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Will había tenido un dia regular rozando casi lo bueno. Había pasado medio hora explicándole a una madre que su hijo - de veintitrés años - no estaba al borde de la muerte por su dolor abdominal, que no estaba al borde del shock séptico y que solo estaban a la espera del pabellón para resolver el problema. La mujer, bajita, rubia y con una voz que contrastaba completamente con su apariencia, había sido demandante y sobreprotectora sobre su hijo, hablando por él a cada momento e imponiendo su opinión como si ella hubiera estudiado medicina en lugar del médico tratante de su hijo.
Había sido exhaustivo y Will había desarrollado una migraña con solo llevar tres horas en el trabajo, por lo que su día se había encaminado hacia una clasificación mala antes de que fuera la hora de comer, pero , gracias a los dioses, su dia habia mejorado cuando el ingreso nuevo, una anciana que había sufrido un accidente cerebrovascular sin secuelas, le sonriera con todo su cariño y lo tratara como una persona, no como un empleado o el demonio encarnado, la anciana le había hablado sobre sus mascotas - dos perros, un gato y un erizo- con cariño e incluso le había mostrado imágenes de estos en su deteriorado teléfono.
Will había sentido que volvía a creer en la humanidad.
Eso era lo que Will apreciaba de su trabajo, la sensación de estar haciendo algo por el paciente y la satisfacción de ver a alguien mejorar, ver como daban pasos en su recuperación o como su conciencia poco a poco volvía, la sonrisa de las personas cuando por fin podían volver a comer sólidos e incluso las despedidas hacia aquellos que no podían recuperarse pero que parten desde el plano terrenal en compañía de su familia.
En algún momento de su vida Will había considerado ser médico, poder tratar pacientes y recetarles lo que necesitaran, pero cuando se intentó visualizar en ese rol se dio cuenta que, contrario a lo que las series o películas mostraban, los médicos tenían poca interacción con sus pacientes, incluso estando estos hospitalizados, visitas de veinte minutos donde los analizan antes de dar órdenes al personal de enfermería y seguir viendo a otro paciente, o marcharse a casa si su jornada hubiera terminado.
Ellos no estaban junto a la cama del paciente conversando sobre su día mientras le administraban los medicamentos de ese horario, ellos no se reían junto a ellos cuando le hacían cambios de posición o lubricaban su piel mientras estos les contaban anécdotas o curiosidades, no veían lo sonrisa de un anciano recibiendo aquella visita que tanto había esperado por recibir.
Así que Will se encogió de hombros y escogió la escuela de enfermería.
Su madre no había protestado, siempre abogando porque persiguiera sus sueños incluso si estos no le otorgaban una remuneración económica grande.
-Debes hacer algo que te llene, corazón - había dicho su madre mientras le acariciaba los rizos rubios - no solo tu bolsillo, algo que te llene el alma, algo con lo que puedas vivir día a día sin remordimientos.
Y Will se había aferrado a esas palabras desde el fondo de su corazón, grabandolas en su mente en todo momento.
Así que no se sintió menos cuando eligió la escuela de enfermería en vez de medicina como esperaban sus profesores ni se inmuto porque estos lo miraran con decepción por todo el talento desperdiciado que significaba su elección. No eran ellos quienes tendrían que vivir con sus decisiones, era Will… y Will eligiria aquello que lo hiciera feliz.
Bueno, feliz la mayor parte del tiempo.
Pero para días como ese, donde se cuestionaba levemente - o completamente- sus decisiones de vida, existía la tienda de conveniencia a una cuadra de su departamento. Esa pequeña pero acogedora tienda donde podía comprar dulces y golosinas para auto recompensarse por aguantar el día sin gritarle a nadie o insultar a un familiar.
Will compró una barra de chocolate con almendras, una pequeña botella de jugo de arándanos y dos latas de bebida energética, pagando rápidamente mientras la chica detrás de la caja, Shannon de veinte años y en una relación, coqueteaba descaradamente con él.
