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𝐃𝐞𝐚𝐭𝐡 𝐖𝐢𝐭𝐡 𝐃𝐢𝐠𝐧𝐢𝐭𝐲 — 𝐎𝐒 𝐉𝐮𝐥𝐢𝐞𝐧𝐳𝐨

Summary:

Morir con dignidad es aprender a vivir cuando el amor de tu vida ya no está. Julián encuentra en su hijo el último regalo de Enzo: la prueba de que el amor verdadero no muere, solo permanece.

Notes:

Bueno... Segundo OS Julienzo de mi vida. Ame hacerlo, solo hice el os de ayer y me empezó a llegar la inspiración.

Una advertencia es que en este OS se utiliza "mami/mamá/madre" también para hombres ya que está ambientado en un mundo mpreg.

Esta historia me hizo llorar una que otra gota mientras la escribía y eso me hizo pensar que talvez vez no a muchos les guste.

Pero a los que si les guste espero que me ayuden votando y comentando. Los quiero.

Aún no domino por completo el modismo argentino, pero hice mi mayor esfuerzo para sacarlo lo más parecido. Aún así puede que se me haya pasado alguno.
Bueno, así tienen:

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Julián preparaba el almuerzo, con esmero, amor y dedicación.

Sin muestra de aflicción en su rostro. Debía ser fuerte, debía debía seguir adelante. Por él.

Por Benjamín.

Estaba preparando los últimos detalles de ese almuerzo, que desde hace ya dos meses, era solo en compañía de su pequeño de 8 años.

En esa mesa en donde siempre habían dos platos, siempre estaba él a su lado, siempre había estado Enzo.

Su vida era más brillantes desde que aquel niño de pelo negro y ojos achinados lo defendió en la primaria, hace 19 años.

En la mesa de dos platos se sumó uno más hace 8 años, la llegada de ese nuevo integrante en la familia Fernández-Alvarez fue la felicidad máxima.

Nadie estuvo triste el día que Benjamín nació, Enzo y Julián no eran la excepción, por supuesto eran los padres más felices del universo con su nacimiento.

Prometieron darle la mejor crianza a ese pequeño ser que tenían en sus brazos, nada le faltaría al “mini Enzo”, como solía llamarlo Lautaro.

Cuando el pequeño Fernandez cumplió 1 año lo celebraron a lo grande, una fiesta con tanta gente que la mayoría no se conocían entre sí.

Durante esa fiesta Benjamín fue el niño más feliz del mundo, las sonrisas que le daba a la gente que lo cargaba, mientras que Enzo y Julián lo miraban a lo lejos. Juraba que jamás se sentirían tan plenos.

La casa se había llenado de regalos por todos lados, cajas gigantes de juguetes y ropa para el cumpleañero. Y aunque su hijo no se acuerde de ese momento vivido, Julián lo tenía muy presente, cada día se recordaba de lo felices que fueron todos ese día.

Ese día recibieron muchos obsequios, muchas palabras lindas que jamás olvidarán, pero sin duda el mejor regalo de todos fue dado por Emiliano, amigo y fotógrafo de la familia.

—¿Che, la familia dónde está? —preguntó Emiliano desde el fondo, buscando con la mirada a la pareja.

Y aunque no los encontró de inmediato, la gruesa voz fue señal suficiente para Enzo y Julián, quienes se acercaron lo antes posible con Benjamín en brazos.

—¿Qué querés, dibu? —preguntó el padre. —Ya te dije que no vamos a tomar hoy. —Bromeo.

El más alto de todos no pudo estar más ofendido por lo insinuado, haciéndose el ofendido.

—¿Por quién me tomas? —preguntó el dibu, en tono de broma. —Nah, no es para eso. —

—¿Entonces para qué? —preguntó Enzo, quien lo miraba expectante antes cualquier boludez que diga el más alto.

Julián solo los miraba con gracia detrás de Enzo, y Benjamín en sus brazos, con claros indicios de cansancio, pues ya estaba prácticamente dormido sobre su pecho.

—No les he dado mi regalo. —comentó por fin Emiliano. —Siempre me difaman a mí. —Se quejó ante los alegatos de fiestero que le tenían.

—Ah, bueno. —dijo Enzo, con un alivio fingido.

