Chapter Text
-¿Se puede saber qué pintamos aquí?
-Ya te lo dije. Derek va a tirar la casa y quiere que le ayudemos a sacar cualquier cosa que se pueda usar.
-¿Y tiene que ser un sábado a las 8 y media de la mañana? Además, ¿no decías que Derek no es tu Alpha?
-Estamos aliados. Te lo dije.
-¿Aliados para limpiarle la casa?
Scott le lanza una mirada furibunda a su amigo, de esas que relampaguean en dorado y Stiles se calla. Pero el silencio del chico dura sólo hasta que visualiza el Porsche de Jackson.
-¡Ugh! Yo me voy, no pienso quedarme aquí para mirar a la parejita.
-¡Oh, vamos, Stiles! No puedes dejarme solo –dice Scott con su mejor mirada de pena.
-No pongas ojos de cachorro, odio cuando lo haces, he dicho que no, me voy.
Justo cuando se dispone a girarse para irse se topa con la pared humana que es Derek Hale, que le mira alzando una ceja.
-Scott, Stiles, habéis venido –dice sin moverse y sin apartar la mirada de Stiles.
-Te dije que lo haríamos, ¿no?
Stiles asume que Derek no va a dejarle marchar, así que se resigna y pone dirección a la entrada. Una vez todos reunidos, entran en la casa, el silencio de Stiles inquieta a Derek más de lo que debería. Observa curioso como el chico mira a todos los rincones de la casa y es que a pesar de haber merodeado infinidad de veces por los alrededores, nunca se atrevió a pisar la casa por dentro.
El reparto de trabajo es fácil y rápido. En gran parte gracias a las dotes de mando de Lydia, quién no tarda en hacerse cargo de la situación. Derek la deja, porque a ella le hacen caso y prefiere no tener que hacerse cargo de los reproches de esa pandilla de adolescentes.
Stiles, como buen curioso, ha esperado a que todos estuvieran lo suficientemente ocupados como para no reparar en su presencia –o más bien en su falta de ella- y aprovecha para investigar la parte superior de la casa.
Al lado izquierdo de las escaleras, la casa parece totalmente derruida y el suelo bastante inestable, por lo que toma el camino a su diestra. Hay seis puertas y la que menos daño tiene está descolgada. Todas excepto una, que permanece cerrada. Andando por el pasillo deja atrás un armario y un baño, el siguiente cuarto es una habitación de niña pequeña: cama con dosel, muñecos ennegrecidos y pintura rosa debajo del hollín y el polvo acumulados. En el interior un baño pequeño que comunica a otra habitación. La habitación de Laura, lo sabe nada más entrar. Lo que otro día fueron cuadros y posters cubren las paredes, una gran estantería, fotos por las mesas… en una de ellas aparece la chica junto con un Derek más joven y una niña pequeña. No le da tiempo a preguntarse quién es la niña, porque la visión de aquella Laura que era antes de encontrar la mitad de su cuerpo hace que sus ojos se mojen y él salga rápidamente. La habitación del final del corredor es la principal. Una gran cama de matrimonio, un escritorio de trabajo, un tocador… Stiles no conoció a los Hale, no que él recuerde, pero ahora mismo, paseando sus habitaciones, es capaz de verlos haciendo la vida normal de una familia. Puede imaginarse con facilidad a la pequeña sentada a una pequeña mesa tomando el té con sus muñecos, a Laura tumbada en la cama escuchando música, al señor Hale sentado en su escritorio mientras la señora Hale le lleva un café y le besa la mejilla…
Sale de la habitación y se apoya en el pasillo, intentando frenar el latido de su corazón para no llamar la atención de ninguno de los que trastean por la planta principal. Cree escuchar un ruido al otro lado del pasillo y mira rápidamente. Pero no hay nada ni nadie. Lo que sí ve es la puerta cerrada y llega a la conclusión de que esa habitación sólo puede ser el cuarto de Derek. Fuerza un poco la cerradura y empuja con el hombro intentando que se mueva. El quejido de la madera se le antoja demasiado sonoro, pero no cesa en su empeño. Para alguien tan ávido de conocimientos como Stiles, Derek es la persona más fascinante que jamás ha conocido –a pesar de que aún le dé un poco de miedo-, y la idea de tener acceso al cuarto de un adolescente Derek es demasiado tentadora.
Al final, con un poco de esfuerzo y un atisbo de moratón en su brazo consigue abrir la puerta. Lo que ve allí, le deja sin palabras.
