Chapter Text
La noche sobre los bosques de Konoha no solía ser silenciosa, pero para Hizashi Hyūga, el crujido de las hojas bajo sus pies sonaba como disparos de alerta. Corría volteando la cabeza por momentos, no sabía cuándo se darían cuenta que había salido ni si lo estaban siguiendo.
Llevaba a su hijo Neji de apenas un año, envuelto en una manta apretadolo contra su pecho. El calor del pequeño cuerpo de su hijo era lo único que mantenía sus manos firmes mientras saltaba entre las ramas y rocas alejándose de los muros de la aldea, mientras se alejaba de las leyes de su sangre y de la sombra del Sello del Pájaro Enjaulado que acechaba como una sentencia de muerte para la libertad del niño.
Hizashi por fin se detuvo en un claro denso, donde las rocas formaban una pequeña cavidad natural casi como si esperarán por el. Sus pulmones ardían pero no por el esfuerzo físico, sino por la presión en su pecho. Con cuidado descubrió el rostro de Neji para mirarlo fijamente. El bebé dormía profundamente, ajeno a que su padre estaba rompiendo todas las reglas sagradas del clan más estricto de la Hoja.
"Perdóname, pequeño" —susurró Hizashi, su voz quebrándose por primera vez— "Pero no dejaré que te pongan esa marca. Prefiero que creas que no tienes familia a que vivas sabiendo que tu vida no te pertenece".
Con manos temblorosas, lo acomodó en la manta gruesa dentro del refugio de piedra. Sobre el pecho del bebé, dejó una cinta con su nombre bordado y una nota escrita con una caligrafía apresurada pero elegante: "Por favor, denle una buena vida. Gracias".
Hizashi sabía que esto era una traición. Sabía que cuando se dieran cuenta de lo que hizo, el clan acabaría con él por "perder" a un miembro de la rama secundaria. Alejando ese pensamiento , deposita un último beso en la frente de Neji, dejando caer una lágrima amarga que se perdió en el cabello castaño del niño, su corazón se desmoronaba, pero sintió que valía la pena, el dolor, incluso la muerte.
Se puso en pie y desapareció entre las sombras, corriendo hacia un destino que terminaría en ejecución, pero con el corazón un poco más ligero aunque no dolía menos.
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•
A unos cuantos kilómetros de allí, la atmósfera era radicalmente distinta.
"¡Cuatro mil novecientos noventa y ocho! ¡Cuatro mil novecientos noventa y nueve! ¡¡Cinco mil!!"- Maito Gai se impulsó hacia arriba con la palma de su mano derecha, aterrizando de pie con una agilidad explosiva. El sudor empapaba su traje verde y su respiración era rítmica y poderosa. Se limpió la frente y miró hacia el cielo nublado con su sonrisa brillante.
Normalmente Kakashi estaría acompañándolo sentado en una rama cercana, leyendo su libro y lanzando algún comentario sarcástico sobre su exceso de energía, pero su "eterno rival" (y la persona con la que compartía cenas que se sentían sospechosamente como citas y noches románticas) había sido llamado para una misión de última hora.
"¡El fuego de la juventud arde con más fuerza en la soledad!"-proclamó Gai a los árboles, aunque por dentro admitía que extrañaba la presencia de su rival.
Justo cuando se disponía a empezar una serie de patadas, un sonido rompió su concentración. No era viento, ni parecía el movimiento de un animal salvaje.
Era más bien como un gemido pequeño, un sollozo ahogado que se transformó en un llanto rítmico. Gai se puso en guardia instantáneamente, su rostro perdiendo la comicidad habitual para adoptar seriedad.
Se movió con sigilo, desplazándose entre las raíces hasta llegar a las rocas. Oculto entre la piedra, encontró un bulto que se retorcía. "¿Pero qué...? —Gai se arrodilló, sus grandes manos moviéndose con una delicadeza inesperada para alguien de su contextura. Al levantar el bulto lo destapa un poco para encontrarse un bebé, sus ojos se abrieron de par en par.
La piel del niño era pálida como la luna, manchada apenas con un leve sonrojo en las mejillas regordetas y su cabello castaño fino estaba ligeramente alborotado.
