Chapter Text
Akaza despierta sintiendo su cabeza pesada, para su desgracia reconoce muy bien la sensación. Es uno de los efectos que tiene después de soñar.
Con un suspiro, se talla los ojos buscando acostumbrarse a la luz del sol que se filtra por su cortina y parpadea con rapidez para lubricarlos con lagrimas y que le dejen de arder. Se levanta de su cama sin preocuparse por acomodarla, de todos modos nunca aguanta más de un día sin destenderse así que le da igual organizarla.
Se pone unos shorts azules que contrastan con su playera sin mangas blanca básica que usa para dormir cuando hace calor y sale de su habitación, siendo guiado por el olor del café recién hecho de la cafetera que, de seguro, su hermano ha puesto hace poco.
Intenta no tropezarse con los zapatos que su gemelo ha dejado en el pasillo camino al baño, a la vez que empieza a tomar consciencia de su espacio y camina como zombie. Es de un despertar lento.
—¡Buenos días, hermanito!— dice su gemelo con un tono mucho más fuerte del que era necesario, totalmente a posta para molestar a Akaza.
—¿Cómo puedes tener tanta energía tan temprano?— le pregunta Akaza con la voz ronca, necesita agua.
—No es temprano, Akaza, son las 6 de la mañana, estamos llegando tarde— le regaña.
—Más temprano de lo normal.
Akaza se dirige al refrigerador para tomar algo de agua fría y acabar con la resequedad de su garganta.
—¿Tuviste un mal sueño acaso?— le pregunta su hermano en tono inocente sin saber la tensión que provoca en el cuerpo del menor.
—No— miente y para no tener que dar explicaciones, toma más agua de la que necesitaba, acabándose el vaso de golpe.
Hakuji lo mira con el ceño fruncido, sin entender qué le pasa a su hermano, pero lo deja pasar al concluir que solo despertó de mal humor al levantarse más temprano de lo usual, cosa que para su desgracia sucede muy seguido al inicio de clases.
—Vale— dice y empuja un plato para que Akaza le preste atención— te hice el desayuno, consideralo una buena manera de iniciar el ciclo escolar— lo deja enfrente de su gemelo— come rápido, debemos salir en media hora.
Akaza no dice nada, pero se sienta y come su desayuno en tiempo récord, odia llegar tarde el primer día, le gusta más ser de los primeros para poder caminar sin miradas que le piquen en la espalda. Aunque sabe que realmente nadie lo ve, nadie tiene porque hacerlo, solo es él y la maldita paranoia que tiene desde hace tres años.
Cuando termina el desayuno, sale de su casa junto a su hermano y caminan hasta el metro para ir a la escuela. Hakuji no deja de hablar emocionado sobre que ese año será en el que finalmente le diga a Koyuki lo que siente por ella y puedan ser novios oficialmente, a pesar de que para Akaza esos dos llevan saliendo desde el kinder cuando su hermano comentó confundido que veía un hilo rojo en su dedo y no se lo podía quitar, solo que son demasiado timidos para dar el paso obvio.
A pesar de su evidente fastidio por tener que escuchar como por quinto año consecutivo los mismos planes que Hakuji nunca se atreve a realizar, en el fondo siente una inmensa felicidad ante algo tan simple como lo es la historia de amor que lleva años cocinándose a fuego muy bajo entre su hermano y su ex vecina.
No puede evitar los flashbacks que le vienen a la mente cuando piensa en ellos dos a nada de convertirse en pareja. Dos cuerpo inertes, fríos y pálidos sobre la tierra, a lado del padre de Koyuki, los tres con los ojos cerrados y expresiones de calma en sus rostros, pero Akaza sabe que detrás de esos pacíficos rostros antes hubo terror y agonía. La felicidad flaquea ante el recuerdo.
Se fuerza a alejar el pensamiento y seguir escuchando a su hermano hasta que llegan a la escuela y tienen que separarse para ir a sus respectivos salones. No hay muchos alumnos aún, así que Akaza se da el lujo de recorrer todos los pasillos de la planta baja antes de subir las escaleras hasta el que será su nuevo salón durante su último año escolar. Siente su pecho ser comprimido al leer el apellido de la dirección.
