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Estaban caminando por el pueblo, relajándose unos días después de regresar de una ardua misión en Karmaland. Luzu era una buena compañía, amigo de años, siempre sabía que decir y entendía completamente como Rubius funcionaba como sujeto. Fue reconfortante saber que entendió al instante que ese día no se sentía con energías para hablar y se encargó del resto de la conversación mientras recorrían los diferentes puntos del pueblo -que para ese momento con tantos años que había vivido ahí se lo sabía como la palma de su mano-.
Luzu hablaba de... Muchas cosas, realmente. De un nuevo proyecto en el que estaba trabajando a cercanías de su casa, de como consiguió un nuevo sombrero para Manolo, otra característica interesante de Karmaland que había descubierto, un nuevo templo con spawners cerca de un bosque al que salió a explorar en las lejanías y muchas cosas más. Rubius se encontró tarareando en respuesta, la fatiga de los días llenándole la cabeza, pero necesitaba un descanso y Luzu había sido siempre un buen amigo, tenía esa habilidad para relajarlo.
Solo sonrió levemente, su mirada variando entre Luzu a su lado hablando y el camino que seguían en Karmaland.
"Por cierto, quería regalarle algo a Lanita," mencionó de repente, atrayendo su atención como siempre que cambiaba de tema. La calidez notable en su voz solo logró que Rubius esbozase más su sonrisa.
"¿Oh? ¿Vamos a ir de shopping?" preguntó, levantando una ceja y resoplando brevemente.
Luzu asintió. Rubius finalmente sonriendo completamente al notar como los ojos de Luzu se iluminaron más de lo normal al mencionar a su pareja. "Sí, no es un día especial o algo, pero me dan ganas de regalarle algo. No hará daño."
Rubius asintió repetidamente. "Claro, claro. Aparte Lanita se lo merece," comenzó a tararear de nuevo, solo mirando de reojo como Luzu asentía, con esa expresión de calidez que había visto antes cuando este hablaba de Lana.
Rubius suspiró, caminando a su lado. A veces Luzu y Lana eran demasiado amorosos que sentía le podría dar diabetes, le emocionaba mucho lo lindos que eran con el otro y ambos siempre transmitían con luz el amor que se tenían mutuamente. No pudo evitar mantener su sonrisa en alto y orgullo en su rostro al ver a su amigo amando a alguien que le merecía, alguien con quien congeniaba de forma hermosa y con quien deseaba durara muchos años.
Le hacían recordar a él y Vegetta.
Sintió las mariposas en su estómago ante, no solo el pensamiento de su pareja, sino la hermosa relación de Luzu. Respiró hondo, cerrando los ojos y forzándose a suavizar la dolorosa sonrisa en su rostro, convencido de que se veía tonto sonriendo como bobo a la nada en público.
De repente, inconscientemente por seguir a Luzu, terminaron entrando en una tienda. Rubius regresó a prestar atención cuando la reconoció, era la tienda en la que solía ir a comprar cosas para Nieves y alguna vez para Lana en sus cumpleaños. Atendía una chica súper amable y siempre tenían productos variados así que era una de las tiendas favoritas del pueblo.
Miró el lugar, siguiendo a Luzu en sus pasos mientras recorrían los productos que estaban en exposición, escuchándolo hablar sobre lo que le gustaría comprarle.
"Me dijo que se le estaba acabando un labial de un color específico. Había dicho color Latte, creo..."
Rubius miró las estanterías frente a las que se pararon para revisar, solo observando los diferentes colores y tonalidades.
"¡Ah, mira! ¿No te lo quieres llevar? Perfecto para ti... ¿No, Rabis?"
Eso atrajo su atención y volteo hacía el labial que Luzu estaba señalando. Resopló, una sonrisa inmediatamente llegando a su rostro.
Un labial morado, encima un color vivo que sabía preferiblemente no llevaría en público.
Miró incrédulo a Luzu. "¿En serio?" Entrecerró los ojos al ver como este comenzaba a reír un poco.
"Solo digo, para que beses a Vegetta, Rabis. De seguro lo apreciaría." Luzu le guiñó y Rubius solo pudo girar los ojos de broma.
"Ni loco me lo compro." Dijo, aunque la idea de ponérselo y manchar a su pareja con sus besos estaba comenzando a parecer tentadora.
¿Cómo se vería Vegetta con sus besos alrededor de su piel?
El pensamiento no duró mucho cuando se siguieron moviendo entre estanterías, finalmente encontrando el que buscaban.
Miró por la ventana, disociando un poco al ver la vista de unos ciudadanos caminar y conversar tranquilamente a lo lejos. Cuando se dio cuenta ya había seguido a Luzu fuera del edificio, caminando a su lado sin pensarlo demasiado, mirando al suelo.
