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Obra encantada

Summary:

Tras un accidente provocado por Leona Kingscholar antes del torneo de Magift, los hilos del destino se han movido para asignar a Savanaclaw como elenco principal para la siguiente Representación Escolar. Contra toda voluntad, Leona es elegido para interpretar al Príncipe Bestia, mientras que el papel de Bella recae en Vil Schoenheit.

Lo que aparenta ser parte del guion en realidad es una trampa por parte de alguien que sabe que Leona está enamorado de Vil, con el objetivo de utilizar el escenario para obligarlo a confrontar sus sentimientos bajo la mirada del público, y cobrarse la pierna rota.

Chapter 1: De está no te salvas

Chapter Text

Los líderes de dormitorio habían sido convocados para una reunión de emergencia, sus asientos alrededor de la mesa fueron ocupados uno a uno, algunos con interés genuino, otros con visible fastidio. En la cabecera, Crowley abrió los brazos con dramatismo exagerado, como si estuviera a punto de anunciar un gran milagro dado ese misma llamada cuando recibió la carta de cierta organización.

 

—Les agradezco profundamente su asistencia —comenzó—. Siempre es un honor reunir a los pilares de nuestra distinguida academia.

 

Hizo una breve pausa, esperando que sus manzanos añadieran algo, pero ninguno hablo, ni siquiera la tableta flotante o el asiento reservado para Malleus, que estaba vació, ni siquiera Lilia se había presentado para cubrirlo.

 

—Lamento informar que Draconia-kun no pudo ser contactado a tiempo para esta reunión... —añadió con una sonrisa nerviosa—. Sin embargo, tengan por seguro que será considerado para el siguiente gran proyecto de Night Raven College.

 

No hubo cambió aparente en el animo o interés de los líderes, hasta que el pulpo capitalista apoyo los codos sobre la mesa, notando el peculiar cheque que estaba a medio ocultar en el folder con los detalles de la representación.

 

—Qué lástima —comentó—. Aun así, espero que esta vez el dormitorio Octavinelle tenga oportunidad de participar. He escuchado que el proyecto contará con el patrocinio de la productora Mnemósine.

 

El nombre no pasaba desapercibido. En especial para Vil, que aunque no quería entrar por ser una compañía altamente exigente como extravagante, sabía de su gran influencia en el medio. De acuerdo a la critica que publicaran o dieran a la prensa, podría afectarle o perjudicarle por el simple hecho de ser estudiante.

 

—Eso no es cualquier cosa —intervino Vil, con voz firme—. Mnemósine es conocida por su exigencia. Si fallamos, no habrá segundas oportunidades.

 

Crowley asintió con entusiasmo exagerado. —Exactamente. Veo que todos están muy motivados por formar parte del elenco —dijo—, pero debo recordarles que solo un dormitorio tendrá el honor de llevar a cabo esta representación.

 

Antes de que pudiera continuar, una risa baja y perezosa rompió la solemnidad.

 

—¿Teatro? —Leona bostezó sin el menor reparo—. Nada me parece más aburrido. ¿Puedo retirarme ya?

 

—No esperaba menos —replicó Vil, girándose hacia él con el ceño fruncido—. Qué propio de una bestia no apreciar el buen arte. Ni se porque el líder de las bestias fue llamado, lo entendería de Ignihyde, pero Savanaclaw no tiene ni el porte de civilización.

 

Leona ladeó la cabeza, intentando no dejarse llevar por aquella provocación. —Vaya, Vil, pensé que ya sabías que no todos tenemos estómago para disfraces estúpidos y pelucas de payasos.

 

—Por favor —interrumpió Kalim, levantando ambas manos—. No se alteren. Seguro que todo saldrá bien, como en representaciones anteriores.

 

Vil lo miró de reojo, poco convencido. —Eso me gustaría pensar —respondió, cruzándose de brazos—. Si no fuera porque a MI guionista estrella le rompieron la pierna antes del torneo de Magift.

 

Su mirada se deslizó directamente hacia Leona, el culpable de aquella lesión que le costo tener que atrasar ciertos proyectos ya que a su guionista le habían dado incapacidad.

