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El edificio de Welton se encontraba rodeado por un cielo nublado, haciendo el día aparentar más tarde de lo que era. Hacía algo de viento, algo de frío, los siete amigos se dirigían a su lugar habitual para almorzar, bajo un árbol cerca del lago. Charlie y Cameron discutían sobre cualquier cosa, ocasionalmente siendo interrumpidos por Meeks y Todd, quienes los seguían de cerca mientras mantenían su propia conversación. Pitts no lograba escuchar de qué se trataba, ya que estaba atrapado entre los intentos de sus amigos para jugarle a cupido.
“¡Ándale, Pitts, es San Valentín!” exclamó Neil a su lado, sacudiéndolo ligeramente de los hombros.
“Y su cumpleaños”, añadió Knox, apareciendo a su lado contrario. “¡Piénsalo! Es la oportunidad perfecta de que hagas algo romántico, y aún así la estás desperdiciando”. Pitts abrió la boca, pero no pudo encontrar ninguna respuesta. Era una completa coincidencia que el cumpleaños de Meeks fuera tres días antes de San Valentín — y otra coincidencia que estuvieran saliendo, pero nunca le había dado mucha importancia. El cumpleaños de Steven siempre era lo primero que le venía a la mente, y no es que no reconocieran la fecha siguiente, simplemente no le daban demasiada importancia. A diferencia de otros. En su opinión, el resto de los poetas estaban demasiado emocionados por el día 14, especialmente éstos dos.
"¿Y qué?" argumentó. "De todas formas, no somos lo que uno diría 'románticos', entonces ¿qué importa?"
"Exaaacto", dijo Neil, como si fuera obvio. "¿No crees que sería una bonita sorpresa?"
Pitts estaba a punto de responder cuando Knox se interpuso. "¿Y a qué te refieres con que 'no son románticos'? Son pareja, ¿no?”
No tuvo más remedio que detenerse en seco siendo que sus amigos le impedían avanzar, mirándolo expectantes. Esto era algo nuevo. Steven y él nunca habían sido cuestionados acerca de su relación. Todos los del club sabían que no eran precisamente platónicos, pero nadie había preguntado exactamente qué eran del otro.
"Pues... sí, pero..."
"¿Pero qué?"
¿Acaso esto era una intervención? Porque definitivamente se sentía como una. Pitts no recuerda haber contratado a sus amigos como consejeros para su relación.
"Nosotros no hacemos ese tipo de cosas". Celebrar San Valentín, quería decir. Nunca les había resultado natural celebrar el amor con regalos, tarjetas, y gestos dramáticos. Si no lo hacían el resto del año, ¿por qué lo harían ese día en específico? "No somos como tú y Todd".
El mencionado se quedó sin respuesta para eso. Desde el inicio de la semana, Neil aparentemente se había propuesto hacerle notar a Todd la época del año. Llevaban tres días intercambiando pequeños regalos y detalles cursis, siendo, por supuesto, las flores lo que acaparó la atención.
“Nadie es como Neil y Todd”, se burló Knox mientras retomaban el paso. “Creo que es físicamente imposible”.
“Cállate”, respondió Neil riendo a carcajadas.
La conversación se disolvió y pronto estaban tratando alcanzar al resto de sus amigos, dándose cuenta de que se habían quedado bastante atrás. Neil se inclinó sobre Pitts una vez más. “Piénsalo. Voy a salir después de cenar, antes de la reunión del club. Puedes venir si quieres”, y después desapareció con los demás.
Sí que lo pensó. De hecho, no pudo dejar de pensar en todo el día. Cuando se sentó junto a Meeks en la hora de estudio, casi consideró preguntarle al respecto. Pero, ¿qué le iba a decir? Oye, que tal que te regalo unas flores así muy románticas jajajajjaj estaria bien raro ¿no? Maldita sea.
Pitts no estaba entrando en pánico. Claro que no. No era para tanto, nada era tan importante, a lo mejor lo haría, a lo mejor no, en realidad no significaba mucho, solo eran flores y ya, no es como si fuera una propuesta de matrimonio ni nada…
Pero… Pero Neil le había dado tan poco tiempo para analizar esa idea. Cuando terminó la última clase del día, empezó a ponerse algo nervioso. Solo un poco. Por un lado, Meeks y él nunca habían hecho nada por San Valentín, y desde luego nunca habían hecho nada como esto. Jamás se había sentido necesario, ambos estaban bien así. ¿Y si esto rompía ese acuerdo silencioso qué tenían? ¿Y si simplemente se volvía incómodo y raro y Meeks lo odiaba para siempre–?