"Ubuyashiki Kagaya"
La bilis sube por su garganta y decide alejarse antes de que otra ráfaga de flashbacks no pedidos acuda a su mente.
Encuentra su salón y se sienta en la esquina más lejana, justo a lado de la ventana para poder entretenerse cuando las clases se sientan demasiado pesadas. Se recuesta sobre el pupitre y espera a que lleguen sus compañeros de siempre, rezando internamente para que uno de ellos en específico no llegue, a pesar de que este lleva ganando el premio de asistencia perfecta desde el primer año. Siente los ojos pesados y sin pensarlo mucho cae dormido.
Las múltiples habitaciones de la técnica de sangre de Nakime empiezan a moverse sin parar. Akaza puede ver muchos espíritus de lucha cayendo uno tras otro en distintas partes del lugar, casi inmediatamente un estremecimiento le recorre los huesos, es una simple orden que llena su sistema de adrenalina.
"Maténlos"
No necesita más explicaciones, se impulsa rápidamente hacia el espíritu de lucha que le interesa, uno que arde tan ferozmente que es imposible no saber el odio que lleva consigo y se siente dichoso de ser la causa de este. Se frustra cuando Nakime lo dirige a direcciones opuestas, le pone paredes, le gira el entorno, es obvio que no quiere que se encuentren, pero decide que no le importa. Se orienta con su brújula y rompe todo lo que se le interponga. La emoción lo corroe mientras más se acerca, se relame los labios y, cuando está a escasos segundos de llegar, se detiene.
Estaba tan absorto enfocándose en Tanjiro que no había notado el otro espíritu de lucha al que este seguía como un perrito a su amo. A pesar de las veces que nota que Tanjiro se cae o una pared se le pone en frente del rostro, ambos siguen unidos recorriendo el lugar animosamente.
Akaza presiente el inicio de una gran batalla, está emocionado. Después de Kyojuro no había tenido oportunidad de divertirse tanto.
Retoma su camino con una emoción renovada. Nakime le pone unas veinte habitaciones en medio, pero las rompe sin problema, le vuelve a invertir el espacio, provocando que se dirija hacia arriba cuando su objetivo le queda a los pies.
Se detiene de cabeza en algún techo o pared y se impulsa hacia Tanjiro nuevamente.
—¡No interfieras!— le grita a la cuarta luna superior y siente como esta finalmente se rinde, demasiado cansada para seguir luchando contra la terquedad de la tercera luna.
Aterriza con un estruendo frente a Tanjiro Kamado, le sonríe enseñando sus colmillos.
—Es una sorpresa que sigas vivo a pesar de lo debilucho que eres— toma impulso para darle un puñetazo— ¡Kamado Tanjiro!— le grita con éxtasis, ansiando la pelea.
Puede ver como el espíritu de lucha de Tanjiro se enciende con más fuerza siendo guiado por sus emociones, eso solo provoca una sonrisa aún más grande en el demonio.
—¡Akaza!— le grita en respuesta, blandiendo su espada contra él.
"¡Akaza!"
—¡Despierta, Akaza!
Siente una mano removerlo por el hombro y abre los ojos abruptamente. Toma con fuerza la muñeca de la persona, apartándola con brusquedad. El chico suelta un jadeo de dolor.
—¿Estás bien?— Tanjiro Kamado se encuentra frente a él, con notable preocupación en su rostro. Sostiene su muñeca derecha con la izquierda, se nota el enrojecimiento en esta. Akaza se siente un poco culpable.
—Si, todo bien, ¿Por qué?— le responde más brusco de lo que quiere.
—La clase está por empezar, no quieres iniciar el año con mal pie, ¿o si?— le dedica una sonrisa muy amable que dista mucho del odio con el que lo miraba en su sueño.
No dice nada, desvía la mirada un poco incómodo, pero Tanjiro lo interpreta como que está molesto así que se retira después de disculparse por haberlo despertado.
Esa es una de las cosas que más irrita a Akaza, tener al chico Kamado en su misma clase por más de tres años.
