Chapter Text
—¿Es realmente necesario que yo...?
—Kim Dokja.
El recién nombrado se tensa, y sus temblores empeoran un poco más. El cansancio sigue pesando en sus huesos, y tiene toda la intención de quejarse ante el trato absurdamente duro que le están dando a él, un pobre paciente que estuvo a nada de caer muerto hace no menos de un día, mientras todavía está pasado por este duro período de recuperación obligatoria. Podría presentar esa queja con todo gusto, si no tuviera un miedo muy real y justificado a las consecuencias que podría traerle. Es decir, si ya están mirándolo como si fueran a matarlo, después de un verdadero intento de asesinato en mitad de una disputa por malentendidos y mala comunicación, ¿qué le asegura que la espada de Yoo Joonghyuk no vaya a terminar el trabajo, ahora que Dokja está en su punto más débil?
Tragándose un gemido de disgusto, e ignorando la manera en la que Han Sooyoung parece estar burlándose silenciosamente de él desde el otro lado de la habitación, presiona la pantalla holográfica del sistema para abrir el chat.
No obstante, antes de poder escribir el primer saludo, se detiene y vuelve su vista al hombre junto a su cama.
—¿No es muy joven para recibir mensajes? —pregunta con genuino desconcierto, lanzando una mirada curiosa hacia Joonghyuk, quien frunce un poco más las cejas y sus brazos se abultan desde donde los tiene cruzados. Aun así, la cantidad de vendas que tiene en el torso, cuello y cabeza, además de un parche en la mejilla, le quitan puntos de amenaza. Él se ve casi tan lastimado como el propio Dokja, no importa que sea el único de pie—. Es decir, tiene como cuatro años...
—Él sabe leer, Kim Dokja —aclara Joonghyuk entre dientes, probablemente con la paciencia suficiente como para no clavar de una vez esa espada maldita en la garganta del otro hombre.
Mismo hombre abre más los ojos.
—¿En serio? —pregunta, bastante sorprendido por la información. Mira de vuelta el chat abierto, pensativo—. ¿No lo vuelve eso una especie de genio...? —murmura, con la cara pensativa.
—No pierdas tiempo —insiste el espadachín, acercándose más. Kim Dokja casi se encoge sobre sí mismo de miedo, pero se mantiene en calma mientras Yoo Joonghyuk se inclina, mirando la misma pantalla que él, con una cara menos aterradora ahora que su intención no es asesinar a Dokja—. Ya te perdiste su cumpleaños ayer.
—¿Sí? Creo que es porque estaba inconsciente, ya que, al parecer, alguien es incapaz de aceptar una disculpa sincera.
Joonghyuk vuelve a mirarlo de manera asesina. Sin embargo, debido a la cercanía, Kim Dokja no se siente especialmente amenazado, probablemente debido al hecho de que, a esta distancia, lo único que puede ver con claridad son los ojos ónice del otro hombre, joyas verdaderas para cualquiera que sepa apreciar la belleza de una mirada tan triste. Y las pestañas de Joonghyuk también son un punto a favor para su belleza. Dokja podría empezar a contarlas.
Lamentablemente, su intención de contar esas increíbles pestañas inferiores se interrumpe cuando la otra persona en la habitación se aclara ruidosamente la garganta.
Ambos hombres miran a Han Sooyoung, quien finge estar viendo por la ventana, tarareando una melodía cualquiera.
Kim Dokja suspira y codea suavemente al otro hombre, tal vez a propósito en uno de sus hombros lastimados, sólo porque es un poco imbécil y quiere que Yoo Joonghyuk sufra una mínima parte de lo que él está sufriendo, aunque no surte efecto porque claramente el protagonista sigue teniendo una resistencia irreal. De cualquier forma, el silencioso pedido de espacio es escuchado y Dokja puede respirar cuando Joonghyuk se aparta, volviendo a estar erguido a un lado de su cama, brazos cruzados y todo.
—De todas formas —comienza Dokja, llenando el silencio, al mismo tiempo que escribe las primeras líneas de un discurso ensayado de felicitaciones—, tú tampoco estuviste en su cumpleaños, si no me equivoco.