La luz se cuela por la maltrecha ventana, la moqueta –como en las demás habitaciones- está encharcada y asquerosa, pero de lo que ha visto hasta ahora, esa habitación es la mejor conservada. Las paredes, con franjas de diferentes azules, están cubiertas de libros y diplomas, todos a nombre de Derek Hale. En el escritorio aún quedan sus viejos cuadernos de clase, los abre para descubrir que la letra de Derek es pequeña, apretada y casi femenina de tan cuidada. Se sienta en la cama, que cruje peligrosamente ante su peso. El ruido ha debido alertar a alguien, porque no tarda en escuchar unos pasos subiendo la escalera. Al levantarse ve la esquina de un libro de cuero sobresalir debajo del colchón. Lo coge en un impulso y lo esconde en la espalda.
-Stiles, ¿estás bien? Hemos oído un crujido –dice Lydia. –Bueno, ellos han oído un crujido.
-Tranquila, es esta cama vieja. La he intentado probar para ver si servía, pero me temo que en cuanto alguien se tumbe se puede partir.
Lydia mira curiosa las paredes, sonriendo ligeramente al descubrir el nombre de Derek en los diplomas, fijando su mirada en Stiles.
-¿Has encontrado algo?
-No mucho, creo que Derek sabrá mejor que yo si algo de esto es útil.
Lydia asiente, como dándole la razón.
-Deberíamos bajar.
-Sí.
Lydia y Stiles descienden las escaleras con cuidado, cuando uno de los escalones se hunde al pisar. Por suerte, Stiles agarra a Lydia antes de que caiga por las escaleras. Los demás están allí en menos de un segundo.
-No seré un hombre lobo, pero no me negaréis que tengo buenos reflejos.
Lydia sonríe y le da las gracias. Jackson pone mala cara porque Lydia aún continúa sujeta a Stiles. Isaac y Scott se ríen de Jackson. Derek, que no ha dejado de mirar fijamente a Stiles desde que han aparecido, decide que es hora de comer algo y se dirigen a una pizzería del centro. Invita él.
Después de la cena (durante la cual Stiles olvida el libro escondido en el Jeep) llega a casa y al coger su sudadera del suelo del Jeep lo ve, y se sube a su cuarto dispuesto a descubrir de qué se trata.
En la primera página dice: Propiedad de Derek Hale, no leer. En serio Laura, métete en tus asuntos.
Stiles sonríe y pasa la página. Es entonces cuando se da cuenta de lo que tiene realmente entre las manos. El diario de Derek. No, el diario de un Derek de su edad. Sabe que no debería, que es demasiado personal, que no está nada bien leer el diario de alguien –a pesar de que sea un viejo diario de hace más de seis años. Aun así, se acomoda en su cama y comienza a leer:
12 de Julio de 2003
Querido diario (ugh, esto suena demasiado cursi):
Hoy es mi 15 cumpleaños y la tía Rose me ha regalado este diario. Según ella para que escriba mis secretos. ¡Como si en esta casa se pudiese tener alguno! Aquí todos sabemos todo de todos. Supongo que al ser humana, para ella es diferente. Me gustaría que todos lo fuésemos. A veces estaría bien poder estar triste o contento o tener un momento de intimidad con mis malditas hormonas sin tener la certeza de que mi madre puede olerme. Sería algo menos incómodo y desesperante.
Pero sé que la tía Rose lo hace con cariño. Es probablemente la favorita de todos mis tíos. De hecho, si estoy escribiendo aquí esto es para demostrarle que agradezco su regalo. Es probable que nunca jamás vuelva a escribir aquí, quién sabe.
Ummm, ¿cómo se supone que se termina una entrada al diario?
Stiles sonríe, disuadido por completo para continuar leyendo.
17 de Julio de 2003
Querido diario: (¿es necesario escribir esto cada vez que se me ocurra poner algo aquí? Bah, es la última vez que lo pondré.)
Como ya te dije, es bastante exasperante que tu familia pueda percibir tu estado de ánimo sin siquiera estar en la misma habitación que tú, así que me he encerrado en la vieja casa del árbol para poder poner mis ideas en orden. A veces Laura puede llegar a ser exasperante. La adoro, pero es una pesada. Con eso de que ya va a comenzar su entrenamiento como futuro Alfa está muy ufana conmigo. Es cierto que ella está por encima de mí en jerarquía, al menos por ahora. Pero eso no le da derecho a ridiculizarme. Como si no tuviera suficiente en el instituto.
Se acerca Marc, voy a guardar esto. Al menos él si me entiende.
-¿Se metían con Derek en el instituto? Eso sí que es una sorpresa. Además, ¿quién es Marc?
Es sábado por la noche y ha madrugado esa mañana, pero el sueño ha desaparecido como siempre que tiene un propósito. Esta vez el propósito es conocer a Derek Hale.
Página tras página Stiles se topa con un Derek muy diferente al que conoce. Descubre que el tal Marc es su primo y a la vez su mejor amigo y que no son muy diferentes a Scott y él mismo.
