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Junto A Mi Corazón

Summary:

—¡Suéltela! —volvió a vociferar el marine, con el dedo temblando sobre el gatillo, como si no pudiera esperar a que Zoro desobedeciera para poder disparar—, ¿o prefiere que le salpique la sangre por toda la acera?

Cuando los marines toman a Sanji como rehén, Zoro debe tomar un decisión.

Notes:

N.A.: Basado en el prompt: Situación de Rehenes

Work Text:

—¡Suelte la espada, Roronoa!

Zoro se giró sin ninguna intención de hacerlo, pero se detuvo cuando vio lo que tenía el marine.

Una pistola, apuntando directamente a la cabeza de Sanji. Este estaba de rodillas, con las manos esposadas detrás de su espalda. Tenía los dientes apretados y los puños cerrados, sus ojos llenos de rabia y furia mientras miraban a todas partes menos a él.

Un profundo gruñido primitivo salió del pecho de Zoro mientras daba un paso adelante.

—No lo creo —el marine amartilló la pistola y la clavó aún más en el cráneo de Sanji—, suelte la espada. Ahora.

El espadachín apretó la mandíbula y se quedó paralizado, sintiendo un nudo en el estómago al darse cuenta de que iban a matar a Sanji. Esto no podía estar pasando. Tenía que detenerlos.

—¡Suéltela! —volvió a vociferar el marine, con el dedo temblando sobre el gatillo, como si no pudiera esperar a que Zoro desobedeciera para poder disparar—, ¿o prefiere que le salpique la sangre por toda la acera?

El espadachín dejó caer su espada. El ruido que hizo al caer al suelo sonó fuerte en sus oídos, pero lo único en lo que podía pensar era en mantener a Sanji con vida y en cómo lo habían capturado y por qué tenía que ser él. Cualquiera de sus compañeros de tripulación habría sido terrible, ¿pero por qué su amante?

El marine sonrió como si hubiera ganado y asintió con la cabeza a sus dos camaradas. Estos rodearon a Zoro y lo ataron también.

—Bueno, ahora que está siendo cooperativo, dígame. ¿Dónde está Sombrero de Paja?

—Como si él le fuera a decir a pedazos de mierda como tú– —empezó a decir Sanji.

El marine golpeó con fuerza al rubio en la cara con la pistola. Su cabeza se ladeó a un lado y escupió un chorro de sangre antes de mirarlo con ira.

—Tú guarda silencio —gruñó el marine mientras tiraba del pelo de Sanji, echándole la cabeza hacia atrás y colocándole la pistola bajo la barbilla—. Ya me has hecho enojar lo suficiente. La única razón por la que sigues vivo es tu utilidad. Si tengo que matarte, lo haré con mucho gusto, así que, por favor —una sonrisa cruel se dibujó en su rostro—, dame una razón para disparar.

Sanji gruñó, pero permaneció en silencio. La lluvia estaba empapando su cabello y goteando por su cara, mezclándose con la sangre que le brotaba de un corte en la cabeza. Estaba arrodillado en el barro, con los pantalones empapados y sucios, y aun así lo miraba.

—Déjenlo ir —refunfuñó Zoro—, ahora me tienen a mí, no lo necesitan a él.

—No, así no es como funciona esto. Responda mi pregunta primero —gruñó el hombre y empujó la pistola más profundamente en la piel de Sanji—, ¿dónde está Sombrero de Paja? Dígame o él muere.

¿Era eso a lo que se reducía todo, la vida de Sanji o la de Luffy? Y tenía que elegir una. ¿Traicionar a su capitán o dejar que su amor muera?

El espadachín cerró los ojos y apretó los dientes. Era una elección imposible.

Un disparo resonó en el aire.

Zoro abrió los ojos de par en par, esperando lo peor, pero Sanji seguía vivo. El marine le había disparado en el muslo, que ahora estaba sangrando abundantemente. El cocinero tenía los ojos cerrados con fuerza y se estaba mordiendo el labio con intensidad para evitar gritar de dolor.

—Tic tac, Roronoa —gruñó el hombre. La pistola apuntaba hacia la pierna de Sanji—, no tengo todo el día.

Sus ojos volvieron a posarse en el rostro del marine mientras su visión se teñía de rojo—. No deberías haber hecho eso.

El marine entrecerró los ojos, y mientras apuntaba con la pistola desde la pierna de Sanji de vuelta a su cabeza, Zoro se movió.

Este pateó su espada para levantarla del suelo y la atrapó con la boca, girándose rápidamente y cortándole el cuello a uno de los marines que lo flanqueaban. Siguió girando y soltó su espada, el impulso lanzándola volando hacia el pecho del marine que empuñaba el arma. Un cabezazo bien dado hizo que el último marine cayera al suelo, y todo terminó.

El espadachín cortó la cuerda y sacó la espada del pecho del marine para después volverse hacia Sanji.

—Casi me apuñalas a mí —dijo el rubio, sin dejar de mirar hacia otro lado.

—De nada —dijo el otro mientras le quitaba las esposas y se arrodillaba para verlo mejor.

Tenía un corte en la cabeza, otro en el labio, un feo moretón en un lado de la cara y la herida de bala en su pierna, pero, por lo que podía ver Zoro, no tenía ninguna otra lesión.

El espadachín levantó con cuidado la barbilla del otro. Los ojos de Sanji se posaron en él, pero rápidamente apartó su mirada.

—¿Te encuentras bien? —preguntó él.

—Me acaban de disparar, ¿tú qué coño crees?

—Quiero decir, además de eso —intentó captar su mirada, pero Sanji seguía apartándola. Acunó el rostro del rubio con sus manos y frotó sus mejillas con los pulgares—. ¿Te hicieron daño?

Eventualmente, el otro suspiró y cubrió las manos de Zoro con las suyas—. Estoy bien, es solo. Me distraje y me capturaron. Y luego me usaron como ventaja —refunfuñó él, enfadado consigo mismo, luego suspiró—. Me siento estúpido.

—Tú eres estúpido.

Eso hizo que Sanji lo mirara, mientras se volvía y le lanzaba su mirada más cruel.

Si se estaba enfadando tanto, no podía estar más herido de lo que ya había visto. Zoro se relajó, la última tensión abandonando sus hombros.

—¿Era linda? —sonrió con picardía ante el sonrojo de Sanji—. ¿La distracción?

—Cierra el maldito hocico —gruñó el otro.

Zoro soltó una risa mientras el alivio inundaba su pecho. Se inclinó hacia adelante y le besó la frente, y Sanji aceptó el gesto de afecto con un suave murmullo.

—Te amo —dijo el espadachín cuando se apartó.

—Vaya, debería recibir más disparos —la sonrisa del otro era juguetona, pero las puntas de sus orejas estaban enrojecidas—, si eso es lo que hace falta para que lo digas.

—Cierra la boca —puso los ojos en blanco, pero se le encogió el corazón al pensar que Sanji pudiera volver a recibir un disparo, y decidió decírselo más a menudo—. ¿Puedes levantarte? —preguntó él mientras agarraba a Sanji con cuidado y lo ponía de pie.

—Sí —dijo él, pero en cuanto Zoro lo soltó, empezó a caer.

El espadachín rápidamente lo agarró por la cintura y le pasó el brazo por encima del hombro para sostener su peso—. ¿Estás seguro de eso?

—¿Te quieres callar y llevarme con Chopper?

Zoro se rio, pero lo abrazó un poco más fuerte mientras ambos iban de regreso al barco.