Chapter Text
Fecha: Lunes, 6 de enero de 2020
Ubicación: Volcadera
"BEP BEP BEP BEP"
El sonido del despertador retumbaba en mis oídos. Si no fuera porque me ayuda a levantarme temprano, ya hubiera destrozado esa chatarra.
Haciendo mis maniobras evasivas tácticas, decidí salir de la cama… logrando que mi rostro se estampara contra el piso.
Después de eso, me acerqué al espejo para terminar de despertarme. Mientras observaba mi reflejo, noté que los entrenamientos de papá estaban dando sus frutos, aunque agradecería que no aprovechara cada oportunidad para burlarse de mi calvicie.
Revisé el armario en busca de mi atuendo habitual. Lo bueno de comprar al por mayor es que no tengo que perder tiempo eligiendo.
Antes de todo, me puse los pantalones que me regaló el tío Tony; son perfectos, ya que se ajustan a mi tamaño cuando me transformo.
Nadie quiere ver a un Hulk medio desnudo, así que es mejor así.
Ya preparado, bajé las escaleras y saludé a mi madre, que estaba en la cocina preparando huevos con tocino.
—Buenos días, Nonny. ¿Cómo amaneciste hoy? —preguntó mamá.
—Bien, mamá. Ayer pude dormir bien después de la mudanza.
Respondí mientras me acercaba a la mesa para tomar mi taza de té. Asomé la cabeza hacia la sala y vi a mi padre sentado en su sillón. Normalmente estaría leyendo el periódico, pero hoy miraba fijamente por la ventana.
Extraño…
—Qué bueno, Nonny. Recuerda que tu padre te lleva hoy a la escuela —dijo mamá.
—Claro, mamá.
Cuando terminé mi desayuno, preparé mi mochila y me acerqué a papá.
—Hola, papá. ¿Hoy me dejas en la escuela?
Le toqué el hombro para que reaccionara.
—¿Ah? Aaah, sí, claro, hijo. No te preocupes. Solo estaba viendo ese auto negro afuera; lleva estacionado más de una hora.
En ese momento entendí por qué estaba así. Mi padre no tenía el mejor historial con el gobierno, pero nunca había lastimado a gente inocente; solo ayudaba. Rayos, incluso estuvo en un equipo de héroes. Nunca entendí por qué esos malditos agentes siempre querían meterse en su vida.
—No te preocupes, papá. Puedo ir caminando si estás ocupado.
Tomé mi mochila, pero papá la agarró primero y la llevó al auto. Con voz firme dijo:
—Vamos. No me perderé tu primer día del último año. Además, me gustaría saber dónde queda esa escuela llamada Volcano High.
—Está bien, papá. Lidera el camino.
Tomé mi confiable chaqueta verde —simple, pero me gusta—.
—Apúrate, hijo, no tenemos todo el día —dijo mientras entraba al auto.
Me despedí de mamá.
—Adiós, mamá. Te veo en la tarde. Cualquier cosa te aviso.
—Claro, Nonny. Que te vaya bien. Recuerda llevar tu monitor de frecuencia.
Casi lo olvido. Fui a mi cuarto y me lo puse en la muñeca. Sé controlar mis emociones gracias a mamá y sus métodos de meditación, y también gracias a papá, que me ayudó a controlar mi transformación. Lo bueno es que lo descubrimos cuando tenía siete años; lo malo es que desde entonces debo llevar este monitor para no perder los estribos.
—Listo, mamá.
—Cuídate, cariño.
—¿No te olvidas de algo, Nonny?
Ya sabía a qué se refería. Me acerqué y le besé la mejilla.
—Chao, mamá. Cuídate.
—Adiós, Nonny. Y recuerda venir temprano, preparé tu favorito: unas buenas chuletas con costillas.
Se me hizo agua la boca.
El viaje fue tranquilo.
Estaba revisando las ventanillas cuando noté que el mismo auto que estaba delante de nuestra casa nos seguía. Miré a mi padre y le señalé el auto. Él parecía confundido hasta que lo vio, y por un momento noté una mirada triste en su rostro.
