Actions

Work Header

Discordia

Summary:

"A Lan Xichen le habían llegado advertencias del temperamento de su esposo, pero no les había dado importancia hasta ahora."

Notes:

Situado antes del fic 4. Tormento

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando se trataba de hacer las cuentas, Lan Xichen prefería trabajar en solitario. No prolongaba la tarea con charla amena; no arruinaba su tiempo compartido con pensamientos de negocios. Se concentraba en la tarea hasta terminarla, para luego sacarla de su mente. No estaba muy contento de escuchar a Jiang Cheng tocar la puerta, pero aún así contestó cortésmente:

"Entra."

Jiang Cheng entró apresuradamente en la habitación, y se tropezó de canillas con el guqin de Lan Xichen que estaba entre el escritorio y la puerta.

"¡Cuidado!" Exclamó Lan Xichen. Las cuerdas de guqin chillaron en protesta.

"¡Ay!", gritó Jiang Cheng. "¿Qué hace eso ahí?"

Sin responder, Lan Xichen pasó del escritorio al instrumento y lo examinó en busca de daños.

"¿Qué – ?" Jiang Cheng comenzó a repetir.

"¡Espera un minuto!" dijo Lan Xichen. Silenció las cuerdas resonantes, pasó las manos por la caja de resonancia y tocó una nota de prueba. Jiang Cheng se giró para hacer una mueca de dolor por sus piernas. Lan Xichen dejó escapar lentamente el aliento. El timbre del guqin sonaba igual.

"Ya está," dijo, obligándose a suavizar la voz. "Todo está bien."

Jiang Cheng se enderezó, su expresión aterradora. "¿Qué está haciendo eso ahí?" preguntó nuevamente.

"Estaba practicando," respondió Lan Xichen brevemente. Se dio vuelta de rodillas, tornándose hacia su escritorio otra vez. "¿Tenías algo que preguntarme?"

"Sí tengo." Jiang Cheng dio un paso beligerante hacia el escritorio, de modo que su sombra tapaba el papeleo de Lan Xichen. "¿Y por qué practicar significa dejarlo en medio de la habitación para que me caiga?"

Lan Xichen no dijo nada. Sacó las cuentas de su sombra y las llevó a la luz de la lámpara.

"¿Acaso no hay un cuarto de música o algo?" dijo Jiang Cheng.

"Si no te gusta como tengo mi cuarto –" comenzó Lan Xichen.

"¿Entonces para qué entro?" Lo interrumpió Jiang Cheng. "Y qué hay de tus sirvientes y discípulos?" Sonaba tan indignado que Lan Xichen se giró para mirarlo a la cara. Traía los ojos y la boca bien abiertos y las cejas en dos arcos desafiantes. "¿Crees que les gusta tropezarse con tus cosas cada que entran a limpiar? Hay una forma adecuada de mantener una habitación, y no es esta. Mis hermanos no habrían tolerado que dejara mis pertenencias tiradas por ahí."

"Bastante severo de su parte," dijo Lan Xichen. El rostro de Jiang Cheng se torció en una sonrisa irónica.

"Nunca has compartido habitación en tu vida, ¿verdad?" preguntó.

Si Lan Xichen tenía que continuar con esta conversación, al menos no tenía que hacerlo mientras se torcía el cuello hacia arriba para mirar a Jiang Cheng. Se puso de pie.

"Hay un cuarto de música," dijo, "pero está al otro lado del recinto, y como habrás notado, tengo muchos asuntos por atender."

"Estás muy ocupado como para caminar dos minutos?" preguntó Jiang Cheng. No lucía comprensivo ante la carga de trabajo de Lan Xichen, y tampoco mostraba señal alguna de dejarlo continuar trabajando.

"Prefiero tener mis instrumentos al alcance para los descansos entre tareas," dijo Lan Xichen. O para cuando necesitaba un momento para pensar, o cuando no soportaba pasar más tiempo pensando sin un breve descanso. Hacía toda la diferencia del mundo el tener a su guqin a los pies que tenerlo a dos minutos de caminata. Pero no había por qué explicarle los detalles de sus hábitos a otra persona.

