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(i hope we make it to) the other side

Summary:

Cuando la explosión cierra el portal, Mike se queda atrás. No entre los escombros, sino en el vacío que dejó Eleven.

Cuando la oscuridad empieza a tomar forma, Hawkins comienza a reconstruirse a su alrededor, junto con la única persona que nunca estuvo listo para perder.

Juntos, recorren un Hawkins vacío en busca de una salida. En el camino, los recuerdos se mezclan con confesiones tardías, y Mike descubre que hay cosas que no quiere perder… incluso si eso significa quedarse en el fin del mundo.

O

Donde el portal se cierra, Eleven desaparece y Mike no logra salir de lo que quedó al otro lado. Will no sobrevive sin la conexión que tenía con el Upside Down, pero Mike no lo deja ir.

Notes:

✦ Ligeros cambios al canon.
✦ Ambientado antes del epílogo.
✦ El Upside Down NO es lo mismo que « el otro lado ».

Chapter 1: where nothing existed

Chapter Text

Eleven se desvanece apenas en un suspiro. No hay gritos, no hay tiempo para alcanzarla. Solo desaparece.

Mike deja de sentirla. Sus manos quedan vacías, heladas, como si algo le hubiera sido arrancado sin previo aviso.

Pero él sigue ahí. ¿Por qué sigue ahí?

—¡El! —grita con el rostro empapado. El sentimiento de pérdida crece en su pecho. El mismo que se formó la primera vez que la perdió.

Gira sobre sí mismo, una y otra vez, esperando encontrarla detrás de él, a un costado, en el suelo. Pero no hay nada. Absolutamente nada.

Un vacío infinito se abre a su alrededor. Oscuro, abismal.

—¡Eleven! —vuelve a llamar, y esta vez su voz regresa hecha ecos interminables, deformados, como si el espacio mismo se burlara de él.

La tristeza rápidamente se transforma en horror.

No entiende qué pasó. ¿Y si la bomba acabó con el mundo real también? ¿Dónde estaban los demás?

—¡Mike! —escucha a lo lejos.

No es la voz de El.

Son muchas voces superpuestas, irreconocibles, mezclándose entre sí hasta volverse ruido, ecos. Mike se lleva las manos a la cabeza, respirando con dificultad. Empieza a caminar, desesperado, de un lado a otro, como si ese simple acto pudiera obligar al mundo a reconstruirse. Como si Hawkins fuera a dibujarse de nuevo bajo sus pies.

Piensa en posibilidades, en errores. En la bomba.
Él la diseñó.

—¡Will! —otra voz uniéndose al eco.

Mike se detiene en seco.

—¿Will…? —susurra.

Entonces lo siente.

Un calor extraño invade la palma de su mano derecha. No quema ni duele. Es un calor que tranquiliza, que calma el temblor en sus dedos. Mike levanta la mano hasta su rostro y la observa, confundido, como si no le perteneciera.

De pronto, algo tira de ella.

Un agarre fuerte, desesperado. Dedos que aprietan el dorso de su mano con tanta necesidad que casi duele. Algo pesado cae frente a él y Mike apenas tiene tiempo de reaccionar cuando Will aparece, desplomado a sus pies.

Al principio su imagen es borrosa, casi transparente. Luego los colores lo delinean poco a poco, hasta que está ahí, completo. ¿Real?

William Fucking Sorcerer Byers.

Su mano libre está aferrada a su pecho, respirando con dificultad, como si hubiera corrido sin parar. El sudor le empapa el cabello y sus labios entreabiertos buscan aire con urgencia.

Algo le duele.

Es lo primero que piensa Mike cuando Will levanta el rostro para mirarlo. Reconoce el ceño fruncido, el rubor en sus mejillas, los ojos abiertos como cuando apagaba la luz de su habitación durante sus pijamadas.

Will le temía a la oscuridad.

—¡Mike! —exclama Will y se le escapa una sonrisa temblorosa.

No piensa, pero sí reacciona. Se levanta de un salto y rodea al alto con los brazos aún si necesita colocarse de puntitas para alcanzar su cuello. Lo aprieta como si soltarlo significara perderlo para siempre.

—Wi-Will, ¿Qué está pasando? —murmura contra su hombro.

Se odia un poco por sentirse aliviado de que esté ahí.

Will tarda unos segundos en responder, como si necesitara comprobar que Mike es real. Que está ahí, de verdad.

—Estabas en trance —responde Will al fin, todavía aferrándose a Mike—. La bomba explotó, Jane desapareció y... seguías en trance.