“El maldito profesor de química. No sé para qué me van a servir los malditos enlaces covalentes en la vida real”
“Hoy nos han castigado a Marc y a mí. Hasta que el tío Ben no ha venido no nos han dejado salir. Camino del coche le ha soltado una colleja de proporciones épicas a Marc, después me ha mirado y me ha dicho: no te rías, tu padre tiene una igual en casa preparada para ti. ¡Como si fuese culpa mía que mi primo haya robado el cortacésped para darse una vuelta!”
“Otra vez castigados, esta vez por reírnos. No es nuestra culpa poder escuchar la bofetada que la señorita Green le ha dado al idiota de gimnasia al intentar ligar con ella patéticamente”
Descubre que Laura le pica casi a diario, pero que a pesar de ello Derek es su favorito.
“Laura es una pesada”
“Laura me ha enseñado un claro en el bosque lo suficientemente lejos y escondido para que sea nuestro lugar secreto. Me dijo que era un sitio genial para poder llevar a mi novio o novia, si no fuera un apestado asocial”
“Es una pesada, pero reconozco que después de dos semanas sin ella la extraño mucho. Ni siquiera con Marc tengo una conexión tan fuerte”
Descubre que la habitación de niña que vio al explorar la casa era de Annie Hale, la hermana pequeña de Derek y Laura.
“Hoy es el cumpleaños de Annie y nos ha obligado a todos a llamarla princesa Annie todo el día”
“Annie me ha hecho un dibujo especial porque me ha visto triste”
“Annie está enferma, estoy asustado. Ella es humana y puede morir más fácilmente. Mamá dice que se pondrá bien. Espero que tenga razón”
Descubre que en su casa vivían al menos 14 personas, que su abuela Laura (humana) hacía las mejores galletas navideñas de la historia y le enseñó a hacerlas antes de morir, que su tía Rose (la mujer de su tío Ben, hermano de su padre) tenía una pastelería en el centro, que Peter se casó a finales de ese año y algunas cosas sobre las dinámicas de las manadas.
“Papá me ha regalado un libro genial sobre la historia y las leyendas de los hombres lobo”
“Mamá me ha dado permiso para empezar a leer los libros de la familia de la biblioteca”
“No sé si quiero ser el Alfa si eso incluye morder hasta hacer sangrar a Laura para reclamar mi puesto por encima del suyo”
“Según el libro, la razón por la que nos hacen retozar por el suelo después del entrenamiento es para crear un olor único que abarque a toda la manada, para que así no nos consideren omegas”
“La abuela nos contó la historia de las espirales entrelazadas símbolo de la familia. Es absolutamente fascinante”
A través de las páginas, Stiles se hace una imagen mental del Derek de 16 años. Lo más sorprendente es que se da cuenta de que si hubiesen coincidido seguramente habrían sido tan buenos amigos como lo son Scott y él. Que habrían formado un peligroso cuarteto con el primo Marc.
El amanecer comienza a despuntar. Para ese entones es como si conociese a los Hale, sus costumbres, sus tradiciones. En su cabeza tiene el árbol genealógico bien definido. Le encantaría seguir leyendo, pero debería adecentarse para cuando vengan a la reunión de la manada. Esconde el diario entre el colchón y el somier de su cama y se va al baño. Decide darse una ducha larga, pensando y analizando sobre todo lo que ha leído durante la noche mientras el agua cálida reconforta sus músculos.
El sheriff está de turno, así que Stiles baja tranquilo a la cocina. Se prepara unos huevos revueltos con bacon –como siempre que está sólo- y desayuna mientras espera la invasión lupina de su casa para la reunión de la manada.
El primero en llegar es Scott, como siempre, acompañado de Isaac. Sabe que van por las mañanas temprano a correr y es la única cosa que ambos lobos hacen juntos sin que Stiles se sienta celoso por ello.
-¿Otra vez huevos con bacon, Stilinski?
-Mi padre no debería comerlos, así que soy buen hijo y no los como delante de él.
-Y te pones cerdo de bacon cuando estás solo –se ríe Scott.
-Sip.
-Hay zumo en la nevera y puedo prepararos más huevos. Bacon no queda.
-No, gracias –le sonríe Isaac.
-Zumo para los dos. Le da vergüenza pedírtelo.
-Venga, Lahey, que hay confianza, ¿no? Al menos para pedir un zumo –le da una palmada soltando un quejido. –Maldita fuerza sobrehumana –refunfuña cuando suena la puerta. Stiles les mira a la espera que le digan de quién se trata.
-Derek –dicen al unísono.
Stiles se dirige a la puerta, no sin cierto nerviosismo. Sin pensarlo demasiado, o tal vez, intentando no hacerlo, abre la puerta.
-Buenos días –dice apartándose de la puerta para que pase.
-¿Bacon de nuevo? –le dice Derek a modo de saludo.
-¿Sabéis? Eso ni siquiera es alucinante, porque hasta yo mismo me huelo a bacon.
