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Exiliado

Summary:

Obito abrió la boca para discutir, pero Deidara lo miró con esa expresión de "inténtalo y te lanzo por la ventana", y el pobre Uchiha supo que ya había perdido. Bufó dramáticamente, agarró una almohada y salió del cuarto, murmurando algo sobre cómo su vida era injusta y cómo debía haber reglas contra que los invitados tomaran el control de una casa que ni siquiera era suya.

ó

Una pelea tonta y Obito duerme en el sillón

Notes:

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Work Text:

Era tarde en la noche en casa de los Uchiha, y en el cuarto de Obito, la guerra había estallado.

— ¡No me importa, un! —bramó Deidara, cruzándose de brazos con furia.
— ¡Pero es MI casa! ¡MI cuarto! —Obito Obito agitó los brazos como si intentara espantar a un enjambre de insectos invisibles.

La pelea había comenzado por una tontería. Algo sobre quién se comió la última bolsa de papás o quién dejó los zapatos en el pasillo. O tal vez sobre cómo Deidara, que era el invitado, había acaparado la cama sin siquiera preguntar, como si no existieran límites. La cosa es que ahora Obito estaba metido en un problema.

—¡Además, tú fuiste el que dijo que podía quedarme esta semana! —disparó Deidara.

—¡Sí, quedarte, no usurpar mi existencia! Esta es mi cama, mi santuario. ¡MI ZONA SEGURA!

— No me importa, ahora es mi cama y tú duermes en el sillón. —Deidara señaló la puerta con una autoridad que no debería tener, considerando que era él quien estaba de visita.

Obito parpadeó. — ¿Perdón?

— Que duermes en el sillón.

— Pero es mi cama.

— Y ahora es mi cama, un.

— ¡ES MI CASA!

— No me hagas repetirlo, Obito.

Obito abrió la boca para discutir, pero Deidara lo miró con esa expresión de "inténtalo y te lanzó por la ventana", y el pobre Uchiha supo que ya había perdido. Bufó dramáticamente, agarró una almohada y salió del cuarto, murmurando algo sobre cómo su vida era injusta y cómo debía haber reglas contra que los invitados tomaran el control de una casa que ni siquiera era suya.

—Esto es humillante. ¡Humillante! —masculló mientras caminaba por el pasillo—. Estoy siendo desterrado en mi propio territorio. ¿Dónde están mis derechos como ciudadano?

Llegó al sillón y se dejó caer con un suspiro derrotado, arrugando la almohada contra el pecho. Intentó acomodarse de lado, luego boca arriba, luego de lado otra vez. Ninguna posición funcionaba.

—Claro, como no está diseñado para humanos normales sino para los torturados emocionalmente —refunfuñó.

Miró el techo, con el rostro tenso.

—¿Cómo me dejó ganar tan fácil?
Pero en el fondo le encantaba. Porque era Deidara. Porque incluso siendo insoportable, mandón y completamente invasivo, no cambiaría nada de él. Quince minutos después, escuche pasos suaves. Volteó y vio a Deidara parado en la puerta de la sala, con los brazos cruzados. — ¿Qué quieres ahora? —preguntó Obito medio enterrado en el cojín.

Deidara se acercó con una mueca molesta, pero se sentó en el brazo del sillón.

— Solo… eres un idiota, pero me das lástima, un.

— Oh, qué ternura, me siento amado. —Obito puso los ojos en blanco.

Deidara suspiro, luego rodó los ojos y de repente se dejó caer sobre él, acomodándose cómodamente en su pecho. — Está bien, pero no te emociones, un.

Obito parpadeó, sorprendido, antes de sonreír con arrogancia.

— Oye, si querías dormir conmigo solo tenías que decirlo.

— Cállate.

Obito lo abrazó con una ternura que no se atrevía a mostrar frente a nadie más y se durmió con la sonrisa más tonta del mundo. Sí, había perdido la pelea. Sí, había sido exiliado en su propia casa. Pero al final del día, Deidara estaba acurrucado contra él. Así que, al menos, no había sido una derrota total. Acurrucados y apretados en el sillón, durmieron profundamente.

A la mañana siguiente Obito despertó con algo pesado encima de él. Abrió un ojo y se encontró con un desastre de cabello rubio enredado en su pecho. Deidara dormía como si fuera el dueño del sofá, con una pierna encima de Obito y una mano aferrada a su camiseta. Obito susspiró, sin saber si se sentía fastidiado o derretido de los apretados que estaban en ese sillón. Intentó moverse un poco.

—Vamos, solo un poquito—murmuró. Deidara gruñó en sueños y lo abrazó más fuerte. —¿En serio? —susurró, Obito se quedó mirando las grietas del techo, debatiéndose entre maldecir su suerte o dejarse llevar por el calor que emanaba el rubio.

Y entonces, porque su vida no podía ser normal, escuchó un clic de cámara. Volteó de golpe y vio a Madara parado en la entrada de la sala, con una sonrisa burlona y su teléfono en alto.

— No. —Obito sintió un escalofrío.

—Sí. —Madara miró la pantalla con satisfacción.

— Borra eso.

—Nunca.

Obito intentó sentarse, pero Deidara lo jaló de vuelta, gruñendo medio dormido.

Madara sonrió más. — Bueno, bueno, sigan durmiendo los tortolitos. No se preocupen, este momento hermoso ya está guardado para la eternidad.

Obito solo alcanzó a soltar un gemido de desesperación mientras su padre se alejaba riéndose, probablemente para mandarle la foto a todo su círculo de amigos y conocidos.

 

Notes:

Hace mucho no publico. Feliz año nuevo super atrasado.

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