Will se separa lo justo para mirarlo a los ojos y asegurarse de que Mike está entre sus brazos, de que ese terror de perderlo nunca fue real.

—El se sacrificó —empieza Mike, su voz vuelve a ser apresurada—, dijo que lo sentía, que...

—Mike —lo llamó Will. Tratando de traerlo de vuelta a la realidad.

Si es que ese lugar podría llamarse realidad.

—El... ¿Desapareció? —Mike pareció caer en cuenta de nuevo que Eleven ya no estaba. Su mirada se perdió de nuevo en el vacío absoluto detrás del hombro de Will.

—Estabas en su mente ¿verdad? —preguntó Will. Tuvo que tomar a Mike de las mejillas para obligarlo a enfocarse, aprovechó la cercanía para limpiar las lágrimas que ensuciaban el rostro de Mike con ayuda de sus pulgares— Estamos en su mente...

—No Will... —Mike abre los labios como si estuviera a punto de decir algo, pero duda— ¡No entiendes! Ella...

—¡Exacto! —exclama Will con lágrimas derramándose de sus aterrados ojos— ¿En dónde estamos entonces? ¡La vi, Mike! —grita con desesperación, necesita que Mike reaccione. Necesitan encontrar una explicación—. Se fue, el portal se cerró, sentí como mi corazón se detuvo y ahora estoy aquí, contigo.

—¿Tu corazón...? —Mike vuelve a enfocar la imagen de Will.

—Estoy muerto —murmura Will casi con calma, como si le hubiera llegado una revelación importante en un segundo y, al otro, ya la hubiera aceptado. Da dos pasos atrás, alejándose de Mike.

Nadie más que él sabía lo que iba a pasar cuando el Upside Down desapareciera. Él también lo haría.

—¡No digas eso! —exclama Mike, siguiéndolo de inmediato— Tú no, Will. Tú no.

—Tal vez ambos lo estamos, Mike —responde él—. Quizás esto es el infierno.

—¿Y qué hicimos para merecer el infierno? —replica Mike, con rabia— ¡Salvamos el puto mundo!

De pronto, sienten un temblor sacudir el lugar. El vacío comienza a cambiar.

Primero son colores difusos, manchas flotando a su alrededor, como una pintura difuminada. Luego sombras que se estiran, se acomodan, encajan. El suelo aparece bajo sus pies, sólido, conocido.

Mike respira hondo, Will se paraliza. Ninguno puede creerlo.

El cielo se forma sobre ellos, de un azul apagado que reconocen incluso antes de entender por qué. Las calles emergen como recuerdos que alguien está reconstruyendo a medias. Los edificios se alzan por sí solos, los árboles se sacuden con el viento tranquilo, como si siempre hubiesen estado ahí. Como si Mike y Will fueran los que llegaron a irrumpir la paz del lugar.

—Maldición —susurra Mike al reconocer los edificios.

—Es Hawkins —dice Will mientras sus ojos recorren el edificio frente a ellos.

Mike gira para observar lo que llama la atención de Will: la Biblioteca Pública de Hawkins, intacta, exactamente igual a como era años atrás. No hay grietas, ni un portal, ni señales del Upside Down. Es el Hawkins que existía antes de que todo se rompiera.

Mike toma la mano de Will con miedo. Sus dedos tiemblan.

—Si estamos en la mente de Eleven —dice Mike, tomando la otra mano de Will y mirándolo a los ojos, quiere su atención—, eso significa que sigue viva. Tenemos que encontrarla.

—Mike… —Will abre los ojos y alza las cejas, expectante.

—¡Mira esto! —insiste—. Todo está intacto. ¿Y si es el seis de noviembre? ¿Y si es un recuerdo? El recuerdo de cuando abrió el primer portal… o de cuando me conoció. ¿Recuerdas lo que dijo Max sobre la mente de Henry? Estaba en sus recuerdos todo este tiempo, ¿Y si...?

—Jane ya no está —dice Will, con la voz rota pero firme—. La vi desaparecer, Mike. Necesitamos encontrar una salida. Ella se sacrificó por todos nosotros.

—¡No lo entiendes! —responde Mike, destrozado.

—Claro —dice Will, dolido—. ¿Cómo podría entenderlo?

Mike se queda en silencio. Enseguida nota los ojos llenos de dolor de Will, pero no puede hacer o decir nada útil.

—Haz lo que quieras —continúa Will, sorbiendo su nariz —, pero yo no pienso quedarme aquí. No eres el único que la perdió. Perdí a mi hermana —dice mientras deja ir las manos de Mike—. Y sé que ella habría querido que encontrara la salida.

