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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-14
Words:
1,595
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
4
Hits:
22

pyro y sniper hacen un pastel

Summary:

acostumbrándose a una nueva base, sniper trata de congeniar con pyro

Notes:

pronombres neutros para pyro pero sniper no lo sabe

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Sniper aún se estaba acostumbrando a las frías mañanas en Barnblitz. 

El cambio de escenario no le favorecía en lo absoluto: con su campervan estacionada a merced del clima gélido y sin un sistema de aislamiento adecuado, termina congelándose y con resfriado, sin importar la cantidad de mantas en las que se envuelva. El único calefactor, ubicado en el área común de la base, hacía la temperatura más tolerable para los otros mercenarios.

El problema era exactamente este: los otros mercenarios. Mick no es un huraño, puede tolerar la compañía de otros seres humanos como un respectivo ser humano funcional. Un hombre sano (claro, porque Mick es un hombre totalmente sano) solamente podía aguantar el bullicio y desorden hasta cierto límite, límite que no existía si Scout o Soldier se encontraban en el cuarto con él. Sniper valora mucho su tranquilidad, pero el dilema está en si estaría dispuesto a sacrificar la comodidad del calentador por la misma.

Parece que no.

Con un gruñido, logra salir de su capullo de sábanas, y, aún enrollado con una manta, baja de su cama por las escaleras, estremeciéndose un poco cuando sus pies toman contacto con el suelo frío de la van. Es un desastre.

El cúmulo de nieve en el suelo hace que se replantee su decisión, pero se decide finalmente al abrir el caño de su cocina y sentir el agua helada en sus manos. Una ducha tibia en la base es un buen regalo por el esfuerzo de esta semana.

Pensando en su dulce recompensa, Sniper toma la ropa abrigadora más limpia que puede del montón en su silla, se pone sus lentes y botas y abre la puerta. La corriente de aire hace que vuelva a entrar a tomar su gorra, y se abre paso hasta las instalaciones.

Los pasillos están, curiosamente, tranquilos. Claro, sus compañeros solían aprovechar su día libre mejor que él, con salidas o visitas. Una sonrisa se hace presente al pensar que tendrá toda la mesa para él, sin cubiertos volando sobre su cabeza o peleas sobre a quién le toca usar el televisor en la noche. Sus pensamientos son interrumpidos lentamente.

Del salón se escucha un tarareo suave y opacado.

Pyro podía ser… una criatura extraña. La mitad de las veces, Sniper no pensaba en elle más que como un animal: salvaje con extraños instintos, que igualmente se derrite con caricias. Verle en el campo de batalla es un espectáculo no apto para los débiles de corazón, un baño de sangre y ceniza, en contraste con su comportamiento amical e infantil con sus compañeros.

Es complicado pensar en alguien de quien no sabes absolutamente nada. Sniper no es un hombre curioso, podía vivir con la duda de qué existe detrás de la ominosa máscara de gas, hombre, mujer, ninguno o lo que sea. No han tenido más de un par de interacciones cotidianas, pero no podía evitar sentirse algo incómodo con su presencia. 

No se dio cuenta que estaba sudando un poco hasta que sintió una sombra a su lado.

–¿Mphmm ph mphpn mphhpm?

Ah, cierto, el balbuceo. Honestamente nunca supo cómo Engie parece entender a la perfección cada uno de sus sonidos. 

–Perdón amigo, no entiendo lo que dices… –sin voltear a verle, tomó un sorbo de su café, esperando disfrutar de su tranquilidad un momento más. En lugar de eso, Pyro sacó una pequeña libreta y garabateó algo por unos segundos.

Cuando la hoja fue colocada frente a él, Sniper no sabía cómo denegar la propuesta. “No sé hornear, voy a quemar la torta” no sonaba como una excusa adecuada para alguien con piromanía; “Estoy ocupado” cuando las horas de trabajo de todos estaban en la puerta de la nevera era venderse automáticamente, y Pyro parece nunca aceptar un no como respuesta. Dios, incluso obligó a Spy a bailar juntos esa vez.

Una risa nerviosa escapa de sus labios. Podía salir corriendo, es un buen plan. Pyro volteó un poco su cabeza con el sonido de sus dedos chocando con la mesa.

–¿Phmmf?

¿Dónde estaba Engie para salvarlo? O quien sea. Es la primera vez que deseaba que se aparezca Scout por la puerta, gritando sobre tonterías u obligándolo a salir a dar una vuelta.

La incertidumbre de la situación lo carcomía: por un lado, es una buena oportunidad de amistarse un poco más con su equipo, una de las actividades favoritas de Mick. Por otro lado, Pyro podía decidir caer en la locura y meterlo al horno con todos los ingredientes a ver si el pastel salía con cara (o sabor) de Sniper. 

Otra hoja ocupó su campo de visión. Un pequeño garabato de Pyro y Sniper, cargando una torta con fresas. Nunca debió salir de su cama.

