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A teacher's ordeal

Summary:

Tobirama está herido y sus estudiantes quieren cuidar de él, pero la convivencia se complica un poco.

Work Text:

Tobirama pasaba por el dolor de cabeza más fuerte que hubiera experimentado jamás. Su cuerpo temblaba de frío y se sentía tan pesado que sin intentarlo ya sabía que no podría levantarse, y lo único que sus ojos percibían eran manchas oscuras. Sintió también unos dedos que peinaban su cabello con delicadeza, y poco a poco fue siendo más consciente de su entorno.

 

—Ven Homura, ya despertó.

 

No le costó mucho identificar la voz de la unica mujer en su grupo. Es Koharu quien acaricia su cabello, y por lo que alcanza a notar, también le permitió usar su regazo como almohada.

 

Homura se acerca a ellos y pone la palma de su mano sobre su frente. Un flujo de chakra verde se filtra en él, y detesta la sensación.

 

—Está frío —Tobirama siente la garganta seca al hablar y no puede evitar toser.

 

Homura le da agua con una cantimplora y Tobirama bebe con cuidado, tratando de no ahogarse.

 

—La fiebre no ha bajado, pero debo esperar que coma algo para darle el siguiente antídoto. ¿Cómo va la comida, Torifu?

 

—Ya casi está lista, dame un minuto.

 

Tobirama trata de recordar cómo terminó en esta situación, completamente débil y siendo protegido por los estudiantes que se supone que debe proteger. No había sido una misión muy complicada, ¿por qué se siente así?

 

—¿Qué fue lo que pasó? —Pregunta con dificultad. Siente como sus manos son levantadas por alguien más, y de ellas nace un calor reconfortante. Era Kagami, seguramente utilizando su naturaleza de fuego para aumentar su calor corporal.

 

—Ese ninja de la roca lo apuñaló con un kunai envenenado, pero ya se encuentra fuera de peligro.

 

—Ajá. —Tobirama asintió, tratando de atraer más el calor de Kagami hacia si mismo.

 

De repente, las manos de Kagami fueron apartadas bruscamente, Danzo lo jaló provocando que lo soltara.

 

—Oye Kagami, ¿por qué no vas a ayudar Torifu con la sopa?

 

—A él no le gusta que lo interrumpan cuando cocina.

 

—Entonces sal y busca más leña.

 

—¿En dónde podría encontrar leña con esta lluvia?

 

—No lo sé, por eso te digo que la busques.

 

—Ya basta chicos, van a aturdir al sensei —Hiruzen habló, recostado en una pared junto a Danzo.

 

—Sensei, yo logré neutralizar el veneno y lo curé —dijo Homura, apuntándose a si mismo.

 

—Sí, sí, te lo agradezco.

 

A Tobirama ya no le interesaba encontrar respuestas, solo quería volver a sentir el calor de las manos de Kagami, pero su cuerpo se sentía tan pesado que le costaba moverse hacia él.

 

—Y yo me encargué del enemigo —dijo Hiruzen con una sonrisa.

 

—Ejem. —Carraspeó Kagami.

 

—Sí, bueno, los dos lo hicimos.

 

—Yo también ayudé —afirmó Danzo—. Fui yo quien encontró esta cueva.

 

—Sí, mientras escapabas.

 

Los chicos rieron por el comentario de Koharu, pero a Danzo no pareció hacerle mucha gracia.

 

—¡Intentaba ponernos a salvo a todos!

 

Sus estudiantes ignoraron a Danzo entre risas, y en poco tiempo el silencio se apoderó de la cueva. Koharu continuó peinando el cabello de Tobirama con sus dedos, y él se propuso a ignorar las malas miradas que los demás le estaban dedicando.

 

Pero con Danzo presente es imposible ignorar algo así.

 

—Koharu, ¿no te duelen las piernas?

 

Koharu se detuvo, y miró a Danzo con el ceño fruncido.

 

—Para nada, ni siquiera siento la piernas.

 

—¿Y no quieres descansar? Puedo sostener al sensei mientras tú te ejercitas un poco. Has estado en la misma posición por 10 horas.

 

¡¿Por 10 horas?! ¿Realmente dormí tanto?

 

Koharu tomó el cabello de Tobirama entre sus manos y comenzó a masajear su cuero cabelludo. En una situación normal, él no permitiría que lo manosearan tanto, pero no es como si pudiera hacer algo ahora para detenerla, y no era una sensación desagradable.

 

—Pues no quiero, estoy muy cómoda en este momento.

 

—Pero Danzo tiene razón —dijo Homura—, aunque no te duela ahora será un problema cuando debamos regresar y no puedas moverte. Mejor cambia conmigo y descansa un rato.

 

—¡Ya les dije que no quiero!

 

—Házlo, Koharu —dijo Tobirama. Trató de alzar la voz lo suficiente para que su orden fuera escuchada—. Descansa.

 

Parecía que Kohaku por fin iba a moverse, pero cuando levantó la cabeza de Tobirama para ceder le su lugar a alguien más, se detuvo mirando a su sensei con una sonrisa maliciosa.

 

—De acuerdo, ¿con quién quiere estar usted sensei?

 

—Con Kagami —respondió rápidamente.

 

Koharu no se resistió más, y dejó que la cabeza de su sensei reposara sobre el regazo del Uchiha. Tobirama solo vió la oportunidad de no morirse de frío, no pensó en nada más que eso. No esperaba que su elección desatara una discusión.

 

—¡¿Por qué con él?! ¡Soy yo el que lo estoy curando!

 

—Ya sé Homura, pero Kagami es más...

 

—Ustedes están fríos, es eso.

 

—No hables como si fueras el único con jutsus de fuego —dijo Hiruzen, y Tobirama no esperó que se uniera a esta discusión estúpida.

