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NARUTO: EL ZORRO Y EL NIÑO

Summary:

Naruto Uzumaki ha vivido con una máscara: se hace pasar por el “idiota” ruidoso del equipo mientras oculta lo que el Kyubi realmente le ha enseñado. el peligro obliga a que aparezca su verdadero nivel: frialdad para analizar, técnica, estrategia… y una compasión que sorprende a todos.

Conforme los secretos se asoman, el Equipo 7 cambia. Sasuke y Sakura deben replantearse quién es Naruto, Kakashi empieza a unir piezas, y el Hokage decide apoyarlo como familia, no como arma. Entre entrenamientos, política y misiones cada vez más duras, Naruto inicia de verdad el camino a convertirse en líder… y algún día, Hokage.

Chapter 1: EL CUARTO CUMPLEAÑOS y EL SELLO ROTO

Chapter Text

EL CUARTO CUMPLEAÑOS

El dolor era lo único que Naruto conocía en ese momento.

Sus pequeñas manos intentaban proteger su rostro mientras los golpes seguían cayendo. Cuatro años. Solo tenía cuatro años, y ya sabía lo que era el odio puro y sin filtros.

"¡Monstruo!" "¡Demonio!" "¡Por tu culpa murió el Cuarto!"

Las palabras dolían tanto como los puños y las patadas. Naruto no entendía por qué. No entendía qué había hecho mal. Solo sabía que cada 10 de octubre, su cumpleaños, era el peor día del año.

El último golpe fue brutal. Una patada en las costillas que lo envió volando contra la pared de un callejón. Algo se rompió dentro de él—no solo huesos, sino algo más profundo, más fundamental.

Y entonces, todo se volvió oscuro.

Cuando Naruto abrió los ojos, no estaba en el callejón.

Estaba en un lugar extraño. Oscuro. Húmedo. Frente a él había una jaula enorme, y detrás de los barrotes... algo brillaba en la oscuridad. Dos ojos rojos, inmensos, furiosos.

"Así que finalmente vienes, mocoso."

La voz retumbó como un trueno. Naruto, aterrorizado, retrocedió tambaleándose. Su cuerpo pequeño temblaba.

"¿Q-quién eres?"

Un gruñido profundo emergió de la oscuridad, y luego, lentamente, la criatura se acercó a la luz filtrada. Naruto contuvo el aliento.

Era un zorro. No, no un zorro común—era una bestia colosal, con nueve colas que se movían como serpientes detrás de él. Su pelaje era del color del fuego, y sus colmillos eran tan grandes como el propio Naruto.

"Soy Kurama. El Kyūbi no Yōko. El demonio zorro de nueve colas." Sus ojos se entrecerraron con desprecio. "Y soy la razón por la que esos humanos patéticos te odian, mocoso."

Naruto se quedó inmóvil, procesando las palabras. Este era el monstruo del que todos hablaban. El que mató a tanta gente. El que...

"¿Estás... dentro de mí?"

"¡JA!" Kurama soltó una risa amarga. "Tu precioso Cuarto Hokage me selló dentro de ti cuando eras un bebé. Me convirtió en tu prisionero. Y tú..." se inclinó más cerca de los barrotes, mostrando sus colmillos, "...eres mi carcelero."

El niño pequeño, magullado y sangrando incluso en este espacio mental, no sabía qué decir. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

"Y-yo no... no quería..."

"¡Silencio!" rugió Kurama. Pero algo en su voz vaciló cuando vio las lágrimas del niño. "¿Por qué lloras, mocoso? ¿Tienes miedo de mí?"

"Me duele," susurró Naruto, abrazándose a sí mismo. "Todo me duele. Y no sé por qué me odian. Yo... yo solo quiero que alguien..."

No terminó la frase. Se derrumbó allí mismo, sollozando.

Kurama observó en silencio. Durante siglos, había sido temido, odiado, cazado. Había visto lo peor de la humanidad. Pero este niño... este niño que era su jaula... era tan pequeño. Tan roto.

Y por primera vez en mucho tiempo, Kurama sintió algo que no era rabia. 

EL SELLO ROTO

Pasaron días antes de que Naruto volviera a despertar en el mundo real. Las heridas habían sido graves—el Tercer Hokage había intervenido personalmente para salvarlo, usando los mejores médicos de la aldea.

Pero algo había cambiado.

El sello que contenía a Kurama se había debilitado con el trauma. No lo suficiente como para liberarlo, pero sí lo suficiente para que la barrera entre ellos fuera más... permeable.

Naruto podía escuchar a Kurama ahora, incluso despierto. Una voz profunda y gruñona en el fondo de su mente.

"Levántate, mocoso. Dejar que te pudras en esta cama no te hará más fuerte."

"Déjame en paz," murmuraba Naruto contra la almohada del hospital.

"No puedo dejarte en paz, idiota. Estoy atrapado dentro de ti. Si tú sufres, yo sufro. Así que levántate."

Era extraño. La voz era áspera, incluso cruel a veces, pero... estaba ahí. Siempre. Cuando Naruto se despertaba llorando por las pesadillas, Kurama gruñía comentarios sarcásticos que, de alguna manera, lo distraían del miedo. Cuando Naruto tenía hambre y nadie le traía comida, Kurama maldecía a los humanos con tanta creatividad que el niño no podía evitar reírse un poco.

"Esos bastardos tienen el cerebro del tamaño de una bellota. Probablemente olvidaron que los niños necesitan comer para sobrevivir."

"Kurama..."

"¿Qué?"

"Gracias."

Hubo un silencio largo. Luego:

"...No me agradezcas, mocoso. Solo estoy aburrido."