Aún recuerda la primera vez que lo vio y el ataque de pánico que le dio en el baño cuando se dio cuenta de que sus sueños no eran solo eso. Cuando supo el nombre de su representante de clase aún sin haberlo visto nunca en esa vida, cuando todas las actitudes que veía por primera vez en Kamado eran totalmente iguales a las que había soñado durante las vacaciones de verano, justo antes de conocerlo. Le costó recuperarse de eso, sobre todo cuando aparecieron más y más personas que recordaba de sus sueños, a algunos de ellos los recuerda por haberlos matado y comido antes, lo cual hace que sus interacciones con los demás sean torpes, por eso los evita. Los odia.
Su teléfono vibra en su bolsillo, el único que puede ser a esa hora es su hermano, así que no se sorprende cuando ve muchos mensajes de Hakuji fangirleando por Koyuki. Una sonrisa pequeña se le escapa de los labios. Le contesta con el emoji de cara rodando los ojos antes de bloquear de nuevo su celular y mirar al profesor entrar.
La escuela pasa lento, entre presentaciones que ya se sabe de memoria y agendas de clase que lo abruman desde ya, su mano se cansa de anotar fechas y proyectos; para cuando toca el receso está harto y hambriento, una mala combinación.
Después de comprar su almuerzo, se dirige a la mesa donde siempre se sienta con su hermano y Koyuki, ambos ya lo están esperando para empezar a comer. La persona que más habla en la mesa es Koyuki, empieza sobre lo emocionada que está por su último año y las grandes expectativas que tiene para su graduación. Ella lleva un puntaje perfecto, así que se espera que de el discurso en representación de la generación, Akaza solo la escucha por respeto, no porque realmente le interese. Adora a la chica, pero lo último en lo que quiere pensar es en el futuro, ya tiene demasiado con recordar el pasado cada que cierra los ojos.
Escucha cuchicheos en la mesa contigua, demasiado fuertes como para ignorarlos.
—¿Lo viste?— pregunta una chica emocionada.
—¡Si! Me dio clases justo a primera hora, pensé que sería una tortura, pero era tan increíble que hasta el sueño se me quitó.
—¡Que envidia! a mi no me dará clases.
Akaza frunce el ceño.
—¡Oh!— exclama Koyuki, con una revelación plasmada en su rostro— es cierto Akaza, yo te iba a preguntar ¿a ti te toca clase con el profesor de historia nuevo?
Akaza se queda en blanco un par de segundos, niega con la cabeza, ni siquiera sabía que iban a adquirir un nuevo maestro, siente un cosquilleo en su dedo meñique, pero es tan fugaz que no le presta atención.
—No lo sé, ni siquiera sé que clases me tocan hoy.
—¡Te imprimí el correo con el horario!— le reclama Hakuji indignado.
—Claro, para eso eran las hojas de ayer— responde dándose cuenta que las tiro al despejar su escritorio para cenar sin su hermano revoloteando al rededor recordándole organizar su mochila para el primer día— ups— se encoge de hombros sin arrepentirse realmente.
—Si te toca dímelo, dicen que es buenísimo.
Akaza nota como su hermano se esfuerza por no parecer celoso, pero falla contundentemente. Le patea por debajo de la mesa para que comporte. Hakuji gruñe en voz baja, llamando la atención de Koyuki, su gemelo le tranquiliza y señala que deberían estarse yendo si quieren llegar a tiempo a su siguiente clase.
Ellos se van primero, dejando que Akaza termine de recoger la basura de la mesa antes de irse. Camina hacia la salida, deteniéndose en los botes de basura cuando ve por el rabillo del ojo un color amarillo y rojo dolorosamente familiar. Gira su cuello tan rápido que le duele, pero no hay nadie más que un par de alumnos de primero que observan parados en la puerta donde sentarse en la atiborrada cafetería.
Akaza sacude la cabeza para alejar los recuerdos de su mente, se convence a sí mismo de que solo está alucinando otra vez, como cuando creyó ver al primer humano que había asesinado después de convertirse en demonio, pero solo resultó ser un joven repartidor en la puerta de su casa que, en realidad, no le sonaba de nada.
Un poco más tranquilo regresa con calma a su salón, pensando en la tarea de matemáticas que el profesor les dejó el primer día y maldiciendo por dentro porque él quería ir a entrenar a la casa abandonada de siempre.
Cuando llega al salón, Tanjiro lo apresura pues no tarda en empezar la clase. Akaza a veces cree que ese chico se estresa por todo a la vez y no puede ser muy saludable.