-Y no sabes lo desagradable que es, amigo –le dice Jackson.
La reunión de la manada comienza. No hay mucho de lo que hablar, al menos en cuanto a asuntos lobunos se refiere, así que Derek no tarda en callarse y ponerse a observarlos en silencio. Poco a poco van entrando en la dinámica de la manada, incluso, empiezan a respetar la jerarquía entre ellos sin darse cuenta. Stiles, después de terminar un monólogo del que ni él mismo sabe muy bien que ha dicho, se da cuenta de la mirada de Derek sobre él.
-¿Qué? –le pregunta a la defensiva. –Voy a subir a mear.
-No hace falta que nos lo cuentes –le dice Jackson.
-Ya, ya, ya lo sé. Podéis oírlo.
Al salir del baño se encuentra con Derek sentado en su cama. El pulso de Stiles se acelera. El diario está justo debajo de él y no quiere que Derek sepa que lo tiene. Sabe que le mataría.
-¡Joder, que susto!
-Estás raro.
-Pensaba que decías que era raro en general.
-Sí, pero hoy estas incluso más raro. Además de no haber dormido. ¿Ha pasado algo?
-No, sabes que me cuesta dormir y hay veces que no lo consigo.
-Y tú sabes que sé perfectamente cuando me ocultas algo, ¿verdad?
Derek se levanta y se acerca a él. Stiles retrocede hasta toparse contra la pared.
-¿Qué?
-Se supone que eres parte de mi manada.
-Yo pensaba que sólo estabais aliados.
-Da igual lo que Scott diga. Para mí es parte de mi manada, y tú con él.
-Vale, lo que sea. ¿Eso a qué viene?
-Viene a que si os considero parte de mi manada no puedo haceros daño. Va en contra de mi naturaleza.
-Sigo sin ver…
-Deja de tenerme miedo.
-Es que eres muy raro.
-Sólo me preocupo por ti.
Derek se gira, saliendo de la habitación para volver a la planta de abajo. Stiles, en cambio, se queda clavado en el sitio, intentando recuperar el ritmo cardíaco normal. La frase de Derek, sin embargo, se queda flotando en el aire. Sólo me preocupo por ti.
Sabe que Derek no siempre ha sido así, que hubo un tiempo en el que era más fácil de tratar. Después de haberse pasado la noche leyendo su diario, se abre ante él un mundo nuevo, en el que interpretar el idioma de Derek resulta más fácil. Como si alguien, por fin, le hubiese dejado el diccionario.
Cuando baja, más relajado ahora, sólo queda Scott. Le mira, pidiéndole permiso para preguntar. Stiles se tira a su lado en el sillón y se ponen una película. No tarda mucho en vencerle el sueño. Cuando se despierta, tapado con una manta, su padre ha vuelto y la comida está lista.
Por la tarde han quedado todos para ir al cine juntos, según le ha dicho Scott a través de mensaje, y por un momento está tentado a decir que no. El diario le llama cual sirena. Pero al final decide ir. Si va a ir Derek, puede observar directamente al sujeto de estudio.
***
Observar a Derek se convierte en una rutina para Stiles. Pasan algunos días antes de que continúe leyendo, y va tomando notas mentales sobre los gestos o detalles que le llaman la atención. Pronto no tarda en darse cuenta de que bajo esa gruesa capa de chico malo y peligroso que le gusta tanto, se esconde mucho más. Se da cuenta de cómo según va cogiendo confianza va dejándoles ver un poco más de ese joven Derek.
El fin de semana siguiente Stiles se acerca a la casa Hale para ver las maniobras de derribo de la casa. No puede evitarlo. Ver edificios machacados por super máquinas cayendo destrozados es algo que le encanta. Bueno, puede que también quiera ver una última vez lo último, aparte de Derek, que queda de los Hale. No se espera ver a Derek allí, apoyado en su Camaro, cabizbajo.
Stiles le observa. Si Derek no le ha oído llegar es que debe estar muy sumido en sus pensamientos. De pronto, un atisbo de comprensión le inunda. Lo que para él es una casa medio derruida, para Derek es algo mucho mayor. Stiles se acerca y se apoya en el coche a su lado. Derek le mira sorprendido.
-No te he oído llegar –dice confuso. –¿Qué haces aquí? –dice, pero no suena agresivo.
-Supuse que no sería fácil para ti ver esto. Ver que el lugar dónde creciste con toda tu familia desaparece por completo.
-Es también el recuerdo de todo lo que perdí –dice con tristeza. Y Stiles no debería sentirse tan sobrecogido ante la vulnerabilidad de Derek.
-Imagino lo que debes estar sintiendo. A diferente escala, es cómo cuando mi padre y yo vaciamos por fin el armario de mi madre y nos deshicimos de su ropa.
