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El festival de las luciernagas

Summary:

Cada año, las luciérnagas celebran su festival bajo la guía de la estrella Evangeline. Este año, su luz ha caído sobre NRC, eligiendo a un estudiante en particular para ser el Rey Luciérnaga. Entre melodías encantadas, danzas al anochecer y un amor que brilla incluso en la distancia, los estudiantes se preparan para una noche mágica... donde el amor volverá a nacer en sus corazones.

Chapter 1: La estrella del pantano

Chapter Text

El invernadero sur de Night Raven College estaba envuelto en una bruma tibia y aromática. Entre los helechos colgantes, los sauces de hojas rizadas y las violetas del pantano, un sendero irregular de piedra se perdía en un rincón menos transitado a comparación de oras áreas: la zona pantanosa.

Allí, de pie sobre una pequeña plataforma de madera húmeda, Shamato sostenía un libro abierto entre sus manos. Las páginas estaban decoradas con ilustraciones de luciérnagas sobre nenúfares, árboles torcidos cubiertos de musgo y una estrella brillante en lo alto de un cielo nocturno. Pocas palabras adornaban las páginas, como si bastara la imagen para hacer nacer la historia.

 

—No puedo esperar hasta la noche para verla —dijo en voz baja, con una dulzura embriagadora.

 

Hablaba solo, pero cualquiera que lo escuchara desde lejos creería que no estaba solo. Su voz, su postura y la manera en que miraba el cielo de cristal del invernadero parecían responder a una presencia invisible, como si en verdad conversara con alguien frente a él.

 

—¿A quién estoy esperando? —preguntó, dando un paso al costado, el tono de su voz más alegre, más vivo— ¿A quién más podría ser, si no a ella? Mi amada Evangeline... la más brillante y hermosa luciérnaga de todo el pantano.

 

La calidez de su voz, teñida de nostalgia, flotaba entre los reflejos verdosos de las hojas. Caminaba con paso ligero, danzante, bordeando el pequeño estanque donde flotaban flores blancas de agua. Las luces naturales del invernadero se filtraban entre los vitrales, y una estrella, o algo que parecía serlo, titilaba a través de los cristales empañados por la humedad.

Shamato alzó la vista y extendió su brazo hacia ella.

 

—Algún día... —susurró—, algún día podré alcanzarte, Evangeline.

 

Colocó la otra mano contra su pecho, con los dedos apenas rozando la piel bajo la camisa blanca que llevaba puesta como parte de su uniforme escolar. No hacía más que repetir las lineas de su guion, las frases que por más de dos años se había dedicado a perfeccionar basándose en aquel libro infantil que sostenía en sus brazos, como el tesoro más valioso que poseía. Pero que nunca pasaban de ensayos e improvisaciones, como si el destino mismo no quisiera que aquella historia, o al menos la versión de Shamato fuera revelada por su trágico final.

 

—Pero hasta entonces, cada noche que vengas a mí... será suficiente.

 

El silencio del invernadero lo envolvió. Solo el zumbido de los insectos nocturnos comenzando a despertar, el crujido de alguna raíz movida por la humedad, y el murmullo del agua bajo la plataforma respondían a su confesión. Con sus ojos llenos de lagrimas por el dolor que representaba, para el Rey Luciérnaga, tener que despedirse de su amada que ya no estaba en aquel plano astral sino... en el cielo, en la bóveda celeste en que la noche parecía apiadarse y permitía que, entre todas las estrellas, fuera Evangeline quien más brillara, una luz tan hermosa y encantadora que respondía a aquellos corazones que necesitaban un consuelo y ser escuchados.

Shamato cerró lentamente el libro entre sus manos. La última pagina, aquella en donde con letras doradas poseía una pequeña descripción con la palabra Fin. Con la imagen hermosa de la noche y Evangeline en el centro, brillando para Raymond, el Rey Luciérnaga, que la miraba con tanto amor desde un rincón del pantano que fue su hogar.

 

—Cada noche. A pesar de todo... sigues viniendo.

 

Y entonces sonrió abrazando su libro entre sus brazos, como cuando era un niño leyendo por primera vez aquella hermosa historia de amor. Su mirada volvió al cielo y ahí estaba, un pequeño destello de luz que lo observaba y estaba tan complacido como conmovido por aquella maravillosa interpretación que, otros dos pequeños destellos aparecieron. Eran luciérnagas.