Luego de pagar y casi huir del lugar, abrió el paquete de la chocolatina y comió un trozo, entrecerrando los ojos ante el sabor dulce y suave en su boca.
Cuando llegó a su hogar ya se había comido la mitad de la chocolatina, el cremoso dulce apaciguando su ánimo mientras rebuscaba en sus bolsillos, antes de encontrar su llave y abrir.
Al momento de entrar Will sintió el familiar olor a naranja que inundaba su hogar junto a la sutil esencia de un café recién preparado, alzó una ceja sorprendido y dejó su bolso en el sillón cerca de la entrada, aun sin soltar la bolsa de compras.
-Debo admitir que estas mejorando, señor vecino - bromeo con una sonrisa divertida - ¿Café recién hecho para esperarme? Wow… casi no me siento molesto porque esté sangrando en mi sofá de nuevo.
-Ey, un chico tiene que saber cómo consentir a su enfermero favorito ….- habló el aludido mientras se encogía de hombros, Will no pasó por alto la leve mueca que hizo ante esto.
-Soy tu único enfermero… y ni siquiera me estás pagando por esto.- replicó Will divertido
-Además no estoy sangrando sobre tu sofá, tuve la previsión de poner una manta para absorber mi sangre, de nada.
-Punto número uno, estás sangrando sobre una manta empapada de sangre que ¡oh sorpresa! Ya traspasó la tela hacia mi sillón.- expuso Will clavando sus ojos azules en los de su vecino y levantando los dedos para enfatizar su punto.
-¡Mierda! - soltó Tim mientras miraba su flanco derecho donde la sangre que empapaba la tela negra había traspasado hacia el sofá gris, dejando una mancha creciente.
-Y dos, esta es la segunda vez en la semana y la cuarta en el mes que te encuentras sangrando en alguna superficie de mi casa, señor justiciero.- habló Will resoplando antes de tomar el botiquín que estaba en la alacena para dirigirse hacia Tim.
Will se arrodillo delante de su vecino y levantó la manta sangrienta dejando ver una camiseta empapada de sangre debajo de la cual se podían apreciar apósitos amontonados, que a ese punto ya eran una masa deforme y supurante.
-Tienes que sacarte la camiseta- hablo levantando la mirada.
-¡Rayos, señorito! Invítame un café primero, aun no estoy listo - bromeó Tim mientras estiraba los brazos para sacarse la prenda.
Will puso los ojos en blanco una sonrisa.
-Deja la camiseta a tu lado - dijo mientras abría el botiquín de primeros auxilios y tomaba unos guantes estériles de su empaque, no sin antes dejar todos los elementos de sutura disponibles para su uso.
-Pensé que estabas preocupado por tu sofá-murmuró Tim pero aun así hizo caso dejando la tela sobre el cuero.
-Hay que aprender a dejar ir las cosas - hablo Will acomodándose los guantes - además estaba pensando en cambiarlo hace meses, el cuero no sienta bien con la piel desnuda, se pone pegajoso e incómodo.
Will le indicó a Tim que retirara las gasas que cubría la herida, frunciendo los labios cuando vio lo que parecía ser el corte de una cuchilla con dientes o una sierra.
-Amigo, haga lo que haga eso va a dejar una cicatriz feísima… Además necesitarás una ronda de análisis sanguíneos, unos analgesicos profilácticos y una vacuna contra el tétanos… ¿Te han vacunado contra la hepatitis?
Will no puedo evitar divagar mientras tocaba la herida con cuidado - sin perderse la mueca de dolor que hizo Tim apenas sus dedos rozaron la superficie - los bordes de la herida eran demasiado irregulares y definitivamente faltaba un pedazo de piel que permitiera unir ambos lados, cerrándola, lo bueno es que no se podía apreciar hueso, solo músculo. Will tomó una jeringa de suero y comenzó a irrigar la zona ignorando los siseos de Tim mientras veía el suero brotar cada vez más claro después de estar en contacto con la piel.