—Le dejé un pastel.
El hombre en la cama suelta una risa irónica y sin verdadera gracia.
—¿Crees que eso compensa el abandono parental?
—Kim Dokja —advierte.
—No te preocupes —lo calma, moviendo una mano en el aire al mismo tiempo que presiona "enviar", y una sonrisa practicada se le forma en los labios al volverse hacia su compañero—. También lo compensaré más tarde.
Es una promesa vacía, pero de todas formas hay cosas más importantes por las que preocuparse que un cumpleaños. O dos, en este caso.
Mirando de reojo a Yoo Joonghyuk, se pregunta cómo reaccionaría si le dijera sobre el 15 de febrero.
Los postres dulces son lo mejor, no importa el mundo en el que se encuentre. El azúcar sigue siendo la mayor creación del universo, Iván no tiene dudas sobre ello, especialmente no mientras devora, a escondidas, una segunda porción de su increíble pastel de cumpleaños.
Pateando sus pies en el aire debido a la silla que todavía es muy alta para su diminuta estatura infantil, mira por la ventana junto a la mesa a la gran noche oscura de la ciudad. Las constelaciones brillan con fuerza, un par de estrellas fugaces pasando cada cierto tiempo entre ellas, y aunque no hay luna, eso sólo sirve para que los diminutos astros se vean más luminosos. Se mete otra cucharada de crema y masa dulce a la boca sin dejar de observar el espectáculo silencioso de la noche estrellada de su cumpleaños.
No cree haberla pasado tan bien en este día alguna vez. Aunque, no puede negarlo, todavía se le hace irónico haber nacido en este mundo en el mismo día en el que fue adoptado por Unsha en el anterior. Debe ser una especie de broma de quien sea el responsable de su reencarnación, ¿no? Iván puede admitir su sentido del humor. O su pereza para encontrar una fecha mejor. De cualquier manera, no se queja. Allá en el Jardín Anakt sus únicos cumpleaños (aclaración: aniversarios de adopción) felices fueron los días en los que podía pasar un día entero junto a Till, Mizi y Sua, haciendo algunos arreglos florales y aceptando sus porciones extras de premios dulces del almuerzo. Cosas sencillas alejadas de la atención de otros estudiantes a los que no tenía intención de conocer, o las galas de su segyein cuando también decidía celebrar presumiéndolo como un objeto valioso en una subasta.
Ahora, sin embargo, no tiene a Till, Mizi o Sua para pasar el rato. Pero esta mañana Lee Sookyung le hizo compañía y le leyó varios libros complicados. Y Mia fue lo suficientemente amable como para salir al jardín y quedarse por horas viendo nubes junto a él, quejándose ruidosamente de lo enojada que estaba por no poder darle buenos regalos ya que "el mundo se fue a la mierda, y los mejores videojuegos con él". Iván nunca ha jugado un videojuego, pero viendo la angustia de la niña, sólo pudo atinar a asentir con comprensión.
Un día agradable. Aun así, no puede negarlo, también fue mucho más tranquilo que su primer cumpleaños en este mundo, ya que el resto de la familia no estuvo presente. Algo de lo de siempre, sobre despejar escenarios.
Metiéndose otra cucharada a la boca y masticando entre el silencio del comedor, piensa un poco en cuánto más tendría que crecer antes de tener que lidiar con el escenario él mismo, porque es obvio que la única razón por la que todavía no ha caído en las garras del verdadero peligro es gracias a los adultos que salen en su lugar. Lo cual no le gusta. La indefensión lo está carcomiendo cada día por eso.
Sus pensamientos se cortan de pronto cuando una pantalla aparece repentinamente frente a sus ojos justo antes de alcanzar otro bocado. Sus pupilas rojas se iluminan con el azul brillante.
[Nuevo mensaje.]