Entonces Luzu le extendió una bolsa de la tienda. Se detuvo en la calle, mirándola confuso. ¿Luzu había comprado otra cosa? ¿No iba solo por el labial de Lana? ¿Por qué se lo estaba regalando?
"¿Qué-?" Preguntó, tomando la pequeña bolsa y abriéndola, ni siquiera terminando la pregunta cuando vio el labial, su expresión de confusión pasando rápidamente a una de sorpresa.
Luzu soltó unas pocas carcajadas hacía su reacción y él no pudo evitar bufar en respuesta, sintiendo como sus mejillas se calentaban un poco.
"Ya te lo dije, te servirá con Vegettoide." Luzu sonrió de dientes, divertido ante su mirada molesta.
"Ya... No era necesario. Que sepas que probablemente no lo voy a usar, eh." Exclamó, quedándose a regañadientes con la bolsa.
Luzu solo le siguió sonriendo. "Claro. Bueno, iba a revisar unas cosas con el alcalde, preguntas y eso. Te dejo aquí, Rabis. Te llevaría, pero no te quiero obligar a sentarte por una o dos horas y escuchar cosas aburridas, te cuidas." Luzu lo abrazó y él correspondió.
"Vale, vale… Cuídate también, Luzu"
Lo miró irse por las calles del pueblo y suspiró, su mirada bajando a ver la bolsa en su mano derecha.
Tal vez… Solo tal vez consideraría probarlo.
Hizo una pequeña mueca y sintió su estómago revolverse un poco, retomando su propio camino.
Tocó la puerta, tragando saliva, sintiendo el viento mover su cabello y su ropa. La puerta se abrió poco después, mostrando a su pareja.
"Vaya, Doblas. ¿Qué te trae por aquí? ¿Ya me extrañabas?" Vegetta bromeó, recargándose en su puerta.
"Obvio… Porque hace mucho que no te veo. ¿Cuánto hace? … ¿Dos días?" Giró los ojos.
Vegetta sonrió. "Dos días y un par de horas es mucho. ¿No crees?"
Suspiró y solo escuchó las risillas del otro al hacerse un lado y dejarlo entrar, permitiéndole refugiarse del ambiente fresco.
"Hay mucha brisa hoy" gimió molesto, acomodándose con su mano izquierda un poco el cabello.
"Sí. Pero es agradable, aunque dicen que pronto se avecinan tormentas" Vegetta caminó hacía él luego de cerrar la puerta, este mirando brevemente sus ventanales para luego mirarlo a él y analizarlo, notando la bolsa que cargaba. "¿Qué traes ahí?"
Se quejó brevemente, la vergüenza subiendo a su rostro. "Nada importante." Dijo, sabiendo que el otro iba a insistir.
Y así lo hizo. Vegetta se acercó, con una sonrisa que crecía exponencialmente con cada paso. "¿En serio? ¿Y por qué tan nervioso entonces?"
Desvió la mirada, escondiendo la bolsa detrás de su cadera y pierna. "Nada, es solo… Algo que Luzu compró, y ya está, nada más." Sonrió.
"Ah, ya veo. Algo que Luzu te compró. ¿Y no puedo ver qué es?"
Soltó un suspiro cuando Vegetta pasó una de sus manos por su cadera. Lo miró, apenado, con esa sonrisa nerviosa en el rostro. "Nope."
Vegetta solo le levantó una ceja, rápidamente quitándole la bolsa de las manos.
"¡Hey! ¡Oye! ¡¿Dónde quedó la privacidad?!" Chilló, persiguiendo a Vegetta cuando este se alejó con la bolsa para ver su contenido.
"Mhm…" Vegetta se detuvo al sacar el producto y sonrió con más diversión. "Lindo color."
Bufó, metiendo sus manos en las bolsas de su pantalón. "Lo compró Luzu."
"Sí, ya lo dijiste. ¿Es para nosotros?" Vegetta volteó a mirarlo.
"Supongo…" Desvió la mirada, haciendo una mueca, su cara caliente y su ceño levemente fruncido.
"Entiendo." Inmediatamente después sonó como la caja del labial se abrió y como este mismo fue destapado.
Suspiró, la idea de ponérselo en los labios y besar a Vegetta con él aún permanecía en su mente. Su estómago se revolvió nuevamente ante el pensamiento y bajó la cabeza, cerrando los ojos y apretando los labios en una sonrisa reprimida.
"¿Cómo me queda?" Vegetta habló de repente a sus espaldas.
Rubius se giró y se paralizó por un momento.
Vegetta estaba ahí, con el lápiz labial en sus manos y apretando sus labios después de pintárselos para que el color se esparciese bien. Luego lo miró y sonrió, ladeando la cabeza. "¿Entonces?"
Bueno. Si esperaba que uno de los dos se pusiese el labial, definitivamente no esperaba que fuese Vegetta.