 

Leona soltó una risa seca. —Bah. Al Tomate ya le hacía falta un buen descanso.

 

El sonido del vaso de agua golpeando la mesa resonó con fuerza. —¡Orden! —exigió Riddle, con el ceño fruncido—. No estamos aquí para debatir si lo que le ocurrió a Unmei-sempai fue o no un accidente.

 

Crowley asintió con rapidez, aprovechando para recuperar el control. —Así es, así es. Fue un hecho verdaderamente lamentable —dijo—. Y aun así, tenemos la enorme fortuna de que madame Mnéthea haya decidido confiar en nosotros para adaptar la historia de la bella doncella y el príncipe bestia, incluso con nuestro segundo gran talento actualmente incapacitado.

 

El silencio que siguió fue pesado. Vil chasqueó la lengua, claramente molesto porque sin Shamato a cargo, era obvio que su dormitorio tenía las mismas posibilidades del resto para tener o no aquella representación a su cargo.

 

—Qué alivio —dijo con sarcasmo— ¿Y a quién se supone que debo agradecer por esa "fortuna"?

 

No hizo falta que lo señalara. Todos sabían a quién estaba mirando, a Leona.

Crowley juntó las manos con un aplauso fuerte, recuperando la atención de todos, incluso la de Kalim que estaba distraído con la telaraña en una esquina de la oficina del director, intentando descubrir que eran esos "capullos" blancos atrapados en las redes.

 

—Muy bien, muy bien. Sin más preámbulos, ha llegado el momento de anunciar qué dormitorio tendrá el honor de representar esta obra tan especial.

 

Sobre la mesa apareció una pequeña tómbola encantada, adornada con cintas doradas, siendo la misma que usaban para elegir a los entrevistadores de cada cumpleaños, y a veces para formar los equipos que se encargarían de otras actividades. Crowley la hizo girar con exagerado entusiasmo, como si se tratara de un espectáculo en sí mismo. Las miradas de los líderes se clavaron en el objeto, algunas expectantes, otras claramente desinteresadas.

El sonido del mecanismo se detuvo. Crowley introdujo la mano, sacó un pergamino y lo desplegó para saber que dormitorio había sido el afortunado.

 

—El dormitorio elegido es... Savanaclaw.

 

El silencio duró apenas un segundo.

 

—¡¿Qué?! —la voz de Vil cortó el aire— ¿Está bromeando? ¡No pueden ser ellos!

 

Crowley bajo el pequeño pergamino. —¿Eh? ¿Por qué habría de hacerlo?

 

—Mi dormitorio es claramente la mejor opción —replicó Vil, visiblemente indignado—. Tenemos disciplina, presencia escénica y experiencia. ¿Pretendes decirme que un grupo de brutos va a cargar con una producción patrocinada por Mnemósine?

 

Leona soltó una carcajada corta, pero no había humor en ella. —Ni sueñes con meterme en eso —dijo, levantándose apenas de su asiento—. Mi dormitorio no va a vestirse como payasos y a blanquearse con polvo toxico.

 

Crowley alzó una mano de inmediato. —Oh, no, no. No hay cambios —respondió con una sonrisa—. La decisión es definitiva.

 

Leona frunció el ceño. —Entonces elige a otro. No pienso obligar a los míos a hacer el ridículo en medias apretadas y tacones.

 

Crowley carraspeó, y su tono se volvió peligrosamente formal. —Debo recordarles que esta representación forma parte del programa académico. Si Savanaclaw se niega o falla en la ejecución... —izo una pausa dramática—... todos sus integrantes repetirán la clase de Artes, y además serán trasladados temporalmente de los clubes deportivos a los clubes culturales.

 

El líder de Savanaclaw chasqueó la lengua, molesto. Se dejó caer nuevamente en su asiento, cruzándose de brazos.

 

—Tch... no tienes idea de lo bajo que juegas.

 

—Gracias —respondió Crowley con alivio evidente— Entonces, espero ver su trabajo el próximo mes. Le haré entrega de los fondos y...

 

Leona interrumpió. —Un momento. No pienso hacer todo yo solo —miró a Riddle y Azul que habían tenido ayuda hacía poco, incluso miró a la tableta flotante—, esos herbívoros tuvieron ayuda, ¿quién se supone que va a auxiliarme? Porque en representaciones anteriores siempre estaba ese tomate metido en todo.