No se espanta por la notificación tan repentina, ya que no es ajeno a esto. De hecho, antes de irse por quién sabe cuánto tiempo, Yoo Joonghyuk le dio algunas instrucciones sobre su uso. Nada complicado, solo un medio de comunicación básico por escrito. Pero Iván tuvo que fingir un poco para no levantar sospechas; miradas confusas ante términos reconocidos y una guía directa (manos más grandes y cálidas haciendo que presione botones que ya conoce) para aprenderse la interfaz. Su productor le demostró un increíble nivel de paciencia, que Iván se sintió tentado a molestar un poco más de lo debido, pero él no es un tonto y no quiere que Joonghyuk piense que es un mocoso malcriado, así que sólo obedeció y alegremente a las directrices.
—Te mandaré un mensaje. Puedes enviármelos también cuando estés listo.
Todavía no lo hizo. Se pregunta si su productor se cansó de esperarlo y decidió dar el primer paso.
Sacudiendo las manos para quitarse las migas imaginarias de pastel, presiona sobre la bandeja de mensajes.
Al leer el remitente, su expresión se llena de frialdad.
Kim Dokja: Hola, mi pequeño Guwon. ¿Cómo estás? Este es tu appa. Lamento haber tardado en enviarte un mensaje, y no sé si esto te llegará a tiempo, ¡pero quería felicitarte! Ya es tu cuarto cumpleaños, ¡cuatro años enteros existiendo! ¡Felicidades! Me siento muy orgulloso, y espero que la estés pasando bien. ¡No olvides ser un buen niño a pesar de los mimos! Disfruta tu día especial. Te mando un abrazo.
Iván termina de leer las líneas con el mismo rostro en blanco, aunque por dentro siente que todo en él se retuerce tal como lo haría un ciempiés al que acaban de echarle ácido encima. La única prueba de su incomodidad es su diminuto colmillo clavándose en su labio inferior, donde tiene una mancha de crema que todavía no ha notado.
Aprieta los puños sobre la mesa. Este hombre... Debió ser obligado por su querido productor a escribirle estas líneas. Iván no es ajeno a las felicitaciones por obligación, es un idol (retirado, cabe aclarar), pero la sensación de disgusto que le provocan las palabras de esta persona en especial son impresionantes. Al nivel de un segyein lleno de tentáculos que sólo busca comerse su corazón mientras las cámaras no están viendo.
No obstante, este sigue siendo su proveedor. Iván no es un bárbaro. Además, las relaciones familiares son muchísimo más importantes en este mundo, tiene que respetarlas.
Echando a un lado la tensión incómoda, alcanza otra cucharada de pastel mientras su mano libre abre el panel de teclado del sistema. Con cuidado, esperando no equivocarse al escribir las palabras recién dominadas del idioma de este mundo, comienza a escribir una respuesta apropiada para las felicitaciones de su padre, ya que no es un chico grosero. Algo simple, sin embargo. Y un extra de una cosa que no puede olvidar desde que recuerda el día en el que renació en este mundo.
Kim Guwon: Gracias por sus felicitaciones, padre. La he pasado bien, como puede imaginar. Y no dude de que voy a controlar mi comportamiento, incluso con los mimos, así que no se preocupe. Además, me gustaría darle una felicitación adecuada de la misma forma. Según Lee Sookyung, hoy es su cumpleaños. Ella quería felicitarlo por eso, pero lo hago yo ya que puedo contactarme por este medio. Espero que también la haya pasado agradablemente allá donde esté. Debido a que compartimos casi el mismo día de celebración, le he guardado algo del postre principal para cuando regrese al complejo. Es una maravilla culinaria y debería probarla también. Además, le pido cordialmente que cuide su salud. Mis más sinceras felicitaciones por otro año de vida. Con cariño, Guwon.
Iván envía el mensaje antes de arrepentirse por llamarse a sí mismo con el nombre que detesta, y se come otra cucharada de pastel. En realidad, esta es la última rebanada, pero no cree que Kim Dokja vaya a regresar lo suficientemente pronto como para saberlo. Cuando vuelva, la excusa de la comida echada a perder ya no se verá como una excusa.