Y definitivamente nunca esperó gustarle tanto la idea de su pareja con los labios pintados de su respectivo color favorito.
"Eh… ¿Bien?" Murmuró, frunciendo levemente el ceño y analizando a Vegetta.
Vegetta rio suavemente, acercándose a él y abrazándolo por la cintura. "¿Me queda bien?"
Resopló, mirándolo fijamente, sus cuerpos pegándose. "Sí. Bien."
"De acuerdo," Vegetta chifló y lo tomó de la nuca con sus manos. "¿Seguro que me queda bien?"
Le miró incrédulo. "A ti todo te queda bien."
Vegetta sonrió de oreja a oreja. "Es verdad." Y le besó en los labios.
Cerró los ojos, deslizándose en el beso, abrazándolo y pegándose aún más a él si era posible. Exhaló al separarse. Solo miró como Vegetta se rio al verlo, ese brillo de calidez resplandeciendo en sus ojos.
"¿Qué?" Preguntó.
"Nada." Vegetta hizo un pequeño murmullo que no captó bien.
Le miró confuso, siendo segundos después sorprendido al comenzar a ser besado en la cara. "¿Huh? … ¿Qu-?" Estuvo en blanco por un instante para luego darse cuenta de lo que estaba haciendo su pareja. "¡¿Me estás manchando?!" Gimió, sus mejillas volviendo a calentarse más.
Vegetta rio y se separó un poco para ver su trabajo en su cara, sus manos aún sosteniendo su cuello. "Pues si que es bueno y de calidad el labial, todos esos besos y permanece tan bien."
Rubius le miró, embobado.
Y de nuevo, si esperaba que uno de ellos llevara el labial y que otro de ellos estuviese manchado de besos este definitivamente no era el orden que había pensado en un inicio. Pero no le disgustaba, al contrario, su corazón estaba latiendo como loco después de un poco tiempo de no hacerlo -es raro que no latiese así saliendo con Vegetta-.
Vegetta solo le siguió sonriendo. "¿Algún problema, chiqui?"
Rubius desvió la mirada y vio de reojo su reflejo en uno de los ventanales. "No es nada…"
"¿Seguro?"
"Sí."
"De acuerdo. Se te ve bien, eh." Vegetta rio y luego se acercó y le besó en la comisura de la boca. "Perdóname… ¿Se supone que el labial era para ti? No me opongo si lo quieres usar, adelante, por mí mejor." Vegetta se acercó a una de sus orejas de híbrido y susurró. "Te verías muy lindo con los labios pintados de morado…"
Tragó saliva y apretó los dientes. "No, está bien, eh… Quédatelo, te queda muy bien."
En su opinión recién formada, a Vegetta le quedaba muy bien tener los labios pintados de morado y a él le quedaba bien estar lleno de sus besos.
"¿Seguro? También me gustaría que me mancharas." Vegetta rio.
Resopló "Estoy bien. Conociéndote lo usarás más que yo."
"Mhm, de acuerdo." Vegetta reanudó su acción de besarlo en el rostro, incluso bajando a su cuello. "Pero un día de estos te pediré que te lo pongas, te ves bien de morado." Susurró entre besos.
Se removió, sintiendo su interior dar vueltas por toda la repentina muestra de afecto -como siempre pasaba cuando Vegetta era cariñoso-. "No creo que importe mucho si me lo pongo primero si fácilmente te lo puedes poner tú y mancharme después."
"También, aunque tampoco estaría mal que te lo pongas tú." Vegetta le dió un último beso y rió nuevamente. "Te ves guapísimo. Te lo dije, que con morado te ves increíble."
"No te creo." Miró con una expresión pensativa su reflejo en el ventanal.
"Créeme." Vegetta también miró hacía el vidrio y solo sonrió un poco más, recargándose en él.
Suspiró. "¿Cómo sabemos que se va a quitar fácil? ¿Qué tal si es permanente?" Gruñó, sacándole más risas al contrario.
"Pues te quedas así. Te ves bonito." Vegetta acarició su cadera con su pulgar.
Solo soltó otra queja, pasando la yema de sus dedos por las manchas de besos en su rostro y cuello, suspirando al ver el pequeño tinte en su piel. "Pero ya hablando en serio… Si es tan bueno como es, va a ser difícil que se quite." Resopló.
Vegetta tarareó, pegándose a él y dándole un último beso en el cuello. "Te ayudo luego, no llores."
Rodó los ojos y Vegetta solo se rio otra vez en su cara.
De vez en cuando Vegetta se pondría de nuevo el labial y Rubius se dejaría besar, claro, solo cuando este último no necesitara salir a la calle. Luzu solo miró entretenido como algunas veces, durante ciertas reuniones, Rubius parecía tener aún pequeñas manchas o residuos de besos morados en su rostro.
