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Compromiso

Summary:

Una gala benéfica convoca a varios héroes importantes, pero para Tamaki y Nejire es el primer evento público al que asisten tras anunciar públicamente su compromiso. Descubren que muchos se alegran por ellos y otros...no tanto.

Work Text:

La limusina avanzaba con suavidad por las calles iluminadas de la ciudad. En su interior, los tres héroes vestían sus trajes completos, listos para el evento.

—¡Será increíble! —exclamó Mirio, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y una sonrisa imposible de disimular—. ¡Los Tres Grandes de la U.A. oficialmente reunidos! Como en los viejos tiempos.

—¡Qué curioso! —respondió Nejire, girándose hacia él con los ojos brillantes—. Hace mucho que no podemos asistir los tres juntos. 

Tamaki, sentado frente a ellos, no compartía el entusiasmo.
Mantenía la espalda rígida, las manos entrelazadas sobre las piernas, mirando un punto indefinido del suelo del vehículo. Cada metro que avanzaban lo sentía como una cuenta regresiva.

Prensa. Cámaras. Preguntas. Gente.
Demasiada gente.

La limusina redujo la velocidad y finalmente se detuvo. Antes de que alguien pudiera decir algo más, la puerta se abrió y la luz los golpeó de lleno.
Frente a ellos se extendía una alfombra roja, flanqueada por vallas metálicas detrás de las cuales se agolpaban decenas de reporteros. Micrófonos en alto, flashes constantes, voces superpuestas llamando nombres.

—¡Lemillion!
—¡Nejire-chan!
—¡Por aquí, Suneater!

Mirio fue el primero en bajar. Se acomodó la capa con naturalidad y avanzó con paso firme, sonriendo ampliamente.

—¡Gracias a todos por venir! —respondía mientras caminaba—. Siempre es un honor representar a los héroes.

Nejire lo siguió, saludando con energía, levantando la mano y dedicando sonrisas a ambos lados. Los flashes parecían multiplicarse con cada paso suyo. Tamaki bajó al último.
Instintivamente, llevó la capucha de su traje hacia adelante, bajándola lo más posible para ocultar su rostro. Mantuvo la cabeza gacha y comenzó a caminar con rapidez, decidido a no detenerse bajo ningún concepto. Casi adentro… casi…

—¡Suneater! — El llamado lo hizo sobresaltarse. Antes de que pudiera reaccionar, varios reporteros se acercaron demasiado, empujándole micrófonos frente al rostro.
—¿Son ciertos los rumores?
—¿Está comprometido con Nejire-chan?
—¿Qué puede decirnos sobre su relación?

Tamaki se quedó completamente inmóvil.
Las palabras se amontonaron en su cabeza sin forma, sin salida. El ruido, las luces, las miradas… todo lo paralizó. Sentía el corazón golpeándole en los oídos.

¿Qué digo? ¿Qué se supone que…?

Entonces, una mano firme se aferró a su brazo.
—Disculpen —dijo la voz clara y alegre de Nejire, colocándose a su lado—. Creo que esto puede responder su pregunta.

Atrajo todas las miradas al levantar la mano izquierda, dejando que el anillo brillara bajo los flashes.

—Suneater está tomado chicas—continuó, sonriendo con naturalidad—. Lamento romper el corazón de muchas personas… pero ahora es mío.

Hubo exclamaciones, más flashes, nuevas preguntas que no llegaron a formularse. Nejire no esperó a que insistieran. Sin soltar a Tamaki, lo arrastró suavemente fuera del alcance de la prensa, avanzando con decisión hasta la entrada del edificio. Allí, Mirio los aguardaba, divertido.

—Magnifico rescate—comentó en voz alta con un pulgar arriba – ¡HERO!

Tamaki, todavía aturdido, inclinó un poco la cabeza.

—G-gracias… —murmuró, sin atreverse a levantar la mirada.

Nejire le apretó el brazo con cariño antes de soltarlo.

—No hay problema —dijo, sonriente.

Dentro del edificio, el ambiente era tan abrumador como Tamaki había anticipado.

El salón principal estaba repleto de héroes. Trajes de todos los estilos y colores se mezclaban entre luces cálidas, música suave y el murmullo constante de conversaciones superpuestas. 