Yo ya sabía quiénes eran. Era el maldito gobierno que siempre vigilaba a papá. Nunca entendí por qué era así. Mi papá siempre intentó ayudarlos, pero esos malnacidos nunca aceptarán que es buena persona. Nunca aceptarán que solo quiere vivir en paz.
Nunca entenderán eso. ¿Cuánto más tiene que hacer para que lo dejen en paz? ¿Cuánto más tiene que demostrar para que lo dejen vivir?
.
Ć̴̡̦̰̜͉͈̻̹̠̹̱͉͔̙̍̒̈̚̚͘̕̕͠͝Ư̴̡̧̱͔̬̤̗̝̯͖̬̘͇̩̥̫̖̘̟̻͌͐̃́͌̓͘͝Á̸̢̡̡̛͚͚̦̰̫̱͙̘̯͚̮̝Ņ̵̧̨̢̛͔̙͙̺̖͓̟̫̗̽̑̎̔̌̐̅͊͂̿̀̈́̑̇́͑́́̌̎͜͝Ţ̵̣͈̟̰̞̥̳͎͖͈̠̬̱͓͊͜͝ͅͅƠ̴͇̬̫̦͔̜̤̭̥̞̼͉̠̲͇̰̊̑̊͆͠ ̶͓͕̹̮̜̟̥͔̞̻̲̰̫͓̩̠̋̃̎͋̕̚ͅM̶̩͇͚͈̙̼̀̓̉̀̔͋̃͋̇̈́̑̐̒͂̔̒̈́́̚͠͠͝A̴̝̠̖͓͓͉̥̹͖̤͖̅̊͊͊́̈́͒͂̊̄̅̔̓̕͠͠Š̸̢̡̪̣͎̙̲̯͈̲͖̖̞̠̺̜̙̼͔̂̓̃̄̌̈́̃̕͘͜͜ͅ
.
—Hijo, contrólate… —habló mi padre con voz entrecortada, entre varios suspiros—. Tus latidos están haciendo que la máquina de frecuencia se active. Mira, ya sé que no te agradan esos tipos y créeme, a mí tampoco, pero es algo que acepté para que no me vieran como una amenaza y para proteger tanto a tu madre como a ti. Así que no te preocupes.
Escuchando esas palabras, me doy cuenta de que casi cometo una estupidez.
Contrólate, Anon. No desperdicies sus esfuerzos.
Me tomo un momento para controlar mi respiración.
—Lo sé, papá, pero a veces quisiera que te dejaran en paz. Eres un héroe y has hecho muchas cosas por ellos. No entiendo por qué siguen viéndote como un peligro.
Digo mientras bajo la mirada. A veces solo quería que la gente viera lo genial que era mi padre. Además, fue gracias a él que desarrollé un gran interés por la ciencia.
—Con que tú lo creas, hijo, ya me parece suficiente. Mira, ya llegamos. Es mejor que te apures este será tu primer día. Recuerda permanecer tranquilo. Ya sé que en Nueva York me ayudabas con los criminales, pero en esta ciudad es más tranquilo, así que disfruta de tu año escolar, ¿ok?
—Está bien, papá, pero si hay algo en lo que pueda ayudar y no estás, lo haré. Sabes que, gracias a ti y a mamá, no puedo ver cómo inocentes sufren. Si tengo al menos el poder para ayudar, lo haré.
Mientras bajo del auto, noto que mi papá me mira de una forma extraña. Me pregunto por qué sonríe.
—Ese es mi muchacho, pero igual cuídate, Saitama.
…
—Ya comenzaste. Cagaste el ambiente.
Mientras me despido, veo cómo aún se ríe dentro del coche. Jejeje… me gustaría que momentos así duraran bastante.
Bueno, basta de charla, Anon. Hora de entrar.
Caminando cerca de la entrada noto que hay una niebla espesa que recorre los alrededores del edificio. Diablos, si esto no fuera una institución, incluso parecería material para un juego de terror como Silent Hill.
Dejando de lado que casi me estrello con un árbol —sabe Jesús Raptor por qué estaba ahí, ni me importa—, subo las escaleras y escucho el murmullo de los estudiantes a mi alrededor.
—Mira, es un skinnie, amigo.
