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Prometí cuidarte

Summary:

Aarón nota el extraño comportamiento de Spencer. Hace un par de días estaba feliz y entusiasmado por el nuevo caso, ahora, por el contrario, apenas habla y se mueve de un lado a otro como si no quisiera que su presencia llame la atención.

Le preocupa lo que fuere que aqueja el bienestar de su omega, por lo que lo aparta lejos del resto de oficiales y averigua que le sucede.

Y el alfa, justo después de eso, jura que podría matar a alguien.

Notes:

Hola, tengo gripe, ¿vale? Van a ser las tres de la mañana y no consigo dormir 😭 Pero bueno, realmente subiría esto dentro de un par de días, pero soy una paria desesperada y aquí estamos.

Así que nada, ¡a comer!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aarón conoce el aroma de Spencer, lo conoce mejor que nadie en el mundo. Puede notar la variación más mínima en su estado de ánimo, aunque el chico trate de disimular. Sus dotes actorales no son realmente malos, pero ambos son pareja y, constantemente, Aarón está atento a la energía de Spencer. Lo ha estado mucho más después de enterarse del embarazo del omega hace cuatro meses, por lo que no importa lo que el chico intente, Aarón sabrá si algo anda mal de todas maneras.

Y es justo lo que sucede ahora.

Nota que su pareja prácticamente se enfurruña en el asiento, cuidadoso de no ser brusco con su vientre hinchado pese a su malhumor. Podría sonreír ante eso, si no fuera porque le preocupa verlo así.

Por lo general, Spencer es brillante, entusiasta, llamativo; como una fogata solitaria en medio de la inmensidad de un bosque frío. Es imposible ignorar su existencia, aunque haya tantas cosas más para observar. Aprecias sus colores y su capacidad de ofrecer calor en un lugar tan lejano y olvidado por la mayoría. No obstante, las llamas de aquel fuego ya no están, como si una fuerte tormenta las hubiese eliminado.

Hay una gran diferencia entre como llegó Spencer el primer día del caso en la comisaría, y como se encuentra el día de hoy. Su expresión, su aroma, su forma de hablar… Todo es distinto, hasta cuando se mueve de un lado a otro parece haber algo mal con él. Y a Aarón no le gusta, le hace sentir inútil no poder ayudarle con aquello que le agobia, restarle peso a sus frustraciones; pero al intentar acercarse algo nuevo y urgente surge y pospone su conversación con él.

Lo máximo que ha logrado hacer es ofrecerle su frappé favorito, aunque se dio cuenta de la incomodidad de Spencer al recibirlo.

Necesita hablar con él, y encuentra la oportunidad cuando el chico se pincha el dedo con la lapicera.

—A la enfermería —ordena el alfa.

—¿Qué? Por Dios, no puedes hablar en serio. Esto no es nada.

—No es una pregunta.

Spencer frunce el ceño cuando lo mira, pero no dice nada y se levanta para caminar al lado de Aarón, quien coloca una mano en su espalda baja mientras lo guía. Los ojos curiosos los siguen, unos menos disimulados que otros, como una lechuza ante la aparición repentina de un objeto extraño.

Realmente muchos oficiales no han sido muy discretos al mirar al omega, ni la especial atención que su jefe tiene con él, justo como ahora, algo que les puede parecer extraño o inusual. Quizás es su apariencia tan joven, por ello Aarón se esfuerza en enfatizar su título de doctor cada vez que alguien pregunta.

Incluso si no preguntan también.

Cuando ve de reojo a Spencer puede notar su vergüenza, el cambio sutil en sus feromonas, más allá de ese rastro de leche materna, lo que confunde a Aarón, así que será lo primero que pregunte.

Después de caminar un poco más, en lugar de entrar a la enfermería, atrae a Spencer a una oficina vacía, un lugar apartado donde no sean interrumpidos. Y antes de que el chico pueda preguntar, Aarón se adelanta, en un tono bajo y sin prisas; un susurro que demuestra interés y comprensión a lo que sea que aqueja el corazón del omega.

—¿Te gustaría contarme algo?

—¿Mhm? Sí, ¿algo como qué? —pregunta Spencer a la defensiva.

—Justo eso —señala Aarón—. Estás actuando muy raro, Spencer.

—Son las hormonas del embarazo.

—No, no es cierto.

—¿Me estás perfilando? —cuestiona con frustración.

—Sabes que no necesito hacer eso.

El lobo en su pecho se mueve al oír a Spencer suspirar, además de verlo cerrar los ojos, la señal definitiva de que algo va mal y no lo quiere contar. Eso entristece a Aarón, se ha esforzado por construir la suficiente confianza en su relación con él y sabe que lo ha conseguido, pero que en momentos como este, justo no lo parezca es desalentador.