Aquellos tres estaban en búsqueda de un lugar en donde llevar a cabo su festival. Ese año se dejaron guiar por Su Reina y llegaron a las puertas de Night Raven College, no muy lejos donde el festival del año anterior había sucedido, y por consejo de unas hadas habían dado a parar al Invernadero, justo donde la Fairy gala se había llevado a cabo unos meses atrás.

 

—Creo que... hemos encontrado a nuestro Rey —dijo la luciérnaga regordeta.

 

***

 

La mañana transcurría con normalidad, hasta que una repentina convocatoria interrumpió el ambiente y muchas de las clases de la tercera hora. Todos los líderes y sublíderes de dormitorio fueron citados a la oficina del director Crowley con carácter de urgencia. El rumor se esparció tan rápido que ya todos estaban investigando que era aquel Festival tan exclusivo que pocos habían presenciado, pero lo que realmente descolocó a los líderes fue la presencia de Shamato.

 

—¿Unmei-senpai? —musitó Riddle— ¿Qué hace usted aquí?

 

—Eso mismo me pregunto yo —murmuró Leona, cruzado de brazos junto a la puerta.

 

Al llegar todos, Crowley los recibió con una sonrisa deslumbrante y gestos exagerados, vestido como si ya estuviera listo para algún tipo de ceremonia, aunque en realidad era una toga que las luciérnagas le habían regalado por haberles permitido ocupar la zona pantanosa del invernadero para descansar. A su lado, reposaba un bastón con una luciérnaga de cristal en la punta, que destellaba con un brillo tenue y mágico, otro regalo que aquellas pequeñas luces le otorgaron, como un presente para el anfitrión que les permitía realizar su festival.

 

—¡Mis estimados manzanos, qué dicha tenerlos aquí! —exclamó, dando un giro—. He reunido a esta selecta comitiva para darles una noticia iluminadora. ¡Nuestra querida academia ha sido elegida por las luciérnagas sagradas para celebrar el Festival de las Luciérnagas este año!

 

No hubo sorpresa, mucho menos al ver aquellos regalos lujosos que el cuerpo no tuvo ni la molestia de ocultar o disimular.

 

—¡Qué interesante! —dijo Kalim con los ojos brillando— ¿Eso es algo como la Fairy Gala?

 

—No exactamente —respondió Vil, sin apartar los ojos de Crowley—. A diferencia de la Fairy Gala, que es más bien una muestra estética y social, el Festival de las Luciérnagas tiene un significado profundo. Se trata de la manifestación de “Evangeline”, y el amor devoto que crece bajo la luz del Rey Luciérnaga.

 

Jade soltó una leve risa. —Con razón llamaron a Ojito-senpai —comentó, girando hacia él—. Siempre que hay un evento de este tipo, lo hacen director, guionista o escenógrafo...

 

—Oh, pero esta vez no —interrumpió Crowley, alzando su brillante baston—. Esta vez, el joven Unmei no está aquí para escribir una obra... sino para interpretarla. Fue elegido directamente por las luciérnagas para representar al Rey Luciérnaga en el festival.

 

Todos se quedaron en silencio por un momento.

 

—¿¡Qué!? —exclamó Shamato, sin poder evitarlo— ¡¿Yo?! ¡Pero si ni siquiera soy de la nobleza!

 

—Las luciérnagas no eligen por linaje —comentó Lilia, con una sonrisa—. No son caprichosas como las hadas, pero sí leales entre ellas. Apostaría que te eligieron por ser hospitalario... por tu calidez.

 

—Hospitalario, empático, creativo... —añadió Rook con entusiasmo—. Nadie como Monsieur œil para comprender el corazón de un mito. Su sola presencia podría opacar el festival del año pasado en RSA.

 

—Y cualquier otro —dijo Azul con una sonrisa pulida—. Su nivel de perfección en la ambientación y fidelidad al origen de las leyendas lo hacen inigualable.

 

Crowley asintió orgulloso, cruzando las manos sobre su escritorio. —¡Exactamente! Y por eso necesito la cooperación de cada dormitorio. Será un honor para todos participar en un evento tan... radiante. ¡Y además permitirá que todos los estudiantes asistan a esta celebración sin igual!

 

Kalim dio un pequeño salto de emoción. —¡Eso suena increíble! Scarabia pondra a su disposición a todos sus residentes.

 

—Por su puesto, Octavinille se encargara de los puestos de comida —dijo Azul, ya planeando que cosas vender y los precios—. Jade ve organizando el menú, investiga que comen las luciérnagas.

 

—Tendremos que preparar escenografías —opino Vil—. Y la música, tal parece que mi Club y el de Música Ligera volverán a compartir espacio.