Sí estaba entrando en pánico.
Por otro lado… ya lo había pensado antes. Es decir, hacía meses, cuando fueron a uno de esos viajes recreativos al pueblo que muy rara vez organizaba la escuela. Vieron un arreglo floral de temática otoñal en el escaparate de una tienda. Meeks lo señaló al pasar, y Pitts recuerda haber pensado que si Steven fuera una flor, se vería exactamente igual a esas.
También le surgió la idea en Navidad, brevemente. Y en Año Nuevo, por alguna razón. Y hace dos semanas. Y ahora mismo.
Alguien le dio un codazo en el hombro. "¿Estás bien?" Steven parecía un poco preocupado; Pitts no se había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado en silencio mientras le daba vueltas al asunto.
"Sí", respondió, aunque no pudo disimular el nerviosismo en su voz. Antes de que su amigo pudiera comentarlo, añadió: "Ah, por cierto, necesitamos más resistencias para la radio. Las que teníamos están,, ehh, están mal”. Salvada.
Meeks lo miró confundido por un instante, luego simplemente se encogió de hombros. "Claro, podemos conseguirlas el fin de semana".
“No, no, las necesitamos ahora.”
“...¿por?” arqueó una ceja con incredulidad. Pitts sabía que no se lo estaba creyendo.
“La inflación. ¿Sabes cuánto pueden subir los precios en un fin de semana? Cuando menos te lo esperes van a estar a un dólar completo cada una”. Ya basta Gerardo. Meeks se le quedó viendo, no sabía si entretenido, confundido, preocupado, o todo lo anterior. No dijo nada, esperaba que Pitts le explicara qué se traía, con suerte nada ilegal. “En fin, voy a ir a la tienda de electrónicos esta noche. Volveré antes de la reunión”.
Al parecer, eso iba a hacer.
“¿Quieres que vaya contigo?”
“No.”
Procedió a comer una cucharada de puré de papas y le dió a su amigo su sonrisa más inocente, a lo que este respondió con una mueca de asco, y luego el tema quedó olvidado. Podría haberlo manejado mejor. Pero, bueno.
Comprar regalos es estresante. Mucho más que hacerlos el mismo. Pitts era más de manualidades; de hecho, hacía dos días le había regalado a Steven un adorno de búho hecho a mano para su escritorio, junto con un libro de Stephen Hawking, lo cual era gracioso porque... Ajá...
Eso era lo único de lo que se sentía seguro para comprarle a Steven: libros. Prácticamente había memorizado su lista de próximas lecturas, y siempre había alguno que estuviera deseando. Pero no es como que la gente fuera por ahí diciendo: «Feliz San Valentín, ten unas pinches enciclopedias».
“Hola, ¿puedo ayudarlos?” ¿Puedes decirle a mi cerebro que se calle, por favor?
La chica al mostrador debió notar su frustración. No faltaba ser un genio; estaba parado frente a los arreglos florales de temporada, a un lado de la caja registradora, sin hacer nada más que entrecerrar los ojos y murmurar para sí. Eran todos demasiado coloridos, demasiado grandes, demasiado demasiado. Ante la pregunta de la cajera, Neil detuvo su plática sobre... algo. Pitts apenas se dio cuenta de que le había estado hablando todo el tiempo y él no había escuchado nada. La chica seguía esperando una respuesta, pero justo cuando iba a decir no, gracias, estamos bien, Neil respondió por él.
"¡Nicole! ¿Cómo estás?"
¿Quién? ¿Eh?
"Hola, Neil", sonrió, "¿Buscas otra cosa para tu parejita?
Neil se acercó al mostrador. Al parecer, había ido tantas veces a esa florería que se hizo amigo de la cajera. Algo en la forma en que pronunció la palabra "parejita" le hizo a Pitts asumir que estaba al tanto del asunto. Después de que Neil le explicara que no, que esta vez no compraría nada, presentó a Gerard con Nicole. Tenía más o menos la misma edad que ellos, y una personalidad bastante amigable y amable. No era de extrañar que hubieran forjado una amistad con la cantidad de veces que su amigo iba allí. No supo muy bien qué hacer cuando él se convirtió en el tema de conversación. Así que se quedó de pie, incómodo, y asintió con la cabeza mientras Neil explicaba la situación y la chica lo escuchaba, lanzándole miradas de complicidad.