Derek le mira. Por un momento está tentado de mandarle a la mierda, manteniendo lo más intacto posible su orgullo y su entereza. Pero la comprensión que despide Stiles le reconforta demasiado, y se permite sentirse egoísta y aprovecharlo todo lo posible.
-Voy a levantar una nueva casa aquí.
-¿Por qué aquí?
-Es aquí donde los Hale han vivido durante generaciones –dice encogiéndose de hombros.
Stiles le mira, y sabe que hay algo más, pero no va a forzar la situación. En esa corta conversación ha conseguido más de Derek que en todo el tiempo que se conocen. Ambos miran en silencio las maniobras de derribo y limpieza de escombros. Cuando deciden volver a sus coches, Derek para a Stiles, apoyando su mano cálida en el hombro. Stiles se gira y sus miradas se encuentran. Sabe que Derek tiene un enorme gracias atascado en la garganta. Así que cabecea comprensivo y le dice un simple “hasta luego, Derek” antes de volver hacia su jeep.
***
No sabe muy bien qué, pero algo ha cambiado en Derek. Al menos para lo que con Stiles se refiere. Pero nadie más parece notarlo. No es que sean súper amigos de pronto. Pero su trato se suaviza. Ya no se comunica con él con gruñidos, es capaz de mantener una conversación medianamente educada con él y hace eso de ponerle la mano en el hombro. Le ha visto hacerlo con los demás, observando cómo les falta poco para menear el rabo como cachorrillos.
De alguna manera, Stiles empieza a mirar con otros ojos a Derek, apreciando esos momentos en los que, mientras interactúa con los chicos, puede ver detalles que antes se le habrían pasado por completo.
Poco a poco, su relación se va estrechando y Scott deja de arrugar la nariz cuando entra a la habitación de Stiles y le ve leyendo libros viejos con Derek a su lado. Van aprendiendo a comprenderse, incluso sin palabras, de modo que la compañía silenciosa del otro no vuelve a sentirse incómoda. Sin embargo, a pesar de que a Stiles no deja de fascinarle la evolución de su amistad con Derek, no han vuelto a tener una conversación mínimamente personal, como la del día en que tiraron los restos de la casa Hale.
***
Días más tarde, Scott aparece en el apartamento de Derek con una sonrisa aún más grande que de costumbre. Los ojos le brillan y desprenden corazones en todas las direcciones. Stiles no puede olerle ni apreciar el sonido de su corazón, pero sabe que esa reacción tiene mucho que ver con Allison Argent. Derek, cuando le ve, frunce el ceño.
A pesar de ser “sólo aliados” como empeña en decir Scott, Stiles sabe que ya no existe distinción entre la manada de Scott y la manada de Derek. Pero Derek le deja seguir con esa falsa ilusión. Aunque sus instintos de lobo y de respeto de jerarquía le hacen dirigirse a Derek para darle la noticia.
-Derek, Allie y yo estamos juntos de nuevo.
Stiles les mira, y siente como cada músculo de Derek se tensa para no partirle la cara. Ya no es sólo el hecho de que Allison haya intentado matarlos, sino que es una Argent, tiene la misma sangre que aquella que destrozó su vida y no puede evitar odiarla.
-Tienes complejo de Romeo por lo que veo –dice con cinismo.
-Allie y yo nos queremos, Derek. Nada puede separarnos.
-No dices más que estupideces.
-No son estupideces, la quiero –dice levantando la voz.
-¡Scott no tienes más que dieciséis años, no estás enamorado, eres sólo un crío! –ahora ya a gritos.
-Me largo de aquí. Tú no eres mi Alfa, no puedes mandarme.
Scott sale dando un portazo del apartamento. Derek se masajea el puente de la nariz antes de decir:
-Voy a ver cómo van las obras. Os veo mañana para entrenar.
Derek se levanta, coge las llaves del coche y su sempiterna chaqueta de cuero y se va sin despedirse. Sin duda no espera que Stiles le siga medio ahogado escaleras abajo.
-Espera… Derek, espera.
-Ahora no Stiles.
-Sólo quiero ver cómo va la casa…
-No es cierto.
-Vale, quiero comentarte una cosa, mientras cotilleo cómo va la casa.
-No voy a librarme de ti, ¿verdad?
-Verdad. Prometo intentar estar calladito –Derek le mira suspicaz, pero al final asiente.
-Está bien.
Derek no sabe muy bien por qué ha aceptado, o quizá sí, pero no quiere pararse a pensarlo demasiado. Stiles se sienta en el asiento del copiloto, se pone el cinturón y va callado todo el camino hasta la casa.
Salen del coche, aún en silencio, mientras aprecian los avances, lentos pero seguro. El jefe de la obra les ve y se acerca para darle a Derek las novedades. No parece interesarle especialmente, pero últimamente Derek ha ganado en paciencia y maneras y finge que le interesa.