 

Lilia asintió. —No puedo esperar para contárselo a Cater... un momento —miró a su alrededor—. Olvide traer a Malleus, rayos... ¿Cuándo aprenderá a usar su teléfono?

 

—Es bueno ver la emoción y dedicación de cada uno —volvió a hablar el cuervo—. Tal parece que ya tienen todo bajo control y no necesitan a su amado y querido director.

 

—¿Amado?.. —cuestiono Jamil.

 

—Seguramente las luciérnagas le dieron más que un atuendo y palo bonito —gruño Leona, notando que Crowley ya se iba a deslindar de sus responsabilidades.

 

—¡¿Cómo se atreven?! —Crowley se ofendió— ¡Este es un evento mágico sin igual! ¡Y será nuestra academia la que brillará como nunca antes! Por eso, necesito que líderes y sublíderes de dormitorio formen el comité oficial del festival. Será nuestra responsabilidad hacer que supere el de Royal Sword Academy. ¡Deben dar lo mejor de sí!

 

—¡Con razón aceptaste tan rápido! —masculló Riddle con los brazos cruzados.

 

—Bueno, RSA dio un espectáculo sin igual —declaro Rook, casi queriéndolo volver un poema—. Uno de sus dormitorios es un pantano y... oh là là, mi corazón volvió a sentir la flecha de ese travieso querubín al ver a mi querido Neige...

 

El rostro de Rook perdió color, había dicho algo que... no debía salir de sus labios, por lo menos no de sus pensamientos frente a Vil, su novio, uno de sus dos novios.

 

—Oh, mon roi du Poison...

 

Vil le puso la mano en el rostro, empujándole para que no se atreviera ni siquiera a querer disculparse con él.

 

—Tuve suficiente —advirtió Vil, molesto y herido—. Si me disculpan ire a planear con mi club las escenografías, Riddle espero tu apoyo.

 

—Con gusto, pasare a Pomefiore más tarde —respondió Riddle, siendo comprensible por Vil por retirarse primero.

 

—Rook —lo llamo Shamato, con voz baja—. Tal vez, solo digo... pero... —apretó sus labios antes de continuar—. No debiste decir eso. Al menos no con esas palabras.

 

***

 

Caminar por los pasillos de la escuela con la noticia aún reciente pesaba más que cualquier guion que Shamato hubiese escrito antes. A pesar de las bromas de los demás, y de la extraña familiaridad con la que el director Crowley había soltado la noticia, su corazón no terminaba de acomodarse dentro del pecho. Sentía que todo esto era un sueño ajeno y que en algún momento tendría que despertar, porque se negaba a aceptar que Evangeline de verdad estaría con él, no solo escuchándolo sino... esperándolo para verlo darle vida a quien fue el amor de su vida.

 

—Oh, mon ami, esta vez estoy perdido —se lamentaba Rook con sus manos en el pecho, caminando junto a él y Cater en dirección al invernadero—. He pronunciado palabras que fueron cuchillas. Coup de foudre o no, confesar mi afecto por Neige ha sido una traición imperdonable para Vil. ¡Todo por la emoción del festival!

 

—Fuiste idiota... tuviste suerte que no te envenenara —murmuró Shamato, sin poder evitar una pequeña sonrisa—. Yo estuve en el festival del año pasado y, honestamente... no fue nada del otro mundo. Lo sentí muy forzado. Al menos, la actuación de Neige no me pareció auténtica.

 

—¿Quoi?! ¡La actuación de Neige fue celestial! ¡Una representación tan pura y etérea que el alma misma se me escapaba por los ojos! —replicó Rook, claramente escandalizado.

 

—Nah —intervino Cater—. Estoy con Ojo-kun en esto. Neige-kun no convenció. Su actuación fue vacía. Sentía que estaba en un preescolar.

 

—El problema —añadió Shamato, ahora más serio— es que retrató al Rey Luciérnaga como si fuera un niño grande. Tierno, inocente, hasta torpe. Cuando en realidad, la leyenda lo describe como alguien lleno de vida, carismático, apasionado y profundamente devoto a su reina. Ese error... le quitó alma a todo.

 

Rook abrió la boca, pero antes de que pudiera defender a su adorado Neige, Cater le lanzó una mirada divertida y le dio un codazo.

 

—Y por eso luego te quieren echar del dormitorio, ¿sabes? Por infiel descarado. ¿Cómo no va a estar molesto Vil si andas mirando a otros?

