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De regreso a ti.

Summary:

Todo cambio para Ray desde que Henry se fue, para él los días de felicidad se había vuelto en días tristes, llenos de miseria. Es como una parte de sí se hubiera ido con el chico de cabellos dorados. Por eso, cuando tiene una oportunidad de regresar a lo que eran antes, Ray la toma en sus manos y no la suelta hasta que recupera a Henry, hasta que regresa a él.

Notes:

El final de Danger force si los escritores de la serie se supieran la de esribir.

Work Text:


Ray no sabía lo que estaba haciendo cuando hizo las maletas y tomó el primer vuelo hacia la ciudad de Distopía. Como siempre, pensó con impulsividad y, para cuando se dio cuenta, ya estaba caminando por la frívola ciudad, sin rumbo alguno.  

En realidad, Ray sabía perfectamente hacia dónde estaba yendo; simplemente se estaba dando tiempo para armarse de valor y dirigirse hacia el edificio donde su rubio ex novio vive. Ray camina por las frías calles con solo una bolsa deportiva colgando de su hombro y una pequeña maleta con prendas para un par de días. Su equipaje está desordenado y, honestamente, Ray no recuerda qué cosas había empacado. Simplemente quería salir de casa y reencontrarse con aquel amor que alguna vez calentó su corazón.

Ray se detiene por un segundo, alza su cabeza y mira hacia el cielo; pequeñas nubes lo reciben, el sol oculto detrás de ellas. Ray no sabía si iba a llover, pero aun así se puso la capucha sobre su cabeza mientras retomaba el camino. La calle estaba desolada, pero a lo lejos, Ray podía escuchar los ruidos comunes de una ciudad caótica. De vez en cuando se tomaba con una que otra persona y a veces lo miraban de reojo; sin embargo, lo ignoraban al segundo. Son gente desinteresada, metida en sus propios asuntos, y Ray lo agradecía en voz baja.

Cruza en una esquina y se detiene cuando una mano toca su pecho; Ray la mira, observando las uñas pintadas de un rojo chillón. Sigue el brazo y, cuando alza su mirada, se encuentra con una mujer con un maquillaje extravagante que Ray casi confunde con un payaso.

—Oye, cariño, ¿te gustaría pasar la noche con compañía? —La mujer le regala una sonrisa y cuando sus ojos se achican, Ray puede notar el rímel corrido y desordenado bajo sus ojos. Ella se inclina un poco hacia él, pegando su cuerpo contra su cadera.

Ray tiene que contener la respiración para no vomitar; su fuerte perfume lo hace sentirse mareado. Discretamente se aparta, tomando la mano de la mujer y alejándola de él.

—Lo siento, no me interesa. —Responde con cortesía, pero espera que con su expresión diga todo lo que piensa. “Jamás me acostaría con una prostituta”

Ray se hace a un lado y retoma el camino, sintiendo la mirada molesta de la mujer; suelta un bufido en voz baja sin importarle el haber herido los sentimientos de una desconocida. Ray sigue caminando, encontrándose con suciedad por todos lados y gente ebria durmiendo en las calles. Pronto se da cuenta de que Distopía es una ciudad lúgubre, sin colores ni vida. Nada comparado con Swellview.

Ray camina por un par de minutos más hasta que sus pies lo conducen hacia la dirección que se había memorizado en el viaje. Cuando se detiene, está frente a un edificio viejo, despintado y sin cuidado alguno. Se queda mirándolo por unos segundos, pensando qué hacer. En eso, escucha a lo lejos el sonido de las sirenas de la policía; incluso puede ver el reflejo de los colores rojo y azul pasando por el rabillo de su ojo. Su instinto de superhéroe lo hace girar la mirada, colocándose en modo alerta en busca de delincuencia. Pero luego se detiene; ese ya no es su deber y no está aquí para eso.

Mira de nuevo hacia el deteriorado edificio y, a pasos lentos, abre la puerta y entra. Como era de esperarse, el interior del edificio es peor que el exterior y no tiene elevador. Ray camina hacia las deterioradas escaleras y las sube con cuidado, teniendo miedo de que pueda romperse con su peso. Llega al piso en donde sabe que está el apartamento de Henry y a pasos lentos, camina hacia la puerta al final del pasillo.

Ante cada paso, Ray siente los latidos intensos de su corazón; estos retumban en su pecho, casi haciendo que se ahogue de lo insoportables que son. Por un segundo quiere darse la vuelta y regresar por donde vino, pero se obliga a no detenerse; tiene que dejar de ser un cobarde.

Cuando llega a la puerta, se detiene por unos segundos frente a ella, observándola con algo de duda. Sabe que detrás de ella está la razón de venir aquí; detrás de ella está la persona que siempre amó y que por su estupidez dejó ir. Traga saliva y alza su mano, haciéndola un puño para dejar leves toques en la puerta; luego la baja y nerviosamente espera a que la puerta se abra.

La puerta se abre unos segundos después y Ray siente que se le detiene el corazón cuando ve a Henry frente a él, después de varios años. Al principio, Henry tiene una expresión desinteresada, pero luego, cuando ve a Ray, su rostro cambia a uno de asombro y confusión.

Henry ya no es el mismo de antes; ahora es un adulto con facciones más maduras, mandíbula dura donde una pequeña barba comienza a crecer. Su cabello se ha oscurecido, ya no es lacio ni está teñido; ahora lo tiene al natural acompañado de tiernos rulos que desordenadamente se mueven por todos lados. Ray lo detalla en silencio y siente que sus manos cosquillean, queriendo tocar el rostro de Henry, llegar a su cabello y acariciarlo, enrollando mechones de cabello entre sus dedos. Pero no hace nada; en cambio, una pequeña sonrisa se le escapa. Sin embargo, esa sonrisa se va borrando cuando ve el ceño fruncido entre las cejas de Henry, mirándolo con leve molestia.

