Chapter Text
Si Will tuviera que hacer un ranking de los Bats que más frecuentaban su departamento Tim se encontraría sin duda en el primer lugar, el pelinegro era su amigo, tenía las defensas de un pollito de colores y un instinto de supervivencia negativo cuando no se encontraba en una misión, todos esos factores juntos hacen que Will viera Tim por lo menos una vez al día rondando su hogar.
En un inicio el rubio se había encontrado extrañado por la costumbre de su vecino de dejarse caer -literalmente- frente a él en la hora del desayuno o en cualquier momento del día, mientras comenzaba una conversación con naturalidad de quien no había entrado a propiedad privada como si fuera el dueño del lugar.
Pero con él tiempo, y la experiencia de ese día de Enero que prefería no recordar, era reconfortante y esperable que Tim surgiera desde cualquier lugar de su apartamento como si ya estuviera allí, sin importarle la privacidad de Will en lo más mínimo. Lo cual, teniendo en cuenta de que Tim era un justiciero que creció bajo la guía de Batman, hacía que Will pensara que probablemente Tim conociera secretos de él que ni siquiera él mismo conocía.
Así que Will se adaptó, considerando en el fondo de su mente a su mejor amigo como una especie de gato callejero que se había encariñado de él pero que no iba a pasar a ser su gato doméstico por nada del mundo.
Casi le hacía recordar a Nico.
En segundo lugar, había una lucha constante entre Damian y Jason, ambos demasiados tercos para admitir sus heridas o dolencias frente a los demás, considerándolo una debilidad, por lo que era común para Will encontrarlos dentro de su departamento - nunca en frente de su puerta, no fuera a ser que Tim los viera - con alguna herida sangrante, un corte que requería casi tantos puntos como el marcador de un partido de voleyball o un resfriado descomunal.
Este último era de los favoritos de Will, no es que le gustaran los mocos o los estornudos en su rostro, ya había tenido suficientes de ellos por parte de los campistas como para querer un poco más, pero había algo realmente divertido en la forma en que Damian hablaba de manera gangosa mientras arrugaba la nariz enrojecida y hacia la imitación ronca de “Esa es mi voz” de Yzma. Además Jason era mimoso cuando se enfermaba, se abrazaba a todo lo que encontraba en búsqueda de calor corporal y se volvía bastante poco comunicativo para alguien como él.
Por eso, al salir de su tan merecida ducha post turno, Will no se sorprendió de ver a Jason casi desmayado en su entrada.
-Hey rubia - habló Jason desde donde se encontraba recostado contra la pared cerca de la entrada del departamento.
La mano de Jason se aferraba a su chaqueta como si su vida dependiera de eso, apretandola contra su cuerpo como una manta térmica.
Los dedos de Will pican por atender al mayor, una pequeña vocecita en el fondo de su mente - aquella que se parece a la de su padre en su época oscura, es decir, Lester - le dice que atienda al chico frente a él rápidamente, que es su misión.
Will le dice a esa voz que se vaya a la mierda.
En cualquier otra situación, Will dejaría todo lo que estuviera haciendo y se acercaria a la persona que necesitará sus cuidados sin importarle nada más - por algo Will era el mejor médico de combate en el campamento mestizo en siglos- pero cuando se trataba de Jason Todd, Will se permitía ser un poco mezquino.
No es que el otro le cayera mal, ni nada por el estilo, pero Will no podia encontrar en si mismo la urgencia de tratarlo cuando el muy hijo de puta idiota se habia escapado de sus cuidados más veces de las que podia recordar, esperando a que Will lo arreglara lo minimo indispensable para que siguiera respirando un dia más, antes de huir por las ventanas o puertas de su departamento.
Y bueno, si Will le guardaba un poco de rencor después de su actuación post resurrección que incluyó casi degollar a Tim, nada tenía que saberlo.
Nico y su rencor de hijo Hades se le habían terminado pegando después de un tiempo, demandadlo.
Así que Will miró al hombre frente a él, que no dejaba de hacer una sonrisa que hasta ese punto era más bien una mueca y contuvo el suspiro que quería escapar de sus labios.
-Hola Todd, ha pasado un tiempo… ya sabes, desde la vez que te suture todo el flanco derecho y te saque cinco balas solo para que desaparecieras en cuanto me di la vuelta - dijo Will sin dejar de sonreír pero con un tono pasivo-agresivo que había hecho sentir orgullosa a Annabeth.
Jason ni siquiera tuvo la decencia de parecer avergonzado ante la reprimenda encubierta y sólo dejó escapar un silbido que le afectó las costillas, probablemente magulladas, si es que la mueca que le vino después fue un indicador.
-Si que se nota, Sol, esas cortinas nuevas están monísimas - habló Jason con la mueca borrándose de su rostro lentamente.
Will no pudo evitar el ligero tic en el ojo que apareció antes de avanzar hasta el otro hombre como quien se dirige a un enfrentamiento con su enemigo.