La boca de Jiang Cheng se torció con escepticismo. "Te las debiste haber arreglado en el pasado, para lograr ser tan renombrado," dijo. "¿O partirse las canillas es otro de los peligros de los Recesos de las Nubes?"

¿Acaso siempre tienes que explayar tanto el punto? Pensó Lan Xichen. Su boca se sentía llena de respuestas imprudentes. Frunció los labios para contenerlas, las exhaló por la nariz, y respondió con calma.

"Solía dejar mis instrumentos en el cuarto de al lado, pero esa habitación tiene un uso diferente ahora."

Asintió hacia la puerta que conducía al cuarto de Jiang Cheng.

Jiang Cheng se quedó muy quieto. Echó un vistazo por encima del hombro, como si de repente tuviera miedo de lo que vería tras él.

"Recientemente ha habido algunos cambios en mi hogar," dijo Lan Xichen. "Suplico tu paciencia."

Volvió a su escritorio y se arrodilló, retirando sus mangas con cuidado para que cayeran suavemente a su alrededor. No tenía idea de por qué Jiang Cheng estaba aquí buscando pelea, pero no encontraría ninguna aquí. Era imposible discutir con Lan Xichen.

"¿En qué estás trabajando?" preguntó Jiang Cheng.

A salvo de miradas, Lan Xichen cerró los ojos.

"¿En qué estás trabajando?" repitió Jiang Cheng.

En nada, hasta que me dejes trabajar, pensó Lan Xichen.

"Negocios," dijo en breve.

"Déjame ver," dijo Jiang Cheng. Dio un paso adelante hacia la línea de visión de Lan Xichen y quiso tomar los papeles.

Lan Xichen puso una mano y presionó los papeles contra el escritorio. Jiang Cheng le lanzó una mirada asesina, agarró la esquina del fajo y tiró. Lan Xichen dudó. Fácilmente podría evitar que Jiang Cheng hiciera cualquier cosa que no quisiera que hiciera, pero esta conversación ya era ridícula. No iba a pelear con su marido como un estudiante por un libro prohibido. Levantó la mano y Jiang Cheng tomó los papeles para hojearlos.

"Estas son cuentas," dijo, revisando una página de arriba a abajo. "Con razón no tienes ni dos minutos libres. ¿No deberías delegar esta clase de cosas?"

"¿A quién?" preguntó Lan Xichen. "¿A mi venerable tío?"

"¿Qué tal tu marido?" espetó Jiang Cheng. "¿Acaso no es usual que el cónyuge de un líder de secta administre el hogar?"

"No es necesario que asumas ese trabajo," dijo Lan Xichen. No seas mártir, casi añadió.

"¿Cuál," dijo Jiang Cheng, "fue el punto de casarte conmigo si no vas a dejar que reduzca tu carga de trabajo?"

"Podrías reducir mi carga de trabajo dejándome trabajar," dijo Lan Xichen. Extendió su mano, buscando tomar los papeles de vuelta. Jiang Cheng no hizo ningún movimiento para devolvérselos.

"Déjame esto a mí," dijo.

"No hay necesidad."

"¿No puedes confiarme una página de sumas?"

"¡No pongas palabras en mi boca!" Lan Xichen se puso rápidamente de pie nuevamente. "Muy bien. Si de verdad quieres –"

"Lo que quiero," dijo Jiang Cheng, "es que te lleves ese instrumento a tu cuarto de música, donde pertenece –" Lan Xichen abrió su boca, sin estar seguro, por primera vez en años, de lo que saldría, pero Jiang Cheng le ganó. "– y quiero que lo toques ahí. Y la próxima vez que te encuentres demasiado ocupado para caminar de un cuarto a otro, dame algo de tu trabajo. Si te pone tan irritable no tener tiempo para tocar música, entonces has tiempo. Por todos los cielos."

Una pausa. Se miraron el uno al otro.