—Ray, ¿qué haces aquí?

Su voz suena profunda, haciendo que Ray trague saliva; esa es la voz de un hombre hecho y derecho. Hace años que Henry dejó de ser un niño. Ray mueve levemente su cabeza para no perderse en sus pensamientos y se concentra en encontrar las palabras para poder hablar sin tartamudear.

—Vine a verte.

Henry alza una ceja mientras se cruza de brazos, se apoya en el umbral de su puerta, usando su cuerpo para ocultar el interior de su apartamento.

—¿Cómo sabes dónde vivo? —pregunta y, por su tono de voz, Ray sabe que lo está acusando y juzgando, pues el rubio nunca le dio su dirección de vivienda.

Ray se muerde el labio y, antes de responder, aparta la mirada de Henry.

—Antes de que te fueras, hice que Schwoz te pusiera un rastreador dentro de su cuerpo. Sé dónde estás todo el tiempo.  —dice llevándose una mano hacia su nuca como queriendo demostrar lo avergonzado que se siente por haber hecho algo así. (En realidad no lo siente y está muy orgulloso de haberle puesto un rastreador a su ex novio).

Henry deja escapar un suspiro de resignación; no está para nada sorprendido de esa respuesta, pues conoce a Ray lo suficiente como para saber que esto es algo que él haría sin sentir remordimiento alguno. Descruza sus brazos y otro suspiro se le escapa.

—Claro que tenías que hacer algo así —responde y luego rueda sus ojos; si el rastreador está en su cuerpo, será imposible para el rubio quitárselo.  

Henry se toma un momento para observar a Ray; ahora que no siente curiosidad por su sorpresiva presencia, se da cuenta de la mochila que cuelga en su hombro y de la maleta que sostiene en su mano. Quiere hacer preguntas, pero al mismo tiempo, no quiere que Ray entre a su apartamento. El castaño es una parte de él que ya dejó atrás y sabe que si lo deja entrar, todo el pasado que intenta olvidar volverá a él como una ola. Además, no es un buen momento para que Ray esté en su apartamento.

Pero la mala suerte siempre está de su lado y cuando quiere hacer que Ray se vaya, el castaño habla de nuevo.

—Entonces… sé que vine aquí de imprevisto, pero, ¿me dejas pasar? —pregunta en voz baja y lo mira con cierta suavidad, mostrando los mejores ojos de cachorro que sabe hacer. Sus ojos azules brillan un poco, queriendo verse lo más tierno posible para que su ex novio se apiade de él y lo deje entrar.

Henry mira con discreción hacia el interior de su apartamento, sin saber qué responder. Luego mira a Ray, detallándolo una vez más. Sabe que el castaño vino aquí de madera impulsiva y, por el leve equipaje, Henry sabe que no vino para irse de inmediato. Henry deja escapar un suspiro, sintiéndose contra la espalda y la pared. Sabe que tiene que tomar una decisión pronto y, como siempre, escoge la peor de todas. Deja pasar a Ray, abriéndole la puerta como si fuera bienvenido a su pequeño hogar.

Ray le agradece en voz baja mientras entra al apartamento. Henry cierra la puerta detrás de él y luego lo invita a sentarse en el sofá. Mientras Ray se mueve por el pequeño apartamento, lo recorre con la mirada.

El lugar es acogedor y hogareño, en contraste con la frialdad de la ciudad. Las paredes son blancas y el piso de madera cruje a cada paso que dan. Ray se sienta en el sofá desgastado; frente a él hay una pequeña mesa con revistas esparcidas alrededor de ella. También hay una chimenea; encima de ella hay una repisa donde una pequeña televisión reposa. A su lado izquierdo, una pequeña cocina se deja ver y, un poco más allá, ve un pasillo que conduce hacia las habitaciones.

—Entonces… ¿Quieres una cerveza? —Henry pregunta casualmente, queriendo mantener el ambiente tranquilo, sin la incomodidad y tensión que empieza a formarse a su alrededor.

Ray se gira para mirarlo y abre la boca para responder, pero antes de que pueda hacerlo, escucha leves sonidos provenir del pasillo. Ray frunce el ceño y mira hacia donde proviene el sonido, curioso por ver quién o qué está en el apartamento de Henry. Tal vez sea Jasper, piensa el castaño mientras siente pasos firmes que se acercan hacia la sala. Sin embargo, no es Jasper quien se detiene frente al umbral de la puerta; en cambio, lo hace un hombre semidesnudo a quien Ray nunca había visto en su vida. Maldita sea, ¿dónde está el inútil de Jasper cuando se le necesita? Piensa el castaño mientras fulmina con la mirada al hombre que mira tanto a Ray como a Henry de manera confundida.

—Ah, lo siento; no sabía que vendría alguien más…

Henry aparta la mirada, especialmente de Ray quien lo mira con el ceño fruncido, esperando una explicación. De forma incómoda, se mueve para quedar al lado del recién llegado, sonríe falsamente y, de manera nerviosa, comienza a hablar.

—Ray, este es mi amigo…

—¿Ray? —el chico interrumpe las palabras de Henry y mira al castaño con leve asombro, luego deja escapar una pequeña sonrisa y da un paso hacia adelante, estirando su mano hacia Ray Así que tú eres el famoso Ray. Henry siempre se pone insoportable cuando habla de ti.

Ray alza una ceja y, de forma petulante, mira hacia Henry, quien rápidamente aparta la mirada, se muerde el labio para ahogar una carcajada y se acerca para tomar la mano del chico, estrechándola levemente. Así que todavía habla sobre mí, piensa mientras su ego se infla y su corazón retumba de felicidad.

—Es curioso, Henry nunca ha mencionado nada sobre ti.