Una vez termina la conversación, el hombre vuelve al trabajo y Derek se apoya en el coche al lado de Stiles, muy cerca, pero sin rozarse.
-Dios, pregunta ya.
-¿Tienes curiosidad, eh? –pregunta con sorna.
-No, pero huelo tu necesidad de hacer la maldita pregunta y me está poniendo más nervioso que tu verborrea.
-No es una pregunta en sí, sólo una observación.
Derek le mira, alzando las cejas como diciéndole que continúe.
-Cuando le has dicho a Scott eso de que es un crío que en realidad no está enamorado… Me ha dado la sensación de que hablabas de otra cosa. No de Scott. Como si… Como si se lo estuvieses diciendo a otra persona.
Derek se tensa, aprieta los labios en una línea fina y aprieta los puños. Stiles le observa de reojo, sin decir una palabra.
-¿Recuerdas aquella vez en mi cuarto? Me dijiste que te preocupabas por mí. La preocupación es recíproca –le dice mirándole. Golpea su hombro contra el de Derek. Por supuesto no le mueve ni un milímetro, pero espera que quede implícito lo que quiere decir.
Continúan en silencio un rato, mirando el trajín de los obreros. Derek tiene muchas preguntas, pero no se atreve ni a preguntárselas a sí mismo. Poco después, se suben al coche y deja a Stiles en su casa.
Durante el camino de vuelta, Stiles le cuenta la vida de Stan Lee.
***
Stiles no ha vuelto a leer el diario de Derek desde aquella noche en vela. Tenía el suficiente material como para entretenerse durante un tiempo observando a Derek. Entre ellos se ha establecido una dinámica de comodidad y, hasta cierto punto, de confianza. Sobre todo después de conseguir apaciguar a Scott y Derek, haciendo que continúen con su “alianza”. Pero esa noche es noche de luna llena, lo que significa que tiene totalmente prohibido salir de casa mientras ellos se van a retozar por el bosque como los perros que son.
Aburrido, recuerda el diario y lo retoma por dónde lo dejó. Un par de páginas más tarde lee:
“Hoy he conocido a una chica, se llama Kate”
Preso de un coraje inesperado, cierra el diario de golpe. No. No quiere saber eso. Definitivamente no. No quiere porque sabe lo que vino después. Guarda el diario entre el colchón y el somier de su cama para intentar evitar lo que viene después. Pero lo vuelve a sacar al momento para seguir leyendo.
26 de Septiembre de 2004
Hoy he conocido a una chica, se llama Kate.
Es mayor que yo, aunque no sé muy bien cuánto más mayor. Está en el último curso, pero creo que ha debido repetir algún año, porque no se parece a ninguna de las demás chicas de su clase. Es más adulta, más mujer… no sé cómo explicarlo.
Estaba en el entrenamiento del equipo de natación y me ha sonreído varias veces. Marc creía que me lo estaba inventando, hasta que al final se ha acercado a mí y me ha felicitado por el buen entrenamiento.
Es preciosa.
Stiles rebufa exasperado.
-Preciosa de un modo muy psicópata.
Vuelve a esconder el diario, aún enfadado, sin entenderlo ni querer ahondar en el por qué. Intenta distraerse con cualquier cosa, pero su padre está también de turno, así que no tiene con quién hablar. Aún sin entender muy bien su molestia, decide darse una ducha.
El agua caliente le escalda la piel y se rasca con la esponja hasta dejarse la piel aún más enrojecida. Ni siquiera es consciente de ello hasta que sale de la ducha en una nube de vapor y se observa en el espejo. No entiende su enfado, al fin y al cabo ya sabía que Kate conoció a los Hale. Exasperado consigo mismo, se viste y se dispone a seguir leyendo.
5 de octubre de 2004
Me he encontrado a Kate en la cafetería y me ha dicho que deberíamos vernos otro día, a solas. Me ha gustado como ha sonado ese a solas. Hemos quedado mañana por la tarde en el cine.
¿Crees que me dejará besarla? Eso espero, me encanta la forma en la que huele.
6 de octubre de 2004
Al final no me ha dejado besarla. Tampoco sé muy bien cómo demonios se hace, no puede ser muy difícil si Marc lo hace. En fin. No me ha dejado besarla, pero creo que el hecho de que quiera que salgamos juntos compensa ;)
-¿Derek y Kate? –se pregunta con el ceño fruncido.
15 de octubre de 2004
Laura nos ha pillado a Kate y a mí cuando nos enrollábamos detrás de las gradas. Se ha dado la vuelta y se ha ido rápido, pero he podido sentir sus ojos brillando azulados sin siquiera verlos. Lo malo es que ahora no la encuentro. Espero que no se lo haya contado a nadie.