—¿Dónde está su lanza? ¿No suelen llevar lanzas?
—Mira, parece que el director ahora acepta cavernícolas.
Hmm… racismo. Cómo extrañaba que me recordaran que soy el único neandertal en esta institución llena de mascotas de cereales mal coloreados. Es mejor evitar drama por el momento. Sigo mi camino, optando por ir por la parte lateral de la escuela, buscando una segunda entrada.
Avanzando por mi ruta, noto a dos dinosaurios que me miran fijamente. Uno parece una compy, con unos ojos rojizos que parecen fulminarme con la mirada. ¿Cuál es su problema? Viéndola bien, en sus manos tenía unas marionetas verdes, y la otra chica, una troodon, tenía unas iguales pero diferentes. Curioso.
Bueno, llegando a la puerta lateral decidí entrar para reunirme con el director. Mi padre le había explicado lo de mi situación, aunque no sé hasta qué punto, así que es mejor verificar y también recoger mi horario.
Recuerdo que la oficina del director estaba en el segundo piso. Lo bueno de haber investigado la página web del instituto es que pude aprender dónde estaban las entradas.
Siguiendo la ruta que marcaba el mapa, noto la mirada extraña de un profesor. La verdad no lo sé, pero el tipo se vestía como uno. Decidí ignorarlo por ahora, ya que no quería llegar tarde en mi primer día.
Llegué al lugar que marcaba el mapa de la web y me encontré frente a una oficina con un letrero que indicaba que pertenecía al director. Supongo que es aquí.
Me preparo para tocar la puerta, pero justo cuando levanto la mano, su voz se escucha desde dentro.
—PASE.
Trago saliva y abro la puerta.
Al entrar, lo primero que veo es… ¿un cromañón? Eso creo. Es un poco más alto que yo y de mayor complexión. Vaya, cualquiera pensaría que sería otro saurio.
—Es normal, muchacho. Cualquiera se confundiría —dice mientras se acomoda las gafas.
(Malditos murmullos… culpo a mi madre por esto. Me los pegó desde pequeño).
—Me disculpo por eso, señor. Vengo por mi horario de clases.
Veo cómo alza una ceja, mirándome como si dudara de algo.
—¿Aún no tienes tu horario? Mandé un comité de bienvenida para que te recibieran. Qué raro.
Debió ser porque decidí venir directamente a su oficina. Ya veo que no fue la mejor idea.
—Creo que fue porque vine directamente aquí. Quería llegar temprano para recogerlo… además, mi padre me mataría si llegara tarde a una clase.
—No estoy de acuerdo con el método, pero sí con los resultados. Disculpa un momento, joven —gira la silla y saca una pila de papeles del cajón, rebuscando—. Toma, este es tu horario.
Con el horario en mano empiezo a revisarlo.
Lengua primero. Bien.
Después biología.
Luego cafetería y ciencias.
Todo normal… hasta que llego a la última clase.
MÚSICA.
Espera.
¿MÚSICA?
¡Esto es un error! Apenas sé tocar un piano.
—Señor, no es por ser grosero, pero creo que hubo un error con mi optativa. Yo no escogí música —le enseño la hoja.
Frunce ligeramente el ceño.
—Esto es extraño. Debió haber un error en la página. No te preocupes, lo arreglaré, pero te advierto que la mayoría de optativas ya están llenas. Revisaré cuáles siguen disponibles.
Mientras revisa en la computadora, miro mi monitor de frecuencia. Pulso estable. Sin anomalías.
Suspiro.
Puedo controlar mi forma… pero aun así debo calmarme en momentos de mucho estrés. No quiero causar un alboroto en mi primer día.
Mientras sigo divagando, chasquea los dedos frente a mí.
—¿Joven?
—Ah, lo siento. Estaba pensando en algo.
Me observa un segundo antes de girar la pantalla hacia mí y señalar las opciones disponibles.
—Tenemos dos cupos libres. Estudios del hogar o lengua extranjera.
Lengua extranjera suena tentador. Podría aprender otro idioma… pero sinceramente me da demasiada flojera y no es mi fuerte.
—Estudios del hogar, señor.