—Oh, bueno, yo soy…

—Él ya se va. —Henry se mete en la conversación y con desespero toma al chico del hombro y lo mueve hacia el pasillo. Lo empuja con insistencia, queriendo escapar de la incomodidad del momento.

Ray se ríe en voz baja y deja escapar una sonrisa prepotente mientras regresa al sofá; levemente puede escuchar murmullos provenir del pasillo, pero poco le importa saber el tema de conversación; está muy satisfecho con la información que acaba de obtener y nada va a arruinárselo.

Henry regresa del pasillo y Ray tiene que morderse la lengua para no soltar un comentario burlesco. En cambio, se relaja en el sofá, mirando a Henry con una sonrisa llena de suficiencia. Henry no sabe dónde esconderse; está tan avergonzado que se mueve por la sala, evitando a toda costa la mirada de Ray. El chico regresa unos minutos después, ahora vestido y perfumado. Lleva una camisa de cuadros y Ray se pregunta si es de Henry. Frunce el ceño un poco, sintiendo una pizca de celos al tener ese pensamiento. Pero se abstiene de decir algo y, en cambio, mueve su cabeza a modo de despedida cuando el chico se despide de él; muy animadamente lo hace y Ray se pregunta si este chico es tonto o muy ingenuo como para no molestarle que Henry se quede a solas con su ex novio.

—La pasé bien anoche —dice el chico mientras toma su chaqueta que está junto al perchero al lado de la puerta.

—Sí, claro… —Henry responde con desinterés mientras lo empuja hacia la salida. El chico se gira hacia Henry justo cuando él abre la puerta, se acerca un poco y mueve su rostro, intentando acercarse al rostro de Henry. Pero el rubio lo esquiva antes de que intente tocarlo y, antes de que el otro pueda replicar, Henry lo empuja hacia afuera y le cierra la puerta en la cara, esperando que con eso entienda el mensaje.

Henry se recarga en la puerta y deja escapar un suspiro; luego se da la vuelta; a regañadientes lo hace, pues no quiere enfrentar al hombre sentado en el sofá que lo mira con una expresión llena de burla.

—No es lo que crees.

—Claro, si tú lo dices.

—Es solo un amigo. —Replica el más joven, sintiéndose un poco a la defensiva; luego se cruza de brazos y se aparta de la puerta con leve molestia. —No necesito darte explicaciones sobre lo que hago con mi vida privada. 

Ray simplemente se alza de hombros, alzando sus manos en son de paz; no quiere arruinar el momento. Henry se mueve por la sala y camina hacia la cocina para buscar las cervezas que había ofrecido al principio. Regresa con dos botellas y un abrelatas que deja en la mesa frente a él antes de sentarse al lado de Ray. Abre las botellas y le entrega una al castaño, quien le agradece en voz baja.

Se quedan en silencio por un par de segundos; ambos dan un par de sorbos a sus bebidas sin hacer nada más que eso. Miran hacia el frente, hacia la pantalla del televisor apagada, evitando completamente toparse con sus ojos. Ray se relaja en el sofá una vez que el licor comienza a asentarse en su cuerpo; se relaja y deja que su boca se mueva por sí sola.

—Así que todavía hablas sobre mí…

—Vete al diablo.

Ray suelta una carcajada que resuena por todo el apartamento; su cabeza se inclina hacia atrás, dejando salir toda la risa. Puede sentir la mirada fulminante que Henry le regala, pero no le importa; está extasiado por esa revelación y no va a dejarla morir por un largo tiempo. Henry tendrá que aguantarse las bromas hasta que se canse del tema, pero conociéndose, nunca lo hará. Cuando termina de reírse, siente que su pecho se ha desinflado por completo y está tan ligero que siente como si toda la tensión que tenía cuando se subió al avión simplemente se hubiera esfumado. Ray deja escapar un suspiro y vuelve su mirada hacia Henry.

—Solo estaba bromeando —dice en voz baja, pues no quiere que el momento se torne incómodo; no está aquí para buscar pelea, mucho menos hacer enojar a Henry.

El rubio simplemente tararea en voz baja antes de darle un trago a su cerveza. Vuelven al silencio que los acompañó hace solo unos minutos; ambos no saben qué decir; Ray principalmente, no quiere abrir la boca y terminar arruinándolo todo.

—Entonces… —Henry es quien rompe el silencio, evita la mirada de Ray mientras juega con la botella de cerveza en sus manos. —¿Qué haces aquí?

Va directo al grano, evitándose la molestia de tener una conversación cortés, pues ambos no hacen eso, simplemente van al sexo y evitan las conversaciones. Pero eso era en el pasado, cuando aún se tenían el uno al otro; ahora ya no son nada.

—Yo… me estoy tomando un tiempo de ser superhéroe.

Henry alza una ceja y se mueve un poco en el sofá para poder mirar mejor al castaño; su rostro está lleno de curiosidad que se refleja en sus tiernos ojos marrones.

—¿Renunciaste?

—Digamos que me fui de sabático.

Ray deja escapar un suspiro y se recuesta en el sofá; se queda mirando al techo, sintiendo la mirada intensa de Henry sobre él.

—¿Qué pasó con Danger Force? —pregunta, ahora intrigado e interesado por tener una conversación con su ex novio.

—Danger Force se acabó.

—¿Qué? —Henry suelta una expresión de sorpresa, abriendo sus ojos más de lo normal. Abre su boca de nuevo para hacer más preguntas, queriendo una explicación. Pero antes de que pueda hacerlo, Ray continúa hablando.

—Sus madres descubrieron lo que estaba pasando y les prohibieron seguir usando sus poderes; también descubrieron sobre la escuela falsa. Todo fue un desastre. —Ray vuelve a suspirar y cierra los ojos por un segundo, recordando todo lo que pasó hace solo un par de semanas. —Accedieron a no hacer nada en mi contra si obligaba a los chicos a que dejaran de combatir el crimen; les prohibí el acceso al nido y les quité sus chicles para que no puedan ponerse sus trajes. Hace un par de semanas que no existen superhéroes en Swellview.

