Work Text:
˗ˏˋROOMIE / PARTE ÚNICAˎˊ˗
♡ ➛ Pareja: Chile (Luis) / Haití (Odile).
♡ ➛ Advertencia: Ninguna/Enemistad.
♡ ➛ Palabras: 1288.
El chileno llegó frustrado a su apartamento de clase media, aquel día había sido muy agotador, bueno, en realidad todos los días lo eran, pero ese en particular se sintió peor que los demás, sus estudios lo están, literalmente, matando, y el tener que trabajar a la vez no ayuda a aligerarle la carga emocional/física con la que tiene que lidiar.
Con pesadez abrió la puerta del ¨hogar¨ en donde se está hospedando temporalmente, el lugar no era la gran cosa, pero era todo lo que podría pagar por los momentos; la universidad es algo costosa, por ende, no podría darse el lujo de buscar un mejor sitio que ese, además, la vivienda quedaba cerca de donde estudia, así que también le convenía estar ahí por temas de pasaje, lo que no le agradaba era estar compartiendo vivienda con un perezoso de mierd4, cuya relación con él no era la mejor, a pesar de tener más de medio año conociéndose.
Observó el pasillo de su hogar, fijándose en como está totalmente de limpio, ya varias veces tuvo discusiones con su roomie por lo desordenado que podría estar el lugar, por suerte aquel comportamiento tan descuidado del otro se ha estado perdiendo con el pasar de los meses.
Siguió caminando hasta llegar a la cocina, ahí se pudo notar un plato sucio sobre el fregadero, frunció el ceño al ver aquello, no iba a limpiarlo, así que simplemente lo ignoró para seguir con lo suyo.
La sala no era tan grande, pero sí acogedora; tiró su pesado bolso sobre uno de los muebles de la habitación para continuar observando los pasillos, percatándose de que todas las puertas están totalmente cerradas, el haitiano siempre llegaba antes que él, así que le pareció un poco extraño aquello. Posó su vista hacia la alcoba del apartamento, la puerta de salida es totalmente de vidrio, así que se podría ver perfectamente la silueta del ajeno detrás de ella; suspiró aliviado por alguna razón, sintiéndose mejor al saber en donde se encontraba su compañero.
Estiró su cuello y hombros para aliviar el dolor causado por el cansancio, acto seguido, se dirigió a paso tranquilo hacía la puerta, tomó la perilla metálica y la deslizó para abrirla —Ya estabas tardando ¿No crees? —escuchó hablar al más bajo, quien seguía observando el paisaje y no se dignó a voltear para mirarle.
—Me hicieron trabajar dos horas extras. —explicó, mientras se acercaba para posar los codos por encima de la barandilla del lugar, también se mostró más interesado en ver el paisaje y no a su roomie.
—¿Te pagaron por ello? —tiró el cigarro que estaba consumiendo, a la par que usaba su mano derecha para sacar una caja que contenían más de aquellos, tomó uno con lentitud y lo posó entre sus labios, acto seguido volvió a meter el objeto en sus bolsillos.
—No, fue más como un favor.
Odile, al escuchar aquello, detuvo sus movimientos, separó el yesquero de su cigarro sin pender y observó con el ceño fruncido al más alto —¿Eres idiota? —preguntó con molestia, ahora acomodándose para quedar cara a cara con el castaño de piel pálida.
—¿A qué te refieres? —por instinto soltó una leve risa nerviosa y mordió una de sus mejillas de manera interna.
El de piel oscura rodó sus ojos ante la respuesta —¡Te están usando! —comentó, mientras se acerca al contrario, no dudó en tomar un mechón de este para agacharlo a su altura —¡Idiota! —instantáneamente lo soltó al terminar con su regaño.
—¡Ay! —chilló ante el maltrato, a la final no pudo evitar acariciar la zona adolorida —¡¿Y eso porque fue?!
—Por ingenuo. —contestó de manera brusca, en el fondo seguía molesto por la incredulidad del contrario. Volvió a encender el yesquero para comenzar a prender su cigarro, ahora estando de espalda contra la barandilla —Tus jefes te hacen trabajar horas extras, deberías cobrarles por eso. —quizás por la molestia es que se le dificultaba prender su cigarrillo, y en el proceso soltó uno que otro insulto al no poder cumplir con su objetivo.