Gai observa un pedazo de papel caer de entre la manta. Toma la nota y la lee bajo la tenue luz que se filtraba por los árboles. "Se llama Neji... Y lo han abandonado..." —murmuro con una punzada de dolor que le atravesó el pecho. Él sabía lo que era ser subestimado en el mundo ninja por no tener talento en ninjutsu, pero abandonar a un bebé en el bosque era una crueldad que no podía procesar.
En ese momento el bebé dejó de llorar, como si sintiera el calor de otra persona y abrió los ojos. Gai se quedó paralizado. Aquellos ojos no tenían pupila visible, eran dos esferas de un color lila casi blanco, brillantes y profundos.
"Un Hyūga" —susurró Gai, sintiendo un escalofrío.
Cualquier ninja de Konoha sabía que un Hyūga era el tesoro más resguardado de la aldea. Un Hyūga "perdido" era una crisis internacional, una invitación a la guerra por el secreto de sus ojos.
¿Por qué alguien de ese clan dejaría a un niño allí? Miró a su alrededor, esperando una emboscada o algun equipo de recuperación, pero no había nada más que el inicio de una lluvia fría que empezaba a humedecer la manta del pequeño.
Neji lo miraba con una curiosidad gélida, impropia de un bebé y Gai sintió que esos ojos le atravesaban el alma. Sabía que lo correcto sería llevarlo directamente a la oficina del Hokage, pero algo lo detuvo. El mensaje decía "denle una buena vida" y no "devuélvanlo al clan". Si lo entregaba ahora el niño volvería a ese sistema de castas y leyes rígidas del que alguien con mucha desesperación, acababa de sacarlo.
"No voy a dejar que te resfríes, pequeño joven" —dijo Gai cubriendolo con su propio chaleco táctico y abrazándolo contra su pecho para darle calor— "No sé qué historia hay detrás de esos ojos, pero esta noche tu refugio es el poder de la juventud."
Gai no corrió hacia la aldea. Se internó más profundamente en el bosque hacia la zona apartada donde había construido su cabaña.
Sabía que ocultar a un Hyūga era un crimen y que explicar esto a Kakashi sería una conversación complicada, pero mientras sentía que el bebé se calmaba con el calor de su cuerpo, el tomó una decisión.
Neji no sería un pájaro enjaulado.
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•
El aire en la cabaña de Gai olía a madera de cedro y a la humedad de la tormenta que golpeaba contra los cristales. Gai, todavía con el traje de jōnin empapado pero con movimientos inusualmente suaves, mantenía a la criatura apretada contra su pecho. Neji no lloraba, simplemente lo observaba con esos ojos lila pálido, fijos y analíticos como si estuviera tratando de descifrar el aura dorada y ruidosa del hombre que lo había rescatado.
"No te preocupes, pequeño joven. El fuego de la vida no se apagará bajo este techo" —susurró Gai meciéndolo rítmicamente mientras escribía una nota apresurada solicitando algunos productos para bebes. Gai invocó a una de sus tortugas mensajeras de tamaño pequeño. "Llévale esto a Kakashi. Dile que es una emergencia de máxima prioridad... de las que requieren pañales y leche en polvo".
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•
En otro punto de la aldea Kakashi Hatake se encontraba recargado contra un poste de luz leyendo bajo la lámpara mientras esperaba que la lluvia amainara. Su mente divagaba entre las páginas de su libro y el hecho de que extrañaba a Gai. Después de todo, aunque no le pusieran etiquetas esos momentos de intimidad en la cabaña del bosque eran su único anclaje a la paz.
De pronto, una tortuga apareció a sus pies. Al leer la nota el ojo visible de Kakashi se abrió con una mezcla de horror y confusión. ¿Objetos para bebé? ¿Prioridad máxima? Sin perder un segundo, y asumiendo que quizá Gai había encontrado a un huérfano herido en una misión no oficial, pasó por una tienda de 24 horas y se dirigió a toda velocidad hacia el bosque.