Vió como Emiliano se dirigía a una mesa, no muy lejos, y sacaba de dentro de un especie de estuche negro lo que parecía ser una cámara.

Y si lo era, era una cámara profesional, de esas que Emiliano solía usar para su trabajo a nivel profesional.

Los padres sonrieron levemente, Emiliano era un gran amigo, y por supuesto que no iban a exigirle un regalo, pero se tomara la iniciativa de darles un regalo, poniéndolos a ellos por encima de su trabajo les hacían sentir agradecidos por los amigos que tenían.

—Vengan. —ordenó Emiliano, llamándolos a un lugar despejado en la fiesta, en donde la iluminación parecía perfecta.

Ambos siguieron a su amigo a dónde se dirigía, Benjamín aún dormidito sobre el pecho de Julián parecía ser un ángel en ese momento.

—Aquí, parence ahí. —señalo Emiliano.

La pareja acató las órdenes de su amigo, acomodándose frente a él y se tomaron el tiempo de arreglarse un poco mientras Emiliano calibrada algo en la cámara.

Fue ahí en donde Enzo se fijó en Julián, su hermoso esposo, arreglándose el pelo, como si no fuera lo suficientemente glorioso verlo así.

Como si de alguna manera pensaba que se veía mal. Enzo creía todo lo contrario. “Julián es perfecto” pensaba cada vez que dirigía su mirada a él. Su pelo con leves mechones ondulados y rebeldes que caían sobre su frente, son esa piel blanca tan blanca como la porcelana y esos ojitos marrones que lo enamoraron desde que los vio por primera vez.

No viviría lo suficiente para ver cada aspecto maravilloso de su esposo, porque pensaba que le tomaría una eternidad, la cual estaba dispuesto a pasar.

Como si fuera una explosión de sentimientos fue el momento en el que lo vio por completo, ahí, con su hijo en brazos, dormido sobre él mientras este se arreglaba para la foto.

Lo tomó de la cintura con delicadeza, pero con muchas ganas de tenerlo más cerca, juntándolos lo más que se podía.

Julián, desconcertado, lo miró y como si fuera la primera vez que se veían, se volvió a enamorar de ese hombre, del padre de su hijo. De sus ojos de un profundo color marrón, y la sonrisa blanca y perfecta, así como de su perfume que insistía en comprar la misma botella durante toda su vida solo porque le dijo que le encantaba.

—Te ves muy guapo… —Alcanzó a decir Julián. Con ese nerviosismo que le causaba Enzo cada vez que estaban cerca, no importaban los años de casados, siempre causaba el mismo efecto como si fueran adolescentes de nuevo.

Enzo lo miró, como escaneando cada facción de su rostro. Sus pestañas, sus labios, las casi imperceptibles marcas de acné, recuerdo de su juventud.

—Y vos te ves perfecto, amor. —dijo, sincerandose, como siempre sucedía con Julián. Nadie más que su esposo lograba sacar esa parte de él, esa parte sensible.

Notó como las mejillas de Julián se tornaban de un color bermellón, claro signo de vergüenza. Le encantaba ser el causante de eso en su Julián, que sus gestos, que sus palabras, que todo sea por él.

Se inclinó levemente hacia Julián, llegando hasta su delicada frente.

Y sobre algunos rulos rebeldes depositó un casto beso en su frente, como el acto de amor que le permitía el momento y el lugar, pero con la misma carga emocional que todas.

—Bue, tortolitos. Esperen que tome la foto y distraigo a Benja si quieren. —Bromeo Emiliano.

Ambos rieron ante la exagerada reacción del dibu, y Enzo lo hizo aún más. Un beso en la frente era lo que menos quería hacerle a Julián en ese momento. Obviamente no lo diría, estaba su hijo ahí y sonaría muy desubicado.

—Bien, prepárense. —Aviso Emiliano, mientras ponía la cámara a la altura de su rostro.

La pareja hizo lo que se le pidió, esperando el disparo del aparato. Benjamín aún estaba dormido sobre Julián, asique no sería difícil como en otras ocasiones que era imposible tomarle fotos sin que se moviera.