—Sólo les estoy haciendo un favor. —defendió a quienes lo habían contratado, no creía que una dulce pareja de ancianos, que eran dueños de una panadería, pudiesen ser tan aprovechados con la necesidad ajena.
—Es la tercera vez esta semana que les haces el mismo favor. . . Y ya es viernes. —frunció el ceño al no poder encender su cigarro, pero eso sí, no iba a cesar de sus comentarios hasta que el chileno entendiese que estaba siendo muy blando.
Luis rodó sus ojos, consiente de la desconfianza que tiene Odile hacía todo el mundo —Déjame ayudarte. —acercó sus manos hacía el yesquero ajeno, no sólo lo quería ayudar, también quería cambiar de conversación y no seguir con el tema; sorpresivamente el haitiano no colocó protesta ante su ayuda; con su mano izquierda tapó un lado del cigarro para que no lo apague el viento, y con la derecha presionó la base del yesquero para activarlo —¿Ves? ¿No fue tan difícil? —sonrió con ternura, buscando molestar a su contrario.
Odile le devolvió la sonrisa, pero esta se notaba que era entre dientes y forzada; succionó con fuerza el cigarro, a lo que dejó algo desconcentrado al chileno, y, cuando sintió que era necesario, dejó salir todo el humo de un soplo hacía la cara del mayor; Luis no pudo evitar cerrar sus ojos y quejarse ante aquello, rápidamente agitó sus manos para que todo el humo se fuese del rostro.
—¡Argh! ¡¿Por qué hiciste eso?! —gritó molesto, pues odiaba el horrible olor del cigarro.
Odile no respondió a su pregunta, sólo soltó fuertes carcajadas, haciendo que el castaño se molestara aún más; Luis gruñó en voz baja ante la irritante presencia del caribeño —Ay, Dios. —Odile intentó calmar su respiración ante la aparición de tanta emoción, con su dedo quitó una leve lágrima que se le había escapado —Sí que eres tonto. —Luis rodó los ojos ante el comentario —Hey, no pongas esa cara.
—Imbécil.
—Ja, ja, ya, tienes que relajarte. —rio mientras nuevamente busca la caja de cigarrillos en el bolsillo de su pantalón —Ven, esto te ayudara. —le mostró un cigarro al mayor, moviéndolo de arriba hacia abajo para indicar que quería que el chileno lo tomase, claramente Luis no está muy convencido de aquello —Sólo es uno, deja esa cara. —acercó más el objeto hacia el chileno.
Luis frunció el ceño, molesto —No.
—Vamos, sé que quieres. —sonrió de manera burlona, mientras hace bailar el cigarro entre sus dedos.
—¿Si fumo esa mierda me vas a dejar?
—Tal vez. —alzó sus hombros.
El chileno gruñó en voz baja, tomando con brusquedad el cigarro —Dame un yesquero.
—Meh, se me cayó.
—¡¿Cuando, maldito mentiroso?!
—¿Quién sabe? —sonrió.
Luis frunció el ceño, irritado por la actitud ajena —¿Cómo coñ0 piensas que me fumaré esto?
—Fácil. —colocó su cigarro prendido sobre sus propis labios —Enciéndelo con el mío. —colocó una sonrisa atrevida, con el objetivo de molestar al contrario.
—¿Podrías quitarte el cigarro de la boca?
—Así ya no sería divertido. —se comenzó a acercar hasta el ajeno, teniendo que ponerse levemente de puntillas para quedar frente a frente con aquel pálido y ¨feo¨ rostro.
Luis rodó los ojos, pero no quería amargarse más la noche; con lentitud acercó su cabeza hacia el más bajo, hasta lograr que ambos cigarros chocasen entre si, por poco simulaban un beso a distancia. Ambos jóvenes se miraron a los ojos, uno con el ceño fruncido y el otro aún con su sonrisa picara —Idiota. —fue lo único que dijo el chileno entre dientes, para luego separarse lentamente del haitiano una vez que su cigarro ya se había prendido.
Odile no respondió, sólo le guiñó un ojo y volvió a su posición inicial para seguir contemplando el paisaje.