Después de un rato, Pitts por fin eligió algo. Sabía que a Meeks no le gustaban las cosas ostentosas, y sí, sí conocía su flor favorita, ¿Okey? Pero las floristerías locales eran un mundo aparte. Nada de lo que ofrecían parecía ajustarse a sus criterios, y no quería regalarle a Steven algo que no viniera genuinamente de él. Terminó optando por un arreglo más sencillo, pequeño, bonito, envuelto en papel kraft. Una vez que lo tuvo en sus manos, los nervios empezaron a apoderarse de él.
Iba a regalarle flores a Steven. Como su novio. Como de San Valentín.
Después de despedirse de Nicole, salieron al frío de la noche. Era más tarde de lo que esperaban, por lo que se dirigieron directamente a la cueva para la reunión. A Gerard se le ocurrió muy tarde que tendría que pasar frente a todos sus amigos con el objeto mencionado en su posesión. Carajo.
¿Cómo es que las parejas heterosexuales hacían esto tan a menudo? Nunca lo sabría.
Ambos entraron corriendo en la cueva, donde todos los demás ya estaban amontonados como sardinas, como de costumbre. Fueron recibidos con la luz de una linterna en los ojos, y las reprimendas de Charlie. "¿Y ustedes dónde estaban? ¡Llevamos siglos esperándolos!".
Pitts intentó ser lo más silencioso y veloz en la medida de lo posible, dado el espacio tan reducido. Mantuvo el objeto escondido bajo su abrigo, esperando que pasara desapercibido, al menos hasta que pudiera llegar a su lugar. Forzando la vista para ver en la oscuridad, finalmente llegó al fondo de la cueva, sentándose junto a Steven. Charlie y Neil siguieron discutiendo sobre las normas y políticas del club, o algo así.
"Hola" Meeks lo saludó en voz baja. "¿Dónde estabas?". El corazón de Pitts dio un vuelco y le temblaron ligeramente las manos. Era realmente ridículo lo nervioso que estaba por esto. Agradeció que los hubieran dejado a oscuras en ese momento, y que nadie les estaba prestando atención.
"Este... te traje esto"
Sostuvo las flores tímidamente frente a él. El papel se había arrugado un poco. Meeks observó el pequeño montón de violetas e iris azules, no mucho más ancho que su mano. Salpicaduras de color blanco aquí y allá, con lo que él creía que se llamaba ‘aliento de bebé’, todo unido con un simple cordón. Casualmente, todos decidieron guardar silencio y poner atención en ese mismo momento.
Pasó un infinito segundo en el que Meeks no dijo nada, y Pitts estuvo a punto de arrepentirse por todo. Por suerte, Meeks pareció volver en sí, abrió la boca, la cerró, parpadeó una vez y preguntó: "¿Son para mí?"
Él pudo haberse derretido ante su tono, inusualmente cohibido, habiendo esperado un comentario sarcástico sobre lo cursi que estaba siendo. Sintiendo las miradas de sus amigos y las linternas intentando apuntarlos discretamente, se encogió de hombros tratando de aparentar calma. Acercó el ramo hacia Steven, quien, vacilante, lo tomó por los tallos.
"¿Por qué?", preguntó con expresión confusa, pero Pitts logró ver la sonrisa que jugaba en sus labios. ¿Por qué? Esa era una buena pregunta.
"Ya ves. San Valentín. Tu cumpleaños, el apocalipsis, no sé...", las palabras salieron todas deprisa e inesperadamente delicadas, causando un par de risas burlonas en alguna parte. No podía dejar de mirar a Steven, cómo sus ojos brincaban de las flores en sus manos a Gerard, y viceversa. Como si intentara descifrar algo, pero la sensación de sonrojo y cariño no le dejaba pensar, así que solo dejó de intentarlo.
"Gracias", Pitts lo oyó murmurar, con esa sonrisa aturdida que guardaba para la privacidad de sus momentos a solas. Al cruzarse sus miradas, Pitts le devolvió la sonrisa; todos sus nervios de antes se habían desvanecido en calidez, una especie de latido en su pecho que solo sentía cuando Steven lo miraba así, exactamente como lo hacía ahora.
Pudo haberlo besado ahí mismo.
Si no hubiera sido por la mentada linterna que regresó para cegarlos.
"Charlie, ¿paras?"
"PERDÓN. ¿CÓMO?"
De repente, el lugar estalló en carcajadas y exclamaciones. Todd y Neil estaban descojonados, como si no les hubieran permitido reír en mucho tiempo; Knox expresaba dramáticamente su emoción al ver a sus ‘hijos’ enamorándose, Cameron fingió desmayarse. Y Charlie estaba al borde de perder la cabeza. Pitts se sentía un poco muy humillado, aunque Meeks no parecía prestar mucha atención a las bromas.