 

—¿Puedes controlar la temperatura de tu cuerpo? —el tono de Kagami ya empezaba a sonar exasperado.

 

—Puedo intentarlo.

 

—Pero mientras no puedes, ninguno de ustedes puede. El sensei me eligió a mí.

 

—Ya dejen de pelear, la cena está lista —anunció Torifu, calmando la situación al instante, y Tobirama no podía estar más agradecido.

 

—Primero el plato del sensei, debe comer algo para poder aplicarle el segundo antídoto.

 

—Sí, sí, a eso voy.

 

Torifu se sentó al lado de Tobirama con su plato de sopa y lo alimentó debido a que sus brazos aún estaban débiles. El sabor era perfecto, la comida de los Akimichi nunca decepcionaba, y la temperatura era justa para calentar su interior también.

 

Y Tobirama fue el único que no vió nada de malo en dejarse alimentar por uno de sus alumnos.

 

—¿Y tú por qué le estás dando de comer? ¿Quién te crees que eres? —gruñó Danzo acercándose más hacia ellos.

 

—Yo preparé la comida, yo se la doy.

 

—Si ya la preparaste deja que yo se la de.

 

—Yo quiero hacerlo también. —Hiruzen se separó de la pared y trató de tomar el tazón de sopa, pero Torifu lo apartó—. Por favor, no me han dejado hacer nada por el sensei.

 

—Tú descansa, estás lastimado.

 

—¡Quieto Hiruzen! —Homura interrumpió el forcejeo entre Torifu, Danzo y Hiruzen, poniéndose en medio de ellos.—. Si se abre tu herida no voy a curarte nuevo.

 

—¿Y por qué no? Es tu responsabilidad como médico del grupo.

 

—Sí, pero no gastaré chakra en ti cuando aún tengo que curar al sensei.

 

—¡Ya basta, están molestando al sensei!

 

Koharu se puso detrás de ellos y tiró con fuerza de cada uno. Torifu perdió el equilibrio al caer de espaldas y terminó derramando la sopa accidentalmente sobre Tobirama.

 

Tobirama sabe que debajo de su ropa tendría una enorme quemadura, pero debido al entumecimiento no había dolor, solo comezón desde el hombro hasta el abdomen, que fue donde la mayor parte de su cena terminó derramada. Hubo un segundo de silencio que ni siquiera pudo disfrutar, antes de que los chicos volvieran a armar un alboroto, mientras Kagami intentaba secarlo con su propia ropa y Homura lo curaba.

 

¿Qué habré hecho yo para merecer esto?

 

—¡Lo siento mucho, sensei! ¡Todo fue culpa de ellos! —dijo Koharu a punto de romper en llanto.

 

—Está bien, solo quítenme esto.

 

Nuevamente la cueva quedó en silencio, un silencio aún más preocupante que las discusiones.

 

—¿Qué cosa? —preguntó por fin Hiruzen— ¿Su camisa?

 

—Sí, por favor, tengo una muda de ropa en un pergamino. También quisiera tomar un baño, si no es mucha molestia.

 

Nadie habló más habló. La unica que tuvo el valor de moverse fue Koharu, solo para cubrirse la cara y salir corriendo con dificultad fuera de la cueva. Y Kagami, quién antes era una fuente de calor estable, se había convertido en un horno imposible de soportar.

 

¿Ahora qué hice?

 

—¡Claro sensei! Y-Yo le ayudo. —Torifu tembló, pero no se retractó al tomar la cintura de Tobirama entre sus manos para empezar a quitarle la camisa.

 

—Sí, yo también. —Kagami hizo lo posible por ayudarlo con las mangas, y Tobirama debatía en si ignorar el sharingan activo o pedirle que lo apagara de una buena vez.

 

—¡¿Por qué coño ustedes son quienes lo desvisten?! —La expresión de Danzo dejó clarísimo que estaba al límite. ¿Al limite de qué? Tobirama no deseaba saberlo—. Sí es así, yo lo ayudaré a bañarse.

 

—¡Negativo! —gritó Homura—. Yo soy el médico, soy quien debe bañar al paciente, ¿no es obvio?

 

—¡Pero...!

 

—¡Ya basta Danzo! —gritó Hiruzen, tomando por sorpresa a sus compañeros—. ¡Eres el que más se queja pero el que menos a hecho! Yo y Homura ayudaremos al sensei a tomar un baño, ¡y tú si quieres ve a hacer guardia con Koharu afuera!

 

—¡Tú solo quieres aprovechar la situación para manosear al sensei!

 

—¡¿Y vas a decirme que tú no?!

 

Tobirama frunció el ceño. Ya había escuchado suficiente.

 

Luchó contra el entumecimiento y las manos que lo sostenían para alejarse de ellos, de todos.

 

—¡Espere sensei! Todavía no debería moverse...

 

—Cambié de opinión, salgan todos.

 

—¿Qué? Pero...

 

—¡LES DIJE QUE SE LARGUEN!

 

Los chicos temblaron ante el tono usado por Tobirama. Rápidamente cada uno se puso de pie e hizo una reverencia ante su sensei, y aunque dudaron un poco en abandonarlo, la fría mirada de Tobirama sobre ellos los obligó a marcharse.

 

—¡Y no regresen hasta que puedan comportarse! —gritó por último, antes de perder de vista a sus estudiantes.

 

Ahora estaba completamente solo, en el suelo de una cueva, con entumecimiento, hambre, quemaduras, frío, sin camisa, una fiebre de 40 grados y demasiado lejos de la fogata como para calentarse.

 

Todo por culpa de sus estudiantes.

 

Tal vez no debió asignar a 6 pubertos como su escolta personal.

 

Creo que justo ahora preferiría estar muerto.