 

Crowley dudó un segundo.

 

—Unmei-kun es el único guionista de tercer año —admitió el cuervo, tomándose de la barbilla—, así que... reemplazarlo no será sencillo considerando que es becario de Mnemósine.

 

Leona resopló, creyendo haber ganado. —Genial.

 

—Sin embargo —añadió Crowley apresuradamente—, la productora Mnemósine evaluará la posibilidad de enviar a otro de sus talentos para apoyar la producción y... asistir al líder de Savanaclaw.

 

Leona se quejó, rodando los ojos con total fastidió. —Perfecto —dijo—. Mientras eso sucede, no pienso organizar absolutamente nada.

 

—Oh, no se preocupe. —declaro Crowley—. Todo se resolverá a su debido tiempo.

 

Pero nadie en la sala creyó realmente esas palabras. Vil como Riddle sabían que de ser necesario, Crowley le daría dos bonitas muletas o una silla de ruedas a Shamato para que se encargara de nuevo del guion y la ejecución de la representación. Después de todo, si Mnemósine quedaba encantada con la obra era seguro que habría más dinero como donativo para la escuela, y algunas recompensas para los profesores involucrados.

 

***

 

El amanecer apenas comenzaba a teñir el cielo de tonos dorados cuando un sonido ensordecedor sacudió el dormitorio de Savanaclaw.

 

Trompetas.

 

Fuertes, marciales, amplificadas hasta hacer vibrar las paredes de piedra y adentrarse por todos los rincones sin consideración alguna. El llamado era imposible de ignorar; no era música, era una orden y una clara señal de quien estaba involucrado estaba ahí especialmente para molestar.

 

—¡¿Qué demonios..?! —Leona gruño, intentando silenciar el ruido al taparse las orejas con la almohada.

 

Pero era imposible no escucharlas, parecía haber un concierto en la sala común, pero solo era alguien con una grabadora y dos buenos amplificadores de sonido. Uno a uno, los residentes salieron de sus habitaciones, fastidiados por el repentino sonido que ni en las escuelas militares había tan seguido. Los estudiantes se reunieron en los pasillos colgantes del primer nivel, acompañados de maldiciones somnolientas y quejas airadas.

 

Leona salió al pasillo, despeinado y con expresión homicida. —¡¿Quién es el imbécil que está haciendo tanto ruido a esta hora?!

 

En la planta baja, bajo la luz incipiente del sol, se encontraba la respuesta.

 

Shamato.

 

Apoyado en dos muletas, con su yeso expuesto a mitad de su pantorrilla y sus dedos del pie visibles, sonreía como si aquella mañana fuera la más perfecta del mundo para molestar a todo un dormitorio, sin miedo a que lo fueran a perseguir lo volverlo su trofeo de cacería. A su espalda, tenía dos amplificadores, y la grabadora a su mano con un pequeño micrófono conectado con cinta adhesiva.

 

—Buenos días, su majestad —saludó con amabilidad—. Vamos tarde para los ensayos. Te agradecería que te apuraras; no me gusta perder tiempo.

 

El rugido bajo que escapó del pecho de Leona fue casi animal. —¿No se suponía que estabas incapacitado? —escupió— ¿O viniste a que te ponga otro bonito yeso? Quizá esta vez en el brazo.

 

Shamato rió, genuinamente divertido. —¿Lo harás tú o llamaras a Ruggie para que te ayude a cazar? —pregunto, con burla—. Pero debo felicitarte, la primera vez me tomaste por sorpresa —admitió—. Ahora a lo mucho te haré correr en tacones.

 

Dio un paso hacia adelante, el sonido seco de las muletas marcando el ritmo.

 

—Además —añadió, con un tono que se volvió peligrosamente oscuro—, esta vez estás en mi terreno. Y no pienso ser flexible... Con nadie. ¿Entendiste o debó ir más lento?

 

Las protestas no tardaron en surgir. Sabían lo mandón y perfeccionista que era el castaño, que los de Octavinille y Ignihyde los hizo trabajar día y noche sin descanso, a veces repitiendo las cosas hasta que estuviera satisfecho, y los sacaba sin duda de su circulo de confort.