 

—¡Non, non! —Rook se detuvo, alarmado—. Neige ocupa... otra clase de lugar en mi corazón. Fue un error. Uno que reconozco. Herí sin querer a mi Vil, y eso me duele más que cualquier castigo que pudiera imponerme.

 

—Te va sacar un día el corazón y te lo hará comer —advirtió Shamato como si fuera una verdad que pasaría.

 

El grupo se detuvo frente a la entrada del invernadero. Shamato tragó saliva. A pesar de todo lo que había vivido en esa escuela, nada lo había preparado para este momento, no importaba cuantas representaciones y festivales culturales se hubiera encargado, cuando se trataba de Evangeline... las cosas eran distintas.

 

—Vamos, ya has llegado mucho más lejos antes —le animó Cater con una sonrisa—. Solo... recuerda que ya tienes a tu Evangeline a tu lado.

 

El rostro de Shamato se sonrojó intensamente. Evangeline.... Ortho. Las imágenes se mezclaron como reflejos en el agua, y eso lo avergonzaba más que nada, porque el guion que había interpretado, como casi todas las noches, estaba inspirado en su libro de cuentos y claro, en Ortho, en el amor inalcanzable que sentía por él y que termino siendo más que correspondido. Cerró los ojos, respiró hondo y empujó la puerta.

El aroma de tierra húmeda y flores nocturnas lo envolvió de inmediato. Caminó. Cada paso lo acercaba al pantano, a esa zona donde todo parecía respirar al ritmo del mundo natural. Su corazón latía de nervios, con la sensación inexplicable de que estaba siendo observado. De que alguien, ella, lo esperaba en aquella zona del invernadero.

Pero no había nadie. O mejor dicho, no había nadie humano.

Un grupo pequeño de luciérnagas revoloteaba sobre las aguas tranquilas del pantano. Al verlo, todas se iluminaron con una calidez imposible de describir. Una de ellas, más pequeña y vieja, flotó hasta él.

 

—Ah, muchacho... justo estábamos por salir a buscarte. —dijo la luciérnaga que parecía una abuela—. Qué bueno que llegaste.

 

Otra más grande y regordeta, con una luz más intensa, se acercó flotando perezosamente. —Vimos tu interpretación anoche. Y fue tan... tan conmovedora que no tuvimos más dudas. Este año, el festival debía celebrarse aquí, en NRC, como lo indicó Evangeline.

 

—¿E-evangeline? —la voz de Shamato tembló— ¿Cómo... cómo los trajo?

 

—Oh, ella simplemente se iluminó —respondió la luciérnaga anciana con una risita—. Y a su lado ya no estaba el Rey. Supimos de inmediato que estaba aquí y que no nos equivocamos como el pasado.

 

Rook se sintió aludido y ladeó la cabeza con una mueca ofendida. —Ahem. Para mí, Neige dio una actuación digna de los cielos.

 

—Ojo-kun lo hará mil veces mejor —intervino Cater con seguridad.

 

Una luciérnaga joven, más brillante y vivaz que todas, revoloteó alrededor de Shamato y dijo con una risita chispeante. —De eso estamos seguras. Nunca habíamos visto a nadie tan enamorado de nuestra reina.

 

—¡¿E-enamorado?! —el rostro del castaño paso de inmediato a rojo, negando con sus manos—. No, no... bueno si, pero no de Evangeline, al menos no de la suya.

 

—Ooow miren quien ya se puso rojo —se burlo Cater, ya listo con su teléfono para grabar y mostrárselo a Ortho.

 

—Cállate, Cater —dijo el castaño, muy ansioso—. Es verdad que... Evangeline es muy importante en mi vida, no ha habido noche que no la esperara cuando... Ortho me rechazaba y... una noche...

 

Sus palabras se detuvieron, teniendo el recuerdo fugaz de aquella noche en el Festival en cine, en el brillo que llamo su atención en el cielo, como si hubiera escuchado más a su corazón que a sus palabras, y esa luz, Evangeline, le pedía que no se rindiera porque estaba muy cerca de su meta.

Su corazón no pudo más, se cubrió el rostro con ambas manos sintiendo el calor que lo envolvía y teñía.

 

—Por los astros, ¡Evangeline me hizo el milagro! —se arrodillo y su cabeza toco el suelo—. Dos años y dos tercios de año... aaah... ¿por qué Eros es tan cruel conmigo?

 

—¿Su amigo se encuentra bien? —pregunto la luciérnaga más joven.

 

—Solo esta enamorado, no se preocupen —declaro Rook, con una mano en el corazón.