"¿Es por eso que tú y Neil estaban actuando raro después de la cena?" preguntó Cameron, y Pitts ni siquiera tuvo tiempo de responder cuando Charlie se giró como un trompo hacia Neil.
"¡¿Tu sabías de esto?!"
Neil intentó defenderse de las acusaciones de traición de Charlie. "No podía incluirte, ¿de acuerdo? Fue una conspiración de último minuto". Había algo en la forma en que Neil y Todd intercambiaron miradas que no le sentó del todo bien a Pitts. Su sospecha se confirmó, o mejor dicho, incrementó, al ver a su enamorado darse cuenta de algo.
"¿Le dijiste?", preguntó Meeks, mirando fijamente a Todd como si ya supiera la respuesta, fuera cual fuese. El acusado dejó de reír por un segundo, luego hizo contacto visual con Neil y ambos estallaron con más fuerza que antes.
Pitts no entendía nada.
"¿Decirle qué?" Todd seguía sonriendo, aunque ahora parecía un niño al que habían atrapado en medio de una mentira.
"Todd" Meeks ni siquiera podía fingir enfado, pero definitivamente intentaba reprocharle algo. El rubio aceptó la culpa rápidamente, pero no parecía arrepentido en lo absoluto.
"¿Qu… Dijiste que no le dijera a Pitts, y no se lo dije a Pitts, ¡se lo dije a Neil!"
Charlie volvió a apuntar con su linterna a los ojos de Meeks. "Eso, debiste ser más específico, Meeks. Por cierto, ¿de qué mierda está hablando?"
"Meeks le dijo a Todd que quería que Pitts le regalara flores", dijo Cameron como si fuera obvio.
"Ahhh"
¿De verdad? ¿Así que todo esté tiempo Pitts había estado participando en un malévolo plan de San Valentín hecho por Neil y Todd? ¿Osea que había estado todo el día inútilmente estresado por arruinar las cosas con un gesto, y nadie pensó en decirle este detalle en particular? ¿Por qué Steven tampoco se lo dijo? Meeks parecía querer que la tierra se lo tragara. Pitts se acercó sigilosamente y lo miró intrigado, a lo que Meeks respondió poniendo los ojos en blanco y amenazandolo con el dedo índice justo cuando Pitts estaba a punto de preguntar, así que no lo hizo. Quizás debería hacer estas cosas más a menudo.
Finalmente, lograron comenzar la reunión. Neil tomó su lugar al frente y los demás lo siguieron. Steven y Gerard permanecieron sentados casi todo el tiempo, con el ramo de violetas cuidadosamente apoyado en el regazo de Steven. Escucharon a sus amigos recitar poesía, bromear, e incluso convencieron a Todd de que leyera un poema corto que había escrito para Neil, otra prueba más del cariño tan profundo que se tenían esos dos. Ninguno lo mencionó, pero Gerard se sintió inusualmente distraído por el brazo de Steven presionado en el suyo, y por cómo lo sorprendió un par de veces mirando las flores con cierta chispa en el rostro.
En el camino de regreso al edificio, decidió sacarse algo de la cabeza.
"¿De verdad le dijiste eso a Todd?"
Meeks hizo una pausa y arrugó la nariz ante el recuerdo. "Sí", se encogió de hombros, y añadió: "No es como que lo estuviera esperando, solo pensé que sería agradable. Hacer algo así, a veces”.
“Mh…” Se habían quedado atrás del resto, optando por ir un poco más despacio y simplemente disfrutar de la compañía mutua por un rato, mientras aún estaban libres de las reglas de la escala, y bajo el juicio de nadie más que de los árboles. “¿Y lo fue?” preguntó después de un momento. Meeks se detuvo a su lado y Pitts se giró para mirarlo, dándose cuenta que este ya lo hacía. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Steven puso una mano en su hombro, y fue a depositar un pequeño beso en sus labios; algo que ya habían hecho antes, no se sintió muy diferente, fue tan amoroso como siempre. Se tomó un minuto para apreciarlo; la noche era oscura, con una luna nueva por venir, pero aún así había unos escasos hilos de luz que se filtraban a través de la espesura del bosque, reflejándose en los lentes de Steven. Tal vez este tipo de gestos —flores, regalos, citas— no eran necesarios en su relación, pero tal vez, no necesitaban serlo. Si algo podía hacer sonreír de esta manera a su persona favorita, entonces, Pitts pensaba que no necesitaba ningún otro propósito.