-Bueno, fueron lo mejor que pude conseguir después de que alguien decidiera que apoyarse en mis cortinas antiguas podía ayudarlo a disminuir la hemorragia y las dejara inutilizables.- masculló entre dientes.
-Yo creo que le daban un toque, algo chick. Muy vivienda de Gotham en los años 90.
-Esto no es un set de película de terror Todd- dijo Will rodando los ojos antes de entrar en modo trabajo - ahora, si fueras tan amable de decirme que estupidez te trajo aquí esta vez…
-Auch, me hieres, siempre supones lo peor de mi, déjame decirte que esta vez elimine un cargamento completo del Pingüino y desbarate su colaboración con Dos caras, quien por cierto está haciendo ….
Will resopló fuertemente poniendo las manos en sus caderas mientras se cernía frente a Jason.
-¿Y bien? ¿Me vas a decir a que me enfrento o vas a divagar hasta caer desmayado en mi alfombra?
Jason cerró la boca y suspiro antes de revelar lo que su chaqueta estaba escondiendo.
Wil había tratado con varios hijos de Hefesto en el campamento, por lo que las quemaduras eran algo a lo que se había acostumbrado en la teoría, la apariencia y cómo identificar su nivel en un instante, pero nunca superaría el olor a carne humana quemada. Nunca.
Will hizo una mueca y se agacho para tomar a Jason desde su lado sano, el otro era varios kilos más pesado que Will y a pesar que el rubio era alto, no se podía comparar con el gigante que era Jason Todd, en especial cuando vestía sus botas de combate con plataforma.
El menor dirigió a Jason a la habitación de invitados que con el pasar de los meses - ¿Era más de un año en este punto? - se había convertido en una especie de enfermeria improvisada, aunque no tenía nada que envidiarle al Hospital donde trabajaba Will.
Era increíble lo que podían hacer los pacientes de Will cuando tenían dinero y estaban motivados, en especial cuando estos formaban parte de la familia más rica de Gotham.
Dejando a Jason en la camilla, Will se acercó al estante a su derecha y sacó apósitos, una caja de curaciones, suero fisiológico y lo necesario para poner una vía venosa.
Jason pareció comenzar a protestar por la vía venosa, como hacía cada vez que venía por alguna lesión que él aseguraba no requieria analgesia, hidratación o antibióticos, pero solo una mirada de Will lo hizo callar.
Era la enfermería de Will, en la casa de Will. Estaba en su elemento y ninguno de los Bats por muy ricos o atléticos que fueran tenían derecho a refutar allí. Ya había confrontado lo suficiente a Jason como para que el otro aprendiera la lección.
Will comenzó a limpiar la herida con cuidado, retirando el tejido necrótico y el hollín, intentando no pensar en el desastre que esto había causado en algún lugar de la ciudad, estaba concentrado en su misión pero no podía dejar de mirar su teléfono a la espera de algún mensaje sobre necesidad de refuerzos ante la contingencia que significa una explosión para el personal hospitalario.
-No te preocupes, rubia, solo yo sali herido… no había civiles en las cercanías
Will dirigio su mirada a Jason quien miraba el techo como si este tuviera los secretos del universo, con una pequeña sonrisa tirando de sus labios la cual se esforzo en disimular, no le daria un refuerzo positivo a el idiota.
Decidiendo no comentar nada más Will se concentró en darle los últimos toques a la curación, antes de levantarse para conectar a él otro a un suero para hidratarlo por la pérdida de líquidos, no es que lesión requiera mucho, pero tratándose de los murciélagos, Will había aprendido a desconfiar de sus hábitos alimenticios y su capacidad de hidratación.
Will estaba conectando la bajada del suero cuando escuchó un forcejeo detrás de él acompañado de una maldición.
Will sonrió.
-¿Qué carajos, rubia? ¿Por qué tu maldita puerta no se abre? - reclamó Jason desde donde se encontraba forcejeando con dicha puerta.
Will caminó lentamente hacia el portasueros y colgó el suero con cuidado antes de voltearse a un Jason Todd cabreado.
-Bueno, como alguien seguía escabulléndose de los cuidados completos, no tuve más opción de recurrir a medidas drásticas.
-Maldito Timbo - gruño Jason, deduciendo quien se había hecho cargo del nuevo sistema de seguridad de Will.
-Hey! No insultes a mi paciente estrella …. Vamos sube aquí y deja que te conecte el suero, solo será un pequeño bolo y luego te dejaré salir …. Y no, no intentes salir por las ventanas, también están aseguradas.
Jason resoplo, miró a Will quien sonreía con bravuconería antes de dejar caer los hombros y acercarse hacia el rubio, eso si, no se dejó caer en la camilla, en cambio, se sentó en una de las sillas y extendió el brazo para que Will le conectara la solución.
-Eres pesado.
-Hay que ser uno para reconocer al otro.
Jason no se dignó a dar otra respuesta ante eso y dejó que el rubio le conectara la solución después de colocarle una vía nuevamente ya que el mayor se la había retirado en su huida.