—Bien. Dame un segundo e imprimo tu nuevo horario.
La impresora empieza a sonar.
Pero entonces su tono cambia.
—Ahora que resolvimos esto… quisiera hablar de tu condición.
Todo mi cuerpo se tensa.
Sabía que esto pasaría, pero… mierda.
Me pregunto cuánto le habrá contado papá. Aunque, si él lo sabe, es porque confía en él. No debería haber problema… ¿verdad?
—Sí, señor… pero antes de eso quisiera saber cuánto sabe.
El director se levanta lentamente de su asiento y me hace un gesto para que haga lo mismo.
Obedezco.
Y por primera vez desde que entré a la oficina… siento que esta conversación va a ser mucho más seria de lo que esperaba.
—Verás, Anon… la razón por la que te acepté en mi instituto es porque veo que tienes potencial para ser algo grande. Sé de lo que eres capaz. Conozco a tu padre… y también lo he visto en batalla. Así que no te preocupes. Muéstrame cómo es.
Se sienta nuevamente en su silla, cruzando las manos frente a su rostro con total tranquilidad.
Ya veo… con razón su oficina es tan grande. Bueno, si es amigo de mi papá, entonces no debería haber problema.
—Está bien, señor… pero tendré que quitarme la chaqueta, la camisa y los zapatos. No traje repuesto.
Eso hace que me mire con ligera duda, arqueando una ceja.
—Decidí que quería ser como mi padre en sus inicios… así que hice que solo mis pantalones se adapten a mi forma.
El director asiente lentamente.
—Ya veo. Continúa. No hay problema.
Me quito las prendas con cuidado y también el reloj. No quiero dañarlo; después de todo, esto es solo una demostración.
Lo dejo sobre el escritorio.
Cierro los ojos.
Respiro.
Me tomo mi tiempo para canalizar mis emociones.
Entonces lo siento.
El ardor comienza en mi espalda, extendiéndose como fuego bajo la piel. Mis músculos se tensan. Mi musculatura se expande mientras mis huesos crujen al reajustarse. Por suerte, la transformación no es dolorosa… solo intensa.
La presión aumenta.
Mi respiración se vuelve más pesada.
Cuando abro los ojos y miro alrededor… noto que todo parece más pequeño.
No.
Yo soy el que se volvió más grande.
—Así debería estar bien…
Por suerte la oficina es amplia, aunque aun así mi cabeza roza el techo.
El director me observa sin inmutarse. Me analiza de arriba abajo, con una mirada calculadora.
—Impresionante, joven Anon… Diría que incluso eres más grande que tu padre.
Hace una breve pausa.
—Es casi una copia exacta… bueno, si omitimos lo calvo.
…
Me sentí orgulloso.
Hasta que dijo calvo.
Genial.
Esto me va a perseguir toda la vida.
No es mi culpa que la mayoría de los hombres por parte de mi madre sean calvos.
Supongo que tuve mala suerte genética.
—No se preocupe, señor. Me lo suelen decir a menudo… tal vez demasiado, diría yo.
Una vez hecha la demostración, decido controlar mi pulso usando el método que mi madre me enseñó. Respiro profundo, ordeno mis pensamientos y calmo mi mente. Eso debería bastar.
Es lo bueno de haber entrenado con papá… pero aun así no debo confiarme.
Cuando mi respiración se estabiliza, mi cuerpo comienza a reducirse hasta volver a la normalidad. La presión desaparece. Todo vuelve a su lugar.
Me visto nuevamente con mis prendas y me coloco el reloj.
—Aquí tienes tu horario —dice el director, extendiéndomelo—. No llegues tarde a tus primeras clases, joven Anon. Que tengas un buen día.
—Y por cierto, ya informé a tus docentes que tienes ciertos problemas cardíacos. Así evitarás demasiadas preguntas sobre tu monitor de frecuencia y podrás salir del aula si tus emociones te abruman.
Me dedica una sonrisa casi paternal.
—Gracias, señor. Por ahora quiero mantener un perfil bajo, así que se lo agradezco.
—Es un placer ayudar. Ahora ve, tus clases están por comenzar.
