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La situación de Miles era cada vez más complicada. Ahora mismo se estaba viendo a él mismo, pero en otro universo. Él era diferente: su tío, su apariencia, su familia, todo lo era. Le hacía cuestionarse si ese era su destino sin la picadura de esa araña.
La guerra de miradas tenía que terminar y por eso decidió que era el momento de realmente regresar a casa. Un dedo tocó la cadena y rápidamente pasó electricidad a través de la cadena, lo que hizo que esta explotara.
Sus sentidos, al ser liberados, se dispararon y rápidamente supo que estaba en peligro. El merodeador, o mejor dicho, el otro Miles, vino hacia él con sed de sangre; su intención era matarlo. Miles rápidamente se anticipó y lo golpeó con una patada y simplemente dijo:
—No te sabes esa… mira los pies, no las manos.
Su tío Aaron estaba a punto de dispararle, pero su sentido arácnido lo alertó, por lo que disparó telaraña en la boquilla del arma y rápidamente el merodeador se lanzó hacia él nuevamente, esta vez con sus garras fuera y con una velocidad sorprendente, a lo que Miles solo intentó escapar. Intercambiaron varios golpes hasta que Miles por fin se pudo librar del hombre y escapó por la ventana.
Se columpió rápidamente sin ver mucho a dónde iba, solo paró hasta que supo que no lo seguían y miró al cielo cuando estaba arriba de un gran edificio, ese que a veces usaba para pegar sus estampas. Gotas de lluvia cayeron en su rostro y se permitió llorar; solo con esa paz y tranquilidad de la ciudad dormida, la lluvia cayendo sin cesar y la luna llena, pudo sacar todo lo que acumuló durante el día, y ahora: «¿cómo mierda saldrá de aquí?», se preguntó.
«Soy Spider-Man, pero no tendría que serlo»
Tantas cosas pasaron en solo un día que no pudo siquiera procesarlas; su cuerpo se expresó. El cansancio y las emociones a flote lo hicieron acostarse en el techo de aquel edificio tan parecido al de su dimensión. ¿Y ahora cómo mierda regresará? ¿Qué seguía? No tenía el reloj ni idea de cómo vencer a la Mancha. Tenía solo un día para llegar a casa y salvar a su papá y no sabía por dónde empezar.
Hasta que…
—Gwen, él no está cerca —habló Margo.
Cuando llevaron a cabo la misión de encontrar a Miles, lo primero que decidieron hacer fue buscarlo en su casa, pero no hubo éxito. ¿Dónde podría estar Miles? ¿Dónde podrían encontrarlo? Solo les quedaba buscarlo.
Cuando Margo habló con ellos, les dijo que Miles no debería estar en casa, ya que su ADN arácnido no era de su dimensión, lo que preocupó a los demás. Miles estaba en una dimensión desconocida donde no existía Spider-Man. Encontrar un universo sin Spider-Man fue fácil, ya que solo había uno, y cuando llegaron fue peor de lo que imaginó.
—Sepárense, no conocemos nada de este universo, así que hay que tener cuidado —habló la voz de la experiencia.
Todos miraron a Peter y asintieron. Había lugares donde Miles podía ir, lugares que existían en ambos universos, pero Gwen… ella sabía dónde estaría.
—Hobie, acompáñame.
Sabía que sola Miles no la ayudaría.
—Ok, chicos, en cuanto tengan noticias envíen un mensaje.
Y así todos los pertenecientes al grupo se dividieron en busca de Miles.
Cuanto más se alejaban Hobie y Gwen, ella habló:
—Creo saber dónde está, solo sígueme.
Él solo asintió.
Cuando abrió los ojos se asustó. ¿Cómo se permitió dormir en una situación así? Estaba tan cansado, tanto física como emocionalmente, que su cuerpo se rindió, pero no podía solo dormir, tenía que salir de ese lugar. Quizás en Alchemax tenían algún colisionador que pudiera enviarlo a casa, pero no estaba seguro, ya que qué razón habría para que existiera. En su universo fue por culpa de Spider-Man que Kingpin decidió financiar tal colisionador, pero aquí no tenía ni idea.
—Miles…
Esa voz lo sorprendió y lo alertó; volteó rápidamente y se puso en guardia hasta que vio a Hobie.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? —su voz se elevó un poco y se alteró más de lo que hubiera querido.
—Tranquilo, Miles, yo… me equivoqué, no actué bien.
—Eso es seguro.
—Sí —habló el tercero en discordia.
—¿Puedes callarte, por favor? —Hobie solo sonrió—. Yo debí decirte, yo debí ser sincera contigo, pero ahora vengo a llevarte a casa.
—¿A casa? ¿Quieres llevarme a casa después de que mi padre muera?
—No, yo ya… yo no estoy más con Miguel.
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo sé eso? No pueden pedirme que mi papá muera y no haga nada.