Henry se queda en silencio por unos segundos, procesando toda la información que acaba de escuchar. Sigue sorprendido, pero también confundido. ¿Cómo pudo salirse todo de control? Henry traga saliva, desplomándose en el sofá, queriendo comprender cómo es que esto pudo pasar. Luego mira a Ray quien se ve algo devastado luego de confesar lo que pasó, hace una mueca, sintiendo un poco de pena por él.

—Entonces, ¿decidiste dejar todo cuando los chicos se fueron?

Quería dejarlo desde que te fuiste, piensa el castaño y es lo que quiere decir, pero se muerde el labio; es muy temprano para confesar la verdadera razón de su visita.

—Sí, no era lo mismo.

No ha sido lo mismo desde que te fuiste.

—¿Los altos mandos saben de esto? —pregunta y un toque de miedo se escucha en su voz.

El consejo de superhéroes son los que controlan todo y no dejan que ningún superhéroe tome decisiones por su cuenta, ya que, según ellos, los superhéroes son de su propiedad. Ellos no saben que sigue vivo; también tuvieron que engañarlos para que pudiera ser libre. Nadie sale tan fácilmente de esta organización.

—No se los dije personalmente, pero estoy seguro de que ya lo saben. Como sea, no me importa lo que hagan esos idiotas de traje que ni poderes tienen. Si intentan atacarme, simplemente los eliminaré. —Expresa con normalidad mientras se encoge de hombros.

Henry niega con su cabeza, resignado al comportamiento impulsivo del castaño. Es un alivio que Ray haya sido entrenado para ser un héroe, pues Henry y el mismo Ray son conscientes de que, si hubiera elegido el mal y fuera un villano, sería el más poderoso de todos y nadie hubiera podido detenerlo. Henry lo mira de reojo y una pequeña sonrisa se le escapa.

—¿Así que estás aquí de vacaciones? —pregunta, cambiando el tema a algo más casual, pues no le gusta hablar de los altos mandos; son gente repugnante que trata a los héroes como simples marionetas; el recuerdo de ellos hace que Henry quiera vomitar.

Ray tarda unos segundos en responder, mira la botella de cerveza en sus manos y duda por un segundo. No sabe exactamente qué hacer ahora, pero sabía que tarde o temprano tenía que hablar de eso y no quiere mentirle a Henry, nunca más.

—La verdad es que vine aquí para estar contigo —alza la mirada, encontrándose con los ojos marrones de Henry, mirándolo con el ceño levemente fruncido.

—¿A qué te refieres con eso? —pregunta Henry cuando encuentra las palabras; sin embargo, estas salen temblorosas, producto del asombro que le dejó esa confesión.

—Henry, te extraño. —expresa con rapidez, sin miedo a las consecuencias, sin miedo a lo que Henry pueda decirle. Quiere eliminar este dolor en su pecho que es debido al vacío que Henry dejó cuando se fue, cuando él lo dejó ir.

Henry traga saliva y aparta la mirada, baja su rostro hacia sus manos; está nervioso y no sabe qué hacer a continuación.

—Bueno, no puedo negar que yo también extraño Swellview…

—No es eso a lo que me refiero —Ray lo interrumpe antes de que Henry desvíe el significado de la conversación. Deja de ser un cobarde, piensa el castaño mientras observa al rubio que evita su mirada a toda costa. —Te extraño a mi lado, extraño tenerte en mis brazos, en mi cama. Extraño cada parte de ti y de lo que éramos.

Henry se muerde el labio cuando siente que un nudo comienza a crecer en su garganta, ahogándolo un poco. Tiene que tomarse unos segundos antes de hablar, o de lo contrario, todo lo que saldrá de él será una voz temblorosa.

—Eso pasó hace mucho tiempo…

—Y yo no lo he olvidado —dice mientras aprieta la botella hasta el punto que siente un crujido, expresando la molestia que empieza a crecer en su pecho. Odia lo terco y necio que puede ser el rubio, siempre yendo por lo correcto, nunca siguiendo lo que su corazón quiere. —Aún recuerdo ese día, esa noche antes de que dejaras la ciudad. Quería tanto retenerte y mantenerte a mi lado. Quería ser egoísta y aferrarte a mí, aun cuando eso no era lo que necesitabas en el momento. Pero yo siempre te he necesitado y te quería solo para mí. Esa noche quería expresarte cuánto te amaba y que no iba a poder vivir sin ti. —Ray deja la botella a un lado o, de lo contrario, terminará rompiéndola. Y vuelve su mirada hacia Henry, quien sigue sin verlo, pero Ray no necesita que lo vea para saber que sus palabras le están afectando. —Quería hacer hasta lo imposible para que te quedaras conmigo, pero fui un cobarde y no hice nada, solté tu mano y te dejé ir.

El silencio se apodera de la pequeña sala, atormentándolos poco a poco. Ray siente que su corazón está a punto de estallar, sin poder soportar la falta de respuesta en Henry. Quiere acercarse y tocarlo; están a solo un par de pasos, pero que se sienten tan lejos que Ray tiene miedo de que pueda perderlo de nuevo. Henry finalmente levanta la mirada hacia él; sus ojos son un enigma para Ray, justo ahora no sabe lo que Henry piensa o siente y eso lo hace tragar saliva. En el pasado, lo hubiera sabido, pero este es un nuevo Henry, que lleva años viviendo lejos de él; ya no lo conoce, ya no sabe lo que piensa. El Henry que amaba y que dejó ir hace años ha desaparecido por completo. Ray cierra sus ojos por un segundo, no quiere aceptar esa realidad, no quiere vivir en un mundo donde Henry ya no lo ame.

