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Memorias del 1188

Summary:

Año 1995. Theodore ha fingido acostumbrarse a la vida en la Guardería. Durante todos estos años no se ha dado cuenta de lo cercanos que se han vuelto él y el resto de experimentos, o más bien, él y Dogday.

Sus sentimientos por el chico son confusos, sí, pero tampoco se complica en entenderlos, son muy diferentes después de todo. Y el Prototipo espera.

Notes:

La historia de un amor infantil y tonto que por desgracia acabó tornándose retorcido.

Intento que los sucesos sean coherentes con la línea original del lore de PoppyPlaytime, pero no niego que pueda tener algún error :p o que en un futuro ya no sea accurate por nueva información que nos den!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Enero

Chapter Text

Incluso si trataba de encajar con el resto, estaba predispuesto a sobresaltar desde el inicio. El juguete retirado, el cuadrúpedo de tamaño descomunal, quien expulsa gas que adormece a los niños. Ninguna de esas características eran propias del resto de los experimentos en la Guardería, Theo lo sabía. No fue bueno tratando con los demás antes y ahora tampoco.

Prefería pasar los días deambulando por la Guardería. No interactuaba con nadie mas que con los niños que a veces se acercaban a él con interés de acariciar a un «gatito gigante». Los científicos decían que era lo ideal, que cuanto más se acostumbrasen a su presencia, más receptivos serían a que Catnap pusiera el humo rojo en sus cuartos a la hora de dormir.

En el fondo se negaba a aceptar del todo este nuevo papel que le habían impuesto. Los pequeños no sabían que él era, en retrospectiva, una persona también. Los únicos que quizás lo sepan son los otros experimentos, y como ya ha mencionado, no esque se le diera bien interactuar con ellos. Dogday se esforzaba demasiado, como si se hubiera metido por completo en el personaje de animación e intentase ser el líder del grupo. Bobby y Crafty a veces se acercaban para preguntarle si quería unirse a alguna actividad de las que organizaban con los niños, pero él sabe que solo están siendo amables (nota que están incómodas cerca suyo). Con Bubba y Picky no ha hablado ¿Hoppy y Kicken? Alguna vez los ha visto retándose para acercarse a él, también le tienen miedo.

Además, aunque fingió no hacerlo, Theodore aún recuerda su nombre y quién es. Está seguro de que el resto no puede decir lo mismo.

—¡Vamos, Catnap! ¡Solo esta vez!

Y luego están estas voces que tienen. Tan roncas, tan distorsionadas, monstruosas. No le extraña que a veces asusten a los niños.

—He dicho que no quiero ir.

Dogday juega con el dije en forma de sol que cuelga de su collar. Parece nervioso, Theo diría que incluso parece incómodo de intentar convencerlo, como si estuviera siguiendo un guion que no le convence.

—Todos estarán ahí, los niños estarán felices de que tú también estés, y estoy seguro de que el resto de Criaturas también.

Theo no se molesta en levantarse, sigue recostado por completo bajo la sombra de este árbol falso. Incluso siente un bostezo, lo cual es raro, porque está seguro de que con este cuerpo no puede bostezar.

Dogday toca suavemente su pata y lo sacude— ¿Te estás durmiendo?

—No.

El perro parece reírse, nervioso— ¡Vamos, Catnap! Una fiesta no te va a matar. Además, así puedes decirnos a qué hora irnos a dormir.

—Pff. Entonces iré cuando haya acabado la fiesta.

—¡No! Tienes que ir desde el inicio, no te lo puedes perder —reclama con un tono un poco infantil, como si se asomara el niño en lugar del juguete—, Picky va a preparar aperitivos para todos, Bobby ya ha planeado los juegos con Crafty y Bubba, y estoy seguro de que será divertido ver a Hoppy y a Kicken competir, ¿no suena divertido?

—Todos estáis en personaje, ¿eh?

—...

—No suena divertido. Vamos a los laboratorios esta tarde, ¿estarás con ánimos de irte de fiesta después de eso?

Podría asegurar que nota el brillo apagándose en los ojos de Dogday. Responde, con voz más suave— Es el cumpleaños de Lilly, sabes que la van a adoptar pronto. Sé que es egoísta pedirte que vayas después de... eso. Pero creo que vale la pena despedirse.