Enzo miró por última vez la imagen de Julián y su hijo, y eso lo llenó por completo. En su pecho se sintió el calor, el amor y el orgullo de lo que tenía, era el mejor padre del mundo, según Julián. Y le creía, era la persona más feliz del mundo.

—1… 2… 3… —Y el flash de luz blanca salió de la cámara, causando una ceguera de al menos un segundo y medio.

—Otra… —Avisó Emiliano. —1… 2… 3… —Y el flash volvió a salir.

—Boa, que familia de facheros, eh. —El fotógrafo y los esposos rieron ante las palabras del padre de Enzo detrás de Emiliano.

—1… 2… 3… —Y el tercer flash volvió a salir.

—Son demasiado lindos, no puedo. —Dijo está vez la madre de Julián, y era verdad.

Eran hermosos, físicamente sí, pero la pareja en sí era hermosa de ver, eran tan diferentes el uno del otro, el contraste entre Enzo y Julián era de no creer.

Uno castaño y de piel lisa y blanca. El otro morocho y tatuado hasta en el cuello, donde casualmente tenía los nombres de los amores de su vida.

—El último. —dijo Emiliano.

Y como si fuera una última oportunidad Enzo tomó de la cintura a Julián otra vez, atrayéndolo con una leve fuerza hacia él. Y junto sus labios en un beso, un beso de un amor que en cada universo estaba destinado a ser, no importaba qué tan diferentes sean. El destino siempre los uniría.

—Bue… —Dijo Emiliano, mientras los invitados en la fiesta celebraban, aplaudiendo mate el beso como si fuera algo espectacular.

Lo era.

—Gracias, amigo. —le dijo Enzo a Emiliano, quien repasaba las fotos en la pantalla de la cámara, notando lo perfecta que era aquella pareja.

—nah, Enzurri, son mis amigos. Haría cualquier cosa por ustedes. —Confesó el más alto. —Bueno, ahora también por Benja.

Ambos se fundieron en un abrazo amistoso, agradecidos por su amistad verdadera, esa que se había originado en la secundaria cuando jugaron juntos en el mismo equipo.

—Ya mañana te las traigo impresas. —fue lo último que dijo el dibu antes de desaparecer de la vista de la pareja, quizás para guardar la costosa cámara.

Enzo volvió a donde estaba Julián parado con Benjamín.

—Amor. —Llamo Julián, a pocos metros. —Benja ya necesita dormir. —

Enzo asintió ante lo que dijo su esposo y lo ayudó, tomando en brazos al bebé gordito de pelo negro igual que él.

—Papá— llamó Enzo al señor que estaba en un lugar de la casa hablando con algún invitado. El señor Raúl volteó a ver hacia su hijo y lo divisó apenas sobre el primer escalón de la escalera que llevaba al segundo piso.

—Dime. —Contestó el señor Raúl.

—Vamos a llevar a Benja a dormir… ya volvemos. —

Y comprensivo fue el señor Raúl, pues un movimiento de asentimiento fue la señal que le dió a Enzo para que supiera que él se ocuparía mientras no estaba.

La pareja subió las escaleras tratando de ser cautelosos.

Julián abrió la puerta de su habitación, con una cama matrimonial gigante y sábanas blancas calientes. Era una tentación para cualquiera no poder quedarse ahí.

Julián encendió la veladora en la mesita al lado de la cama y acomodó lo mejor posible las sábanas para la comodidad de su hijo.

Enzo lo recostó con cuidado de no ser tan brusco y aprovecho para acostarse a su lado, algo cansado por lo pesado que había sido todo el día para ambos.

Lla tenue luz le daba a Julián lo suficiente como para poder ver esa escena.

Enzo acostado al lado de Benjamín, los miró con amor y un poco de gracia por el gran parecido entre los dos. Aunque le molestaba un poco que estuviera embarazado por 9 meses y al final lo único que sacó de él fueron algunos rulos rebeldes.

No soporto más lo lindo de la imagen, así que decidió también acostarse ahí, al lado contrario al de Enzo, pero aún al lado de Benjamín.

Con suavidad se acomodo sobre la cama y sin mucho problema ya que Benjamín no lo notó. Pero quien sí lo hizo fue su esposo.

