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Capítulo 1. El dolor de perder a una madre
Percy Jackson tenía 7 años cuando perdió su mundo entero.
Era una noche fría y oscura, algo normal considerando que estaban en Gotham. Sally Jackson sostenía fuertemente – pero sin llegar a lastimar – la mano de su pequeño y dulce hijo. Habían pasado 3 horas desde que arribaron en Gotham y aún no encontraban un hotel seguro para pasar la noche. Sally sintió que su corazón bombearía más rápido que de costumbre, atenta a lo que sucedía a su alrededor, esperando algo.
Gotham no era seguro de noche, hasta la persona menos cuerda lo sabía, sin embargo dadas las circunstancias de las últimas horas Sally no podía hacer nada más, fue una decisión rápida, sin pensar las consecuencias, sabía que era estupido, desde que nació su hijo había hecho todo para ser precavida; y ahora no solo estaban en la calle, de noche y con pocos recursos, sino que Sally tuvo que traer a su hijo a la única ciudad donde los mounstros eran lo de menos.
Percy mientras tanto intentaba mantenerse despierto, una parte del no sabía que estaba pasando, la otra parte lo sabía a la perfección. Verán Percy siempre ha sido muy observador, incluso con los detalles más pequeños el suele darse cuenta, así que tal vez fue la forma en que su madre le pidió que guardará rápidamente ropa y cosas importantes, o la forma en que miraba el reloj cada tres segundos, tal vez fue el como sus manos temblaban ligeramente, incluso pudo haber sido el como intentaba calmarlo a el, cuando ella era la que necesitaba calmarse. Todos esos detalles le hicieron saber que estaban huyendo, huyendo de Gabe.
Percy no sabe lo que pasó, recuerda haber llegado y encontrado a su madre con la mirada perdida, temblando ligeramente. Luego de eso fue confusión, ropa techada rápidamente a dos mochilas, su mamá agarrando dinero y papeles importantes y por último saliendo rápidamente del pequeño apartamento camino a la parada de autobuses más cercana.
Llevaban 3 horas caminando en esta extraña ciudad, había oscurecido hace una hora, no se escuchaba nada, solo el sonido de carros a lo lejos, pero fuera de eso no se veía o escuchaba a una sola persona y eso a Percy no le gustaba, algo en lo profundo de su mente le gritaba que no era seguro, que debían correr, por supuesto lo ignoraba.
Mala idea.
Su madre se detuvo abruptamente, el agarre en su mano se hizo más fuerte. Percy miro primero a su madre, su mirada estaba fija en frente, sus ojos inundados de miedo y preocupación hicieron que Percy entrará rápidamente en alerta. Dirigió su mirada hacia enfrente e igualmente se quedó quieto, empezó a temblar.
Frente a madre e hijo una pistola los apuntaba.
"Dame todo lo que tengas, ¡rápido!"
Sally instintivamente extendió la mochila que cargaba y rápidamente después escondió a Percy detrás de ella, su cabeza gritaba peligro, encendiendo rápidamente alarmas en ella, su cuerpo amenazaba con empezar a temblar, pero lo controlo. "Protege a Percy", " Protege a Percy", "Protege a Percy" era en lo único que podía concentrarse. Sus ojos observaron su alrededor, estaban en una calle de cierta, no se veía alguna tienda o lugar con luz cerca y dudaba mucho que la policía estuviera cerca, si es que había policía en un lugar como este. Su única esperanza era un edificio de aspecto abandonado, la puerta principal tenía un agujero, pequeño, lo suficiente para que su hijo pudiera entrar y esconderse.
Aflojo un poco el agarre en su hijo, el ladrón estaba distraído rebuscando en la mochila que le había dado, tenía una oportunidad, una sola para decirle a Percy que hacer. Tan como rápido abrió la boca el cerro, el ladrón alzó la cabeza en ese instante y estaba furioso.
"¡No hay nada de valor!" arrojó con dureza la mochila de vuelta a los pies de Sally
"Es todo lo que tenemos" Sally se aplaudió mentalmente por no temblar al hablar aunque estaba muerta de miedo.