—¡Chicos!— llama la atención de la clase— uno de los profesores de historia se jubiló el año pasado, así que a nosotros nos dará este año el docente nuevo, por favor, sean amables con él.
Hay cuchicheos en todo el salón, Akaza se pregunta a qué se debe tanta emoción, no es la primera vez que entra un maestro nuevo, será la tercera vez si al caso y no recuerda que con los anteriores haya habido tanto revuelo.
Recuerda la conversación de las chicas en la cafetería y luego a Koyuki, siente curiosidad a pesar de que historia es de sus materias menos favoritas.
El timbre suena y el cosquilleo en su meñique regresa con un poco más de intensidad. Su corazón se acelera y Akaza tiene miedo. No puede estarle pasando ahora, no en clase cuando todos sus compañeros podrían notar su creciente pánico. Siempre ha deseado que le pase en el baño o en su casa o en donde sea, menos en público.
Alguien entra por la puerta, pero Akaza no puede prestarle atención, está viendo fijamente su mano, su dedo meñique para ser exacto. No hay nada aún, el cosquilleo desaparece y siente que puede calmarse un poco, al fin respira.
—¡Akaza!— le llama Tanjiro y se da cuenta de que todos están de pie para recibir al nuevo maestro, todos menos él.
Avergonzado, se pone de pie, la mirada al piso mientras hace una reverencia de disculpa al hombre que aún no se atreve a mirar por pena.
—¡Lo lamento profesor, Akaza suele ser muy educado con los profesores!— escucha decir a Tanjiro.
—¡No hay problema, representante!
Akaza se congela en su lugar, el cosquilleo regresa, esta vez arde un poco. Intenta controlar su respiración a como el padre de Koyuki le había enseñado durante su entrenamiento en artes marciales; respira hondo y mantiene por unos segundos para después exhalar lentamente. Lo repite tres veces hasta darse cuenta que no está funcionando.
Todos, incluído él se sientan, aún no puede mirar al frente, cierra los ojos mientras escucha la voz de su profesor fuerte y clara atravesar sus oídos. Esta vez no puede detener los recuerdos, estos fluyen con dolor frente a sus ojos, el presente y el pasado se entremezclan y siente como si estuviera viviendo simultaneamente ambas lineas temporales. Sus ojos se humedecen.
"Bonita espada"
"Si fueras un demonio, te curarías en un abrir y cerrar de ojos"
Akaza cierra con fuerza sus ojos, intentando detener con desesperación el flujo.
"¡Deberías convertirte en demonio, Kyojuro!"
"¡Vamos a continuar peleando toda la eternidad!"
Siente que el salón se cierra sobre él, dejándole poco margen para estar, se comienza a asfixiar mientras los recuerdos arremeten contra él con violencia, asegurándose de que sepa quién es la persona que le está dando clases ahora mismo.
Aprieta los puños, clavándose las uñas y es en ese momento que siente su dedo meñique más pesado, abre los ojos lentamente, con miedo y el corazón latiendo dolorosamente. Ve, con terror, el pequeño aro rojo que rodea su meñique y que está unido a una fina linea brillante que avanza hacia delante. Siente el alma caerle a los pies. Su alma gemela a aparecido y a juzgar por el timing perfecto no hay lugar a dudas de quién está del otro lado de su hilo.
—Soyama Akaza.
El mundo queda muteado para él, siente su corazón latir lenta y tortuosamente, retumbando en su cabeza con cada latido. Alza la mano derecha, al mismo tiempo que mira por primera vez en diez minutos a su nuevo profesor.
Puede ver la incredulidad en su rostro y como esta se transforma por completo en sorpresa al ver su hilo rojo, rápidamente el profesor voltea a ver los papeles que tiene en la mano, pero Akaza sabe perfectamente que está disimulando para ver su propio meñique, el cual alcanza a ver a la perfección. Cualquier esperanza que haya podido acunarse en su pecho se disuelve al instante al notar que su hilo rojo conduce directamente al de Rengoku Kyojuro.
De pronto, no cree que sea tan mala idea ir a entrenar saliendo de clases.
***
La clase de Kyojuro se le hace la mas lenta del día y se pone peor cuando recuerda que apenas va la mitad de la jornada escolar. No sabe exactamente cómo va a seguir el hilo de sus nuevas actividades después de la revelación de su alma gemela. Quiere irse a casa, quiere entrenar, quiere ir con su único amigo y distraerse de todo lo que está pasando por su cabeza.