Hay un extraño en mi casa, pensó Lan Xichen vertiginosamente. El rostro de Jiang Cheng le era tan desconocido e ilegible en ese momento como el lado oscuro de la luna. Su presencia ajena pareció desaparecer delante de él y enfriar la habitación. Hay un extraño en mi casa. ¿Quién es este hombre? ¿Qué tiene él que ver conmigo? ¿Cómo podremos entendernos los dos?

Jiang Cheng chasqueó los dedos con impaciencia y señaló la puerta.

"Anda."

Con los ojos de Jiang Cheng brillando con furia y su propio control tan repentinamente desgastado, parecía imprudente quedarse, así que Lan Xichen se metió su guqin en la manga y se fue.

 

* * *

 

El guqin había quedado desafinado, después de todo. Lan Xichen colocó el instrumento en su lugar en la sala de música y comenzó a arreglarlo.

Esta habitación había sido poco utilizada antes de su matrimonio, y rara vez había tenido motivos para entrar en ella. La segunda habitación del hanshi había funcionado como sala de música originalmente, aunque nunca llevó ese nombre. Cuando Jiang Cheng llegó a los Recesos de las Nubes, los discípulos hicieron todo lo posible para organizar esta habitación a gusto de Lan Xichen. Todos sus instrumentos y libros de música estaban allí, todos apilados en el orden equivocado y orientados en direcciones extrañas. Pero de todas formas era preferible a practicar en el hanshi, donde parecía que su concentración y sus pertenencias corrían el peligro de romperse en cualquier momento.

Giró con cuidado cada clavija de afinación, escuchando atentamente en busca de cualquier sonido raro. ¿Pasearse de ida y vuelta por el recinto cada vez que quería disfrutar unos cuantos momentos de música entre tareas? ¿Todo para mantener su guqin fuera del camino de un hombre que no podía fijarse por dónde iba?

Con el guqin ya afinado, Lan Xichen posicionó sus manos sobre las cuerdas, luego paró, sorprendido de encontrar un muro de resistencia dentro de sí. Ve y toca tu instrumento, había dicho Jiang Cheng. ¿Realmente Lan Xichen iba a hacer lo que le ordenaban?

A ver, quien escupe al cielo en la cara le cae, de dijo a sí mismo. Había estado esperando todo el día por una oportunidad para tocar. Que las circunstancias no fueran ideales – bueno. Si tocara, le ayudaría a pensar.

Mientras calentaba sus manos, Lan Xichen reflexionó sobre todo el intercambio de hace rato. ¿Debería haber permitido que Jiang Cheng lo enviara a alguna parte? ¿Que le ordenara salir de su propia habitación? Un esposo no estaba al nivel de un discípulo cualquiera, o incluso de un familiar, pero aun así...

El sonido áspero de las cuerdas del guqin puso en evidencia su mal humor tan claramente como si hubiera ardido en ira. ¡Que lo mandaran a estudiar como a un niño! ¡Incluso de niño no había necesitado que lo hicieran! Tal vez Jiang Cheng había necesitado que sus mayores le dijeran qué hacer; tal vez por eso pensaba que ese tipo de discurso era normal –

No, pensó Lan Xichen. No pensaría mal de la vida que Jiang Cheng había perdido tan de repente y con tanta crueldad. Pero incluso cuando intentaba redireccionarse, su mente formó otra imagen: Jiang Cheng y Wei Wuxian dibujando una línea por la mitad de una habitación compartida y exigiendo que se quitaran los juguetes que caían del lado equivocado, peleándose mientras su hermana intentaba calmarlos. Lan Xichen cerró los ojos ante la imagen. Por todos los dioses, se había casado con un muchacho.

No estaba tocando música con energía espiritual, pero para Lan Xichen la diferencia entre música sagrada y la ordinaria era solo superficial. Toda música podía hablarle al espíritu, si uno se lo permitía. Comenzó una pieza compuesta más para entrenar los dedos que para el deleite auditivo, y dejó que sus patrones lo calmaran hasta poder pensar claramente.

¿Qué clase de hombre había desposado?