Por un momento todo quedó en silencio, el ladrón bajo un poco el arma y Sally dejó escapar un suspiro muy pequeño, entonces el hombre sonriente de lado, volvió a alzar la pistola, pero esta vez dirigió su mirada al niño detrás de Sally. Las alarmas en Sally aumentaron, su agarre en su hijo se volvió peligrosamente fuerte y sus ajos antes con miedo se volvieron fríos y peligrosos.
"Entonces dame al niño, seguro me darán mucho por un niño lindo como el"
Percy sostuvo la mano de su madre con más fuerza.
"No"
"¿No?"
"Me has oído, toca un solo pelo de mi hijo y te arrepentirás"
El hombre en cuestión solo atino a reírse, una carcajada peligrosa, burlona. Apuntó fijamente a Sally,
"Muerta no puedes protegerlo"
¡Bang!, ¡Bang!
"¡MAMÁ!" El grito de Percy seguramente se escuchará en toda la ciudad mientras veía a su madre caer al suelo, la sangre comenzando a correr de su pecho.
Percy se inclina junto a su madre y el mundo dejó de existir a su alrededor, Percy no vio al ladrón acercarse a el con una sonrisa en cara, tampoco noto como de la nada se quedó quieto y su mirada pasó de la satisfacción al terror, no se fijó cuando salió corriendo y por supuesto no se dio cuenta de la sombra alada que pasó sobre el y corrió hacia el ladrón. Su vista estaba totalmente puesta en su madre, su hermosa y dulce madre, quien siempre le aseguraba que todo iba a estar bien, su dulce madre quien le cocinaba galletas azules solo para molestar a Gabe, su hermosa madre quien nunca le levantó la voz ni se molestaba con el por ser tan problemático. Su hermosa madre que ahora estaba tirada en una sucia calle, con sangre corriendo, la mirada perdida y sus ojos llenos de lágrimas.
"Mami, mami, mami por favor no, levántate, tienes que levantarte" suplicaba entre sollozos
Sally solo podía contener las lágrimas, esto no era lo que planeaba, así no tenía que terminar, ella tenía que proteger a su hijo. No quería morir, no quería dejar a su hijo, ella quería ver a su hijo crecer, contarle la verdad, quería proteger a su hijo de un mundo que aún no conocía. Ahora ella estaba muriendo, lo sabía, la bala había perforado algo malo, no sabía que, pero lo sentía.
"Percy" susurro "Cariño tienes que escucharme" apenas escuchaba su propia voz "Mi dulce y amado hijo tienes que perdonarme, hay tantas cosas que debo decirte pero no podré, no tengo la fuerza de explicar lo todo, solo necesitas saber que te amo Percy y siempre lo voy a hacer, aún si no estoy contigo quiero que recuerdes que nunca me arrepentiré de tenerte como mi hijo, de cuidarte y protegerte"
Sally tosió, luchó con todo para no cerrar los ojos, aún no, todavía no, ella necesitaba hablar.
"Percy algún día descubrirás algo que debí contarte hace mucho, un secreto que he guardado desde el día de tu nacimiento y quiero que sepas que te lo oculte porque intentaba protegerte" Acaricio la cabeza de su hijo con delicadeza "Vez cosas que otros no y eso no te hace diferente, no te hace raro, te hace diferente y no es malo, eres diferente porque especial, muy especial Percy, tan especial que tengo miedo de la vida que llevaras"
A este punto tanto Percy como Sally lloraban.
"Cuando alguien te diga que eres diferente quiero que recuerdes que ser diferente es lo que te hace especial, no hay nada malo en ti, solo eres tú, mi dulce niño, mi pequeño héroe" Sally suspiro pesadamente "No dejes que los comentarios negativos te consuman, no dejes que alguien decida por ti como vivir tu vida, recuerda nadie puede controlarte. Vive tu vida como quieras, pero se feliz mi niño" mantuvo la cara de su hijo entre sus manos "Serás alguien increíble Percy, eso lo se muy bien. Nunca olvides "Lo mucho que te amo"
La fuerza que tenía empezó a desvanecerse, sus brazos cayeron y poco a poco sus párpados empezaron a cerrarse, lo último que pensó antes de ceder fue "Cuida de nuestro hijo, protégelo de aquellos que quieran hacerle daño. Por favor Poseidón, por favor cuida de nuestra perla".