Abre sus ojos cuando siente una mano en su mejilla y, cuando su vista deja de ser borrosa, producto de las lágrimas, se encuentra con la mirada suave de Henry y una leve sonrisa formándose en la comisura de sus labios. Ray siente que su corazón se detiene, ansioso. ¿Podrá ser…?

—Eres un idiota —dice Henry, y su voz sale nerviosa del llanto que aguanta en su garganta. Ray frunce el ceño, sin entender por qué Henry cree que eso es lo mejor que puede decir. Abre su boca para decir algo, pero Henry no le da la oportunidad. —Ambos somos unos idiotas.

Ray asiente ante eso, pues es bien sabido que ambos solo tienen una neurona que no funciona cuando están separados. Cuando están juntos tampoco funciona, pero esa es otra historia. Alza su mano para tomar el rostro de Henry; su callosa mano descansa en la suave piel que tanto extraño tocar. Sus mejillas están levemente sonrojadas y bajo la palma de su mano la piel se siente caliente. Henry se inclina hacia su mano, cerrando sus ojos. Eso hace a Ray sonreír y, por un segundo, se queda quieto, sin hacer ningún movimiento para no perturbar el momento que lo hace volver al pasado, a los tiempos en donde solo eran ellos, a un tiempo en donde se amaban.

Henry vuelve a abrir sus ojos, quedando cautivado por el azul que lo recibe, mirándolo con el amor que siempre le regaló. Ray traga saliva, teniendo miedo de que si hace un movimiento, despierte de este sueño.

—Henry…

—Te amo, Ray —Henry lo interrumpe antes de que pueda formular palabras y ahora lo deja en seco, sin saber cómo hablar. —Nunca he dejado de amarte. Y todos los días me arrepiento de la forma en que todo terminó entre nosotros.

Henry detiene sus palabras un segundo cuando el nudo en su garganta se vuelve insoportable de retener y tiene que tomarse unos segundos o, si no, terminará llorando. Ray ve cómo sus ojos se humedecen, llenándose de lágrimas, y todo lo que quiere hacer es abrazarlo, envolverlo en sus brazos y ayudarlo a borrar todo el dolor que debe estar sintiendo en su pecho.

—Pero estaba frustrado —Henry vuelve a hablar cuando encuentra las palabras. —Me sentía ansioso al ver que todos avanzaban menos yo. Sentía que estaba atrapado, sin poder hacer nada. Y eso me dio miedo y terminé desquitándome contigo. Lo siento…

Ray sacude su cabeza y alza su otra mano para tocar el rostro de Henry y acunarlo, queriendo darle confort.

—No tienes que disculparte —dice y aprieta sus dientes un poco cuando siente la impotencia que se acumula en su pecho. —Soy yo quien debe disculparse por nunca haberse dado cuenta de las cosas que estaban pasando. Lamento haber sido tan terrible persona y tan mal novio contigo.

El dolor en su pecho es insoportable y, a pesar de ser indestructible, no puede borrar lo mucho que lastima. Pero la culpa que siente puede mucho más que su poder y lo ahoga por completo. ¿Cómo es que pudo ser tan ciego? ¿Cómo es que no pudo notar las preocupaciones de su novio? Él debió saberlo mejor que nadie; él debía saber que Henry no la estaba pasando bien. Pero siempre lo hizo a un lado, siempre pasaba por alto lo distante y perdido que estaba su novio. Ray se muerde el labio, impotente. Él lo dejó pasar, y ese fue el peor error que ha cometido en su vida.

—Nunca fuiste una terrible persona ni un mal novio, Ray; no digas eso. —Henry le regala una pequeña sonrisa y Ray casi suelta un bufido de exasperación. Henry siempre está consolando a los demás, nunca pensando en su bienestar.

—Pero es que sí lo fui —replica, no queriendo que Henry haga menos sus palabras solo para hacerlo sentir mejor. —No hice nada para ayudarte, no me di cuenta de que algo estaba pasando. Y para cuando lo supe, no hice nada, simplemente lo evadí y no me hice responsable, como todo en mi vida.

—Esa no era tu responsabilidad —expresa el rubio con tranquilidad. —Y yo nunca te dije lo que pasaba, simplemente exploté cuando ya no pude más; eso no fue justo para ti.

—Aun así, debí haberlo hecho mejor —Ray dice en voz baja y, mientras lo hace, deja pequeñas caricias en las mejillas acaloradas de Henry.

Se quedan en silencio por unos segundos, mirándose con sus ojos cristalinos llenos de lágrimas. Y mientras se envuelven en el silencio, expresan con sus ojos todo lo que siempre han querido decirse, pero que nunca dijeron en voz alta porque siempre fueron tontos, orgullosos y egoístas.

Un sollozo se le escapa a Henry y, para cuando se da cuenta, está en los brazos de Ray. El castaño lo abraza con fuerza pero con suavidad, lo acurruca en sus brazos, protegiéndolo contra su pecho. En ese simple gesto, ambos dejan salir todo lo que han sentido en los últimos años y que todos los días martillaba en sus corazones. Se quedan abrazados por más tiempo del necesario, pero ninguno de los dos quiere apartarse, no después de tantos años separados.

—Yo también te sigo amando, Henry —murmura el castaño con su cabeza casi escondida en el cuello de Henry. El rubio tiembla un poco cuando su voz retumba cerca de su oído, pero no se aparta; en cambio, se aprieta más contra Ray. —Te amo tanto que decidí dejarlo todo para poder estar contigo.

Una parte de él se arrepiente de no haberlo hecho antes, de no haberse retirado cuando Henry se fue, pues los días posteriores a eso fueron una miseria, llenos de tristeza y soledad. Cuando Henry se fue, la monotonía lo consumió y la melancolía casi se lo come por completo. La vida sin Henry no tenía sentido; se dio cuenta de eso en el momento exacto en que el rubio se subió al avión.