—"Dile que lo amamos" —dijo Gwen, a lo que Miles la miró extraño—. Es lo que dijeron tus papás. Yo fui a verlos, pensé que estarías ahí. Yo les dije que te llevaría de vuelta, así que te llevaré y salvaremos a tu papá.
Su mirada parecía una súplica hacia Miles, quien desconfió y miró a Hobie nuevamente, que solo asintió.
—Pero quiero que cuando esto se resuelva… —la miró directamente a los ojos— no vuelvas a visitarme.
Su voz era diferente, estaba dolido y eso era razonable.
—Sí, eso haré. Solo déjame llevarte a casa.
Sus ojos querían revelar lo que realmente sentía y amenazaban con desbordar lágrimas, pero se aguantó y solo miró su reloj y mandó un mensaje a los otros.
—Oye, ¿qué haces?
La desconfianza de Miles se hizo notable.
—Tranquilízate, bro, solo le mando mensaje al súper equipo rebelde para saber que te encontramos.
—¿Súper equipo rebelde?
Y a unos pocos segundos de decir eso llegaron Peter y Peni, y así los demás.
—Miles… —dijo Peter.
Hablaremos después
Peter fue interrumpido por el nombrado, quien tan solo le dedicó una mirada fría y siguió hasta el portal.
Peter miró a Gwen, que tenía una mirada triste que ambos compartían, por lo que solo se dispusieron a meterse al portal para ponerse manos a la obra.
Cuando arribaron a la dimensión deseada, Miles no se hizo esperar; lanzó una telaraña a un edificio para salir inmediatamente.
—¿A dónde vas? —preguntó Gwen.
—Con mi padre, no lo puedo dejar solo —habló con clara ironía mientras rodaba los ojos.
—Miguel está vigilando tu casa y a tus padres, no puedes ir con ellos ahora.
—Entonces ¿qué hago? —exclamó frustrado.
—Cálmate, bro, para eso tenemos un plan —habló Hobie.
—Sí, un súper mega plan —habló Pavitr.
...
—¿Así que el súper mega plan es llegar a mi casa y atacar a los demás Spider-Man y ya? ¡Y ya! Eso lo pudimos hacer hace diez minutos antes de que me contaran el increíble plan. No hay tiempo que perder.
—Espera, Miles —ella no lo escuchó y se columpió seguido de todos los demás.
Al llegar al edificio, Miles lo miró por un momento antes de entrar. Su padre mañana sería capitán; necesitaba evitarlo a toda costa.
—Es el día libre de mi papá, quédense haciendo guardia afuera —esta vez habló con un hilito de voz.
Gwen sabía lo que haría, la mayoría lo sabía.
—Sí, llévate esto por si pasa algo, te lo haremos saber —Gwen le lanzó un reloj.
Y eso fue todo, Miles se coló.
—¿Entonces qué hará? —habló el Spider-Man más reciente, a lo que todos lo miraron.
Cuando entró a su habitación, lo primero que hizo fue oler la comida que preparaba su mamá, seguido de su misma voz.
—Ay, este niño me está matando, esa niña me lo maleducó, dijo que lo traería, pero ya pasaron horas. ¿Qué se cree que es? Pero cuando vuelva va a ver, van a ser seis meses.
Miles solo pudo sonreír por la intensidad de su mamá, aunque no la culpaba; llevaban un día sin saber nada de él.
—Llamaré al cuartel y hablaré con el papá de esa niña, de policía a policía, haré que la castiguen también.
Supuso que Gwen no fue una buena impresión para sus papás, aunque quería quedarse en su cuarto y solo con el olor de la comida sentirse cálido y en casa. Sabía que su mente quería evitar la tragedia que se avecinaba. Se puso su ropa, lo primero que encontró, y decidió abrir la puerta de su cuarto, a lo que sus papás se congelaron y lo miraron.
—¿Dónde has estado, niño? —el grito de su madre fue bastante intenso. —Escúchame bien, estás castigado seis meses. También te quitaré tu teléfono. No puede ser que desaparezcas un día entero. Eres un niño, ¿cómo crees que un niño de tu edad va a andar en la calle sin el permiso de sus papás?
—Exacto, aparte tienes que acompañarme al cuartel para buscar al padre de esa niña ahora. No sé quién es, pero es una mala influencia. No te juntarás más con ella. Te está metiendo en cosas peligrosas, ¿es eso? ¿Acaso en drogas? ¿Te drogas? ¿Por eso nunca llegas temprano y eres un desastre? ¿O una pelea callejera? ¿Alguna pandilla? ¿Quizás carreras ilegales? ¿Eso te gusta? Porque si es así no tendré compa—
—¡Basta!
Habló lo bastante fuerte para que sus padres solo lo escucharan.
