sus ojos se inundaron pero encontró la manera de relajar la garganta para permitir que el falo se deslizara más allá de su campanilla. Hizo su mejor esfuerzo por resistir las arcadas, pero fue imposible una vez que Martin le empezó a follar la boca sin piedad. Podía sentir como sus bolas golpeaban su mandíbula, la saliva escurriendo por las comisuras de sus labios y sus pulmones ardiendo en busca de oxígeno.
Clavó sus uñas en las caderas del menor suplicando compasión, pero eso solo hizo que enfureciera y aumentara la dureza y velocidad. Oyó como gruñía cada vez más alto y esperó con ansias que se corriera en su boca, así que movió su cabeza junto a las embestidas de Martin orillándolo a un orgasmo. No le importaba lucir como una puta necesitada, más bien le encantaba ser usado como una jodida muñeca sexual.
-Eres toda una zorra, ¿eh? Voy a llenarte ambos agujeros, no te preocupes -y entonces eyaculó soltando un gemido gutural, se aseguró de liberar su semen lo más profundo posible, encantado con la forma en la que Juhoon se estaba asfixiando al intentar tragarlo-. Tómalo todo -ordenó mientras se retiraba de su boca.
Vio al pequeño colapsar sobre la cama, tosiendo en busca de recobrar la respiración en medio de un llanto que parecía no querer cesar. Verlo así era lo más precioso y excitante que había experimentado alguna vez, por lo que se preguntaba qué tanto podría romperlo, cuál sería su límite, hasta dónde podría llegar antes de que le rogara que se detuviera.
Se recostó en la cama y atrajo al tembloroso chico para que se acomodara junto a él. Aún no habían terminado.
-Abre las piernas -curvó sus labios complacido cuando así lo hizo sin rechistar y se acomodó en medio de ellas-. Buen chico -palmeó su mejilla en señal de aprobación.
Juhoon sonrió aún en medio de su dispersión, acomodó mejor su cabeza sobre las almohadas y con sus manos se sostuvo los muslos internos para mantener sus extremidades inferiores separadas, exponiendo su usado agujero listo para recibir aún más maltrato. Largó un gemido lastimero cuando sintió tres dedos ingresar de golpe, frotando las paredes de su recto a un ritmo brutal.
-Dongsaeng, por favor, por favor, ah- -se retorció en su lugar, pero no se atrevió a cerrar las piernas a pesar de la abrumadora sensación.
-¿Qué pasa, cachorrito? dime qué quieres -provocó curvando sus dígitos en la dirección que conocía tan bien para ese momento.
-Métemela, por favor, solo métemela -rogó impaciente.
-No sabes cómo me pone verte así -entonces retiró sus dedos y alineó su verga con su entrada-. Pásame una almohada, bebé -pidió antes de penetrarlo.
Cuando la recibió, la colocó bajo las caderas de Juhoon para elevarlas un poco. Desde ese ángulo sabía que golpearía su próstata sin fallar, así que, con más cuidado esta vez, metió su pene hasta la base, escuchando como el mayor sollozaba y apretaba su interior de una manera tan deliciosa que estuvo a nada de venirse de nuevo.
-Así llega más profundo -señaló orgulloso cuando notó como la piel del vientre de Juhoon se abultaba levemente con la forma de su pene. Llevó su mano hasta la protuberancia y presionó, consiguiendo que el contrario arqueara la espalda y pusiera los ojos en blanco-. ¿Me sientes aquí, bebé? -preguntó, iniciando un lento vaivén de caderas, ensimismado con su nuevo descubrimiento.
-Martin -colocó su mano sobre la contraria y sollozó cuando sintió el abultamiento. Jamás lo habían jodido de esa forma, sentía que lo estaba destrozando por dentro-. Ay Dios -susurró aún impresionado por lo que su cuerpo podía hacer.
Gritó extasiado cuando Martin empezó a follarlo tan duro y rápido, que su figura entera rebotaba casi golpeándose contra el respaldo de la cama. Se sostuvo de la ancha espalda ajena y clavó sus uñas allí cuando el placer extremo se sintió imposible de procesar. Los dedos de sus pies se curvaron, su espalda se arqueó incontables veces y su visión comenzó a fallarle, por lo que prefirió cerrar los ojos con fuerza mientras permitía que el hombre mayor le jodiera las entrañas con una brutalidad que jamás habría imaginado.
