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¿25, 33 o 50 rosas?

Summary:

Aarón planea invitar a Spencer a salir. Compra flores para eso y quiere esperar el momento perfecto, pero no todo sale como esperaba.

Aunque el resultado no le molesta.

Notes:

¿Dos relatos cortos, en menos de dos días? ¿En esta economía? Na, na, estamos locos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Crees que es demasiado, o hacen falta más?

Aarón hace la pregunta con el mayor nerviosismo que ha sentido en mucho tiempo, aunque lo disimula bien. Su olor tampoco lo delata, quiere creer. Es un hombre adulto, líder de una unidad importante del FBI, debe hacerlo. No va a derrumbarse por pequeñeces.

¿Invitar a salir a Reid e iniciar un cortejo es una pequeñez?

Rota el lapicero entre sus dedos y aguarda la respuesta de Dave. Nota como el hombre analiza el ramo de flores del escritorio. Intenta ocupar las manos en algunos informes, hasta que Dave dice:

—Me parece perfecto, ¿que es lo que te preocupa?

—Que no sea suficiente.

—¿Estás pensando en algo más grande?

Aarón no responde de inmediato, sino que sus ojos recaen en las rosas. Su mirada es intensa, como si con eso fuera a hallar la respuesta. Y de cierta forma lo hace, al menos es lo que quiere creer.

Mira de soslayo a Dave, antes de alcanzar el teléfono y marcar el número de teléfono de la floristería donde hizo el primer pedido. Ignora la expresión burlona de su compañero y habla con la dependienta, para hacer un encargo de siete flores más; sin embargo, cambia de opinión cuando ve a Dave alzar una ceja, escéptico, por lo que corrige y pide otras veinticinco flores.

Cuando cuelga la llamada, la sonrisa de Dave sigue ahí, burlándose de él.

—¿Qué?

—¿Treinta y tres flores?

—Sí, bueno. —Aarón carraspea al ordenar las carpetas que tiene delante y escapar de la mirada de Dave—. Fue lo primero que se me ocurrió.

El otro hombre no dice nada, pero Aarón sabe que quiere decir algo más. Y, segundos después, finalmente lo hace.

—Reid está en el bullpen, ¿que vas a hacer cuando lleguen las flores?

—Quizás le puedo pedir a García…

—No, no le digas a García —lo corta Dave—. Ella no podrá no decirle a Reid.

Aarón casi se ríe.

—En ese caso mejor llamaré a JJ.

La mujer llega un minuto después de la llamada de Aarón. Se detiene en seco cuando ve las flores en el escritorio de Aarón, y sus ojos alternan entre ambos hombres en la oficina.

—¿Hay…? —JJ se cruza de brazos—. ¿Para que me llamaste, Hotch?

El cambio, aunque sutil, en sus feromonas es palpable. Es incredulidad, hostilidad y confusión. Una mezcla que pocas veces ha sentido venir de JJ fuera de los casos de la unidad. Ella intenta controlarlo, finalmente es un requisito que el buró exige, pero ciertas emociones son difíciles de filtrar.

La observa por un rato. Luego, responde con simpleza.

—Necesito que distraigas a Reid.

—¿Qué? —pregunta ella, con el tono de su aroma en constante cambio.

—El hombre quiere ser romántico por una vez —interviene Dave—, pero sin que nuestro genio se entere… Por ahora, por supuesto.

Aarón frunce el ceño al escucharlo, pero no dice nada. Cuando vuelve a JJ, la ve dejar caer los brazos mientras sus ojos se abren un poco más. Ella mira por segunda vez el ramo en la mesa y casi sonríe, antes de preguntar.

—¿Son para él?

Aarón asiente y JJ finalmente sonríe. Las feromonas en el aire vuelven a cambiar.

—Bien, haré lo mejor que pueda…

No puede terminar la frase, porque alguien irrumpe en la habitación. Y para mala suerte de todos —realmente de Aarón—, se trata de Reid, quien frunce los labios y alza una ceja cuando todos lo miran como si fuera un fantasma.

—Bueno, aún tengo cosas que hacer —declara Dave antes de levantarse—. Te deseo buena suerte.

—Iré contigo, recordé que también tengo asuntos pendientes.

JJ sonríe con vergüenza y formula una disculpa silenciosa antes de salir y cerrar la puerta, yendo por detrás de Dave. Cuando Aarón y Reid están solos, el aire se siente pesado, aunque esta vez las feromonas no son las culpables.

No es una situación exactamente incómoda, pero no es lo que Aarón había planeado. No quería… Quiere usar su oficina para pedirle una cita al otro hombre.

Mucho menos con un ramo de flores incompleto.

Sus deseos, desde que se dió cuenta de lo que sentía por él, son atiborrarlo de momentos especiales. No con regalos costosos o dinero en efectivo —aunque podría si se lo pidiera, como cualquier cosa—, sino gestos que expliquen sus intenciones.

Aarón es un ser humano y alfa común, pero cuando mira a Reid sabe que sería capaz de un acto divino solo por honrar la existencia de este omega.

Por eso cuando los ojos de Reid se detienen en los suyos, siente como se le corta la respiración. Intenta controlar su semblante, mantener la postura serena de jefe de unidad, pero los latidos de su corazón se aceleran y resuenan en su cabeza.

—¿Hotch? —llama Reid, mientras toca el ramo de flores. En algún momento entre los pensamientos de Aarón se acercó al escritorio—. ¿Sucede algo?

Es mejor cortar esto de raíz.

—Sí, yo…

Tres toques en la puerta lo detienen, pero antes de que pueda contestar, la presencia de Strauss llena la oficina.

—Agente Hotchner.

La mujer guarda silencio cuando ve a Reid jugando con los pétalos de rosas. Su boca se abre y se cierra varias veces, hasta que se voltea hacia Aarón y le pide una explicación.

—Le estaba pidiendo al agente Reid que saliera conmigo —responde sin más.

—¿Disculpe?

El descaro de Aarón parece haberla tomado desprevenida, pero Reid añade más leña al fuego cuando dice:

—Y yo estaba por aceptar.

Por segunda vez, Aarón debe controlar sus expresiones, aunque ahora le sale mejor. Al menos el movimiento de su pierna por debajo del escritorio no es perceptible para los demás.

—Hablaremos de esto después… Les espera una larga reunión con recursos humanos.

—¿No vino para decirme algo? —pregunta Aarón cuando la ve lista para marcharse.

—Como ya les dije, hablaremos después.

Justo cuando la mujer está por cruzar la puerta, aparece un empleado con un ramo de veinticinco flores, quien pregunta por el agente Aarón Hotchner.

Reid ríe por lo bajo cuando Strauss hace mala cara, aunque se va en silencio.

Aarón se levanta y recibe las rosas, seguido de un agradecimiento. Después de cerrar la puerta, se acerca a Reid con una media sonrisa en el rostro.

—Creo que tendremos que pensar en una explicación —comenta Reid con diversión.

—Podemos discutirlo esta noche.

Aarón sigue el movimiento cuando Reid se lame los labios, antes de sonreír ampliamente.

—Esta noche me parece perfecto.

Notes:

Vero sé que me vigilas. 👁️

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