—¿Perdón? ¿Nos callaste? —esta vez habló su mamá, ofendida, seguida de la mirada sorprendida de su papá, que no se creía que callara a Río.
—Necesito que me escuchen, esto es de vida o muerte —dijo Miles serio.
—¿De vida o muerte? ¿En qué clase de cosas estás metido? ¿Tan siquiera sabes qué es cuando algo es de vida o muerte? —preguntó su papá.
—Esto es serio y necesito que me escuchen —habló de nuevo Miles—. Papá, necesito que no tomes el puesto de capitán.
...
—¿Cómo te atreves a pedirle eso? —su mamá, exaltada, exclamó—. Tu padre se esforzó mucho para el puesto, será un cambio para la familia. ¿Como le puedes pedir algo así?
—¿Es acaso algún mafioso que te obligó? Solo dime quién es y llamaré a unos contactos.
—No es eso —habló con con voz baja y la cabeza agachada—. No es eso.
Sin poder controlarlo, algunas lágrimas se le escaparon de los ojos y sus padres se quedaron serios mirándolo por un momento.
—Yo… no… no.
—¿Tú no qué?
—Necesito que me escuchen y no digan nada hasta que termine —dijo Miles.
—Dilo ya —dijo su padre.
—Yo… yo lamento tanto ocultarles cosas, ustedes lo saben. Miento todo el tiempo, he estado mintiendo tanto que ustedes se han alejado de mí, mejor dicho, he alejado a todos de mí. No puedo pasar un día sin mentir porque tiene que ser así. Yo cada vez me siento más solo y la única vez que no lo hice fue cuando vino Gwen. Ella hacía que no me sintiera solo, pero ahora sé que todo era una mentira. Yo ahora sé que para seguir haciendo lo que hago tengo que estar lo más solo posible. Es un sacrificio por el bien de todo el mundo.
La mirada de sus papás parecía confusa, y claro, Miles estaba hablando como un loco porque ellos no entendían por qué su trabajo era tan importante, así que decidió que era el momento. El cierre de su chaqueta lo bajó poco a poco, dejando ver el traje de Spider-Man hecho por él mismo.
Parecía que sus padres todavía no lo entendían, por lo que siguió hablando:
—Cuando murió Peter yo estuve ahí. Él me dijo que tenía que apagar el colisionador y esa fue la primera vez que me sentí solo. Yo decidí que lo haría aunque me costara la vida.
La mirada de su papá se abrió y solo pudo balbucear, seguida de la mirada confusa de su madre.
—Porque es lo que Spider-Man hace —terminó de decir.
Sus padres se quedaron asimilándolo un momento hasta que él habló de nuevo:
—¿Entienden por qué no les dije? No podía, no podía… pero ahora la situación cambió y necesito, papá, que
no te vuelvas capitán.
Miró a su papá a los ojos y dejó caer su chaqueta por completo.
—Tú estabas peleando y yo te vi… yo casi te veo morir —exclamó su papá con la voz un poco murmurada.
Todavía asimilaba lo que acababa de pasar.
—Yo tengo que arriesgarme siempre. Lo lamento, les mentí y los alejé, pero es lo que tenía que hacer.
—Yo… esto es una broma, ¿no? Miles, mi niño, tú no —las lágrimas de Río se hicieron presentes mientras se
acercaba a Miles y acunaba su rostro entre sus manos.
—Lo lamento, mamá —dijo restregando su cara en sus manos.
—La Mancha vendrá y tendré que luchar con él —miró a su papá.
—¿Pero podrás vencerlo, no? —preguntó con miedo.
—No se, papá. Se volvió más fuerte, puede viajar entre dimensiones. Yo… yo ni sé si sobreviviré.
La mirada de su padre fue de horror.
—Eso no es todo… hay una sociedad de arañas con las cuales no me llevo bien.
—¿De arañas? —preguntó su madre.
—De otras dimensiones —dijo soltando una pequeña sonrisa.
—Entonces esa chica, Gwen…
—Ella es de otra dimensión.
Se quedaron en un silencio incómodo un rato, pero para Miles fue relajante; por fin se sentía en casa. Así
que solo caminó hasta el sofá y decidió, por un momento, tan solo un momentito, recostarse suspirando,
esperando lo que venía. Su mamá fue rápidamente a revisar el guisado que había dejado cocinando y su
papá se acercó a él.
—Yo nunca hubiera imaginado que… eras tú. Siempre que hablaba con Spider-Man parecía un joven, pero…
no mi hijo —agachó la cabeza—. Lo lamento, yo… lamento que no te sintieras con la confianza de
contármelo. Yo podría haber—
—No te preocupes, papá. Yo decidí que fuera así. Ahora yo… tengo miedo.
Se puso su máscara y decidió llorar bajo ella.
—Ven acá, Miles —Jefferson abrazó a su hijo antes de la tormenta.