La opinión popular decía que Jiang Fengmian había sido un hombre valeroso; su esposa una mujer honorable, pero fría y severa; y que Wei Wuxian se parecía a su padre adoptivo, y Jiang Wanyin a su madre. La opinión de Lan Xichen era que la gente no seguía los pasos de sus mayores sólo porque sí, y que tenían sus razones para ser valerosos, fríos, o severos, si uno se molestaba en averiguarlas.

En otras palabras,

¿Cómo era Jiang Cheng, en verdad? Había sido reservado, al principio, pero eso no quería decir era reservado. Había estado calladito como un invitado en su mejor comportamiento – o como un prisionero, esperando a que le cayera el hacha. Pero tenía que bajar la guardia en algún momento, ¿y entonces qué habría detrás? El Jiang Cheng que se le había ofrecido con timidez bajo la lluvia primaveral se sentía muy lejano ahora – e incluso ese Jiang Cheng había tenido espinos en su hablar, aunque Lan Xichen no se los había tomado a mal en ese momento. Lan Xichen había ignorado todas las advertencias, había estado tan convencido de que no había mal genio que no pudiera contrarrestar con su genio apacible. Pero si Jiang Chen iba a armar el zafarrancho cada vez que le importunaban...

La música fluyó de las cuerdas del guqin, calmada y en orden. Lan Xichen moldeó sus pensamientos para seguirla. Cuando las personas se comportaban frías o severas, tenían sus razones. ¿Cuál era la razón de Jiang Cheng?

Bueno, acababa de lastimarse, suplió la mente de Lan Xichen irónicamente. Eso no puede haber ayudado.

Había entrado a la habitación para preguntar algo, y Lan Xichen nunca le preguntó qué necesitaba. ¿Habrá sido algo importante?

Santo cielo, no había sido idea de su esposo remodelar el antiguo cuarto de música de Lan Xichen. Ni siquiera sabía que así se había hecho hasta que Lan Xichen se lo echó en cara como una acusación.

Lan Xichen suspiró. Sí, Jiang Cheng había hablado con brusquedad, pero ¿a la final qué había hecho? Envió a Lan Xichen a divertirse, mientras que Jiang Cheng se encargaba de su trabajo por él. Los dedos de Lan Xichen estaban produciendo una melodía más fluida, ahora, y sus oídos la seguían con deleite incluso cuando su mente estaba en otra parte. El pequeño cuarto estaba tranquilo y lleno de música. Lan Xichen sintió una punzada de vergüenza.

Si voy a ser tan desagradecido, pensó, entonces tal vez mi esposo tenía razón. Merezco que me envíen a otro lado hasta que me haya calmado.

Jiang Cheng podría comportarse como un huésped, pero no lo era. Tenía derecho a su espacio en el hanshi. Tenía que vivir con él, no evitarlo. Lan Xichen alternó el patrón con sus manos, llenando la habitación con la música más tranquila y encantadora que podía componer. Iba a sentarse aquí durante una o dos horas y disfrutaría de esta oportunidad para descansar. Quitaría de su mente la persistente preocupación de que Jiang Cheng estuviera llenando su contabilidad con errores, o que no pudiera hacerlo exactamente como Lan Xichen lo hubiera hecho él mismo. Y luego regresaría al hanshi, hablaría tranquilamente con su marido, y vería que pasaría después.

 

* * *

 

La noche se acercaba cuando Lan Xichen volvió a entrar a su habitación. Medio esperaba encontrar a Jiang Cheng todavía ahí, tal vez inclinado sobre las cuentas con una expresión de mártir, pero la habitación estaba vacía. Una sola lámpara ardía sobre el escritorio. Todos los pinceles habían sido lavados y guardados. En el centro del escritorio se encontraban las cuentas cuidadosamente apiladas, fijadas en su lugar bajo un pisapapeles como una admonición.

Lan Xichen tomó los papeles y les echó una ojeada, pero resistió la tentación de leerlos de principio a fin. El propósito de la oferta de Jiang Cheng había sido para ahorrar tiempo, no tenía sentido hacer el trabajo dos veces.

Tal vez el propósito de la oferta de Jiang Cheng había sido comprobar un punto. Si era así, lo había logrado admirablemente. Su trabajo se veía perfecto.