Salgo de la oficina y me dirijo a los pasillos, revisando el número de aula asignado. Gracias a Dios los horarios traen todo claro; no me cuesta ubicar la clase de Lengua.
Lengua con… ¿Tsuki?
Vaya. Suena japonés. Me pregunto cómo será.
Al llegar al aula, abro la puerta y me encuentro con un profesor que parece un actor mal pagado de una película japonesa.
¿Eso es una katana real?
Antes de seguir divagando, su voz me saca de mis pensamientos.
—Buenos días, clase. Hoy tenemos a un nuevo compañelo. Conózcanlo.
…¿En serio ese es su acento?
—Anon-kun, ¿puedes presentalte a la clase?
Me levanto y miro alrededor.
Todas esas miradas puestas sobre mí.
Tengo que terminar con esto rápido. No quiero llamar la atención.
—Un gusto. Me llamo Anon Mous. Me gustan los videojuegos y entrenar. Espero llevarme bien con todos.
Perfecto. Corto, sencillo y sin destacar.
O eso diría si no fuera porque una chica color melocotón me está mirando con evidente enojo.
No llevo ni medio día aquí y ya me miran como si hubiera hecho algo malo.
Genial.
Decido sentarme lejos de ella. Por suerte hay asientos libres al otro lado del aula, así que me instalo allí.
Las demás clases transcurren con normalidad. Matemáticas no es un problema; ser hijo de un científico tiene sus ventajas.
Aunque esa chica melocotón no deja de mirarme durante toda la clase de Lengua.
Dios… ¿qué le hice?
Finalmente llega la hora del almuerzo. Salgo rumbo a la cafetería.
Como hoy mi madre no preparó comida, me dio dinero. Veremos qué ofrecen aquí.
Al abrir la puerta me encuentro con lo que solo puedo describir como una zona de guerra llena de saurios hambrientos.
Y yo que pensaba que sería distinto a mi escuela anterior.
Meh. Mejor ver qué hay.
Termino eligiendo dos sándwiches grandes de carne y un jugo de naranja. Mi madre me mataría si no comiera algo decente.
Aunque… unas galletas no harían daño.
Las agrego.
Con mi bandeja lista, busco una mesa libre, pero siento una ligera presión en el hombro que me hace soltar una de las galletas.
Me giro.
Un ptero me mira.
Tiene un gusto terrible para vestir. Y una de sus alas parece dañada.
—Eh, amigo. Se te cayó eso.
…
—¿Y de quién crees que es la culpa?
Hoy parece que están poniendo a prueba mi paciencia.
Porque estoy a nada de arrancarle la otra ala si no deja de hablar.
—Oye, veo que llevas jugo de naranja. Pensé que a ustedes les gustaban más los batidos de plátano, ¿no?
…
¿Este idiota acaba de…?
Suficiente.
—Lo siento, pero debo irme. Tengo una mesa que me espera.
Intento alejarme, pero parece que no entiende indirectas.
—Perdón por eso. Dejando de lado lo anterior… soy Naser. Era parte de tu comité de bienvenida junto con mi novia, pero no te encontramos.
Después de decir eso señala una mesa.
Sigo su dedo con la mirada.
Ahí está la chica melocotón.
Y al lado… ¿un quetzalcoatlus?
Papá me hizo estudiar anatomía de varias especies. Estoy casi seguro de que es un híbrido; tiene plumas en los codos y el hocico recuerda al de un dodo.
Se ve buena onda.
Pero aun así…
No quiero sentarme al lado de esa chica.
—Eh, Naser… no creo que pueda. Un amigo me está esperando —dije mientras comenzaba a alejarme.
Al diablo con ese ptero. Puede que no sea tan malo, pero esa chica me estuvo mirando con rabia casi toda la clase. Es mejor evitar ese tipo de dramas.
Encuentro una mesa vacía al fondo y me siento. Aprovechando la soledad, saco el teléfono y entro a algunos foros para matar el tiempo.
Levanto la vista lentamente.
Después de un rato dejando comentarios en 4chan, decido terminar mi comida.
Pero entonces alguien chasquea los dedos frente a mí.
—Oye, skinnie. Esta es nuestra mesa. Lárgate —dice una voz chillona.