Tal vez fueron segundos, minutos o incluso horas, Percy no lo sabía con exactitud, en este momento nada importaba, su madre acababa de morir frente al y el mundo entero se oscureció, no le importaba nada, llamaba entre sollozos a su madre, pidiéndole que abriera los ojos, rezando a cualquier deidad que oír favor le devolviera a su madre. Se apollo contra su pecho llorando, no había moviento, la señal de que definitivamente su madre se había ido.
Entonces sintió algo, un sutil cambio en el aire que lo hizo estar alerta, alzó la vista aún nublosa por las lágrimas y lo vio, a unos metros frente a el una figura enorme, o bueno enorme para un niño de 7 años, vestía completamente de negro, una capa cubría por completo su cuerpo, solo se veía su rostro, oculto tras una extraña máscara, con orejas puntiagudas en la cabeza. Percy debía temblar, tal vez gritar, pero algo en el le decía que no había peligro, que estaba a salvo.
El misterioso encapuchado se acercó a paso lento pero seguro y lo miro fijamente.
"¿Estas herido?"
Percy tardo unos segundos en procesar la pregunta antes de negar con la cabeza.
Bruce no esperaba presenciar un asesinato esa noche. Hace unos días había estado rastreando una de las bases del pingüino, su plan esa noche era irrumpir en ese lugar, dar un par de golpes a los secuaces del pingüino y recopilar la mayor información en el lugar. Esos planos dieron un giro cuando escucho un disparo a unas dos cuadras donde estaba y luego el grito agudo de un niño, sus instintos fueron inmediatos y rápidamente se dirigió al lugar donde escuchó el disparo.
Algo dentro del simplemente se encendió cuando vio a una madre ya un niño a su lado llorando, pero sin duda lo que más le molestó fue ver al tipo que disparo acercándose peligrosamente al niño con una mirada y una sonrisa peligrosa. Su presencia se hizo ver rápida, lo noto cuando el tipo del arma cambió su rostro y salió corriendo, Bruce no tardó en seguirlo, lleno de una ira y una rabia que no sentía hace mucho. Mientras corría le envió un mensaje rápido al detective Gordon, solo unas pocas palabras que el entendería.
Madre, muerta, niño con ella. A tres calles de Crime Alley
Cuando regresó después de "charlar" con el tipo, vio al niño tendido en el cuerpo de su madre, el movimiento de sus hombros indicaba que estaba llorando. Se acercó lentamente, cuando el nilo levantó la vista se quedó quieto, observando. El era pequeño, tal vez tenia entre 5 y 8 años, sus ojos verdes ahora niño rojo e hinchados, su cabello caía sobre su frente, tenía mocos y las mejillas rojas. Una escena que debilitó profundamente a Bruce, la última vez que había visto algo así fue cuando adoptó a su primer hijo, tan solo y perdido, sin saber que iba a ser del ahora que había perdido a sus padres. Incluso se recordó a si mismo, llorando y llamando a sus padres, corriendo a abrazar a Alfred horas después del accidente, gritando que estaba solo, solo para que este le recordaba que todavía lo tenía a el.
Pero este niño, el pequeño y débil niño frente a el, estaba solo, roto, junto al cuerpo frío de su madre.
Bruce se acercó a él, no estaba preparado para que dos pequeños bracitos lo rodearan mientras volvía a llorar, esta vez con más fuerza, gritando que no tenía a nadie, que quería a su madre de vuelta. Y Bruce, Bruce por primera vez en años se quedó en silencio sin saber que hacer. Envolvió al niño en sus brazos y lo abrazo, no dijo nada, no había nada que decir para que el niño se calmará, solo lo abrazo y dejó que llorará.
A lo lejos el ruido de las sirenas se escuchó, pero Bruce no se movió, no se movió incluso cuando Robin aterrizó a su lado, mirando al rededor. Ambos cruzaron miradas, Robin asintió mirando al niño en sus brazos, le lanzó una mirada de compresión, el sabía lo que pasó y sabía que no había nada que decir, solo esperar.