Avanza apenas unos pasos antes de que algo se rompa dentro de él. Una punzada brutal le atraviesa el pecho. Su garganta arde de inmediato y sus pulmones reclaman aire con urgencia. Intenta inhalar, pero no puede. Es como si su cuerpo hubiera olvidado cómo hacerlo. Abre la boca, desesperado, y entonces lo nota.

No siente su corazón. No late como debería.

Se lleva una mano al pecho, presionando con fuerza, como si así pudiera obligarlo a funcionar.

Mike lo nota al instante. Sabe que algo está mal incluso antes de que Will lo exprese. Quiere moverse, correr hacia él, pero su cuerpo no responde. Es como si el lugar mismo lo mantuviera anclado al suelo. Como si una de esas enredaderas viscosas lo hubieran atrapado. Mira a sus pies, no hay nada.

Will empieza a desvanecerse.

Su figura pierde solidez, volviéndose translúcida, parpaedea perdiendo y ganando luz, como cuando apareció por primera vez. El puño que presiona su pecho tiembla.

—¡Will! —grita Mike, con terror puro en la voz. Siente su pulso acelerarse de forma violenta. El miedo lo invade de golpe, denso, insoportable.

—Mi… Mike… —balbucea Will. Se gira hacia él con dificultad. Extiende su mano derecha, temblorosa, mientras la izquierda golpea su pecho con desesperación, como si pudiera despertar algo que se está apagando—. Moriré otra vez.

Es exactamente lo mismo que sintió antes de llegar a ese lugar. El mismo vacío, la misma desconexión, la misma certeza aterradora.

Mike extiende la mano también. Pero no llegan a tocarse.

—¿Qué pasa? —pregunta Mike, con la voz rota—. ¿Qué te duele? ¡Háblame!

Las lágrimas vuelven a empaparle el rostro. La impotencia y la rabia le arden en el pecho, mezclándose con un miedo que ya conoce demasiado bien.

—Ayúdame… —suplica Will, con el último aliento que le queda.

Entonces, la fuerza invisible que lo mantenía inmóvil desaparece. Mike corre.

Alcanza a Will justo cuando sus piernas ceden y se desploma. Lo atrapa entre sus brazos antes de que toque el suelo, sollozando mientras lo sostiene contra su pecho.

—No me dejes —susurra, desesperado—. Por favor, Will. No otra vez.

Coloca una mano sobre el pecho del castaño. No siente nada. El pánico le atraviesa el cuerpo como electricidad. Su propio corazón late desbocado, como si quisiera compensar el que no responde bajo su palma.

—¡Will! —grita—. No te vayas. Saldremos juntos de aquí. Te lo prometo.

Lo aprieta con fuerza, como si eso bastara para mantenerlo en este mundo, en esta dimensión, en este universo.

Pero Will no responde, está cada vez más palido, con menos vida. Mike lo sacude, aterrorizado. Su mente vuelve al día en el que, sin querer, vio el cadáver de su amigo. Frágil, húmedo, pálido. No era Will, pero la imagen lo persiguió durante semanas, incluso después de haberse encontrado con el Will real.

Mike grita, se sacude y suplica. No puede perder a las dos personas más importantes de su vida en el mismo día. No puede.

El cuerpo de Will se vuelve transparente segundos después y con él, la imagen de Hawkins se sacude. Como si se tratara de un error de programación, una mala señal que no logra codificar todo con exactitud. La mano de Mike atraviesa el pecho de Will y el terror se dibuja en sus facciones mojadas. Lo está perdiendo.

—No... No. ¡No! ¡Will!

Ya no puede tocarlo. El cuerpo de Will ya no existe, no tiene materia. Se desvanece poco a poco frente a los ojos aterrorizados de Mike, al igual que la imagen del pueblo. Los edificios se convierten en formas, las formas en manchas y las manchas se desvanecen como una pintura bajo la lluvia.

De pronto y como un rayo, todo vuelve. Will. La biblioteca. El cielo. No hay sonido, no hay razón. Todo vuelve a la normalidad de un segundo a otro. Es tan rápido que Mike no puede procesarlo.

Will abre los ojos de golpe, tose y jadea, se incorpora en los brazos de Mike quién todavía en pánico y sin entender, mueve las manos intentando descubrir cómo ayudarlo. Las deja sobre la espalda de Will y la frota de arriba a abajo mientras escanea al castaño. Está completamente rojo, otra vez el sudor le escurre por la frente y sus labios morados regresan al bonito rosa habitual.

