Actions

Work Header

Blind?

Summary:

Le prometieron a Leone una cita a ciegas, aunque nadie se molestó en aclarar que sería literal.
La sorpresa lo golpea cuando Bruno, su cita a ciegas, aparece con bastón y gafas oscuras, dejando en evidencia que es una persona con ceguera.

Notes:

Día 14: Blind (Date)

¡Feliz San Valentín! ^^💕

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Abbacchio se deshizo de su cuenta de Tinder y, acto seguido, desinstaló la aplicación de su celular con un gesto seco del pulgar.

Era una pérdida de tiempo buscar a una persona normal con quien relacionarse románticamente en ese tipo de aplicaciones.

Había probado con otras apps de citas, pero el resultado siempre era el mismo: personas interesadas únicamente en encuentros casuales sin mucho compromiso.

Abbacchio resopló con fastidio. Debió haber ignorado la sugerencia de Fugo sobre «encontrar el amor». Su aprendiz estrella en la academia de policías poseía un intelecto brillante, una mente estratégica y una disciplina ejemplar, pero todo aquello parecía inútil cuando se trataba de asuntos del corazón.

Se permitió recostarse un instante en el respaldo de su silla dentro de la oficina. A pesar de tener un estilo de vida cómodo, llevaba mucho tiempo soltero y estaba a punto de cumplir treinta. Pensó que quizá ya era hora de comenzar una nueva etapa en su vida; deseaba que el amor fuese lo siguiente en llamar a su puerta.

Su único error había sido hablar de más con Fugo. Confesar, en un momento de debilidad, que tal vez quería intentar algo distinto. Y Fugo, con la seguridad que lo caracterizaba, le recomendó hacerse un perfil en Tinder.

La vibración en el bolsillo del pantalón provocó que saliera de sus pensamientos. Sacó el teléfono con gesto automático y revisó la pantalla. Para su sorpresa, era un mensaje de Fugo.

«Mista me dijo que tiene la solución a tu soltería. Nos vemos a la hora del almuerzo en el lugar de siempre.»

Abbacchio frunció el ceño, sintiendo cómo la paciencia comenzaba a agotársele antes siquiera de iniciar el encuentro.

"Genial, ahora Mista mete sus narices en donde no debe." dijo Abbacchio en voz baja y exasperada.

Sin embargo, parte de él quería saber de qué se trataba. Pero por el momento, debía continuar con su deber de entrenar a los reclutas de nuevo ingreso.

Cuando finalmente llegó la hora del descanso, se dirigió al comedor con paso decidido. El murmullo de conversaciones y el tintinear de los cubiertos llenaban el espacio amplio y luminoso. Pasó la mirada por todo el lugar hasta encontrar a Fugo y Mista sentados en una banca al fondo.

Fugo comía concentrado en su plato; Mista, en cambio, gesticulaba animadamente. Sin perder tiempo, Abbacchio se dirigió hasta allá y se sentó frente a ellos.

"¡Ey, Oficial Abbacchio! Qué bueno verte." dijo Mista al verlo, pero Abbacchio no tenía tiempo para saludos entusiastas.

"Sí, como sea. ¿Me dirán qué es lo que están tramando con su nueva solución?" respondió, mirándolos a ambos con ojos entrecerrados.

"Qué directo" murmuró Fugo, sin despegar la mirada de su comida, y ganándose una mirada molesta de Abbacchio.

"Oh, no lo molestes, Pannacotta. El oficial viene por lo que quiere y yo se lo daré" intervino Mista con una voz cantarina.

La sonrisa socarrona de Mista solo consiguió impacientarlo más. Abbacchio tamborileó los dedos sobre la mesa.

"Entonces dimelo ya. Basta de tu estúpido suspenso." Abbacchio se cruzó de brazos.

Mista hizo a un lado su plato vacío e imitó la postura de Abbacchio, aunque apoyándose sobre la mesa con aire teatral

"Una cita ciega." dijo sin más, como si revelara el hallazgo del siglo. "Créeme, la mayoría no juzga ni discrimina. Y creo que es lo mejor para ti porque, sin ofender, eres un poco pesado en cuanto a tratar con personas fuera de tu papel de policía."

Abbacchio escuchó cuando Fugo trató de reprimir la risa, lo que no hizo más que tensar la línea de su mandíbula.

"Pues qué idea más estúpida, Mista."

"¡Oye! Da gracias por estar tratando de ayudarte." Mista frunció el ceño y fingió estar molesto.