"¿Jiang Cheng?" llamó suavemente Lan Xichen, tocando la puerta que separaba sus habitaciones. No hubo respuesta. Deslizó la puerta para abrirla y entró. Era la primera vez desde su boda que ponía un pie en ese cuarto. Era chocante verlo reorganizado, con cómodas y roperos donde antes había estanterías; con una cama nueva contra la pared donde Lan Xichen siempre había colocado los libros que usaba tan frecuentemente que no tenía sentido guardarlos. Había adornos y cubrecamas que habían sido meticulosamente elegidos para ayudar a un discípulo de Yunmeng Jiang a sentirse como en casa, pero había muy poco que revelara algo del mismo Jiang Cheng. Sandu yacía en un estante a lo largo de una pared, con su vaina brillando intensamente. Sobre uno de los postes de la cama colgaba una campana con borlas, tallada en forma de loto.

Lan Xichen apartó la vista abruptamente, sintiéndose como un voyerista. Cruzó el cuarto rápidamente y salió por la otra puerta, saliendo al aire fresco.

Si su esposo no estaba en la habitación, entonces ¿dónde estaba? No había tenido tiempo, aún, de habituar ciertas rutas por los Recesos de las Nubes, como para que Lan Xichen pudiera encontrarlo en cualquier momento y decir 'Pensé que podría encontrarte aquí'. A duras penas parecía tener hábitos, o preferencia alguna. El corazón de Lan Xichen se estrujó con culpa. Aparte de su habitación, ¿a dónde más podría ir?

Fue en el patio de grava blanca donde los encontró, con la Pared de Disciplinas de un lado y una pileta ornamental del otro. Jiang Cheng de azul oscuro y Lan Wangji de blanco, arrodillados en meditación lado a lado.

Lan Xichen se arrodilló también, a la vista. Su postura dejaba en claro que no los interrumpiría hasta que estuvieran listos, pero él no iba a meditar. El silencio se prolongó durante varios instantes. Lan Xichen se dejó arrullar por el suspiro del viento, el chapoteo del estanque. Un pez saltó en el agua con un chapuzón seco.

Al fin, Lan Wangji comenzó a moverse.

"Xiong-zhang," dijo.

Jiang Cheng mantuvo la mirada al suelo con su boca puesta en línea recta.

"Te estaba buscando," dijo Lan Xichen, "Jiang Cheng."

Los ojos de Jiang Cheng se dirigieron de reojo a Lan Wangji, casi como si estuviera buscando una intercesión.

"Nunca me dijiste qué era lo que buscabas hoy temprano" dijo Lan Xichen suavemente.

"Sólo quería preguntarte si necesitabas ayuda," murmuró Jiang Cheng. "Eso era todo."

Lan Xichen pausó ante eso.

"Fue muy considerado," dijo Lan Wangji en voz baja. "Xiong-zhang tiene mucho trabajo por hacer."

Sus ojos se posaron brevemente en Lan Xichen. Este le devolvió la mirada. ¿Acaso lo estaban regañando?.

"Regresa al hanshi," dijo Lan Xichen. "Mandaré por té."

Lan Wangji cerró los ojos de nuevo, regresando a la meditación.

Jiang Cheng se puso de pie lentamente, con los hombros tan rígidos como si Lan Xichen lo fuera a agarrar por las orejas. Un muchacho, repitió la mente de Lan Xichen. Puso de lado la idea. Él estaría calmado, y entonces Jiang Cheng aprendería a mantenerse calmado también.

Caminaron de vuelta al hanshi en silencio. Lan Xichen trataba de mantener su silencio pacífico. El de Jiang Cheng parecía más la calma antes de la tormenta.

Lan Xichen le indicó con un gesto que se sentara y colocó la tetera en la llama para calentarla. Luego giró hacia el escritorio. El momento en que tomó los papeles, Jiang Cheng habló.

"¿Están bien, entonces?" Su voz sonaba tan tensa como una cuerda de guqin.

"Intachable," respondió Lan Xichen. "Muchas gracias por quitarme esta tarea de encima."