—¡Hey, Toogata!
—¡Hado!
—¡Amajiki!

Algunos se acercaron para intercambiar saludos rápidos, apretones de manos y comentarios cordiales. Mirio respondía con su energía habitual, riendo y devolviendo cada saludo como si el tiempo no hubiera pasado. Nejire conversaba con naturalidad, interesándose genuinamente por cada persona que se detenía a hablar con ellos.

—Felicitaciones por el compromiso —dijo una heroína conocida, mirando a Nejire con una sonrisa sincera—. Se ven muy felices.

—Gracias —respondió ella, radiante, mientras Tamaki asentía en silencio, un poco rígido, pero visiblemente sonrojado.

No todos los comentarios iban dirigidos a la pareja.

—Lemillion, felicidades por el puesto número uno —dijo un héroe veterano al estrecharle la mano—. Te lo ganaste.

—¡Gracias! —respondió Mirio, rascándose la nuca—. Todavía se siente un poco irreal, la verdad.

No tardaron en encontrarse con un grupo conocido reunido cerca de una de las mesas altas del salón. Eran héroes de la U.A., rostros que compartían un pasado común: Midoriya, Uraraka, Froppy, Kirishima, Denki, Mina y Mineta.

—¡Deku! —exclamó Mirio apenas lo vio, avanzando hacia él con una sonrisa enorme—. ¡Cuánto tiempo!

—¡Toogata-san! —respondió Midoriya, claramente sorprendido y feliz—. Felicidades por el puesto número uno.

—¡Gracias! —Mirio le dio una palmada amistosa en el hombro—. Oye, hablando de eso… ¿no has pensado en venir a trabajar a mi agencia? Siempre hay lugar para más héroes increíbles.

Midoriya rió con algo de nerviosismo y se rascó la nuca.

—Bueno… la verdad es que las ascuas del One For All ya se están extinguiendo. Puede que no me quede mucho tiempo como héroe activo.

Mirio frunció el ceño solo un segundo antes de sonreír con más fuerza.

—Puede que te quede poco de tu don —corrigió—, pero siempre serás un héroe. Así que, con o sin él, ven a visitarme cuando quieras.

Midoriya asintió, visiblemente conmovido.

Nejire también intercambió saludos afectuosos con Uraraka y Froppy, con la familiaridad de quienes trabajan juntos en la misma agencia. 

Un poco más atrás, Kirishima se abalanzó sobre Tamaki con su energía habitual.

—¡Senpai! —exclamó—. ¡Felicidades, hermano! FatGum me contó que por fin te comprometiste con Hadou-san. ¡El Lunes tenemos que celebrar después del trabajo! ¡No tienes permitido decir que no!

Tamaki sintió cómo el rostro se le encendía de inmediato.

—Y-yo… gracias… —murmuró, bajando la mirada, completamente superado por la enérgica determinación de su compañero. 

Detrás de ellos, Denki y Mineta observaban la escena con dramatismo exagerado.

—No puedo creerlo… —susurró Denk con tristeza—. Nejire-chan, comprometida…

—El descaro de este sujeto… —añadió Mineta, señalando a Tamaki con resentimiento—. ¿Cómo es posible que alguien así nos gane?

Mina, que los había escuchado, les dio un golpe seco en la cabeza a ambos.

—Compórtense —les advirtió—. Sean felices por sus colegas, ¿sí?

Tamaki no oyó nada de eso. Las felicitaciones, los comentarios entusiastas y la atención inesperada se mezclaban en un murmullo confuso que le zumbaba en los oídos. 

Casi por instinto, buscó la mirada de Nejire. Cómo si ella supiera que la necesitaba, sus miradas se encontraron y Nejire le sonrió con una calidez suave y deslumbrante, sin prisa.  Y algo en su interior se aflojó.

Tamaki sintió un nudo formarse en la garganta. Pensó en lo improbable que era todo aquello, en cuántas veces se había considerado insuficiente, invisible, alguien destinado a quedarse al margen. Y, aun así, ella lo había elegido. No pese a sus inseguridades, sino con ellas. Había aceptado compartir su vida, su nombre, su futuro, incluso sabiendo que él se abruma, que duda, que tiembla frente a multitudes y certezas.