Enzo abrió los ojos, lo que hizo que Julián se estremeciera, la profundidad de esos ojos café siempre lo habían intrigado, siempre lo habían enamorado.

—¿Qué? —pregunto en un susurro ante la mirada del morocho.

—Estoy muy agradecido con Dios. —Susurro el morocho. —Por haberte puesto en mi camino. —

El sonrojo de Julián fue evidente, incluso con la luz tenue, pero no tenía problema en que Enzo lo notará era la señal que le daba cada día para que supiera que nunca dejaría de estar enamorado de él.

—Y gracias a tí. —Continuó Enzo. —Por darme a mí hijo. —

Y se notó en la voz de Enzo que se empezaba a quebrar. No podía ser tan perfecto, todo en su vida era lo que había deseado. Julián, Benjamín y él…

Se convirtió en una mejor versión de él cada día que pensaba en lo que Julián se merecía.

Las lágrimas brotaron como una corriente de felicidad, y se acercó a Julián y volvió a juntar sus labios en un beso. Un beso de gratitud, de orgullo, amor.

Amaba a Julián y siempre lo iba a hacer, no importaba qué pasara con él.

—Te amo, Julián. —Dijo con la voz quebrada.

—Y yo te amo a ti, Enzo. —Respondió Julián, antes que se fundieran en un abrazo.

 

 

No pudo contener las lágrimas, tenía ese álbum de fotos sobre la mesa. Y, como todos los días, paró esa página específica.

Esa página con cuatro fotos, en donde la felicidad pudo ser capturada. La vida había sido tan cruel.

Ese día fue el día más feliz de su vida y lastimosamente fue el último cumpleaños en donde la alegría reinó sus vidas.

Nada fue igual desde ese día. Pocos días después del cumpleaños número uno de Benjamín, Enzo empezó a tener problemas de salud, leves, pero extraños a la vez.

Todo comenzó con una pérdida de peso inexplicable, y su peso iba disminuyendo con progresión.

Con una gran confianza Enzo fue al médico, en donde le detectaron una enfermedad incurable, una que no le quería dejar vivir más tiempo con su familia.

Luchó lo más que pudo, era un hombre fuerte y la presencia de Julián y Benjamín en su vida le daban aún más fuerzas.

Pero incluso la fuerza de un hombre que sobrevive por su familia puede ser agotada.

Siete años de vida fueron los que pasó luchando contra la muerte, luchando por él, por Julián y su hijo que no quería dejar.

Él quería criar a su hijo, pasar los días con Benjamín, llevarlo a la cancha, hacerlo de River y enseñarle a cuidar a su mamá.

Quería mostrarle lo que era ser un gran hombre como lo fue su padre cuando se conoció con su mami.

Un día frío de invierno le llegó una noticia a Julián, quien se preparaba para ver a su esposo en el hospital.

“Enzo falleció” dijo el doctor.

Y el mundo se le hacía añicos. La vida lo castigaba sin justificación, quitándole a su compañero, amigo, esposo y padre de su hijo.

La tristeza era la cosa más destructiva que una persona puede sentir y Julián ya sabía cómo se sentía, podía morir ahí con enzo mientras lo abrazaba en la camilla, con los ojos cerrados y bajo la mirada de los enfermeros y el doctor.

El desconsuelo se hizo parte de él, nunca más volvería a amar a nadie, nunca volvería a ver a nadie como miraba a Enzo.

Nadie estaría a la altura del morocho, y o existirá nadie como él.

Aunque…

Benjamín seguía ahí, era un niño inocente, su hijo. Lo único que le quedaba de Enzo y no podía dejarlo a la deriva por la muerte de quien fue el amor de su vida.

Benjamín lo necesitaba. Y él tenía que estar ahí para él. Enzo jamás le diría que lo ponga a él por encima de su hijo, la felicidad de Benjamín era lo más importante.

No podía dejarlo solo.

 

 

—¡Mamá! —Gritó mientras escuchaba el portazo dado por Benjamín, sacándolo de sus pensamientos.

Se secó las lágrimas con rapidez para que el pequeño no lo notará, a pesar de tener los ojos rojos.

Benjamín llegó corriendo hasta Julián y le dio un fuerte abrazo, como lo hacía todos los días cuando llegaba de la escuela.