Will miró a Jason con curiosidad, era un incordio como paciente y la mayoria del tiempo desobedecia las indicaciones que se le daban, si fuera un campista Will sin duda diria que era un chico de Ares, con ese impetu y esa valentia casi patologica que rozaba el suicidio glorificado por el bien de una pelea ganada, pero siempre que tenia una lesión buscaba ayuda en Will, a diferencia de otro de los chicos y chicas Wayne que esperaban a que su lesión estuviera supurando pus para decidir que era momento de atención.
-Sabes, no entiendo porque sigues viniendo conmigo si odias tanto que te obligue a quedarte, podrías ir a la Cueva, estoy seguro que Alfred no llegaría a tales extremos.- habló Will mirándolo de reojo, sin querer que sus miradas se encontraran y surgiera la confrontación.
-Primero que nada, no te creas, Alfred sabe cómo manejarnos, después de todo ha evitado que el viejo se mate en estos años - aclaró Jason - quizás no llegaría a esto pero ese hombre sabe como hacernos caer … Además, eso no te incumbe
Will soltó un suspiro.
-Mira, se que no me incube nada de tu vida, pero tu acto de hijo rebelde está llegando a un punto peligroso…
-¡No es un acto! -espeto Jason incomporandose un poco en la camilla, sus ojos con un leve toque de verde - No soy un idiota rebelde ni ….
-Jason - hablo Will posando su mano en el hombro del otro, intentando canalizar tranquilidad en sus palabras- te compartas imprudentemente, actúas como si tu vida no valiera nada, volver del pozo te hizo más fuerte, no inmortal.
Jason lo miro con enojo y apartó la mano de Will de su hombro de un manotazo pero no hizo el amague de irse, ni de huir del lugar, Will sonrió internamente al darse cuenta de que el poco de morfina que había puesto en la segunda solución con la que permeabilizo la vía venosa, sin que el otro se diera cuenta, estaba haciendo efecto. No es que quisiera sedarlo ni nada por estilo, la morfina claramente no lo lograría, pero quería bajar un poco el dolor de Jason, quien se negaba a los analgésicos hasta que estaba prácticamente agonizando por esto.
Y si le preguntan a Will de dónde había sacado un medicamento controlado como ese, solo podía agradecer a sus patrocinadores que tenían una pequeña afición por los disfraces.
-Mira Jason, en todo lo que he vivido he conocido a padres de mierda, de esos que te dan ganas de golpear o de mandar al Tartaro …
-¿El qué?
-Pero también he conocido padres que se encuentran atados de manos para ayudar a sus hijos, padres que quieren lo mejor para los suyos pero que están imposibilitados para hacer algo, llenos de remordimiento por ser lo suficientemente fuertes para marcar la diferencia pero sin poder hacer nada realmente - Will miró a la pared, donde la ventana de vidrio reforzado dejaba entrever un pequeño rayo de sol matutino.
-¿Y? ¿Me quieres que el viejo es un buen padre? ¡Tu no lo conoces Will, tu no lo vez más alla de unas horas cuando es lo suficientemente idiota para lastimarse y temer a lo que Alfred diga de él!
-Se que no lo conozco, que no se lo que has vivido con él más allá de relatos de tus hermanos, pero Jason - dijo mirándolo con toda la intensidad que podía - conozco la mirada de un padre que lucha y sufre por no poder hacer más de lo que se le permite, algo que traspasa lo que considera correcto y Bruce Wayne… él siempre luce así cuando te vé.
Jason apartó la mirada y se tapó los ojos con el dorso del brazo mientras echaba la cabeza hacia atrás, no hubo lágrimas ni llanto, ni rabia incontrolable, solo un silencio pesado que duró hasta que Will le retiró la solución y la vía al otro, desactivando la seguridad que rodeaba la estancia.
Will abrió la boca para decirle que volviera dentro de dos días para ver la evolución de la quemadura, pero no pudo decir nada ante la mirada que le dirigió Jason, sus ojos azules sin toque de verde pero igual de cargados de emociones.
-Me importa una mierda lo que hayas visto Solace, mi relación con el viejo es algo que no te incumbe- dicho eso abrió la puerta de un tirón y se marchó dejando el aire con el olor del humo y la rabia.
Will pensó que no volvería a ver a Jason, pero a la semana siguiente aparecieron en su puerta un paquete de cortinas con dibujos de girasoles francamente grotescos y un cupón de descuento en la tienda de alfombras que a Will le gustaba.
Will no se sorprendió cuando Tim le mandó un mensaje de asombro porque Jason se presentó en su cena dominical, donde todos estaban obligados a ir para complacer a Alfred, pero la cual Jason evitaba como la peste.
No fue una disculpa, no fue una aceptación de sus palabras, pero era un claro “te escucho”.
Esa sensación casi le hizo olvidar los comentarios de su mejor amigo sobre las horribles cortinas de la enfermería.