Si aquella incomodidad pasajera era el precio, estaba más que dispuesto a soportarlo todo. Porque, al final, Nejire era el resultado. Y con ella, valía la pena.

Tras asegurarse de que su prometido no saldría corriendo a casa, Nejire continuó charlando con Uraraka. Se reía de un comentario cuando de pronto algo captó su atención al otro lado del salón. Entre el murmullo de voces y el tintinear de las copas, reconoció una silueta familiar sentada en la barra, con un vaso entre las manos.

—¿Yuyu…? —murmuró, sorprendida.

No sabía nada de ella desde hacía tiempo. Era imposible no notarlo: mensajes sin respuesta, encuentros evitados, silencios incómodos. Incluso le había enviado una invitación para su cena de su compromiso pero la ausencia de respuesta le había dejado un nudo persistente en el pecho.

—Ahora regreso —se disculpó con suavidad antes de alejarse del grupo.

Yuyu levantó la vista al sentir su presencia y abrió los ojos con sorpresa.

—Nejire-chan… —dijo, enderezándose de inmediato.

—Hola —respondió ella con una sonrisa cálida—. Me alegra verte.

La incomodidad fue inmediata. Yuyu apartó la mirada, dio un sorbo a su bebida y asintió sin demasiado entusiasmo. Nejire intentó iniciar una conversación casual: el evento, los héroes presentes, el trabajo reciente. Sin embargo, cada respuesta era breve, evasiva, como si Yuyu estuviera buscando una excusa para marcharse.

Nejire respiró hondo.

—Yuyu… —dijo con cuidado—. Te he notado extraña desde hace tiempo. Y ahora también. ¿Pasa algo? Si hice algo que te molestó, quiero saberlo.

Yuyu apretó el vaso entre sus dedos. Tardó unos segundos en responder.

—Perdón —murmuró—. No quería que fuera así.

Levantó la mirada y Nejire pudo ver el conflicto reflejado en sus ojos.

—Me alejé porque no sabía cómo estar a tu lado y fingir que estaba bien —confesó—. Desde que te comprometiste con Amajiki, no puedo ser genuinamente feliz por ti, y eso me hace sentir culpable.

Nejire parpadeó, sorprendida.

—¿Por qué…? —preguntó con sinceridad—. ¿Te molesta mi compromiso?

Yuyu guardó silencio unos segundos antes de responder, reuniendo valor.

—Porque estoy enamorada de ti.

El mundo pareció detenerse entre ambas.

—Lo he estado desde el primer día en la U.A —continuó Yuyu, con la voz temblorosa—. Pero nunca fui lo suficientemente valiente para decírtelo. Ni siquiera tuve el valor de hablarte la primera vez que nos conocimos. Amajiki sí lo fue, incluso con todas sus inseguridades, y ahora  no puedo dejar de pensar que, si hubiera sido más valiente, tal vez tú te habrías enamorado de mí en lugar de él. 

Bajó la mirada.

Nejire permaneció en silencio, asimilando sus palabras. Luego habló con suavidad.

—Lo siento —dijo—. De verdad lamento no haberme dado cuenta de tus sentimientos durante todo este tiempo.

Yuyu alzó la vista, sorprendida.

—Entiendo si necesitas alejarte —continuó Nejire—. Si estar cerca de mí te hace sufrir, no te obligaré a nada. Pero quiero que sepas que aún te quiero. Tal vez no como esperabas, pero sí como amiga. Estaré aquí, esperándote, incluso si toma mucho tiempo.

Los ojos de Yuyu se llenaron de emoción.

—Yuyu —añadió Nejire con una leve sonrisa—, no es bueno quedarse atrapada en el “qué hubiera sido”. El presente y el futuro también importan. Tal vez el amor que mereces aún esté por llegar.

Nejire dio un paso atrás, dispuesta a marcharse, respetando su espacio incluso si le rompía el corazón tener que perder a su amiga. Pero antes de que pudiera hacerlo, Yuyu la detuvo con suavidad, tomando su brazo.

—Espera… —dijo con timidez—. Aún no estoy lista. Pero quiero que podamos volver a ser amigas.