—Su calificación será dividida en dos, el 50% a ensayos y el otro 50% al examen. Dejaré varios ensayos sobre los temas que veamos en clase y dependiendo de cuántos sean en total, será el valor de cada uno para obtener el 50%. Por ejemplo, si al final del año son 20 ensayos, eso significa que cada uno tiene un valor del 5%.—Akaza nota la mirada pesada que el profesor le dedica en medio de su discurso, se hunde en el asiento intentando escapar sin éxito de esa mirada que lo pone más y más nervioso cada vez.
Kyojuro anota en el pizarrón los aspectos que tomará en cuenta para calificar los ensayos y Akaza siente que puede respirar por un segundo. Su celular vibra en su bolsillo. Viendo de reojo al profesor, lo saca para contestar.
Estorbo:
Mi sentido arácnido me dice que no te está yendo bien hoy, ¿acerté?
Akaza:
Me das miedo, déjame en paz.
Estorbo:
Entonces acerté
qué pasó?
Akaza:
Te cuento luego, en resumen, encontré a mi alma gemela y no podría ser peor.
Escucha un carraspeo al fondo del salón y tarde se da cuenta de que Kyojuro lo ha visto.
—¿Qué es más interesante que su futuro académico, joven Soyama?
Akaza ignora el sutil tono alegre que desprende su maestro al mencionar su apellido.
—Lo siento— dice en voz baja, guardando el celular.
—Lo quiero ver a usted en privado después de su horario escolar.
La tensión regresa al cuerpo de Akaza. ¿Una excusa? no hay nada en el rostro de Kyojuro que le diga que quiere verlo para hablar del obvio y reluciente hilo rojo que los une. Él regresa a dar su clase, ignorando con mucho más éxito la existencia de Akaza al fondo del salón.
Cuando termina la hora de historia nota como sus compañeros hablan emocionados de la clase. Una materia que a muchos les suele dar sueño de repente se convirtió en la más esperada de la semana. No logra entender por qué, pero decide que se perdió de muchos detalles al estar distraído así que no pudo escuchar los planes que tenía el profesor para ellos. No le queda de otra más que dejarse sorprender.
Tiene unos minutos libres, así que va corriendo al salón de su hermano y Koyuki, buscando a la segunda para decirle sobre Kyojuro.
—¡Increíble, Akaza!— le grita la chica, tomando sus manos entre las de ella.
—No entiendo por qué tanto entusiasmo, Koyuki, es solo un profesor.
—¡No seas aguafiestas! es el profesor más jóven de la plantilla ahora, es carismático y todos dicen que sus clases no se sienten pesadas.
—¡El examen vale la mitad de la calificación!— reclama Akaza—¿cómo es que eso no es pesado?
—¿Aún no te enseña nada y ya te estas quejando?, tranquilizate— le dice su hermano.
—Como siempre estás de su lado, ¿no?— dice Akaza con fastidio, arrepintiendose un poco de haber ido.
—¡Nadie está de lado de nadie!— dice Koyuki, soltando sus manos— Akaza, historia es tu peor materia, esta es una oportunidad perfecta para redimirte aunque sea un poco, aprovechala, ¿si? eres muy bueno en todo lo demás, si los temas del profesor Rengoku te quedan claros, despegarás en la materia y subirás tu promedio
El plan de Koyuki tiene sentido, lo sabe, pero no puede evitar sentirse un poco culpable. Desde la secundaria historia a sido la materia que más problemas le ha dado. Al principio, cuando tenía solo 6 años, era su mejor materia, incluso creía amarla y su padre se quedaba sorprendido de los datos que él conocía aún sin haberlos visto en clase. Su padre llegó a creer que cuando estaba trabajando su hijo menor se aventuraba el libros o documentales y, aunado a una memoria casi perfecta, provocaba que supiera tanto sobre hechos históricos que un niño tan chiquito dificilmente entendería. Hasta hace poco, Akaza se dio cuenta que era un intento desesperado por no sentirse tan culpable al dejarlos solos para irse a trabajar gran parte del día.