Stiles lee con un nudo en el estómago cómo la relación de Derek y Kate va a más. Como pasan de un beso inocente tras las gradas a meterse mano en el cine, hasta su primera vez. Al mismo tiempo, las referencias a Laura o Marc van menguando, como si se alejase de ellos. Está confundido e intrigado y a pesar de que el nudo de su estómago se hace más insoportable no puede dejar de leer. Hay algo que no cuadra, si Kate y Derek tenían una relación como la de Scott y Allison… ¿Cómo acabó todo en fuego y tragedia? Y de pronto Stiles lo entiende.
4 de abril de 2005
Aprovechando que todos van a salir de casa, voy a llevar a Kate allí para enseñarle mi habitación. No me juzgues, diario, por querer hacerlo en casa de mis padres. Es que el coche se hace muy incómodo. Deséame suerte ;)
-¡No me jodas! Por eso… Joder…
Stiles deja el diario en la estantería como si quemase. Camina de un lado a otro de la habitación, llevándose las manos a la cabeza, frotándola con desesperación.
-No puede ser…. No…. Joder…. ¿Estuvo meses jugando con él, para ver su casa y saber cómo incendiarla y matarles a todos? Maldita hija de perra.
Su mente bulle nerviosa de un pensamiento a otro sin descanso hasta que al final se da cuenta del más triste de todos. Y la última pieza del puzle encaja. Por eso Derek no confía en nadie. Porque la última vez que lo hizo quemaron su casa con su familia dentro. Stiles sigue removiéndose nervioso por su cuarto, con ganas de abrazar a Derek y decirle que en él sí puede confiar.
-Lo sabía… sabía que Derek estaba proyectando el otro día con Scott.
Tal es la mezcla de sentimientos que su corazón late disparado como si estuviese corriendo por su vida. Su cabeza hierve un mar de pensamientos tan dispares que ni siquiera es consciente de que está apunto de amanecer y que alguien acaba de entrar por su ventana.
-Stiles, ¿qué pasa?
El grito, nada digno, que se le escapa ante el susto de encontrarse a Derek ahí plantado no hace sino acentuar su taquicardia hasta tal punto que Derek, aun más preocupado, le pone las manos en los hombros para intentar calmarle.
-¡Eh! Stiles, escúchame. Respira hondo.
Derek respira hondo con él, intentando aplacar los latidos desmedidos, relajando al chico para evitar que colapse. Unos minutos más tarde, con Stiles más relajado, aunque con el pulso aún acelerado, Derek vuelve a preguntar.
-¿Qué ha pasado? –dice sin soltar sus hombros.
-Nada, estoy bien –las cejas de Derek le juzgan escépticas. –Sólo me he puesto nervioso y ya sabes cómo soy. ¿Qué haces aquí?
-Pasaba por aquí –ahora son las cejas de Stiles las que reflejan escepticismo. –Hemos pasado la noche en el bosque, me aseguro de que mi manada, además de mi territorio, estén a salvo. He oído tu corazón a 10 manzanas de aquí. He venido corriendo, parecía que estabas en peligro.
-¿Así que cada vez que salís por el bosque a corretear, a la vuelta trepas por mi ventana? Eso es rarito.
-No, idiota, me basta con acercarme hasta aquí y oírte dormir tranquilo. No subo a espiarte, ni nada raro.
Stiles siente las manos -que no sabe en qué momento han subido de sus hombros hasta su cuello- dejando leves caricias en su nuca. Sus ojos bajan un segundo hasta los labios de Derek, que está más cerca de lo que pensaba. De pronto el ambiente se ha cargado de electricidad y siente como se le pone la piel de gallina. Busca los ojos de Derek, pero se los encuentra mirando sus labios y no puede evitar humedecerlos, dándose cuenta de como Derek traga saliva ante el gesto.
Stiles no es ciego. Una vez que se dio cuenta de que por más que Derek le amenazase no iba a matarle de verdad, se permitió mirarle de otro modo. Como el hombre atractivo y bien formado que es, haciendo estragos en sus hormonas de adolescente. Del mismo modo, tampoco es idiota, y se da cuenta de que Derek también ha mirado sus labios y que también debe sentir esa anticipación, cada vez más abrumadora, apretándose en su estómago y volviendo a acelerar su corazón.
Y entiende por fin eso que los libros y las películas dicen sobre el tiempo que se para. Sabe bien que el tiempo sigue pasando, lo que pasa es que a él deja de importarle. Y no sabe si han pasado segundos u horas, porque lo único que sabe es que se muere por besar a Derek hasta quedarse sin aliento.
Pero no se atreve. Y no es porque tema que Derek le arranque el cuello con los dientes, sino por temor al rechazo. Porque una muerte sangrienta sería menos dolorosa y humillante. Sin embargo, aprovecha la cercanía de sus rostros para observar esos pequeños detalles que sólo la proximidad permite. El aliento suave que le roza la nariz, la luz del amanecer que hace sus facciones más suaves, los labios finos que a pesar de la situación no se aprietan en tensión, sus pupilas dilatadas en dos aros verde-gris mirándole atentamente.