Nejire sonrió, aliviada, y asintió sin dudar.

—Lo seremos —aseguró—. Cuando tú quieras.

Del otro lado del salón, Mirio y Tamaki conversaban con Deku y Uraraka cuando un hombre se acercó sin disimular su presencia. Mirio y Tamaki lo reconocieron de inmediato: Shino Katsuragi, un antiguo compañero de la U.A., tan talentoso como desagradable.

Shino se detuvo frente a Tamaki y lo recorrió de arriba abajo con una sonrisa burlona.

—Así que los rumores eran ciertos —dijo, alzando la voz lo suficiente para atraer miradas—. ¿Te comprometiste con Hadō?

Tamaki no respondió. Su silencio pareció divertirlo aún más.

—Debo admitir que estoy impresionado —continuó Shino—. Cuando escuché los rumores, supuse que sólo era la prensa exagerando cómo siempre  —Se inclinó levemente hacia él—. Quiero decir… ¿Qué podría haber visto ella en alguien cómo tú?

Mirio dio un paso adelante, pero Shino no se detuvo.

—Tan callado, tan inseguro…—añadió con un tono de voz despreocupado que contradecía sus palabras— Tan fácil de pasar por alto. —Sonrió con sorna— Pero supongo que debés tener tus virtudes.

Tamaki apretó los puños, pero no levantó la vista.

—No tienes derecho a hablar así de mis amigos. —intervino Mirio con voz firme—. Y menos en un evento público. Ese tipo de actitud es vergonzosa para un héroe.

Shino soltó una carcajada corta.

—Wow, tranquilo Número Uno —dijo con un movimiento de su mano para desestimar sus palabras—. Sólo estoy haciendo una pregunta honesta. No soy el único que piensa lo mismo,  ¿sabes? —Miró a Tamaki con desdén poco disimulado—. Pero supongo que es más fácil dejar que otros hablen por ti.

Luego se encogió de hombros, como si todo le resultara trivial.

—En fin. Solo espero que ambos sepan lo que hacen –

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se marchó, dejando tras de sí un silencio incómodo.

Deku frunció el ceño.

—¿Quién era ese tipo? —preguntó—. ¿Por qué es tan desagradable?

—Un excompañero de la U.A. —respondió Mirio y dejó escapar un suspiro de evidente molestia—. Siempre disfrutó menospreciar a Tamaki. Y Nejire lo rechazó más de una vez, pero parece que nunca entiende.

— Vaya, no pensé que hubiera alguien más molesto que Monona – agregó Uraraka con las mejillas infladas y la cara roja por la furia contenida. — ¡No le hagas caso Amajiki! Te aseguro que Nejire-chan no ha estado más que feliz desde que están juntos. 

— ¡Tiene razón! – Mirio miró a Tamaki con seriedad. —Aún así, no deberías permitir que te trate de esa forma.

Tamaki negó con la cabeza, todavía con la mirada baja.

—No vale la pena —dijo en voz baja—

Después de ese incómodo desencuentro, el evento avanzó sin mayores sobresaltos. Los discursos habían terminado, la música llenaba el salón principal y el ambiente se había relajado de forma evidente. Muchos héroes reían con facilidad, las copas se renovaban con rapidez y el murmullo constante era prueba de que varios habían bebido más de la cuenta.

Nejire salió del baño con paso tranquilo, acomodándose el cabello mientras se preparaba para regresar con sus amigos. Apenas dobló en el pasillo lateral, una voz conocida la detuvo.

—Hadō.

Se giró de inmediato.

Shino Katsuragi estaba apoyado contra la pared, con una copa en la mano y una expresión demasiado confiada. Su mirada recorrió a Nejire con descaro antes de sonreír.

—Hace tiempo no te veo —continuó—. Pero siempre he seguido tu trayectoria. No puedo negar que has llegado lejos como heroína.

Nejire respondió con un saludo breve y rígido.

—Katsuragi. 

Sin añadir nada más, retomó su camino hacia el salón principal. Ya Mirio le había advertido que Shino estaba en el evento y que había estado buscando provocar a más de una persona. No tenía ningún interés en darle espacio.