Al llegar a la cabaña, Kakashi ni siquiera llamó a la puerta. Entró de golpe con el cabello plateado goteando y varias bolsas en las manos. "¡Gai! ¿Qué demonios significa...?"—Su voz se quedo en su gargante y se detuvo en seco. Gai estaba sentado en un taburete de madera, meciendo con extrema ternura a un bulto envuelto en su chaleco táctico. Kakashi sintió que el mundo se detenía y un torbellino de pensamientos cruzó su mente: ¿Gai tenía una pareja secreta? ¿Era padre y nunca me lo dijo? ¿Por eso nos veíamos siempre a escondidas en el bosque? El corazón le dio un vuelco incómodo con una mezcla de celos y desconcierto absoluto.
"Llegas justo a tiempo, mi eterno rival" —dijo Gai con una sonrisa brillante, aunque sus ojos mostraban una seriedad poco común— "Gracias por las cosas".
"Gai..."—Kakashi dejó las bolsas en la mesa, su voz sonando más ronca de lo habitual— "¿De quién es ese bebé? ¿Acaso hay algo de tu vida privada que... que no me has contado en todo este tiempo que llevamos "saliendo"?"
Gai soltó una carcajada suave para no asustar al niño.
"No es mío Kakashi. Me lo encontré en el bosque cerca de las rocas. Alguien lo dejó ahí con una nota. Pero hay un problema... un problema muy grande."
"¿Qué problema?" —preguntó Kakashi, acercándose con cautela.
Gai giró lentamente sus brazos, permitiendo que la luz de la vela iluminara el rostro del bebé. Kakashi, que esperaba ver a cualquier niño común palideció de inmediato. Su ojo Sharingan, oculto tras la banda pareció pulsar por puro instinto.
"Por los dioses... es un Hyūga" —susurró Kakashi dando un paso atrás— "Gai esto no es un bebé abandonado, ¡esto es un incidente diplomático! Es un miembro de un Clan Noble"
Kakashi empezó a caminar de un lado a otro, gesticulando con ansiedad mientras Gai con una calma asombrosa, se levantaba para empezar a preparar el biberón con las cosas que Kakashi había traído sin inmutarse con la preocupacion de su rival.
"Gai, escúchame bien. Tienes que devolverlo ahora mismo. Mañana a primera hora los rastreadores del Clan estarán peinando el bosque. Si te encuentran con él, pensarán que lo secuestraste para robar el Byakugan. Podrían ejecutarte, o algo peor, esto podría causar una guerra interna en la aldea. ¡Es una locura!" —Kakashi lo regañaba, pero su voz denotaba más miedo por la seguridad de Gai que otra cosa.
Mientras tanto, Gai medía el agua y el polvo con precisión quirúrgica.
"¿De dónde aprendiste a preparar eso con tanta calma?" —preguntó Kakashi deteniendo su discurso al ver la destreza de su compañero.
"Fui voluntario un tiempo en el orfanato de Konoha hace años, ¿recuerdas?" —respondió Gai sin dejar de sonreír— "Los bebés necesitan amor y estructura, Kakashi. Justo como la juventud".
Gai probó la temperatura de la leche en su muñeca y luego acercó el biberón a la boca del pequeño Neji. El bebé, que había estado observando a Kakashi como si juzgara sus gritos, aceptó la leche de inmediato, succionando con fuerza mientras sus pequeñas manos se cerraban sobre los dedos de Gai.
"Mira su cara, Kakashi" —dijo Gai en voz baja limpiando unos hilos de leche que se le escapan de los labios— "Su padre lo dejó allí para salvarlo. La nota pedía una "buena vida". Si lo devolvemos a esa mansión llena de sellos y odio entre ramas, ¿realmente le estamos dando una buena vida? Mi corazón dice que este niño fue enviado a mí para que vuele libre."
Kakashi miró al bebé y luego a Gai. El contraste era ridículo, el ninja más ruidoso de la aldea cuidando al heredero más serio del clan más estricto. Suspiró, sabiendo que como siempre, no podría negarle nada a Gai, especialmente cuando se ponía así de noble.
"Nos van a matar por esto Gai" —murmuró Kakashi, sentándose al lado de ellos y estirando un dedo para que Neji, por curiosidad lo tocara. Ríe un poco y apoya su cabeza contra el hombro de Gai— "Pero supongo que nunca me he aburrido estando a tu lado"