Y de verdad que el tiempo ha perdido todo su sentido, cuando siente el roce de la nariz de Derek contra la suya, tan sutil que bien podría ser imaginario. No recuerda que estuviera tan cerca, pero tampoco le recuerda más lejos, porque lo único que puede pensar es que quiere besar a Derek, que quiere sentir esos labios sobre los suyos y que la tensión es tal que le tiemblan las rodillas hasta el punto de fallarle.
Derek, ser inseguro que aprendió a base de palos lo peor de la vida, no se atreve (por más que lo desee) a besarle. Probablemente meses antes ni siquiera le habría mirado y ahora…. Ahora es todo diferente. Porque Stiles es bueno, genuinamente bueno, porque le entiende y ha aprendido a leer sus silencios. Porque su lealtad y valentía le ha hecho jugarse el cuello por él en más de una ocasión y nunca se lo ha reprochado (no de verdad). Porque tiene esos malditos lunares que insinúan la piel suave que esconde bajo su ropa. Porque su olor le llega más fino que el de nadie y se le pega a la piel. Porque nadie le había hecho pensar en que merece la pena volver a confiar.
Derek no le besa. Stiles tampoco. Pero se encuentran en el medio del camino. Un camino que apenas son dos centímetros, pero que se antoja una larga distancia para ambos.
Las manos de Derek rodean el cuello de Stiles, acariciando con los pulgares la línea de la mandíbula que día a día se marca más, volviéndose más masculina, más adulta. Stiles se pega a su cuerpo, afianzándose en torno a su cadera temiendo que Derek pueda evaporarse o peor, huir. El beso es tímido al principio, labio contra labio, porque Stiles no tiene demasiada experiencia y Derek quiere bebérsele poco a poco. Pero Stiles es un chico listo, y aprende deprisa. No tarda en tantear el terreno, succionando, mordiendo, al tiempo que sus manos suben hasta el cuello de Derek y su barba araña su mano.
Y decide que le gusta el roce de su barba contra su mano y que quiere sentirlo todos los días. Las manos de Derek trazan el camino de sus hombros hasta su espalda, dibujando con sus manos los brazos y Stiles no puede reprimir el ligero gemido de satisfacción que se escapa de su boca. Momento que aprovecha Derek para recorrer sus labios –esos malditos labios en los que piensa más a menudo de lo que es saludable para su cordura- sorprendiéndose al rozar la lengua del chico, que definitivamente aprende deprisa.
El beso se intensifica, aún más cuando las manos de Stiles recorren el cuello de Derek, sintiendo el rápido bombeo de su corazón en la palma de la mano. Comprendiendo que tal vez, y sólo tal vez, el problema que tiene con Derek sea recíproco. Como si la posesividad con la que sus manos se aferran a sus caderas o le forma en la que parece que quiera comérsele entero a base de besos no fuera un indicador fiable.
Y el calor aumenta porque al primer gemido de satisfacción que a Derek se le escapa y que Stiles se bebe directamente de sus labios, Stiles se aferra más a él, intentando fundirse con su cuerpo y ni todo el autocontrol del mundo le ayudaría a detenerse. Porque hace demasiado que nadie le hace sentir así, porque no cree que nadie nunca lo haya conseguido.
No es hasta que sus pulmones empiezan a quejarse que se separan. Derek abre los ojos, temeroso de lo que pueda encontrarse, delante de sí un Stiles con los ojos aún cerrados (con miedo a despertar de un buen sueño) y los labios –dios, esos labios- rojos y húmedos por el beso, entreabiertos, invitándole a más. Mucho más.
¿Y para qué resistirse cuando la tentación es taaaan buena? Succiona los labios del chico entre los suyos, sonriendo sin poder evitarlo ante el gemido mitad sorpresa-mitad satisfacción que consigue. Le lleva contra la pared, sin despegarse de sus labios, sujetándole para no perder su calor, para sentir más de cerca cómo reacciona su cuerpo.
Al llegar a la pared, chocan contra la estantería, haciendo que caigan varios libros de ella, rompiendo el momento.
Al abrir los ojos, Stiles se encuentra con algo inesperado, la sonrisa sincera, casi tímida de Derek y su corazón hace un triple salto mortal con tirabuzón que está seguro que Derek escucha porque sonríe mucho más y se convierte en un círculo vicioso del que Stiles no quiere salir.
Se sonroja tanto que decide que recoger los libros que han tirado es una buena idea, al menos hasta que Derek se agacha a su lado y aparta un libro para coger otro, con evidente reconocimiento.
-Stiles, ¿qué es esto? –pregunta sin apenas voz.
Esta vez, el latido acelerado de su corazón suena un poco roto. Sabe que cualquier mínima posibilidad, acaba de morir.