Will soltó un suspiro y levantó los ojos para mirar a Tim.
-La buena noticia es que no se ve suciedad ni pus en la herida, ni siquiera después de irrigar con suero. Tejido granulatorio y algo de músculo - hablo Will sonriendo antes de hacer una leve mueca - la mala es que quien sea que haya hecho esto te arranco un trozo de piel significativo y no va a cicatrizar en un tiempo.
-¿Un tiempo? ¿Cuanto seria exactamente eso? - preguntó Tim con una ligera ansiedad en sus palabras.
-No hay tiempo definitivo - murmuró Will- la curación de al herida depende de como la cuides, lo cual no confio mucho teniendo en cuenta tu vida nocturna, tus hábitos alimenticios, que son cuestionables, y un poco de la genética de cada persona, además de los implementos que uses para tratarla.
Tim hizo una mueca mirando al techo. Mientras tanto Will tomó un poco de gasa parafinada y cubrió la herida para luego ponerle gasas, sellando el lugar.
-Me veré obligado a estar en la banca ¿no?
-Si quieres seguir combatiendo criminales , si. - dijo Will levantándose de donde estaba agachado frente a Tim para curar su herida - el apósito deberá cubrir tu herida por al menos dos días y luego veremos como progresa, hasta entonces, por todos los dioses, come equilibrado, tu cuerpo necesita nutrientes para sanar, y no, las bebidas energéticas frutales no cuentan como fruta, para nada.
-¿Cuenta el café como grano? - bromeó Tim volviéndose a poner la camiseta, aún deprimido pero aligerando el ambiente por Will.
Will bufo entre molesto y divertido.
-Por milésima vez no - aclaró Will volviéndose hacia su cocina - Además no se porque insistes tanto en eso, ni siquiera te gusta tanto.
-La costumbre supongo - dijo el mayor encogiéndose de hombros- cuando los medios insisten en que soy un insomne productivo a base de café uno tiende a quedarse con algunas de las bromas, ya sabes, para no caer en el rencor y la amargura.
Will no pudo evitar soltar una carcajada mientras se dirigía hacia su cafetera, la cual rebosaba de calor y el agradable aroma de café de calidad recién preparado y se servía un poco, Tim sabía cómo congraciarse con él sin duda.
Tomando su taza y sacando una de las bebidas energéticas que había comprado en la tienda se sentó junto a su vecino en el sofá, procurando evitar la zona ensangrentada.
-Puede que no pueda invitarte un café, pero una bebida energética bastará ¿No?
Tim enarco una ceja ante la ofrenda pero tomo la bebida con diversión. Will se acomodo a su lado - el sano - y tomó el control remoto para prender la televisión, buscando en los canales algo decente para ver.
-Sabes, nunca entenderé cómo puedes ser tan contradictorio a veces, Solace.- murmuró Tim mirando la bebida energética con un sentimiento extraño en sus ojos que Will no pudo identificar.
-Solo para ti, Drake. Solo para ti -Will abrazo el cojín en su regazo y miró a su paciente frecuente - ahora acuéstate, duerme un poco, recarga energías unas horas antes de que tenga que inyectarse el antibiótico.
-A la orden capitán.
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En los meses que Will llevaba ayudando a su vecino/amigo a remendar sus heridas, no era extraño que se encontrara con alguno de sus hermanos - o dioses no lo quisieran su padre adoptivo - en su apartamento, decorando su alfombra o sus paredes con un lindo tono rojo particular.
Will agradeció que su círculo social fuera superficial al punto en que no confiaba en nadie lo suficiente como invitarlo a su hogar, porque explicar dichas manchas sería un problema. En algún momento Will había empeñado tiempo en pintar las paredes y reemplazar las alfombras, pero a medida que su presupuesto en esto aumentaba al igual que la visita de sus pacientes, decidió que no valía la pena el costo.