Henry tararea en voz baja; sus sollozos le prohíben hablar. Así que se acurruca más en los brazos de Ray, apoyando su barbilla en el hombro del castaño. Levemente inhala su aroma, deleitándose con el sentimiento a hogar que lo invade por completo. Henry cierra sus ojos por unos segundos, dejándose envolver por las emociones del pasado que vuelven a resurgir.

Cuando sienten que se han calmado un poco, se alejan, encontrando sus miradas una vez más. Se sonríen levemente como antes, como si nada hubiera pasado entre ellos. Están tan cautivados por el momento, envueltos en sus emociones, que no se inmutan ante la cercanía de sus rostros. Ni siquiera temen cuando sus respiraciones se vuelven una. Y cuando sus labios se rozan, sienten una electricidad recorrer sus cuerpos. Vuelven a sonreír ante eso y, con una última mirada, lo saben; esto es lo que quieren.

Cuando se besan, recuerdan los momentos que compartían bajo las sábanas; el calor y los roces de sus pieles son tan familiares que, para cuando se dan cuenta, se besan con intensidad, cargados de emociones que neciamente guardaron por años. El beso es pasional, pero lleno de dulzura y ternura, cuidando del otro como lo hacían en el pasado. En ese beso de reconciliación se encuentra todo un universo de emociones y deseos reprimidos que por años los hizo miserables. Es un encuentro de dos almas que están sedientas de amor, un encuentro que traspasa sus pieles para llegar a sus corazones. Finalmente, dejan salir todo lo que sienten y es mágico y hermoso. Ambos sienten que están flotando, recostados en una nube liviana que les hace cosquillas por todo el cuerpo.

Cuando se separan, están jadeando con desespero. Respiran con dificultad mientras se miran, sus frentes pegadas la una contra la otra sin querer apartarse del otro. Ambos se aferran al otro, no queriendo soltarse ahora que han vuelto a encontrarse.

—Regresa conmigo. —Ray es el primero en hablar, y antes de que Henry pueda decir algo sensato que arruine el momento, Ray lo detiene. —Ven a Swellview, ese lugar no es lo mismo sin ti.

—Ray…

—No pienso dejarte ir de nuevo, Henry —replica el castaño y por un segundo aprieta a Henry en sus brazos para que entienda que sus palabras son sinceras. —No voy a cometer ese error dos veces.

—Pero, Ray… tengo una vida aquí.

—¿Y te gusta? Dime, Henry, ¿eres feliz en Distopía? —Ray contraataca, usando palabras fuertes que sabe que golpearán en su ser.

Henry guarda silencio por unos segundos, aparta la mirada de Ray sintiéndose demasiado presionado ante esos ojos azules. Cierra sus ojos, repitiendo en su mente las palabras de Ray. Y sabe cuál es la respuesta; no, no es feliz. Desde hace un tiempo se ha sentido miserable, con un vacío en su interior que intenta llenar acostándose con hombres que no significan nada para él, pues el único hombre que ha amado en su vida estaba a kilómetros, lejos de él. Su felicidad estaba con Ray y tuvo que irse lejos para darse cuenta de eso, como el tonto que es.

Vuelve a mirar a Ray y una pequeña sonrisa se le escapa; ya no tiene dudas ni miedo, ya sabe exactamente lo que quiere hacer. Asiente levemente, sintiendo que se sonroja.

—Quiero volver a casa —dice con firmeza.

Ray no puede contener la felicidad que siente alrededor de su pecho y vuelve a tomar los labios de Henry, besándolo con dulzura. Esto es todo lo que ha soñado por años y ahora, finalmente, lo tiene. Besa a Henry con anhelo y pasión hasta extasiarse y quedarse sin aliento. Henry sonríe en medio del beso y corresponde al beso, contagiándose de la felicidad de Ray.

En un viejo sofá de un pequeño apartamento, dos corazones rotos se encuentran, llenando sus almas de paz y felicidad. En ese viejo sofá, dos almas se prometen empezar de nuevo, dejando atrás el pasado y abrazando el futuro lleno de amor puro.

Entre besos, miradas tiernas y pequeños “te amo”, ambos sellan el amor que siempre se tuvieron para el resto de sus vidas.  

***

Cuando ambos regresaron a casa, fue como si nada hubiera cambiado. Claro, ya no había una capicueva y una tienda de basura que los recibiera, pero aun así, Henry se sintió en casa en cuanto puso un pie en el nido. Es casi como si nunca se hubiera ido.

Sin embargo, no fueron recibidos con una grata bienvenida. La ausencia de Capitán man y de su equipo se convirtió en un gran problema. Una vez que el consejo de superhéroes supo de la indirecta renuncia de Ray, los reclamos comenzaron a llegar y las amenazas con ir a buscarlo para enfrentar un juicio por incumplimiento llegaban cada día.

Ray decidió ignorarlas todas; él estaba más concentrado e interesado en el hecho de que había una oportunidad de que él y Henry volvieran a ser lo que eran antes. Sabe que no volverán a combatir el crimen juntos, pero que se quede a su lado es todo lo que Ray necesita. Pero Henry se da cuenta de los mensajes que llegan a su buzón cada día y sabe que tiene que hacer algo al respecto para arreglar todo el desastre que dejó en el pasado.

Se reunió con el consejo de superhéroes solo para mencionarles su renuncia como héroe. Hubo muchas obsesiones y muchos reclamos de los altos mandos, muchas palabras en su contra, pero Ray las ignoró todas; poco le importaron las amenazas de los hombres a su alrededor; él ya tomó su decisión; renunciaría y viviría una vida plena y tranquila con Henry.