 

—¡No tienes poder aquí!


—¡Esto es Savanaclaw!


—¡Ni siquiera pienso actuar en una obra para niñas!

 

Shamato avanzó entre ellos con calma absoluta y, con un simple gesto, apagó las trompetas. El silencio resultante fue casi tan violento como el ruido anterior.

 

—Podemos hacer esto por las buenas —dijo—, o a mi manera. ¿Qué prefieren los cachorritos?

 

Algunos rieron con desprecio. Otros estaban atentos en si hacía uso de su bolígrafo mágico.

 

—Si cooperan —continuó—, recompensaré a todo el dormitorio.

 

—No tienes nada que ofrecer —sentenció Leona—. Así que lárgate. Nadie va a actuar en esa obra estúpida.

 

Shamato lo observó unos segundos. Luego, con total tranquilidad, se sentó en uno de los sofás del área común. Apoyando sus muletas a un lado para tenerlas cerca de forma que tuviera alcance de ellas de llegar a necesitarlas.

 

—¿De verdad? —preguntó— ¿Nadie va a trabajar conmigo?

 

Uno a uno, los estudiantes de Savanaclaw expresaron su negativa. Burlas, brazos cruzados, miradas desafiantes. Solo Jack permaneció en silencio, no porque deseara actuar en la obra sino porque sabía de los métodos poco pacifistas que el castaño usaba para haber que la cooperación fuera "voluntaria".

 

Shamato asintió lentamente. —Entendido. ¿Quién querría trabajar con alguien que perdió tan joven la cordura? —dijo, fingiendo pesar—. Sin embargo, tengo ordenes... Entonces será a mi manera.

 

Sacó de su abrigo tres silbatos metálicos. Se los llevó a los labios... y sopló. Al principió no se escuchaba nada, luego, llegaron los primeros gritos y alaridos de dolor que llegaron incluso a los estudiantes que no eran hombres-bestia.

 

—¡¿Qué es esto?!


—¡Me duelen los oídos!


—¡Para, para! ¡Te ayudare!

 

Varios se llevaron las manos a los oídos, sin poder soportar el extraño pitidos que se sentía como una perforación craneal imparable, cayendo de rodillas. Incluso Leona apretó los dientes, visiblemente afectado.

 

—¡¿Qué diablos estás usando?! —gruñó.

 

Shamato bajó los silbatos. —Silbatos para perros —respondió con calma, pero era claro que no eran eso—. Sabía que no cooperarían así que me preveni, ahora... 

 

Se puso de pie con esfuerzo, haciendo uso de una sola de sus muletas.

 

—Si no se apresuran y se presentan para el reparto de papeles —añadió, dejando a la vista de todos aquellos tres silbatos que colgaban de sus respectivos llaveros—, los torturaré con los silbatos hasta que volverlos manso —sonrió—. Tienen quince minutos para vestirse y bajar.

 

El efecto fue inmediato. Algunos salieron corriendo. Otros intentaron resistir... hasta que Shamato volvió a levantar los silbatos colocándolos entre sus labios con la amenaza de utilizarlos. No hizo falta soplar de nuevo: el recuerdo bastó. Incluso Leona se dio la vuelta, chasqueando la lengua.

 

—Maldito lunático...

 

Shamato los observó retirarse, apoyado en sus muletas, perfectamente satisfecho.

 

***

 

Leona bajó las escaleras con paso lento, todavía molesto, solo para encontrarse con una escena que le revolvió el estómago, y sabiendo que de verdad Crowley si se había atrevido a darle esas dos bonitas muletas para hacerlo cumplir con presentar la obra.

Todos los residentes de Savanaclaw estaban allí, formados, callados y obedientes. Y en el centro de todo, como si aquel lugar le perteneciera desde siempre, el castaño descansaba en uno de los sofás, con una pierna cruzada sobre la otra, limándose las uñas con absoluta despreocupación. Las muletas estaban apoyadas a un lado, y sobre la mesa baja, perfectamente visibles, descansaban los tres silbatos y el guion preparado para comenzar con el itinerario: elección del elenco.