Julián había contratado a alguien que lo trasladara desde la escuela a la casa y viceversa, siendo muy proyector con él.

—Hola, mami. —saludo Benja.

—Hola, mi amor. —Respondió Julián con amor. —Cambiate y lávate las manos. Te serviré la comida. —

—ok, mamá. —Fue lo último que dijo Benja antes de salir disparado a su habitación para hacer lo que se le ordenaba.

Enzo solo estuvo 7 años con él, de los cuales solo dos y medio fueron de manera consciente. Pero dentro de todo Enzo le enseñó a Benjamín lo que necesitaba saber de la experiencia de su padre.

Le enseñó que su mamá se le debía respetar y hacerle caso, no importa qué tan molesto sea.

Le enseñó a ser de River, solo pudo tener esa lección dos años mientras Enzo estaba con vida, pero lo hizo tan bien que en poco tiempo ya veía los partidos de River e incluso usaba la camiseta de River todo el día.

Era la completa imagen de Enzo.

—Ya, ma’. —Avisó el pequeño mientras bajaba las escaleras.

Julián le señaló su lugar y se sentó, mientras que ponía un plato de su comida favorita en la mesa.

Ambos degustaron del platillo juntos como era costumbre. Benjamín era el más emocionado, no todos los días Julián lo complacía con lo que quería, asi que se emocionó cuando le dijo que hizo su plato favorito.

Entre preguntas y respuestas con respecto a la escuela y el día del pequeño Fernández se pasó los minutos del almuerzo.

El pequeño estaba a punto de terminar su almuerzo, cuando notó algo que lo intrigó.

Julián lavaba los trastes usados, mientras esperaba el plato de Benjamín para lavarlo también.

Benjamín divisó las fotos de su padre en una especie de álbum. En aquellas fotos aparecían a quien, dedució, era su mami, no tan diferente a como estaba actualmente, seguía siendo muy lindo.

En sus brazos había un pequeño, uno de pelo negro y cuerpo regordete, dormido como si no existiera cosas mejor en el mundo. Supuso que era él.

Pero dirigió la mirada al señor de al lado, un hombre más alto que su mami, tomándolo de la cintura, de pelo igual de negro que el suyo, con los ojos achinados y sonrisa perfecta.

No lo reconocía, aunque después notó algo.

Móvil su vista hacia el cuello de este hombre, lleno de tatuajes, y vio lo que le dió la pista definitiva.

“Julián y Benjamín” Leyó en voz baja el niño que leía muy bien para su edad.

Era su padre.

No lo reconocía para nada, el poco tiempo que pasó con su padre, nunca lo había visto de esa manera. De otra manera que no fuera en el hospital, con un gorro que cubría su cabeza y sus cejas que eran inexistentes debido a su tratamiento.

Pero en lo que siempre se fijó de su padre era esos tatuajes que le tapaban la piel, contando historias y legados que Enzo siempre le cantaba.

Recordó que un día le preguntó por el tatuaje más simple de todos, ese con el nombre de su esposo y su hijo.

Su padre le respondió “por qué son la historia que jamás me cansaré de repetir” “porque son lo mejor que me pasó en la vida” y Benjamín no podía entender la profundidad de esas palabras, pero quizás ya podía empezar a hacerlo.

—Mamá… —Llamo, a lo que Julián respondió con un “¿hmm?”.

—¿Este era papá? —Preguntó.

Julián quedó atónito, “papá” era una palabra que hace algunas semanas no se pronunciaban en esa casa. Se volteó para poder ver mejor a lo que su hijo se refería.

Y lo vió ahí, viendo el álbum que había sacado para poder revivir ese momento entre ambos.

Benjamín lo miró con curiosidad, como si buscara más respuestas y Julián estaba dispuesto a dárselas.

Se dirigió rápidamente hacia la mesa, en donde Benjamín curioseaba el álbum, viendo detalladamente la foto de Enzo.

—A ver… —dijo Julián mientras arrastraba una silla a lado de su hijo. Y lo vió de nuevo, esa foto de Enzo sonriendo a la cámara y él a su lado con Benjamín en brazos.

Los ojos se le empañaron, de nostalgia, de tristeza, de amor. Porque Enzo le recordaba cómo se sentía el amor.