Ambos saben que cuentan el uno con el otro, sin importar qué. Lo han sabido desde el día uno, cuando formalizaron su relación después de tanto. Incluso antes de que iniciara el cortejo siempre existió esa lealtad, respeto y apoyo mutuo, una intimidad y cercanía que ninguno de los dos tenía con nadie más en el equipo. El tiempo hizo el resto, hasta llegar a ser lo que son hoy.

—Oye —susurra Aarón al acariciar la mejilla de Spencer. Sonríe al sentir como el omega, sin abrir aún los ojos, se derrite ante el contacto—. Por favor, háblame.

Observa a Spencer abrir lentamente sus ojos grandes de cierva. De inmediato nota en ellos el brillo de las lágrimas no derramadas, algo que encoge el corazón de Aarón y hace aullar a su lobo mientras araña las paredes, desesperado por ver a su omega en ese estado. Comprende que no se trata del embarazo, Spencer no se guarda ningún malestar desde que el alfa le aseguró que le brindaría cualquier cosa que necesitara.

Antojos, descansos, masajes, besos, abrazos, libros, alguien a quien insultar, un hombro para llorar… Lo que sea Aarón se lo daría sin problemas.

Por eso necesita saber que es eso que le oculta. Le quiere ayudar, proteger y cuidar, como prometió desde que lo besó la primera vez.

—Yo… —dice Spencer en voz baja, al mismo tiempo que sujeta la muñeca de la mano que lo sostiene a él—. He estado escuchando algunas cosas que, quizás en un contexto diferente no me importaría, pero… No lo sé, ahora sí me hacen sentir mal, de alguna manera.

—¿Qué cosas, Spencer?

El chico no responde, pero Aarón no lo presiona, deja que se tome su tiempo y aguarda pacientemente la respuesta.

—No sé como lo supieron, pero ya todos se enteraron que el cachorro que estoy esperando es tuyo. Entonces ahora están diciendo mil cosas de ti y de mí, sobre todo de mí… Cosas muy asquerosas que ni sé como se les ocurren, y eso que hemos visto lo peor de la humanidad.

»Básicamente tú eres un abusador y yo una puta fácil que trabaja en el FBI porque accedí a tener sexo con el jefe… Y, por Dios, sé que eso no es cierto, pero me duele, Aarón, no entiendo por qué, pero lo hace.

Su voz tiembla en la última oración. Junto a ella, la primera lágrima cae por fin y resbala por su mejilla, donde Aarón aprovecha para limpiarla con cuidado y, lentamente, envolverlo con su aroma en un intento de consolar su alma herida.

Nuestro omega está triste, algo lo está lastimando. Debemos ayudarlo.

Aarón no lo piensa dos veces y atrae a Spencer a su pecho y lo mantiene entre sus brazos, mientras esparce más de sus feromonas para él. Puede sentir el bulto en el vientre de Spencer, una prueba real y bendecida de lo que han construido a lo largo de los años. Por eso debe hacer un esfuerzo sobrehumano para controlar su reacción ante esto que el omega acaba de revelarle.

No quiere generarle más estrés, tuvo suficiente hasta ahora.

—Sé que lo sabes —susurra contra el cabello de Spencer—, y seguro es lo que intentas recordar para sentirte mejor, pero… Ambos sabemos que nada de lo que digan de ti, ni de mí, es cierto.

Siente a Spencer ahogar sus sollozos sobre su pecho, pequeño y vulnerable, lo único que Aarón no puede soportar. Sus feromonas no están mucho mejor, pero se esfuerza para que las suyas ayuden un poco considerando la situación; también acaricia lentamente su espalda, un gesto que le envía un suave «no estás solo, aquí estoy para ti».

Odia no haberlo notado antes. Debió mirar lo que sucedía alrededor, escuchar los lamentos silenciosos de su omega. No habrían llegado a este punto. O buscar el tiempo para hablar, porque realmente se dio cuenta de que había algo incorrecto o fuera de lugar en la situación, pero le dio prioridad al caso igualmente.

Es un idiota, en parte es su culpa que Spencer este así.

—Tú eres brillante, excepcional, por eso estás aquí —afirma en voz baja—. No escuches lo que dicen. No te conocen, ni lo increíble que eres. Seguro morirían si supieran que fue un agente federal quien te insistió en trabajar con nosotros, no al revés. Y justamente por tus capacidades, yo no tuve nada que ver ahí. Llegaste por mérito propio, ¿crees que importa lo que un par de personas, que solo entorpecen nuestro caso, puedan decir sobre ti?

Un minuto después, escucha y siente un suspiro largo, exhausto y tembloroso de parte del omega. Le permite separarse de sus brazos, pero se mantiene tan cerca como se lo permite.

