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Language:
Español
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Published:
2026-02-09
Words:
1,130
Chapters:
1/1
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3
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436

Jardín

Summary:

Manuel llevo a su hija al jardín y conoció a Lautaro.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Estaba llegando tarde a dejar al jardín a su hija, esta semana le tocaba llevar a su cachorrita al jardín, con su ex-omega no se llevaban muy bien, lo único que hablaron cuando su cachorrita finalmente ingreso al jardín fue que cada uno iba a llevarla cada semana, las clases recién comenzaban, esta era la segunda semana de clases.

 

— Finalmente llegamos. – dijo él hombre con tatuajes. Manuel se bajo del auto y fue rápido a abrir la otra puerta sacar a su hija del auto. 

 

Manuel cargo a su hija y vio que solo estaba dos mujeres alfas de seguridad afuera.

 

— Buenos días, perdón por la demora, ¿puedo pasar? – él alfa estaba apurado ya que también llegaba tarde al trabajo.

 

— Por supuesto, pero debe hacernos ver la tarjeta de que su cachorra pertenece a este jardín. – dijo la alfa desconocida.

 

Él alfa se quedo pensando que hizo con esa tarjeta de identificación que le dio su ex-pareja y se acordó que lo dejó en la casa, mierda.

 

— Me olvide, pero ella viene aquí, se los juro. – la cachorrita y su padre miraron a las dos alfas para asistir con la cabeza.

 

Las dos alfas desconocidas se miraron.

 

— No podemos hacerlo entrar si no tiene la identificación. – dijo la segunda alfa — Pero díganos la salita a la que va su cachorra para ir a ver si la reciben. 

 

— La salita azul. – dijo él alfa y cachorrita mostró su pulsera de color azul. 

 

— Bueno espere voy a preguntar. – dijo la primera alfa para entrar al jardín. 

 

Luego de unos minutos volvió la mujer, pero con ella venía un omega, su nariz olfateo el aire y olió un riquísimo aroma, el aroma era de ese omega de baja estatura, los ojos del alfa miraron de arriba hacia abajo al omega, su piel era blanca, su cabello era rubio, el sol le pegaba en el rostro haciendo que sus ojos cafes se vieran muy claros y que sus labios rosas se vean hermosos, tenía una sonrisa tímida en los labios mientras se acercaba hacia él y su cachorrita.

 

— Buenos días. – él omega le dedico una sonrisa al alfa. Manuel sentía a su lobo aullando y rasguñandolo, le repetía muchas veces que ese omega, era su omega.

 

— Buenos días. – dijo él alfa con una sonrisa tímida en los labios aun cargando a su hija en los brazos.

 

Él omega se acercó hacía la cachorrita que rápidamente estiro sus manos hacia él.

 

— Hola, Sofi. – él omega acarició a la cachorrita, esta solo ronroneaba.

 

— Perdón por la demora, no volverá a pasar. 

 

Él omega asistió con la cabeza. — Debemos entrar. 

 

Manuel se despidió de su hija y del omega. 

 


 

Ya era la hora de la salida, había más madres que padres, el timbre sonó indicando que los niños ya salían, las y los omegas docentes salían en fila con los cachorritos. Él alfa vio a su cachorrita.

 

Cada padres iban a decirle al omega que lo retiraban, se acercó al docente para decirle que llego por su cachorrita, pero su hija lo vio y rápidamente corrió para abrazarlo.

 

— También te extrañe, mi niña. – él alfa cargo a su hija en brazos.

 

Él omega rubio se acercó con 3 cachorritos, dos caminando y uno en brazos. 

 

— Perdón, me soltó la mano y la perdí por un momento, no volverá a pasar. – él omega estaba avergonzado. 

 

Manuel vio la timidez del rubio. — No, no, no te disculpes, yo estaba muy cerca igual, esta cachorrita me vio y corrió rápido hacía mí. 

 

— Igualmente me disculpo. 

 

Manuel vio a los ojos del omega, este también lo miro, sus miradas se conectaron, él alfa sintió una corriente eléctrica por todo el cuerpo. Él rubio estaba completamente rojo y aparto la mirada.

 

— Lauti. – dijo una señora desconocida. 

 

— Hasta luego. – acarició el cabello de la cachorrita para irse con esa señora.

 

Manuel se subió al coche, acomodo a su hija en el asiento de seguridad. Él ojiverde estaba feliz de haber visto por segunda vez al omega. Lautaro, ese era el nombre del omega.

 

El alfa se enamoro por segunda vez.

 

---

 

Era viernes y él alfa iba buscar a su hija al jardín, en los demás días no vio al omega, supo que eran dos omegas docentes en el aula. Él alfa esperaba ver al omega una tercera vez.

 

El timbre sonó indicando que los niños ya salían, los docentes aparecieron con los niños. Manuel lo vio, vio a ese omega blanquito venir con los cachorritos, pero a su hija la llevaba la otra omega docente.

 

Él alfa apretó lo puños, la madre luna estaba jugando en contra. Fue a buscar a su hija. Cuando estaba por subirse al auto decidió mirar al omega, esperando llamar su atención, pero él rubio ni lo miro.

 

Ese día no lo vio, la otra semana tampoco.

 


 

Llego la semana donde era su turno de llevar a su hija al jardín. Manuel y Sofi, estaban esperando a que las puertas del jardín se habrán, luego de unos minutos finalmente fueron abiertas las puertas, cada docentes reconocían a sus alumnitos. 

 

Manuel vio como él omega rubio estaba acercándose a ellos, se paro derecho y se peinó.

 

— Hola. – dijo un poco nervioso.

 

— Hola. – él omega le dedico una sonrisa al alfa.

 

— ¿Que tal estas? – pregunto él ojiverde.

 

— Bien, ¿y usted? – dijo él omega para cargar a la cachorrita que quería estar en los brazos del rubio.

 

— Bie...bien, muy bien, me alegra verte. – él ojiverde estaba bastante nervioso – Es lindo verte.

 

Lautaro no quiso mirar al alfa, no por malo, sino que odiaba cuando los padres alfas intentaban algo con él. 

 

— Sofi, quieres ir con la maestra al curso. – apuntó a la otra docente, la cachorrita asistió con la cabeza y se fue corriendo con su otra maestra. Manuel vio todo.

 

Él ojiverde iba a preguntar algo pero fue interrumpido por él omega. — Señor, no quiero ser grosero o algo, pero tampoco quiero que sea más incómodo luego. Yo tengo alfa y estoy comprometido. – mostró su anillo.

 

Él ojiverde estaba confundido, estaba tan tonto cuando vio al omega por primera vez que nunca noto su anillo. Él alfa y su lobo estaban triste, él omega tenía pareja.

 

— Oh, no estaba coqueteando. – él ojiverde se puso rojo y se rió con vergüenza. 

 

— Oh, mis disculpas por haber interpretado mal sus palabras. – él lo miro un poco vergonzoso.

 

— No pasa nada, bueno, nos vemos. – él alfa se dio media vuelta avergonzado.

 

— Adiós. – él omega se fue.

 

Manuel se subió al auto, su corazón estaba rotó, su lobo estaba llorando. 

 

Después de esas palabras, los días pasaron, pasaron cinco meses, hasta que un día él ojiverde se entero que él omega rubio se tomó un descanso ya que estaba en cinta.

 

Él alfa decidió que era momento de olvidarse de ese hermoso omega. 

Notes:

Kiaa, esto iba a ir por otros rumbos pero lo deje asi (〃_ _) no todo en la vida es cliché o fluff