Cuando sus recuerdos llegaron con fuerza, Akaza descubrió que su vasto conocimiento no se debía a que era un prodigio en el campo ni nada de eso, sino a que literalmente había vivido varios de esos eventos activamente. Desde entonces, odia la materia y a pesar de que la entiende, la evita constantemente pues al hacer tareas, al estar atento en clase, al simple hecho de escuchar algún evento o fecha, una oleada de recuerdos relacionados le llega sin poder evitarlo. Y, sinceramente, no son cosas que le guste andar experimentando.
Le promete a Koyuki que se esforzará al máximo y se despide de su hermano para seguir atendiendo sus clases.
El día pasa más rápido de lo que debería. Cuando se da cuenta, todos están guardando sus cosas para irse a sus respectivas casas y descansar después de un gran primer día.
Akaza es el último en irse, se encuentra con Tanjiro en las escaleras. Está mandando un mensaje cuando se da cuenta de su presencia. Deja de mirar el teléfono para mirarlo a él, con esa expresión que le indica que desaprueba algo que hizo. Se la suele dedicar cuando lo encuentra dormido entre clases.
—¡Akaza!— le llama— por favor, recuerda ir a la sala de maestros para ir a ver al profesor Rengoku— Akaza asiente y pasa de largo.— Te pido que seas amable con el profesor nuevo. Escuché que recién es su primer trabajo ejerciendo la carrera, así que debe estar muy nervioso.
—Entiendo, Kamado— dice cortantemente.
El chico no intenta decir nada más y Akaza no se detiene. Intenta hacer pasos más pequeños, bajar su velocidad, admirar más de lo necesario los salones y ventanas que se encuentra en el camino, pero nada le evita llegar a dónde va.
Se arma de valor y toca dos veces la puerta, dudando y esperando a que a Kyojuro se le haya olvidado por completo que lo citó.
No tiene tanta suerte. Escucha una orden que le indica pasar. Su corazón da un salto inesperado al reconocer la voz de su alma gemela y se odia un poco por eso. Toma una gran bocanada de aire y abre la puerta, con las manos sudorosas y un nudo pequeño en la garganta, un claro signo de su nerviosismo.
Kyojuro se encuentra sentado en su escritorio con unos cuantos papeles frente a él desperdigados por todo el lugar, hay una taza de café a medio tomar. El profesor lo mira serio, no hay ni una pista de lo que pasa por su cabeza, pero su mirada es tan intensa que Akaza tiene que recordarse mentalmente que no es su vida pasada, él no lo odia. Camina hasta quedar frente al escritorio.
—Toma asiento, por favor— le indica Rengoku, señalando la silla que Akaza ignoró totalmente a propósito. Gracias a ese pequeño movimiento de mano, el chico puede ver el hilo rojo de su profesor y su corazón late más rápido, si es que eso era físicamente posible.
—No, gracias, no quiero tardar mucho.
—Soyama Akaza, ¿verdad?
—Si— Kyojuro lo mira en silencio durante un tiempo demasiado largo— Yo— dice Akaza ante el silencio— no volveré a utilizar el celular durante su clase, lo siento.
—No te llamé por eso, Soyama— el profesor sigue mirándolo seriamente.
Por un instante el pánico entra en el cuerpo de Akaza, provocando que su corazón, antes latiendo arrítmicamente, se detenga con brusquedad y su piel sufra una caída repentina de calor. ¿Y si Kyojuro es como él? ¿Y si él también recuerda su vida pasada?
En ese caso, Akaza saldría corriendo de la sala de profesores y compraría con sus ahorros el boleto más próximo a Canadá, siempre ha querido ir allí y esa le parece la excusa perfecta para finalmente hacerlo.
—Kyo...
—No quiero presionarte— dice finalmente Rengoku, interrumpiendo a su alumno— sé que en la sociedad las almas gemelas son un tema muy importante, nadie nos juzgará por las condiciones en que el destino nos unió, pero no tienes que sentirte presionado a nada, Soyama— le dice apenado, finalmente dejando ver en su rostro lo que siente— tampoco quiero que esto sea incómodo para ti, podemos avanzar cómo tú lo desees, si quieres también pido un cambio de grupo, estoy seguro que el director podrá entender la situación.