Después de tanto debate, los altos mandos llegaron a un acuerdo y dejarían que Ray se fuera solo si lograba conseguir un sustituto, alguien que lograra ser el guardián de Swellview. Ray salió de la sala refunfuñando, no del todo contento por esa única regla para tener su libertad. Pero, por suerte, tenía a Henry y con su ayuda logró traer de vuelta a Danger Force.

Fue difícil al principio, pues convencer a un grupo de madres furiosas de que dejaran a sus hijos menores de edad ser héroes de la ciudad no era pan comido. Pero Henry logró convencerlas luego de que revelara su verdadera identidad como Kid Danger y pasó la tarde, contándole a las mujeres sobre todos los años en que Ray lo entrenó y cuidó. Maquilló un par de cosas, dando a entender que Ray era el héroe perfecto y que solo había cometido un error al engañarlas con lo de la escuela falsa.

En toda la reunión, Ray sintió que sudaba frío, aterrado por las miradas fulminantes de las mujeres. No habló en ningún momento, para no arruinar el gran discurso que su Henry relataba. Y gracias a sus cautivadoras palabras, todas las madres aceptaron que sus hijos siguieran entrenando para ser héroes profesionales. Danger Force regresó con Henry y Ray siendo sus mentores. Los altos mandos quedaron satisfechos con la elección de Ray y procedieron a darle la libertad que tanto deseaba.

Mientras trabajan en entrenar a los chicos, también trabajan en su relación.

Decidieron empezar de cero, dejando atrás su orgullo y desconfianza y la falta de comunicación que poco a poco fue destruyendo su relación en el pasado. Después de una larga conversación, llegaron a un acuerdo de que en el futuro serán más abiertos y vulnerables con sus sentimientos. Hablan de lo que sienten, de las cosas que les molestan y de las cosas que necesitan cambiar. Se descubren nuevamente, aprendiendo a confiar y a amar de una forma más profunda y sincera.

Sus lazos de amor y amistad se han fortalecido, mostrando un brillo especial en sus ojos que refleja la paz interior que han encontrado. Ahora, juntos, se enfrentan a nuevos desafíos, demostrando que el amor verdadero puede transformar incluso las circunstancias más difíciles.

Y así, un año pasa y Ray está listo para entregar su máscara de Capitán man y de decirle adiós a su lado de superhéroe que lo acompañó por más de una década.

—¿Es necesario hacer todo este alboroto?

—Creí que te gustaba la atención —Henry le responde mientras ajusta la corbata alrededor de su cuello.

Ray tararea en voz baja, pero no se muestra muy interesado en subirse a una tarima y dar un discurso para toda la gente de Swellview. Sabe que la ciudad quiere despedirlo como es debido, pero él está más interesado en tomar su maleta e irse lejos con su amado.

Henry le sonríe cuando termina con su corbata, dejando caer sus manos en sus hombros antes de que deban salir: la ceremonia está por comenzar.

—¿Estás listo? —Henry pregunta justo en el momento en que el vicealcalde dice su nombre y el público comienza a aplaudir, ansioso y algo triste por ver a su superhéroe por última vez.

Ray deja escapar un suspiro y asiente levemente. Henry le regala una última sonrisa antes de retirar la cortina que los separa del público, haciéndose a un lado para que Ray, vestido de traje y con su antifaz de superhéroe, suba los pequeños escalones que conducen a la tarima.

Capitán man desprende una brillante sonrisa cuando se para frente al público que aplaude y grita su nombre, mencionando lo mucho que lo aman. Ray los mira a todos, los saluda con su mano, se mueve por el lugar mientras la gente lo alaba. De reojo puede ver a Henry, cerca de la tarima, siendo un simple ciudadano más, mirando la despedida del capitán man. Sonríe levemente cuando esos ojos marrones lo miran y se siente tranquilo; sabe que retirarse es la mejor decisión que ha tomado.

Cuando termina de recibir todos los elogios, se acerca al vicealcalde para estrechar su mano y tomar el micrófono. Hay un podio en el medio de la tarima donde Ray se sube para poder decir sus últimas palabras como héroe de la ciudad.

—Gracias a todos por venir hoy —empieza a hablar una vez que los aplausos terminan y el recinto queda en silencio. —La última vez que di un discurso estaba despidiendo a un gran compañero en mi vida. —De reojo mira hacia la estatua de Kid Danger que está en la plaza, a lo lejos de donde él está dando su discurso. —Es difícil decir adiós; ha sido un honor para mí servir a esta ciudad. Voy a extrañar protegerlos a todos.

Ray guarda silencio por unos segundos, teniendo que tragar saliva cuando siente que la tristeza se apodera de su cuerpo. Mira a su alrededor, recordando todos los años de batallas y sacrificios que tuvo que enfrentar para mantener a la ciudad segura.

—Me voy con el corazón lleno de alegría y gratitud por todo lo que he vivido, pero también con un poco de nostalgia por dejar atrás una parte de mi vida. —Sonríe un poco, sabiendo que todas las miradas están sobre él, pero a él solo le importa una. —Quiero agradecerle a todos por estos años, gracias por permitirme ser parte de esta maravillosa ciudad. Protegerlos y cuidarlos a todos fue el mayor privilegio que pude tener en mi vida. Ustedes y esta ciudad siempre serán importantes para mí. Y aunque ya no voy a estar por aquí siendo capitán man, aunque me retire, seguiré velando por la seguridad de esta ciudad que me abrió los brazos, que me hizo sentir amado y querido. Gracias, Swellview.

Sin más que decir, sonríe por última vez antes de bajarse del podio, siendo despedido con aplausos y palabras de amor por parte del público. Capitán man recibe una ovación de pie; Ray mira todo con emoción y leves lágrimas en sus ojos mientras la gratitud golpea su pecho. Cumplió con su deber y misión; está sumamente feliz y agradecido por todo.