Abbacchio sabía perfectamente que estaba fingiendo; esa era su táctica de manipulación.

"Pues gracias, pero no creo que ese tipo de citas me vengan bien. Nunca se sabe qué tipo de persona vas a encontrar."

"Ah, ¡vamos Oficial! Eres de los mejores intuyendo, pero te prometo que la persona que tengo en mente está lejos de ser alguien peligroso. Si acaso es un poco raro al decir que puede identificar mentiras con el gusto, pero es porque tiene otros sentidos más desarrollados." Mista descruzó los brazos y dio un codazo a Fugo "Anda, tú también ayuda."

Abbacchio pasó la mirada de uno a otro, evaluándolos como si estuviera en un interrogatorio.

"¿Ambos lo conocen?" preguntó.

Fugo se rascó la nuca, haciendo una mueca de duda.

"Sí, algo. Es amigo del chico con el que he estado saliendo."

De pronto, Mista interrumpió con más entusiasmo.

"Y la última vez que lo vimos nos contó que su última cita fue una decepción total. Entonces me acordé de ti y tu desesperación por follar románticamente y se me ocurrió decirle que conocía a un buen tipo con el que podría salir..."

Abbacchio cerró los ojos un instante, conteniendo el impulso de levantarse e irse.

"Entonces ¿solo quieres que tenga una cita a ciegas porque se lo prometiste a alguien más?"

"Cita ciega" corrigió Mista.

"Lo que sea." Abbacchio rodó los ojos.

"¿Aceptas? ¿Sí o no?" interrumpió Fugo.

Abbacchio guardó silencio unos segundos. Pensó en la sensación de estar perdiendo el tiempo con personas desconocidas de las apps de citas. Una cita a ciegas organizada por alguien que, pese a todo, lo conocía mejor que cualquier algoritmo... quizá no era la peor opción.

"Bien, pero si resulta ser una cita de porquería, haré que reciban de castigo una semana trotando en la pista de 200 metros."

Intentó parecer resignado, aunque en el fondo la idea no le resultaba tan terrible. Si salía mal, al menos tendría a quién responsabilizar.

"Trato hecho" dijeron Mista y Fugo al unísono, mostrando sonrisas cómplices.


Abbacchio se percibía a sí mismo como una persona con buen sentido al vestir. Pero en ese momento, mientras observaba todo su armario vaciado sobre la cama, comenzaba a retractarse.

Las prendas oscuras formaban un caos monocromático sobre las sábanas. En cualquier otro día, no dudaba en tomar una camiseta con el logo de alguna banda, combinarla con pantalones negros de vinil y añadir una chaqueta de cuero. Algo sencillo, y básico.

Pero el problema era que aquella tarde no se trataba de un día cualquiera. Era la cita a ciegas.

Abbacchio suspiró, llevándose una mano a la frente. Sentía que ese estilo, tan suyo, no era el más adecuado para una primera impresión con alguien que no lo conocía. No quería parecer intimidante. Quería verse accesible, incluso... amable.

Lamentablemente, todo su guardarropa estaba compuesto por prendas similares y del mismo color. En ese instante comenzaba a lamentarse no ser tan fan de los colores claros.

Se inclinó sobre la cama y comenzó a rebuscar entre el montón de ropa con determinación. No iba a darse por vencido. Quería dar una buena impresión, aunque Mista y Fugo le hubieran asegurado que el chico llamado Bruno no era alguien con prejuicios. Aun así, Abbacchio sabía que la primera impresión importaba. Siempre importaba.

Tras casi media hora buceando entre la ropa, encontró una camiseta blanca de manga corta, ligeramente arrugada, como si hubiera sido olvidada por años. La sostuvo frente a sí, evaluándola. Luego encontró un pantalón holgado color caqui que rara vez usaba. No era su combinación habitual, pero al menos rompía con la monotonía.

Se cambió con rapidez y se miró en el espejo de cuerpo entero. La imagen que le devolvió el reflejo lo hizo fruncir los labios. Se veía... demasiado simple.

Entonces, queriendo mostrar algo de su estilo sin arruinar el conjunto, tomó una camisa de manga corta color morado oscuro y la colocó encima de la camiseta blanca, dejándola abierta.

El contraste funcionaba mejor. Así, al menos, se sentía él mismo.

Añadió collares y pulseras de cadena como accesorios; el brillo metálico le daba un buen toque, además de colocarse arracadas en las orejas. Volvió al espejo y se dio el visto bueno con un leve asentimiento.