—Lo siento, pero no veo que esta mesa tenga nombre —respondo, encogiéndome de hombros.
La verdad… ya he tenido suficiente por hoy.
Frente a mí está la compy que me miraba con molestia antes. Y a su lado, otra chica.
—Sh-Shizo… podemos buscar otra mesa. N-no hay problema —dice la otra, con timidez evidente.
—¡Ni hablar! Este calvo tiene que irse. Esta mesa es para nuestro club. Seguro quiere espiarnos para esos agentes del FBI. De seguro planea exterminarnos en cualquier momento.
…
—No te atrevas a compararme con esas alimañas —digo con un tono más agresivo de lo que pretendía.
La compy abre los ojos como platos.
¿También tendrá problemas con esos agentes…?
Antes de que pueda pensar más, mi monitor de frecuencia comienza a pitar.
Genial.
Respiro.
No quiero que papá me regañe por perder el control el primer día.
Tal vez debería disculparme…
Pero justo en ese momento mi teléfono empieza a vibrar.
Una llamada.
Perfecto escape.
—Mira… te pido disculpas por mi reacción. Simplemente no me agradan esos tipos —digo mientras suspiro—. Te dejo en paz para que disfrutes tu almuerzo. Tengo que atender algo.
Me levanto.
Veo cómo la compy intenta decir algo, abre el hocico… pero lo cierra de nuevo.
No es mi problema.
Me alejo lo suficiente para que nadie escuche y reviso el teléfono.
Es mamá.
¿Por qué me llamaría en horario escolar?
Contesto de inmediato.
—Hola, mamá. ¿Estás bien? ¿Te pasó algo? ¿Estás en peligro?
—Tranquilo, nonny —responde con suavidad—. Solo llamaba para asegurarme de que estés bien. Y para recordarte que vengas temprano. Tu padre tendrá que irse a una misión con su equipo para detener una amenaza… ya sabes cómo es.
Bueno.
Por un lado, no es nada grave.
Por el otro… papá se irá otra vez.
“Todo por mi culpa…”
Mientras el recuerdo de Rock Bottom cruza mi mente, mamá sigue hablando.
—Nonny, no te culpes por lo que pasó en esa escuela. Sabemos que fue duro para ti. Y tu padre dejó claro que no te culpa.
Su tono cambia de repente, volviéndose más áspero.
—Aunque ojalá le hubiera partido la quijada a ese malnacido y a su hijo bueno para nada.
No puedo evitar tensarme.
—Hey, tranquila, mamá. Ya es cosa del pasado, ¿no? Mejor cambiemos de tema. Llegaré temprano, lo prometo. Cuídate, ¿sí?
—Claro, hijo. No te preocupes. Tu madre también es fuerte… pero será mejor que vengas rápido. Ya sabes cómo soy.
Escucho su pequeña risa antes de despedirse.
—Nos vemos, nonny.
—Chao, mamá. Te veo más tarde.
Cuelgo.
DING DONG DING
Esa es mi señal.
Hora de volver a clases —pienso mientras busco el horario dentro de mi mochila—.
Veamos… Biología con el Sr. Wu. Aula A2.
Mientras camino por el pasillo noto que el mismo estudiante que vi en la cafetería junto a esa chica va a mi lado.
Supongo que también le toca Biología.
No está de más presentarse.
—Hey, hola. ¿Vas también a Biología?
El chico se sobresalta al escucharme. Se endereza de golpe por el susto.
Es alto… bastante alto, pero parece encorvarse demasiado. Tal vez sea tímido.
—Perdón por eso, amigo. Parecía que ibas al mismo salón. Un gusto, mi nombre es Anon —le digo extendiendo la mano.
—N-no te preocupes… me llamo Donovan. Donovan Doyle… pero puedes llamarme Dodo s-si quieres.
—Está bien, Dodo. Un gusto conocerte. Espero que nos llevemos bien —digo mientras le doy una palmada amistosa en el hombro.
Llegamos al aula.
