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Primera Parte. El niño que obtuvo la libertad.
Capítulo I. Algo que sólo nosotros sabemos.
Crocodile despidió a Robin con un movimiento de su mano, la niña había crecido bien y ahora estaba al servicio de Crocodile, lo que de alguna manera le irritaba. El shichibukai no era un hombre que hiciera cosas sin sentido, al menos no normalmente, no lo había pensado demasiado cuando dejo que la niña se quedará a su lado como otra de su tripulación pero ahora, era extraño.
Robin era una buena compañia y sin duda alguien capaz y aunque al inicio le pareció tremendamente útil al ella poder leer los poneglyphs. No lo había echo.
Las palabras deLuffy seguían en su mente, y aunque ser pirata también significaba que habría trampas en su camino a ser el rey pirata. Por alguna razón las palabras del niño lo molestaban hasta los huesos.
Odiaba los días tranquilos como este, porque solo así podía centrarse en sus pensamientos y era cansado. Le recordaba lo inútil y débil que podía sentirse, le recordaba a cuando aún tenía el cuerpo de una mujer.
-Carajo -dijo colocándose un tabaco en la boca y sacando su encendedor con la mano algo sudorosa...
Se sentó a mirar a los Bananadrilos en el estanque, después de tantos años en la isla se había logrado ganar el favor del Rey y algunos de sus lacayos, también la adoración de la mayoría de las personas de Alabasta y así no tuvo inconvenientes al crear este estanque de animales.
Pero esa espinilla en su cabeza le había impedido seguir con su plan original de encontrar el arma "Plutón", y al único que podía culpar por eso era a si mismo, porque las palabras se quedaron en su cabeza.
Crocodile había crecido sabiendo que sin fuerza no se es nadie, que siendo una mujer no obtienes lo que realmente mereces (quizás por eso se preocupaba realmente por Robin), que los débiles no merecen ni pueden decidir por sí mismos.
Aún así había veces que el mismo no parecía estar conciente de aquello y eso le molestaba, un enojo y ansiedad que simplemente le obligaba a fumar sus puros y nada más. Cómo hoy.
. . .
-Crocodile. -Llamó Robin unas horas después, ¿o habían sido solo minutos?
-¿Qué sucede? -sus ojos no se alejaron del cristal frente a él.
-Lo llaman del palacio.
-¿Del palacio? -el humo salía entre sus dientes.
-Si, parece que alguien lo está buscando. -Robin lo miro desde debajo del asa de su sombrero. Aunque la había acogida desde niña, a veces Crocodile podía ver en sus ojos una mirada de un adulto capaz de hacer lo que fuera por conseguir lo que quería. En eso cree que se parecen.
-¿La Marina? -preguntó parándose y dirijendose a la puerta.
-No -su mirada volvió a cambiar a una más amena, -un chico.
-¿Un solo hombre?
-Se llama Sabo, dice conocerlo y que necesita hablarle de cara a cara.
El nombre lo tomó por desprevenido, se detuvo en seco y su corazón se aceleró, Sabo, ¿que hacía ese niño en Alabasta? ¿Por qué lo buscaba? Espera, si estaba aquí, solo. Eso significaba que ya tenía 17 años.
-Mares -susurró débilmente quitándose el tabaco de la boca. Como pasaba el tiempo...
-¿Sir Crocodile? -dijo Robin con cautela, era la primera vez que Crocodile reaccionaba así ante alguien.
-Iré enseguida -dijo quizás demasiado rápido, recibió una palabra de afirmación de Robin, no le interesó voltear a ver su cara.
Dicho y hecho, salió del casino y se dirigió rápidamente a la entrada del Palacio, transformándose en arena.
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Sabo no pudo evitar mirar el acabado del palacio, era lujoso y brillante, pero lo suficientemente fresco para el desierto y aunque tenía tesoros y reliquias, de alguna manera no era ostentoso. Era un lugar extrañamente agradable.
Estaban en la sala del trono, Sabo había insistido que no hacía falta, pero en algún momento llegó el Rey Cobra e insistió por qué pasará, así que ahora terminó esperando dentro del palacio.
Había intentado no hablar y simplemente esperar en silencio, los ojos del rey y sus guardias estaban sobre él lo que lo molestaba un poco.
Había logrado mantener el silencio durante un buen rato pero al cabo de unos momentos, el Rey habló.
-¿Es esto algo personal? -su voz era firme pero no acusatoria, más bien curiosa y cautelosa.
-En cierto modo, si. Lo es. -Dijo Sabo sonriéndole a manera de apaciguar el peso de sus palabras. -Conozco al shichibukai Crocodile, solo vengo a pedir guía en algo.