Sin embargo, Shino dio un paso rápido y se interpuso frente a ella, bloqueándole el paso.

—Solo quiero hablar —dijo, alzando una mano como si intentara parecer inofensivo.

—Me están esperando —respondió con prisa — Permiso.

La expresión de Shino cambió. La cordialidad fingida se desvaneció, reemplazada por una mueca de desdén.

—¿Siempre es él, verdad? —comentó con desprecio—.

Nejire frunció el ceño confundida. 

—¿Sabes que me molesta? —replicó Shino, inclinándose un poco hacia ella—.  Que me hayas rechazado tantas veces… para terminar con alguien como él.

Nejire apretó los puños.

—Te he dicho varias veces que no estoy interesada, no se trata de con quien esté.

—Al principio pensé que salías con él por lástima —continuó Shino, ignorándola—. Pero cuando supe que estabas comprometida… —rió sin humor—. Eso sí que me enfureció.

La miró fijamente.

—Dime, Hadō. ¿Qué tiene Amajiki que yo no tenga?

Nejire dio un paso al frente, obligándolo a retroceder.

—Todo —respondió, con seguridad—. Tamaki es una buena persona. Es amable, es dulce, se preocupa por los demás y lo da todo por sus amigos.

Lo señaló con la mirada, firme.

—Todo eso que tú nunca has sido, ni serás.

El silencio entre ambos se volvió tenso. Shino apretó la mandíbula, visiblemente herido en su orgullo.

—Te equivocas —murmuró—. Tarde o temprano te darás cuenta.

—No —replicó ella—. La que se equivocó fui yo al pensar que alguna vez podrías entender un “no”.

Nejire lo apartó del camino, sin violencia pero sin pedir permiso, y retomó su marcha hacia el salón principal, decidida a no perder ni un segundo más en aquella discusión. Mientras Shino la observó alejarse, con la copa temblando levemente entre sus dedos.

Igresó al salón principal y recorrió el lugar con la mirada, buscando a sus amigos entre las mesas y los grupos de héroes que conversaban de pie. La música suave y las risas llenaban el ambiente, pero ella aún sentía un nudo en el estómago tras el encuentro en el pasillo.

No alcanzó a dar más de un par de pasos cuando una voz elevada, áspera y claramente afectada por el alcohol resonó detrás de ella, rompiendo el murmullo general.

—¡Hadō! ¿Te crees mucho, verdad?

Las conversaciones cercanas se apagaron poco a poco.

Nejire se detuvo en seco y giró lentamente. Shino había salido del pasillo que conducía a los baños, con el traje desarreglado, el rostro enrojecido y una sonrisa torcida que no presagiaba nada bueno. La sorpresa cruzó su expresión; hacía mucho tiempo que nadie la abordaba de ese modo.

—Con ese don tuyo y esa falsa inocencia… —continuó Shino, alzando la voz— siempre fingiendo que eres mejor que los demás. Pero en el fondo, ¡no eres más que una puta que disfruta tener a los hombres a sus pies!.

Algunas personas comenzaron a observar con incomodidad. Otras se acercaron, alertadas por el tono.
Nejire sintió cómo la ira le subía desde el pecho. Sus dedos se cerraron con fuerza y pudo sentir su energía acumulándose en la palma de su mano, vibrando, peligrosa. 

— ¡Te daría por el culo sólo para ponerte en tu lugar, perra estúpida! – escupió dando un paso más hacia ella, dispuesto a seguir.

No llegó a pronunciar la siguiente palabra.

De pronto, varios tentáculos surgieron desde un costado del salón, rápidos y violentos, enroscándose alrededor del cuerpo de Shino. Le cerraron la boca, los brazos y el torso en un instante. Antes de que alguien pudiera reaccionar, fue levantado del suelo y estrellado contra él con una fuerza brutal.

El impacto formó un pequeño cráter en el piso, levantando una nube de polvo fino que se expandió por el aire.

Un silencio absoluto se apoderó del lugar.

Shino jadeó, aturdido, intentando incorporarse mientras el dolor le recorría cada músculo. Apenas logró alzar la cabeza cuando sintió algo frío y afilado presionarse contra su cuello.

