Chapter Text
Fue paulatino.
La primera vez que su madre no fue atendida por la línea, había tenido una especie de berrinche, y la casa sufrió la consecuencias.
Su madre arrojó la comida fría, murmuraba quejas, tan molesta que salpico su uniforme con la mezcla espesa de ese día.
Incluso su padre sufrió. Un día la vela de vainilla no dio efecto, y ya nada podía sacarlos de un aprieto. Ese fue el momento en que el miedo se hizo notorio. Empezó a creer que ese asunto era mucho más grande.
Su madre reclamaba seguido sobre como Malcolm no tenía el derecho a no responder y aseguró que esos segundos de libertad lo volvieron un muchacho rebelde e irrespetuoso.
Con los meses las quejas se fueron atenuando; cuando su madre se enteró de su embarazo dejó de reclamar y Dewey agradeció que Malcolm no volviera a responder, porque su madre estaba peor con cada día. De vez en cuando les llegaba una postal y unos cuantos dólares de Malcolm con una nota en letra torcida.
Después las cartas se detuvieron y las llamadas fueron tan extrañas como la comida fresca en casa. Su madre nunca lo noto. Ella se ocupaba por su embarazo, la ecografía demostró su mayor sueño e ignoró la ausencia de Malcolm por el éxtasis de tener una niña.
Tendría la pequeña que siempre soñó. Por alguna razón el dinero llegó mágicamente a su hogar y ahora el cuarto de Kelly fue prioridad, porque sí, su madre decidió hacer un cuarto para su hija, le dio un nombre e incluso compró ropa nueva.
Dewey pensé que Malcolm tenía suerte, porque su hermana fue la distracción perfecta para que su madre olvidará la falta de contacto con ellos... O así fue hasta que llegaron las vacaciones escolares y su madre decidió que era suficiente.
Una vez naciera Kelly, Lois iría a la universidad y vería a Malcolm. Tendría un ultimátum. Dewey jamás fue tan feliz de no ser su hermano. Cuando su hermanita nació su madre fue hasta el gran campus y los dejo a cargo de su padre.
Jaime paso horas preguntando cuando regresaría su madre y él le enseñó a tocar las notas del piano como una distracción. Jaime tenía talento, aprendía más rápido que Malcolm y quizás al fin tendría una conexión musical con uno de sus hermanos.
Habían pasado horas desde que su madre se fue, su padre había pedido una pizza y el teléfono sonó. ¡Al fin! Respondió esperando que él repartidor avisará que estaba en camino.
—Hola...
—Dewey, pasa a tu padre...
Su madre se escuchaba extraña, no parecía molesta, sin embargo su voz le recordaba aquella vez que la abuela los amenazó con demandarlos, Dewey sabía que hacer.
—¡Papá, teléfono!
Su padre, desde el cuarto de baño, respondió después de gritar, el ruido de envases contra el suelo le dieron una idea de que sucedió, él respondió y Dewey escuchó.
—¿Cielo?
—Malcolm... Él no está.
—¿Qué? -Su madre debía estar en su auto, se escuchó como azotaba la puerta y después tranquilizó el llanto de Kelly. —¿Amor?
—¡Malcolm no está, Hal! Pregunté por él durante horas y su compañero de cuarto dice que hace días que se fue. Hablé con el decano... El renunció, se dio de baja en agosto...
—¡Ese niño! Después de todo lo que sacrificamos por él... ¡Lo encontraré! Cariño, tu sólo...
Su padre había lanzado algo. Su madre sollozo. Fue extraño escucharlos así, Dewey vió el teléfono seguido de la puerta del baño; escuchó a su madre arrancar su auto y a su padre abrir la cortina de la ducha.
—Nadie sabe a dónde se fue. He preguntado en todos lados y parecieran que no hizo ni un solo amigo... Hal, crees que Abe.
—Llamare a Abe, si Stevie sabe algo, nos los dirá así quiera o no... Lo encontraré, no dudes de eso.
Dewey no lo creyó. Dejo el teléfono y corrió a su cuarto. Necesitaba decirle a Resee y llamar a Fracis. Miro a Jaime, entretenido con el teclado que le había prestado y observo el nuevo pasillo. No tenían dinero para buscar a Malcolm, habían gastado todos los ahorros en construir el cuarto de la bebé y llenar todo de rosa y crema.
—¿Dewey? —Jamie dejo el teclado, lo observo durante un rato y después se bajo de la cama. No podía preocuparlo. —Te ves mal. ¿Le digo a papá?
—¿Qué? ¡No! Estoy bien, mira... —Su sonrisa debió parecer forzada, pues su hermano corrió fuera del cuarto y no regreso durante varios minutos hasta tener una taza con chocolate caliente y la pila de correo.