La ceremonia continúa con una entrega de reconocimientos para Ray, el nombramiento de los nuevos héroes de la ciudad y la inauguración de la estatua de Capitán man que estará puesta justo al lado de la de Kid Danger. Después de todo, no hay Capitán man sin su Kid Danger.

Capitán man se toma un par de fotos con el vicealcalde y su grupo de fans, firma un par de autógrafos y acepta los regalos de los ciudadanos antes de despedirse por completo y subirse a una camioneta que lo espera en el estacionamiento de la plaza. Capitán man se va y Ray Manchester aparece en escena; entre la multitud busca a Henry, disculpándose levemente con las personas que sin querer empuja. Encuentra a Henry de pie frente a las dos estatuas, mirándolas en silencio. Ray se acerca lentamente para no perturbar la tranquilidad que lo rodea. Se pone a su lado, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. De reojo mira a Henry; el rubio contempla las estatuas y un dejo de melancolía se puede ver en sus ojos marrones.

—Finalmente tienes la estatua que tanto querías —Henry habla, rompiendo el silencio. Se gira para mirar a Ray, regalándole una pequeña sonrisa. —¿Cómo te sientes?

—Honestamente, no lo sé. —Ray se encoge de hombros, colocando sus ojos en su figura bañada en oro. —Estoy feliz, pero siento que una parte de mí va a extrañarlo. Pero eso no importa; ahora puedo estar contigo para siempre. —Ray se mueve para quedar frente a Henry, da un paso hacia adelante para envolver a Henry con uno de sus brazos. Y sin importarle que alguien los esté viendo, se acerca y deja un pequeño beso en la sien del rubio.

Henry tararea con alegría ante sus palabras, se mueve para acurrucarse contra el pecho de Ray de una forma que pueda seguir mirando hacia el monumento.

—Y de alguna forma, Kid Danger y Capitán man también lo estarán.

—Sí… —Ray murmura, pegando sus labios en la frente de Henry para dejar un tierno beso en su piel; su cabello rubio le hace cosquillas en las mejillas, haciéndolo sonreír. Luego se aparta, listo para irse y comenzar otra aventura al lado de su novio. —¿Listo para irnos?

Henry asiente, alejándose de Ray para poder tomar su mano y comenzar a caminar hacia la salida.

—¿Te gustaría comprar un bote? —Ray pregunta de repente, haciendo que Henry lo mire con una ceja levantada.

—¿Un bote?

—Sí, pensé que sería divertido vivir en un bote y viajar por el mundo.

Henry suelta una pequeña carcajada y, al mismo tiempo, niega con su cabeza.

—Me gusta la idea de viajar por el mundo, pero definitivamente no vamos a vivir en un bote —dice, haciendo caso omiso de los pucheros que Ray deja escapar. No va a convencerlo con esos ojos de cachorro.

Al final compran un bote, pero no viven en el.

Viajan por todo el mundo, visitando lugares turísticos, creando recuerdos llenos de amor. Usan el bote para visitar al mar, para deleitarse con las playas del Caribe y gozar de unas exóticas vacaciones. Y cuando terminan de hacer todo eso, compran una casa a las afueras de la ciudad, en las montañas, donde viven tranquilamente en la comodidad y cercanía del otro.

Visitan Swellview cada vez que pueden para reencontrarse con todo aquello que dejaron atrás, pero que siempre llevan en su corazón con cariño. Los ciudadanos siguen conmemorando a Capitán man y cada cierto tiempo inauguran un monumento o una institución a su nombre. Henry ya perdió la cuenta de cuántos parques y calles llevan el nombre de su novio.

La más reciente obra fue un museo conmemorativo hacia la obra y vida del capitán Man. En el museo, que lleva su nombre, se celebra todos los logros que ha logrado en sus años de servicios. Por los pasillos del museo hay varias estatuas del héroe en diferentes poses, a su vez que varias vitrinas donde se exponen los trajes y armas que usó en su trayectoria como héroe. Por último, hay un pasillo dedicado a contar la vida de Capitán man, mostrando las hazañas más emblemáticas que ha enfrentado a lo largo de su vida como héroe.

Henry miraba todo con una expresión de amor, sintiendo que vuelve al pasado mientras mira los diferentes marcos con fotografías de sus aventuras. Él está en la mayor parte de ella, recordando que siempre estará en la historia de Capitán man. Se detiene cuando encuentra una fotografía en especial que llama su atención. Y no puede evitar reírse cuando se ve a sí mismo a la tierna edad de trece años. Está todo embarrado de lodo, con el cabello desordenado y una expresión de asombro mientras lo entrevistan. Sabe que esa es de su primera misión, cuando salvó a esa gente que caía de un puente.

El rubio niega con su cabeza; era solo un niño; ¿en qué estaba pensando?

—Te ves tan adorable en esa foto —expresa el castaño con ternura mientras mira la foto. Henry se sonroja levemente y decide apartar la mirada, concentrándose en las demás fotografías.

Continúan recorriendo el museo, rememorando cada momento que pasaron juntos mientras combatían el crimen. En algún momento sienten que la melancolía los atraviesa, pues ver todo lo que lograron les recuerda que ser compañeros del crimen fue algo entre ellos y solo ellos dos; nadie más sabía de la conexión que tenían al luchar. Ray no pudo volver a tener esa sensación con alguien más. Porque su compañero siempre fue Henry; él siempre fue el indicado, el elegido, el único.

Ese día casual en el que Henry buscaba un empleo de medio tiempo, sin saberlo, fue el día en que conoció al amor de su vida. Fue el inicio de todo. Y ahora, que finalmente están juntos sin matices ni secretos, pueden celebrar juntos lo que fueron como héroes y seguir amándose y compartiendo sus vidas como simples hombres enamorados, como siempre debió ser.

FIN.