Peinó su cabello con paciencia. Se echó perfume en casi todo el cuerpo, quizá más del necesario, y se dio un retoque de labial negro. La imagen final le resultó convincente.

Miró la hora en el teléfono. Faltaban quince minutos para la hora en que iría por el chico. Por costumbre, Abbacchio prefería asegurarse de saber de dónde provenían sus citas. Algo prejuicioso, sí, pero no le importaba. Le funcionaba para decidir si se encontraba con una persona adecuada o no. La prudencia nunca estaba de más.

Abbacchio salió del departamento canturreando en voz baja Good Old-Fashioned Lover Boy de Queen, dejando que la melodía suavizara la tensión que comenzaba a formarse en su estómago.

El trayecto hacia la dirección que Bruno le había dejado por mensaje fue breve. No habían mensajeado tanto: solo lo necesario para saludarse, presentarse, acordar fecha, lugar y hora de la cita, y compartir la dirección. Nada más.

Quince minutos después, estacionó el auto frente a la casa de Bruno. Observó la fachada sencilla: paredes claras, una puerta modesta y varias plantas adornando los marcos de las ventanas. El lugar transmitía tranquilidad. No despertaba alertas.

Tomó el teléfono y envió un mensaje

«Hola, Bruno. He llegado, estoy estacionado frente a tu casa».

No esperó respuesta. Dejó el dispositivo en el portavasos y salió del vehículo. Se acomodó la camisa y avanzó a paso lento por el sendero hacia la entrada de la casa.

Justo entonces, la puerta se abrió.

Abbacchio sonrió al ver salir a Bruno. Pero su gesto se tornó en confusión al notar que llevaba un bastón que comenzaba a desarmar con cuidado.

"Umm, ey, ¿para qué llevas eso?" Abbacchio lo cuestionó por curiosidad.

Bruno dio un respingo al escuchar la repentina voz, como si no hubiera esperado que estuviera tan cerca.

"¿A qué te refieres?" contestó, todavía en la tarea de doblar el bastón.

"Al bastón." dijo Abbacchio, señalando con obviedad.

Bruno soltó un resoplido que sonó como una pequeña risa y respondió.

"Solo si acaso lo necesito usar".

Abbacchio frunció el ceño en confusión.

"Si acaso lo necesitas usar en qué."

Un pequeño silencio se formó entre ambos. El sonido de las hojas de los árboles movidas por el aire y el canto lejano de un ave llenaron el espacio.

Entonces Bruno respondió con naturalidad, como si fuera lo más evidente del mundo.

"Leone, soy ciego."

Abbacchio lo observó por un momento. Bruno estaba bien vestido en el aspecto de llevar una buena mezcla de ropa. Entonces deteniéndose en su rostro, Abbacchio notó los lentes oscuros que en un principio pensó que eran por el sol...

"¿Qué?" fue lo primero en decir Abbacchio.

"Espera, ¿no lo sabías?" dijo Bruno genuinamente sorprendido.

La sorpresa en su voz no era acusatoria ni molesta; era casi inocente. Abbacchio sintió cómo el calor le subía por las orejas.

"No" respondió, soltando una risa incrédula y nerviosa que no logró disimular del todo su desconcierto.

Por dentro, se maldijo. Sentía que la primera impresión que estaba dando era la de un idiota ignorante, y aquello era lo peor considerando lo lindo que era Bruno. Su postura relajada, la suavidad en su expresión, todo en él resultaba atractivo.

Mista y Fugo habían acertado por completo con su tipo. Y ahora, en los primeros minutos, parecía estar arruinándolo.

"Pensé que Mista y Fugo te lo habían dicho." respondió Bruno, riendo ante la vergonzosa situación. Su risa no era burlona; era suave, como si intentara aliviar la tensión.

Abbacchio frunció apenas el ceño, tratando de reconstruir mentalmente cada palabra de aquella conversación en el comedor con Mista y Fugo. Estaba seguro de que no le habían mencionado nada.

Pero entonces el recuerdo volvió con nitidez.

«"Entonces ¿solo quieres que tenga una cita a ciegas porque se lo prometiste a alguien más?"» le había preguntado a Mista.
«"Cita ciega"»

El matiz cambió por completo en su mente. Mista no lo estaba corrigiendo por algún error en la frase, sino por el sentido literal. No era solo una cita a ciegas; era una cita con un chico con ceguera.