En un inicio Will había cuestionado a Tim sobre la frecuencia en que los murciélagos aparecian en su departamento, plenamente consciente de que tenían dinero más que suficiente para tener una enfermería en su base o alguien capacitado para curarlos, a lo que lo que Tim había respondido con un bufido burlón antes de soltar algo sobre gente orgullosa, que necesitaba aprender a pedir ayuda y dejar de ocultar lesiones.
Lo cual era realmente hipócrita de su parte, pero, teniendo en cuenta que esa conversación se dio mientras Will le instalaba una vía venosa, el rubio prefirió obviar su respuesta y solo levantar una ceja acusativa hacia el otro.
A si que, si, Will se estaba acostumbrando a encontrar a algún miembro de la familia más rica de Gotham en su sofá o en su cocina sangrando -o con una gripe brutal - al llegar a casa.
Pero encontrarse con un medio kryptoniano, pálido y con venas azuladas marcadas a lo largo de todo su cuerpo mientras yacía tendido en su sofá negro , era algo completamente nuevo.
Una experiencia simplemente no recomendable. Cero sobre diez.
Will cerró la puerta de su apartamento con rapidez rogando porque ninguno de sus vecinos hubieran notado la presencia del superhéroe en su morada antes de tirar su bolso al piso y correr hacia el chico.
Will llevó las manos al pecho vestido del chico antes de comenzar a tocarlo con cuidado intentando averiguar dónde estaba la herida principal, lo cual era difícil, teniendo en cuenta que el chico no parecía haberse quitado ninguna de las capas de su uniforme al dejarse caer sin gracia contra el sofá.
Cuando Will intentó quitarle el cinturón sintió como si estuviera tirando de una cuerda empapada en cemento, increíblemente pesada, lo cual interferia con el examen físico, solo después de varios minutos y una lucha constante con la implementación del otro, Will pudo revisar por completo a Superboy, logrando encontrar un pequeño punto, casi ínfimo, que habría pasado desapercibido de no ser por el color azul que lo rodeaba y la inflamación.
Will tocó con cuidado la piel del chico, pensando rápidamente en que podría darle a un kryptoniano claramente envenenado cuando todo lo que había en su botiquín eran implementos para uso humano. Estaba a punto de llamar a Tim sin importarle que el chico estuviera en su horario hábil -como justiciero- cuando sintió que el chico soltaba un suspiro de alivio.
El rubio miró con incredulidad a Superboy quien para su sorpresa había comenzado a recuperar su color natural levemente, las venas azuladas poco a poco difuminando, mientras sus facciones se relajaron como si una pesadilla diera paso a un sueño placentero.
Sorprendido, Will alzó la mano que había estado rodeando la herida hacia el rostro del chico, tocándolo con cuidado antes de encaminarse hacia su pulso carotídeo siendo detenido por el gesto del otro, quien se inclinó hacia su toque como un cachorro posando la cabeza en la mano de su dueño.
Superboy seguía con los ojos cerrados, pero se inclinaba contra la mano de Will como si esa fuera su misión personal. El rubio lo miró sin saber que estaba pasando hasta que recordó una de las conversaciones que había tenido con Tim.
Tim era cuidadoso con la información que soltaba sobre su trabajo nocturno, pero a veces no podía evitar mencionar datos inocuos cuando se encontraba demasiado inmerso en la conversación o demasiado sedado para dejarse llevar.
A Will le parecía entrañable, demostraba cuando confiaba el otro en él. Aunque esa confianza le estaba costando un poco de su cordura cada vez que algún justiciero era guiado hacia él por lo que sea que Tim les estuviera contando.
Uno de esos datos era que los supers obtenían su fuerza de la luz solar.
El sol, del cual Apolo era dios.
Apolo, quien era el padre de Will.