Al entrar noto que el profesor es el mismo que me observó con curiosidad en los pasillos. Pero ahora, viéndolo de cerca, noto algo inusual: parece un híbrido entre un tarbosaurio y un velociraptor, de piel amarilla con rayas rojo oscuro recorriendo su cuerpo.
Encontramos asientos, pero antes de sentarnos el profesor nos detiene.
—Bien, clase. Hoy tenemos dos alumnos nuevos. Háganos el favor de presentarse, señor Doyle y señor Mous —dice con un tono tranquilo, casi académico.
Será mejor que empiece yo. Dodo está al borde del colapso.
—Un gusto. Me llamo Anon Mous. Me gustan los videojuegos y entrenar. Espero llevarme bien con todos.
Corto. Simple. Neutral.
Ahora le toca a Dodo.
—B-buenos días… mi nombre es Donovan Doyle y—
—Disculpen mi indiscreción —interrumpe el profesor con evidente curiosidad—, ¿ustedes son híbridos?
Dodo asiente.
—Sí. Mi padre es un quetzalcoatlus y mi madre una gigantoraptor.
Ah. Con razón las plumas en los codos.
El profesor dirige ahora su mirada hacia mí.
—¿Y usted, señor Mous?
—Mi padre es un homo sapiens y mi madre es neandertal, profesor.
No es exactamente un secreto. No muchos humanos miden casi un metro noventa con esta estructura ósea.
—He escuchado que son raros los casos donde nace un híbrido en esas uniones. ¿Es cierto?
Asiento.
—Sí. Es poco común que el gen neandertal se exprese. Normalmente nacen humanos modernos. También pueden nacer híbridos, pero las probabilidades son extremadamente bajas.
El profesor asiente con interés genuino.
Luego hace algo inesperado.
—Bien… quítense la camisa, por favor.
…
Dodo y yo nos miramos.
Pero obedecemos.
La mayor parte de la clase se dedica a analizar nuestras características físicas. En el caso de Dodo, el profesor detalla la forma del hocico, la disposición de las plumas, la estructura de las alas. Incluso logra deducir rasgos de sus padres solo por el color de su cola.
No mentiré.
Eso sonó un poco… cuestionable.
Luego llega mi turno.
El profesor señala mi cráneo, mi mentón, la estructura de mi torso.
—Y bien, jóvenes, ¿notan algo peculiar en sus compañeros?
Un microraptor naranja con plumas moradas levanta la mano.
—El hocico de él es muy corto para ser un quetzalcoatlus, pero muy largo para un gigantoraptor.
Un T-Rex café que parece peruano interviene:
—Y el otro tiene una complexión más robusta que el humano promedio.
El profesor parece satisfecho.
Entonces comienzo a Explicar cada singularidad con entusiasmo científico.
Durante casi toda la clase nos sentimos como modelos anatómicos vivientes.
Aunque no fue del todo incómodo.
Fue curioso notar cómo una estego verde no dejaba de mirar directamente mi pecho… hasta que la miré de vuelta y apartó la mirada de inmediato.
…
Finalmente la clase termina.
Dodo y yo nos dirigimos a la salida, pero el profesor nos detiene.
—No se sientan nerviosos, señor Doyle, señor Mous. A pesar del rechazo que nosotros, los híbridos, hemos sufrido históricamente debido a nuestra rareza y a ciertos ideales ignorantes sobre la “pureza” de las razas… el mundo está cambiando.
Su tono es firme, profesional.
—No están solos. Y si en algún momento necesitan hablar con alguien… mi puerta está abierta.
Hace una breve pausa antes de añadir:
—Y no se preocupe, señor Doyle. Nuestro admirable profesor de educación física lo pondrá en forma en tiempo récord… claro, si sobrevive.
Las plumas de Dodo se erizan.
—J-jajaja… qué buen chiste, profesor…
El silencio posterior no ayuda.
El rostro de Dodo pasa de nervioso… a preocupado.
Salimos del aula rumbo a Educación Física.
El profesor Wu lo llamó “admirable”… pero el profesor de educación física en Rock Bottom era un holgazán que apenas hacía su trabajo.
Aunque esta escuela me ha tratado bien hasta ahora.
Debería ser más optimista.
…
¿Qué tan malo podría ser este profesor?