Jiang Cheng asintió una vez, se mantuvo quieto como una roca por un momento y luego agarró aliento. De repente, a Lan Xichen se le ocurrió que tal vez no había estado rígido y en silencio porque temía que Lan Xichen continuara con la pelea. Podría haberse estado preparando para continuarla él mismo. El estómago de Lan Xichen se revolvió, pero entonces Jiang Cheng movió sus brazos hacia adelante en una perfecta reverencia.

"Lan Xichen," dijo, "la forma en la que hablé fue inexcusable. Te ruego que lo pases por alto esta vez; te prometo que nunca más volveré a comportarme así –"

"¡Jiang Cheng – !" Lan Xichen se movió hacia adelante sin pensarlo dos veces, alcanzando a Jiang Cheng bajo los brazos. Los ojos de Jiang Cheng habían estado fijos en el suelo, pero ahora miraba a Lan Xichen. No había ningún teatro ingenioso en su expresión. Parecía verdaderamente desolado.

"Soy yo quien debería disculparse," se adelantó diciendo Lan Xichen, cualquier prejuicio fue lanzado por la borda ante la necesidad de tranquilizarlo. "Sólo tratabas de ofrecerme ayuda. Tenías razón al criticarme por mi tonto comportamiento."

La boca de Jiang Cheng reaccionó. "¡Tenía miedo de haberlo roto!" exclamó. "¡No podría soportarlo si dañase algo valioso para ti!"

"Yo también tenía miedo de que se haya dañado," confesó Lan Xichen, con su corazón derritiéndose.

"¿Entonces por qué lo dejaste tirado por ahí?" gritó Jiang Cheng. Las palabras salieron de él como vapor humeante, saliendo ardiente y disipándose a la nada después. Lan Xichen soltó una carcajada exasperada. La boca de Jiang Cheng también se movió un poco, su sonrisa contrastaba con la ansiedad aún presente en sus ojos. El aire entre ellos parecía fluir más, toda tensión disipada.

"Tarde o temprano iba a ocurrir un accidente," dijo Lan Xichen con un tono conciliador. "Te pido perdón. Todavía no me acostumbro del todo a la nueva renovación, eso es todo."

Jiang Cheng asintió. Recuperó la compostura, dejó de sonreír y fue borrando aquel terrible pánico de sus ojos. Lan Xichen le sirvió una taza de té, él la aceptó en silencio. Tomó un sorbo, y volvió a hablar.

"He estado pensado," dijo, "que debería mudarme a otro cuarto."

Lan Xichen sintió que su mal genio volvía rápidamente a la vida. Había pensado que su disculpa incondicional podría hacer que Jiang Cheng dejara esta pelea atrás, pero no. Le estaba tendiendo una fresca trampa de culpa.

"No seas absurdo," espetó.

"¡No lo soy!" gritó Jiang Cheng. "Ya llevamos algún tiempo de casados. No necesitamos mantener esta – " Hizo una pausa, buscando la palabra adecuada, luego se rindió y señaló sus habitaciones y a ellos mismo con un brazo. "Por favor," continuó. "Soy nuevo por aquí; no sé cómo organizan sus vidas. Haré lo que sea más conveniente, ¡pero no puedo saber qué es eso a menos que me lo digas! ¡Por favor sólo dímelo!"

Su voz había pasado del enojo a la súplica. Lan Xichen se dio cuenta de que no le estaba poniendo trampa alguna. Se había tomado en serio la queja de Lan Xichen sobre las habitaciones. Estaba siendo sincero.

Y su sugerencia no era absurda, en realidad no. Lan Xichen pensó en Jin Guangshan, en Jiang Fengmian, manteniendo a sus esposas a una distancia respetable. Pensó en su propio padre. En Wen Chao. Nadie se sorprendería si él mismo quisiera poner a su nuevo esposo donde ahora estaba su guqin, y mantener al guqin más cerca. Casi que era lo esperado. Era lo que él había esperado, cuando Jiang Cheng pidió su mano. El poder organizar su vida exactamente como había sido antes de la llegada de Jiang Cheng. El corazón de Lan Xichen se sintió vacío y frío al pensarlo.