Mike deja salir el aire que había estado conteniendo. Tiene ganas de vomitar.

Cuando parece que Will ha recuperado el aliento, vuelve a dejarse caer sobre los brazos de Mike. Está agotado, pero eso no evita que una carcajada escape de lo más profundo de su pecho cuando ve el rostro de Mike. Está hecho un desastre.

—¿Es en serio, Will? ¿Te estás riendo en este momento? —la mueca desencajada de Mike dice mucho.

—Solo... —su voz sale ronca, le duele la garganta—. Me parece gracioso que las dos veces que he vuelto a la vida, lo primero que veo sea tu horrendo rostro chillón.

Los ojos de Mike se cristalizan de nuevo. Cree que nunca ha llorado tanto en su vida. Las lágrimas brotan mientras abraza a Will. Es un abrazo desesperado, solloza en el hombro de Will quien susurra un "Mike" bajito, aliviado.

—¿Cómo lo hiciste? —pregunta Will, incorporándose en el abrazo. No se separa, se queda recostado contra Mike.

—¿Hacer qué? —replica Mike mientras su mano se posa con cuidado sobre el pecho de Will. Siente su corazón golpear su palma y sonríe aliviado. Las náuseas desaparecen.

—Revivirme otra vez.

Los ojos de Will reflejan duda cuando mira a Mike, por el tacto, por la sonrisa, por lo que preguntó.

—Tú volviste solo, igual que cuando llegaste —dice Mike, resignado.

Ojalá fuera tan útil como para saber cómo revivir a Will.

—No entiendo nada. Cada vez que creemos saber algo, ocurre otra cosa peor.

Will se levanta, le duelen los músculos y Mike lo nota de inmediato porque se acerca a ayudarlo. Lo abraza por la cintura y pasa el brazo de Will por su propio cuello. Comienzan a caminar hacia la biblioteca, en silencio. Ambos saben que buscarán respuestas ahí, no son necesarias las palabras.

Apenas cruzando la puerta se percatan de que estaban equivocados, otra vez. La biblioteca está vacía. Bueno, casi. Los estantes tienen apenas uno o dos libros, no parece del todo abandonada, solo vacía.

Mike nota un sofá en el lobby, camina con Will hasta allí y lo ayuda a sentarse con cuidado. Todavía está débil, imagina que se debe a que si de verdad... murió, sus tejidos se quedaron sin oxígeno por el segundo en el que su corazón se detuvo. Pensar eso de Will le provoca escalofríos.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Mike, tomando asiento a su lado. No respeta su espacio personal, nunca lo ha hecho.

—No lo sé. Confundido, cansado, con miedo —dice lento, pensando en cada palabra antes de expresarla—. ¿Y tú?

—¿Yo? —Mike ríe amargamente— ¿Me preguntas cómo me siento después de que tú literalmente murieras? ¿Dos veces?

—Ya supéralo.

Mike rueda los ojos, no entiende cómo Will puede minimizarlo así.

El silencio se hace demasiado largo, a Will le duelen los oídos. Mira a Mike, está pensando. Lo sabe porque sus cejas están dobladas como una "s" acostada, sus ojos miran algún punto en el suelo, sus labios están fruncidos, se muerde la uña del pulgar y su pierna rebota sin parar.

—Es la distancia —dice al fin.

Will no entiende de qué habla, lo mira confundido, esperando una explicación.

—Estabas bien hasta que te separaste de mi —explica con urgencia en su voz—. Caminaste tres... No, cuatro pasos y pasó.

—Eso no tiene sentido —dice Will con incredulidad y un poco de burla en su tono.

—Nada de esto lo tiene —responde Mike, rápido—. Pero piénsalo. Si es verdad lo que insinuas y estás... no estás vivo, pero yo sí solo que estoy atrapado aquí. O… lo que sea que esté pasando conmigo —hace un gesto vago con la mano—. Tú apareciste cuando no pude salir del vacío que dejó El. No en Hawkins. En ese lugar, lo que creemos que era su mente.

Will lo mira ahora, atento.

—¿Y?

—Y cuando llegaste, todo se reconstruyó, como si juntos hiciéramos esto —dice Mike mientras señala a su alrededor con el índice—. Pero cuando te alejaste… —Mike aprieta los dientes—, te empezó a fallar el cuerpo. Como si el vínculo se debilitara con la distancia. Y todo se estaba viniendo abajo, el cielo, los edificios, todo se desvaneció cuando tu corazón se detuvo.

Will deja escapar una risa breve, incrédula.

—¿Me estás diciendo que soy como… un cable mal conectado?

