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Casi todas las luces de ese pequeño departamento se encontraban apagadas. La espesa oscuridad se extendía a lo largo de cada habitación, con excepción de la reducida sala de estar donde la única fuente de luz era una gran pantalla plana.
El repiqueteo de algunos botones combinados con los murmullos de una persona era de los pocos sonidos que se podían percibir en ese sitio. El videojuego al parecer estaba en su auge y cierto chico no podía contener su emoción al encontrarse en el primer lugar.
—¿Ahora qué, Fargan? No tienes escapatoria, rata ponzoñosa —gritaba con euforia. Su mirada no se despegaba ni un poco del televisor—. Esta vez tu maldita suerte no te salvará.
Hizo un par de movimientos certeros en el mando y de pronto salió en la pantalla un brillante anuncio que le otorgaba la victoria absoluta.
—¡OLE! —celebró mientras saltaba del sillón. Sus brazos se alzaron en alto y no pudo evitar bailar un poco de la felicidad—. Tío, te hice añicos, al menos hubieras tratado de defender…
Sus palabras se ahogaron en su boca cuando al darse la vuelta se encontró con que su querido novio estaba inmóvil con su cabeza agachada y el mando a punto de resbalarse de sus dedos.
Alex pudo haberse preocupado por verlo así de la nada, pero solo bastó que se escuchara un ligero ronquido proveniente del castaño para confirmar sus sospechas: Fargan se había quedado dormido.
Entonces soltó un bufido, molesto. Ya no se sentía tan orgulloso por haber ganado si a la mitad de la partida su contrincante simplemente se durmió, era más bien frustrante.
Al fijarse en la hora de su teléfono descubrió que no pasaban de las dos de la mañana y para alguien como Alexby aún era demasiado temprano para irse a dormir, así que no entendía cómo era posible que su pareja no pudiese aguantar despierto ni siquiera mientras tenían partidas tan intensas en uno de sus videojuegos favoritos —aunque una vez se había quedado dormido mientras tenían sexo, entonces no debería sorprenderle.
No había remedio. Ambos tenían horarios muy diferentes y esas son costumbres muy difíciles de cambiar, en especial cuando solo llevaban un mes viviendo juntos.
Poco a poco Alex fue apagando la consola, guardó los mandos en su lugar y antes de apagar la pantalla se puso a pensar en un gran problema que acababa de surcar su mente.
Se giró de nuevo para observar el cuerpo de su novio. El tío era demasiado grande y él muy pequeño, así que cargarlo cual princesa hacia la habitación que compartían quedaba completamente descartado. Intentó despertarlo, primero con suaves y dulces apodos mientras acariciaba con ternura sus mejillas moteadas; luego se hartó de no ver respuesta y comenzó a usar la fuerza bruta, sacudiendo su musculoso brazo y gritando su nombre completo junto a varias amenazas. Nada parecía funcionar.
Lo único que pudo lograr fue hacer que medio se recostara sobre el sofá de tres plazas con los pies aun tocando el suelo.
—¿Sabes qué? Que te den, no pienso batallar contigo.
Hecha su declaración, tomó solo su celular y caminó con rápidos pasos hasta el cuarto en donde se encerró. Solamente pasaron tres segundos cuando el remordimiento le hizo volver con una manta en mano.
—Las cosas que hago por amor —suspiró.
Con cuidado fue desamarrando las agujetas del mayor hasta que por fin pudo retirar el par de tenis y así dejarlos a un lado del sillón. Tomó las piernas desde los tobillos y con algo de dificultad logró subirlas a la acolchonada superficie, lo que causó un ligero movimiento con el que Fargan terminó de acomodarse boca arriba, pero aún sin despertar.
Alex lucha por quitarle los pantalones jalándolos con fuerza, poniendo incluso su pie sobre el reposabrazos como apoyo. Llegó un punto en el que pensó en dejarlo así, pero luego consideró que era incómodo dormir con mezclilla y su blando corazón le hizo esforzarse más hasta que por fin pudo quitarle la prenda —salió volando en el proceso, pero no hablemos de eso.
Por último, optó por quitarle la playera, era verano y hacía un calor de mil demonios en ese pequeño departamento, además sabía que el moreno era un puto calefactor humano y siempre se quitaba la parte superior de la ropa al dormir para no sudar como cerdo en las noches.
Una vez listo solo lo tapó con la manta, procurando que su pie izquierdo quedase descubierto pues así tendría la temperatura perfecta.
Hecho su trabajo consideró seguir jugando en su pc, sabía que Rubius estaría jugando en línea hasta las 4 de la mañana y le vendría bien hablar con él, pero al ver la calmada respiración del mayor y lo cómodo que se veía ahí acostado le hizo pensar que tal vez no sería tan mala idea irse a dormir un poco más temprano de lo usual.
Fue hacia su habitación con la intensión de descansar en su acolchonada cama; sin embargo, se detuvo justo antes de entrar por completo. Debatió consigo mismo unos segundos, estaba seguro de que se arrepentiría a la mañana siguiente y aún así empezó a despojarse de casi toda su ropa –porque él no duerme nunca con ropa— antes de encaminarse de regreso con su novio.
Lo empujó un poco para tener algo de espacio, se escabulló entre la manta y sus fuertes brazos hasta estar a la altura de su pecho, acostándose en sus pectorales y escuchando el rápido palpitar de su corazón.
—Estás despierto, ¿verdad? —murmuró, sonando más divertido que molesto.
—Es que creí que querías hacer otra cosa cuando comenzaste a desvestirme —dijo Fargan con voz profunda—. Luego te fuiste y pensé que me dejarías aquí solito.
Alex pudo imaginarse el adorable puchero que puso en sus labios. Inevitablemente comenzó a reír
—Eres un tonto –Alexby lo golpeó con suavidad en el hombro y levantó la mirada para encontrarse con esos adormilados ámbares que le veían con diversión—. Pudiste ayudarme un poco, ¿eh?
—Pude hacerlo, pero no quería quitarte el crédito.
El azabache negó con la cabeza, volviendo a esconderse entre ese par de perfectos músculos en donde adoraba acostarse. Podría acostumbrarse, dormir un poco más temprano con tal de compartir sus últimos minutos de consciencia con su amado en lugar de alcanzarlo en la cama a altas horas de la madrugada.
Tal vez Rubius lo odie por eso, pero ¿qué importaba lo que opinara ese oso? Ahora entendía que esto era mucho mejor, o lo sería si no hubiera un incómodo espacio bajo su espalda debido al sofá.
—Fargan, vayamos a la cama —sugirió entre susurros, mas no recibió respuesta—. ¿Fargan?
Al levantar la cara otra vez descubrió que su novio estaba, ahora sí, profundamente dormido. Lo sabía porque al poner sus dedos en su pecho sintió su pulso más rítmico y pausado.
—Bien, solo por hoy —Alexby depositó un corto beso sobre sus belfos entreabiertos y rio al ver la sonrisa inconsciente que apareció en ellos—. Te amo, Fargan.
Volvió a acurrucarse y en pocos segundos cayó en los brazos de Morfeo. Así fue como ambos pasaron la noche, con el pie izquierdo de Fargan fuera de la manta y el oído de Alex pegado a su pecho.