Dewey escuchó la puerta de su padre, los miro antes de suspirar e irse a la cocina.
—Malcolm... —Dewey miro la carta, la dirección del Campus y una letra más cuidada que las veces anteriores lo hizo moverse, abrió la carta y leyó lo mejor que pudo.
"Familia. Mi vida en Massachusetts es alocada, he pedido tantos creditos extra como he podido y mi trabajo en la cafetería va mejorando.
Conseguí que un par de chicos de la facultad de ciencias me pagaran por tutoria, supongo que he obtenido un nuevo ingreso, no sé preocupen si no saben de mi por un tiempo, he solicitado un plan de intercambio a Inglaterra y, si tienes mi carta, significa que me han aceptado e iré un par de meses.
El decano quizás les diga que me han quitado la matrícula, sin embargo es lo que pide está clase de intercambio, no te preocupes, sigo en Harvard, sólo que Oxford está trabajando con ellos en mi educación y en la de cientos de chicos más.*
Regresaré en un par de meses, no te preocupes, está todo pagado.
Malcolm."
Algo en Dewey quería creer que eso tenía sentido, una parte de él quería creerlo, Malcolm siempre tuvo talento para encontrar becas y su cabeza le daban esa oportunidad, quizás su boca fue un error fatal, pero había mejorado, lo vio cuando dejó de tener enemigos en preparatoria; ahora estaba en la universidad, debía ser verdad, sin embargo, sentía que nada tenía sentido, aún recordaba los campamentos de verano y las convenientes excusas para el dinero.
Cuando Malcolm se iba siempre regresaba con una beca nueva gracias a su desempeño, su madre lo dejaba, aprovecha a cada momento y lo enviaba a voluntad, incluso tenía el número de la mujer de las becas de Malcolm y ella insistía mucho más que la examinadora.
Su madre intentó una vez buscar alguna beca en música para él, más la señorita Ronica lo rechazó más veces de las que podía contar y ofrecía más para Malcolm. Hubo un verano entero en que se fue con una familia para estudiar francés, Malcolm regresó hablando el idioma y su madre estaba maravillada. Quizás por eso lo dejó seguir en becas y viajes completos sin que ella estuviera, Ronica se mostró como una mujer estricta y su madre la adoraba por el potencial que, según su madre, Ronica Miles sacaba de Malcolm.
Dewey siempre la miro extraño. La mujer aparecía en momentos precisos y su hermano se volvía más raro de lo que era cuando la veía. Una vez le pago porque no hablará de la visita que ella le hizo y Dewey llegó a pensar lo peor, sin embargo Malcolm lo golpeó y nunca fue diferente, así que lo dejo. Miro la carta. Debía esconderla.
Fue al teléfono y marco el único teléfono que sabía de memoria. Esperó. Realmente no quería molestar a esa hora, pero si Malcolm no estaba, él...
—Diga...
—Francis, mamá y papá están raros, Malcolm se fue y yo... Mando una carta, dice que se fue a Inglaterra por una beca, pero... Es extraño, siempre le dice a mamá de sus becas y ahora sólo se fue.
—Ya es un adulto, Dewey. Quizás no creyó que debía decirles algo. Siendo sincero, nuestro éxito amarga a mamá, no lo culpo por no decirle nada...
—Pero... — "¿Por qué no nos ha dicho nada?", la respuesta fue sencilla, Malcolm siempre fue un egocéntrico. En la cabeza de su hermano, todo era por y para él, y ellos se habían alejado con el tiempo. No recordaba la última vez que lo vio con sus amigos o cerca de ellos. Lo atribuyó a Harvard. Dewey ya no estaba seguro de nada. —¿Crees que esté bien?
—Seguro, escribe alguna carta y él te va a responder, debo irme. Piama ha estado enferma y debo llevarla al doctor.
Su hermano colgó y Dewey tomo el papel. Una carta. Quizás eso necesitaba.
Sin embargo, Malcolm no respondió. Su madre había encontrado la carta y Dewey estuvo castigado limpiando el baño durante semanas.
Semanas que Malcolm jamás tomo el teléfono o escribió a nadie. Ni siquiera Francis consiguió su respuesta.
Malcolm había desaparecido y ellos no tenían dinero para buscarlo. Dewey había visto la mirada en su madre, Kelly consiguió un segundo nombre y nadie mencionó jamás que Malorie quizás era por Malcolm. O como su herma era sobre protegida y mimada por tener ese algo que alguna vez tuvo Malcom. Los ojos de su hermana, eran los mismos que Malcom y su madre lo decía cada vez que estaba distraída.
Dewey jamás lo dijo. Pero el primer año fue cuando más extraño a su hermano.