—...

—Si estás muy cansado puedes solo mirar. Pero sabes que Lilly adora a Catnap.

Y Theo suspira.

No puede creer que haya aceptado. Normalmente Dogday no consigue convencerlo de nada. De hecho, alguna vez Theo lo ha dormido para que se calle cuando está en medio del intento.

Pero es cierto que no tiene muchas energías en la fiesta. No después de que hurguen en sus entrañas por lo que se ha sentido como días, pero que probablemente solo hayan sido un par de horas. Le duele el cuerpo, le duele todo, le duele desde el inicio de la columna vertebral hasta el final de su cola de gato, y es algo que le preocupa porque nunca antes le había dolido ahí. Nunca antes había sentido su cola en sí, siempre la había arrastrado como un trapo por el suelo. Ahora puede moverla, siente hormigueos y tensión. A veces hacen revisiones como estas para comprobar que todo esté bien, pero Theo está seguro de que escarban y experimentan de nuevo con ellos como si los últimos años no hubieran sido suficientes.

Se pregunta si algo parecido habrán hecho con los demás. Nota que ninguno irradia esa energía y felicidad que Dogday le prometió por la mañana. Aunque bueno, lo intentan.

—¡A la de tres!

Hoppy se prepara en la línea. Sus piernas de coneja están tensas y fija la vista en ese pañuelo que sostiene Bubba. Al otro lado del elefante, Kicken se baja unas gafas de sol algo ridículas y finge una sonrisa retadora.

—¡Una...!

Dogday levanta un brazo.

—¡Dos...!

Levanta ambos.

—¡TRES!

Cuando el líder baja los brazos, ambas criaturas corren hacia el pañuelo. Hoppy es más lenta de lo habitual y Kicken ha tropezado como tres veces, pero aún así logran dar un poco de espectáculo. Los niños ríen y aplauden a una victoriosa conejita que ha logrado volver con el pañuelo a la línea de meta. Mientras todos celebran, Theo casi puede sentir que se le caen los párpados del sueño.

—Catnap...

Da una cabezada y despierta de golpe. Frente a él, está la protagonista de la fiesta, Lilly. Es una pequeña de cinco años, de coletas rubias y sonrisilla tímida. Cuando Theo la ve, vuelve a recostarse y relajar su adolorido cuerpo.

—Hola, Lilly —murmulla con su voz distorsionada.

La niña amplía su sonrisa hasta formar una de la que Ludwig podría presumir. Lilly acaricia su enorme zarpa hasta que decide que es mejor tumbarse sobre ella. Frota su pequeña carita en el pelaje morado, tan feliz y cómoda que a Theo le da envidia. Le gustaría poder sentirse así de pequeño una vez más.

No se da cuenta de cuándo la niña se queda dormida, probablemente haya sido en minutos, incluso segundos. Lilly es de las pocas niñas que se sienten cómodas abrazando a un monstruo grotesco como él. No diría que le da lástima que se vaya, pero es cierto que le agradan los niños como ella; que no gritan, ni buscan conversaciones tontas o juegos bruscos, solo cercanía silenciosa.

Lo último que ve antes de quedarse dormido es que todos rodean lo que parece alguien dormido en el suelo.

(...)

—¿Dogday está bien? —pregunta un niño con ojos preocupados mientras tira de la bata del doctor.

El adulto se acomoda las gafas, su sonrisa pulcra como el metal de un bisturí— Lo estará, no te preocupes. Solo está un poco cansado.

Theo agita la oreja molesto. Desde ayer no había otro tema de conversación: Dogday colapsó en medio del cumpleaños. Los niños lo extrañan, las Criaturas lo extrañan, todos hablan de cómo se lo llevaron a la «enfermería». Theo suponía que tarde o temprano pasaría algo así. Los experimentos empeoran y el perro no se cuidaba en lo más mínimo, para ese idiota el tiempo de descanso y los horarios de sueño son algo opcional. Siempre radiante.