Todo encajó de golpe, como piezas que siempre habían estado frente a él, pero que no quiso mirar con atención.

Abbacchio apretó los labios. No pensaba decirle a Bruno que había entendido mal por no haber preguntado más sobre él. No quería que aquello se convirtiera en una anécdota incómoda.

"Mmm. No. Ellos no me dijeron nada."

"¿Seguro?" Bruno dudó, pero su tono no acusaba; parecía más una confirmación necesaria que una sospecha.

Abbacchio pensó que quizá Bruno había enfrentado la misma situación antes.

"Sí. Estoy seguro. Lo recordaría si me hubieran dicho que eres ciego." respondió, tragando saliva al final de la frase.

Percibió la vacilación en el semblante de Bruno y en la leve tensión de su postura.

"Oh. Bueno, no tenemos que seguir con esto. Puedo volver a entrar y fingimos que no hubo plan para una cita."

Bruno retrocedió un paso hacia la puerta. El paso fue pequeño, pero suficiente para que Abbacchio reaccionara de inmediato, dando un paso hacia él con rapidez.

"¡No, no! No trato de retractarme. Solo no sabía. ¿Por qué piensas que no querría salir en una cita contigo?" preguntó, genuinamente desconcertado.

Bruno se aclaró la garganta, visiblemente tímido y avergonzado.

"La mayoría de las personas no quieren salir con un chico ciego."

La honestidad en esa frase pesó más de lo que Abbacchio esperaba.

"Yo no soy una de esas personas... ¿Me permites preguntar algo?"

Bruno asintió lentamente, atento.

"¿Eres capaz de degustar comida y bebidas?"

Bruno se mordió el labio inferior, intentando reprimir una sonrisa, y asintió nuevamente.

"De acuerdo, ¡¿entonces por qué no querría salir contigo?!" exclamó Abbacchio con una risa sutil que ahora sonaba más segura.

La lógica era simple, casi absurda, pero funcionaba. Bruno rio, y el sonido fue cálido. Levantó un brazo con cautela, aproximándolo al rostro de Abbacchio.

"¿Eres un chico lindo?" preguntó sin malicia.

Los dedos de Bruno alcanzaron a tocar su mejilla. El contacto fue suave, exploratorio. Abbacchio sintió la delicadeza de sus yemas, la manera en que se detenían como si intentaran memorizar la forma de su rostro.

"Oh, no. Soy muy feo." dijo entre risas, aunque no se apartó.

Permitió que Bruno deslizara la mano hasta su cabello, percibiendo cómo sus dedos recorrían algunos mechones con evidente curiosidad.

"¿Sabes? Creo que lo peor de esto es que me esforcé demasiado en mi vestimenta."

Bruno soltó una carcajada clara y bajó la mano hasta su hombro, sintiendo la textura de la tela.

"Lo lamento, pero no dudo que vengas bien vestido."

"Gracias, aprecio tu sinceridad. Ahora, hagamos algo. Levantaré una mano y si adivinas cuál levanté, podrás elegir el último lugar al que iremos antes de terminar la cita".

Abbacchio levantó la derecha, conteniendo una sonrisa.

"Mano derecha" dijo Bruno con seguridad.

Entonces, intentando prolongar la broma, Abbacchio levantó la mano izquierda.

"No. Error."

"¡Ey! Lo acabas de cambiar." protestó Bruno, comenzando a reír.

"No" dijo Abbacchio entre risas.

"Escuché que la moviste."

"No lo hice." Abbacchio siguió riendo por lo bajo.

"Lo escuché por tus pulseras."

El tintinear metálico lo había delatado.

"¿Me viste hacerlo?" preguntó Abbacchio, aún en tono de juego.

Bruno negó con suavidad.

"Lo escuché. Tengo un super oído."

"Bien, bien. Solo fue una broma. ¿Te parece bien irnos a nuestra cita?" preguntó Abbacchio ya sin el tono burlón, con una intención más seria.

Bruno se acercó a él con naturalidad y enredó su brazo con el de Abbacchio. El contacto fue firme y confiado.

"Claro. Lo estuve ansiando."

Ambos comenzaron a caminar por el sendero hacia la calle. El roce de sus pasos acompasados resultaba extrañamente cómodo.

"Y... ¿Quieres conducir?" bromeó Abbacchio usando un tono casual.

Bruno le dio un pellizco en el brazo sin antes sonreír divertido.