Will, quien tenía poderes sanadores basados en su padre… el dios del sol.
Will se dio una palmada en la frente con la mano libre antes de mirar a Superboy con el ceño fruncido. El chico estaba recuperando su salud poco a poco, pero Will no podía saber que tan rápido lo estaba haciendo y si es que esa velocidad podría ayudar al otro a salir ileso de su lesión o si la lentitud retrasaría lo inevitable.
Will ni siquiera podía saber si es que solo eso - su toque, su energía interna o lo que fuera- era suficiente para lograr que el otro sanará, por lo que Will sabía podría estar simplemente brindando una especie de alivio pasajero antes de que el veneno que recorría su organismo lo matara.
Will apretó los labios en una línea mientras su ceño se fruncía. Tenía una forma de salvarlo si lo que necesitaba era luz solar, pero no tendría cómo explicar la milagrosa curación, podría llamar a Tim, pero el pelinegro a diferencia de su huésped, era solo humano, por lo que el trayecto hacia el departamento podría demorar demasiado.
Llamar a superman no era una opción, no pondría atención a cualquier desconocido que le intentara persuadir de dirigirse hacia un lugar remoto en Gotham con la excusa de ayudar a su familiar del cual ni siquiera sabía el nombre real. El hombre no era tan idiota para caer en algo que parecia una trampa a simple vista.
Will soltó un suspiro y pasó la mano por el entrecejo de Superboy. La decisión pondría en riesgo su secreto, podría cambiar su vida y seguramente provocaría sospechas en la familia más paranoica de Estados Unidos.
Era una decisión fácil.
Will alzó la mano y se concentró en el poder que se encontraba dentro de él, esa luz que reposaba en su interior dormida, esperando el momento de salir, haciéndola bullir mientras la dejaba correr por su cuerpo y canalizandola hacia sus manos, mientras sus labios se relajaban en un cántico ligero pero poderoso.
El efecto fue casi inmediato, la tez del pelinegro pasó de un color seroso a un bronceado saludable, sus hombros se relajaron y el pequeño suspiro de placer que había soltado antes se volvió a repetir. Pronto Superboy se encontraba acurrucado en posición fetal en el sillón de Will durmiendo plácidamente mientras soltaba pequeños ronquidos.
Will lo vigiló desde la cocina mientras preparaba algo de comer. Después de todo, se lo merecía.
Eran pasadas las nueve de la mañana del día siguiente cuando la puerta del apartamento de Will se abrió con suavidad dejando a entrever a un cansado Tim que miraba su teléfono celular como si este le debiera cientos de dólares y avanzó al interior sin prestar atención a su entorno, guardando las llaves que Will le había dado cuando sus visitas se hicieron tan frecuentes que el otro ya parecía ser su compañero de departamento en vez de su vecino.
-Hey Will, se que habiamos quedado de ir a esa nueva cafetería hoy, pero creo que no voy a poder acompañarte - hablo el pelinegro teclando en la pantalla - se que es tu primer dia realmente libre en un tiempo, pero un amigo mio no aparece y todos se están volviendo…
Tim finalmente levantó la mirada de su teléfono con aire cansado, solo para detener su tecleo - y sus palabras - ante la escena ante él.
-Hola Tim - saludo Superboy desde donde estaba reclinado sobre Will, como si fuera su almohada personal mientras comía cereales con leche con un tazón que decía 《you are sun-stoppable》con sol sonriente a un lado, con una sonrisa perezosa en su rostro.
Tim pestaño, miró de Superboy a Will y viceversa repetidamente antes de empezar a boquear como pez fuera del agua.
-¡¡¿Qué carajo?!!
Will solo suspiro , bebió un poco de su café antes de cerrar los ojos y resignarse a su destino como almohada personal de un medio kryptoniano, mientras escuchaba la voz animada de la meteoróloga en la televisión quien anunciaba uno de los inviernos más fríos en Gotham.