Por su culpa no puede dormir en ningún lado, todos cuchillean sobre el tema y le molesta las respuestas banales de los adultos: «Dogday solo está cansado», «es porque jugó mucho», «mañana estará mejor». Tch. Lo que más le irrita es tener que pisar parte de los laboratorios para hacerle dormir hoy. Porque claro, dormirse por sí mismo no está en los planes del radiante Dogday. Agradece que siempre esté sonriendo en ese cuerpo, porque está seguro de que no podría soportar verle pasar de un rostro de dolor a sonreír falsamente cuando abre la puerta.

—Catnap... —Incluso en su voz puede notar que está sonriendo.

Theo suspira. No ha dado un solo paso dentro de la habitación, y se lo piensa bastante antes de hacerlo. Su enorme pata pisa las baldosas blancas hasta la camilla en la que descansa el enorme—pero no tan enorme como él—cuerpo de Dogday.

—Hora de dormir —dice. Y Dogday medio ríe medio tose.

—¿No vas a preguntarme cómo estoy?

—No hace falta, sé que no estás bien.

—... Ah, qué negativo —ríe más, como un niño pequeño. Se pregunta cuántos años tendrá Dogday... ¿Once? ¿Doce? Esa es su edad, se niega a pensar que Dogday sea más mayor que él, y no cree que sea más pequeño tampoco.

Theo se sienta sobre sus patas traseras, este cuerpo es menos sensible, pero aún así nota que el suelo está frío. Está a punto de liberar el gas, pero entonces Dogday lo interrumpe.

—¿Cómo lo haces? —murmura, menos radiante.

Theo ladea la cabeza— ¿El gas? No lo sé, solo lo hago.

Dogday vuelve a reír.

—¡No, no el gas! Me refiero... ¿Cómo haces para... mantenerte tan tranquilo?

—No estoy seguro de a qué te refieres.

El más pequeño baja la mirada, sus patas anaranjadas aprietan con fuerza las sábanas— Llevo aquí unas ¿Cuatro horas? Creo. Sin nadie con quién hablar y... estaba pensando en ti...

—¿En mí? —Por alguna razón, la piel de la cola se le eriza un poco. Empieza a buscar palabras, pero nada le sale, solo siente mucha vergüenza ¿Qué está diciendo este loco de repente?

Pero Dogday continúa con voz casi dulce— Sí, en ti. Estaba pensando en que tú nunca quieres hablar con nadie... Y aún así, incluso cuando estás solo, pareces tan tranquilo. A mí me da... ¿cómo decirlo?

—¿Tienes miedo a estar solo? Lo he notado —se limita a decir.

Dogday se ruboriza un poco. Por un momento parece que va a negarlo, pero entonces asiente tímidamente con la cabeza— Um. Supongo que sí.

—Yo no estoy solo. El Prototipo está conmigo.

—... Ah ¿Tu amigo imaginario? Oí que los doctores dijeron que tenías uno.

Theo niega, sus ojos se vuelven brillantes en las cuencas negras— El Prototipo es real y ellos lo saben. El Prototipo nos salvará.

—...

—El Prototipo nos salvará —repite, dogmático.

—No creo que nadie pueda salvarnos —admite Dogday—, quiero decir: míranos ¿Qué queda por salvar? Ni siquiera somos-

—Estamos vivos, y llegará el día en que lo demostremos. El Prototipo nos hará libres.

—... Um.

Dogday está incómodo, no deja de evitar la mirada de Catnap, animalesca, salvaje. Theo, por otra parte, se queda pensando en el Prototipo, en su plan. Para cuando se da cuenta ya ha puesto el humo en el cuarto y Dogday se ha quedado dormido.

Cuando duerme, Dogday se ve mucho más natural. Cualquiera diría que es un peluche inanimado, pero para Theo el Dogday dormido es el Dogday real. El niño tras el experimento. A veces gruñe en sueños, o frunce el ceño y balbucea alguna que otra maldición. Se pregunta cuál será su nombre real... ¿Marc? ¿Tom? Sería gracioso que fuera del tipo perro como Toby o Max.

Marc. Marc suena bien. Theo se queda pensando en qué nombres tendrán los demás. Y quizás es por el humo o porque es tarde, pero se acaba quedando dormido a los pies de la camilla de Dogday.