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**18 de febrero, 1907**
La noche era fría; afuera la nieve caía lentamente. Dentro, en cambio, la casa estaba cálida. La única luz encendida provenía de un par de velas en la habitación de un pequeño niño de seis años, de ojos grises y cabello azul.
一 ¿Hermano...? 一 una voz suave sonó desde la puerta de la habitación. Una niña de cinco años, de ojos verdes y cabello negro con mechas rosas, entró despacio 一. ¿Qué estás haciendo? 一 preguntó curiosa, mirando la libreta de su hermano 一. ¿Ese es nuestro apellido?
一 ¡Mhm! 一 el niño asintió, sonriendo一. Esta libreta es una promesa: tú y yo haremos que nuestro apellido sea importante. 一 Dejó la pluma a un lado y volteó a ver a su hermana一. ¡Juntos!
La niña sonrió emocionada.
一 ¿Lo prometes?
一 ¡Lo prometo!
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**31 de Diciembre, 1910**
La nieve caía afuera y, dentro, las risas llenaban el hogar. Las gemelas Sakuya y Koharu, ambas de 5 años, de cabellos negros, corrían por la casa persiguiendo al pequeño gato negro de la familia.
Rokurou —o Louie (un día su nieta lo llamó así y desde entonces se quedó)— estaba preparando los últimos alimentos para la cena.
Joruri —o Jojo, apodo puesto por su nieto mayor— estaba poniendo la mesa para la cena de Año Nuevo. Hablaba con su esposo y, de vez en cuando, echaba un vistazo a la ventana que daba al patio, donde jugaban sus dos nietos mayores: An'ya y Hizuki Tsukinaga.
Hizuki y An'ya se lanzaban bolas de nieve, corrían por el jardín y hacían muñecos de nieve.
Todos la estaban pasando bien. La calidez del hogar se sentía en cada rincón de la finca; las luces iluminaban hasta el rincón más oscuro y las chimeneas calentaban toda la casa.
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**11 de noviembre, 1910**
一 Feliz cumpleaños, cariño 一 Jojo felicitó a su nieto, que cumplía 10 años, mientras le entregaba una caja blanca.
El niño sonrió mientras la abría. Dentro se encontraba un lindo haori negro, con el cuello azul grisáceo y un difuminado del mismo color en la parte baja; una luna llena en medio y bordes plateados.
一 Abuela Jojo... ¡es hermoso! Muchas gracias 一 volvió a sonreír mientras se ponía el haori.
一 Me alegra que te guste, cariño 一 Jojo acarició la cabeza del niño, despeinándolo un poco.
一 Y yo te tengo esto, Gumball 一 Louie le entregó una caja negra.
El niño la abrió con la misma emoción que antes y volvió a sonreír al ver lo que había dentro: una libreta azul oscura con dibujos de estrellas plateadas y una mochila parecida al libro.
一 Muchas gracias, abuelo Louie 一 tomó las cosas y miró a sus abuelos一. ¡Muchas gracias por los regalos! Los cuidaré muy bien, lo prometo.
Ambos adultos sonrieron.
一 Tus padres no podrán venir, pero tu madre te manda esto 一 Jojo le entregó una pequeña caja negra con un símbolo de luna.
Hizuki —o Gumball, apodo que las gemelas le pusieron cuando eran más pequeñas— ya tenía una leve idea de qué se trataba. Tomó la caja y la abrió con una mezcla de nervios y emoción. Su mirada se iluminó con mucha ilusión: los aretes de su madre.
Unos aretes un poco largos, de plata, con una piedra azul en la parte alta y un diamante en forma de luna en la parte baja. A Gumball siempre le habían gustado los aretes de su madre. Sonrió, y su sonrisa se agrandó al mirar a sus abuelos con ilusión, justo antes de que su abuela le dijera que era hora de ponérselos.
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**31 de diciembre, 1910**
La familia estaba en el comedor; platicaban de cualquier cosa que se les ocurría. Hizuki servía el té, An'ya se reía de los chistes sin gracia del abuelo, Jojo regañaba a Sakuya por comer con las manos, mientras Yoruha le daba al gato las cosas que no le gustaban comer.
Louie se había levantado a buscar un poco más de leña. Cuando iba de regreso, pasó por la puerta de entrada y escuchó que la tocaban. Fue extraño: su hijo y su nuera no regresarían hasta dentro de unas semanas. Dejó la leña en el suelo y se dirigió a la puerta.
Al abrirla, se encontró con un hombre alto, de piel pálida... ya sabía lo que seguía.
一 Mucho gusto, Rokurou Kurogane 一 habló el hombre一. Tu hijo habla mucho de ti. 一 Sonrió mientras tomaba la cabeza de Louie con una de sus manos一. Te adora... es una lástima.
Aplastó su cabeza con la mano hasta hacerla estallar.
El sonido del cuerpo cayendo al suelo llamó la atención del resto de la familia.