Un suspiro que se vuelve una pequeña risa llama la atención de su colega. – Está bien, Pyro, vamos a– y fue sorprendido por un abrazo más fuerte de lo que esperaba, con un par de balbuceos inentendibles pero posiblemente de felicidad. Pyro suelta un poco su agarre sin dejar ir completamente, poniendo sus nervios en punta. La idea de esta persona rompiendo sus costillas con un abrazo no pasaba desapercibida. 

Cualquier cosa que pasara, el respawn lo protegía, pero realmente no quería morir en su día libre.

Al parecer, Pyro esperaba una respuesta a su balbuceo. Al no recibirla, tomó la libreta nuevamente y escribió “¿Sabor?” con estrellas en los puntos. Definitivamente había una mujer detrás de esta máscara.

 



Mick era un desastre. También en la cocina.

Claro, sabía cómo rostizar un buen conejo y conseguir frutos comestibles en la naturaleza, pero no se comparaba a la delicadeza de calcular las medidas necesarias, el tiempo de cocción, o de decorar un pastel. Se dió cuenta cuando explotó una de las mangas de glaseado por presionar muy fuerte, ganándose una carcajada de su colega.

Pyro no era mejor. 

Tenía memorizada la receta, al parecer, pero la cocina era un desastre. Marcas de manos con harina en todos lados, crema esparcida por la mesa, incluso un par de fresas quemadas antes de prender el horno, el cual trató de mantener encendido por más tiempo de lo normal.

A pesar de todo, se estaba divirtiendo. No sabía si eran las ocurrencias de Pyro, quién ahora lucía un bigote de glaseado y una nariz de fresa sobre su máscara mientras decoraba el bizcocho, o tal vez el calor del horno lo había puesto de buen humor. Descartó rápidamente que pueda ser por el hecho de no pasar su día libre solo por primera vez.

Pyro dió un sonido de satisfacción y volteó a ver a su amigo, con sus manos en sus caderas y mucho orgullo de su trabajo. El glaseado blanco desbordaba del pastel, con remolinos alrededor del borde y fresas encima. Notando que se veía muy vacía, dejó la manga sobre la mesa y corrió hacia los pasillos del lugar, dejando a un Mick con poca fuerza de voluntad para comerse lo que quedaba de glaseado.

Después de unos minutos, Pyro regresó de su habitación con un frasco de chispas. Sniper, limpiando el glaseado de su boca, evitó hacer algún comentario al respecto, y alejó a su mente de la pregunta sobre la utilidad de las chispas en su cuarto. En lugar de eso, recibió sonriente el frasco que Pyro le había acercado con entusiasmo. Chispas de arcoiris y corazones.

–No me dijiste cuál era la ocasión. –mientras coloreaba el pastel con chispitas, Mick le dirigió lentamente su mirada. –Para el pastel, decía.

A lo que solo respondió con un gesto. Señalándolo.

–No es mi cumpleaños, amigo. –una risa salió de la máscara, sin intención de burla, dulce. Sniper no pudo evitar sentir calidez ante el sonido, sonriendo para sí mismo. Dejó el frasco de lado y acercó el molde a su acompañante para evaluar su obra de arte.

Mientras Pyro se alegraba ante el cúmulo de colores distribuido en el centro de la torta, Sniper se encontraba pensando en el motivo del regalo. Partió dos trozos de pastel y se dirigió a su cuarto con un plato, Sniper siguiéndole inconscientemente.

No mucha gente entraba a su cuarto: el ingeniero era un visitante regular, y a veces, Pyro entraba con la cabeza del Spy robada del ala médica, pero para los otros mercenarios, el lugar permanecía cerrado.

Sniper notó que era considerablemente cálido al entrar. Su visión fue invadida por múltiples peluches de unicornio, esparcidos por todo el lugar. Un arcoíris de manchas de pintura colorida opacaban la estética roja de la base, cubriendo las paredes y, de alguna forma, el techo. Pyro ya había tomado asiento en un peluche gigante, invitándolo a sentarse en frente. No se había dado cuenta de la intimidad que suponía estar ahí hasta que ya estaba en el suelo.

Cruzó sus piernas en el piso afelpado y recibió el plato y cubierto. Claro. Pyro no iba a comer. En vez de eso, lo miraba con atención, su cabeza reposando en sus manos.

Está bien. Tomó un generoso pedazo del pastel con fresa y lo metió en su boca. Las chispas estaban un poco duras, pero el sabor y textura estaban en su punto. Frunció las cejas y se terminó la porción en dos cucharadas, Pyro dándose cuenta del éxito del pastel y aplaudiendo con alegría.

Sniper se retiró del cuarto después de unos minutos de balbuceos, entendiendo las palabras un poco más cada vez que hablaba. Necesitaba ese baño, y más aún con el glaseado pegado en sus brazos.

Mientras caminaba, no pudo evitar pensar en que ya no sentía tanto frío en Barnblitz.

 

Notes:

hola amigos de ao3 es mi cumpleaños y escribi algo tonto para mi.. hace años no escribo
bueno feliz san valentín <3