Mientras se prepara para bajar de su asiento y dejar el plato en el fregadero, recibe otra notificación, deteniéndolo. Curioso por un mensaje tan rápido, lo abre sin pensar.
Kim Dokja: ???
Kim Dokja: ¿Estás con un adulto cerca, Won-ie?
Iván frunce el ceño y sus labios se tuercen en una mueca incómoda, no sólo por la pregunta estúpida, sino también por el estúpido apodo.
Kim Guwon: No. Sólo estoy yo. Lee Sookyung ya está durmiendo.
Kim Dokja: ¿Entonces qué haces despierto? Además, ¿no la llamas abuela?
Iván se pregunta si es realmente así como debería llamar de ahora en adelante a la mujer mayor, pero se ve interrumpido por otro ping sonoro de un nuevo mensaje.
Kim Dokja: No, más importante. Tú...
Kim Dokja: ¿¿¿Desde cuándo hablas así???Kim Guwon: Puedo hablar.
Kim Dokja: Sé que puedes hablar, Won-ie. Me refiero a...
Kim Dokja: ¿Yoo Joonghyuk te enseñó a escribir así?Kim Guwon: Sí.
Es una mentira piadosa. Si Kim Dokja se entera de la verdad, no quiere imaginarse el caos que provocaría. El tipo es un rey del drama.
Kim Dokja: Nunca pensé que su enseñanza diera verdaderos frutos.
¿Qué demonios significa eso? Joonghyuk no es malo enseñando. Pero tal vez Dokja sólo sea muy estúpido como para entenderlo.
Kim Dokja: De todas formas, deberías estar dormido ya. ¿Qué haces despierto?
Kim Guwon: Dormiré en un rato.
Kim Dokja: Eso es mejor. Los niños de tu edad necesitan dormir mucho para poder crecer. Buenas noches.
¿Eso es todo? ¿Ya se despide?
Genial.
Justo cuando Iván se contenta con cerrar de nuevo la interfaz, otro mensaje llega. Tiene que reprimir un gruñido al verlo.
Kim Dokja: ¿Siquiera entiendes de lo que te estoy hablando, Won-ie?
Bueno, debe ser extraño que un niño de cuatro años use tantas palabras complicadas. Kim Dokja está siendo innecesariamente sensato al dudar aquí, lo que sólo pone en peligro a Iván.
Se toma un momento antes de responder.
Kim Guwon: Sólo quería felicitarle adecuadamente.
Kim Guwon: Ya que Lee Sookyung me dijo que estaba contenta de que yo naciera un día antes que el día en que nació mi padre.
Eso no es del todo mentira, excepto que Lee Sookyung no se lo dijo a Iván. Sólo lo soltó al aire mientras preparaba fruta picada en la tarde y miraba con nostalgia la portada de un libro para niños. Pero Iván tomará lo que sea necesario para quitarse de encima una sospecha innecesaria. Nunca estuvo por encima de usar el chantaje emocional para librarse de los castigos.
Kim Dokja probablemente tampoco. Ambos son el mismo tipo de mentirosos.
Sin embargo, mientras espera algún tipo de respuesta ridícula del hombre, sólo se topa con un silencio sepulcral. No recibe más mensajes, incluso si los suyos ya tienen la etiqueta de leídos. Dokja simplemente ya no le dice nada más. Iván no sabe por qué.
Se encoge de hombros y finalmente cierra la ventana holográfica, volviendo a sumirse en la oscuridad.
Antes de bajar de su asiento, vuelve a mirar por la ventana. Las estrellas siguen allí, tan preciosas como siempre. Los hilos plateados pasan de nuevo. Iván no cree que éstos le concedan deseos, así que no pide nada. No es que quiera algo más, de todas maneras. Así que se contenta con admirarlas por un rato antes de tener que irse a dormir.
A la mañana siguiente todavía no hay mensajes. Pero por alguna razón recibe un nuevo tipo de notificación.
[¡Te han donado 50,000 monedas!]
Iván mira esa pantalla por mucho tiempo, sin entender por qué de pronto tiene tanto dinero.
Es más, ni siquiera sabía que se podía hacer eso...