Akaza tiene que tomarse unos segundos para procesar las palabras de su maestro y relajarse, es entonces, cuando finalmente su mente se aclara y carraspea.
—¿Avanzar?— dice incrédulo— lo lamento, pero yo no quiero avanzar en nada— una vez superado el miedo inicial decide ser claro con el hombre— no tengo problema con que me dé clases, profesor, usted no me interesa en lo absoluto.
Es mentira, pero ¿quién iba a saberlo? Akaza era muy bueno manteniendo su cara neutral, una habilidad que desarrolló en sus primeros años de lucha en el Soryu durante los torneos.
—¿No te intereso?— repite Kyojuro perplejo— Akaza— le llama por su nombre con ternura incrustada en la voz, una mala elección porque eso provoca que el chico se enoje un poco, siente que no lo está tomando en serio— No es algo que puedas elegir, en algún momento va a pasar, tampoco se puede forzar. Entiendo si no quieres nada en este momento de tu vida, los 17 o 18 años son un momento clave en el desarrollo de una persona, podemos...
—No podemos nada, Kyojuro— se le escapa el nombre, pero decide que si él le llama por el suyo sin problema, el asunto debe ser recíproco— Estoy muy bien con mi vida ahora mismo, no necesito que alguien me complique las cosas, mucho menos tú— el odio en su voz es cada vez más notable, deja de lado su cara neutra para demostrar lo mucho que esa situación lo irrita— no me importa que seas mi alma gemela— el hilo quema en su dedo— ni me importa lo que tú quieras, yo no te necesito y no voy a tener nada contigo— toma aire, calmándose un poco en el proceso— espero que haya quedado claro— susurra, no le quedan más energías después de su arrebato.
—¿Por qué?— pregunta Kyojuro, bastante incrédulo a lo que está escuchando— Podría entender que te resultara incómodo que yo sea tu profesor, pero ¿un no así de rotundo?
—No tiene que haber un por qué, solo me siento así y ya— se da media vuelta— pase buen día, profesor Rengoku— se va del aula.
En el pasillo, siente su dedo ser tensado y apretarlo dolorosamente, no es algo que vaya a dejar marca y es consciente de que el profesor siente lo mismo. Se detiene antes de bajar las escaleras con la vista borrosa, al principio cree que está por desmayarse, pero pronto se da cuenta de que son lagrimas. Su corazón duele, su dedo duele y su cabeza duele al punto de querer golpearse contra la pared.
Se sienta en un escalón, no hay alumnos al rededor así que se siente seguro. Deja que las lagrimas corran por sus mejillas, sabiendo de primera mano que si las retiene solo empeorara las cosas. Se tapa la boca cuando un sollozo amenaza con salir. No sabe porque se siente tan mal de haber hecho lo correcto. Kyojuro no merece a alguien como Akaza, no cuando le hizo tanto daño antes, no cuando fue él mismo quien le atravesó el pecho con su brazo sin ningún remordimiento.
Los recuerdos le llegan y esta vez, está preparado para ello, tiene que recordarse el motivo de su negativa, porque le duele, le duele demasiado tener que alejarse de la persona que ha estado esperando con ansias silenciosa toda su vida. Su única oportunidad de saber que sería feliz en esa vida.
Recuerda el rostro de Kyojuro, cómo le sonreía a él, sin saber que solo lo estaba utilizando, que debajo de la piel pálida de aquel chico que conoció en un festival de año nuevo se encontraba uno de los demonios más fuertes de Muzan Kibutsuji. Recuerda cuando el pilar le confesó que le gustaban los hombres mientras miraban la luna llena antes de que este tuviera que irse de misión, justo antes de confesarle que se estaba enamorando de él.
Se fuerza a detenerse ahí, ya le duele demasiado como para continuar.
Lo siento. Piensa con dolor en cada palabra. Lo siento mucho, Kyojuro. Pero no puedo acercarme, duele demasiado.
Se cubre la cara con los brazos, todavía llorando sin poder parar. Muerde sus labios para no dejar salir ni un sonido.
No sabe que justo detrás de él se encuentra Kyojuro, quien lo observa con dolor y sorpresa, pero no se acerca, sabiendo que lo más probable era que fuera alejado al instante. Sintiendo su hilo quemar, el profesor decide que lo mejor es dar media vuelta y regresar al aula de profesores.