Leona apretó la mandíbula. Aquello era una humillación, porque un herbívoro los estaban mangoneando como si olvidara que él era la presa que podían devorar. Sin embargo, el castaño lo sabía, sabía que no debía demostrar miedo, y aún así uno de los estudiantes dio un paso al frente, quizá pensando lo mismo que los demás.

 

Hacerse de los silbatos...

 

Por lo que se lanzó hacia la mesa, intentando arrebatar los silbatos, pero no llegó ni a tocarlos. Shamato reacciono primero, y sometió al estudiante que era un leopardo. El chico fue arrojado contra el suelo, el aire escapando de sus pulmones al impactar y sentir su brazo a medio torcer antes de que pudiera reaccionar, había sido sometido por un estudiante de Ignihyde, eso lo hacía más humillante.

 

—No —dijo con calma, torciéndole un poco el brazo a la izquierda—. Eso si que no.

 

Apoyó la pierna enyesada contra la espalda del chico, aumentando la presión lo justo para inmovilizarlo.

 

—De una vez les aviso, si intentan morderme —continuó—, yo los muerdo primero. ¿Quedo claro? —alzó la vista hacia el resto—. Así que les sugiero no hacer nada estúpido. Porque lo sabré, y no dudaré en jalarles las correas hasta hacerlos llorar.

 

Soltó al estudiante como si nada y volvió a sentarse para seguir limándose las uñas.

 

Leona bufó. —No sé qué demonios tramas, Tomate —dijo—, pero no voy a dejarme intimidar. Haré lo mínimo. Nada más.

 

Shamato levantó la vista lentamente. Se puso de pie. —Eso no será posible. su majestad —caminó apoyándose en las muletas hasta quedar frente a Leona—. Porque tú tendrás el rol estelar.

 

Leona frunció el ceño. —¿Qué? No pienso hacer de payaso.

 

—¿Pero porque no? Nadie es más perfecto que tú para el papel del Príncipe Bestia —anunció, cojeando ligeramente de su pierna lastimada—. Ve esto como... mi respuesta por lo de mi pierna.

 

Leona dudó. No por miedo... sino por sospecha. El castaño comenzó a rodearlo con lentitud, como si midiera cada ángulo, manteniendo aquella cojera que lo hacía verse vulnerable, pero sabía que si daba un mal paso iba a terminar en el suelo y con la marca del yeso en su ropa.

 

—¿Tanto te dolió? —preguntó con arrogancia—. Déjame hacerte otro favor, tal vez así Rabanito te haga caso de una vez.

 

Shamato pasó a su lado. Y, sin previo aviso, le dio una nalgada seca. El sonido resonó, sorprendiendo a los estudiantes.

 

—¡¿Qué diablos..?! —Leona giró furioso.

 

Pero Shamato ya estaba detrás de él, sonriendo, mientras deslizaba algo dentro de su manga.

 

—Hey, tranquilo, gatito —respondió con tranquilidad y con un ligero coqueteo—. No metamos al impetuoso angelito en esto, aunque me encantaría tenerlo aquí encarnado, tal vez, a la tacita... Por lo pronto —continuó manteniendo sus manos tras la espalda—, buscaremos a quien interprete a la Bella doncella.

 

Se giró y miró directamente a Jack, que si se había dando cuenta que el castaño le había robado el teléfono a Leona con aquella nalgada, pero no dijo nada, ya que no sabía si había visto bien o si estaba malinterpretando lo que el castaño hacía.

 

—Tú —señaló al lobo—. Serás el cazador despampanante.

 

Jack parpadeó, sorprendido, pero mantuvo la postura recta. —Haré lo mejor que pueda —respondió con seriedad.

 

Leona soltó una carcajada incrédula. —Esto ya es ridículo. Nadie aquí tiene el físico para hacerse pasar por una dama delicada.

 

—Lo sé —admitió Shamato—. Pero tengo indicaciones claras —alzó la voz—. Todos los que tengan cuerpos esbeltos, se probarán el vestuario.

 

El caos estalló de inmediato.

 

—¡¿Qué?!


—¡Ni hablar!


—¡Esto es humillante!