—Te estoy diciendo que creo que me necesitas cerca para existir aquí.

La sonrisa de Will se desvanece despacio. El pensamiento de que Mike es egocéntrico por pensar —y decir— que Will lo necesita deja de ser gracioso cuando reconoce lo que eso implica.

—Eso es ridículo, Mike —dice con la voz temblorosa, la sonrisa en sus labios tiembla.

—Lo sé —admite—. Pero dime qué otra explicación tienes.

Will se levanta del sofá de golpe.

—No —dice, negando con la cabeza—. No, no voy a aceptar eso.

Mike se pone de pie también, alarmado. No sabe por qué Will reacciona así.

—Will, solo digo que tal vez-

—¿Que tal vez no deba separarme nunca de ti? —interrumpe, con una risa tensa—. ¿Que tengo que quedarme pegado a tu lado para no desaparecer?

—No quise decirlo así —dice Mike, usando la voz suave que solo dirige a Will.

—Pero es lo que implica.

Will camina unos pasos, se pasa una mano por el pelo y luego por el pecho, quiere asegurarse de que su latido sigue ahí.

—No voy a dejar que te encierres aquí por mí. Ya hiciste suficiente. Ya perdiste a Jane. No voy a convertirme en otra razón para que no regreses.

Mike siente un nudo en el pecho.

—No estoy hablando de quedarme para siempre.

—Eso es exactamente lo que suena —responde Will, mirándolo de frente—. Si la única forma de que yo exista aquí es no separarme de ti, entonces tú tampoco puedes irte. Y no voy a permitir eso. Tienes que volver.

—Will…

—No —dice él, más suave, pero firme—. Si esta teoría es cierta, entonces hay que probarla.

Mike abre la boca para detenerlo, pero Will ya ha dado un paso atrás.

—No te preocupes —añade, intentando sonar ligero—. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Morirme otra vez?

Mike no se ríe. Will sí, pero le tiembla la voz.

—Uno... —comienza Will. Da un paso hacia atrás.

Mike lo mira atento, listo para correr hacia él si algo fuera de lo normal sucede.

—Dos... —Will da otro paso más lejos y a Mike se le escapa un suspiro.

—Will, no tienes que hacer esto-

—Tres... —la voz le sale temblorosa, lleva su mano derecha a su pecho, comprobando que su latido sigue siendo regular.

Mike estira el brazo, niega con la cabeza, aterrado, extiende la mano hacia un Will como una súplica silenciosa de que se detenga. Por favor.

—Cuatro... —ese último paso le sale lento, le tiemblan las piernas y el aire se le atasca en los pulmones.

Comprueba que todo está bien y decide alejarse más. Se da media vuelta y corre entre los pasillos formados por estantes vacíos. Su corazón no duele, la biblioteca sigue intacta. Se alivia de que la teoría de Mike sea incorrecta.

—¡Will! ¿Qué mierda haces?

Mike no duda, lo persigue con zancadas largas, firmes. El pánico, ahora conocido, le atraviesa el pecho. Lo perdió de vista. Camina entre los libreros, está oscuro, frío, vacío.

—Antes de llegar aquí, tomé tu mano —dice Will.

Mike se sobresalta, sigue el sonido de su voz. Will está detrás de un estante que se interpone entre sus cuerpos, inconscientemente vuelve a respirar.

—Lo primero que vi cuando seguí tu mirada fue a Jane detrás del portal, tenía los ojos cerrados —explica, sus dedos recorren un libro lleno de polvo, aprieta los ojos dejando salir un par de lágrimas—. Lo entendí enseguida.

Mike se acerca hasta estar frente al estante para escucharlo mejor. Will no lo mira, está inmerso dibujando formas con el polvo que adorna la cubierta del libro.

—Luego, siguió la explosión, lo único que pude pensar cuando Jane desapareció fue en ti, Mike. Seguías con los ojos en blanco y el cuerpo dejó de responderte. No presté atención al dolor en mi pecho, corrí, tomé tu mano y creo que morí en ese instante.

El azabache levanta su mano hasta atravesar el librero vacío, toca la mano de Will, que ha dejado de moverse sobre el libro cerrado.

—Trato de conectar todo, pero no entiendo —dice Will entre sollozos bajitos—. Entiendo que debí morir cuando el Upside Down desapareció. Lo sentí cuando Henry murió. Seguíamos conectados aún en ese momento.

—Está bien, no tenemos que entenderlo ahora —dice Mike, su voz suave se desliza en los oídos de Will para calmarlo—. Vamos a casa, a descansar.