"Esto es conveniente," dijo, con su tono más gentil. "Me gusta tenerte cerca."

La desesperación pareció desaparecer de Jiang Cheng tan rápido como había llegado, dejándolo colgando como una bandera en un día sin viento. "Soy una molestia para ti," murmuró, su voz luchando por salir. "Yo debería – "

"No, yo insisto," dijo Lan Xichen. "Te quedarás justo donde estás."

Mientras Jiang Cheng lo miraba, Lan Xichen vio como su rostro se iluminaba con algo, luchando contra el peso de la ira y el temor como una flor de campanilla desplegándose por sobre la marga. Esperanza. El alivio de no perder el favor de su marido a causa de unas palabras mal escogidas. Le dolía observarlo.

"Oh, Jiang Cheng." Dijo Lan Xichen, y estiró sus brazos hacia él, lentamente. Jiang Cheng no hizo ademán de acercarse, o alejarse. Se mantuvo inmóvil mientras Lan Xichen lo estrechaba entre sus brazos. Se sintió extraño, por un momento, el sostener a Jiang Cheng cerca de su corazón con su humor tan alterado. Pero luego sus ánimos se calmaron. Lan Xichen los mantuvo en su abrazo y se aferró con fuerza.

"Sólo si quisieras quedarte," dijo. "Si pudieras perdonar a este solterón por sus malos hábitos."

"Sólo quiero – " dijo Jiang Cheng con voz ronca. "Es algo muy simple, puedes poner tu instrumento donde quieras; sólo tendré más cuidado..."

"No" dijo Lan Xichen. "Pondré mis cosas donde pertenecen."

Jiang Cheng escondió su rostro en el hombro de Lan Xichen, apoyándose con todas sus fuerzas.

"Sólo quiero que las cosas sean agradables para ti," dijo con su voz tan amortiguada que casi no se podía escuchar. "Yo debería lograr por lo menos eso."

"Si quisieras hacer una cosa por mí," dijo con cautela Lan Xichen.

Jiang Cheng se sentó y le miró. "¿Qué necesitas?" preguntó.

Lan Xichen recordó la oferta de Jiang Cheng; las palabras de Lan Wangji en la pileta. Tragó saliva.

"Si pudiera delegar un tiempo cada día para practicar," dijo, "en lugar de hacerlo cada que puedo... no importa, pero yo – lo disfrutaría. Si estuvieras dispuesto a seguir haciendo un poco de trabajo administrativo – "

"Claro," dijo inmediatamente Jiang Cheng. "Claro que sí."

Lan Xichen colocó una mano en su mejilla. Esa expresión de esperanza tan abierta le facilitó guiar a su mente fuera de la defensiva hacia un camino más generoso. Había un extraño en su casa; un extraño tan guapo que sería un placer encontrarlo en cualquier parte del mundo. Un extraño a quien podría llegar a conocer.

"Ven, Jiang Cheng," dijo. "Tenemos algo de tiempo antes de la cena. Pasémoslo juntos."

"Si quieres," dijo Jiang Cheng. "¿Qué podríamos hacer? ¿Te gustaría... tocar para mí?"

Lan Xichen sonrió. Jiang Cheng nunca había mostrado interés en la música – pero lo estaba mostrando ahora, por él. Balanceando entre dos sentimientos, Lan Xichen eligió el camino altruista.

"Me encantaría," dijo, soltando a Jiang Cheng. Dio media vuelta, y cayó en cuenta. " – pero mi guqin está en el cuarto de música."

"Oh, bueno, está al otro lado de la luna entonces," dijo Jiang Cheng, en una versión frágil de su tono normal. Estaba recuperando el equilibrio con tanta determinación como Lan Xichen. "Vamos, está justo al otro lado del recinto. Caminaremos juntos."

Notes:

Con esta última acabo con lo que tenía posteado en Wattpad. Me faltan los últimos dos fics de la serie para acabar con este proyecto de traducción, ojalá pueda sacar el siguiente pronto!

Gracias por leer :)

Series this work belongs to: