Chapter Text
"Frágil dama que tanto mal hace,
Cómplice del infortunio, amiga del dolor.
¿Por qué debo de soportar la nostalgia?
De no ser mi fragilidad y anhelo.
Y que sea tuyo como tú seas mía,
No sea más que un hermoso imposible. "
...
En algún punto entre el aburrimiento y la apatía, el joven se dejó llevar por otro trago más. Perdió la cuenta de cuánto bebió esa noche de mayo, estaba tan perdido en pensamientos que su mente giró entre vagos recuerdos despertados por el alcohol.
Años en los que todo parecía perfecto, sintiéndose más humano y real cada vez que pasaba tiempo junto a ella. Cada momento en el que la tenía cerca, hipnotizándolo con sus ojos dorados tan puros y exóticos. Su cabello largo y negruzco caía sano sobre sus hombros, sumado a la tela suave de un rojo profundo que contorneaba las caderas y el pecho.
" Eso fue hace tanto.. "
Tenía el vivido recuerdo marcado como fuego en su memoria. El olor de su perfume, de dulzor parecido a la miel; los toques gentiles y temerosos cuando lo abrazaba; el pudor de evitarle la mirada cuando él se inclinaba un poco más para besarla... Una mujer carismática pero con vergüenza de hacer y decir sus pensamientos más profundos, frenada por tal vez... perderse en un mar de emociones y ahogarse en una pasión que la carcomía día tras día mientras él la acorralaba de afecto.
Afecto que incluso para él era extraño.
El chileno era reacio a demostrar, en palabras simples, cariño por algo o alguien. ¿Amor? Mucho menos, eso era totalmente impensado.
Su mejor versión estaba en aquella época donde las cosas iban viento en popa, guiado por un fuego interno de acción y energía.
El bartender que estaba atendiendo en la otra esquina se acercó sonriente.
—Caballero, la casa invita el pisco sour después de tal monto rebasado.— dijo con el ticket en mano—Le ofrezco si gusta de más alcohol.
El castaño levantó la mirada, mareado y con la visión borrosa, no respondió con palabras pero negó con la cabeza y pagó con dificultad.
Se levantó tomando su chaqueta, directo a la salida del bar.
La noche se volvía fresca y él seguía su rumbo hasta su departamento que estaba a solo cuadras del bar. El viento helado lo dejaban con esbozos de escalofríos, donde el frío entraba por el cuello y mangas de la chaqueta, erizando la piel bajo la tela.
Caminaba con las manos metidas en los bolsillos, encogiéndose un poco más a la oleada fría. El alcohol todavía le daba una falsa sensación de calor interno, pero el contraste fue abrupto; desde el simple cosquilleo de los dedos hasta los temblores habituales del choque climático.
Era una persona sensitiva en muchos aspectos, desde estímulos leves como el frío o calor, hasta las emociones más complejas del ser humano... Enojo, envidia, celos, odio, amor...
Otra ola de viento frío impactó su rostro pasando por su cuello, erizando nuevamente la piel del castaño.
"Puta que está helao, en serio que la cagá con este clima" caminaba maldiciendo, ansioso por llegar y meterse a la cama.
Llegando al fin al cálido edificio, subió las escaleras hasta el departamento con prisa. No había nadie fuera y solo se escuchaba el eco de sus pasos y el tintineo de las llaves mientras las buscaba en los bolsillos.
Antes de abrirla escuchó una voz conocida que lo asustó tanto que por poco pega un grito.
El timbre era nada más que de ella, su ex algo... pareja, polola, amiga.
— ¿¿¡¡Manuel!!??
Tenía el cabello suelto y un pijama rosa con frutillas haciendo juego con pantuflas de gatito.
— Casi me matas de un infarto— exageraba pero estaba sorprendido de encontrarla.—¿Qué wea haci acá Mica?
— Tengo que quedarme unos días aquí en Chile, por ya sabes... temas políticos— lo decía mientras jugaba con su cabello— Mis superiores estarán aquí también pero llegarán mañana por la mañana.— hizo una pausa para mirar la cara de sorpresa del chileno—...Pensé que estabas enterado de la reunión.
"¿Reunión?" Intentó recordar en su mareada y alcoholizada cabeza.
Se le iluminaron los ojos al recordar que tenían una charla pendiente sobre el tema migratorio y fronterizo que involucraba ambos países.
De lo que no estaba enterado era lo presencial, con la participación de ambos mirándose a la cara, con diálogos que durarían más de lo que él soportaría.
— La reunión, claro que estoy al tanto— sonrió intentando parecer despreocupado, como si verla ahora y después no lo estuviese matando de los nervios.
— Hmm ya... — Micaela lo miró de arriba abajo, intentando descifrar el comportamiento extraño de González. — Es tarde y debo levantarme temprano, pero me alegra verte bien.
La chica se acercó de forma amable para darle palmaditas en el pecho. Era un contacto incómodo pero cercano por parte de ella, que siendo que ya no era más que una conocida, al menos tenía gestos "cariñosos" y vestigios de lo que alguna vez fue amor.
Él se ruborizó apenas y la miró esbozando una sonrisa sin perder la seriedad.
— También me alegra verte...—tragó saliva al notar el brillo de sus ojos—...bien.
La peruana se dió la vuelta no sin antes devolverle la sonrisa. La chica entró al departamento de al lado y Manuel aún con la llave en la mano, se quedó allí. Dudando de si eso fue real o si de verdad se emborrachó tanto que estaba alucinando.
"No debí tomar tanto, me duele caleta la cabeza"
Entró y cerró con llave. Dejó la chaqueta en el sofá y se desvistió hasta llegar a la habitación dejando la ropa en sillas y los zapatos tirados en el trayecto. Mañana se encargaría de ordenar, ahora solo quería dormir y estar caliente en su cama tapado con varias frazadas hasta la cabeza.
Miró el techo en total oscuridad pensando en la reunión con Micaela, en que diría, que diría ella, si las medidas propuestas serían aceptadas por los superiores, si por el contrario alguno estuviese en desacuerdo...¿Qué harían? ¿Qué harían él? ¿Qué haría ella?. Miles de escenarios rondaron su mente, de los más inocentes hasta los más improbables. Abrazos, toques sutiles, besos... Hasta incluso locuras como jugar con ella como cuando aún eran "algo" besos aquí, mordidas allá, gemidos aquí, gruñidos allá...
"Shhh puta ya duérmete cerebro cochino"
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