 

Shamato suspiró. Tomó uno de los silbatos entre los dedos y lo llevo a sus labios, lo que fue suficiente para que los estudiantes dejaran de protestar.

 

—He dicho —ordeno—. No me hagan hacer que todos se pongan vestidos y salgan a desfilar por todo el campus. ¡Muévanse!

 

Los movimientos fueron inmediatos. Quejas, miradas furiosas, dientes apretados... pero uno a uno comenzaron a dirigirse a los camerinos improvisados para ponerse aquellos vestidos de colores llamativos.

Era obvio cual iba a ser el resultado de tal contraste de cuerpos grandes y musculosos dentro de costes y costuras que solo los hacía ver como un concurso de Dragas. Uno a uno, los estudiantes fueron saliendo al área común... y el resultado era exactamente el mismo en todos: Hombros demasiado anchos, posturas rígidas, siluetas que daban la impresión de que se trataba de chicos travestidos y en contra de su voluntad.

Shamato observaba en silencio, apoyado en una muleta, intentando no reírse por lo ridículo que se veían.

 

—No —dijo finalmente. Señaló a uno—. Demasiado tosco —señalo a otro—. Postura horrible —un tercero—. Ese color definitivamente no te va.

 

El ambiente se volvió hostil, y pronto se dieron cuenta que el castaño los había hecho ponerse vestidos para molestarlos y marcar que era ahora él quien daría las ordenes.

 

Shamato suspiró, cansado. —Bueno, es claro que ninguno cumple con la silueta atractiva y delicada —respondió—. Y esto... —señalo a cada chico travestido—Esto es lo más horrible que he visto en mi vida. Y vivó con Idia, así que... wow, si que son feos.

 

Leona soltó una carcajada abierta. —¿Ya ves? —dijo con burla—. Ríndete. Regresa al agujero que llamas dormitorio.

 

Shamato cerró los ojos un segundo. Respiró hondo antes de sacar su teléfono. —Para eso están los contactos.

 

Jack frunció ligeramente el ceño. —¿Vas a llamar a alguien... de otro dormitorio?

 

—Eso es siempre lo que hago —tecleó el número—. No pienso trabajar con fisicoculturistas —añadió con un tono extraño—, de todos modos "él" quería este papel así que... hago sueños realidad.

 

Solo tomo 15 minutos, la llamada solo había durado segundos, y en ese tiempo de espera se pudo llevar a cabo lo siguiente de la organización. Luego las puertas del dormitorio se abrieron, Vil entró con porte impecable, vestido de forma sencilla pero perfectamente cuidada, acompañado por una mirada fría que recorrió el lugar con desagrado inmediato, porque aquel dormitorio polvoriento le había robado lo que tanto deseaba.

 

Hacer que Pomefiore encarnara la belleza de las bestias.

 

Pero en verdad el papel se lo había llevado un grupo de bestias que no tenían el mínimo porte de elegancia... o educación. Ya había trabajado con Rook para volverlo "civilizado", por lo que ya tenía una idea de como trabajaría con aquellos "brutos".

 

—Esto huele sudor y perro mojado —Vil sentenció— ¿A caso no conocen la higiene básica?

 

Varios estudiantes se quedaron rígidos. Shamato se irguió un poco más.

 

—Ya llego nuestra Bella doncella. —y aplaudió, complacido porque al fin llegara—, ya podemos hacer lectura del guion.

 

Vil cruzó los brazos. —Veo que ya los estas adiestrando —dijo—. No esperaba menos de ti, y esa pierna rota.

 

El castaño forzó la sonrisa. Era obvio que estaba muy resentido por lo de su pierna, y no lo iba a olvidar mientras estuviera a cargo de la dirección de la obra. Algo que Leona capto, que el haber llamado a Vil para interpretar con él el protagónico era por algo personal. Había sucedido antes, ese gusto del castaño por hacer que el interés romántico de alguien compartieran el mismo escenario, no por hacer de cupido, al menos no en esta obra... sino por venganza, por hacerlo quedar en ridículo frente a Vil. Sabiendo el castaño que Leona amaba a Vil en secreto, y eso no lo podría prevenir, ser expuesto y evidenciar que no tenía oportunidad de estar con él.