La imagen que ven sus ojos vuelve a sacudir su corazón e inquietar a su lobo, quien busca la manera de enredarse en la cola del zorro del chico, en un intento de brindar el máximo consuelo posible. Les gustaría poder hacer más, pero debe ser suficiente por ahora.

—Yo sé… Entiendo que tienes razón —dice Spencer con voz ronca—. Pero oír todo lo que decían fue duro… ¿De verdad piensan eso de mí? Me esfuerzo todos los días para que me tomen en serio, pero de repente solo soy un omega que amarró al alfa líder con un cachorro.

—Sabemos que no fue así.

—Díselo a los que me llaman zorra.

Aarón debe contener el gruñido que amenaza con salir de lo más profundo de su garganta tras escuchar el comentario tan descuidado del omega. Sus instintos enloquecen con solo imaginar la manera tan baja y sucia que tienen para referirse a Spencer, alguien que no solo los supera en rango, sino en razonamientos lógicos, inteligencia y capacidad de resolución.

Sin contar los títulos, medallas y mil reconocimientos que ha acumulado a su tan corta edad.

Él es, de hecho, más que una simple fogata en encendida en el bosque. Es una tontería compararlo con algo tan básico, rudimentario y poco sustancial, cuando existen elementos tan impresionantes y fuera de la comprensión humana, igual que el propio Spencer.

Lo observa un rato y, en silencio, le pide permiso para tocar. Cuando obtiene el «sí», su mano cubre parte del bulto en el vientre del omega, quien se relaja ante el contacto y permite que sus feromonas tengan una reacción más suave y cálida que antes.

—No dejes que te hagan sentir de esa manera —insiste Aarón—. Este cachorro existe porque te amo tanto como tú a mí, dejar que los comentarios de terceros nos afecten es dudar de él. Y sé que nunca lo has hecho, no lo hagas ahora.

—¿Cómo podría? —Spencer cubre la mano de Aarón con la suya y sonríe—. Es lo más grande que tenemos ahora.

El alfa también sonríe, sobre todo al notar el cambio en el ambiente, pero aún no ha terminado de hablar.

—Spence, escúchame… Sé que suena más fácil de lo que es, pero eres el doctor Spencer Reid, sé que puedes ignorar a los idiotas que están allá afuera. No eres solo la omega embarazada del equipo, mucho menos la pareja del jefe ni el chico joven que no tiene la experiencia suficiente.

»Eres una pieza fundamental en este caso, igual que en muchos otros. Si tú no haces tu parte todo nuestro trabajo se va a pique. Encuentras cosas que no vemos, recuerdas lo que nosotros no… Eres más necesario que, incluso, el capitán de este lugar. Dios, tú eres…

No puede completar la oración, dado que el omega lo atrae hacia él en un beso que le corta la respiración. Mierda, debe tener sumo cuidado de no aplastarlo con su propio cuerpo, pero le cuesta pensar mientras la lengua de Spencer explora el mayor espacio posible dentro de su boca.

No pone atención a su lobo, sabe que corre emocionado y enreda sus patas con las del zorro de Spencer, mientras ambos aúllan de emoción en la misma sinfonía, pero no le importa. Lo único que quiere, más que nada, es marcar su propio ritmo sobre este beso.

Y es lo que hace, lo más cercano a un animal desesperado y hambriento en su estado natural. Ahora es él quien chupa y muerde, mientras el omega, obediente, se deja hacer, como si fuera lo que quería desde el comienzo.

No quiere, pero se separa de Spencer para respirar, aunque no le importaría la muerte si estas son las condiciones. Nota que ambos están sin aliento y lo intentan recuperar, sin romper el contacto visual que, de una manera clara, le muestra a Aarón las pupilas dilatadas de su pareja.

—Lo lamento, yo… —Spencer jadea y traga saliva, a la vez que no se decide si mirar a los ojos de Aarón o sus labios—. Me decías lo increíble que soy y yo solo reaccioné. Te interrumpí, perdón.

—Buena reacción. —Aarón sonríe.

—Es increíble como estuve llorando, luego me siento feliz y ahora me entran muchas ganas de besarte. Yo… De verdad sí son las hormonas del embarazo.

Spencer ríe y Aarón es feliz por ello. Necesita esta versión de él, achispada y viva, como el chico genio que conoce. No está dispuesto a dejar que nadie vuelva a apagar ese fuego que todo lo consume. Y para que eso pase, va a tener que aclarar un par de cosas cuando salga.

Notes:

Hotch en plan: ¿QUE LUIS MIGUEL QUÉ? ¡NO SE METAN CON LUIS MIGUEL! 🗣️

Cuestión que: nunca toquen ni hablen mal de un omega con un alfa, porque la pasarán mal debido a ello.

Jeje, nos vemos! 🍃

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