Una vez más sintió esas insoportables cosquillas en el vientre y antes de que pudiera advertirle, eyaculó violentamente en medio de sus cuerpos. Este orgasmo fue, sin duda, mucho más intenso, al punto en el que no le quedó aire ni para gritar. Martin continuó moviéndose a pesar de todo, la sobre estimulación lo estaba matando.
-Ya, por favor, ya no puedo -echó la cabeza contra las almohadas y rogó internamente por que su hyung acabara pronto, porque a ese punto estaba seguro de que iba a terminar orinándose, después de todo las embestidas de Martin también estaban presionando su vejiga.
-¿Tan pronto? Esperaba más de ti, Juhoon -dijo en un tono que rozaba la burla y la decepción.
Decidió pasar por alto aquello y en su lugar lo agarró firmemente de las caderas y se levantó de la cama aún cargándolo, suspendiendo su esbelta forma en el aire de modo que solo su glande quedó dentro.
-Siempre he querido cogerte en esta posición, no pesas nada -comentó mientras lo acomodaba en sus brazos.
-Por favor -susurró con la voz rota aferrándose a los hombros del contrario. Suspiró agotado cuando sintió como Martin lo bajaba lentamente hasta que volvió a quedar empalado-. Ay, Martin -jadeó y una vez más se desgarró la garganta gimiendo y gritando cuando el menor estableció un ritmo duro.
La gravedad hacía su parte, ayudando a que el pene de Martin llegara a dónde debía de una forma bestial.
-Increíble como sigues apretado -gruñó apoyando el cuerpo inestable del mayor contra la pared más cercana. Con el nuevo apoyo, se aseguró de ser aún más despiadado, embelesado con lo roto que lucía Juhoon.
-Ya no más, ya no más, por favor -abrazó a Martin firmemente y convulsionó cuando su pene cedió y se vino a chorros. Debido a que era la tercera vez que tenía un orgasmo, lo que liberó fue más orine que esperma, consiguiendo hacer un desastre en medio de sus cuerpos.
-Mierda -gimió Martin extasiado con lo que había conseguido y con un par de empujes más terminó eyaculando dentro de Juhoon. Embistió su delicado cuerpo hasta que liberó la última gota, y solo entonces le permitió al más pequeño descansar.
Estaba destrozado en todos los sentidos, su llanto no cesaba aunque lo intentara, así que se escondió en el cuello de Martin en busca de consuelo. El menor inmediatamente lo llenó de besos por todo el cuello y le acarició la espalda baja mientras retiraba su pene con cuidado. Sollozó más fuerte cuando se sintió vacío, aunque estaba aliviado de cierta forma.
Ahora que los espamos del orgasmo habían cesado, era consciente de los límites inhumanos a los que había sido empujado. Le dolía absolutamente todo, cada músculo, cada centímetro de piel, pero también se sentía tan satisfecho que nada de eso importaba.
Acababa de recibir la mejor cogida de su vida por parte de su caliente líder con el que había fantaseado tantas veces, por el que incluso se había tocado en incontables ocasiones. Y todo había sido perfecto, justo como siempre lo imaginó.
Martin lo colocó sobre la cama con mucho cuidado y luego se recostó junto a él.
-No sabía que serías así de llorón -dijo mientras lo atraía a un abrazo. Le sobó la espalda y le acarició el cabello en un gesto de consuelo.
-Cállate -respondió cansado, pero genuinamente feliz-. Eres un animal, ¿sabías?
-Lo dices como si no te hubiera gustado -acusó riendo ligeramente. Acunó su rostro y besó castamente sus labios-. ¿No te lastimé, verdad? -preguntó preocupado. Ahora que la excitación había bajado caía en cuenta de que se había excedido un poco.
-Estoy bien -confirmó devolviendo el piquito en sus labios para luego acurrucarse contra el pecho de Martin-. Pero me tienes que dar mucho aftercare. -exigió pasando su pierna sobre la cadera contraria, aferrándose cual koala.
-Lo sé, bebé.
Y esa noche descubrieron que eran la pareja sexual perfecta del otro y que compartirían esa y muchas más noches juntos.