-¿Guía? -Sabo asintió -¿En Crocodile? -las cejas del rey se alzaron a manera de sorpresa.
Para su suerte, pasos pesado, firmes y casi desesperados se empezaban a acercar desde el pasillo, Sabo aguantó las ganas mirar hacia atrás, a buscar una cara conocida.
-¿Me buscaban? -sonó la voz grave y rasposa, tal como la recordaba, la única diferencia era el tono que tenía. No estaba hablando con el, estaba hablando con el Rey.
-Crocodile, si. -Cobra se levantó del trono y se acerco al adolescente parado en medio de la sala, detrás de él lo seguían Pell y Chaka, sus miradas se posaron en Crocodile al mismo tiempo. -Este chico vino a buscarte, -dijo haciendo un ademán con su mano -parece que viene buscando tu guía. Pero -se acercó un poco más al shichibukai que no había avanzado más desde que puso un pie en la sala del trono -me pregunto si es algo por lo que alarmarse.
Los guardias a sus espaldas parecieron ponerse alerta. Crocodile se aclaró la garganta.
-Eso no sabría decirlo yo. -Sus ojos miraron casi amenazantes a Cobra.
-¡Yo -Exclamó Sabo volteandose para ver cara a cara a Crocodile, -intentaba explicar que era un asunto meramente personal por el que vengo a verte! -dijo sonando demasiado familiar para el gusto de los presentes.
-Ya veo. -Crocodile redirigido su mirada al Rey y sus guardias, -entonces no es nada del interés de Alabasta.
Chaka pareció querer decir algo, el rey lo detuvo alzando la mano.
-Ya veo -la expresión y voz del rey se tranquilizaron, -en ese caso, -se hizo a un lado para dejar pasar a Sabo -adelante, siéntete como un invitado.
-Eso no parece ser necesario-
-Insisto, cualquier amigo del Shichibukai Crocodile es bienvenido a mi palacio.
Sabo paso directamente hasta quedar cara a cara con Crocodile. El shichibukai seguía siendo del mismo tamaño que recordaba. El adulto le señaló con la cabeza el pasillo y empezó a salir de la habitación, Sabo lo siguió en silencio.
Llegaron a un jardín maravillosamente verde, Sabo se tomó unos momentos para admirar la belleza de la vida en medio del desierto, no se percató que Crocodile solo tenía ojos para él, mientras intentaba averiguar que hacía allí buscándolo.
Después de unos momentos, Crocodile habló, sacando a Sabo de su ensoñación y regresado su mente al asunto por el que había ido.
-Algo personal, ¿conmigo? ¿Estas seguro que has venido con la persona correcta?
Sabo casi río ante eso.
-Por supuesto.
Crocodile, que había sacado otro tabaco para empezar a fumar, casi se ahoga con su propia saliva.
-C~claro. ¿Por qué veniste aquí realmente?
Por un momento, Sabo pensó en Ace y sonrió. Luego miro a su alrededor buscando si había alguien cerca.
-La verdad es algo personal.
Los ojos de Crocodile se entrecerraron un poco antes eso.
-¿Por qué no damos un paseo por la cuidad?
-¿Por que estas aquí realmente? Tanto misticismo no viene gratis.
Ambos paseaban por los mercados de la ciudad fuera del palacio, aunque algunas miradas curiosas se posaban sobre ellos, ningún civil se atrevía a acercarseles.
-Yo quiero contactarme con alguien de quien solo tu tienes contacto.
Crocodile pareció entender eso.
-Bien, me encargaré de ello. Asi que dime, ¿qué buscas de esto?
-Quiero unirme a su organización. -dijo lo suficientemente alto para soñar firme y lo suficientemente bajo como para que solo ellos lo escucharan.
Crocodile exhalo el humo del tabaco a manera de suspiro.
-Lo supuse, bien. Ten en cuenta que esto tardará un tiempo.
-Lo se.
-El Rey Cobra insistirá en tratarte como invitado, y yo estoy de acuerdo con eso -habló antes de que Sabo pudiera responder. -Procuraré no dejarte solo con él, -dijo mientras tiraba la ceniza del tabaco.
-Gracias.
Crocodile se entumeció en su lugar.
-No lo hagas -dijo caminando un poco más rápido que antes, alejándose poco a poco de la ciudad. -Lo habrías hecho sin mi ayuda de igual manera, eres hermano de Luffy. Comparten la obstinación.
Esta vez Sabo soltó una carcajada rápida.
-Pero lo digo en serio, -dijo con su semblante firme -por todo.
Crocodile desvío la mirada.
