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Cuando Checo conoció a Hamilton...

Summary:

Antes de que existieran los aciertos, hubo errores.
Antes de las decisiones, hubo huidas.
Antes del hoy, hubo un ayer.

Cuando Checo conoció a Hamilton recorre los años en los que todo empezó a cambiar, incluso cuando nadie estaba listo para aceptarlo.

Esta historia es una precuela de Part-Time Love y explora los vínculos, los miedos y los momentos que marcaron el camino hasta el presente:
un reencuentro con el pasado, cuando el hoy invita a avanzar.

Chapter 1: Boda

Chapter Text

El reloj marcaba pasada la medianoche, pero la casa estaba en completo silencio. Checo se acomodó en la cama, estirándose perezosamente antes de apagar la lámpara de su lado. Justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, Max entró en la habitación con el cabello desordenado y una expresión de cansancio mezclada con curiosidad.

—¿Ya viste esto? —preguntó Max, dejando sobre la mesa un elegante sobre blanco con detalles dorados.

Checo lo reconoció al instante y sonrió.

—Sí, es la invitación a la boda de Lewis. Llegó esta tarde.

Max levantó una ceja, claramente divertido.

—¿Y por qué la sorpresa?

Checo suspiró y se recostó de lado, apoyando la cabeza en su mano mientras jugueteaba con el sobre.

—Porque me pidió que fuera su padrino.

Max soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza mientras se sentaba junto a él.

—Bueno, ¿y qué tiene de raro? Él fue tu padrino en nuestra boda. Era obvio que iba a pedirte lo mismo.

Checo rio suavemente, encogiéndose de hombros.

—No sé... Creo que simplemente no me lo esperaba.

Max lo miró con curiosidad.

—¿Y qué es lo que realmente te sorprende? ¿Que te lo haya pedido o que se vaya a casar?

Checo lo miró por un segundo y luego sonrió ampliamente.

—Un poco de ambas, si soy sincero. Pero supongo que más lo segundo.

Max se rio aún más fuerte.

—Sí, a mí también me sorprende. Siempre pensé que Lewis nunca se iba a casar... —Hizo una pausa antes de añadir con una sonrisa pícara—. Desde que lo conozco, parecía que nunca iba a poder sentar cabeza con alguien.

Checo lo miró con una mezcla de nostalgia y diversión.

—Bueno, imagínate eso... —Hizo una pausa dramática y levantó una ceja— que no lo conociste cuando lo hice yo.

Max ladeó la cabeza, intrigado.

Checo sonrió con un brillo en los ojos, como si su mente estuviera viajando al pasado.

—Digamos que... era diferente. La historia de cómo lo conocí no fue muy común.

—Me estás diciendo que Lewis, el modelo elegante y sofisticado que conocemos, era un caos antes de eso.

Checo soltó una risa suave.

—Un caos encantador... no tienes idea.

Max suspiró, apoyándose en el respaldo de la cama con una sonrisa divertida.

—Bueno, ya sé una parte de cómo se conocieron —dijo con tono de misterio.

Checo lo miró curioso.

—¿Sí?

Max asintió con aire travieso.

—Pero si me cuentas toda la historia, capaz encuentre algo divertido para molestarlo en su boda.

Checo soltó una risa suave, pero no le dio el gusto de contarle nada más.

No fue hasta que Max empezó a hacerle cosquillas y a pedirle por favor con la voz más suplicante que pudo poner, que Checo cedió un poco y le preguntó:

—¿Por qué tanta insistencia?

Max dejó de hacerle cosquillas y lo miró con una sonrisa satisfecha.

—Porque le gané una apuesta a Lewis hace años, y ahora esta invitación me muestra que acabo de perder una.

Checo frunció el ceño, confuso.

—¿Qué apuesta?

Max sonrió y se acomodó más cerca de su esposo.

—La primera apuesta fue que nosotros no nos íbamos a casar. Lewis estaba tan seguro de que eso nunca iba a pasar que me dijo que, si alguna vez lo hacíamos, me daría su recuerdo más valioso. Y ya cumplió, me lo dio el día de nuestra boda.

Checo lo miró aún más intrigado.

—¿Y qué te dio?

Max dejó escapar una carcajada.

—Un billete de 100 dólares y un libro de cocina para tontos.

Checo soltó una risa incrédula.

—Su recuerdo más valioso era... ¿Eso?

—Exacto —confirmó Max, sonriendo ampliamente.

—¿Y qué hay de esta nueva apuesta que perdiste?

Max suspiró dramáticamente.

—Dijo que si se casaba, su boda sería mejor que la nuestra.

Checo se rio, negando con la cabeza.

—Bueno, considerando el desastre que fue nuestra boda... no es que tenga que hacer mucho para ganar esa apuesta.

Max lo miró fingiendo estar ofendido.

—¿Solo Desastre? Amor mío, ¿cómo decirlo...? Tus padres ofrecieron pagarte para que no te casaras, nuestros padrinos parecían sacados de una cumbre internacional, pero aun así fue el mejor desastre de mi vida.

Checo lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Eso es lo que piensas de nuestra boda?

Max sonrió con ternura, inclinándose para darle un beso suave en los labios.

—Fue el día más caótico de mi vida... y volvería a repetirlo contigo y nuestros padrinos mil veces.

Checo sonrió y sacudió la cabeza.

—Eres un tonto.

—Y aun así estamos casados.

Max le guiñó un ojo y luego cerró los ojos, dejándose caer sobre la almohada, claramente listo para dormirse.

Checo lo miró por un segundo, viendo cómo el rostro de Max se relajaba. Y mientras escuchaba la respiración tranquila de su esposo, su mente empezó a viajar.

No pudo evitarlo.

El nombre de Lewis en la invitación... la conversación sobre su boda... todo lo había llevado a recordar cómo había comenzado su amistad con él.

Cerró los ojos y dejó que los recuerdos lo envolvieran.