Levantó la vista… y se congeló cundo frente a él, SunEater se erguía sobre él con una mirada de muerte en sus ojos fríos. Su brazo manifestado como un pez espada parecía una extensión natural de su cuerpo, firme y letal. Su silueta proyectaba sombras irregulares, los tentáculos aún rodeando a Shino como si fueran criaturas vivas, listas para devorarlo.

Pero lo más inquietante no eran sus manifestaciones.Era su rostro. Sus ojos estaban fijos, oscuros, cargados de una furia silenciosa y controlada. 

—Puedes insultarme todo lo que quieras —dijo con voz baja y firme, cada palabra pesando como una sentencia. —  Puedes despreciarme, burlarte o decir lo que desees de mí.

La hoja se presionó apenas un poco más.

—Pero no vuelvas a faltarle el respeto a Hadō nunca jamás.

Shino tragó saliva. Aun así, en un intento torpe y desesperado de luchar, aspiró aire con fuerza para activar su don, exhalando un humo espeso, oscuro, que puede formar y solidificar según su voluntad.

El salón se llenó de murmullos alarmados pero Suneater no retrocedió.

Manifestó su pierna como la de una res de gran tamaño, pesada y maciza, y apoyó todo su peso sobre el abdomen de Shino. El humo se dispersó de inmediato cuando el aire abandonó violentamente los pulmones del hombre.

Shino emitió un gemido ahogado, incapaz de mantener el control de su don.

—Me rindo… —logró decir entre jadeos—. Me rindo.

Amajiki retiró la presión y restauró sus extremidades a su forma normal.

En ese mismo instante, Mirio apareció a su lado y tomó a Shino del cuello como si no pesara nada.

—Si quieres seguir llamándote héroe —le advirtió con frialdad—, más te vale cambiar esa actitud. Y aprender a dejar el alcohol.

Lo lanzó contra una silla cercana y se giró.

—Jeanist, ¿puedes encargarte?

—Por supuesto —respondió Best Jeanist, envolviendo a Shino con sus fibras en cuestión de segundos.

Nejire se acercó de inmediato a Tamaki y lo rodeó con los brazos, apretándolo con fuerza.

—Gracias… —susurró—. Incluso si no tenías que hacerlo.

—¿Estás bien? —preguntó él, todavía preocupado. 

Ella asintió, apoyando la frente en su pecho.

Mirio se acercó con una sonrisa amplia, visiblemente orgulloso.

—Eso fue increíble, Tamaki.

Desde atrás, Fat Gum cruzó los brazos y soltó una carcajada grave.

—Vaya… —dijo—. Sabía que tenías colmillos, chico, pero estuviste de primer nivel. Un verdadero héroe protegiendo lo que importa.

Kirishima se acercó con los ojos brillando de emoción.

—¡Eso fue totalmente varonil! —exclamó—. No dudaste ni un segundo. Fue impresionante.

Deku, aún sorprendido, asintió con fuerza.

—Fue un control perfecto —añadió—. La combinación de características que manifestaste, aprovechando las cualidades ofensivas y defensivas…

En medio del murmullo de Deku, Tamaki se dio cuenta entonces que tenía público a su alrededor. Demasiadas miradas. Demasiada atención.

La seguridad que lo había sostenido hasta ese momento se desvaneció de golpe. Su rostro se puso pálido y comenzó a temblar. Bajó la cabeza y tiró de la capucha de su traje, intentando ocultar su rostro.

Nejire se colocó frente a él y, sin decir nada, tomó la capucha y la estiró para cubrirlos a ambos. En ese pequeño refugio improvisado, aislados del resto del mundo, lo llamó con suavidad.

—Tamaki…

Él estaba completamente nervioso y la miró suplicando ayuda. 

—Quiero irme a casa —confesó con apenas un hilo de voz.

—De acuerdo —respondió ella sin dudar. — Pero primero…

Nejire lo besó. Fue un beso breve, sincero, lleno de calma. Tamaki lo correspondió de inmediato.

—Te amo —susurró ella.

—Yo también te amo —respondió él—. Pero… de verdad quiero irme a casa.

Nejire rió con ternura.

—Está bien corazón de pollo —dijo—. Vamos a casa.

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