—Si… —dijo con suavidad. —Ese era tu papá… —

Benjamín torno la mirada entre Julián y su padre, sonriendo sin mostrar los dientes para decir lo que Julián necesitaba oír.

—Se veían muy felices, mami. —Comentó Benja.

—Si, era tu cumpleaños… —

Julián torno la vista entre las cuatro fotos, hasta llegar a la foto donde se besan, sintiendo el corazón calentarse de amor, eran la pareja perfecta.

—Me parezco mucho a él. —comentó Benjamín como si quisiera hacer llorar aún más a Julián.

Julián lo miró fijamente, Benjamín no lo hacía pues estaba aún concentrado en las fotos. Incluso al evitarlo era igual a su padre.

Se inclinó hacia él, dejando un beso su linda mejilla, a lo que Benjamín solo rió.

—Te pareces más de lo que crees. —Respondió. —Esa fiesta la organizó él para vos, no le importó gastar todo su dinero… —A Julián se le empezaba a quebrar la voz, mientras su hijo lo miraba. —Él quería que vieras estas fotos y que supieras lo buen padre que aspiraba a ser con vos —Terminó por romper en llanto.

Benjamín se acercó hasta Julián, tomándolo entre sus brazos en un abrazo, su mami necesitaba un consuelo y él lo sería. Como su padre se lo hizo prometer dos días antes de morir.

Julián obviamente correspondió el abrazo, tomándolo en su brazos, siendo su único consuelo después de estos dos meses que había pasado después de la muerte de Enzo.

—¿Cómo conociste a mi papá, mami? —preguntó Benjamín aún en brazos de Julián.

Julián respiro un momento antes des responder, pues dudaba si podía pronunciar dos plantas sin que se le quebrara la voz nuevamente.

Se alejó un poco, cortando de momento el abrazo entre madre e hijo, y lo miró de nuevo, viendo en él la copia exacta de lo que era Enzo cuando lo vio por primera vez.

—Tu padre… —Recordó. —Tu padre me salvó de una golpiza. —confesó.

—¿De verdad? —Cuestionó.

Julián sonrió al recordarlo, ahí, empujando a Giuliano para que no se le acercará. Los pequeños brazos de un Enzo de 9 años hacían estragos a quienes se lo merecían.

—Sí, yo era un estudiante nuevo. Y nadie me hablaba por eso. —Relató —Unos niños me buscaron en el recreo y me acorralaron detrás de los salones. —

Benjamín lo miraba asustado, como si de verdad le sorprendiera que eso pudiera suceder con su mamá, que parecía ser una persona tan amable y tan amorosa.

Julián solo le acarició el pelo con leves rulos.

—Pero cuando estaban a punto de hacerlo apareció tú padre. Como un héroe los enfrentó, era uno contra tres y aún así ganó. —Julian sonrió ante la anécdota recordada, después de eso pasaron tantas cosas… hasta que vivieron la felicidad máxima.

Un bebé, una boda, una fiesta y la muerte.

Benjamín abrazó por última vez a Julián, está vez más fuerte, quizás impulsado por oír el relato.

—Yo te voy a cuidar, igual que lo hizo papá. —le habló Benjamín al oído. —Nadie te va a hacer daño, mami. Lo haré como mi papá me enseñó…—

Julián sonrió ante lo dicho por el pequeño, sorprendido por oír eso y muriéndose de amor ante la idea de su hijo querés ser un gran hombre como lo fue su padre.

—sos lo mejor que me pasó, Benja… —dijo Julián. Permitiéndose llorar sobre su amado hijo.

Enzo se había ido, pero le dejó al mejor guardián de todos, Benjamín había aprendido bien de su padre.

Nunca abandonaría a su mami.

 

FIN

Notes:

UFFF esto fue difícil de escribir, debido a lo que implicaba escribir sobre la muerte y el duelo, pero creo que lo hice bien.

Este hasta ahora es el más maduro que he hecho y eso me gusta, creo que voy mejorando.
Bueno, cuenten que les pareció, voten y ayuden porfa.

Muchas gracias por leer.

Bye.

 

****WTF ¿qué carajos pasaba conmigo? Estoy releyendo esto y no puedo parar de llorar 😭😭