-No se porque lo hiciste ni que buscabas con eso realmente, pero te lo agradezco. -Continuó Sabo.
Crocodile se colocó otro tabaco en la boca, el Rey Nefertari se había reído una vez de su hábito de fumar dos tabacos al mismo tiempo.
-Eres un buen padre.
Crocodile casi le creyó.
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La respuesta a la Carta que Crocodile había enviado tardaría días, por la dificultad que era enviar una carta al Ejército Revolucionario sin ser interceptada y por la distancia que debía pasar para llegar a la base principal, eso sin contar si Dragon había salido de la base.
Sabo pareció adaptarse rápido, lo que tranquilizó a Crocodile.
Por supuesto, al ser un invitado en el Palacio, el adolescente no tardó en encontrarse a la princesa Vivi. Lo que Crocodile pensó sería algo incómodo... Resultó serlo, pero en el buen sentido.
Normalmente la princesa Vivi solo se relacionan a con los niños de su reino y algo nos otros que tenían el valor de hablarle directamente y aunque recibían la reprimenda de Igaram, al final el Rey insistía que Viví necesitaba hablar con otras personas de su misma edad y, aunque Sabo era mayor que ella, parecieron entenderse bastante bien.
Así que Crocodile término siendo el mal tercio en la mayoría de veces, lo que sin duda divertía a Robin.
-Tengo entendido que no es alguien que interfiera con nuestros intereses.
-No. -Crocodile no le decía señorita a Robin (aún), después de todo a sus ojos aún era una niña.
Auque la ambición de Crocodile flaqueaba cada día para encontrar el arma "plutón", el interés de Robin nunca disminuía, al contrario, mientras más indagaba, mientras más se escabullía en el reino, más ansiosa parecía. Eso tan bien sumaba un peso más al shichibukai.
Por fin cuando sintió que su cerebro no podría con tanto dentro de sí, llegó la respuesta de su carta.
Dragon había dado el visto bueno, e informado que enviaría a Koala para ver si Sabo realmente merecía un lugar en el Ejército.
Crocodile sabía que la Carta tenía cosas personales, así que solo le mostró a Sabo la segunda hoja, donde hablaba de su asunto.
El adolescente pareció alégrese infinitamente, y le agradeció al shichibukai. Crocodile dejó en claro que el lo llevaría al lugar del encuentro, puesto que aunque Koala y algunos más integrantes que iban a ir no eran tan reconocidos ni buscados por pertenecer al Ejército Revolucionario, Crocodile no dejaría que se arriesgara demasiado a ser encarcelado. Crocodile tenía la mayor autoridad del gobierno allí, pero eso no significaba que los marines no fueran de cuando en cuando, Alabasta era un país desértico pero exótico, y aunque estaba muy cerca del Red Line, tenía varios puntos turísticos (entre ellos el Casino de Crocodile) que llamaban mucho la atención para los extranjeros y marines.
-¿Cómo reaccionó Garp cuanto te fuiste?
-Bueno, realmente no hizo nada. Solo... -Sabo busco las palabras -es como si hubiera echo la vista gorda a propósito.
-Si, eso suena como él.
Se detuvieron en la orilla de una duna, observando al barco llegar, en la cubierta estaba la chica de cabello café claro, casi amarillo y de ojos oscuros como había explicado Dragon en su carta. La chica los miró fijamente cuando noto sus presencias.
-Ahora es todo tuyo. -Crocodile resistió el impulso de colocar su mano en la espalda del adolescente para darle ánimo, su mano se detuvo en en el aire, Sabo pareció notarlo pero no dijo nada.
-Gracias, yo me encargo desde ahora. -Agradeció el adolescente antes de empezar a caminar hasta el barco.
Crocodile vio a Sabo bajar hasta el encuentro con el barco, luego regresó al casino.
En el camino pasó por el oasis de Yuba, donde se encontró con un pirata y su tripulación intentando atracar el lugar, Crocodile hizo lo mejor que sabía hacer, un buen espectáculo.
Cuando los cuerpos inertes de los piratas cayeron a sus pies, los gritos de alabanza y elogios se hicieron oír en toda la plaza. Era tan fácil y simple asombrar a los débiles, tan sencillo como convertirse en arena, el shichibukai disfruto del revuelo de los ciudadanos unos momentos antes de irse sin siquiera mirar atrás.
Crocodile no era una buena persona y nunca había intentado serlo, estaba consiente de eso, así que no entendía por que ahora Sabo le consideraba un buen padre, no sabia como habían sido los padres biológicos del adolescente pero debían de ser pésimos como para llamar a Crocodile un buen padre.
